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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-08-2013

Algunas cuestiones sobre la crisis egipcia

Pierre Rousset
La Gauche


Sin ser un especialista del tema egipcio (el autor es especialista en el sureste asitico, N. de T.), me he visto en medio de una correspondencia con amigos de Amrica Latina o de Asia sobre los acontecimientos egipcios. Mejor que multiplicar los correos, pongo hoy en lnea mis reflexiones actuales para someterlas a la crtica de quienes saben ms que yo.

No conozco Egipto ni el mundo rabe y desconfo de las apariencias. Me baso en la informacin militante y los anlisis de muy buena calidad reproducidos en particular en la pgina ESSF, que hay que agradecer a sus autores. Lo confronto con las experiencias asiticas que me son familiares, sabiendo que las analogas ayudan a hacerse preguntas, a plantear hiptesis ms que a ofrecer respuestas.

De ah las cuestiones y las hiptesis siguientes:

1. Las movilizaciones sociales que llevaron en 2011 al derrocamiento de Mubarak eran muy profundas. Expresaban exigencias democrticas y sociales de carcter revolucionario, a pesar de que el nivel de organizacin del movimiento obrero y popular independiente y de la izquierda radical no permitan la emergencia de un doble poder poltico social, ni mucho menos. Es el punto de partida.

Seguimos pues en un esquema que caracteriza el perodo, ms all del caso egipcio: las movilizaciones populares pueden abrir crisis de rgimen, derrocar gobiernos, pero son diversos sectores de las clases dominantes y de las lites quienes sacan provecho de ellas en lo inmediato. Como regla general, el aparato de Estado no se fractura y la dominacin de clase no est directamente amenazada.

En Egipto sin embargo, vista la profundidad de las radicalizaciones en curso en el pas y en la regin, ni las clases dominantes ni el imperialismo han podido estabilizar la transicin post-Mubarak. El ejrcito y luego los Hermanos Musulmanes tenan por mandato asegurar una tal transicin, pero han fracasado. As, el derrocamiento de la dictadura abri una situacin de crisis general duradera al liberar todas las contradicciones actuantes en la sociedad.

2. La profundidad de la radicalizacin social de abajo no explica por si misma el aborto de una transicin ordenada post Mubarak. Tiene que ver en buena parte con la agudeza de las contradicciones enlas clases y de las lites dominantes. El derrocamiento de la dictadura en 2011 y la eleccin de los Hermanos Musulmanes han planteado, en particular, la siguiente pregunta: qu sectores de las clases dominantes iban a apropiarse de los beneficios del poder? Como ilustra la situacin actual, la violencia de los conflictos arriba toma un aspecto de guerra civil en la propia burguesa.

La nocin de bonapartismo puede corresponder a la capacidad del ejrcito para presentarse como garante de la unidad del pas en tiempos de crisis aguda. Pero puede tambin ocultar el hecho de que el cuerpo de oficiales superiores y la institucin militar representan un sector de la burguesa egipcia que posee empresas y tierras (como en Pakistn, por ejemplo), al menos si no me equivoco. El ejrcito forma as parte de las luchas de poder en la burguesa.

Los Hermanos Musulmanes ayer, el ejrcito hoy intentan dominar al movimiento social; pero intentan tambin asegurarse sus propias posiciones en el orden dominante y se encuentran en conflicto directo sobre este terreno.

3. El ascenso de la influencia de los Hermanos Musulmanes ha trastocado los equilibrios en las clases y las lites dominantes. Los representantes del antiguo rgimen y el ejrcito han debido contemporizar, teniendo en cuenta su descrdito en 2011-2012 y la influencia social de la Hermandad, as como su capacidad para aparecer como un recurso en tiempo de crisis. Los Hermanos Musulmanes han dilapidado rpidamente una gran parte de esta influencia debido a sus decisiones polticas: continuidades mantenidas con el antiguo rgimen, represin, neoliberalismo econmico, voluntad de control social y contencin del movimiento obrero, ascenso de los conservadurismos (contra las mujeres...), confesionalizacin y autoritarismo anunciados del Estado, implicacin creciente en los conflictos sectarios (sunitas-chitas) y anticoptos, interacciones con los salafistas...

El curso seguido por los Hermanos Musulmanes ha provocado el inmenso rebrote de manifestaciones democrticas y sociales en 2013, testimoniando en particular la permanencia de la movilizacin popular ylas aspiraciones de 2011. Esas manifestaciones, deproporciones excepcionales, han vuelto a modificar radicalmente la situacin poltica. Pero, como en 2011, han sido sectores de la lite los capaces de aprovechar la ocasin: sectores civiles del antiguo rgimen, y sobre todo, el ejrcito (se entiende que l mismo es producto del antiguo rgimen: su vertiente militar).

A diferencia de 2011, el ejrcito parece gozar efectivamente en esta coyuntura de un apoyo muy amplio entre la poblacin. Se aprovecha de ello para establecer su propio rgimen dictatorial y para saldar, a golpe de masacres, sus cuentas con los Hermanos Musulmanes (aunque pueda intentar ulteriormente negociar un alto el fuego en su beneficio?).

La situacin podra pudrirse hasta el punto de desembocar en una guerra civil -de ms o menos baja intensidad- entre sectores de las lites y de la burguesa (cada cual con su propia base de masas, sus milicias...), de la que la poblacin quedara como rehn. Un desastre.

4. Toda la atencin se dirige hoy al enfrentamiento del rgimen militar/Hermanos Musulmanes. Sin embargo, aunque marginado en la coyuntura presente, el movimiento popular no se ha roto. No est derrotado. Vista la amplitud del impulso democrtico y social de 2011, reafirmada en la calle en junio de 2013, el partido est felizmente lejos de haber concluido. Pero el combate progresista prosigue hoy en condiciones de nuevo muy difciles.

Una de las dificultades clave es que los sectores progresistas polticos y sociales que defienden una posicin de independencia de clase (o independencia popular en un sentido ms amplio) son muy minoritarios: hoy, parece, los Socialistas Revolucionarios, un ala del sindicalismo militante (Fatma Ramadan...). Esto tiene que ver con muchas razones entre las cuales estn las tradiciones dominantes en la izquierda o los aparatos sindicales, que les conducen a ir de una alianza con sectores burgueses a otra en funcin de la coyuntura.

Las olas de movilizaciones sociales no superarn por si mismas esta dificultad: la independencia poltica y social se construye a largo plazo y exige formas organizadas. Cmo avanzar en esta direccin en tiempos de tumultos? Imposible decirlo desde lejos: la proclamacin del objetivo evidentemente no basta; progresistas y revolucionarios deben actuar cuando fuerzas gigantescas estn en conflicto. En tales condiciones, me parece que hay que apoyar a todos los movimientos que tienden a construir una posicin de independencia popular, permaneciendo extremadamente prudentes sobre los juicios (sobre todo los crticos).

5. Cualesquiera que sea la evolucin concreta de la accin poltica, la lnea de marcha (la independencia popular) implica no dejarse instrumentalizar por ninguna de las componentes de la contrarrevolucin. Mencionemos cuatro de ellas: los restos del antiguo rgimen (son restos muy grandes), el ejrcito, los Hermanos Musulmanes y los salafistas.

No solo en Egipto una parte de la izquierda espera que el ejrcito (o una fraccin del ejrcito) pueda jugar un papel progresista favoreciendo un cambio de rgimen y compensando la debilidad (o la divisin) de las fuerzas populares. La experiencia venezolana ha dado vigor a tales esperanzas. Es el caso por ejemplo de Filipinas, cuando nos encontramos ante un ejrcito de contrainsurreccin (ciertamente con una tradicin de rebeliones, pero no de izquierdas) o en Egipto, cuando nos encontramos ante un ejrcito poseedor. El rgimen militar egipcio debe ser condenado sin reservas.

Igualmente, una parte de la izquierda incluso la radical ha evitado durante mucho tiempo un anlisis de clase de los Hermanos Musulmanes o, ms en general, del Islam poltico de hoy, con el pretexto de su identidad religiosa. Sin embargo, la mencionada izquierda no se ha quedado jams solo en las referencias religiosas de los partidos europeos (cristianos demcratas...) o de la derecha radical cristiana en los Estados Unidos. Los Hermanos Musulmanes son una corriente poltica que se ha convertido en partido de gobierno: un partido burgus de derechas, que aplica polticas neoliberales, que negocia con el imperialismo, quiere controlar a los sindicatos y amordazar al movimiento social. Nada muy original. Adems, instrumentalizando el sentimiento religioso, se inscribe en los conflictos sectarios que desgarran el mundo rabe (sunismo, chismo...): una vez emprendida, se trata de una dinmica infernal sin fin de escalada ideolgica entre corrientes polticas-religiosas, con consecuencias devastadoras sobre la sociedad.

No se trata aqu de religin ni de islam, sino del islam poltico realmente existente. Recordemos sin embargo que no hace tanto tiempo la corriente ligada al SWP britnico (por ejemplo) esperaba que el islamismo expresara el antiimperialismo ascendente en el mundo musulmn -y que se convertira en nuestro aliado objetivo si no es subjetivo-. Por supuesto, cada caso debe analizarse en su contexto propio (ver Palestina), pero la experiencia egipcia muestra lo que es el islam poltico realmente existente en el poder (o el AKP de Turqua).

En cuanto a las corrientes salafistas (y dems fundamentalistas) digamos que, en un contexto diferente, ocupan un nicho poltico similar al de los fascismos europeos -sin pretender una definicin cientfica, son para mi clericales-fascistas y provocan hoy violentos conflictos desde Tnez a Siria o el Kurdistn, por no hablar del terrible precedente de Pakistn.

6. La experiencia egipcia confirma de nuevo que, desde nuestro punto de vista, no hay que oponer reivindicaciones sociales y democrticas, sino ligarlas. El debate sobre la Constitucin no es secundario y no concierne solo a las lites -las mujeres de los medios populares estn afectadas muy en particular-. El proyecto de Constitucin preparado por los Hermanos Musulmanes y los salafistas haca del sunismo la religin del Estado, introduciendo una concepcin reaccionaria de la charia (como corpus legislativo y no como gua espiritual) y le daba un mbito de aplicacin sin lmites. No hay democracia real en ese caso (es un comit religioso y no el pueblo quien decide sobre la conformidad de las leyes) ni igualdad ciudadana: los coptos saben algo sobre ello!, pero tambin los chitas y adeptos de otras corrientes musulmanas, por no hablar de los ateos, apstatas y librepensadores...

El laicismo (secular) en su definicin fundamental -la separacin de las iglesias y del estado, la ausencia de religin de estado- e independientemente de sus mltiples formas, es una garanta de igualdad ciudadana y una de las condiciones de una democracia real. Es tambin, dicho sea de paso, una proteccin recproca: contra la injerencia de las iglesias en el Estado y por la libertad de creencia frente al Estado.

Hay, por supuesto, concepciones del laicismo que son liberticidas y corrientes laicas que son polticamente burguesas, antipopulares. El ejemplo egipcio lo ilustra de nuevo: en nombre del laicismo, fuerzas neoliberales demandan su apoyo al pueblo y apoyan ellas mismas el nuevo rgimen militar.

Lo mismo ocurre con los derechos democrticos en general. Incluyen, para nosotros, los derechos de organizacin social y sindical, los derechos de los campesinos y de los obreros... lo que otros olvidarn mencionar, considerando un abanico mucho ms limitado de libertades ciudadanas.

Los temas del laicismo y de la democracia no justifican por tanto en s mismos la constitucin de alianzas ms o menos estratgicas con fuerzas burguesas. Pero la independencia de clase y popular se construye en todos los terrenos -incluyendo el de la Constitucin- y no solo en el terreno social (en el sentido restringido).

7. Y la geopoltica en todo esto? Una de las caractersticas ms llamativas de los movimientos populares que han marcado el mundo rabe despus de Tnez es que surgen de las condiciones de crisis propias de cada pas: contra las condiciones sociales que sufren, contra los regmenes dictatoriales que los reprimen. No son el producto de ningn plan imperialista, el instrumento de ninguna monarqua petrolera. Sacuden el orden regional igual que sacuden el orden nacional.

Las potencias mundiales o regionales reaccionan ante el acontecimiento en mucho mayor medida de la que lo inician. Por supuesto, una vez abierta la crisis, cada imperialismo y cada burguesa petrolera va a jugar sus propias cartas e intentar beneficiarse de ella. Arabia Saud se satisface por ejemplo de la destitucin de los Hermanos Musulmanes egipcios, pero la monarqua no aprecia el ejemplo repetido de amplias movilizaciones de calle que derrocan gobiernos.

Las potencias occidentales se han mostrado incapaces de instaurar transiciones ordenadas bajo su control; el caos predomina. En este contexto, ms que en el pasado, el cisma sunismo/chismo se afirma en el espacio regional; pero tambin se enfrenta a los fundamentos sociales de las revueltas en curso y al miedo (muy fundado!) de las dinmicas sectarias -violencias interreligiosas, intercomunitarias-. La memoria colectiva de las desviaciones de la revolucin iran o de la hiperviolencia en la Argelia de los aos 1990 (por no dar ms que dos referencias) parece prevenir a una parte de la poblacin de la regin contra los fundamentalismos y la manipulacin de la identidad religiosa -comenzando por un sector importante de la poblacin femenina-.

Construir la independencia de clase, es evidentemente rechazar dejarse instrumentalizar por un imperialismo, por una monarqua o por la teocracia iran. Es tambin definir su poltica comenzando por la dinmica de las luchas propias de cada pas. La geopoltica viene despus. Las contradicciones internas son primero, las maniobras de las potencias mundiales o regionales vienen despus (lo que no quiere decir que no tengan importancia).

Pierre Rousset es el editor de la web www.europe-solidaire.org

Traducido por Alberto Nadal.

Fuente original: http://www.lcr-lagauche.be/cm/index.php?view=article&id=2981:questions-sur-la-crise-egyptienne&option=com_content&Itemid=53

rCR



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