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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-09-2013

Siria, la intervencin soada

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder


En relacin con la ms que probable intervencin militar del gobierno de EEUU en Siria, hay dos posiciones igualmente absurdas:

La de los que pretenden que Bachar Al-Assad no ha usado armas qumicas. Un asesino que bombardea y lanza misiles a su propia poblacin, que tortura sistemticamente a su pueblo y degella a mujeres y nios, es sin duda capaz de arrojar gas sarn o cualquier otra sustancia letal sobre sus ciudadanos.

La de los que pretenden que EEUU no miente sobre el uso de armas qumicas en Siria. Una potencia capaz de invadir Iraq tras inventarse pruebas y falsificar documentos, que mantiene abierto Guantnamo y que practica rutinariamente ejecuciones extrajudiciales fuera de sus fronteras y desde el aire, es perfectamente capaz de mentir tambin en el caso de Siria, como tantas veces antes.

Desde el punto de vista del derecho y la justicia, es imperativo investigar y determinar si y quin ha utilizado armas qumicas en Siria y tratar de juzgar y condenar a los culpables, quienes quiera que sean. Pero un anlisis poltico serio, no ideolgico y no sectario, debe partir ms bien de los nicos hechos demostrables. Son dos. El primero es que, con independencia de que haya usado o no armas qumicas contra su propio pueblo, el rgimen dictatorial de la dinasta Assad es el responsable primero y directo de la destruccin de Siria, del sufrimiento de su poblacin y de todas las consecuencias, humanas, polticas y regionales que se deriven de ah. En virtud de una dolorosa paradoja (dolorosa al menos para quien escribe estas lneas) algunos de los que vociferan hoy contra la guerra, como si no hubiera ya una desde hace dos aos, han venido guardando silencio sobre los crmenes del rgimen sirio o, peor an, han venido `practicando el ms abyecto negacionismo. A juzgar por sus arrebatadas denuncias, vibrantes de autoridad moral, el ejrcito de EEUU estara a punto de bombardear un pas prspero y en calma, dirigido por un gobierno muy popular cuyo nico crimen sera el de resistir las insidiosas agresiones de Israel. Esta indignacin moral de algunos anti-imperialistas -debo confesarlo- suena en mis odos tan odiosamente hipcrita como las invocaciones de la democracia y el humanitarismo por parte de los imperialistas.

El segundo hecho irrefutable es que, con independencia de que haya mentido o no sobre el uso de armas qumicas en Siria, el gobierno de EEUU no tiene el menor inters en la democracia ni en la proteccin de los civiles ni en la cuestin moral de las armas qumicas. Est pensando nicamente en sus intereses, como siempre, intereses que nunca coinciden con los de los pueblos a los que dicen querer ayudar y a los que histricamente han abandonado, sometido, bombardeado y asesinado. Esta verdad banal (que algunos sirios desesperados querran a su vez negar) es perfectamente compatible con la anterior, porque lo cierto es que en el mundo caben muchas fuerzas criminales y relativamente autnomas entre s, sin que nadie pueda obligarnos a aplicar los principios de la lgica a los dilemas ticos y polticos. A la declaracin de un personaje que sostena ante l que no es posible estar en dos sitios diferentes al mismo tiempo, responda Groucho Marx con alegre contundencia: Eso no es verdad. Nueva York y Washington estn en dos sitios diferentes al mismo tiempo. En la historia, en la batalla, en la revolucin, en este mundo terrible es perfectamente posible que Bachar Al-Assad haya usado armas qumicas y que al mismo tiempo Obama mienta sobre el uso de armas qumicas por parte de Bachar Al-Assad.

Una vez asumidos estos dos hechos probados, y ante la inminencia del ataque estadounidense, es sin duda imperativo condenarlo (como si fuera algo ms que un ejercicio retrico y un salvoconducto para adquirir el derecho de hablar y de ser escuchado en ciertos medios), pero es ms imperativo comprender. Los que condenamos (condenamos condenamos condenamos) el ataque estadounidense, podemos escoger entre uno de estos dos relatos:

1. EEUU (as, una Unidad Ominosa, tan monoltica y a-histrica como un rgimen) lleva en su seno, desde sus orgenes, un plan de dominacin mundial concebido in illo tempore y aplicado sistemticamente; un plan providente y omnipotente que inclua desde el principio de los tiempos, y con independencia de las relaciones de fuerzas y los cambiantes avatares en la zona, el derrocamiento del gobierno nacionalista, resistente y socialista del partido Baaz en Siria; plan que mont o al menos utiliz una pseudorrevolucin popular para, tras armar hasta los dientes a los llamados rebeldes, buscar durante dos aos aos un pretexto que justificara atacar e invadir el pas; plan obstruido por Rusia, Irn y China y que ahora, a travs de una mentira amplificada por los medios de comunicacin mercenarios del imperialismo, est por fin a punto de materializarse.

2. EEUU (una Unidad de Sentido trabajada por muchas contradicciones, como todo en este mundo) a veces no tiene un plan sino varios y muchas dudas; Siria es su enemigo en el contexto de su enfrentamiento con Irn y de su defensa a ultranza de Israel, pero molesta poco y garantiza, en alguna medida, el statu quo en la regin; cuando en la ola de las llamada primaveras rabes el pueblo sirio trata de sacudirse el yugo de 40 aos de dictadura, el gobierno Obama apoya retricamente su causa, preocupado en todo caso por la deriva armada, en la que van ganando terreno (de manera muy leninista) los grupos islamistas ms radicales, por lo que conjuga el apoyo formal a la revolucin siria con la mayor cautela a la hora de entregar armas a los rebeldes; desde el principio trata por todos los medios de no involucrarse militarmente en un berenjenal del que sabe que no puede obtener nada y que, adems, puede perjudicar a Israel; a partir de un cierto momento apuesta claramente por una solucin poltica, llega a un acuerdo con Rusia, se siente ms amenazado por Al-Qaeda que por Bachar Al-Assad; pero ha hablado mucho, ha fijado una lnea roja y necesita ahora, porque es dbil, hacer una demostracin de fuerza que, como ha explicado en The New York Times Edward Luttwak, del Centro de Estudios Estratgicos e Internacionales, concilie la necesidad de hacer algo que no quiere hacer, y de alcance limitado y casi propagandstico (lo que no depende slo de ellos), con sus verdaderos intereses; es decir, no con con el derrocamiento de Al-Assad y el establecimiento de la democracia sino con la prolongacin de la guerra siria el mayor tiempo posible a fin de evitar que venza ninguno de los dos contendientes (ni Assad ni los rebeldes), peligrossimos los dos para el plan de dominio regional estadounidense (con un gran cinismo Luttwak afirma que EEUU debe entregar armas a los rebeldes cada vez que vayan cediendo terreno y cerrar el grifo cada vez que vayan ganando).

El primer relato tiene un defecto; es coherente como un mito. El segundo relato tiene una virtud; es incierto como la realidad misma. El primer relato -adems de hacer publicidad gratis de la omnipotencia del imperialismo estadounidense en sus horas ms bajas y apetecer la intervencin militar- implica despreciar a los pueblos que luchan en la zona, desdear su dolor, justificar a sus verdugos. El segundo relato nos sita en un avispero complejo, lleno de dilemas ticos y polticos, donde nada es seguro, pero donde tambin -ahora o ms adelante- los pueblos pueden ganar algo, aunque no sea todo, y donde pueden tambin perderlo todo, pero no la dignidad.

Condeno condeno condeno la intervencin militar estadounidense por todas las buenas razones que explica Yassin Swehat en un excelente texto reciente (http://traduccionsiria.blogspot.com.es/2013/08/lecturas-sobre-el-golpe-estadounidense.html): porque no sera legal, porque slo va agravar el sufrimiento de la poblacin, porque es el pueblo sirio el que debe librarse del dictador, porque la solidaridad internacional puede ser mucho ms eficaz de otras maneras, porque esa intervencin no pretende ayudar al pueblo sirio y porque sus consecuencias, incluso si quisiera y lograse derrocar el rgimen (lo que es una hiptesis extravagante), seran siempre contrarias a la revolucin que l y tantos sirios han defendido desde el comienzo.

Elijamos un relato. Y carguemos con las consecuencias.

Fuente original: http://www.cuartopoder.es/tribuna/siria-la-intervencion-sonada/4978

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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