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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-09-2013

Paraguay, aguantar el Ejrcito?

Jos Antonio Vera
Rebelin


El militar paraguayo, como todos en esa profesin en el mundo, est formado para matar y morir, adems de reprimir poblaciones en gran escala, obedeciendo siempre a la orden superior, pero carece de capacidad para desempear el papel de polica en el control de la seguridad pblica, que le ha asignado el Presidente Horacio Cartes, en una decisin complicada, que nada bueno presagia para nadie.

Cientos de soldados y sus superiores se estn instalando desde hace una semana en tres departamentos del este-norte del pas, desbordados por el narcotrfico y el contrabando mltiple, con la misin de terminar, no con esos males, sino con el Ejrcito del Pueblo Paraguayo (EPP), un emblema llamado guerrilla revolucionaria por la prensa derechista, por el grueso del mundillo ms cavernario del pas, y por parte de la ciudadana malinformada, sin que nadie pueda presentar pruebas contundentes acerca del carcter ideolgico y los objetivos de tal organizacin, si es que ella existe.

Por el momento, la sigla EPP alimenta a los sectores ms retrgrados del pas alistados en la campaa mundial que dirige Estados Unidos contra toda manifestacin individual y colectiva de contenido democrtico, progresista, emancipador, empeado en impedir la integracin de gobiernos y pueblos para mejor someterlos, en asociacin con las oligarquas vernculas, las cuales, como siempre, utilizan a los uniformados como escudo, con el beneplcito de jerarcas movidos por clculos mezquinos.

Cartes orden la sustitucin de la polica por el ejrcito y el cambio se ha hecho sin ningn tipo de alteracin institucional aparente, pero observando ms a fondo es posible encontrar elementos disonantes, debido a que la cpula del primer organismo se siente humillada y, aunque no lo pueda decir pblicamente, considera que ese piso le pertenece por antigedad y oficio, facultada mejor que nadie porque maneja un importante capital de vnculos muy estrechos y comprometidos con los cabecillas del narcotrfico y el contrabando de armas, vehculos, personas e infinidad de otras mercaderas. Numerosos oficiales han sido denunciados por asociacin ilcita.

En cambio, la soldadesca, formada para otras misiones, llega sin experiencia a ese terreno, carente de la gimnasia necesaria y, aunque formalmente tenga la delantera en la decisin de las operaciones, siente sobre s la presencia baquiana de la polica, cuya comandancia fue otorgada das atrs por Cartes al Comisario General Antonio Gamarra, hombre de oscuros antecedentes en la institucin, en la que lleva muchos aos, y quien difcilmente aceptar subordinarse a un oficial castrense, ni ste a l.

Adems de esa contradiccin que debilita la autonoma militar sobre el terreno, provocando malestar entre su oficialidad, otro problema que se presenta al Presidente es el riesgo de fracaso en la eliminacin del EPP y en el cumplimiento de instalar un clima de seguridad para la poblacin rural en sus diferentes componentes, en particular las familias marginadas, sin tierra, humilladas y hambreadas, y sin excluir al grueso de los influyentes productores que exigen tranquilidad para sus negocios.

La eventualidad del fracaso abre, entonces, la hiptesis de que si, a pocas semanas, se vislumbrara un descrdito para la jerarqua castrense, mayora cercana a su jubilacin y habituada a una existencia desactivada, nada garantiza que acepte continuar alejada del confort de sus cuarteles, aunque ello suene a insubordinacin y pueda generar sobresaltos en el quehacer poltico nacional, al punto que hasta la juguetona figura del boomerang podra aparecer en un tiempo no muy lejano.

Cartes es Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, pero hasta ahora no del Estado, a tal punto que el Fiscal General, Javier Daz Vern, apunta que todo operativo que se ordene en esa zona en conflicto, deber llevar la fiscala al frente.

De ello se desprende una serie de interrogantes: Los jefes militares estaran subordinados, a pesar de la decisin del parlamento y la autorizacin del Presidente? Aceptar esa situacin el Ejrcito? El mandatario se vera forzado a negociar, incluso con los partidos polticos? Qu decisin tomarn los expertos norteamericanos, colombianos e israeles que han sido contratados para combatir el narcotrfico y la guerrilla terrorista? Aceptarn el fracaso o intentarn intensificar la criminalizacin, reeditando las tiranas de hace tres dcadas, sustentadas por Estados Unidos?

La subjetividad que est en juego entre la mayora del pueblo, quizs permanecer en las prximas semanas en ese espacio semioscuro del sentir humano, velada por los movimientos inaugurales y muy mediatizados de la actividad internacional de Cartes, que comenz este jueves con el viaje a Surinam para participar en la asamblea de la Unin de Naciones Suramericanas (UNASUR), a la que Paraguay retorna despus de haber sido suspendido como socio del MERCOSUR, a consecuencia del Golpe de Estado del 22 de junio del 2012, contra el gobierno democrtico de Fernando Lugo.

Pensada o no, decidida a ex profeso o no, la agenda presidencial, que enumera varios desplazamientos al extranjero para septiembre, podra cumplir la tarea de distraer o disminuir la presin de los conflictos internos, del gremio docente, movilizado desde hace dos meses, el de salud y del campesinado cada da ms empobrecido y ahora reprimido en los primeros actos de una peligrosa escalada contra las ideas socialistas y de solidaridad bolivariana, cuyo fin es atemorizar a los luchadores sociales bajo el pretexto del terrorismo que encarnara el EPP, aunque ste podra ser solo un instrumento de las mafias fronterizas, en un juego macabro de los superpoderes.

Cartes, ante la acefalia poltica nacional, y vista su temeridad, nada sorprendera que, adems del ttulo de empresario y Presidente de Gobierno, quiera subir otro escaln y graduarse de Tendot, o Jefe de Estado Todopoderoso, al estilo de su admirado General Alfredo Stroessner, empujando un plan cuya aplicacin lo llevara a ignorar el carcter parlamentarista de la Constitucin vigente y las potestades de varias instituciones del poder republicano.

Ese anhelo, que traslucen algunas medidas tomadas en sus primeros das de mandato, asumido el jueves 15, junto a varios enunciados de impopulares intenciones, est tomando cuerpo y alimenta diversas hiptesis acerca del desarrollo prctico que podra protagonizar en los cinco aos del mandato por el cual fue electo el pasado 21 de abril, en representacin del Partido Colorado. Claro, no se excluyen imprevistos.

Acostumbrado a los riesgos, incursionando desde muy joven en actividades complicadas, que aos atrs lo llevaron a banquillos de tribunales de investigacin de delitos econmicos en su pas y en Brasil, Cartes ha tenido, escrpulos aparte, la habilidad de convertir esos tropiezos en una escuela y hoy goza de las mieles de esos triunfos misteriosos y asombrosos que permiten que una minora de personas, en el mundo, acumulen fortunas inmensas en cortos periodos de su vida.

Empeo, audacia y temeridad, sin dudas, para llegar a conducir con rentabilidad a ms de veinte empresas bancarias, agropecuarias, de bebidas, etc, xito que parece haber convencido a Cartes de que naci predestinado para ascender constantemente en todo emprendimiento, como el de gerenciar fcilmente un pas con 6 a 7 millones de habitantes, ms de un milln emigrado, con la ms desigual tenencia de la tierra de Suramrica, y con el 40 por ciento de la poblacin en la pobreza y la mitad en la miseria total, alto analfabetismo e importante porcentaje de mortalidad infantil.

Frente a esa penosa realidad, Cartes ha llegado a su nueva funcin sin presentar a la ciudadana ningn proyecto alentador en la correccin de esos males sociales y, ms bien, transita por el viejo mtodo de respaldarse en los aparatos represivos y en el tejido corrupto de la partidocracia, hurfana de la creatividad e innovacin estructural que el pas reclama a gritos, y de un parlamento venal e inepto, dando espalda a la contribucin que podra aportar el pueblo en ideas e iniciativas de progreso.

A Cartes no se le conoce ninguna iniciativa para reordenar las funciones y el personal del paquidrmico Estado, quizs porque es el mayor empleador del pas y la principal clientela electoral, consecuencia del prebendarismo sistmico de los Partidos Colorado y Liberal, con 270 mil personas en planillas, que cuestan 250 millones de dlares por mes en salario, aunque la mayora no sirve a la sociedad sino a los grupos de poder financiero, donde se superponen las instituciones pblicas y su ineficacia.

Sin embargo, redireccionarlo no sera muy difcil para un buen administrador, dado los enormes recursos naturales que posee en sus 400 mil kilmetros cuadrados de superficie, poco poblado, con buena tierra, agua dulce abundante y variedad de metales, y que produce gran cantidad de alimentos para la exportacin, en particular soja y carne, con una deuda externa para nada asfixiante y el doble de reservas en divisas, aunque la FAO denuncie que hay un milln y cuarto de nios desnutridos.

Paraguay es difcil de explicar racional y culturalmente porque el origen del grueso de su poblacin multilinge arrastra desde hace ms de un siglo el complejo no asumido de tener origen indgena, raz despreciada permanentemente por la creciente y alienada clase media y la oligarqua inculta, dificultando una definicin rigurosa del ser nacional, cuya construccin viene siendo obstaculizada desde la destruccin de la Repblica Soberana, en 1870, y que slo la movilizacin consciente y organizada de su pueblo podr recuperar, para garantizar el bienestar, la independencia y la integracin.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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