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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-09-2013

Cdigos de guerra

Rosario Tourio
Brecha


Entre drones y robots

Un semblante joven, sudoroso, desfigurado por el barro. Un cuerpo, sacudido por las palpitaciones y la claustrofobia de la selva tupida. El enemigo est por todas partes: conoce las mil y una trampas de los caminos, el calor insoportable, y la densidad de la naturaleza es su manto protector. El sonido de las hlices de la nave salvadora ya es un recuerdo lejano. El soldado ha quedado abandonado a su merced. Secuencias de ese tipo son las que el cine y los libros han prodigado para representar uno de los traumas ms profundos que ha debido soportar Estados Unidos: la guerra de Vietnam.

Haba una superioridad tecnolgica innegable en favor de la potencia blica, pero los militantes del Vietcong se desplegaron como un ejrcito de hormigas. Su guerra de guerrillas fue capaz de tumbar al elefante. Y en definitiva, ms all de las diferencias que pudiesen existir entre los fusiles de asalto de uno y otro bando, o el espanto fsico y psicolgico del napalm estadounidense rociado sobre la poblacin civil, un componente de carne y hueso todava merodeaba por all. El combate cuerpo a cuerpo poda sobrevenir en cualquier momento. Y seguramente ms de un piloto debi verse obligado a emprender un vuelo ms o menos rasante para soltar su veneno: vea el rostro de sus vctimas.

Ms atrs, el cine clsico proporcion otros fotogramas, a veces demasiado teidos de pica y soldados desconocidos. Pero en aquellos que son memorables apareca el pertinaz miedo del combatiente. Cmo olvidar el paisaje de la angosta y honda trinchera de la Primera Guerra Mundial, filmada en blanco y negro, en Sin novedad en el frente, de Lewis Milestone (basada en una novela de Erich Maria Remarque). La escasez de cigarros y de comida. El humo de la metralla. Las manos amputadas. Los alambres de pa. O en otras escenas blicas del siglo pasado: la cruz roja rstica en el brazalete de los mdicos, el capitn de guerra estudiando el mapa (s, posiblemente, a varios quilmetros del frente de batalla), planeando emboscadas, interceptando rudimentarias comunicaciones para anticiparse a la tctica del enemigo, con alguna ligera huella en su mente de El arte de la guerra, de Sun Tzu. Claro que debieron producirse cientos de juicios sumarios, o incalculables daos colaterales. Los romanticismos estn vedados, cuando en la otra gran guerra una potencia mundial fue capaz de lanzar desde el infame Enola Gay (bautizado as por la propia madre del piloto Paul Tibbets) una bomba atmica sobre la poblacin entera de Hiroshima. Sabs lo que hiciste, Claude? Mataste a 200 mil personas en cinco minutos, le dijeron sus compaeros de la base al recin llegado Claude Eatherly, el hombre encargado no de arrojar el artefacto (apodado Little Boy), sino de precisar el blanco. Algunos hasta lo felicitaron. Eatherly qued tieso, y nunca pudo superar la culpa. Termin en un hospital de veteranos de guerra, con graves trastornos mentales. Tibbets, en cambio, alarde del goce de buen sueo hasta el ltimo de sus das.1

Pero la tecnologa blica evolucion siempre a un ritmo mucho ms acelerado que otras ingenieras destinadas a resolver necesidades bsicas insatisfechas. Y en el siglo xxi no deja de ostentar sofisticacin. No la debe pasar todava muy bien el infante de marina en las polvorientas rutas de Afganistn o Pakistn, aunque los conflictos sean presentados actualmente como quirrgicos y antispticos. Como una marca de las relaciones posmodernas (las de amor y las de guerra), su empeo es el margen de error cero y la seguridad para el perpetrador, que no da la cara. De acuerdo al London Bureau of Investigative Journalism (lbij), en Pakistn, desde 2004 hasta hoy, la cifra de civiles muertos como consecuencia de ataques con drones llegara a los 928. Los drones son aviones no tripulados (unmanned aerial vehicle, o uav, el ingls en este caso suena muy ajustado para remitir a la ausencia humana), a veces tambin llamados espas, manejados de modo remoto por cmodos aeromodelistas de la cia. Suelen ser dirigidos hacia presuntos refugios de terroristas.

Como es de esperar, la Casa Blanca slo reconoce la mitad de las vctimas civiles, desde que los prolijos drones forman parte de la estrategia para la zona. Se calcula que ya un tercio de la flota area estadounidense est compuesta por estos ingenios (hasta ahora tambin fabricados por Israel, aunque Francia ya les ha echado el ojo), supuestamente menos costosos que las prolongadas movilizaciones de ejrcitos. A diferencia de un misil, estos artefactos una de las presentaciones ms conocidas se llama Predator son capaces de mantener un nivel de vuelo sostenido y son reutilizables. Y la novedad es que los ltimos modelos ya no son siquiera conducidos por el ser humano mediante una suerte de joystick, sino que tienen un sistema de programacin autnomo capaz de decidir un ataque por s mismo (al punto que los expertos en defensa ya se plantean si no habr que insertarle al cerebro de la mquina alguna herramienta de control tico para que no pase algo similar a la rebelin del hal 9000 de Arthur C Clarke).

Pensar que la tecnologa es en s misma perversa podra ser simplista, porque el avin a control remoto o eventualmente robtico puede ser utilizado para extinguir incendios, explotar yacimientos mineros o vigilar zonas expuestas a contaminacin. Parece, en cambio, inquietante que la guerra del futuro confe en la inteligencia artificial para reconocer, apuntar y erradicar al enemigo correcto. Y ni que hablar de los profundos cuestionamientos en el plano del derecho internacional humanitario que los drones acarrean. Amnista Internacional ha advertido recientemente sobre las ejecuciones extrajudiciales realizadas por los uav, ya que violan los tratados internacionales, a fuerza de una interpretacin del escenario de guerra sumamente laxa por parte del gobierno de Estados Unidos. La onu, que en este tablero de guerras preventivas y selectivas acta como un corredor raqutico y rezagado, tambin ha reparado en la necesidad de llegar a un compromiso serio y con contenido antes de que nos encontremos en un mundo con mquinas con el poder de matar seres humanos.2

Puede resultar ingenuo imaginarse alguna guerra tica. Es posible pensar cuando la ciencia ya se ha apoderado de la ficcin en una violencia efectivamente reglada, contenida en algn cdigo universal que no sea constantemente acribillado por las excepciones?

Notas:
1. Los dos pilotos de Hiroshima, de Jos Pablo Feinmann, en Pgina 12 (11-VIII-13).
2. El relator especial de la ONU Cristof Heyns calific a los drones como robots asesinos.

Fuente: http://brecha.com.uy/index.php/contratapa/2311-codigos-de-guerra



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