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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-09-2013

Deslinde estratgico mariateguista

Gustavo Prez Hinojosa
Rebelin


Dentro del esfuerzo que haca la Ctedra Jos Carlos Maritegui, impulsada por los compaeros del Movimiento todas las voces para dar a conocer la obra poltica del padre del Socialismo Peruano, a travs de sus propios documentos (algo as como Maritegui por Maritegui mismo), toc el anlisis del Punto de vista antiimperialista, texto que por su contenido y por las circunstancias en que se present y debati (la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana realizada en Buenos Aires, del 1 al 12 de Junio, de 1929), constituye uno de los documentos fundamentales del Partido Socialista del Per.

UBICACIN HISTRICA DEL PUNTO DE VISTA ANTIMPERIALISTA

No existe registro auditivo de este debate, pero tanto del propio texto de Maritegui, como del escasamente conocido informe del Secretariado Sudamericano de la Internacional Comunista sobre el evento (publicado bajo el ttulo de El movimiento revolucionario latinoamericano, por la Revista La correspondencia sudamericana), como, en parte, de los Apuntes para una interpretacin marxista de historia social del Per, de Ricardo Martnez La Torre; aparece un ardoroso combate terico en defensa de la especificidad de la estrategia revolucionaria de la Revolucin proletaria en el Per, y en otros pases de Sud Amrica, que tiene para el movimiento socialista peruano tanta importancia como el conocido debate del XX Congreso del Partido Comunista de la Unin Sovitica, de Febrero de 1956.

Acudieron al evento, en Buenos Aires, 15 Partidos comunistas y obreros de Amrica Latina, y en representacin del Partido Socialista del Per, los camaradas Saco (Hugo Pesce Pisciotta) y Zamora (Julio Portocarrero). Acudieron tambin, por el Comit Ejecutivo de la Internacional, Luis (Jules Humbert-Droz) y por el Secretariado Sudamericano de la Internacional, Vittorio Codovilla y Eugenio Gmez.

El Proyecto de Tesis sobre el movimiento revolucionario de Amrica Latina, preparado por el Secretariado de la Comisin Ejecutiva de la Internacional Comunista para Amrica Latina (haba sido preparado en realidad por la Comisin Latinoamericana del VI Congreso de la Internacional Comunista, como primer documento de la Internacional sobre las perspectivas de la revolucin en Amrica Latina y las tareas de nuestros Partidos y del proletariado revolucionario).

Al respecto, recordaba Vittorio Codovilla, dcadas despus, Al reconocer que los principales enemigos de los pueblos eran el imperialismo norteamericano e ingls y las oligarquas terratenientes, la conferencia se dotaba de los medios para definir correctamente el carcter de la revolucin en Amrica Latina, revolucin antiimperialista, agraria y democrtica burguesa. Por consiguiente el golpe principal deba asestarse a los terratenientes mediante la aplicacin de una reforma agraria radical, y contra la dominacin imperialista mediante la expropiacin y la nacionalizacin de la empresas pertenecientes a los monopolios (Vittorio Codovilla. La penetracin del marxismo-leninismo en Amrica Latina).

El 4 de Junio de 1929, en la Octava Sesin de la Conferencia, que continuaba el debate sobre el Informe del camarada Luis (Jules Humbert-Droz sobre el tema La lucha antiimperialista y los problemas de tctica de los Partidos Comunistas de la Amrica Latina, Zamora (Julio Portocarrero), interviene y da lectura al Punto de vista antiimperialista.

El documento inicia preguntndose hasta que punto puede asimilarse la situacin de las repblicas latinoamericanas a la de los pases semi-coloniales? (y esta pregunta retomaba el debate donde lo dejara la intervencin de Ricardo Paredes Romero, en el VI Congreso de la Internacional Comunista), y a rengln seguido, precisa las caractersticas de las burguesas nacionales de Sud Amrica:

ven en la cooperacin con el imperialismo la mejor fuente de provechos, se sienten lo bastante dueas del poder poltico para no preocuparse seriamente de la soberana nacional, no tienen ninguna predisposicin a admitir la necesidad de luchar por la segunda independencia, no echa de menos un grado ms amplio y cierto de autonoma nacional, no se sienten solidarizadas con el pueblo por el lazo de una historia y de una cultura comunes, desprecian lo popular, lo nacional. Se sienten, ante todo, blancos, y aade El pequeo burgus mestizo imita este ejemplo, y reitera Mientras la poltica imperialista logre "manger" los sentimientos y formalidades de la soberana nacional de estos Estados, mientras no se vea obligada a recurrir a la intervencin armada y a la ocupacin militar, contar absolutamente con la colaboracin de las burguesas. Aunque enfeudados a la economa imperialista, estos pases, o ms bien sus burguesas, se considerarn tan dueos de sus destinos como Rumania, Bulgaria, Polonia y dems pases "dependientes" de Europa (J.C. Maritegui. Punto de vista antiimperialista)

Asimismo, seala que en nuestros pases :

donde la pequea burguesa, por sus arraigados prejuicios de decencia, se resiste a la proletarizacin; donde sta misma, por la miseria de los salarios no tiene fuerza econmica para transformarla en parte en clase obrera; donde imperan la empleomana, el recurso al pequeo puesto del Estado, la caza del sueldo y del puesto "decente"; el establecimiento de grandes empresas que, aunque explotan enormemente a sus empleados nacionales, representan siempre para esta clase un trabajo mejor remunerado, es recibido y considerado favorablemente por la gente de clase media, que aqu La empresa yanqui representa mejor sueldo, posibilidad de ascensin, emancipacin de la empleomana del Estado, donde no hay porvenir sino para los especuladores. Este hecho acta, con una fuerza decisiva, sobre la conciencia del pequeo burgus, en busca o en goce de un puesto, pues En estos pases,la situacin de las clases medias no es la constatada en los pases donde estas clases han pasado un perodo de libre concurrencia, de crecimiento capitalista propicio a la iniciativa y al xito individuales, a la opresin de los grandes monopolios (J.C. Maritegui. Punto de vista antiimperialista).

En resumen Maritegui objeta la visin de la Internacional Comunista sobre las burguesas nacionales o las clases medias sudamericanas caracterizndolas:

- Ven en la cooperacin con el imperialismo la mejor fuente de provechos.

Concluyendo, con el ejemplo de la Revolucin Mexicana, que ni la burguesa ni la pequea burguesa en el poder pueden hacer una poltica antiimperialista. Que el asalto del poder por el antiimperialismo, como movimiento demaggico populista no representara nunca la conquista del poder, por las masas proletarias, por el socialismo. Que ste mas bien encontrara su enemigo mas peligroso y encarnizado (por su confusionismo y demagogia) en la pequea burguesa en el Poder, y que la misin de los socialistas es explicar y demostrar a las masas que slo la revolucin socialista opondr al avance del imperialismo una valla definitiva y verdadera.

DESLINDE CON LA PROPUESTA ESTRATEGICA DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA PARA EL PER Y SUDAMERICA:

Por qu Maritegui seala esto?. Pues porque constata que la propuesta tctica del Secretariado Sudamericano de la Internacional Comunista est calcada sobre las directivas de la Internacional Comunista para la Revolucin China, que llev al Partido Comunista Chino a la alianza con el Kuomintang, desde 1923 (Ver Declaracin del Embajador sovitico Yoffe-Sun Yat Sen, del 26 de Enero de 1923 y Resolucin del III Congreso del Partido Comunista Chino, de Junio de 1923), por tratarse de un pas semi-colonial, y considera Maritegui, que esta tctica no se ajusta a la especificidad de nuestras burguesa y pequea burguesa.

De all que enfatiza:

Pretender que en esta capa social prenda un sentimiento de nacionalismo revolucionario, parecido al que en condiciones distintas representa un factor de la lucha anti-imperialista en los pases semi-coloniales avasallados por el imperialismo en los ltimos decenios en Asia, sera un grave error.

"La colaboracin con la burguesa, y aun de muchos elementos feudales, en la lucha antiimperialista china, se explica por razones de raza, de civilizacin nacional que entre nosotros no existen. El chino noble o burgus se siente entraablemente chino. Al desprecio del blanco por su cultura estratificada y decrpita, corresponde con el desprecio y el orgullo de su tradicin milenaria. El anti-imperialismo en la China puede, por tanto, descansar en el sentimiento y en el factor nacionalista. En Indo-Amrica las circunstancias no son las mismas (J.C. Maritegui. Punto de vista antiimperialista).

Y concluye que:

El factor nacionalista, por estas razones objetivas que a ninguno de ustedes escapa seguramente, no es decisivo ni fundamental en la lucha anti-imperialista en nuestro medio (J.C. Maritegui. Punto de vista antiimperialista).

El anti-imperialismo, para nosotros, no constituye ni puede constituir, por s solo, un programa poltico, un movimiento de masas apto para la conquista del poder. El anti-imperialismo, admitido que pudiese movilizar al lado de las masas obreras y campesinas, a la burguesa y pequea burguesa nacionalistas (ya hemos negado terminantemente esta posibilidad) no anula el antagonismo entre las clases, no suprime su diferencia de intereses.

Ni la burguesa, ni la pequea burguesa en el poder pueden hacer una poltica anti-imperialista. Tenemos la experiencia de Mxico, donde la pequea burguesa ha acabado por pactar con el imperialismo yanqui (J.C. Maritegui. Punto de vista antiimperialista).

Cabe recordar que respecto a este tema, Mao Ze Dong seala que:

Estamos plenamente de acuerdo con la Resolucin de la Internacional Comunista sobre el problema de China. No cabe duda de que actualmente China se encuentra todava en la etapa de la revolucin democrtico-burguesa. El programa para una revolucin democrtica cabal en China implica, en lo externo, el derrocamiento del imperialismo para alcanzar la completa liberacin nacional y, en lo interno, la eliminacin de la burguesa compradora en las ciudades, la consumacin de la revolucin agraria para eliminar las relaciones feudales en el campo y el derrocamiento del gobierno de los caudillos militares. Slo por medio de semejante revolucin democrtica, se podr asentar una verdadera base para la transicin al socialismo (La lucha en las montaas Ching Kang, 25/11/1928. Obras Escogidas Tomo I, Pg.102), y que :

la invasin japonesa ha alterado las relaciones de clase en china y ha creado la posibilidad de que participe en la lucha antijaponesa no slo la pequea burguesa sino tambin la burguesa nacional (Sobre la tctica de la lucha contra el imperialismo japons, 27/12/35, Obras Escogidas Tomo I, Pg.181).

Y mas adelante insistira:

"A partir de la Guerra del Opio de 1840, China se ha transformado paso a paso en un pas semicolonial y semifeudal. Y, ms an, despus del Incidente del 18 de Septiembre de 1931, cuando el imperialismo japons inici la invasin armada de China, sta se ha convertido en un pas colonial, semicolonial y semifeudal" ("La Revolucin China y el Partido Comunista de China", Obras Escogidas Tomo II, Pgs.319 y 320),

Aadiendo:

"los principales enemigos de la revolucin china en la presente etapa son el imperialismo y la clase terrateniente feudal, Cules son las tareas de la revolucin en dicha etapa?".."realizar una revolucin nacional para acabar con la opresin y una revolucin democrtica para terminar con la opresin interior de los terratenientes feudales; de estas tareas, la primordial es la revolucin nacional para derrocar al imperialismo" (Obra Citada, Pgs. 320 y 33').

DESLINDE CON LA PROPUESTA ESTRATEGICA DE HAYA DE LA TORRE:

De esta forma plantea las particularidades de la formacin econmico-social peruana y an Sud Americanas, que no hacen aplicable la tctica china de la Internacional Comunista para nuestra realidad, pero como quiera que tambin Haya de La Torre y sus seguidores formulan un planteamiento tctico semejante (sobre la similitud de la propuesta estratgica de Haya de La Torre con la propuesta por la Internacional Comunista leer el interesante artculo. Haya de La Torre, la Comintern y el Per: Acercamientos y desencuentros de Lazar y Vctor, Jeifets, en Pacarina del Sur, N 16, Julio-Setiembre del 2013) Maritegui seala que:

Ya en nuestra discusin con los dirigentes del aprismo, reprobamos su tendencia a proponer a la Amrica Latina un Kuo Min Tang ((J.C. Maritegui. Punto de vista antiimperialista).

Que el descuido en la estimacin precisa de las posibilidades de la accin anti-imperialista en la Amrica Latina. Su relegamiento, su olvido, ha sido una de las caractersticas de la teorizacin aprista (J.C. Maritegui. Punto de vista antiimperialista).

Que La divergencia fundamental entre los elementos que en el Per aceptaron en principio el Apra como un plan de frente nico, nunca como partido y los que fuera del Per la definieron luego como un Kuo Min Tang latinoamericano, consiste en que los primeros permanecen fieles a la concepcin econmico-social revolucionaria del anti-imperialismo, (J.C. Maritegui. Punto de vista antiimperialista)mientras que los segundos no.

Que de esta forma para Haya y sus seguidores El anti-imperialismo resulta as elevado a la categora de un programa, de una actitud poltica, de un movimiento que se basta a s mismo y que conduce, espontneamente, no sabemos en virtud de qu proceso, al socialismo, a la revolucin social. Este concepto lleva a una desorbitada superestimacin del movimiento anti-imperialista, a la exageracin del mito de la lucha por la "segunda independencia" (J.C. Maritegui. Punto de vista antiimperialista).

Que Del Apra, concebida inicialmente como frente nico, como alianza popular, como bloque de las clases oprimidas, se pasa al Apra definida como el Kuo Min Tang latinoamericano (J.C. Maritegui. Punto de vista antiimperialista).

Maritegui precisaba el error de apreciacin de Haya de La Torre:

Estas burguesa, en Sud Amrica, que no conocen, todava, salvo Panam, la ocupacin militar yanqui, no tienen ninguna predisposicin a admitir la necesidad de lucha por la segunda independencia, como supona ingenuamente la propaganda aprista (J.C. Maritegui. Punto de vista antiimperialista).

Y que :Mientras la poltica imperialista.no se vea obligada a recurrir a la intervencin armada y a la ocupacin militar, contar absolutamente con la colaboracin de las burguesas (J.C. Maritegui. Punto de vista antiimperialista).

Concluyendo para el caso de Sud Amrica que Estos hechos diferencian la situacin de los pases Sud Americanos de la situacin de los pases Centro Americanos, donde el imperialismo yanqui, recurriendo a la intervencin armada sin ningn reparo, provoca una reaccin patritica que puede fcilmente ganar al anti-imperialismo a una parte de la burguesa y la pequea burguesa . (J.C. Maritegui. Punto de vista antiimperialista).

Efectivamente, Haya de La Torre, constatando la heroica lucha de Sandino contra la invasin militar yanqui, generalizaba errneamente la misma situacin para Sud Amrica, y sealaba que:

"El progresivo sometimiento econmico de nuestros pases al imperialismo deviene sometimiento poltico, prdida de la soberana nacional, invasiones armadas de los soldados y marineros del imperialismo, compra de caudillos criollos, etc. Panam, Nicaragua, Cuba, Santo Domingo, Hait son verdaderas colonias o protectorados yanquis como consecuencia de la "poltica de penetracin" del imperialismo" ("El antiimperialismo y el APRA", Ediciones Ercilla, Santiago, 1936, Pgs. 4 y 5),

aadiendo:

"Dentro del sistema capitalista y de acuerdo con la dialctica de su proceso histrico, la Amrica Latina devendr seguramente una colonia yanqui" (Obra citada, Pg.7), 

y conforme a lo que suceda en Centro Amrica trazar su estrategia: 

"El peligro mayor para nuestros pueblos es el imperialismo. El amenaza no slo como fuerza explotadora, sino como fuerza conquistadora. Hay pues, en el fenmeno imperialista con el hecho econmico de toda explotacin, el hecho poltico de una opresin de carcter nacional"

y plantear:

"Sostenemos, pues, que la actual tarea histrica de estos pueblos es la lucha contra el imperialismo. Tarea de nuestro tiempo, de nuestra poca, de nuestra etapa de evolucin. Ella nos impone subordinar temporalmente todas las otras luchas que resulten de las contradicciones de nuestra realidad social y que no sean coadyuvantes del imperialismo- a la necesidad de la lucha comn"

Concluyendo que:

"As es como la lucha contra el imperialismo queda planteada en su verdadero carcter de lucha nacional" (Obra citada, Pgs. 83 y 84),

perfilando los objetivos de la Revolucin planteada:

"No es posible separar, pues, la lucha contra el imperialismo extranjero de la lucha contra el feudalismo nacional en Indoamrica", "por eso, el contenido social de lucha antiimperialista en Indoamrica es antifeudal" (Obra citada, Pgs. 148 y 149).

EL IMPERIALISMO YANQUI Y LA PEQUEA BURGUESA

Analizando la realidad concreta nacional, Maritegui se haba preguntado desde el inicio de su tesis:

Hasta qu punto puede asimilarse la situacin de las repblicas latinoamericanas a la de los pases semi-coloniales? La condicin econmica de estas repblicas, es, sin duda, semi-colonial, y, a medida que crezca su capitalismo y, en consecuencia, la penetracin imperialista, tiene que acentuarse este carcter de su economa. Pero las burguesas nacionales, que ven en la cooperacin con el imperialismo la mejor fuente de provechos, se sienten lo bastante dueas del poder poltico para no preocuparse seriamente de la soberana nacional (J.C. Maritegui. Punto de vista antiimperialista).

Mas adelante, constando que el ascenso al poder de Augusto B. Legua, en su segundo periodo, signific el desplazamiento de la oligarqua exportadora, representada por el Civilismo, y su reemplazo por una alianza de intereses, entre la burguesa, la pequea burguesa improductiva (sectores medios) y el imperialismo yanqui, cuya penetracin en nuestra economa, an desplazando al imperialismo ingls, profundiz nuestra dependencia, Maritegui seala:

Los intereses del capitalismo imperialista coinciden necesaria y fatalmente en nuestros pases con los intereses feudales y semifeudales de la clase terrateniente? La lucha contra la feudalidad se identifica forzosa y completamente con la lucha anti-imperialista? Ciertamente, el capitalismo imperialista utiliza el poder de la clase feudal, en tanto que la considera la clase polticamente dominante. Pero, sus intereses econmicos no son los mismos. La pequea burguesa, sin exceptuar a la ms demaggica, si atena en la prctica sus impulsos ms marcadamente nacionalistas, puede llegar a la misma estrecha alianza con el capitalismo imperialista. El capital financiero se sentir ms seguro, si el poder est en manos de una clase social ms numerosa, que, satisfaciendo ciertas reivindicaciones apremiosas y estorbando la orientacin clasista de las masas, est en mejores condiciones que la vieja y odiada clase feudal de defender los intereses del capitalismo, de ser su custodio y su ujier. La creacin de la pequea propiedad, la expropiacin de los latifundios, la liquidacin de los privilegios feudales, no son contrarios a los intereses del imperialismo, de un modo inmediato. Por el contrario, en la medida en que los rezagos de feudalidad entraban el desenvolvimiento de una economa capitalista, ese movimiento de liquidacin de la feudalidad, coincide con las exigencias del crecimiento capitalista, promovido por las inversiones y los tcnicos del imperialismo; que desaparezcan los grandes latifundios, que en su lugar se constituya una economa agraria basada en lo que la demagogia burguesa llama la "democratizacin" de la propiedad del suelo, que las viejas aristocracias se vean desplazadas por una burguesa y una pequea burguesa ms poderosa e influyente y por lo mismo ms apta para garantizar la paz social, nada de esto es contrario a los intereses del imperialismo (J.C. Maritegui. Punto de vista antiimperialista).

Esta tesis tambin caus polmica en el seno de la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana realizada en Buenos Aires, del 1 al 12 de Junio, de 1929. Gonzles Alberdi, representante del Partido Comunista Argentino, seal al respecto:

Creen nuestros compaeros del Per, que el imperialismo en su pas, puede obrar en cierta forma como actor de liquidacin del latifundismo, y apoyarse en la pequea burguesa, facilitando la creacin de la pequea propiedad rural. Es, evidentemente, un citerior peligroso, que conduce lgicamente a negar la deformacin de la economa de los pueblos sometidos, por el imperialismo. La existencia de los restos feudales y otras formas atrasadas, constituye, precisamente, la garanta de la dominacin imperialista. Liquidar esas formas atrasadas, crear la pequea burguesa, abrir libre cauce al normal desarrollo de la economa nacional, equivaldra, precisamente para el imperialismo, a facilitar el nacimiento de una burguesa indgena, cuyos intereses chocaran con los intereses de los imperialistas; burguesa indgena que sera fuerte porque se habra operado el proceso previo de la liquidacin del feudalismo (El movimiento revolucionario latino americano, Versiones de la Primera Conferencia Comunista Latino americana, Junio de 1929, Pg.328)

Y tras la defensa del compaero Saco (Hugo Pesce), Vittorio Codovilla aadir:

Intervengo en este debate movido por las apreciaciones hechas en las intervenciones de los compaeros del Per, que me parecen muy peligrosas..Otra afirmacin peligrosa del compaero Saco es la de decir que el imperialismo ha disminuido los caracteres feudales de los pases en que penetra y ha modificado los rasgos de servidumbre, creando masas asalariadas, etc.. Parece que el compaero Saco ignora que, justamente, el imperialismo conforma sus mtodos de explotacin capitalista a las formas de explotacin semifeudal y semiesclavista, intensificando la explotacin de las masas y apoyndose para su penetracin en las formas mas reaccionarias de gobierno (El movimiento revolucionario latino americano, Versiones de la Primera Conferencia Comunista Latino americana, Junio de 1929, Pgs.333 a 335).

Ya en otros trabajos Maritegui haba sealado al respecto que:

En la Amrica indo-espaola se cumple gradualmente, un proceso de liquidacin de ese rgimen oligrquico y feudal que ha frustrado, durante tantos aos, el funcionamiento de la democracia formalmente inaugurada por los legisladores de la revolucin de la independencia.

En Argentina, verbigracia, la ascensin al poder del Partido Radical cancel el dominio de las viejas oligarquas plutocrticas. En Mxico, la revolucin arroj del gobierno a los latifundistas y a su burocracia. En Chile, la eleccin de Alessandri, hace cinco aos, tuvo tambin un sentido revolucionario (La perspectiva de la poltica chilena, Mundial, 13 de Febrero de 1925, en Temas de nuestra Amrica, Pg.141).

El irigoyenismo representa el capital financiero, la burguesa industrial y urbana y se apoya en la clase media y an en aquella parte del proletariado a la cual el socialismo no ha conseguido an imponer su concepcin clasista. Es la izquierda del antiguo radicalismo; propugna una poltica reformista que hace casi intil el programa socialdemocrtico, prolonga el viejo equvoco radical de que en los pases donde el capitalismo se encuentra en crecimiento, conserva sus resortes histricos (La batalla electoral de la Argentina, Mundial, 13 de Febrero de 1925, Temas de nuestra Amrica, Pg.138).

Y para nuestro caso particular, continuara sealando comparativamente con los casos de Alessandri e Irigoyen:

Nuestro fenmeno alessandrista o irigoyenista se ha producido ya: es el leguiismo. Tiene como corresponde al medio, las limitaciones y las gazmoeras de un criterio clerical, conservador; no ha tocado al capital, ni siquiera a la vieja aristocracia; ha mantenido todos los prejuicios; pero es, en parte, nuestro motn pequeo-burgus rpidamente usufructuado por el gran capital y, sobre todo, por las finanzas extranjeras (Carta de Jos Carlos Maritegui a Eudosio Ravines, 31 de diciembre de 1928, Correspondencia de Maritegui, Tomo II, Pg. 490).

El proceso leguiista es la expresin poltica de nuestro proceso de crecimiento capitalista, y si algo se le opone radicalmente, si algo es su anttesis y su negacin, es justamente nuestro socialismo, nuestro marxismo, que pugnan por afirmar una poltica basada en los intereses y en los principios de las masas obreras y campesinas, del proletariado, no de la inestable pequea burguesa (Carta de Jos Carlos Maritegui a Moiss Arroyo, 30 de julio de 1929, Correspondencia de Maritegui, Tomo II, Pg. 610).

Y finalmente:

El leguismo no se atreve a tocar la gran propiedad. Pero el movimiento natural del desarrollo capitalista obras de irrigacin, explotacin de nuevas minas, etc.- va contra los intereses y privilegios de la feudalidad. Los latifundistas, a medida que crecen las reas cultivables, que surgen nuevos focos de trabajo, pierden su principal fuerza: la disposicin absoluta e incondicional de la mano de obra. (Punto de vista anti-imperialista, en Ideologa y poltica, Pg. 93).

Y aade, ejemplificando lo antes sealado, con el conflicto surgido entre las obras de regado, efectuadas en Lambayeque, por la Comisin Tcnica presidida por el Ingeniero norteamericano Sutton, y la conveniencia de los grandes terratenientes feudales de la zona:

La amenaza de que se les arrebate el monopolio de la tierra y el agua, y con l el medio de disponer a su antojo de la poblacin de trabajadores saca de quicio a esta gente y la empuja a una actitud que el gobierno, aunque muy vinculado a muchos de sus elementos, califica de subversiva o anti-gobiernista (Punto de vista anti-imperialista, en Ideologa y poltica, Pgs. 93 y 94).

Al respecto, Baltazar Caravedo Molinari, analizando retrospectivamente ese periodo, seala que:

Todas las fuerzas sociales no vinculadas al sector agrario exportador y terrateniente estuvieron objetivamente entrelazadas en una lucha anticivilista, que Legua supo utilizar para asumir el poder. Propsito para el que tambin aprovech los conflictos entre los capitales norteamericanos e ingls dentro del pas. A los primeros les interesaba desplazar del poder a los civilistas, para lograr mejores condiciones polticas. Legua se convirti as en el hombre que abri el camino al capital norteamericano y a la industria nativa" ("Burguesa e industria en el Per 1933-1945", IEP, 1976, Pgs. 37 y 38).

Coincidentemente Manuel Burga y Alberto Flores Galindo, sealan sobre el mismo periodo que:

"Legua se apoy en los sectores medios, en los medianos propietarios y ms an despleg una intensa actividad para romper con la preponderancia de las viejas castas de terratenientes en el campo sin afectar la estructura econmica imperante"y "Sus planes polticos, en los primeros aos, estuvieron dirigidos a quitar el poder poltico a la viejas castas dominantes: oligarqua costea y gamonalismo andino. Paralelamente desarroll un ambicioso programa (burocracia, obras pblicas e irrigaciones) destinado a crear una clase media adicta y obsecuente. Para lograr esto tuvo que entregar el pas a la influencia omnmoda del imperialismo norteamericano" ("Apogeo y Crisis de la Repblica aristocrtica" , Rikchay Per, Febrero de 1980, Pgs. 133,134 y 140).

Por qu discrepaba, entonces, la Internacional Comunista con el anlisis de Maritegui del comportamiento del Imperialismo yanqui en nuestra economa a partir del ascenso al Poder del Leguiismo?

Todo parece indicar que se trataba de no solo de una visin esttica de la actuacin del imperialismo yanqui, sino adems fuertemente influida por una visin positivista del papel revolucionario de las burguesas nacionales en los pases capitalistas atrasados, a partir del ejemplo de la Revolucin China, ya antes analizada, la misma que, como hemos podemos analizar en el artculo de Maritegui que comentamos, ste no comparta para nuestro caso y el de Sud Amrica.

LA EXTEMPORNEA ETAPA DE NUEVA DEMOCRACIA

Maritegui incluso, ya se adelantaba a precisar que tareas que son usualmente consideradas como tpicamente democrtico burguesas tendrn un tratamiento singular en un pas como el nuestro, en que un "formal capitalismo ya est establecido, aunque no se ha logrado an la liquidacin de la feudalidad y nuestra incipiente y mediocre burguesa se muestra incapaz de realizarla,"precisando "El advenimiento poltico del socialismo no presupone el cumplimiento perfecto y exacto de la etapa econmica liberal, segn un itinerario universal. Ya he dicho en otra parte que es muy posible que el destino del socialismo en el Per sea en parte el de realizar, segn el ritmo histrico a que se acompase, ciertas tareas tericamente capitalistas" ("Respuesta al Cuestionario N 4 del Seminario de Cultura Peruana", Revista "La Sierra", en "Ideologa y Poltica", Pgs.263 a 273).

Cuando Maritegui sealaba en esta cita que Ya he dicho en otra parte que, se refiera a la Presentacin a "Tempestad en los andes", de Luis E. Valcrcel, de Octubre de 1927, donde en abierta polmica con sus detractores sealaba:

"Mentes poco crticas y profundas pueden suponer que la liquidacin de la feudalidad es empresa tpica y especficamente liberal y burguesa y que pretender convertirla en funcin socialista es torcer romnticamente las leyes de la historia. Este criterio simplista de tericos de poco calado, se opone al socialismo sin ms argumento que el de que el capitalismo no ha agotado su misin en el Per. La sorpresa de sus sustentadores ser extraordinaria cuando se enteren que la funcin del socialismo en el gobierno de la nacin, segn la hora y el comps histrico a que tenga que ajustarse, ser en gran parte la de realizar el capitalismo vale decir las posibilidades histricamente vitales todava del capitalismo- en el sentido que convenga a los intereses del progreso social" ("La Organizacin del proletariado", Ediciones "Bandera Roja", 1967, Pg.180).

Y volver sobre lo mismo, en el Prefacio a "El Amauta Atusparia" de Ernesto Reyna, de 1930, donde manifiesta:

"En nuestra Amrica espaola, semi-feudal an, la burguesa no ha sabido ni querido cumplir las tareas de la liquidacin de la feudalidad. Descendiente prxima de los colonizadores espaoles, le ha sido imposible apropiarse de las reivindicaciones de las masas campesinas. Toca al socialismo esta empresa" (Ideologa y Poltica ", Pg.188).

Culminando: Solo la accin proletaria puede estimular primero y realizar despus las tareas de la revolucin democrtico-burguesa, que el rgimen burgus es incompetente para desarrollar y cumplir (Principios programticos del Partido Socialista, Ideologa y poltica, Pgs.160 y 161)

Qu implica lo sealado por Maritegui en estas cuatro ltimas citas?

Pues sencilla y llanamente que habla de una Revolucin Socialista, del socialismo en el gobierno de la nacin, que cumplir de paso las tareas de la revolucin democrtico-burguesa, incumplidas por la burguesa, y no del necesario desarrollo de una etapa democrtico burguesa, de nueva democracia o etapa econmica liberal (como la denomina Maritegui) bajo direccin proletaria, como parte de una revolucin que solamente en su segunda etapa ser socialista, propiamente dicha.

En cuanto a la cita: Cumplida su etapa democrtico-burguesa, la revolucin deviene en sus objetivos y en su doctrina revolucin proletaria (Principios Programticos del Partido Socialista, Ideologa y Poltica, Pg.162), en concordancia con lo anteriormente expuesto y por su ubicacin fsica al final en el documento en que se exponen los Principios Programticos del Partido, al parecer describe el proceso en curso, lo que vena sucediendo en el Per de 1920, pues la etapa democrtico-burguesa se haba cumplido no en la forma revolucionaria que hubiese sido deseable (a este respecto ver V.I.Lenin. Apreciacin del momento, Abril de 1917) sino con el desplazamiento de la alianza de la aristocracia terrateniente y el imperialismo ingls, representada por el Civilismo, del Gobierno, por una nueva alianza entre la burguesa industrial, la pequea burguesa improductiva y el imperialismo yanqui, representada por el Leguiismo (al igual que en Rusia con el ascenso de Kerenski), y en consecuencia ya no caba mas el planteamiento de esta etapa, correspondiendo a la Revolucin Socialista, el cumplimiento de las tareas democrtico-burguesas irresueltas. La etapa a desarrollar ya no es la Cumplida  etapa democrtico-burguesa sino la revolucin proletaria o socialista.

Salta la pregunta, pero cmo y cuando se cumpli dicha etapa democrtico-burguesa que determin que la tarea del momento, planteada por Maritegui fuese ya la Revolucin Socialista?

Tal y como anotaba Miguel Aragn, una ubicacin histrica de los trabajos de Maritegui, evidencian que, a diferencia de Haya de la Torre, ste constat que el ascenso al poder de Augusto B. Legua, en su segundo periodo, signific el desplazamiento de la oligarqua exportadora, representada por el Civilismo, y su reemplazo por una alianza de intereses, entre la fraccin burguesa industrial, la pequea burguesa improductiva (sectores medios) y el imperialismo yanqui, cuya penetracin en nuestra economa, an desplazando al imperialismo ingls, profundiz nuestra dependencia.

Se trataba pues ya, de la burguesa en el Poder, en alianza con el imperialismo, y no la aristocracia terrateniente en alianza con ste.

RETOMAR REALMENTE A MARITEGUI Y SU LNEA ESTRATGICA

Cmo fue entonces, que pese a la claridad del deslinde de Maritegui, en su Punto de Vista Antiimperialista y al hecho de nunca el imperialismo yanqui ocupase militarmente el pas, el Partido por l fundado (al cual cambiaron de nombre a su muerte), termin aprobando como suya la propuesta estratgica de la Internacional Comunista para la Revolucin China, que sobreestimaba el papel de la burguesa y pequea burguesas, nacionales, en la revolucin? Porqu cuando el movimiento socialista peruano rompi con la influencia del PCUS sobre su lnea estratgica, bajo la influencia del prestigio del PCCH en la polmica internacional, continu manteniendo la misma propuesta estratgica para la Revolucin? Cabe considerar a la burguesa nacional en la poltica de alianzas estratgicas del proletariado peruano sin la circunstancia excepcional de una invasin militar imperialista? Cabe la Dictadura conjunta de las cuatro clases (burguesa nacional, pequea burguesa, clase obrera y campesinado) en el anlisis estratgico de Maritegui del Punto de Vista Antiimperialista y en el del socialismo peruano actual?

No cabe ms que una respuesta: a la muerte de J.C. Maritegui, el movimiento socialista peruano desech sus tesis originales a este respecto, y bajo la influencia de la Internacional Comunista, del Aprismo, del PCUS y del PCCH, copi mecnicamente la lnea estratgica de la Revolucin China, asumiendo un camino estratgico revolucionario ajeno al de J.C. Maritegui.

Gustavo Prez Hinojosa. Miembro de la Ctedra Marx, ese desconocido

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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