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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-10-2013

Tnez: Fin de trayecto?

Santiago Alba Rico
Gara


Mientras los medios se ocupan -cada vez menos- de Siria, Egipto o Irak, el pas donde empez la Primavera rabe est a punto de sucumbir tambin al pasado sin que ello merezca la menor atencin. El proceso democrtico en Tnez est tocado de muerte y las alternativas parecen reducirse a dos: un golpe de Estado duro o un golpe de Estado blando. Cualquiera de las dos deja fuera el impulso y las esperanzas de los grupos sociales que derrocaron en enero de 2011 al dictador Ben Ali.

El mircoles se cumplieron dos aos de las elecciones que auparon a una coalicin encabezada por los islamistas de Ennahda. Era el da en que deba comenzar el dilogo nacional promovido por la UGTT y la patronal tunecina, iniciativa de dudosa hechura democrtica que, en todo caso, es ya el nico apao posible para superar la parlisis institucional del pas desde el asesinato, en julio, del diputado opositor Mohamed Brahmi. El compromiso firmado en setiembre por todas las partes obliga a la troika en el poder a dejar paso a un gobierno tecnocrtico tres semanas despus de iniciadas las conversaciones.

Para el gobierno, este dilogo, al que ha accedido a regaadientes, es slo un chantaje para dejar fuera de juego la nica fuente de soberana conquistada por la revolucin: la Asamblea Constituyente. Para la oposicin cristalizada en el Frente Nacional de Salvacin, cuyos miembros, de derechas y de izquierdas, han invocado reitera- damente el modelo egipcio, se trata sobre todo de un instrumento para apartar del poder a un partido al que acusa de todos los males: la inseguridad, la represin, la crisis econmica e incluso los recientes movimiento ssmicos en Monastir.

Por eso mismo el 23 de octubre era una fecha simblica muy apetitosa para la oposicin en su deseo, razonable o no, de cuestionar la legitimidad de Ennahda y acelerar su cada. Con este fin haba convocado una manifestacin, denunciada por el gobierno como un boicot al dilogo. Apoyada por medios de comunicacin privados, entre otros la controvertida cadena antiislamista Nissma, reuni a unas 5.000 personas que corearon eslganes muy familiares: el pueblo quiere derrocar al rgimen y degage, degage, junto a insultos y acusaciones agresivas (asesinos). La cadena haba llamado a participar en la marcha y la cubri en directo, escogiendo testimonios de manifestantes que recordaban con nostalgia la dictadura: Con Ben Al se viva mejor.

A esto se aadi el mismo da, como por casualidad, una nueva ofensiva del terrorismo yihadista: 6 miembros de la Guardia Nacional fueron asesinados en Sidi Bouzid, cuna de la revolucin, y un polica en Menzel Bourguiba. Estas muertes venan a sumarse a las de otros dos miembros de la Guardia Nacional una semana antes en Gubellat, en el gobernorado de Beja.

La Guardia Nacional, un cuerpo militar equivalente de la Guardia Civil, se siente sometida a una fuerte presin, como lo demuestra la protesta durante las exequias de estos dos mrtires. Los agentes presentes en el acto expulsaron del recinto del homenaje al presidente de la repblica, Moncef Marzouki, y al primer ministro, Ali Larayed.

Mientras que el gobierno lo consider una insubordinacin y amenaz con sanciones (algunos lo calificaron de golpe de Estado blando), la oposicin aplaudi el gesto, adul a los cuerpos de seguridad del Estado y responsabiliz a Ennahda de los atentados.

Los mismos que acusan a Ennahda de utilizar los aparatos policiales para reprimir manifestaciones y matar opositores, acusan a Ennahda tambin de matar policas (nuestros hroes nacionales), alimentando as el malestar de un aparato que no ha sido depurado y que constituye la prolongacin de hecho del antiguo rgimen.

Cualesquiera que hayan sido los errores y desmanes de Ennahda, por mucha complacencia que en otros momentos haya demostrado hacia los yihadistas de Ansar Sharia y ms all de cualquier tentacin conspiracionista, slo un ciego podra ignorar la funcionalidad de los ataques terroristas. Si en Siria el yihadismo hace el juego al rgimen y en Egipto legitima al ejrcito golpista, en Tnez la mortal ofensiva de los ltimos meses, recrudecida en estas fechas sealadas, solo conviene a los que apuestan por descarrilar el frgil proceso democrtico.

El 23 de octubre de 2013, segundo aniversario de las primeras elecciones democrticas en el mundo rabe, marca la mxima temperatura golpista desde el derrocamiento del dictador; la tensin es enorme y un nuevo atentado, selectivo o indiscriminado, sobre todo en la capital, pondra sin duda fin al frgil entramado institucional surgido de la revolucin del 14 de Enero y de las elecciones de 2011. A ltima hora de ayer, el Frente Nacional de Salvacin, coalicin que rene a toda la oposicin, incluido el izquierdista Frente Popular, decidi levantar su bloqueo al dilogo nacional despus de que el primer ministro prometiera por escrito que ceder, en plazo, el poder, a un ejecutivo de tecncratas.

Exagerando apenas, podemos decir que Tnez se divide hoy entre los que temen y los que desean un golpe de Estado. Por raro que parezca, entre los que lo desean se encuentra un sector importante de la izquierda reunida en el Frente Popular, que con declaraciones irresponsables y movilizaciones fallidas alimenta, no la radicalizacin de la democracia y la acumulacin de las fuerzas revolucionarias, sino el discurso acomodaticio, reaccionario, de los que -cada vez ms y no sin motivos tangibles- ceden al deseo de seguridad.

Una encuesta reciente situaba al ex-dictador en quinto lugar en intencin virtual de voto; pero rozando el primer lugar est ya Bejji Caid Essebsi, el exministro del interior de Bourguiba, el catalizador de los fulul del antiguo rgimen.

Por lo dems, el miedo y la rabia son patentes en un sector de la poblacin: los funerales de los policas, en los que no particip el gobierno por expreso deseo de las familias, se convirtieron en expresiones de clera contra Ennahda en Sidi Bouzid y Qasserine; y en Le Kef, Beja y Monastir fueron asaltadas las sedes del partido islamista.

La experiencia histrica nos ensea que, mucho ms que el terrorismo, es la lucha contra el terrorismo la que pone en peligro la democracia. En el mejor de los casos, un golpe de Estado blando -incluso pactado con Ennahda- dara lugar a un rgimen autoritario de libertades limitadas y criminalizacin creciente de los oprimidos por razones securitarias.

Duro o blando, en un clima de retroceso regional, EEUU y la UE aceptaran cualquier golpe que asegurase estabilidad para los negocios y combatiese, por cualquier medio, el yihadismo redivivo. Igualito -igualito- que en tiempos de Ben Al.

Fuente original: http://gara.naiz.info/paperezkoa/20131026/429623/es/Tunez-Fin-trayecto



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