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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-11-2013

La guerra secreta de Australia contra los aborgenes

John Pilger
Counterpunch


Los pasillos del parlamento australiano son tan blancos que uno tiene que entrecerrar los ojos al mirarlos. El ambiente es silencioso, el olor que desprende es de abrillantador. Los suelos de parqu brillan tanto que parece que reflejen caricaturas de los retratos de los primeros ministros y las filas de pinturas aborgenes, suspendidas en las blancas paredes, cuyas lgrimas y sangre no son visibles.

El parlamento se encuentra en Barton, un suburbio de Canberra cuyo nombre rememora al primer ministro de Australia, Edmund Barton, redactor de la Poltica Blanca de Australia en 1901. La doctrina de la igualdad del hombre, dijo entonces Barton, nunca fue pensada para aquellos que no fueran britnicos ni de piel blanca.

La preocupacin de Barton provena ms bien de los chinos, conocidos como el Peligro Amarillo; nunca mencion la presencia ms antigua y perdurable de la tierra: los primeros australianos. Para l stos no existan. Su cuidado sofisticado de la spera tierra no detentaba inters alguno. Su pica resistencia nunca haba ocurrido. En 1838, el Sydney Monitor dijo sobre los que haban combatido a los invasores britnicos de Australia: Estaba determinado que se exterminara por completo la raza de negros en aquel lugar. Hoy, los supervivientes de aquella guerra son un secreto nacional vergonzante.

La ciudad de Wilcannia, en Nueva Gales del Sur, resulta doblemente conocida. Es la ganadora del premio nacional Tidy Town (ciudad pulcra) y sus habitantes indgenas tienen una de las esperanzas de vida ms bajas que se ha registrado. Por lo general, mueren a los 35 aos. El gobierno cubano est llevando a cabo un programa de alfabetizacin con ellos, de igual manera que hace con los ms pobres de frica. Segn el informe sobre la distribucin de riqueza global Credit Suisse Global Wealth, Australia es la regin ms rica del planeta.

Los polticos de Canberra se encuentran entre los ciudadanos ms acaudalados. Sus donaciones endgenas son legendarias. El ao pasado, la entonces ministra de asuntos indgenas, Jenny Macklin, reform su oficina a costa de 331.144 dlares para los contribuyentes.

Hace poco, Macklin reivindic que, cuando estaba en el gobierno, haba marcado una "gran diferencia". Es cierto. Durante su ejercicio, el nmero de aborgenes que vivan en chabolas creci en casi una tercera parte y ms de la mitad del dinero empleado en proyectos de viviendas para aborgenes se la embolsaron los contratistas blancos y la burocracia de quienes ella era en gran medida responsable. Hoy, una vivienda tpicamente ruinosa en las zonas despobladas donde habitan las comunidades indgenas da cobijo a hasta 25 personas. Los servicios sanitarios tardan aos en llegar a las familias, muchas a cargo de ancianos o discapacitados.

En el 2009, el profesor James Anaya, respetado relator de las Naciones Unidas sobre derechos de los pueblos indgenas, describi como racista el "estado de emergencia" que haba despojado a las comunidades indgenas de sus ya endebles derechos y servicios bajo el pretexto de que entre ellos se encontraba un nmero "inconcebible" de bandas pedfilas una acusacin que la polica y la Comisin Australiana del Crimen desmintieron.

Entonces el portavoz de la oposicin de asuntos indgenas, Tony Abbott, le espet a Anaya, "ocpate de tus asuntos" y no "escuches nicamente a la vieja brigada de las vctimas". Abbott es hoy el primer ministro de Australia.

He conducido hasta el corazn rojo de Australia central y preguntado yo mismo a la Dra. Janelle Trees sobre la "vieja brigada de las vctimas". Trees es una mdico de cabecera cuyos pacientes indgenas viven a pocos kilmetros de diversos centros vacacionales que cuestan 1.000 dlares la noche, en la formacin rocosa de Uluru (Ayers Rock). Ella dijo, "sabemos que hay asbestos en las viviendas de los aborgenes y [al gobierno] no le importa en absoluto que uno de ellos inhale una fibra de asbestos y desarrolle un mesotelioma pulmonar. Los nios contraen infecciones crnicas y acaban sumndose a las increbles estadsticas de indgenas que mueren por enfermedades renales, batiendo adems rcords mundiales de enfermedades reumticas cardacas, y no se hace absolutamente nada. Cuando veo esto me pregunto: por qu no se acta? La malnutricin es un mal comn. Una vez quise dar a una paciente un anti-inflamatorio por una infeccin que poda haberse evitado si las condiciones de vida fueran mejores, pero no pude tratarla porque no tena suficiente comida para llenar su estmago y no poda injerir las tabletas. A veces me siento como si estuviera tratando a mis pacientes en condiciones similares a las de la clase obrera inglesa a principios de la revolucin industrial".

En Canberra, en las oficinas ministeriales que exhiben arte aborigen, los polticos expresaron repetidamente lo orgullosos que estaban de lo que hemos hecho por los indgenas australianos. Cuando pregunt a Warren Snowdon ministro de sanidad indgena en el gobierno laborista, recientemente substituido por la coalicin conservadora de Abbott por qu despus de casi un cuarto de siglo representando a los australianos ms pobres y enfermos no haba llegado a una solucin, ste respondi, vaya pregunta ms tonta. Vaya pregunta ms pueril.

Al final de la calle Anzac Parade en Canberra, se erige el Memorial de la Guerra Nacional de Australia, cuyo historiador, Henry Reynolds, denomina el "centro sagrado del nacionalismo blanco". Me denegaron el permiso para filmar en este enorme espacio pblico. Comet el grave error de expresar mi inters en las guerras de frontera en las que los negros australianos combatieron la invasin britnica sin armas de fuego, pero con gran ingenio y coraje arquetipo de la "tradicin Anzac". Pese a su importancia, en un pas plagado de cenotafios, ni uno solo conmemora a aquellos que cayeron en la resistencia frente a "una de las mayores expropiaciones de tierra en la historia de la humanidad", escribi Reynolds en su libro ms conocido Forgotten War (La Guerra Olvidada). Mataron a ms aborgenes australianos que nativos americanos en las guerras de frontera americanas y que maors en Nueva Zelanda. El estado de Queensland se convirti en un verdadero matadero. Un pueblo entero fue hecho prisionero de guerra en su propio pas, mientras los colonos llamaban al exterminio. La industria ganadera prosper empleando hombres indgenas prcticamente como trabajadores esclavos. La industria minera hoy en da obtiene beneficios de miles de millones de dlares a la semana en tierras indgenas.

Obviar estas verdades y venerar el papel servil de Australia en las guerras coloniales de Gran Bretaa ha cobrado hoy en da casi el estatus de culto en Canberra. Reynolds y las pocas personas que lo cuestionan han sufrido calumnias abusivas. Consideran a los excepcionales aborgenes de Australia sus Untermenschen. Al entrar en el Memorial de la Guerra Nacional, uno puede ver rostros de indgenas representados por grgolas de piedra junto a canguros, reptiles, pjaros y otras formas de "vida salvaje autctona".

Cuando comenc a rodar sobre esta Australia secreta hace 30 aos, haba en marcha una campaa global contra el apartheid en Sudfrica. Como ya haba realizado un reportaje en Sudfrica, qued impresionado por las similitudes de la supremaca blanca y la docilidad y actitud defensiva de los liberales. Ningn oprobio internacional, ningn boicot, haba alterado la epidermis de la Australia "privilegiada". Hoy se puede ver a los guardas de seguridad de los centros comerciales expulsar a los aborgenes en Alice Springs; si se recorre la corta distancia que hay entre los suburbios de Cromwell Terrace y el campamento de Whitegate, se ven las chabolas de hojalata que no disponen de luz ni de agua. Eso es apartheid, o lo que Reynolds llama "un rumor en nuestros corazones".

(La pelcula de John Pilger Utopia sobre Australia se ver en los cines a partir del 15 de noviembre y en la Televisin Independiente en diciembre. En Australia se ver en enero).

John Pilger, nacido en 1939 en Australia, es uno de los ms prestigiosos documentalistas y corresponsales de guerra del mundo anglosajn. Particularmente renombrados son sus trabajos sobre Vietnam, Birmania y Timor, adems de los realizados sobre Camboya, como Year Zero: The Silent Death of Cambodia y Cambodia: The Betrayal.

Fuente: http://www.counterpunch.org/2013/11/06/australias-secret-war-on-aboriginal-people/

Traduccin para Sin Permiso Vicente Abella


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