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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-12-2013

Ucrania: de encrucijadas y manipulaciones

Jon Kortazar Billelabeitia, Asier Blas et al.
Rebelin


Los acontecimientos de los ltimos das en el pas eslavo nos han creado una profunda tristeza. Tristeza al ver la voracidad de los imperialistas para apoderarse de un pas soberano y de sus recursos. Tristeza al ver cmo manipulan los voceros de ese mismo imperialismo. Y tristeza al ver la desorientacin de cierta izquierda ante el problema ucraniano. La imagen made in USA de jvenes antisistema que luchan contra el gobierno acta con el doble objetivo de dividir a una juventud comprometida cada vez ms alienada, desideologizada y simplista en el anlisis; adems de dar una cierta legitimidad popular (tanto nacional como internacionalmente al golpe), ha actuado como un potente medio de confusin ante una izquierda desorientada y desideologizada. En Ucrania no hay una revolucin, hay un golpe de estado contra la soberana nacional.

El problema ucraniano actual, la firma de un acuerdo de adhesin finalmente no materializado con la Unin Europea, se nos ha presentado como una encrucijada entre Europa y Rusia o incluso de manera ms descarada entre democracia y autoritarismo. Todo ello con una concepcin romntica como los manifestantes antiautoritarios y protestas de fondo, sin ser analizados los actores (internos y externos) que capitalizan dicha protesta.

Ucrania es hoy en da un Estado independiente. Tal obviedad no sera necesaria repetirla si no fuese por el continuo machaque en presentarnos ese pas como un territorio en disputa entre Europa Occidental y Rusia. Anlisis de este tipo menosprecian a Ucrania como Estado y pueblo, como si fuese incapaz de tomar sus propias decisiones. Se hacen ver los acontecimientos de Ucrania, tanto las decisiones del gobierno, como las protestas, como las abiertas presiones de los diferentes mandatarios, en clave rusa, esto es, influenciadas por Putin y a la manera en que pueden afectar a Rusia (los ms cndidos suean con una transformacin democrtica del gigante ruso influenciada por una Ucrania en la UE). Existe tambin la obsesin de presentar a Yanukovich como prorruso, como si no tuviese ms ideologa, o como si fuese un ttere del Kremlin; obviando los roces que ha tenido con el vecino ruso. Curiosamente, este tipo de anlisis que provienen de sectores anti-Putin, esto es, partidarios de aislar a Ucrania de Rusia en nombre de su presunta soberana, contribuyen a crear una imagen de Ucrania subordinada a Rusia que no se corresponde con la realidad. De paso se justifica la colonizacin europea de Ucrania, ya que o es una colonia de ellos, o de nosotros. La realidad es que Ucrania como un pas independiente tiene sus instituciones y capacidad de decisin. Hay gente que todava no se ha enterado de que Putin no es el presidente de Ucrania, el presidente de Ucrania ha sido votado por los propios ucranianos. Y ah enlazamos con la siguiente cuestin.

Ucrania es tambin un Estado democrtico de democracia formal representativa. No entraremos a valorar ahora si este tipo de democracia es el ideal o no, pero es algo homologable a los diversos pases de la UE: se presentan diversos partidos a las elecciones y se forman mayoras y se eligen polticos para tomar decisiones. Organismos internacionales, como la OSCE, reconocen que sus elecciones son limpias y la propia Unin Europea o The Economist en su ndice de la democracia sitan a Ucrania como uno de los pases ms democrticos de su entorno, sin ir ms lejos, ms democrtico que Georgia, pas que acaba de firmar el Tratado de libre comercio y asociacin que se le ha ofrecido tambin a Ucrania. Por lo tanto, el pueblo ucraniano ha elegido al presidente Yanukovich y una mayora parlamentaria de su partido de forma democrtica. Sus decisiones pueden gustar o no gustar, pero tiene la misma legitimidad para tomarlas, como cualquiera de los pases considerados democrticos. Con lo cual, como presidente democrtico de un Estado independiente, el Presidente y el gobierno ucraniano han rechazado firmar el acuerdo de Asociacin y Libre comercio con la UE.

Cules han sido las razones de Yanukovich para no firmar el Acuerdo de Asociacin y Libre comercio con la UE? Bsicamente han sido razones de pragmatismo econmico ante el saqueo que se le avecinaba. La evidencia emprica demuestra que este tipo de acuerdos han perjudicado seriamente la economa de pases con una estructura econmica similar a la ucraniana. En este sentido, es importante entender que la UE no est ofreciendo una integracin a Ucrania, lo que le oferta es una tratado de asociacin y libre comercio (como por ejemplo ha hecho con Egipto o Sudfrica) sin que adems, medie ningn tipo de ayuda econmica o financiacin ventajosa. En cambio, a corto plazo s que el pas debera cumplir medidas destinadas a favorecer intercambios comerciales con los pases de la UE lo que abundar en una poltica econmica perjudicial para la mayora de ucranianos, como por ejemplo, la reduccin del dficit presupuestario (lo que se traduce como recortes), congelaciones salariales, subida de las tasas del gas y limitacin del papel del Estado en este sector (privatizacin) y la apertura de sus mercados interiores a los productos europeos (pero sin ser miembro de la UE, con lo cual se encontrara en una situacin vulnerable frente a los productos-dumping europeos).

A largo plazo las perspectivas no son mucho mejores, ya que la ruptura de la armonizacin aduanera con Rusia y por aadidura con el espacio postsovitico (el comercio de Ucrania con esos pases es del orden del 40%, un sacrificio importante), pondra en grandes dificultades a las empresas que dependen de inputs rusos o que exportan a Rusia. Por otro lado, no se ve que los productos ucranianos pudiesen exportarse con facilidad a los pases que ya forman parte de la Unin Europea. A largo plazo Ucrania simplemente sera periferia de la UE y, por ello, el presidente Yanukovich ha resumido el programa para el intento de tratado como un intento de poner de rodillas a Ucrania. Quiz deberamos escucharlo a l y a sus razones en lugar de hacer cbalas fuera de lugar sobre la presunta maldad de Putin y sus supuestos chantajes y diplomacia brutal (palabras del ministro de exteriores sueco Carl Bildt, pas que dicho sea de paso, impone su dominacin a los pases blticos con extrema virulencia ).

Aqu entran en juego los actores externos. Est claro que un mercado de 45 millones de habitantes es un bocado apetecible para cualquiera y por ellos se entienden las prisas europeas para la firma del acuerdo, sobre todo por parte de Alemania y Polonia, tanto en la persona de los primeros ministros Merkel y Tusk as como de los ministros de Exteriores Westerwelle y Sikorski. Alemania y Polonia han chocado en varias ocasiones sobre la poltica hacia Rusia, debido a que Varsovia consideraba que Berln era demasiado condescendiente con Mosc, sobre todo debido a la dependencia teutona respecto al gas ruso. Sin embargo, estos ltimos aos han entrado en sintona, precisamente en una lnea agresivamente antirrusa. Una lnea que ana las ambiciones alemanas de la expansin econmica hacia el Este con las concepciones geopolticas polacas (compartidas por EEUU, el alma mater de la geopoltica estadounidense, Brzezinski, es de origen polaco) del aislamiento total de Rusia y el cierre de sus rutas occidentales. As mismo puede que haya habido un cierto nimo de venganza por el fracaso diplomtico occidental frente a Rusia respecto a Siria, y puede ser que hayan querido cobrarse la venganza en el terreno ucraniano. La UE incluso se ha negado a facilitar la presencia de Rusia en las conversaciones con Ucrania, algo que poda ayudar a armonizar los diversos intereses de ese pas, con el paradjico argumento de que esa presencia rusa lesionaba la soberana de Ucrania. Cabe destacar que la deuda que arrastra Ucrania con Rusia es en gran parte consecuencia de los nefastos acuerdos firmados en 2009 sobre el gas (a mediados de ao se calculaban 2.200 millones de dlares) por la entonces Primera ministra Timoshenko, ella misma empresaria del gas que se enriqueci con la venta al por menor de los bienes estatales soviticos tras la cada de la URSS.

A todas estas cuestiones se les sumaba que la presidencia rotatoria de la UE estaba en manos de Lituania (no en vano la cumbre de la Asociacin Oriental de la UE se celebraba en Vilnius), un pas exsovitico muy alineado con Occidente y partcipe de las concepciones geopolticas occidentales, en cuya capital Vilnius se celebr la cumbre de la Asociacin Oriental de la UE. Y como corolario al asunto tenemos el espinoso asunto Timoshenko, la ex Primera ministra encarcelada por corrupcin (fue acusada de firmar unas condiciones lesivas en el acuerdo del gas de 2009 con Rusia precisamente, con presuntas compensaciones personales. Por cierto, Putin fue uno de los mayores detractores de la sentencia). Los pases de la UE le han exigido a Ucrania que libere a Timoshenko como prueba de buena voluntad en el avance de la democracia, lo cual es como pedir a Estado espaol que libere a Brcenas de prisin.

Por consiguiente es bsicamente a unos recortes y a unas medidas econmicas impuestas desde el exterior a lo que se ha opuesto el Gobierno ucraniano. Entonces por qu no despierta ms que desprecios esta decisin? Hay cierta izquierda que ve legtima la protesta en Madrid o Atenas contra los recortes de la troika o una Bruselas identificada con los mercados y presiona a sus respectivos Gobiernos para que no se plieguen al dictado de las mismas. Pero, en cambio, no es as si esta decisin es tomada por un Gobierno soberano aunque perifrico al sistema cultural de valores occidental, ya que en este caso ltimo caso esta misma izquierda se alinea con los intereses de los poderes fcticos de la Unin Europea criticando la decisin soberana del gobierno del Estado en cuestin (y adems se suma al coro eurocentrista que ataca el pas en cuestin como autoritario). Incomprensiblemente, la UE torna de ser un ente al servicio de los mercados a ser un agente de la democracia. Sin duda alguna aqu nos topamos con un tpico icnico en el universo de la izquierda: la santificacin de la protesta, la toma de partido contra la autoridad. Y es precisamente cuando el enemigo utiliza la protesta social para injerir y subvertir la soberana de otro Estado cuando la izquierda aparece inerte frente al ataque ideolgico y confusionismo propalado por el imperialismo y sus voceros.

El grueso de este movimiento de protesta social consta de pintorescos grupos que protagonizaron las revoluciones de colores principalmente a comienzos del siglo presente. Estos grupos tienen un perfil de militante bien definido: joven, con estudios, de pensamiento cosmopolita (orientado a Occidente) e insatisfecho; lo cual se traduce en un resentimiento muy fuerte contra el poder o quien lo detenta. Pero, y la ideologa? Nada, no se conoce. Por ello, la mayora de sus mensajes son muy asimilables, intencionadamente escogidos por el mnimo comn: democracia, derechos humanos (siempre hacen ver que en el pas en el que actan son mucho ms violados que en pases occidentales), fuera la corrupcin y frases por el estilo. Sin embargo, el trasfondo ideolgico real es muy pequeo. Este tipo de movimientos de colores actan en pases en los que se produjo la cada del socialismo en los 90, con la consiguiente prdida de calidad de vida y derechos sociales, pero apenas vemos crticas hacia el capitalismo como modo de produccin, la pobreza o el injusto reparto de la riqueza. Tal vez eso explique la sobrerrepresentacin de jvenes de clase media en este tipo de movimientos. Curiosamente, estos grupos tratan de cambiar gobiernos que en algunos casos, como en Moldavia, estaban clasificados por todo tipo de organizaciones e ndices occidentales de democracia como el ms democrtico de los pases postsoviticos (exceptuando los tres Blticos que dicho sea de paso dos de ellos tienes a una parte importante de la poblacin autctona como aptridas por no darles la ciudadana-), pero como gobernaban los comunistas montaron otra de sus golpes de estado blandos. Y es que la finalidad de estos grupos sea explcitamente o implcitamente siempre es impulsar las polticas neoliberales, tal y como demuestra la realidad emprica, todos los cambios de gobiernos que han logrado implementar han tenido como resultado un impulso decidido de las polticas neoliberales.

La ausencia de la crtica al capitalismo real (no al capitalismo icnico segn la concepcin post-materialista y post-moderna), como medio de produccin y sociedad de clases (en efecto, la desaparicin de la URSS y el desastre consiguiente son conceptos ajenos al anlisis poltico de estos grupos, es ms en Kiev han derribado la estatua de Lenin), explica ms cosas que las que parecen a primera vista. De hecho, todos estos movimientos de colores se basan en manuales del terico estadounidense del conflicto no-violento llamado Gene Sharp. Este Gene Sharp, quien es la cabeza del Instituto Albert Einstein con sede en los Estados Unidos, es quien ha inventado una nueva tcnica de lucha poltica: las manifestaciones y la llamada presin popular seran los sustitutos del golpe de Estado; la no violencia la alternativa a la intervencin militar. Sin embargo, detrs de esa imagen romntica (romntica de verdad, ya que estos nuevos disidentes en muchas ocasiones no tienen empacho de utilizar iconografa tradicionalmente relacionada con la izquierda o el anticapitalismo, como el puo cerrado o palabras como poder popular o desobediencia civil), se esconde otra cosa: la ambicin de una poderosa red estadounidense de ONGs para cambiar por la fuerza a Gobiernos de Estados inconvenientes (una realidad no ocultada, tal y como se puede ver en el documental Estados Unidos a la conquista del Este en el que los jvenes del Este y los financiadoras e impulsores de la estrategia desde EEUU se confiesan sin rubor alguno).

Esas redes u organizaciones informales, con amplia base juvenil, casi todos con acceso, conocimiento y costumbres tecnolgicas (su puerta de entrada hacia el anhelado Mundo occidental) y con una aparicin y crecimiento repentinos (esquema que se ha repetido en todos los pases donde ha habido alguna revolucin de colores, protagonizadas por organizaciones prcticamente inexistentes varios meses antes de producirse dichas rebeliones), tal y como ellos mismos afirman no son para nada espontneas. Esas organizaciones y su crecimiento repentino se basan en sobre todo en dos vectores: en las conexiones internacionales y en el entrenamiento de los jvenes activistas opositores. En cuanto al primer vector son claras las conexiones de estas organizaciones y del Instituto Albert Einstein con ONGs muy importantes estadounidenses y europeas, tales como la NED o la Fundacin por una Sociedad Abierta de George Soros. Ya lo dijo el mismo Sharp: Hacemos abiertamente lo que hace 20 aos haca la CIA encubiertamente. Con la ventaja aadida de contar con una imagen ms democrtica: es mucho ms vendible una manifestacin de jvenes idealistas agitando banderas que un golpe de Estado de una banda de militares corruptos. Sin embargo el objetivo sigue siendo el mismo, el cambio de un Gobierno por la fuerza. No es la desaparicin de la inteligencia encubierta en las pugnas geopolticas, sino su desarrollo cuasiperfecto, hasta al punto de manipular movimientos de masas. Cuestin de eficiencia: ya lo dijo Clausewitz: la poltica es la continuacin de la guerra por otros medios. Si vemos que destacados polticos como el Ministro de Exteriores alemn Guido Westerwelle o la Subsecretaria para Asuntos Europeos de la Secretara de Estado de EE.UU. Victoria Nuland han participado en las movilizaciones, Catherine Ashton se ha fotografiado con los lderes de la oposicin (incluido el ultraderechista Oleh Tyahnybok), y las cancilleras occidentales han llamado a Ucrania que escuche y/o a las protestas populares (cosa que los demandantes no suelen hacer con las protestas populares de sus pases); se nos plasma claramente el adagio clausewitziano: las protestas actan como una extensin de la ofensiva diplomtica occidentalista.

El segundo vector es el mismo patrn de comportamiento: logos llamativos e identificativos que priman por encima de la ideologa, campaas virales, la inevitable caja de resonancia en la prensa (prensa mainstream se entiende) que les presenta como (nicos) disidentes y como ejemplo para el mundo (con lo cual penetran en la conciencia de la izquierda de otros pases), manifestaciones en apariencia pacficas (con asaltos a edificios oficiales incluidos), etctera. Este mecanismo ya se puso en marcha en 2004 en Ucrania, durante la llamada Revolucin Naranja, que trajo la imposicin de un gobierno pro-occidental que fue un autntico fracaso. La prueba piloto se hizo en el 2000 en Serbia, contra el Gobierno de Slobodan Miloević. El golpe fue preparado por el grupo Otpor (Resistencia), cuyos lderes han sido encargados de dar clases de resistencia pacfica a los activistas en diversos pases bajo el nuevo nombre de Centro para la Aplicacin de Estrategias No Violentas (CANVAS). Veteranos de Otpor han sido vistos en Ucrania durante estos das. Srdja Popović, ex lder de Otpor, es un empleado de Stratfor, la consultora de anlisis internacional cercano a la CIA. Por tanto tenemos a unos revolucionarios no tan autnomos en su papel, sino ms bien, ejecutores de otros intereses, cuya funcin es sacar la foto de protesta de masas. En Ucrania, durante la revolucin naranja esta organizacin anloga a y entrenada por Otpor! Se llamaba Pora! (Ahora). El legado de Pora! en estas protestas es visible, pero la renovacin de la marca se ha dado a travs de Femen, supuesto grupo feminista y sextremista, cuyas protestas polticas se centran en Putin, en el presidente bielorruso Lukashenko, y ahora en el presidente ucraniano Yanukovich (pero jams en Merkel, Cameron, Obama u Hollande).

Sin embargo, una cosa que tienen clara todas estas organizaciones es el derrocamiento del Gobierno de turno. Es algo que en Ucrania se ha visto, con una violencia inusitada: uso de excavadoras contra la polica, uso de gases, cocteles molotov, bengalas, asalto violento al Parlamento ucraniano y al Ayuntamiento de Kiev, algo que en cualquier pas de la Unin Europea (o como en Tailandia, como est sucediendo ahora) a la que aspiran en nombre del antiautoritarismo sera disuelto sin contemplaciones (con pelotas y balas de goma por ejemplo), no dando la callada por respuesta como ha hecho la polica ucraniana (segn datos de Amnista Internacional, organizacin que no es precisamente simpatizante de Yanukovich, hay ms heridos policas que manifestantes). Y estn dispuestos a conseguirlo cueste lo que cueste. En Ucrania ese precio se llama Svoboda, el partido de ultraderecha (sus invectivas racistas contra rusos y judos son palmarias, as como su reivindicacin de los colaboracionistas pronazis y antisoviticos de la II Guerra Mundial) ahora presente en el parlamento. En la manifestaciones las banderas azules con el logo de Svoboda o las banderas rojinegras de la UPA, el ejrcito colaboracionista antisovitico de la II Guerra Mundial son bien visibles, as como la aparicin del lder ultra Oleh Tyahnybok en las tribunas junto a respetables demcratas opositores.

Intentan confundirnos, mistificarnos, ocultarnos la realidad. No es una protesta por la democracia, sino lucha geopoltica. Hoy Ucrania est en una encrucijada, pero no en la encrucijada entre Europa y Rusia o entre democracia (a manos de corporaciones occidentales y ultraderechistas) y autoritarismo sino entre soberana nacional y poltica econmica soberana y colonizacin europea. La izquierda debe posicionarse en coherencia.

Jon Kortazar Billelabeitia, Asier Blas; Axier Lopez, Beatriz Esteban, Ibai Trebio, Joseba Agudo, Marikarmen Albizu, Nerea Garro, Ruben Snchez Bakaikoa, Xabier De Miguel.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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