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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-12-2013

Tres aos de la muerte vivificadora de Bouazizi
Sale Tnez de la crisis?

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder


Cuando se cumplen tres aos de la inmolacin de Mohamed Bouazizi, que desencaden la revolucin tunecina y la llamada primavera rabe, Tnez parece incapaz de satisfacer las demandas profundas de la poblacin, pero evita por el momento una deriva golpista segn el modelo egipcio. Tras dos meses de balbuceos y tensiones, el dilogo nacional logr el pasado da 16 de diciembre un acuerdo parcial para nombrar un nuevo primer ministro en sustitucin del islamista Ali Laraydh. Ante el aumento de la confrontacin partidista y los sobresaltos de una estrategia de la tensin orientada a justificar la interrupcin de la experiencia democrtica, la intensa actividad de las embajadas europeas ha dado su fruto con un nombramiento extrao, consensuado entre los islamistas de Ennahda, el sindicato UGTT y la patronal UTICA, que ha despertado suspicacias, sin embargo, en la oposicin de derechas y de izquierdas. Mehdi Jomaa, en efecto, un perfecto desconocido, era hasta ahora ministro de industria y, aunque sin afiliacin poltica, no es sin duda el candidato del opositor Frente Nacional de Salvacin. De hecho, la primera reaccin de sus dirigentes fue la de suspender su participacin en el dilogo nacional y, si el miedo a quedar fuera de juego les ha hecho enseguida volver al redil, es difcil no interpretar el nombramiento de Jomaa como una victoria de Ennahda.

Hay que recordar brevemente las especificidades del proceso tunecino. La revuelta popular que estall el 17 de diciembre de 2010 llev 24 das despus, el 14 de enero de 2011, a la fuga del dictador Ben Ali y al comienzo de una revolucin que, tras las dos ocupaciones de la Qasba, concluy en una victoria paradjica. La reivindicacin satisfecha de la Asamblea Constituyente, fuente de ruptura y legitimidad que no se alcanz nunca en Egipto, puso en todo caso la transicin democrtica en manos de una clase poltica que se apresur a normalizar la vida institucional de manera prematura, sin haber desmantelado el aparato del anciene rgime y a espaldas de los sectores populares. Ante la divisin de la izquierda, las elecciones del 23 de octubre de 2011 dieron clara ventaja al partido mejor organizado y mejor implantado, y el que ms haba sufrido la represin de la dictadura; los islamistas de Ennahda conquistaron el 40% de los votos y formaron gobierno junto a dos partidos de centro-izquierda que, a partir de ese momento, sufrieron sucesivas crisis y escisiones.

Los dos aos de gobierno de Ennahda han estado marcados por una confrontacin cada vez ms aguda entre dos polos que se distinguen poco por sus programas econmicos y que, como en Egipto, ha sido aprovechada por viscosas fuerzas subterrneas para alimentar una estrategia de la tensin de consecuencias potencialmente catastrficas. La manifiesta incapacidad del gobierno encabezado por Ennahda para dar respuestas a las demandas de cambio de la poblacin y a sus reivindicaciones sociales y econmicas ha sido respondida por una oposicin heterclita, pero cada vez ms dominada por los fulul del RCD o del bourguibismo, cuyo nico objetivo ha sido siempre y sigue siendo el de derrocar a los islamistas por cualquier medio. La izquierda reunida desde agosto de 2012 en el Frente Popular y que durante algn tiempo mantuvo una combativa equidistancia frente a las dos derechas, acab por unirse a la derecha laica tras el asesinato de Mohamed Brahmi en julio de 2013 y el xito del golpe de Estado contra Mursi en Egipto.

Este segundo asesinato agrav una crisis de gobierno que haba alcanzado su mxima intensidad con la muerte en febrero de otro dirigente del Frente Popular, Chukri Belaid, cuyo multitudinario entierro provoc la dimisin del entonces primer ministro Hamed Jebali y una remodelacin alargada del gabinete. Acusado de complicidad activa o pasiva en los dos atentados mortales, atribuidos oficialmente a grupos yihadistas, el partido Ennahda ha vivido el ltimo ao un poco contra las cuerdas y, tras el golpe de Estado en Egipto y el asesinato de Brahmi, al borde del precipicio. El 23 de octubre pasado, fecha en que se cumplan dos aos de las elecciones, sorprendi al pas en una encrucijada: con la Asamblea paralizada, la Constitucin sin aprobar y una tentacin golpista casi tangible en la atmsfera, alimentada por los partidos de la oposicin y por la estrategia de los yihadistas, que en pocos das mataron a 11 miembros de la Guardia Nacional y del ejrcito. En este contexto muy frgil, casi ya crepuscular, intervinieron el sindicato UGTT y la patronal UTICA para forzar un dilogo nacional que, si bien parece evitar la deriva egipcia, constituye de hecho un golpe blando o golpecito, pues desplaza la fuente de legitimidad y decisin desde la renqueante Asamblea Constituyente, elegida por el pueblo, a un consenso de lites nutrido y paralizado por la voluntad partidista de poder. Entre tanto, y en paralelo a esta alta baja poltica, las huelgas, las protestas sociales y las inmolaciones no han cesado un instante: una situacin, si se quiere, de revuelta permanente, con recidivas dispersas, que expresa el profundo malestar de una poblacin castigada por la inflacin, la deuda y el deterioro de los servicios pblicos. Muy rpidamente esta normalizacin institucional prematura sobre el fondo de una pobreza e insatisfaccin invariables, y sin cambios de verdad en el Estado profundo, ha conducido al desprestigio de la poltica, la nostalgia del antiguo rgimen, la presencia creciente del salafismo y la retirada invernal de los jvenes activistas que hace tres aos hicieron posible la revolucin. Como me deca una amiga hace unos das, hemos tardado slo tres aos en llegar al punto al que Europa tard doscientos aos en llegar, y no lo deca, desde luego, en favor de la revolucin tunecina ni, por supuesto, de Europa.

La primera estacin de la hora de ruta del dilogo nacional deba alcanzarse en una semana, pero se ha demorado casi dos meses. Tras sesenta das de agotadoras y estriles discusiones en las que los ms extravagantes candidatos eran propuestos por la izquierda y los ms izquierdistas por Ennhada, se acaba de elegir sin mucho consenso al nuevo primer ministro que deber gestionar el pas hasta las prximas elecciones, previstas, en el mejor de los casos, para el verano de 2014. Mehdi Jomaa, hombre vinculado a Total, candidato de Francia y de la UE, ha sido impuesto por la UGTT y la patronal y acabar siendo aceptado, sin duda, por todas las fuerzas polticas que participan en el dilogo nacional. Ennahda ha evitado de momento el golpe de Estado y, de alguna manera, ha obtenido un voto de confianza de las fuerzas vivas del pas y de las potencias occidentales en un contexto regional adverso. Cuando la situacin pareca definitivamente estancada y moribunda, el acuerdo en torno a Mehdi Jomaa ha provocado un acelern institucional inesperado, con la aprobacin tambin, por parte de la Asamblea Constituyente, de la imprescindible Ley de Justicia Transicional, aparcada, congelada, demorada durante ms de ao y medio. Algunos consideran que este acelern tiene que ver en parte con la publicacin escandalosa, hace dos semanas, del Libro Negro de la Propaganda bajo Ben Ali, una obra salida del telar del propio presidente de la repblica, Moncef Marzouki, en la que se dan listas de periodistas colaboracionistas y del precio de cada artculo, conferencia o libro laudatorios. El trabajo, elaborado a partir de los archivos de Palacio, hasta ahora secretos en virtud de una especie de consenso contrarrevolucionario entre todas las fuerzas polticas y el propio sindicato de periodistas, ha generado mucho malestar en la clase poltica, pero ha sido muy bien recibido por algunos sectores populares que ven con inquietud la renaturalizacin del antiguo rgimen y de sus dirigentes.

Pero el dilogo, en todo caso, no ha hecho ms que comenzar. Ahora hay que nombrar los ministros, fijar las tareas de la Asamblea y las competencias del nuevo gobierno, constituir la Instancia Electoral, aprobar la Constitucin y fijar la fecha de las prximas elecciones. Nadie sabe qu puede ocurrir si las conversaciones se dilatan, se prolongan, se estancan otra vez y, en medio del marasmo, se produce un nuevo atentado. En Tnez, la UE y EEUU siguen apostando por el modelo derrotado en Egipto, pero slo en la medida en que Ennahda pueda garantizar una mayor estabilidad que sus rivales. La explosiva situacin social y la amenaza terrorista mantienen muy alta la tensin.

Tres aos despus de que la inmolacin de un hombre humilde pareciera poder cambiar el imaginario heroico del mundo rabe y su endmica humillacin dictatorial, Tnez ha celebrado discretamente la muerte vivificadora de Mohamed Bouazizi entre la esperanza de una normalizacin poltica insatisfactoria, el temor ambiguo de un retorno al pasado y el deseo profundo, hoy sin representacin partidista u organizada, de un cambio radical, de una segunda revolucin que devuelva el protagonismo a los que hicieron la primera.

Santiago Alba Rico es filsofo y columnista.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/tribuna/tres-anos-de-la-muerte-vivificadora-de-bouazizi-sale-tunez-de-la-crisis/5337


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