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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-12-2013

Entrevista a Santiago Alba Rico, filsofo, arabista y escritor
"La izquierda debe trabajar por la hegemona cultural, pero desde el islam e incluso desde el islamismo"

Francisco Fernndez
Diagonal


Tres aos despus de que comenzaran los movimientos de la "primavera rabe", la situacin en Siria y Libia sigue siendo dramtica. El filsofo y escritor Santiago Alba Rico, colaborador entre otros medios de DIAGONAL, analiza en esta entrevista el estado de estos procesos.

En qu situacin se encuentra Libia? Resulta difcil encontrar informacin sobre lo que est ocurriendo en el pas tras el derrocamiento de Gadafi.

S, Libia est un poco olvidada. Incluso est olvidada por los propios Estados Unidos y por los propios pases europeos que intervinieron militarmente para ayudar a derrocar a Gadafi. Libia se encuentra en una situacin de caos donde es muy difcil construir un estado o una sociedad civil como consecuencia precisamente de la dictadura de Gadafi. En 44 aos no fue capaz de generar una sociedad civil formada poltica y culturalmente ni de proporcionar servicios sanitarios o acadmicos. Gadafi dedic sus 44 aos de dictadura a negociar su supervivencia con los jefes tribales, cuando se haba presentado tras derrocar al rey Idris como una figura progresista que iba a convertir Libia en un estado independiente y soberano. Hoy el Estado solo existe formalmente, y no controla la mayor parte del territorio. Se calcula que pueden estar armadas unas 250.000 personas, que es una barbaridad si se tiene en cuenta que la poblacin de Libia es de tres millones y medio de habitantes. Es decir, que aproximadamente el diez por ciento de la poblacin est armada. Son estas milicias las que controlan el territorio. En contra de lo que se piensa, y aunque en todo el mundo rabe el yihadismo o el islamismo radical prximo a al-Qaeda est recuperando terreno, en Libia la mayor parte de estas milicias no estn alineadas ideolgica o religiosamente. Son milicias locales que intentan negociar su participacin en el poder con un gobierno central muy dbil. Ahora mismo en Bengasi hay una situacin de enfrentamiento muy fuerte entre la institucin militar que representa al estado central en Bengasi y Ansar al Shara, un grupo islamista radical prximo a al-Qaeda.

Hasta hace pocos das Libia no contaba con polica ni ejrcito. En Trpoli la milicia de Misrata, una de las ms potentes, respondi a una manifestacin con disparos; incluso con disparos de bateras antiareas, matando casi a 50 personas. Despus de eso el gobierno lleg a un acuerdo para que esta milicia se replegara y permitiera entrar a un ejrcito que no sabe muy bien a quin representa ni de dnde ha salido. Hay que recordar que, al contrario de lo que ocurri en Egipto o en Tnez, en Libia las elecciones no las ganaron la rama local de los Hermanos Musulmanes. Quienes llegaron al gobierno fueron los liberales --el grupo de Yibril--, y son ellos quienes estn teniendo dificultades para controlar la situacin. En cualquier caso, frente a lecturas muy reduccionistas, hay que decir que no son Estados Unidos o las potencias europeas quienes gobiernan Libia. Y que si bien hay un crecimiento importante del islamismo yihadista, no es cierto que domine el pas.

En esta situacin, la produccin de petrleo se ha reducido al diez por ciento respecto a la poca de Gadafi porque estas milicias lo primero que hacen es ocupar las refineras, incluso minoras como la amazigh.

Y qu papel han jugado esas minoras en el derrocamiento de Gadafi?

Han jugado un papel fundamental. De hecho la batalla de Trpoli no la decidi exactamente la OTAN, sino que la decidieron los amazigh procedentes de Nafusa, quienes ya llevaban muchos meses combatiendo contra los partidarios de Gadafi con medios muy precarios. Estas milicias en cuanto liberaron zonas del rgimen, crearon escuelas, editaron peridicos... Gadafi deca del pueblo amazigh lo mismo que deca Golda Meir sobre el palestino, que "no exista". Era lgico entonces que los amazigh apoyaran desde el principio el derrocamiento del rgimen.

Su situacin ha mejorado?

Ahora estn en una situacin de abandono muy parecida a la que se encontraban antes. Reclaman que se reconozcan sus derechos y su lengua en la futura Constitucin, y como se dan cuenta de que la presin islmica y arabizante es muy fuerte estn muy movilizados. Recientemente han ocupado una refinera gestionada por ENI para reivindicar sus derechos. Se puede decir que esa es la dinmica. Unos grupos, como los bereberes, defienden sus derechos culturales y tnicos; otros estn ms islamizados; otros defienden solamente sus intereses locales y territoriales.

De qu forma la arabicidad condiciona la percepcin que se tiene sobre estos pueblos?

Esto es importantsimo. Si en algo han coincidido tanto el islam poltico como sus enemigos panarabistas ha sido en que la sea de identidad rabe --la lengua rabe y la cultura ligada a ella-- era el referente identitario a la fuerza de todos los ciudadanos, y esto ha generado situaciones de mucha injusticia en diversos pueblos. Especialmente entre los bereberes --en el norte de frica-- y los kurdos --tanto en Iraq como en Siria--.

En Libia la identidad amazigh ha sido negada por principio durante dcadas, y ahora, tras la revolucin, han visto y ven frustrada la oportunidad de reivindicar sus derechos, a pesar de que sus reivindicaciones son bastante modestas. No quieren ser independientes, quieren que se reconozca su derecho a hablar su lengua en lugares pblicos y a poder ensearla en las escuelas. Lo mismo ocurre en el caso kurdo.

En Siria, el PYD, el partido de la izquierda kurda que controla parte de la frontera con Iraq, pide una autonoma. Para que veamos hasta qu punto son modestos, para muchos de sus dirigentes el modelo espaol es un referente vlido. Quieren una autonoma con competencias lingsticas y culturales, y por eso estn enfrentados tanto al rgimen de Bashar al-Assad, que siempre neg su existencia, como a los grupos prximos a al-Qaeda --como el frente Nusra--, quienes se niegan a aceptar otra cosa que no sea la lengua y la cultura rabe como referente identitario comn. Y eso es un problema que hay que resolver. Mientras no se resuelva, jams habr una verdadera revolucin democrtica en el mundo rabe.

Tnez parece que es el nico pas donde an podran continuar este proceso revolucionario sin desembocar en un golpe de estado o en una guerra civil.

Las revoluciones rabes fueron algo muy parecido al caracazo venezolano de 1989. Haba que dar tiempo. Si se daba ese tiempo, la posibilidad de introducir cambios, incluso a travs de futuras elecciones que podra ganar la izquierda, era posible. Ahora nos encontramos en un retroceso. Va a tardar ms en madurar ese proceso. No es imposible, pero en estos momentos la situacin se ha complicado.

En Tnez, la izquierda --y esto lo digo con todo el cario que siento hacia muchos amigos mos que militan en esta izquierda del Frente Popular-- se ha equivocado. Ha perdido varias ocasiones histricas de poder gestionar estos procesos. La primera ocurri antes de las elecciones, cuando fue incapaz de mantener ese primer frente de izquierdas, el Frente 14 de Enero. La segunda, y puede que haya sido la ms importante, aconteci despus del asesinato de Chokri Belaid, cuando realmente tuvo en sus manos un capital simblico y poltico muy poderoso que no ha sabido gestionar. Durante un cierto tiempo este frente sigui una estrategia que es la que a m me parece ms inteligente: se opuso a la derecha laica y a la derecha islamista apostando por incidir en el discurso econmico y social en un pas muy castigado por la crisis. Sin embargo, despus del golpe de estado en Egipto opt por un atajo oportunista al sumarse al Frente Nacional, al lado de la derecha laica, de los propios restos de la dictadura, para tratar de derrocar por cualquier medio a Ennahda y al gobierno. Creo que es una estrategia que le va a costar muy cara en un momento en que tanto el malestar social como el desprestigio merecido de Ennahda convertan al Frente Popular, potencialmente, en la fuerza de futuro. A mi juicio tendran que haber sabido manejar el malestar social con una combinacin de esfuerzo y movilizaciones que no estuvieran orientadas solamente a derribar al gobierno por cualquier medio.

Ahora nos encontramos con un dilogo nacional fallido, que es en realidad un pequeo golpe de estado blando en la medida en que desplaza la soberana de la Asamblea Constituyente a un acuerdo entre lites. Lo que est por ver es si la derecha islamista y la derecha laica se ponen o no de acuerdo con esa tercera fuerza que es la UGTT, que est tratando de presionar para que haya un dilogo entre ellas. Qu queda fuera? Todos los sectores que hicieron la revolucin durante los primeros meses de 2011. Hay todo un sector de la poblacin muy castigado que no se siente representado ni por el gobierno, ni por la oposicin. Con el creciente malestar social todo esto puede desembocar, como ya lo estamos viendo en Gafsa o en Kef, en protestas populares espontneas mucho ms violentas que las de enero de 2011, y en un terreno muy propicio para el avance de los yihadistas o de otros movimientos salafistas muy a la derecha de Ennahda.

La izquierda tunecina est dispuesta a entablar un dilogo con Ennahda?

La izquierda es muy reacia a negociar con fuerzas islamistas moderadas, pero sin su integracin en estos procesos tampoco podr haber jams una verdadera revolucin democrtica. Pretender que la revolucin solamente puede hacerse contra esas fuerzas islamistas es condenarnos a reproducir un ciclo de dictadura, criminalizacin, radicalizacin del islamismo y violencia, que es precisamente el que ha legitimado, a los ojos de las potencias occidentales, dictaduras como las de Ben Ali o Mubarak. Nadie puede pensar que las movilizaciones populares que empezaron a finales de 2010 en Tnez se hacan en condiciones en las que poda pensarse en una revolucin socialista o en una transformacin radical de las condiciones econmicas. Lo que caba esperar, y no era poco, era una normalizacin democrtica del mundo rabe, normalizacin dotada simblicamente de una potencia rupturista y revolucionaria enorme. Y esa normalizacin democrtica pasaba por integrar a las fuerzas mayoritarias de esta zona del mundo, que no son al-Qaeda. De hecho, algo que hemos descubierto es que al-Qaeda estaba fuera de juego; verdaderamente representaba una minora dentro de la juventud rabe.

Sin embargo no son pocos los medios de comunicacin que aglutinan bajo la frmula "islamismo radical" o "yihadismo" movimientos islamistas moderados. Incluso la propia izquierda tunecina parece mantener esta percepcin.

Es un disparate volver a aquel discurso, es muy triste. La izquierda, que antes de la revoluciones rabes desmontaba estos clichs anti-islamofbicos al considerarlos como un instrumento de dominacin colonial, ahora vuelve a reproducirlos acrticamente. Una izquierda que antes tena como referentes polticos a Hams y a Hizbul. Estos eran nuestros referentes anti-imperialistas.

Ese sector de la izquierda en estos momentos est demostrando una combinacin de ignorancia y de islamofobia muy negativa frente a otros discursos constructivos. Este sector sostiene que, frente a los Hermanos Musulmanes, todo est permitido. Khaled Saghiya, antiguo redactor jefe del peridico libans Al-Akhbar, deca que era muy curioso escuchar de pronto a una cierta izquierda anti-imperilista condenar y oponerse a la amagada intervencin estadounidense en Siria utilizando los mismos argumentos que utiliz Bush para invadir Iraq: la guerra anti-terrorista contra al-Qaeda, los yihadistas malvados, el laicismo... Y eso es muy preocupante.

En tu artculo Egipto, golpe de estado o revolucin permanente? sostienes que es precisamente el anti-islamismo una de las cuestiones pendientes en la izquierda.

Hay gente muy inteligente a la que respeto y de la que he aprendido mucho, como Samir Amin, que considera que no hay ninguna compatibilidad posible entre el islam poltico y la democracia. l, por ejemplo, apoy la intervencin colonial francesa en Mali y el golpe de estado en Egipto.

Quizs el riesgo de apostar por la integracin de los islamismos moderados es grande, pero el otro riesgo ya lo conocemos. Son las dcadas de dictadura que han caracterizado esta zona del mundo, siempre en detrimento de los pueblos. Entonces qu es lo que ocurre? Yo lo que creo es que a veces se minusvalora la capacidad de corrupcin que tiene el poder. Pensamos que el poder corrompe, y yo digo, s, y a veces para bien. Lo estamos viendo ahora en el caso de Ennahda en Tnez. Mucha gente considera que es malo que sean ellos quienes negocien con el Fondo Monetario Internacional, y es cierto que tiene una vertiente muy mala, pero el hecho de que sean Ennahda o los Hermanos Musulmanes quienes se tengan que sentar a la mesa con primeros ministros, con Obama o con el FMI les obliga a dejar una parte de su extremismo y de su radicalismo. En este caso, a todos nos conviene. Porque no se trata de radicalismo marxista sino radicalismo reaccionario y religioso. Por eso digo que felizmente el poder corrompe. Si hay alguna posibilidad de integracin democrtica de estas fuerzas en el mundo rabe pasa precisamente por el hecho de que el poder las corrompa un poco. Como no tienen respuesta a los problemas econmicos y sociales de la poblacin, que se corrompan en el poder, por un lado, los modera, y por otro lado, a la larga, los va a dejar fuera de juego. Si nos empeamos en convertirlos en una fuerza marginal, al margen de las instituciones, lo que vamos a hacer es alimentar sus seas identitarias ms extremistas.

Tal vez esa forma de corrupcin haya influido en la transformacin del discurso de los Hermanos Musulmanes desde 2011.

Nos encontramos en una situacin paradjica, lo vemos en Egipto y lo vemos en Tnez. Hace poco lo describa con cierto tono provocativo en un artculo titulado Islamismo y democracia. Dudo que Ennahda crea sinceramente en la democracia, pero quin cree en la democracia? los liberales? la izquierda estalinista? No s... En todo caso lo que s creo es que, por razones pragmticas, nos vemos de pronto en una situacin en la que Ennahda y los Hermanos Musulmanes estn defendiendo, y se estn viendo obligados a hacerlo materialmente, un discurso democrtico, mientras que los otros sectores estn defendiendo un discurso golpista. Qu podemos deducir de ah? Que no se pueden ontologizar los procesos polticos.

La nica manera de acabar con esos ciclos de dictadura, represin, violencia y radicalizacin islamista es integrando democrticamente a este tipo de movimientos. Adems, la izquierda debe trabajar para desplazar la hegemona cultural hacia su lado, pero desde el islam e incluso desde el islamismo. No contra la religin y la cultura popular. Lo que no podemos hacer contra l es recurrir a dictadores ilustrados y refugiarnos en tiranas presuntamente laicas. La nica manera de acabar con eso es desplazando el bloque cultural, un poco como se ha hecho en Amrica Latina. Chavez por ejemplo incorpor toda la tradicin viva, tanto catlica como evangelista, en el chavismo. La izquierda atea, la izquierda laica, lo que ha hecho siempre es despreciar la cultura popular, por eso se ha convertido en una fuerza elitista, pro-occidental, muy eurocntrica y derrotada a la hora de introducir cambios estructurales en el mundo rabe. Por eso, como dice mi amigo Kacem Gharbi, no se trata de vaciar las mezquitas, sino de predicar el comunismo desde ellas.

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/global/21254-la-unica-manera-acabar-con-ciclos-dictadura-represion-violencia-y-radicalizacion



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