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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-02-2014

Tres aos de la revuelta tunecina
Constitucin y revuelta

Santiago Alba Rico
Gara


El autor destaca la buena nueva del acuerdo en torno a la nueva Constitucin tunecina, tanto por su contenido como por su valor simblico -en contraposicin a Egipto-. No obstante, advierte de que no resuelve per se el problema central: la pobreza y el descontento social. He aqu la doble y positiva paradoja de Tnez: la paradoja de que el pragmatismo ha vuelto democrticos a los islamistas y ha vuelto, en cambio, golpistas a los opositores laicos; y la paradoja tambin de que el golpe de Estado de Al-Sissi, que ha destrozado el proceso democrtico en Egipto, ha salvado (de momento) la democracia y al partido islamista tunecino.

Tres aos despus de que se desencadenase en Tnez el movimiento ssmico que an sacude trgicamente la regin, llegan pocas buenas noticias desde el mundo rabe. La nica, la ltima, procede del pequeo pas norteafricano que sirvi en 2011 de yesca y de ejemplo para sus vecinos. Tnez, en efecto, acaba de aprobar su Constitucin y lo ha hecho, al contrario que Egipto, a partir de la legitimidad emanada de la revolucin popular que derroc a Ben Al. Tras dos aos de vacilaciones, crisis, conspiraciones subterrneas, confrontaciones ficticias, asesinatos polticos y tentativas de golpe de Estado, la intervencin de la UE y el pragmatismo de Ennahda han salvado in extremis, y de manera provisional, el frgil proceso democrtico.

La aprobacin de la Constitucin tunecina el pasado domingo en la Asamblea Constituyente (nacida de las elec- ciones del 23 de octubre de 2011 que dieron la mayora relativa al partido islamista Ennahda) son una buena noticia por tres motivos: El primero tiene que ver con el contenido mismo. No se trata, desde luego, de una Constitucin revolucionaria, pero tiene muchas ms luces que sombras. Junto a algunas ambigedades, nadie en su sano juicio debera despreciar la afirmacin formal de derechos y liber- tades de los que hasta ahora estaban privados los tunecinos ni la tajante declaracin del carcter civil del Estado y sus instituciones.

A veces promiscua o fruto de malabricos consensos de coyuntura, los artculos relativos al culto religioso, la igualdad de gnero, la libertad de expresin o los derechos humanos (incluidos algunos de contenido claramente social, como los tocantes al agua o a la huelga) conservan y pronuncian el eco, al menos dbil, de la revolucin de la dignidad y de las protestas sociales y civiles que han acompaado el proceso constituyente. En algunos aspectos, el texto aprobado va muchos pasos por delante de la sociedad tunecina, conservadora y apoltica.

El segundo motivo para alegrarse es de orden histrico. Tiene que ver con el hecho mismo de que haya sido aprobada. Este hecho tiene, s, una dimensin revolucionaria. Se trata, en efecto, de la primera Constitucin liberal del mundo rabe y elaborada a travs de un proceso constituyente democrtico. Si no un instrumento de intervencin, establece al menos un depsito de memoria que ninguna contrarrevolucin o golpe de Estado podr ya suprimir.

Inseparable, en fin, de esta primicia histrica y regional -y cultural, si se quiere- el tercer motivo de alborozo es de carcter simblico. Tnez es un pequeo pas de escasa importancia geoestratgica, pero aqu comenz la mal llamada primavera rabe y se ha convertido, lo quiera o no, en un laboratorio poltico para las grandes potencias y en una referen- cia simblica para los pueblos. Mientras que una junta militar antiislamista y tras un sangriento golpe de Estado impone en Egipto una Constitucin basada en la autoridad de la sharia y en la primaca del Ejrcito (y no de la Ley), en Tnez son los islamistas los que, respetando y hasta defendiendo con uas y dientes las reglas del juego democrtico, se han inclinado ante el consenso para aprobar una Carta Magna mucho ms liberal que muchos de los dirigentes de su partido.

He aqu la doble y positiva paradoja de Tnez: la paradoja de que el pragmatismo ha vuelto democrticos a los islamistas -a los que los clichs islamofbicos consideraban ontolgicamente refractarios a la democracia- y ha vuelto, en cambio, golpistas a los opositores laicos; y la paradoja tambin de que el golpe de Estado de Al-Sisi que ha destruido al mismo tiempo el proceso democrtico y a los Hermanos Musulmanes en Egipto, ha salvado (de momento) la democracia y al partido islamista Ennahda en Tnez: la sombra del modelo egipcio ha planeado sin parar sobre el dilogo nacional tunecino modelando sus relaciones de fuerza y sus acuerdos.

En todo caso, la supervivencia de Tnez en el naufragio revolucionario de la regin no slo ha fortalecido a Ennahda (todas las encuestas vuelven a situarlo holgadamente en cabeza en preferencia de voto) sino que mantiene viva una pequea lucirnaga que ilumina, y eventual- mente podra reactivar, la resistencia democrtica en el mundo rabe.

Pero siempre, como en los chistes, hay una buena noticia y una mala noticia. La mala noticia tiene que ver, en este caso, con la tozuda verdad de un pas azotado por la pobreza y el descontento social. El emocionado consenso del domingo pasado en la Asamblea (que debe emocionarnos a todos en la adversidad) oculta mucho ms que un agudo conflicto poltico que se ha renovado enseguida en el marco del llamado dilogo nacional y en torno al nuevo Gobierno tencrata de Mehdi Jomaa. Oculta sobre todo las dos realidades profundas que la Constitucin no ha alterado: un aparato de Estado enquistado an en el anciene regime y que an no ha dicho su ltima palabra; y una poblacin -sobre todo en las regiones del interior donde comenz hace tres aos la revolucin- en permanente revuelta contra los precios, el paro y la corrupcin.

Slo la presin popular puede consumar una ruptura real, y no slo formal, con la nefanda 1 Repblica; y slo una certera estrategia desde la izquierda, comprometida sobre el terreno ms all y ms abajo del oportunismo poltico, puede impedir que el malestar social se desplace hacia la derecha (o hacia la ultraderecha islamista) y puede abrir paso a procesos ms o menos lentos de transformacin econmica y social.



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