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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-02-2014

Actualidad del marxismo
Entrevista a Daniel Bensad (1946-2010)

Daniel Bensad
Democracia Socialista


Respuestas del intelectual marxista y militante anticapitalista francs Daniel Bensad (1946-2010) a las preguntas de jvenes militantes de la organizacin poltica marxistaVpered, tras su congreso llevado a cabo en Mosc de noviembre del 2006.

Vpered:Qu partes de la herencia marxista pertenecen claramente al pasado, y cules te parece que conservan hoy en da la vigencia de siempre?

Daniel Bensaid: Me gustara comenzar por matizar o precisar la idea misma de herencia. No hay una herencia, sino muchas: un marxismo ortodoxo (de Estado o de Partido) y marxismos heterodoxos; un marxismo cientificista (o positivista) y un marxismo crtico (o dialctico); o mejor an, lo que el filsofo Ernst Bloch llam las corrientes fras y las corrientes clidas del marxismo. No se trata de simples diferencias de lecturas o interpretaciones, sino ms bien de discursos tericos que sustentan en ocasiones polticas antagnicas. Como a menudo insista Jacques Derrida, una herencia no es un bien que puede ser transmitido o conservado. Es lo que con ella hacen los herederos, as como lo que harn.

Entonces, qu est obsoleto en la teora marxista?

Para empezar, dira, un cierto tipo de optimismo sociolgico: la idea de que el desarrollo del capitalismo entraa de manera casi mecnica el desarrollo de una clase obrera cada vez ms numerosa y concentrada, cada vez mejor organizada y cada vez ms consciente. Un siglo de experiencias ha mostrado la importancia de las divisiones y las diferenciaciones en las capas del proletariado. La unidad de las clases explotadas no es una naturaleza dada, sino algo por lo que se lucha y que se construye.

Luego, creo que tenemos que retomar un serio examen de las nociones de dictadura del proletariado y de la extincin del estado. Es una cuestin complicada, porque las palabras no tienen el mismo sentido hoy que el que podran haber tenido en la pluma de Marx. En su momento, en el lxico de la Ilustracin, la dictadura se contrapona a la tirana. Evocaba una venerable institucin romana: un poder de excepcin delegado por un tiempo limitado, y no un poder arbitrario ilimitado. Es evidente que tras las dictaduras militares y burocrticas del siglo XX, la palabra ya no conserva su inocencia. Para Marx, sin embargo, designaba algo enteramente nuevo: un poder de excepcin por primera vez mayoritario, del cual la Comuna de Pars represent segn sus propias palabras la forma finalmente descubierta. Es entonces de esta experiencia de la Comuna (y de todas las formas de democracia desde abajo) que deberamos hablar hoy. La nocin de dictadura del proletariado no defina entonces, para Marx, un rgimen institucional especfico. Tena mas bien un significado estratgico: el de destacar la ruptura de continuidad entre un antiguo orden social y jurdico y uno nuevo. Entre dos derechos opuestos, es la fuerza la que decide[1], escribi enEl capital. Desde este punto de vista, la dictadura del proletariado sera la forma proletaria del estado de excepcin.

Finalmente, solemos escuchar que Marx podra haber sido (o ha sido) un buen economista, o un buen filsofo, pero sin embargo un poltico mediocre. Considero que esto es falso. Por el contrario, Marx fue un pensador de la poltica, pero no como se la ensea en las denominadas ciencias polticas, no como una tecnologa institucional (por otra parte, en el siglo XIX, no haba prcticamente regmenes parlamentarios en Europa aparte de Gran Bretaa ni partidos polticos del tipo moderno que nosotros conocemos). Marx piensa a la poltica como acontecimiento (las guerras y las revoluciones) y como invencin de formas. Es lo que yo llamo una poltica del oprimido: la poltica de aquellos que son excluidos de la esfera estatal a la que el pensamiento burgus reduce la poltica profesional. Si bien esta otra concepcin de la poltica sigue siendo muy importante hoy en da, no menos lo son los puntos ciegos de Marx, que pueden conducir a un cortocircuito entre el momento de excepcin (la dictadura del proletariado) y la perspectiva de una rpida desaparicin del estado (y del derecho). Me parece que este cortocircuito est presente en Lenin (particularmente enEl estado y la revolucin), lo cual no es de gran ayuda para pensar los aspectos institucionales y jurdicos de la transicin. Ahora bien, todas las experiencias del siglo XX nos obligan a pensar de fondo la diferencia entre partidos, movimientos sociales e instituciones estatales.

En cuanto a la actualidad de la herencia, ello est muy claro. La actualidad de Marx es la deEl capitaly la de la crtica de la economa poltica, la actualidad de la comprensin de la lgica ntima e impersonal del capital comosocial killer[2]. Es asimismo la de la globalizacin mercantil. Marx ha tenido ante sus ojos la globalizacin victoriana: el desarrollo de los medios de transporte y de comunicacin (los ferrocarriles y el telgrafo), de la urbanizacin y de la especulacin financiera, de la guerra moderna y de la industria de la masacre. Nosotros vivimos una poca bastante similar, con una revolucin tecnolgica (Internet y la astronutica, la especulacin y los escndalos, la guerra global, etc.) Pero, all donde la mayora de los periodistas se contentan con describir la superficie de las cosas, la crtica marxiana nos ayuda a comprender la lgica, la de la reproduccin a gran escala y la acumulacin acelerada del capital. Nos ayuda sobre todo a ir a las races de la crisis de civilizacin: una crisis general de la medida, una crisis de funcionamiento del mundo, debida al hecho de que la ley del valor que reduce toda riqueza a la acumulacin de mercancas, y mide a los hombres y las cosas en trminos de tiempo de trabajo abstracto se vuelve cada vez ms miserable (la palabra es de Marx en losGrundisse). De manera tal que la racionalizacin parcial del trabajo y la tcnica se traduce en una creciente irracionalidad global. La crisis social (la productividad genera exclusin y pobreza, no tiempo libre) y la crisis ecolgica (es imposible administrar los recursos naturales a una escala de siglos y milenios con el criterio de los arbitrajes instantneos de la Bolsa o de NASDAQ) lo ilustran de manera flagrante.

Detrs de esta crisis histrica que amenaza el futuro del planeta y de la humanidad en tanto especie estn los lmites inherentes a las relaciones de propiedad capitalistas. Aunque la socializacin del trabajo est ms desarrollada que nunca, la privatizacin del mundo (no slo de las industrias, sino tambin de los servicios, del espacio, de la vida y del conocimiento) se ha convertido en un freno al desarrollo y a la satisfaccin de las necesidades. En contraste, la demanda de servicios pblicos de calidad, el desarrollo de la gratuidad de ciertos bienes y servicios, la reivindicacin de un patrimonio comn de la humanidad (en materia de energa, acceso a la tierra, al agua, al aire y al saber), expresan la exigencia de nuevas relaciones sociales.

Vpered:Cules son los principales problemas tericos que los marxistas tendran que resolver hoy?

Daniel Bensaid: Hablar de problemas que tienen que ser elaborados ms que resueltos. Porque la solucin no es puramente terica, sino tambin prctica. Si existe, ser el resultado de la imaginacin y la experiencia de millones de millones de personas. Por otro lado, hay cuestiones que deben ser re-abiertas y elaboradas a la luz de un siglo de experiencias que ni Marx ni Engels ni ninguno de los padres fundadores podan imaginar.

En primer lugar, la cuestin ecolgica. Ciertamente hay en Marx una crtica a la concepcin abstracta de un progreso unidireccional (en las primeras pginas de losGrundisse), y la idea de que cualquier progreso alcanzado dentro del marco de las relaciones sociales capitalistas tiene su costado de devastacin y retroceso (a propsito de la agricultura enEl capital). Pero ni l, ni Engels, ni Lenin, ni Trotsky, han verdaderamente incorporado nociones de umbrales y lmites. La lgica de sus polmicas contra las corrientes malthusianas reaccionarias los condujo a apostar a la abundancia para resolver las dificultades. Ahora bien, el desarrollo del conocimiento cientfico nos ha hecho tomar conciencia de los riesgos de la irreversibilidad y de las diferencias de escala. Nadie puede saber hoy si los daos inflingidos sobre el ecosistema, la biodiversidad y el equilibrio climtico sern reparables. Hace falta entonces corregir una suerte de soberbia prometeica y acordarnos de que tal como Marx observ en losManuscritos de Pars de 1844 mientras que el hombre es un ser humano natural, es ante todo un ser natural, por tanto dependiente de su nicho ecolgico. As como la crtica marxista puede hoy en da nutrirse de la elaboracin en otros campos de investigacin (tales como los de Georgescu-Rtgen), en los ltimos aos hemos visto tambin desarrollarse una importante ecologa social inspirada en la crtica marxista (Bellamy-Foster en EE.UU., Jean-Marie Harribey o Michael Husson en Francia, y muchos otros).

Despus, parece importante considerar las consecuencias estratgicas de los cambios en curso en las condiciones espaciales y temporales de la poltica. Existe una abundante literatura terica acerca de la cuestin del tiempo, tanto a propsito de los ritmos econmicos (ciclos, rotacin del capital, indicadores sociales, etc.) como de la discordancia de los tiempos sociales (o de lo que ya Marx llam contratiempo y Bloch no-contemporaneidad), entre un tiempo poltico, un tiempo jurdico y un tiempo esttico (a los cuales hoy habra que agregar un tiempo largo de la ecologa). Por otro lado, al margen de la obra pionera de Henri Lefebvre, la produccin social de espacios sociales ha suscitado una muy menor atencin terica. Sin embargo, la globalizacin produce hoy en da una reorganizacin de las escalas espaciales, una redistribucin de los lugares de poder, de nuevos modos de desarrollo desigual y combinado. David Harvey ha mostrado que hay en Marx pistas interesantes en este sentido, y ha desarrollado su relevancia respecto de las formas contemporneas de la dominacin imperialista que, lejos de desembocar en un espacio liso y homogneo del Imperio (como lo sugiriera Toni Negri), perpetan y utilizan el desarrollo desigual en provecho de la acumulacin del capital.

Un tercer gran tema sera el del trabajo y su metamorfosis, tanto desde el punto de vista de las tcnicas de gestin de la fuerza de trabajo en los procedimientos de control mecnico, as como en la recomposicin de la relacin entre trabajo intelectual y trabajo manual. Las experiencias del siglo XX, en efecto, han mostrado que la transformacin formal de las relaciones de propiedad no bastaba para poner fin a la alienacin en y por el trabajo. Algunos han deducido de esto que la solucin consistira en el fin del trabajo, o en la salida (o fuga?) fuera de la esfera de la necesidad. Hay en Marx una doble comprensin del concepto de trabajo: en sentido amplio, una comprensin antropolgica, que designa la relacin de transformacin (o el metabolismo) entre la naturaleza y la especie humana; y una comprensin especfica o restringida, que concibe por trabajo el trabajo involuntario, y especficamente la forma del trabajo asalariado en una formacin social capitalista. En relacin a este significado restringido, podemos y debemos fijar el objetivo en liberar al trabajo y en ser liberados del trabajo, en socializar los ingresos para desembocar en la desaparicin de la forma-salario. Pero no podemos, sin embargo, eliminar el trabajo (aun si le damos otro nombre) en el sentido general de actividad de apropiacin y transformacin de un medio natural dado. Se trata por tanto de imaginar las formas bajo las cuales esta actividad podra volverse creativa, dado que es altamente dudoso que pueda existir una vida libre y plena si el trabajo en s mismo permanece alienado.

Una cuarta cuestin mayor sera la de la (o las) estrategia(s) para cambiar el mundo. En efecto, tras un breve momento de euforia o ebriedad que sigui a la cada del Muro de Berln y el colapso de la Unin Sovitica, la gran promesa liberal pronto perdi su credibilidad. Cada da se revelan en toda su amplitud los estragos sociales y ecolgicos de la competencia de mercado sin distorsiones. El estado permanente de guerra y excepcin no son ms que el reverso lgico de esta crisis histrica. El nacimiento de los movimientos altermundistas expresa una constatacin del fracaso: el mundo no est a la venta, el mundo no es una mercanca A menos de 15 aos del pretendido triunfo definitivo del capitalismo (el famoso fin de la historia de Fukuyama), la idea de que este mundo de capitalismo realmente existente es inhumano e inaceptable est ahora ampliamente extendida. Por otra parte, existe una fuerte incertidumbre acerca de las maneras de transformarlo sin reproducir los fracasos y las caricaturas de socialismo del siglo XX. Hace falta, entonces, sin renunciar a la centralidad de la lucha de clases en las contradicciones del sistema, pensar la pluralidad de estas contradicciones, de estos movimientos, de estos actores, pensar sus alianzas, pensar la complementariedad de lo social y lo poltico aunque sin confundirlos, retomar la problemtica de la hegemona y el frente nico abierta por los debates de la Tercera Internacional y losCuadernos de la carcelde Gramsci, profundizar en las relaciones entre ciudadana poltica y ciudadana social Vasto programa, que no puede avanzar sino con el aporte de nuevas experiencias de lucha y organizacin.

Seguramente y esto est ya implcito en el punto precedente , implica dimensionar en toda su extensin el fenmeno de la burocracia en las sociedades modernas, y sus profundas races en la divisin social del trabajo. Una idea superficial es creer que el fenmeno burocrtico sera un resultado exclusivo de las sociedades culturalmente atrasadas, o el producto de formas organizativas (tales como la organizacin en partidos polticos). De hecho, cuanto ms se desarrollan las sociedades, mayores son las formas burocrticas varias que producen: burocracias de estado, burocracias administrativas y burocracias del saber y de la acreditacin. Las organizaciones sociales (sindicatos, organizaciones no gubernamentales) estn no menos burocratizadas que los partidos. Por el contrario, los partidos (llmeseles partidos, movimientos u agrupaciones, poco importa) pueden ser un medio de resistencia colectiva a la corrupcin financiera y a la cooptacin meditica (dado que la burocracia meditica es tambin una nueva forma de burocratizacin). Se ha vuelto crucial, por ende, pensar los medios para desprofesionalizar el poder y la poltica, para limitar la acumulacin de cargos electivos, para eliminar los privilegios materiales y morales, para garantizar la rotacin de las responsabilidades. No hay aqu armas o antdotos infalibles. Se trata de medidas para el control y la limitacin de tendencias burocrticas, pero las soluciones genuinas a largo plazo dependen de una transformacin radical de la divisin del trabajo y de una drstica reduccin del tiempo de trabajo involuntario.

Para elaborar estas cuestiones, existen importantes recursos a menudo desconocidos u olvidados en Marx y en la tradicin marxista. Pero tambin hay importantes herramientas conceptuales provenientes de otras corrientes de pensamiento, sea en la economa, la sociologa, la ecologa crticas, los estudios de gnero, los estudios post-coloniales o el psicoanlisis. No avanzaremos sin dialogar con Freud, Foucault, Bourdieu y muchos otros.

Vpered:En tu opinin, quines han sido los pensadores marxistas ms destacables de las dcadas recientes y cul es la importancia de su contribucin al desarrollo del marxismo?

Daniel Bensaid: El ejercicio de establecer una lista de honor o untop tende los estudios marxistas sera bastante estril. Por un lado, gracias a la socializacin del trabajo intelectual y a la elevacin general del nivel cultural, ya no existe propiamente la figura de los maitres penseurs[3]o gigantes intelectuales (como lo fueron Sartre, Lukcs) Y esto es algo ms bien positivo, un signo de la democratizacin de la vida intelectual y el debate terico. Esto vuelve difcil y arbitrario enumerar las grandes figuras de la actualidad. Por otro lado, hay un conjunto mucho ms extenso de trabajos e investigaciones inspirados en Marx y los marxismos, en los campos y disciplinas ms variados, desde la lingstica hasta la economa, pasando por la psicologa, la historia, la geografa Uno debera enumerar decenas de nombres, en muchos casos precisando el rea de competencia del autor, puesto que el sueo del intelectual total probablemente se ha vuelto una ilusin, pero el intelectual colectivo ha ganado en el proceso.

Hay otra razn que vuelve ms difcil todava una respuesta detallada a su pregunta. Basta con enumerar algunos grandes nombres de la historia del movimiento socialista y comunista para dar cuenta de ello: Marx, Engels, Kautsky, Pannekoek, Jaurs, Rosa Luxemburgo, Lenin, Trotsky, Bujarin, Gramsci Todos ellos han sido intelectuales orgnicos del movimiento socialista, militantes que unan teora y prctica. Ahora bien, la reaccin estalinista a escala internacional y las derrotas del movimiento obrero han tenido como resultado un divorcio perdurable entre teora y prctica. Esta es la cuestin que est en el centro del breve libro de Perry Anderson sobre el marxismo occidental, publicado en los aos 70. Para preservar su libertad de pensamiento y actividad terica, los intelectuales salvo por unas pocas honrosas excepciones han mantenido en su mayora una distancia prudente respecto del compromiso militante, y cuando escogieron el camino de tal compromiso, muchas veces tuvieron que sacrificar su conciencia y su trabajo terico. La historia de la relacin entre los intelectuales franceses y el movimiento comunista es la historia de esta tragedia: la de Paul Nizan, Henri Lefebvre, los surrealistas, Pierre Naville, Aragon y muchos compaeros de ruta. En los aos 60, para liberar a la investigacin terica del tutelaje y la ortodoxia partidarios, Althusser lleg a teorizar una estricta divisin del trabajo entre teora y prctica.

Hoy podemos esperar emerger de este perodo oscuro. El movimiento altermundista es una oportunidad para una nueva conjuncin de movimientos sociales revitalizados y una investigacin terica viva, sin complejos ni censuras. Es sin dudas una nueva oportunidad a no desaprovechar.

Vpered:Pods hablarnos acerca de tu posicin sobre la cuestin del lugar de la dialctica en la teora marxista?

Daniel Bensaid: La cuestin es demasiado vasta, y ha hecho correr demasiada tinta ya, para abordarla en una breve respuesta a una breve pregunta. Me contentar, por tanto, con algunos comentarios generales. Por ms que, en el siglo XIX, los alemanes, los italianos, y ms an los rusos necesitaban, para alcanzar su emancipacin nacional y social, de la crtica dialctica, la ideologa conservadora francesa, despus de junio de 1848 y de la Comuna, hizo todo lo que pudo para deshacerse de ella. El materialismo subterrneo del encuentro[4], admirablemente evocado por Althusser en sus ltimos escritos, estaba derrotado en Francia incluso antes de la llegada de Marx. Y el marxismo inhallable de Guesde y Lafargue estaba desde su origen teido de positivismo. Les era difcil pasar de una lgica clasificatoria de las definiciones a una lgica dinmica (dialctica) de las determinaciones, del tipo que Marx puso magistralmente en juego enEl capital. En sus formas ms rgidas, el estructuralismo en boga en los aos 60 efectivamente prolong este rechazo, tomando estructuras petrificadas como objeto de estudio, sin acontecimientos ni subjetividad, y sistemas tanto ms vaciados de historia cuanto ms dolorosa de pensar se volvi la historia real del siglo.

El marxismo ortodoxo, erigido en razn de Estado en los aos 30 por partent de la burocracia estalinista triunfante, ha tomado provecho de este estado de cosas para imponer la influencia de su diamat[5], dogmatizado y canonizado. Este fue el segundo sacrificio de la dialctica, una suerte de Thermidor en el campo de la teora, cuyas premisas fueron evidentes desde la condena al psicoanlisis y al surrealismo en el siniestro Congreso de Jrkov, y cuya doctrina estableci el inmortal panfleto de StalinMaterialismo histrico y materialismo dialctico. La dialctica devino entonces una meta-lgica formal, una sofistera de estado buena para todo, y especialmente para quebrar a los hombres. La dialctica de la conciencia crtica (aquella de Lukcs y Korsch) retrocede entonces ante el imperativo de la Razn de Estado.

Esta reaccin al interior de la teora se combina con otro proceso, especialmente en Francia. Bajo el pretexto de defensa legtima en cierta medida y justa hasta cierto punto del racionalismo y la Ilustracin frente las mitologas oscurantistas, una suerte de Frente Popular en la filosofa ha complementado el Frente Popular de la poltica, sellando una alianza anti-fascista bajo la hegemona de la burguesa. Esta apologa de la razn no-dialctica fue asimismo la victoria pstuma del santo Mtodo cartesiano sobre el dialctico Pascal. El propio Lukcs, que hasta su texto recientemente descubierto de 1926Una defensa de Historia y conciencia de clase, se haba enfrentado al tribunal de sus detractores, reivindicando sus ideas sobre la espontaneidad y la conciencia, ha escrito entonces un libro que no es de sus mejoresLa destruccin de la razn(indito hasta despus de la guerra). La victoria de la contrarrevolucin burocrtica exigi una lgica binaria (el que no est conmigo) del tercero excluido: ninguna lucha posible, siquiera asimtrica, en dos frentes. Est lgica de intimidacin y culpabilizacin hizo un enorme dao poltico (en tiempos de las intervenciones en Hungra, en Checoslovaquia, en Polonia, y ms recientemente otra vez en Afganistan).

Puede que estemos asistiendo a un renacimiento del pensamiento dialctico. Sera un buen signo. Un signo de que los vientos cambian, y que el trabajo de lo negativo recobra vigor contra la comunicacin publicitaria que nos conmina a pensar positivo a cualquier costo, contra las retricas del consenso y la reconciliacin general. Habra buenas y fuertes razones para creerlo: una urgente necesidad de pensamiento crtico y dialctico, trada por el espritu de la poca.

Una razn histrica, para empezar. Tras las tragedias del siglo pasado, ya no podemos nadar en las tranquilas aguas del progreso unidireccional e ignorar la formidable dialctica benjaminiana de progreso y catstrofe. Con ms razn, ante la incierta transformacin del mundo que se perfila desde hace una veintena de aos. Y esta necesidad de la dialctica tambin se expresa en la necesidad de una ecologa crtica capaz de intervenir en dos frentes: contra las bienaventuranzas de la mundializacin mercantil, pero tambin contra las tentaciones oscurantistas de laecologa profunda.[6]

La renovacin de las categoras dialcticas a la luz de controversias cientficas en torno al caos determinista, la teora de sistemas, las causalidades holsticas o complejas, las lgicas de lo viviente y del orden emergente (a condicin de proceder con precaucin de un dominio al otro), ponen a la orden del da un dilogo renovado entre diferentes campos de investigacin y una renovada puesta a prueba de las lgicas dialcticas.

Una necesidad acuciante de pensar la mundializacin y la globalizacin desde el punto de vista de la totalidad (de una totalizacin abierta), para comprender las nuevas figuras del imperialismo tardo e intervenir polticamente en el ms desigual y peor combinado desarrollo que jams existiera en el planeta.

Una necesidad acuciante de pensar el siglo desde el punto de vista de un espacio/tiempo discontinuo, socialmente producido, y de conceptualizar una temporalidad poltica especfica, de la no-contemporaneidad y del contratiempo, en lugar de pensar indolentemente la historia segn las categoras cronolgicas lineales de post y pre (post-capitalismo, post-comunismo, etc.)

Una necesidad acuciante de pensar el progreso efectivo desde el punto de vista del desarrollo (o del trans-crecimiento[7], en la terminologa de Trotsky), y no de la acumulacin o del crecimiento sin desarrollo que ya Lefebvre criticaba acertadamente.

Finalmente, el deshielo de la guerra fra y la interferencia compleja de mltiples conflictos obliga a salirse de la lgica binaria de los campos bajo hegemona estatal de una madre patria (incluso aquella del socialismo realmente inexistente), y de reintroducir el tercero excluido para orientarse estratgicamente en conflictos como los de los Balcanes o el Golfo.

Si esta actualidad del pensamiento dialctico se confirma, deberamos esperar y alegrarnos por ella la publicacin, ms temprano que tarde, despus delLibro negro del comunismoy elLibro negro del psicoanlisis, de un Libro negro de la dialctica. Significara que la contradiccin antagnica no ha sido neutralizada, ni disuelta en una oposicin no de contradiccin, sino de correlacin. Significara tambin la puesta en jaque del fetichismo del hecho consumado, de la exclusin de lo posible en provecho de una realidad empobrecida. Y que la filosofa del no, el trabajo de lo negativo, el punto de vista de la totalidad, los saltos imprevisibles celebrados por Lenin en sus notas marginales a laCiencia de la lgicade Hegel, no han sido definitivamente sometidos.

Puesto que por medio de la dialctica, es la revolucin el verdadero blanco. El Lukcs deHistoria y conciencia de claseyEl pensamiento de Leninlo haba comprendido bien. Se hallaba, es cierto, en el ojo de la tormenta, durante aos de crisis, que son lgicamente aos de intensidad dialctica.

Vpered:En los aos 90, se extendi ampliamente la opinin de que la contradiccin entre el trabajo y el capital no era ya el conflicto principal de las sociedades contemporneas Ests de acuerdo con esta idea?

Daniel Bensaid: Hay muchas maneras de abordar esta cuestin. La opinin extendida a menudo parta del argumento de una evolucin sociolgica y de la constatacin, en los pases desarrollados, de un retroceso relativo del proletariado industrial en la poblacin activa. Este retroceso es real (en Francia se pasa de 33 a 25%), pero se trata an de un cuarto de la poblacin activa; y a nivel internacional ha habido ms bien un desarrollo global del proletariado urbano.

La impresin de una decadencia, o aun de una desaparicin del proletariado, suele basarse en una definicin restrictiva, incluso obrerista, de las clases sociales a partir de categoras sociolgicas clasificatorias. Para Marx, sin embargo, no se trata de una sociologa positivista de las clases, sino de una relacin social dinmica, las clases no existen sino en sus luchas. Si se considera la relacin de propiedad de los medios de produccin, la forma y el nivel de ingreso salarial del empleo, el lugar en la divisin social del trabajo, la gran mayora de los asalariados del denominado sector terciario (entre ellos, cada vez ms mujeres) son proletarios en el sentido inicial que Marx daba a la palabra: en 1848, el proletariado parisino tematizado enLa lucha de clases en Franciano era tan industrial, sino ms bien ligado al artesanado. A menudo se confunde, pues, un debilitamiento de la organizacin y de la conciencia de clase (como consecuencia de derrotas polticas y sociales) con un irreversible declive de la lucha de clases. Dicho eso, es necesario prestar la mayor atencin a los obstculos que existen en adelante para esa organizacin y esa conciencia: privatizacin e individualizacin de la vida social, flexibilidad del trabajo, individualizacin de los tiempos de trabajo y de las formas de remuneracin, presin de la desocupacin y de la precariedad, desconcentracin industrial y cambios en la organizacin de la produccin

La relacin capital-trabajo, sin embargo, persiste como central en las sociedades contemporneas. Por otro lado, yo no utilizara el trmino conflicto principal, puesto que tiende a reducir las otras contradicciones a un lugar secundario. Hay ms bien una serie de contradicciones que no responden a la misma temporalidad (a la misma escala histrica), pero que estn estrechamente imbricadas (o sobredeterminadas, para retomar el lxico de Althusser, por la lgica dominante del capital): las relaciones de gnero (o sexo), las relaciones entre naturaleza y sociedad humana, las relaciones entre lo individual y lo colectivo. El verdadero problema es articular estas contradicciones.

Por qu los sindicatos, los movimientos feministas, las agrupaciones ecologistas, los movimientos culturales, convergen tan espontneamente en los foros sociales? Porque el gran unificador de esas diversas contradicciones es el capital mismo, y la mercantilizacin generalizada que impregna la totalidad de las relaciones sociales. Pero esta convergencia debe hacerse con respeto de la especificidad de los diferentes movimientos.

Por otra parte, hay una dimensin de lucha ideolgica en esta cuestin. Si aceptamos la idea de socilogos como Bourdieu, segn la cual las relaciones sociales no son solamente captadas en su estado natural, sino construidas mediante representaciones, aun as es necesario que esas representaciones tengan un fundamento real. La representacin de lo social en trminos de clases posee argumentos slidos, tanto tericos como prcticos. Es por otra parte asombroso que se interrogue frecuentemente sobre la existencia del proletariado, pero jams sobre la de la burguesa o la patronal: en efecto, basta estudiar la distribucin de las ganancias y las rentas para verificar su existencia!

Enfatizar la actualidad de la lucha de clases implica una apuesta evidente: es la de construir la solidaridad ms all de las diferencias de raza, nacin, religin, etc. Quienes no quieren yams or hablar de lucha de clases tendrn a cambio las luchas de las tribus y las etnias, las guerras religiosas, los conflictos comunitarios. Y sera un extraordinario retroceso, que desgraciadamente est ya en curso en el mundo actual. La internacionalizacin de la lucha de clases es en verdad el fundamento material (y no puramente moral) del internacionalismo en tanto respuesta de los oprimidos a la mundializacin mercantil.

Vpered:Qu puntos de encuentro ves hoy en da entre la teora marxista y los movimientos sociales de masas?

Daniel Bensaid: Yo creo que en su ncleo duro (la crtica de la economa poltica y de la acumulacin del capital), la teora marxista sigue siendo el instrumento ms productivo para abordar la mundializacin liberal y sus consecuencias. Su actualidad, ya le lo he dicho, es la deEl capitalmismo. Adems, la mayora de los movimientos sociales estn inspirados en ella, lo quieran o no. El historiador Fernand Braudel seal ya hasta qu punto las categoras crticas del marxismo han impregnado nuestra comprensin del mundo contemporneo, incluso entre sus detractores. Y el filsofo Jacques Derrida resumi su actualidad en 1993 (en una fecha poco favorable a la teora marxista!) con la frmula: No hay futuro sin Marx. Con, contra, ms all pero nosin! El marxismo no es la verdad ltima para la comprensin de las sociedades contemporneas, pero contina siendo un pasaje obligado para eso. La paradoja es que los idelogos liberales que pretenden tratar a Marx como a un perro muerto, pasado de moda, obsoleto, caduco, no tienen para oponerle ms que el retorno a los economistas clsicos, o a la filosofa poltica del siglo XVII, o a Tocqueville. Marx perteneci, desde luego, a su tiempo. Comparti ciertas ilusiones, sobre la ciencia y el progreso. Pero, en cuanto a la naturaleza del objeto cuya crtica ha abordado a saber, la acumulacin del capital, y su lgica , desbordaba su tiempo y anticipaba el nuestro. En esto es que sigue siendo un contemporneo nuestro, mucho ms joven y estimulante que todas esas pseudo-innovaciones que se vuelven obsoletas al da siguiente de su aparicin.

Vpered:Cmo percibs los movimientos socialistas amplios contemporneos y el hecho de que, a diferencia de los partidos polticos, parecen en mejores condiciones para desarrollar luchas contra el capitalismo? Qu penss acerca del futuro de los partidos como tales, y como elementos para la construccin de una organizacin internacional?

Daniel Bensaid: Debemos pasar en limpio qu queremos decir por movimientos socialistas amplios. Probablemente estemos en los comienzos de una reconstruccin terica y prctica de movimientos emancipatorios, tras un siglo de terribles tragedias y derrotas. En cierta medida, se tiene a veces la impresin de estar recomenzando desde foja cero. Un partido como el Partido de los Trabajadores en Brasil (PT), nacido en los comienzos de los aos 80, en la poca de la cada de la dictadura militar, y producto de la rpida industrializacin de los aos 70, poda asemejarse a la gran socialdemocracia alemana antes de la guerra de 1914: tena un mismo carcter de masas y un pluralismo ideolgico comparable. Pero nosotros estamos en los albores del siglo XXI, y el XX ha pasado, no lo disimularemos. As, el PT ha atravesado en menos de un cuarto de siglo un proceso de burocratizacin acelerada, y se ha visto atrapado en el juego de las contradicciones contemporneas, de las relaciones de poder, del lugar de Amrica Latina en la reorganizacin de la dominacin imperialista, etc.

En un primer momento, para las luchas de resistencia y de oposicin, los movimientos sociales parecen ms eficaces y ms concretos que las organizaciones partidarias. Su aparicin marca el comienzo de un nuevo ciclo de experiencias sin las cuales nada sera posible. Pero, as como Marx reproch a sus contemporneos una ilusin poltica, consistente en la creencia ende que la conquista de libertades civiles y democrticas eran la verdad ltima de la emancipacin humana, nosotros podemos constatar en nuestros das una ilusin social, segn la cul la resistencia social al liberalismo sera, en ausencia de una alternativa poltica, nuestro horizonte infranqueable. Es la versin de izquierda del fin de la historia. La crisis del capitalismo es sin embargo tal, las amenazas que hace pesar sobre el futuro de la humanidad y del planeta son tales, que una alternativa a la altura de las circunstancias resulta urgente.

Aqu se trata de un problema de estrategia y proyecto poltico, encarnados por fuerzas determinadas. O bien peleamos seriamente por una alternativa tal, o bien nos conformamos con hacer presin sobre las fuerzas social-liberales existentes, con rebalancear a las izquierdas cada vez menos de izquierda, y entonces acumularemos desmoralizacin tras desmoralizacin. Para construir una alternativa verdadera y la tarea ser larga, porque la pendiente a remontar es hostil se precisa de paciencia, convicciones, firmeza sin sectarismos, de lo contrario seremos destruidos por aventuras sin futuro, bajo pretexto de realismo, y por la acumulacin de decepciones.

Respecto a la reconstruccin de un movimiento internacional, sta es una cuestin an ms vasta. Algunos comparan el movimiento altermundista actual, sus foros sociales mundiales o continentales, con los comienzos de la Primera Internacional: un encuentro amplio de sindicatos, movimientos sociales y corrientes polticas. Hay, en efecto, algo de eso. Y la globalizacin capitalista es su aspecto positivo da impulso a una convergencia internacional de movimientos (como las exposiciones universales del siglo XIX haban dado la oportunidad para reuniones que terminaran en la Primera Internacional). Pero hay una diferencia: es, nuevamente, que el siglo XX ha pasado; que las divisiones y las corrientes polticas surgidas de esa experiencia no desaparecern de la noche a la maana. No se puede volver a poner los contadores en cero. Por esto es que las convergencias y encuentros como los foros son positivos y necesarios. Nadie puede predecir hoy en da qu saldr de ah. Depender de las luchas y las experiencias polticas actualmente en curso, como en Amrica Latina o el Medio Oriente. Esta etapa inicial de reconstruccin est lejos de haber culminado. Hay posibilidades de extensin en Asia y frica. Pero la condicin y la prueba de madurez del movimiento estar en su capacidad para mantener una unidad de accin, para incluso ampliarla, sin limitar o censurar los debates polticos necesarios. Es claro que una primera fase de resistencia lo que llamo momento utpico por analoga con el movimiento socialista naciente de las dcadas de 1830 y 1840 est consumada.

La frmula de cambiar el mundo sin tomar el poder ha envejecido pronto, despus de haber encontrado un cierto eco (notablemente en Amrica Latina, pero no slo). Se trata hoy en da de tomar el poder para cambiar el mundo. En Amrica Latina, cuesta imaginar un foro social que evite las cuestiones de orientacin poltica y se abstenga de trazar un balance comparativo de las experiencias brasilea, venezolana, boliviana y cubana! Y cuesta imaginar un foro europeo que no discutiera sobre una alternativa europea a la Unin Europea liberal e imperialista.

Desde esta perspectiva, es perfectamente compatible y complementario contribuir a estos amplios espacios de convergencia, y mantener una memoria y un proyecto desde una corriente poltica con su propia historia y sus propias estructuras organizativas. Es incluso una condicin para la claridad y el respeto hacia los movimientos unitarios. Las corrientes que no asumen pblicamente su propia identidad poltica son las ms manipuladoras. Si es cierto que, como insista un filsofo francs, no existe en poltica la tabla rasa, y que siempre se recomienza por el medio[8], entonces deberamos poder estar abiertos a la novedad sin perder el hilo de las experiencias adquiridas.

Vpered:Puede existir una filosofa marxista dentro del marco de la universidad burguesa? Pods contarnos sobre tu experiencia al respecto? Cmo puede la burguesa tolerar una presencia marxista dentro del marco de uno de sus aparatos ideolgicos, como es la universidad?

Daniel Bensaid: Es una cuestin de relaciones de fuerzas en la sociedad. El campo escolar y universitario no es un campo cerrado, separado de las contradicciones sociales. Este es, por otra parte, el peligro de la frmula de los aparatos ideolgicos del estado: dar la impresin de que se trata de simples engranajes estticos de la dominacin burguesa. En realidad la escuela (y la universidad) cumplen una doble funcin, de reproduccin del orden social dominante, claro, pero tambin de transmisin y de elaboracin de saberes. La institucin est pues atravesada por relaciones de fuerzas. Antes y despus del 68 en Francia, ha habido una influencia significativa (aunque no hay que exagerar una imagen de edad de oro) del marxismo en la universidad francesa. Ha habido espacios importantes de libertad de enseanza y de experimentacin pedaggica. Esas conquistas parciales no son irreversibles. Est claro que con la contra-ofensiva liberal de los aos 80, la normalidad acadmica y el orden pedaggico han sido ampliamente restablecidos. Ello se observa en los programas, en las modalidades de examen o en la gestin presupuestaria de las universidades. Pero quedan algunas cosas. Por ejemplo, yo soy totalmente libre de decidir mis programas de enseanza cada ao. Este ao, nuevamente di (no lo haba dado despus de una quincena de aos) un curso sobre las lecturas deEl capital, otro sobre la guerra global y el estado de excepcin permanente, otro sobre las filosofas de la mundializacin y el derecho internacional El problema es que la generacin marxista de los aos 60 (es una simplificacin, porque siempre se ha tratado de una minora significativa) est en vas de salir de escena, y que las nuevas generaciones se forman en el pensamiento crtico a travs de Foucault, Bourdieu o Deleuze, lo cual est bien, slo que la transmisin del legado marxista se rarifica.

Es evidente que las relativas libertades universitarias dependen directamente de las relaciones de fuerzas sociales existentes ms all de los muros de la escuela o de la universidad. En cuanto estas relaciones se degradan, en cuanto el movimiento social sufre derrotas, se sienten las consecuencias en el orden universitario. Pero ste es un combate a dar, dentro y fuera de la universidad, puesto que tambin est la posibilidad de desarrollar canales no oficiales de educacin popular y organizada.

29 de diciembre del 2006
Publicado enSolidaritSn100

Notas

[1] En ingls en el original: asesino social.

[2] En ingls en el original: asesino social.

[3] Maitres en francs, presenta un juego de palabras, dado su doble significado de maestro y amo.

[4] El autor se refiere al concepto que el ltimo Althusser trata, ante la inminente crisis del marxismo, en textos como La corriente subterrnea del materialismo, donde recupera el valor de la contingencia y el lugar de la coyuntura en cierta tradicin materialista que va desde Epicuro hasta Maquiavello y Rousseau, y redefine la relacin entre historia y poltica, donde el acontecimiento poltico se sobrepone al aplastamiento del proceso histrico.

[5]Diamates la expresin abreviada de la interpretacin del materialismo dialctico canonizada por el estalinismo.

[6] Deep ecology en el original: corriente ecologista holstica y espiritualista que promueve la integracin plenamente armnica entre el ser humano y la naturaleza.

[7] El trmino lo usa Trotsky enLa Revolucin Permanente, para referirse a la la estrategia trazada por Lenin en susTesis de abrilde transformacin de la revolucin democrtico-burguesa en revolucin socialista en Rusia.

[8] El autor se refiere a Gilles Deleuze, quien se opone a la vana bsqueda del origen absoluto. VerDilogos, captulo segundo.

(*)Traducido del francs por Toms Callegari para el N 0 de Contra-Tiempos

http://www.democraciasocialista.org/?p=1997


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