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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-02-2014

Venezuela: una nueva leccin de democracia

Carlos Fernndez Liria
Rebelin


La complicidad de los medios de comunicacin espaoles con el golpismo venezolano no ha sido tan explcita y comprometida como en el 2002, pero s igualmente repugnante. Las mismas mentiras de siempre, los mismos tpicos, la misma basura. Pero, a m, lo que ms me llama la atencin es el silencio de los intelectuales ms mediticos sobre lo que me parece quizs el fenmeno ms impresionante de la historia de la democracia moderna. En Venezuela, desde 1999, ao en que Chvez asume la presidencia, la gente pobre ha ganado las elecciones diecisiete veces seguidas.

En el ao 2006, publiqu junto con Luis Alegre Zahonero, un libro titulado Comprender Venezuela. Pensar la democracia. La tesis fundamental que ah defendimos debi de parecer a muchos una exageracin retrica que no haba que tomarnos en cuenta. Sin embargo, hablbamos en serio. Defendamos que las victorias electorales de Chvez eran el acontecimiento poltico ms importante y ms interesante desde la revolucin francesa. Y as me lo sigue pareciendo. Desde el punto de vista del compromiso con los principios de la democracia y el estado de derecho, no tenemos un ejemplo semejante y, si tuvieran un poco de vergenza, todos los intelectuales que se reclaman demcratas y liberales tendran que haber permanecido boquiabiertos y admirados ante la belleza del proceso bolivariano. En toda la historia de la democracia, no haba ocurrido jams que los pobres ganaran las elecciones (diecisiete veces seguidas, adems) sin que semejante resultado electoral no fuera seguido de un golpe de Estado, una invasin o una guerra que diera al traste con el orden constitucional. Es verdad que los pobres muchas veces han votado masivamente a la derecha. Pero lo caracterstico del proceso bolivariano es que en esta ocasin votaron a la izquierda. Para decirlo ms exactamente: lo que no haba ocurrido nunca es que la oligarqua de un pas perdiera las elecciones y se viera obligada a seguir sometida al orden constitucional. Lo norma general en la historia de la democracia fue siempre muy distinta. En Espaa lo sabemos mejor que en ningn sitio: la ltima vez que la oligarqua perdi las elecciones lo pagamos con un golpe de Estado, una guerra civil, cuarenta aos de franquismo y millares de torturados y desaparecidos. En el libro en cuestin, repasbamos otros casos del siglo XX: Guatemala, 1944-1950 (la United Fruit Co financi 32 intentos de golpe de Estado contra el gobierno constitucional de Jos Arvalo); Guatemala, 1954 (invasin contra el gobierno constitucional de Jacobo Arbenz); Indonesia, 1965 (cerca de un milln de muertos para pagar el desliz electoral que haba dado la victoria a Sukarno); Brasil, 1964 (golpe contra el orden constitucional de Joao Goulart, que haba osado legislar sobre el salario mnimo); Chile, 1973 (golpe contra el orden constitucional presidido por Allende). En todos estos casos, la historia se repite: la oligarqua acepta la democracia mientras ganan aquellos que defienden sus intereses. Acaba con ella, en cuanto ganan los que los perjudican. La lista es instructiva: Irn, 1953; Repblica Dominicana, 1963; Hait, 1990; Hait, 2004; Bolivia, 1980; Rusia, 1993. En Nicaragua se pagaron con una guerra las dos victorias electorales sandinistas entre 1979 y 1990. En Colombia, se fue ms precavido: antes de que pudiera ganar las elecciones la Unin Patritica se asesin uno por uno a todos sus portavoces electorales.

En Europa, la historia de la democracia tampoco ha sido ms encomiable. No slo por los casos ms ortodoxos de Espaa en el 36, de Grecia en 1967 o de Rusia en 1993. El asunto es que el fascismo europeo no haba sido sino el ltimo recurso de la oligarqua para deshacerse de la democracia en el momento en que sta haca peligrar ms seriamente sus intereses. Y tras la segunda guerra mundial, tras una derrota del fascismo en la que los partidos comunistas haban tenido un papel protagonista, se restaur la democracia bajo la amenaza de la doctrina Truman, que haba advertido que EEUU invadira en caso de que las elecciones en Europa las ganaran los comunistas. Entre 1970 y 1980, la Red Gladio vigil sin escatimar medios terroristas de todo tipo que esta eventualidad no se hiciese realidad.

No voy a insistir ms en lo que no he parado de repetir tantas veces ya: bajo el capitalismo, ningn orden constitucional ha resistido el experimento electoral de daar los intereses de la oligarqua. Siempre que ha sido necesario elegir entre los intereses del capital y los intereses de la democracia, se ha dado al traste con la Constitucin, con el Parlamentarismo y con la democracia misma en general. El capitalismo es absolutamente incompatible con la democracia. Se respeta la democracia mientras ganan las derechas o los partidos de izquierdas que hacen polticas de derechas. En el momento en que no es as, se acab la democracia.

Por el momento, ha habido una excepcin gloriosa y admirable: Venezuela y la posterior revolucin bolivariana en Latinoamrica. Desde luego, se trata de una excepcin que confirma la regla, pues la amenaza golpista ha estado siempre ah y, adems, aplaudida y apoyada por los medios de comunicacin y las clases polticas europeas y estadounidenses. Pero la diferencia est en que el pueblo venezolano logr en abril del 2002 abortar un golpe de Estado y, desde entonces, no ha cesado de ganar elecciones sin que el golpismo haya podido remediarlo.

Leopoldo Lpez fue un golpista en el 2002, lo mismo que Capriles. Lo ms lgico en un orden constitucional es que hubieran acabado en la crcel. Pero la divisin de poderes venezolana les fue favorable en su momento, pues tambin haba mucho golpismo en el poder judicial. Paradjicamente, les salv el orden constitucional que ellos mismos haban asaltado. De nada vale hacerse ilusiones pensando que los equivalentes de Leopoldo o Capriles en cualquiera de nuestras celebradas democracias constitucionales estaran en la crcel. Eso es lo que nos gustara creer, pero no es as. La norma histrica es que los Leopoldos y Capriles siempre se las arreglaron para dar al traste con el orden constitucional cuando no les convino el resultado de las elecciones. La norma es que siempre ganaron ellos. Si en Venezuela no fue as fue gracias a la madurez revolucionaria de un pueblo comprometido, herico e inteligente, un pueblo que siempre ha sabido defender su democracia por va pacfica (pero armada) con admirable prudencia y sensatez.

Esta inslita y grandiosa excepcin se la debemos sin duda a Chvez y al pueblo venezolano. Diecisiete veces ya, la oligarqua golpista ha tenido que tragarse una victoria electoral en su contra. Nunca haba ocurrido algo as en la historia de la democracia. Faltan filsofos para pensar en ello! Esto s que es un acontecimiento de esos de los que habla Badiou todo el rato! Adems, en Venezuela hay algo que lo hace todava ms bello y herico. La derrota del golpismo es, sobre todo, una derrota del racismo. Porque, aunque hay muchos intereses econmicos en juego, hay que decir que a la oligarqua venezolana no le ha ido tan mal con la revolucin bolivariana, como prueba la existencia de una boliburguesa satisfecha. El problema fundamental yo creo que ha sido un problema racista. Lo que ha resultado intolerable para la oligarqua venezolana es que los que no paran de ganar elecciones son negros, mulatos, indios, mestizos, pobres... Por eso, a Chvez le llamaban el mono. Debe ser terrible contemplar que alguien al que llamas el mono, te gana las elecciones diez veces seguidas. Nunca los sans culottes haban ganado tantas veces y durante tanto tiempo. Y tan limpiamente: por va electoral.

La herencia ha sido impresionante. La victoria de Evo en Bolivia, Correa en Ecuador, Cristina en Argentina, Mgica en Uruguay... el mapa poltico latinoamericano ha cambiado por completo y nos seala un camino para plantar cara al neoliberalismo en Europa. Nunca hemos tenido por delante una experiencia ms interesante: la de lograr que el Estado de Derecho funcione al margen de la dictadura econmica capitalista. Nunca hemos tenido un espectculo ms bello: el de un pueblo que hace morder el polvo a la oligarqua por va electoral (sin matanzas, sin guerra, sin montar una carnicera y un estado de excepcin). Es lo ms parecido que hemos tenido en la historia a un verdadero Estado de Derecho. Todo lo contrario de lo que tenemos aqu, en Europa, donde llamamos Estado de Derecho a un modelo poltico en el que slo se respetan los resultados electorales mientras ganan las elecciones los que, de todos modos, ya tienen de antemano el poder econmico. Es pattico ver cmo, en plena dictadura de los banqueros, los medios de comunicacin europeos an se atreven a dar lecciones de democracia.

En todo caso, ah est el pueblo venezolano para recordarnos que, pese a todo, la democracia es posible y que la apuesta por el Estado de Derecho merece la pena.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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