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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-04-2014

De la representacin poltica, el socialismo y la libertad de los antiguos

Carles M. Masip
Rebelin


En el siglo XIX, B. Constant propona la existencia de dos tipos de libertad. La primera de ellas, la libertad de los antiguos, situada histricamente en las sociedades de la Antigedad Clsica, consista en la participacin activa y continua en el poder colectivo1 por parte de la ciudadana. La parte que cada cual tena en la soberana nacional, no era () un supuesto abstracto. La voluntad de cada uno tena una influencia real2 era aquello que caracterizaba por lo menos formalmente la vida poltica, a travs de la deliberacin pblica de los asuntos de inters general. El segundo tipo de libertad, era aquella que corresponda segn el criterio del autor, corroborado histricamente a las sociedades capitalistas, caractersticas a partir de la revolucin francesa y cuyo sistema poltico predominante ha sido el liberalismo, hasta el punto de confundirse capitalismo y liberalismo como un nico concepto. Esta libertad, la libertad de los modernos, consista y ha consistido en un sistema representativo [de] poder otorgado a un determinado nmero de personas por la masa del pueblo, que quiere que sus intereses sean defendidos y que sin embargo no tiene tiempo de defenderlos siempre por s mismas3, por la cual, el papel principal de la ciudadana sera el disfrute de la independencia privada y () la bsqueda de nuestros intereses particulares4. En otras palabras: la preocupacin principal de la ciudadana el conjunto de la poblacin de un Estado dado debera y debe consistir en la satisfaccin de sus aspiraciones privadas, que no son otra cosa que su vida econmica y, de manera instrumental, de su vida personal.

En esta propuesta o seguramente constatacin temprana sobre lo que deba ser el sistema poltico caracterstico de las sociedades propias del capitalismo, podemos encontrar dos realidades empricamente demostrables, as como un elemento totalmente ausente, imprescindible para cualquier anlisis serio en trminos resolutivos sobre la sociedad capitalista. El principal error de Constant previsiblemente deliberado es la analoga que realiza entre el concepto de ciudadana propio de las sociedades de la antigedad y las sociedades propias de la poca contempornea. La analoga resulta imposible, porque elimina de su anlisis cualquier mencin a la divisin de la sociedad en diferentes clases sociales. Tomando la parte por el todo, olvida que la ciudadana, tal y como estaba constituida en la sociedad clsica, representaba en s misma una clase social o, por lo menos, un estamento diferenciada de las dems existentes, tales como las mujeres, los no ciudadanos, los hombres libres o los esclavos5, mientras que en las sociedades del capitalismo, por lo menos y de manera generalizada con el transcurso de la historia, la ciudadana es un concepto bajo el que se integran la prctica totalidad de los miembros que permanecen de manera ms o menos estable bajo la tutela del Estado. Por este motivo, la libertad de los modernos nunca podr ser una concepcin vlida para la resolucin de los problemas de las sociedades contemporneas, puesto que obvia el elemento central que las caracteriza. En cualquier caso, este ensayo sobre la libertad, nos sirve para constatar que, como afirmaba el autor 1) A pesar de los espectaculares avances cientfico-tecnolgicos acaecidos en los siglos XIX y XX, estos no han repercutido necesariamente en la reduccin de la jornada laboral de la mayora de la poblacin y el aumento del tiempo libre de sta, por lo que una de las premisas de la libertad de los modernos, la ausencia de tiempo libre para la dedicacin colectiva a los asuntos pblicos, sigue vigente, de lo que se deriva 2) La sociedad capitalista, en su formacin poltica ms genuina, el liberalismo poltico, sigue dividida entre una gran mayora de ciudadanos sin tiempo para participar en las deliberaciones polticas y, una clase poltica que, en representacin del conjunto de la ciudadana, se dedica profesionalmente y a tiempo completo a los asuntos pblicos.

El sistema poltico que se deriva de esta realidad, comnmente llamado sistema representativo o democracia representativa, se encuentra actualmente en franca bancarrota debido a la escisin social existente por la diferenciacin entre representantes y representados que el capitalismo ha sido incapaz de resolver y que est poniendo en tela de juicio por lo menos en muchos pases de gran tradicin democrtica la esencia misma y los pilares bsicos de la democracia liberal y sus parmetros de legitimacin, representacin y consenso que, histricamente, haban funcionado con cierto xito.

Esta realidad ha supuesto en los pases capitalistas con modelos de democracia representativa ms o menos profundos, una perpetuacin de la dominacin por parte de la burguesa sobre las dems clases sociales, especialmente sobre la clase obrera, puesto que su posicin inicial en los procesos de legitimacin poltica fundamentalmente en el plano electoral siempre ha sido y ser incomparablemente ms ventajosa, entre otras circunstancias, por su potencial econmico derivado de la extraccin de plusvala al trabajador, su independencia personal y su falta de necesidad de trabajar, es decir, de su tiempo libre. No hay que ser un observador especialmente agudo para comprobar, por ejemplo en el caso de Espaa6, cmo innumerables empresarios dan el salto del mundo de la empresa privada a la poltica y viceversa, precisamente gracias a esa independencia a la que hacamos referencia y a su falta de necesidad de acudir a un puesto de trabajo para percibir un salario como medio fundamental de subsistencia. Por el contrario, los miembros de las clases subalternas de cualquier sistema capitalista, particularmente los asalariados, encuentran los que estn predispuestos a ello tremendas dificultades para participar en la vida poltica, puesto que deben la totalidad de su existencia al trabajo, que es el nico elemento que les provee de lo necesario para sufragar sus necesidades materiales y espirituales. Igualmente, las condiciones laborales bajo las que se encuentra, son las que marcan su existencia social ms all de los lmites de la empresa, con evidentes limitaciones como son, por ejemplo, los horarios, generalmente preestablecidos y con estrechos mrgenes de modificacin y adaptacin. Seguramente, nadie pueda imaginar a una recepcionista de un hotel, un camarero de un restaurante o un pen de una fbrica de automviles, acudiendo al jefe o al director de recursos humanos de la empresa, solicitndole flexibilidad horaria o exencin de horas que en cualquiera de los casos, dejara de cobrar, suponiendo igualmente un problema para poder participar en una reunin del partido poltico de turno o en una asamblea de la asociacin de vecinos de su barrio, por poner cualquier ejemplo.

Histricamente, y conforme el sistema capitalista iba desarrollndose y la clase obrera tomando consciencia de sus propios intereses, los trabajadores han buscado frmulas para mejorar su participacin y representacin dentro de los marcos representativos del Estado. De esta necesidad de hacer sentir su propia voz, de manera independiente de la burguesa, surgieron algunas de las primeras reivindicaciones obreras bsicas como la reduccin de la jornada laboral o la remuneracin econmica por el ejercicio de cargos de representacin institucional conquista que vuelve a encontrarse en el punto de mira, cuando no directamente eliminada, como en el caso de Castilla-La Mancha, como mejoras en la posicin de los trabajadores para participar de la toma de decisiones y la vida poltica en general, recortando as distancias con unas clases pudientes abismalmente ms aventajadas para dedicarse en exclusividad o, por lo menos, con muchas mayores facilidades, a la vida social y poltica.

Sin tener aqu en consideracin el carcter del trabajo en el rgimen de produccin capitalista, donde el trabajador, segn P. Lafargue, est entregado en cuerpo y alma al vicio del trabajo, contribuyendo con esto a precipitar la sociedad entera en esas crisis industriales de sobreproduccin que trastornan el organismo social7, nosotros queremos centrarnos en cul ha sido la situacin de la clase obrera en relacin con la libertad de los antiguos y la libertad de los modernos, en las experiencias de construccin socialista realizadas durante el siglo XX, particularmente en la Unin Sovitica, que fue la base y referencia de los dems regmenes del socialismo real de Europa del Este8. No es el objeto de este trabajo analizar cules fueron las conquistas materiales de la clase obrera en los pases socialistas, aunque no cabe duda que stas no fueron pocas. En este sentido, los pases socialistas consiguieron el pleno empleo, mientras las sociedades capitalistas con la excepcin de los pases del capitalismo central durante la edad de oro del tercer cuarto del siglo XX generaban sin remedio grandes masas de trabajadores que engrosaban el ejrcito de reserva, que ya haba caracterizado K. Marx en el siglo XIX. Tambin es innegable que los ciudadanos de la URSS y los pases del socialismo real conquistaron amplios derechos econmicos y sociales, tales como una educacin y una sanidad universales y gratuitas, estabilidad laboral y salarial, amplio acceso a la cultura, etc., particularmente destacables si tenemos en cuenta la realidad anterior de esos pases, caracterizados generalmente por un gran atraso con respecto a los pases del capitalismo occidental y con unas masas sumidas en la ms absoluta miseria. Sera arriesgado y polmico intentar enumerar cules han sido o deberan ser los objetivos concretos de la clase obrera en su lucha por el socialismo, pero podemos afirmar sin temor a equivocarnos que, entre ellos, est la construccin de una sociedad sin clases o, por lo menos, de una sociedad en que todos sus miembros estn en igual capacidad y cuenten con las mismas oportunidades en la vida social y, por lo tanto, tambin en la vida poltica. De ah las archiconocidas consignas de cada cual, segn sus capacidades; a cada cual segn sus necesidades9 o ni en dioses, reyes y tribunos, est el supremo salvador, particularmente interesante en relacin con la cuestin de la representacin en el marco de la construccin socialista.

En consecuencia, no tiene sentido hablar de la libertad de los modernos en el marco de una sociedad socialista, ya que su premisa bsica es la escisin de la sociedad en dos cuerpos distintos. Por un lado, el cuerpo de los representantes, que ya no requieren del trabajo manual para su subsistencia, mientras que los representados necesitan todava de su trabajo para mantenerse con vida y satisfacer sus necesidades, lo que constituye una quiebra de la pretendida igualdad que no igualitarismo que constituye la caracterstica central del socialismo. Por lo tanto, la conclusin lgica, sera que la libertad de los antiguos debera ser el tipo de libertad caracterstica del socialismo. Muchas voces se han alzado por la consecucin de este tipo de libertad en los pases capitalistas, particularmente del capitalismo occidental, desde la irrupcin de los nuevos movimientos sociales a partir de los aos sesenta. Estas voces, abogan por convertir la democracia representativa en democracia participativa, es decir, una sociedad donde la diferenciacin entre representantes y representados quedara abolida o paliada por la participacin activa y en igualdad de condiciones en los asuntos pblicos de los diferentes miembros de la sociedad. Pero la democracia participativa tiene un problema en el capitalismo: la existencia de las clases sociales y, por lo tanto, la desigualdad en trminos de tiempo libre de los diferentes miembros del cuerpo social. La instauracin de un modelo de democracia participativa bajo condiciones de produccin y distribucin capitalistas, no sera ms que un nuevo artificio de legitimidad poltica, en el que los trabajadores seguiran dedicando la mayor parte de su tiempo vital al trabajo asalariado, mientras las clases parasitarias y ms acomodadas, coparan nuevamente los espacios de deliberacin y decisin poltica.

Por lo tanto, y partiendo de la premisa que la libertad de los modernos es incompatible con el socialismo como lo es al capitalismo la libertad de los antiguos, podemos afirmar que las experiencias socialistas del siglo XX se regan por la libertad de los antiguos? La respuesta, evidentemente, es que no. La Unin Sovitica a la que tomaremos a partir de ahora como nica referencia, desarroll un extenso entramado institucional, tanto para el Estado como para el partido que a menudo se confundan entre s, caracterizado por un modelo representativo que, incluso en ocasiones, apelaba a valores clsicos de la democracia liberal, como la eleccin de representantes a travs del sufragio universal y secreto o el establecimiento de cmaras de diputados tanto congreso como senado a nivel nacional con arreglo a criterios territoriales. El socialismo proclam el poder de la clase obrera con la consecuente eliminacin de la burguesa como clase social, que efectivamente se realiz, puesto que en la Unin Sovitica, por lo menos durante la mayor parte de su existencia, sta no exista pero

El propsito del socialismo, no consiste solamente en proclamar el poder del pueblo trabajador, sino en dar al pueblo trabajador la posibilidad real y prctica de ejercer ese poder. Si un trabajador debe pasar ocho horas frente a las mquinas y puede participar en la gestin del Estado slo terminada su jornada laboral, cuando ya las puertas de los Soviets y de Comits Ejecutivos, Comits de Partido distritales y municipales estn cerradas, entonces el poder popular es solo un trmino proclamado. Ah nos queda slo esperar que el aparato de funcionarios pblicos contratados (por alguna razn) no acte en su propio beneficio, sino en inters de la clase trabajadora y de la sociedad en general.10

Este fragmento, escrito por un autor nada sospechoso de heterodoxia en el campo del marxismo, sita brillantemente el principal problema que encontr la construccin socialista en el marco de su estructuracin poltica. En la Unin Sovitica, la jornada laboral nunca se vio reducida ms all de las ocho horas diarias, por lo que la compatibilizacin de la vida laboral con la participacin directa en los asuntos pblicos, nunca fue ms posible para un trabajador sovitico de lo que lo fue por lo menos hablando de participacin en abstracto, sin considerar la incidencia ideolgica de su clase sobre las decisiones institucionales, claramente diferente entre los sistemas socialistas y capitalistas para un trabajador alemn o estadounidense. La argumentacin habitual contra esta crtica, sera sacar a colacin y seguramente con parte de razn la necesidad del poder sovitico de desarrollar rpidamente la totalidad de las fuerzas productivas del pas para defenderse del cerco capitalista, para despus competir e incluso intentar superar el potencial econmico del mundo capitalista, en algo que acabara llamndose la emulacin socialista. El problema de esta dinmica consistente en desatar las fuerzas productivas en un intento de competir en cuanto a resultados econmicos con el capitalismo, es que no tomaba en consideracin la distinta naturaleza de los dos sistemas sociales, sin entender que un sistema comprometido en la satisfaccin de las necesidades de todos sus miembros por igual, nunca podr competir en pie de igualdad con un sistema que explota sus propias capacidades de desarrollo a costa de la miseria de su propia poblacin, el expolio, la rapia internacional y la guerra.

Si tomamos como vlido todo lo expuesto anteriormente, nos inclinaremos a aceptar que uno de los principales problemas de la construccin socialista en el siglo XX, fue precisamente su incapacidad de superar la dicotoma entre representantes y representados, generando adems una clase de burcratas que, con el paso del tiempo, ya ni siquiera deban sentirse como representantes de la clase obrera como no se sienten representantes de nadie muchos funcionarios en el sistema capitalista, sino simplemente como funcionarios del Estado en el que les haba tocado nacer, que casualmente era socialista.

Si queremos que las prximas experiencias socialistas culminen en un xito definitivo, tenemos que plantear y solucionar la cuestin de la participacin de los trabajadores en el proceso de su poder () no desde el punto de vista idealista, sino materialista. No basta con convocar a los trabajadores a participar en la gestin del Estado, sino que, primeramente, es necesario asegurar que tengan tiempo para ello11. Por lo tanto, es necesario que los trabajadores reivindiquen definitivamente el viejo sueo de el derecho a la pereza, la reduccin constante de su jornada laboral, como elemento central que les permitir gozar de tiempo libre para ser partcipes de su propio poder en el socialismo, no solamente de manera formal, sino real, participando aquellos que as lo quieran en todos los procesos de toma de decisiones, de manera democrtica.

Notas:

1 Constant, Benjamin, Escritos polticos. Madrid: Centro de Estudios Constitucionales, 1989, pp. 267-268.

2 Ibdem, p. 268.

3 Ibdem, p. 282.

4 Ibdem, p. 282-283.

5 Los ciudadanos [en Atenas] eran verdaderos nobles, que no deban ocuparse ms que de la defensa y de la administracin de la comunidad, como los guerreros salvajes de los cuales descendan. Debiendo tener todo su tiempo libre para velar con su fuerza intelectual y corporal por los intereses de la Repblica, encargaban todo trabajo a los esclavos. Herdoto cit. por Lafargue, Paul, El derecho a la pereza [en lnea]. 1848. [Consulta: 31 de marzo 2014].

6 El caso del actual gobierno espaol es especialmente significativo, cuando la mayora de sus ministros son destacados empresarios en diferentes sectores econmicos del pas.

7 Lafargue, Paul, El derecho a la pereza [en lnea]. 1848, pp. 11-12 [Consulta: 31 de marzo 2014].

8 Por pases de socialismo real, nos referimos a todos aquellos Estados que instauraron el socialismo con anterioridad a 1949, a excepcin de la URSS y Mongolia. Entre ellos encontramos a Polonia, la Repblica Democrtica Alemana, Checoslovaquia, Rumania, Bulgaria, Hungra, Albania y, en menor medida, ya que rompi con el resto del mundo comunista en 1948, a Yugoslavia.

9 Marx, Karl, Crtica al Programa de Gotha. Pekn: Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1979.

10 Popov, Mikhail V., Cambio del carcter de la produccin en el proceso de construccin y desarrollo del socialismo. En: Revista Comunista Internacional. Partido Comunista de los Pueblos de Espaa, 2011, n 2, pp. 103-104.

11 Popov, Mikhail V., Cambio, op. cit., p. 104.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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