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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-04-2014

Espaa va mal... muy mal

Antonio Martnez Lpez
Rebelin


Con el permiso de ustedes, quisiera empezar este artculo en un estilo muy directo y provocador: Espaa va mal, muy mal y la culpa de esto no es de slo de unos seores banqueros o polticos de derecha, de ultraderecha, etc. Como queremos muchas veces cuando tenemos veinte aos y ms ansias de saber y de hablar que de escuchar y aprender, y sobre todo de comprender, de comprender a los otros. La culpa, si existe, es de todos, sobre todo de aquellos ciudadanos, que confundidos por el ruido de los rumores y la ignorancia de los hechos que provocan los medios de comunicacin, descuidan el cuidado de sus vecinos, sean de la religin que sean, vengan del pas que vengan, duerman en sus casas o en los soportales de las catedrales y en los espacios pblicos, que son, como tal, de todos, y tambin fundamentalmente, de ellos.

El motivo de este artculo es dar cuenta de un hecho que sucedi en Granada hace unas dos semanas y que conoc a travs de un peridico local. En reunin con autoridades polticas locales, y fundamentalmente con el Alcalde de dicha Ciudad donde habito, varias asociaciones de vecinos del centro histrico y comercial de la ciudad, pedan al alcalde la toma de medidas para buscar, y cito palabras literales de los asistentes, tal y como lo reproduca el peridico: una solucin global para las personas indigentes que comen, duermen, piden y descansan en esas calles preciosas de Granada. Como ciudadano que he ledo ms libros que visto partidos de ftbol, la expresin solucin global, entiendo que fruto de la previsible ignorancia de los que la formularon, me produjo fuertes retortijones de estmago durante todo ese da, en el que escrib a grandes rasgos estas palabras. Puesto que en Espaa, como dice el gran escritor murciano, Arturo Prez Reverte, no cabe ni un tonto ms, creo que la forma en la que debemos leer, o la que yo uso para leer la degradacin del tejido social y de la cohesin en nuestro pas, es la del dilogo, la del reconocimiento del otro, sea quien fuere, y la del escrupuloso respeto a los derechos humanos, a la vida, a la libertad, a la integridad fsica. Todos ellos a preservar e incluso a cultivar para salir ms fuertes y democrticos de esta terrible crisis moral y poltica en la que estamos inmersos, que lo es mucho menos y en tercer o cuarto lugar econmica. Por lo tanto, el tono, como siempre ha sido el mo en mis artculos de opinin, y en todo lo que escribo es el de la llamada a la paz, a la convivencia intercultural, a la democracia al dilogo, y quizs al silencio de los menos informados de nuestra catica Espaa, por desgracia muchas veces los que ms cuota de micro tienen.

Creo que nuestra obligacin como ciudadanos, y quizs especialmente, entre el colectivo de docentes universitarios al que pertenezco, es la de comprender como lo llama Pierre Bourdieu, Reflexionar que lo han llamado miles de filsofos a lo largo de la historia, aunque las ingenieras de la construccin de discursos lo llamen reflexividad nos entendemos. Las ciencias sociales tienen como misin legtima y necesaria, el arrojar luz sobre los hechos sociales, y el ponerla a la disposicin de los actores para racionalizar sus acciones, por lo tanto para humanizarlas, porque razn y revolucin (Herbert Marcuse) de la vida cotidiana son las claves para la forja de un mundo mejor, no slo posible, sino necesario este est ya muerto y bien muerto, aunque siga dando coletazos de zombies por todas las plazas y esquinas de nuestro castigado pas.

Sealar dos cuestiones que me parecen de extrema urgencia para comprender la degradacin acelarada del andamiaje institucional de nuestro pas (cuyo caso concreto en Granada que aqu relato funciona bien como indicador local de un proceso global, nacional), y lo que realmente me interesa: la destruccin de los pequeos puentes de solidaridad social que quedaban entre ricos y pobres, entre comerciantes y mendigos, entre jvenes y sus ms mayores: la sociedad se est pudriendo y la gangrena parece ser imparable, ya no s qu rgano tendrn los sanadores que amputar En concreto, desde la ciudad que escribo, Granada, la aparicin de desheredados de la clase media, venidos de trabajadores a desahuciados por mor de la inteligencia colectiva de nuestra clase poltica, ha comenzado a plantear serios conflictos en la ciudad, que estn siendo ocultados por otras noticias ms urgentes. Quizs ese sea el principal sntoma de la sociedad-cloaca de estos ltimos aos que lo urgente desplaza sistemticamente a lo importante que los medios de comunicacin de masas, se doblegan ante no se sabe qu poderes, porque el poder vienen a ser ellos mismos, y pretenden ocultar un escndalo local en cada ciudad, con una quimera global que colocan en primeras planas de sus peridicos, o en las televisiones, especialmente en estas ltimas.

Esa enorme cantidad de violencia simblica en ejercicio, permanentemente en marcha, como una tienda 24 horas, no hace ms que, por lo que percibo de la propia gente con la que hablo, crear un clima de pnico general larvado que azuza las mismas causas de la enfermedad, y parece estar mandando al limbo las enormes posibilidades de recuperar la sensatez en este pas, de recuperar la calma, de llamar a cada cosa por su nombre, y de ir en paz. Como muy bien sealan desde hace mil aos los prrocos al final de sus sermones. Conviene ir en paz, y conviene quedar en paz, si se es vagabundo, al menos que se les deje en paz en las calles que hemos llenado de personas con la alegra del crdito inmobiliario de los noventa.

En tiempos de guerra global (esperemos que quede slo en econmica, que seguro que queda slo en eso, las personas siempre reaccionamos a tiempo), y ms en un pas que ha sufrido la peor de las guerras, eso aprend de mis abuelos y creo que eso debe de motivar nuestro trabajo en las instituciones y en la vida, aprender a respetar al otro, y especialmente si est peor que nosotros, porque las respuestas al desconcierto de los unos, las tienen siempre los otros, y si los comerciantes de los centros de las grandes ciudades estn desconcertados porque sus balances no cuadran no deberan de buscar en la calle, en los inmigrantes, en los vagabundos, en las mujeres solas sin hogar, en las familias sin casa pero con nios que estn haciendo de la calle su casa; no debera de buscar ah al enemigo, por una razn no ya moral, sino de sentido comn: ah no est no sean ustedes tercos

Para ilustrar este proceso, que creo global en Espaa, puesto que he podido ver de lejos conatos de linchamiento simblico y hasta fsico, de inmigrantes, de vagabundos, de madres solas sin hijos, de homosexuales an hoy s a tropetecientos de Abril de 2014. La estupidez humana no tiene fecha de caducidad, como los yogures que ahora la Unin Europea quiere estirar para que su mercado capitalista llegue hasta la boca de los nios desesperados de los inmigrantes, de los gitanos, de los albailes en paro...

Qu vergenza!, qu alegra no tener biografa ni trayectoria poltica alguna, cuanto subnormal suelto en este pas de gentes honradas que han trabajado ms con las manos que con la cabeza que cayeron en un par de dcadas, que camos, todos en la trampa de regir ms con el estmago que con el corazn De aquel Boom vienen estos escombros.

Voy a dar paso al relato del episodio concreto que he adelantado, de conato de alzamiento de los menos pobres de la Ciudad de Granada, contra los ms pobres habitantes de la misma, que llenan, verdad es, las cntricas plazas con sus biografas derrotadas por el pavimento. Sentados, a veces solos, las ms de las veces en grupos de tres, seis, ocho personas, pero en mucha menor cantidad de lo que podemos ver en Madrid, por poner un ejemplo, parece ser que su presencia no es grata para un minsculo sector de la poblacin Granadina hecha a los buenos tejidos para el cuerpo, y al buen yantar y libar para sus almas, desbordados en su necesidad de limosnear (dar limosna), suelen ser generosos, dicha exigua minora: hasta el tercer pobre, y la tercera moneda por semana, ah ya se ven desbordados, y claro la situacin les desborda completamente, me parece a m. Los pobres estn eligiendo, entiendo, como los mismos ricos, los centros de las ciudades para comerse y beberse sus cuatrocientos euros de miseria que han heredado por derecho propio del boom de la construccin y la hamburguesa de vaca loca. Como me deca literalmente un seor de unos cincuenta aos, carpintero de profesin, de Sevilla, que prefiere la ciudad hermana de Granada para vivir en la calle, ante completa falta de alternativa poltica, y ante la parlisis cerebral y coronaria de los polticos espaoles al pleno: yo mis cuatrocientos euros me los gasto donde me da la gana, y a m me gusta el centro, porque est limpio, y hay gente, y hay jvenes que se paran y hablan conmigo, como t. En el fondo, este sector econmico de la ciudad que rechaza la pobreza visible en sus barrios, pero alienta la pobreza general con su descualificacin y su voraz necesidad de crecientes beneficios en un contexto estructural de cada de los mismos, no ha entendido, no ha comprendido lo esencial: los pobres moradores de las calles de Granada, de Andaluca y de Espaa, son los consumidores de una sociedad de consumo post-boom como la nuestra. Es que creo que es lo que hay no hay ms, nadie tiene dinero para acudir a sus tiendas a comprar impecables vestidos de novia por tres mil euros, y la gente sigue casndose o arrejuntndose como graciosamente dicen los granadinos. La gente sigue paseando por el centro, pero en lugar de ir cada noche al cine, van muy de tarde en tarde, porque el IVA de la cultura los est dejando kao y quizs le estn tomando el gusto a la llana conversacin. Todo est cambiando mucho, y muy deprisa, por eso conviene no pretender una rpida restauracin del boom anterior, puede que se haya ido de por vida al infierno del que nunca debi salir. Las gentes son sabias, necesitan tiempo para encarrilar la historia, esta crisis parece un llamamiento a la calma de los ms listos y el dar una oportunidad a las gente comunes, siempre menos ledas pero menos crueles que las primeras. Historia ensea, por mucho que nos la oculten todos la tenemos, todos la sabemos, y todos la sufrimos.

Por lo tanto traslado a la opinin popular el hecho que conoc hace unos quince das, en Granada, a travs de un artculo de peridico que informaba sobre la reunin habida en Junta de distrito Centro, entre diferentes asociaciones vecinales, y especialmente asociaciones de comerciantes del centro de la preciosa ciudad, y que supuso un epicentro para mi atencin sobre los problemas graves de interculturalidad e inter-clasificacin econmica que pueden estar creciendo en Granada, y posiblemente en muchas ciudades de Espaa.

 

 

Por lo que se desprenda de dicho artculo, que nos traslada una reunin entre asociaciones de vecinos con intereses comerciales y autoridades polticas sociales, ciudadanos y posibles representantes de otros ciudadanos en esos barrios bien privilegiados, trasladaron por ensima vez (as lo dice el artculo de prensa literalmente), un malestar profundo que arrastran por la existencia de personas sin hogar que afean sus lindas calles y reducen las ratios de competitividad de sus muy legales negocios. Ese es el hondo sentir y la indignacin de las buenas gentes del Realejo, de Sagrario Centro, y del Barrio Fgares, ante la desgracia y el hambre que est padeciendo un nmero considerable de personas en esta ciudad?

En Granada, como quizs est pasando en muchas otras ciudades, y como socilogo estoy seguro de que as es: Qu es lo que exactamente le estn pidiendo al Seor Alcalde de todos los Granadinos, a quien he saludado y con el que he hablado en alguna ocasin, y me parece hombre cabal, y con corazn con mucho ms corazn de lo que a lo mejor se han pensado los fariseos (entiendo que muy pocos) cuando le piden al seor Alcalde, y cito literalmente el texto del artculo: Una solucin global, porque el futuro mercado (se refiere al Mercado de San Agustn), no har sino que se trasladen a la plaza de los lobos. Qu es lo que le estn pidiendo exactamente estos honestos ciudadanos, quizs confundidos, pero gentes de bien y democrticas, intachables padres y madres de familia y pagadores de sus impuestos municipales? Qu es lo que piden exactamente, porque vive Dios que le da uno vueltas, y no lo entiende, creo que nadie lo ha entendido, y menos puede entenderlo un Alcalde de todos los Granadinos, que tiene que velar por el cumplimiento de la ley, de la seguridad y del bien comn?

Insisto, hasta donde sabemos, nadie ha dicho que estas personas que los vecinos asociados llaman indigentes, hayan cometido delito alguno. La polica no tiene a ciudadanos desahuciados como colectivo de persecucin, porque como profesor de Policas que tambin he sido, y como amigo de muchos de ellos, me consta que estn inmersos en tareas mucho ms relevantes para garantizar una seguridad en nuestras calles, y para que oriundos y turistas disfruten de una de las ciudades ms hospitalarias de la ribera mediterrnea Por favor, y me permiten un taco no nos la caguen con peticiones sin sentido que pueden llegar a interpretarse como propuestas de muy feo olor democrtico

Dicen gentes sabias que en pocas de turbulencia es conveniente, 1) no perder la calma, 2) cuidar bien la cartera, para que no te la roben Pero para eso es bien conveniente saber quin te roba y quien no te roba y los indigentes son mendigos, no son ladrones, al que robe, lo pilla la polica y le aplica la ley como a todo hijo de vecino. No vayamos tambin a caer en la auto-argumentacin de que se vive muy bien en la calle sin trabajar. NOOOOOO, NO Y NO se vive muy mal en la calle sin trabajar. Y no se vive igual en el Centro que en Almanjyar (un barrio marginalizado donde reside un porcentaje muy mayoritario de poblacin gitana desempleada en la actualidad, junto con poblacin inmigrante en idnticas situaciones, adems de parados payos y tambin otras familias que s que han conservado sus empleos), a los que as lo digan, slo tengo que sealarles la existencia de sus GPS: pongan ustedes en el localizador el nombre de Plaza Rey Badis, por ejemplo. Anden tranquilos, ustedes tienen barrios mucho ms cuidados, menos deteriorados y donde se vive mucho mejor, incluso en esta terrible crisis. Eso tambin se puede fotografiar, las familias gitanas, payas, de ciudadanos procedentes de Africa que ah viven, de otros lugares de Europa tambin, no muerden solo le atacan al pan cuando pasa por sus mesas, y a las galletas de Critas y de la Cruz Roja. No hay que tenerles miedo en mi opinin, sino ms bien ser conscientes de que son ciudadanos que viven en nuestra misma ciudad, en barrios menos favorecidos. Puede ser esta una lectura al menos tan equilibrada sobre las desigualdades en la ciudad, como la que se dio en la Reunin del Distrito Centro? No lo s, a m lo que me gusta es justamente formular preguntas, y escuchar a todas las partes ese es el oficio de un docente, dar una visin amplia del mundo, con todo lo que contiene porque es lo que hay, la verdad porque aunque nos hayamos confundido, la verdad no atiende a nuestros argumentos, la verdad existe y parece ser tozuda.

La gran mayora de los habitantes del centro de Granada, de los barrios en nombre de los cules estas asociaciones han entonado su fariseo lamento, alimentan, cuidan, y hablan con estos seres humanos cados en desgracia, porque el andaluz es humanitario y justo, como todos los pueblos trabajadores de la tierra, no envilecidos por el agridulce repique de la caja registradora Esos inmensos vecinos, que son la inmensidad, les ayudan con alimentos y conversacin en unos casos, tambin les ayudan con limosna en otros. No se confundan esas minoras despistadas con los habitantes menos favorecidos de los centros de nuestras ciudades, como Granada. Los pobres de hoy no son ni indigentes, ni listos, ni tontos, ni blancos ni negros. Son una parte no desdeable, por desgracia, de un cruel experimento histrico de las clases polticas neoliberales europeas: ensayar el sostenimiento con respiracin asistida de un capitalismo de consumo sin consumidores. Eso va a salir mal, mejor es dejarlo cuanto antes y ponernos a trabajar ms y a consumir menos, es la mejor de las vas para darle la vuelta a esta tortilla que se quema por momentos.

Por Ejemplo, en el caso de Granada, si lo pensamos bien, y si no perdemos la calma, ni perdemos la cabeza, y actuamos con el rgano que ms vitalidad ha mostrado en esta ciudad a lo largo de su hermosa historia: el corazn hasta podramos vivir mejor pasada la crisis que antes de la crisis. Me explico En un mundo convulso como el actual, con graves conflictos religiosos en ciudades consideradas ms civilizadas que las nuestras, con problemas como el de Ukrania, con algunas docenas de guerras entre personas de religiones y credos econmicos, polticos, morales, culturales, diferentes nosotros an podemos presumir de que en esta ciudad se acoge a jvenes en una de las ms antiguas y mejores universidades de Europa, se acoge a inmigrantes y se les ha tratado y se trata con respeto, de acuerdo con la multiculturalidad, incluso la interculturalidad que las generaciones ms jvenes ya estn ensayando, se acoge con hospitalidad histrica y casi proverbial a personas de orientacin sexual de toda condicin a turistas de clase alta econmica, y de clases medias, y hasta turistas ms pobres, todos ellos forman un paquete en el que nadie que se dedica al turismo puede acometer una seleccin natural de los ricos para evitar los pobres. Como bien explicaron en su momento Zigmun Bauman, y tambin Alain Touraine, dos magnficos socilogos Europeos, detrs del ingls rico, llegan los ingleses menos afortunados que son sus primos, y no pasa nada, as sucede en Orgiva, una de las pequeas ciudades ms queridas por los ingleses y ms amadas por su modelo muy tolerante, abierto, comprensivo y actual, de multiculturalidad.

Y creo que lo que vale para Granada, vale para el resto de ciudades, seamos ciudades de la paz, de la convivencia, de la palabra no soy yo quien, para como el gigante Gabriel Celaya, pedir la Paz y la palabra, pero s al menos, como cualquier ciudadano preocupado en hacer una ciudad mejor: puedo y debo pedir un favor a todos nosotros: si no somos capaces de poner a banqueros, propietarios y desahuciados de acuerdo en un nuevo pacto social por la vivienda y el empleo digno y de calidad, que debera de implicar a todos y cada uno de nosotros, dejemos al menos vivir en paz a los pobres que hacen de la calle casa, que vivan, como quiere la ley democrtica, donde les d la gana, en el centro, en las afueras, en el interior o en la costa, que pidan lo que tengan que pedir, porque millones de ciudadanos annimos les suministran lo que pueden y eso permite que Espaa no aparezca en los medios, como una marca que va mal aunque vaya. Mantengamos la honestidad y la decencia, mientras vuelve el dinero, quizs nos encontremos con un regalo inesperado de la crisis: volver menos dinero del que se ha ido, pero aparecer ms humanidad que la que rega hace diez aos. Hemos salido de otras peores, y de esta vamos a salir, siendo mejores, multiculturales, solidarios y reconstruyendo la armona de nuestras ciudades que no van a ser engullidas por el insaciable apetito de los amos locos de la cartera de Wall Street, y los ladrones del corazn del pueblo situados en pequeos puestos de mercachifles en los centros de la ciudad. Si necesitan ms dinero del que ganan en una sociedad de consumo sin consumidores, siempre queda la salida, en una sociedad democrtica, de irse al paraso de las oportunidades a los EEUU, all dicen que ros de leche y miel corren por ciudades como Miami, Detroit, Los ngeles, aqu somos ms tontos que ellos, y queremos conformarnos con lo que tenemos pero nada menos, sino la paz y la convivencia.

Antonio Martnez Lpez es Profesor de Sociologa en la Universidad de Granada

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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