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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-05-2014

Padura, la literatura, el compromiso

Guillermo Rodrguez Rivera
Segunda Cita


Cuando impugn el otorgamiento del Premio Nacional de Literatura a Leonardo Padura y afirm que Eduardo Heras Len debi recibirlo antes que l, crea y creo que la cuentstica del Chino representaba un momento de la pica de la Revolucin Cubana comenzante: pasarla por alto para premiar en su lugar una obra mucho ms reciente implicaba olvidarnos de un momento esencial de nuestra literatura e incluso, de nuestra historia misma. Escrib entonces lo repito ahora, que ello no implicaba desconocimiento o subvaloracin de la obra narrativa de Padura ni, mucho menos, algn conflicto personal con el novelista.

Conoc a Padura en las aulas de la Escuela de Letras de la Universidad de la Habana tal vez en los aos en que se llamaba Facultad de Filologa, y si bien no fuimos amigos cercanos, hemos tenido siempre buenas relaciones. Lo recuerdo visitndome junto a Rigoberto Lpez cuando ambos planeaban ese muy buen documental que se llam Yo soy del son a la salsa, ganador del premio principal en una de la ediciones del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Ambos queran escuchar conmigo los iniciales sones cubanos, los del Sexteto Habanero y el Tro Matamoros, que yo empezaba a atesorar en viejas cintas y, sobre todo, charlar sobre ellos, que era hacerlo sobre nuestra msica. Despus, estuvimos implicados Padura y yo en un proyecto que no lleg a materializarse: hacer una suerte de curso sobre la msica popular cubana, que se llevara a cabo en Palma de Mallorca, con el auspicio de la Universidad de las Islas Baleares y la gestin del comn amigo Gonal Lpez Nadal. Alguna vez estuvimos Gonal y yo, en el mbito del hogar de Padura, en Mantilla.

Ocurre que soy poeta, ensayista y, como sabe quien me conozca, profesor de literatura desde hace ms de cuatro dcadas. En esos aos, entre otras cosas, me ha correspondido ensear la gran poesa contempornea de la lengua espaola, tanto la de la pennsula como la de Amrica y, hace ya ms de 10 aos, me ha dado enorme gusto trabajar, en la Fundacin Nicols Guilln, la obra de ese cubano que es uno de los grandes poetas del espaol, en el siglo XX. En una entrevista concedida a La Nacin, de Buenos Aires, Leonardo Padura discurre ahora sobre lo que llama jugar a hacer poltica desde el arte lo que, a su juicio no se debe hacer, porque los artistas comprometidos de una manera militante con un partido, estado, filosofa o poder, terminan siendo siempre o casi marionetas de ese poder. Quisiera comenzar afirmando que esa voluntad de independencia en los seres humanos es muchas veces ms deseo que realidad, y que demasiadas veces se usa como una coartada poltica. Los periodistas cubanos opositores a la Revolucin consideran oficialistas a los revolucionarios, y se llaman a s mismos independientes, aunque dependan econmicamente de ciertas instituciones que los sostienen, y polticamente de importantsimos poderes.

En el complejo entorno del mundo actual, el hombre inevitablemente contrae compromisos. Uno puede ganar su salario en una institucin, sin que ello lo obligue a la esclavitud ideolgica, a ser esa marioneta que mencionaba Padura. El escritor independiente depende de lo que escribe, y debe conseguir que esos textos satisfagan las aspiraciones de la editorial que los publica. Absolutamente independiente era Digenes el Cnico (cnico porque llevaba una vida de perros) que dorma en una barrica y se dice que iba al mercado a mirar con satisfaccin, cuntos objetos haba que l no necesitaba.

El periodista del rotativo bonaerense ha entrevistado a Padura a travs de un cuestionario trasmitido por correo electrnico, por lo que las afirmaciones recogidas en el viejo diario argentino Bartolom Mitre lo fund en 1870, pero ya es otro peridico bien diferente a aqul en el que colaborara Jos Mart en las ltimas dcadas del siglo XIX, deben ser textuales, fieles, exactas.

A la inversa de lo que se deduce de las opiniones de Padura, no creo que el compromiso del artista derive de su militancia: casi siempre el flujo, en los casos de real significacin, ha sido a la inversa. Son las grandes conmociones histricas las que han impulsado a grandes artistas a eso que Padura llama (minimizndolo) jugar con la poltica desde el arte. En aquel poema que Pablo Neruda titul Explico algunas cosas y que coloc al frente de Espaa en el corazn (1937), su primer poemario comprometido, expona en un verso el por qu sus poemas de Madrid olvidaban los grandes volcanes chilenos: venid a ver la sangre por las calles,

deca. Eran los tiempos de la Guerra Civil espaola.

El caos hondamente conmovedor que Picasso llam Guernica, se pint despus que los cazas alemanes bombardearan la aldea vasca que inmortalizaron al destruirla. Voy a dudar de la honestidad de Csar Vallejo, de su plena integridad al escribir Espaa, aparta de m este cliz y sumarse al Partido Comunista, como tambin lo hizo Nicols Guilln? Mi mente, mi sensibilidad que han disfrutado las obras de esos hombres y los han admirado (del mismo modo que a Alberti, Maiacovski, Bertolt Brecht, Paul Eluard, Roque Dalton), se resisten a degradarlos, y mi lengua y me precio de tenerla bien mala rechaza cometer el parricidio de llamarlos marionetas.

Yo, que no he sido militante de ningn partido y ya no lo ser nunca, no ser tampoco quien sostenga que para defender sus ideas, el escritor, el artista est obligado a figurar en la membresa de alguno. Pero tan intolerante como resultara exigir esa militancia, me parece que lo es el hecho de descalificar al escritor porque su conciencia lo haya llevado a ello.

Yo estoy persuadido de que la novelstica policial de Leonardo Padura tiene un claro maestro: el espaol Manuel Vzquez Montalbn, cuyo Pepe Carvalho es un primo espaol (en su escepticismo, en su estar de regreso de casi todo) del habanero Mario Conde. Vzquez Montalbn muri perteneciendo al partido comunista de Catalua, el PSUC. Estando en Espaa tras la extincin de la Unin Sovitica, escuch en la radio una entrevista al autor de Los mares del sur, en la que una periodista con voluntad de incordiar, le preguntaba por qu militaba en un partido cuya ideologa se haba derrumbado. El poeta y narrador respondi que se haba derrumbado una lectura del comunismo, una aplicacin de la teora marxista, pero que en el mundo haba un nmero de pobres que creca diariamente y cada vez menos ricos que atesoraban casi todos los bienes de la tierra. Esa situacin no se puede mantener, concluy. En un momento del futuro, vendr el triunfo del sistema comunista.

En un artculo que publica Rebelin, el politlogo argentino Atilio Born enjuicia la entrevista con Padura aparecida en La Nacin, y subraya la que llama la unilateralidad del enfoque de Padura al valorar la Revolucin Cubana. En sus ltimas novelas se insiste en el desencanto, las ilusiones perdidas de una generacin cubana que, obviamente es la del propio autor.

En la excelente trama policial que tiene La neblina del ayer, el narrador omnisciente y a veces conductista, que describe el ambiente de las calles cubanas de un barrio popular, presenta a unos jvenes aburridos, poblando las aceras y son, en su punto de vista, la resultante de la frustracin histrica de Cuba. Pero Cuba no ha sufrido una frustracin histrica. Cuba zanj est zanjandosu diferendo histrico con los Estados Unidos, la gran potencia que la convirti en 1902, en un protectorado suyo y luego en una neocolonia y ahora, tras bloquearla por ms de 50 aos, hace lo nico que tiene a mano: incluirla en una espuria lista de pases promotores del terrorismo para desacreditar lo que no ha conseguido vencer.

El fin del socialismo del siglo XX determin otra crisis que vino a sumarse a la que representaba el bloqueo norteamericano. Ah se gener no una frustracin histrica, sino una abrumadora frustracin material. Pero Cuba se mantuvo, cuando pareca que no poda ser: no pudo regresar la ultraderecha de Miami para hacerse del poder y llevar adelante eso que uno de ellos ha llamado el destriunfo de la Revolucin.

Amrica Latina no es ya la sumisa regin que cohonestaba el derrocamiento por la CIA del rgimen democrtico de Jacobo rbenz, la invasin de la Repblica Dominicana por los marines, o las tiranas de Augusto Pinochet y Rafael Videla. Es la regin de la Revolucin Sandinista en Nicaragua; del proyecto bolivariano que comenz la Venezuela de Chvez; de la refundacin plurinacional e inclusiva de Bolivia; de la revolucin ciudadana de Rafael Correa en Ecuador; del Brasil emergente de Lula y de Dilma Roussef; de la argentina antimilitarista y progresista de los Kirchner; del Uruguay del tupamaro Pepe Mujica, y hasta del FMLN del mnimo Salvador, por el que dio la vida el poeta Roque Dalton. El punto inicial de ese proceso fue la aislada Cuba, la de Fidel y el Che, que gener ideas que volaron sobre el continente, y se qued atrs, con un viejo modelo econmico improductivo del que se ha propuesto deshacerse no tmida, pero si lentamente.

Le con mucho inters El hombre que amaba los perros, a pesar de que Padura se enamor de su investigacin histrica y a veces hizo crecer demasiado la novela con pginas que no le hacen bien. nicamente le reprocho el personaje de Ivn, el cubano que azarosamente encuentra al fantico Mercader, e interacta con l. La periodista, de La Nacin, y que tiene el inesperado nombre de Hinde Pomeraniec (desciende de rusos y ucranianos) lo caracteriza velozmente:     un cubano sombro, que pudo haber sido un gran escritor pero a quien el sistema hizo a un lado por haberse resistido a la obediencia irrestricta .

Ese es un personaje de ficcin, seguramente procedente de la reprimida literatura sovitica de los estalinistas de los aos treinta, y para nada representativo de la realidad cubana.

Cuba tuvo un perodo de represin cultural, el llamado Quinquenio Gris (19711976) que Leonardo Padura no pudo vivir, porque era casi un nio entonces. Muchos artistas y sobre todo escritores despus de todo manejan el mismo peligroso instrumento del pensamiento, que es el lenguaje fueron puestos a un lado por no trabajar dentro de los parmetros que la burocracia cultural del momento consideraba pertinentes. Ese fue tambin el tiempo de un intenso auge de la homofobia. Pero fue un perodo que acab y esos artistas y escritores recuperaron su lugar en la cultura del pas. El Instituto Cubano de Radio y Televisin, no difunda las canciones de Silvio Rodrguez y Pablo Milans, y Haydee Santamara, la herona cubana que diriga Casa de las Amricas, le pidi a Alfredo Guevara, el director del Instituto del Cine, que le creara un lugar de trabajo a estos muchachos. As apareci el Grupo de Experimentacin Sonora del ICAIC, que dirigi el gran msico Leo Brouwer, y que empez a difundir por el mundo la msica y la poesa de Pablo y Silvio.

Y ya est bien. A pesar de que me satisface la divulgacin de la obra del buen narrador cubano que es Padura, me senta incmodo con la muy parcial entrevista ofrecida por l a La Nacin, que Pomeraniec se encarga de matizar con sus observaciones. Ojal el viejo diario donde colabor Mart, edite otros trabajos que le permitan a sus lectores conocer mejor la realidad de Cuba, incluyendo la realidad de su cultura.

Fuente: http://segundacita.blogspot.com/2014/05/padura-la-literatura-el-compromiso.html


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