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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-05-2014

Padura: Ser o no ser, esa es la cuestin

Orestes H.
Segunda Cita


Fue la idea central del archiconocido monlogo del bardo ingls William Shakespeare, la que primero vino a mi mente, cuando hace unas horas le la entrevista que el exitoso escritor cubano Leonardo Padura ofreci al diario La Nacin de Buenos Aires en ocasin de su visita a la Argentina a propsito de la presentacin de su ltima novela en el contexto de la concurrida Feria Internacional que anualmente all se organiza.
En la obra de Shakespeare, el personaje Hamlet se debate en la trgica contradiccin (universal) entre ser o no ser ante las disimiles coyunturas que le ha presentado la vida: sufrimientos, fortunas, armas y adversidades; siendo stas, algunas de las encrucijadas ante las que el protagonista debate su decisin entre morir o vivir, e incluye muy a propsito la opcin de soar.

No soy escritor, ni especialista y mucho menos crtico literario, soy ni ms ni menos que un hijo de Cuba, tanto como el propio Padura, en mi caso nacido con la Revolucin y educado en los principios que heredamos de la historia de nuestro pueblo desde la conformacin misma de la nacionalidad cubana; principios que la etapa del proceso revolucionario iniciada a partir de 1959 (aunque Padura lo desdee en cada una de sus apariciones) ha llevado a su mxima expresin. 
Tampoco pretendo hacer aqu un anlisis de la obra literaria del escritor, a todas luces muy exitosa y de calidad sin discusin, y que debo reconocer he disfrutado mucho, desde la serie que protagoniza el sempiterno Mario Conde, hasta la La Historia de mi Vida, que considero su mejor y ms lograda investigacin, en la cual- debo tambin decirlo- de manera magistral nos lleva por los vericuetos de una parte de la historia de Cuba y sobre todo de la vida de nuestro poeta Jos Mara Heredia que desconocamos. Ese es un libro digno de estar a la cabecera de cada joven cubano y en cada biblioteca de escuela de nuestro pas.

Volviendo a la idea original de este comentario, digo que vinieron a mi mente Shakespeare y su Hamlet al leer la entrevista concedida al diario porteo porque aunque ya me he ido acostumbrando a las reflexiones claramente narcisistas de Padura, no lograba entender en esta ocasin las razones por las que decidi antes de su arribo a Buenos Aires ofrecer declaraciones justo a ese medio de incomunicacin.
Inmerso en esa duda me convenc que Padura siempre est (o debe estar) ante la disyuntiva shakespeariana de ser o no ser (o en todo caso hacerse el muerto para ver el entierro que le hacen, segn reza un popular refrn cubano. 
Dedicar mi comentario a dos temas que considero, entre otros, importante debatir alrededor de la mencionada entrevista.

En primer trmino vale mencionar que La Nacin, si Padura no lo sabe (lo cual dudo), tiene un historial digno de una novela trgica, asociado a su complicidad con las dictaduras militares de los aos 70, que costaron solo al pueblo argentino ms de 30 000 desaparecidos, complicidad que est probado respond a negociados por los que la justicia le ha abierto una o varias causas.
Es el mismo diario que desde hace dos siglos y bajo la dinasta de la familia Mitre, ha desatado sin sonrojo todo su poder contra las ideas y acciones integracionistas de nuestros prceres y que en los ltimos 50 aos no se ha privado de nada para atacar todo proceso social en el continente que desee ser normal (para usar una palabra que expone Padura cuando es cuestionado sobre lo que desea para Cuba en el futuro) y trabajar por distribuir un poco mejor la riqueza.

Ese es el diario al que Leonardo Padura ofreci sus primeras declaraciones aun antes de llegar a la Argentina, y que los editores decidieron adems ubicar en pgina privilegiada.
Algunos, el propio Padura incluido, podrn aducir que Jos Mart, el prcer mayor de Cuba, colabor con ese diario cuando estaba en Nueva York durante su prolongado exilio.
Ello es cierto, muy cierto. 
Un Mart descollante en lo intelectual y definido en lo polticamente revolucionario (remarco: polticamente revolucionario), colabor con varios diarios de la regin y La Nacin fue uno de ellos. El que lea sus crnicas de entonces, (estoy seguro que Padura lo ha hecho dada su condicin de acucioso investigador), se dar cuenta que Mart hizo gala de una exposicin clara de lo que estaba conformndose en el impetuoso imperio, y la combinaba con comentarios excepcionales que permitan al lector del sur de Amrica adentrarse en realidades que marcaran su futuro.

Ahora se conoce que aquellas crnicas generaron temor en los editores aristcratas y desde aquel entonces, ya pro imperiales, por lo que la censura y la mutilacin mostraron la verdadera esencia de lo que los dueos del diario pretendan.
Para muestra, un botn. Fue el propio Bartolom Mitre, Director del peridico quien el 26 de septiembre de 1882 remitiera a Mart una carta que se explica por si sola y en la cual le dice:
()La supresin de una parte de su primera carta () ha respondido a la necesidad de conservar al diario la consecuencia de sus ideas, en lo relativo a ciertos puntos y detalles de la organizacin poltica y social y de la marcha de ese pas () La parte suprimida de su carta, encerrando verdades amigables, poda inducir en el error de que abra una campaa de denunciacin contra los Estados Unidos como cuerpo poltico, como entidad social, como centro econmico (). Su carta hubiera sido todo sombras, si se hubiera publicado como vino, y habra corrido el riesgo innecesario, publicndola ntegra, de hacer suponer la existencia de un nimo prevenido, y mal prevenido () pero tratndose de una mercanca y perdone Ud. la brutalidad de la palabra, en obsequio a la exactitud- que va a buscar favorable colocacin en el mercado que sirve de base a sus operaciones, trata como es su deber y su derecho, de ponerse de acuerdo con sus agentes y corresponsales en el exterior acerca de los medios ms convenientes para dar a aquella todo el valor de que es susceptible.
Elemental Watson! Habra dicho el inigualable Holmes.

El otro tema que deseo abordar asociado a esta entrevista realizada al escritor cubano Leonardo Padura, tiene que ver con sus valoraciones claramente desdeosas que el escritor acostumbra a verter contra el proceso revolucionario cubano cada vez que tiene una oportunidad en sus constantes viajes y escritos, criterios que reitera (como no poda ser de otra forma) ante el cuestionario de La Nacin.
Pudiera decir yo, maliciosamente pensando, que Padura conoce cul es el tipo de lector de La Nacion y l sabe que sus reiterados conceptos sobre supuestas incertidumbres, sueos truncados y desencantos del pueblo cubano (del que al parecer pretende erigirse como vocero) sobre su proceso, sern cantos de sirena a potenciales compradores de su ltimo trabajo que- oh, casualidad!- es una crnica de la realidad de Cuba de los 90.
Pero no ser tan mal pensado. Preferir suponer que no es as y que Padura intenta preentarse el coherente ser humano que dice ser.
Lo que me queda claro es si Padura ley bien la carta que B. Mitre envi a Jos Mart, tan distante en el tiempo como hace 132 aos, como tampoco si ley con paciencia la carta de Mart a su amigo mexicano Manuel Mercado la vspera de su muerte en Dos Ros.

Qu otra cosa explicara entonces el hecho de que no mencione en sus respuestas a La Nacin ni por asomo, como no ha hecho nunca en sus giras y presentaciones, el tambin centenario deseo de la lite estadounidense de apoderarse de Cuba?
Qu otra cosa explicara que Padura obvie los miles de muertos que nos ha costado (y sigue costando) a los cubanos esa obsesin monroista de los EE.UU., para lo que han empleado no solo millonarias sumas, sino tambin mortales engendros de guerra qumica y bacteriolgica?
Padura obvia olmpicamente todo eso y, claro, los editores de La Nacin lo premian ubicndolo en primera plana y las ventas de su libro subirn posiblemente de manera exponencial.
Pero nada de eso es nuevo en la actitud de Padura.
Lo que si no haba escuchado hasta esta entrevista es su reflexin sobre la supuesta contradiccin de militancia y periodismo.

Ante la pregunta de rigor, y haciendo gala de su mxima narcisista, sin tapujos, sentencia como si fuera un apotegma que:
El militante se traga por completo al periodista pues el militante obedece al partido. El partido decide y manda. El periodista entonces desaparece.
No solo es absoluto Padura en su pretendida y mesinica conclusin, sino que adems miente.
Demasiados ejemplos lo aplastan, Mart el primero. 
Padura no debi decir eso nunca en la tierra de Rodolfo Walsh y Jorge Ricardo Massetti, para mencionar slo dos paradigmas argentinos de la profesin.
En cuanto a Cuba, claro que la prensa cubana hoy no refleja todo lo que pasa, hace y discute nuestro pueblo, Es una lstima y una rmora por las que estamos pagando y seguiremos pagando un alto precio. Es cierto que las normas, disposiciones y hasta temores (algunos explicables a la luz de la historia. pero no razonables ni justificables hoy) nos mantienen en en general en una situacin de complacencia y triunfalismos editoriales que dista mucho de la realidad.

Todo eso es cierto, pero aseverar lo que de manera absoluta el exitoso escritor cubano dice, es cuando menos una ofensa a las decenas de buenos periodistas y hombres y mujeres de letras que aunque no sean periodistas de profesin, trabajan en el ejercicio de la palabra de una manera sincera, crtica y revolucionaria y Padura lo sabe porque l vive en Cuba (mrito a reconocerle) y convive con ellos. Y como lo sabe, por eso su aseveracin es oportunista.
Al comentar este tema con un querido amigo, periodista experimentado y de sinceridad a toda prueba me deca: 
periodismo militante, ni por asomo, significa que quien lo ejerza sea miembro de un partido. Hay una militancia que nada tiene que ver con partidos polticos y t y yo la conocemos bien en Argentina, donde decenas de amigos que defienden ideas de justicia, equidad , soberana y autodeterminacin no pertenecen a partido alguno. Pero sin ir ms lejos, conozco a muchos en Cuba y en mi misma agencia que sin ser miembros del partido ejercen un periodismo de calidad e independiente que Leonardo Padura parece o quiere ignorar.
Habra mucho que comentar sobre los otros temas que aborda Padura en su entrevista, pero el espacio es poco y la paciencia de los lectores es an menor.
Finalmente debo decir que en sus exposiciones, tanto al diario argentino como en otras tribunas, Padura esboza (sin decirlo) cul es la Cuba normal que l desea.

Padura quiere jugar a otro juego. l debe entender esta referencia por ser el aficionado a la pelota que es o dice ser
El desea jugar al juego que niegue todo lo que ha conquistado Cuba en ms de 145 aos de vida republicana (no somos ingenuos y sabemos que sin repblica no se entendera lo que es hoy Cuba). Pero prefiere seguir callando que EE.UU. siempre ha querido tragarse a esta isla, desde que era una colonia espaola, y an lo sigue intentando, con prisa y sin pausa.
Ojal y su silencio se deba a que sabe muy bien por que Washington no lo ha conseguido.
l debera ser claro y dejar de rozar los bordes. 
l debera dilucidar si comparte los sentimientos polticos con Mario Vargas Llosa y Hugo Cancio respecto de la Revolucin Cubana.
l debe decir cul es la Cuba normal que desea.
l debe sinceridad a los miles que lo leen, aunque no la tenga consigo mismo
La historia, Padura, nos pone siempre ante la misma disyuntiva que Shakespeare dispuso para Hamlet:
SER O NO SER, ESA ES LA CUESTION


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