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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-05-2014

La liberacin de Azyz y Sabri en Tnez
Tomar aire para seguir luchando

Francisco Fernndez y Santiago Alba Rico
Rebelin/Tunisia-in-red


A Patrizia Mancini, periodista combativa y amiga generosa.


Azyz Amami a la salida de la prisin de Monarguia. Fotografa de Hamideddine Bouali

El pasado da 23 se dict la sentencia definitiva en el proceso abierto contra Azyz Amami y Sabri Ben Mlouka por posesin de cannabis con intencin de usarlo. El juez, despus de un proceso simultneo para ambos acusados que se alarg ms de 10 horas, emiti un veredicto que sienta un importante precedente: ambos quedaron eximidos de una acusacin que se amparaba en el artculo 52 del cdigo penal. Este artculo mantiene en prisin a unas 8000 personas, aproximadamente un tercio del total de los recluidos en las crceles de Tnez.

Este resultado no habra sido posible sin el trabajo del equipo de abogados defensores. En total, han sido 100 los magistrados que han elaborado la defensa de Azyz y Sabri, aunque en la sala del juzgado solo pudieron estar presentes 26. Sin embargo, esta sentencia tampoco habra sido posible sin las movilizaciones y protestas organizadas por los familiares y amigos de ambos activistas. Durante las casi dos semanas que ha durado el proceso, la casa de Azyz se ha convertido en el centro de coordinacin de los distintos actos que han celebrado para pedir la salida de prisin de los dos jvenes. A estos dos factores hay que aadir un tercero: el apoyo internacional que ha despertado el caso, sobre todo, en Francia y en Espaa. En el Estado espaol hay que resaltar las firmas de intelectuales, msicos y organizaciones y el papel movilizador de la CUP, con el diputado David Hernndez a la cabeza, as como la carta dirigida por doce diputados y senadores catalanes del grupo socialista al presidente de la Repblica Moncef Marzouki. En medio del silencio informativo en nuestro pas, donde slo Cuarto Poder ha recogido la noticia del encarcelamiento de Azyz Amami y su compaero, esta campaa en redes sociales y crculos polticos y activistas ha contribuido sin duda a poner en aprietos a las autoridades tunecinas.

La semana pasada se organizaron varios eventos en las redes sociales en los que se convocaba una concentracin a las 9 de la maana del pasado viernes frente al Tribunal de Primera Instancia de Tnez. A lo largo del da la presencia de familiares y manifestantes fue constante. Alrededor de unas 800 personas llegaron a reunirse en las puertas del juzgado. La entrada al tribunal (rodeada por la policial nacional) solo estaba permitida a los familiares y amigos ms cercanos. Los medios de comunicacin no pudieron asistir a la sala donde se celebr el proceso. No obstante, en parte debido a la suerte y en parte a la atencin que algunos policiales nacionales dedicaban al telfono mvil, algunas personas vinculadas con los medios de comunicacin 4, tal vez 5 pudimos entrar.


Cordn policial a las puertas del tribunal. Fotografa de Hamideddine Bouali

Dentro, tal y como seala Patrizia Mancini, el clima era idntico al de la dictadura. Adems del estricto control a la entrada del juzgado, en el interior del edificio una decena de policas (a los que hay que aadir los guardias de seguridad) vigilaban y controlaban a quienes estbamos all para que no tomsemos grabaciones o fotografas del juicio. Asimismo, en el descanso celebrado a media tarde, todos los asistentes, incluidos los abogados, fuimos invitados a salir al patio exterior del edificio. Durante ese tiempo la polica nacional intent que los familiares y amigos de los acusados se comunicaran lo menos posible con las personas que aguardaban en la calle. Al mismo tiempo, algunos asistentes nos sentamos en las escaleras de acceso al edificio; inmediatamente uno de los guardias de seguridad nos convid a levantarnos. Esto gener una situacin de tensin entre Khaled Amami, el padre de Azyz Amami, y el guardia de seguridad. La discusin entre ambos se traslad al interior del juzgado mientras las puertas eran rodeadas por un cordn policial. En un gesto que a algunos les hizo pensar en lo peor del rgimen de Ben Ali, uno de los policas lleg a revisar la municin de su arma. Finalmente, a las 22:15 el juez dictaba sentencia a favor de la puesta en libertad de Azyz Amami y Sabri Ben Mlouka; esa misma noche los dos salieron de la prisin de Mornaguia.

Hay motivos sinceros para la alegra: ambos jvenes han sido liberados y todo el proceso ha contado con el apoyo internacional y con una decidida coordinacin ciudadana. Sin embargo, an siguen presos muchos activistas, como es el caso, por ejemplo, de Khaled e Issam Omri, que han sido acusados de haber incendiado una comisara de polica en Thala (Kasserine). Por debajo de todas estas acciones lo que se percibe es un proceso contrarrevolucionario que parece tener como principales centros de poder algunos ministerios totalmente opacos (como el Ministerio del Interior o el de Justicia). Parece tambin que uno de los principales objetivos de esta ofensiva involucionista es borrar la memoria colectiva revolucionaria, especialmente aquella relacionada con las personas que hicieron posible la salida de Ben Ali. Como seala el socilogo Choukri Hmed, los jvenes revolucionarios no son una figura que las lites tunecinas, econmicas y culturales o mediticas, puedan apropiarse y popularizar en el exterior. La ausencia en las movilizaciones de estos das del partido del antiguo rgimen Nida Tounes y del islamista Ennahda se debe sin duda a esta razn. No ocurre lo mismo, en cambio, con el Frente Popular, la coalicin de la izquierda radical, quien tambin ha estado ausente durante todo este proceso -salvo algunos de sus miembros a ttulo particular- en lo que parece el definitivo divorcio entre los movimientos sociales y los partidos, divorcio que sin duda aumenta la vulnerabilidad de los activistas y debilita el peso real de la izquierda y, por lo tanto, su protagonismo poltico y social.

Como recuerda el abogado y activista Riadh Guerfali en la pgina de Nawaat, la diferencia entre un Estado policial y un Estado de Derecho est en sus procedimientos penales y en la independencia o no de sus jueces. En la balbuciente transicin tunecina hacia la democracia, est sigue siendo una asignatura pendiente. El no lugar dictado por el juez en el caso de Azyz y Sadri sienta un precedente esperanzador en un camino que exige la depuracin de los aparatos policial y judicial y la revisin completa del cdigo penal, as como una aminista que vace las crceles de presos polticos, encubiertos o no, tareas que no deberan esperar a las prximas elecciones ni a la constitucin de un nuevo gobierno y un nuevo Parlamento. En este pulso entre antiguo y nuevo rgimen, los activistas y movimientos sociales tienen cada vez ms la sensacin de estar esprintando contra el reloj y en desventaja, con la percepcin no infundada de que las grietas para la accin y el cambio se van cerrando muy deprisa. La siguiente prueba est ya ah: el prximo martes en la ciudad de Kasserine, una de las cunas de la revolucin, se celebrar el juicio contra Khaled y Issam Omri, hermanos del mrtir Mohamed Omri, acusados -s, en realidad es se el delito- de haber hecho la revolucin, combatido por la democracia y ayudado a llegar al gobierno a los que hoy los acusan o se desentienden de ellos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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