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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-06-2014

Cuando el rbol del antiextractivismo no deja ver el bosque

Federico Fuentes
Rebelin

Traducido del ingls por Carlos Riba Garca


La reciente avalancha de campaas de alto perfil contra proyectos de extraccin de materias primas ha abierto una importante y novedosa dinmica en los vastos procesos de cambio que se dan en Amrica del Sur. La comprensin de su naturaleza y significacin es decisiva para aprehender las complejidades inherentes al cambio social y mejorar la construccin de solidaridad con las luchas populares.

Muchas de las campaas que apuntan especficamente hacia la minera, la industria del petrleo, los agronegocios o la tala de bosques tienen aspectos que les son comunes. Han puesto en alerta a la poblacin acerca de una variedad de temas medioambientales como la escasez de agua potable, la conservacin de los bosques y el uso sostenible del suelo.

En algunos casos, particularmente en Ecuador y Bolivia, estas campaas han tenido influencia en debates ya existentes sobre cuestiones como el cambio climtico, los derechos de la Madre Tierra y los modelos alternativos de desarrollo necesarios para conseguir cambios radicales.

Otro aspecto comn ha sido el papel central desempeado por las comunidades indgenas del mbito rural. Esto se debe no solo al hecho de que estos emprendimientos extractivistas se desarrollan en sus territorios sino tambin al papel destacado que los movimientos indgenas han tenido en el ambientalismo a escala global.

Como resultado de ello, temas como la autonoma de los pueblos originarios y el derecho a la consulta previa sobre las tierras ancestrales antes de la puesta en marcha de proyectos extractivos se han entrecruzado con debates acerca de la extraccin de recursos y el medio ambiente.

Esto es particularmente cierto en Ecuador y Bolivia, donde los pueblos originarios constituyen una minora considerable de la poblacin, o incluso son mayoritarios. En esos pases, los conceptos indgenas como el del Buen vivir* y la Pachamama* se han convertido en algo corriente en el discurso pblico e incluso han sido incorporados a las nuevas constituciones, que proporcionan un marco para las sociedades nuevas que esos movimientos sociales estn tratando de construir.

Otro aspecto comn es que las mencionadas campaas pueden encontrarse casi en cualquier pas de Amrica del Sur, independientemente de que est gobernado por la derecha neoliberal, como Colombia, o por un izquierdista descendiente de un pueblo originario, como es el caso de Bolivia.

Una nueva poltica?

A partir de este panorama, algunos representantes de la izquierda han concluido que Amrica del Sur est viviendo un nuevo ciclo de protestas populares caracterizadas por un conflicto entre gobiernos partidarios del extractivismo y comunidades que estn contra esa poltica.

Por ejemplo, el editor de Upside Down World, Benjamin Dangl, dice que estas campaas son el resultado de conflictos ms amplios entre las polticas extractivistas de pases conducidos por gobiernos izquierdistas y las polticas de la Pachamama, y la forma en que los movimientos indgenas se resisten al extractivismo en defensa de sus derechos, sus tierras y el medioambiente.

La sociloga argentina Maristella Svampa avanza en esta idea diciendo que la emergencia de un nuevo modelo de dominacin capitalista en Amrica del Sur es el responsable de este nuevo ciclo de protestas.

Svampa dice que mientras que antes los movimientos sociales luchaban contra gobiernos neoliberales seguidores del Consenso de Washington, el problema de hoy son los gobiernos neoextractivistas que adhieren al Consenso de las Materias Primas ( commodities ).

Ella aclara que la palabra consenso se refiere a un nuevo orden poltico-ideolgico que se sostiene por el espectacular crecimiento de los precios de las materias primas que ha llevado a una expansin de las industrias extractivas y producido beneficios extraordinarios en trminos de crecimiento econmico y reservas estatales de divisas.

Sin embargo, Svampa seala que este cambio en el modo de la acumulacin [capitalista] ha producido nuevas formas de inequidad y conflicto. El resultado es un sesgo eco-territorial en las luchas populares, que ahora se centran en cuestiones como la tierra, el medio ambiente y los modelos de desarrollo.

El periodista uruguayo Ral Zibechi sostiene que estas campaas sealan el nacimiento de un nuevo ciclo de luchas que darn vida a nuevos movimientos antisistema, quiz ms radicalmente anticapitalistas en tanto cuestionen cierto desarrollismo y hagan suyo el concepto del Buen Vivir* como principio tico y punto de referencia de su accin poltica.

Aunque la terminologa es diferente, es evidente el trasfondo popular de ambas posiciones.

En este contexto, Dangl concluye que los activistas de la solidaridad no ignorarn este conflicto y en cambio se centrarn en la promocin de esos espacios de disenso y debate en los movimientos por el medio ambiente protagonizados por indgenas y campesinos.

Nadie de los que participan en los movimientos de solidaridad est en desacuerdo con la necesidad de ser solidario con aquellos que luchan contra el impacto negativo de las industrias extractivas. Sin embargo, un movimiento solidario que limite su visin de las polticas en Amrica de Sur al estrecho prisma de estractivismo vs. antiextarctivismo podra terminar tirando piedras sobre su propio tejado.

Extractivismo

Las industrias extractivas existen en todos los pases sudamericanos. Sin embargo, los que estn preocupados por el extractivismo a menudo no tienen en cuenta que la razn de esta existencia est en la historia misma de la dominacin imperialista del continente. Los gobiernos progresistas heredaron economas con una profunda dependencia de la exportacin de materias primas dado que ste es el papel que durante siglos los pases coloniales e imperialistas asignaron a Amrica. Por lo tanto, la superacin del extractivismo est ntimamente ligada con la superacin del control imperialista de las economas latinoamericanas.

Cualquier campaa contra el extractivismo en Amrica del Sur que se pretenda genuina, sobre todo las que emprendan los activistas solidarios en los pases imperialistas, deben comenzar por sealar con el dedo a los verdaderos responsables del extractivismo en Amrica del Sur: los gobiernos imperialistas y sus empresas transnacionales.

La etiqueta de extractivista tambin oculta las diferencias existentes entre los gobiernos que estn en la puja de las empresas transnacionales en los pases imperialistas y los gobiernos de los pueblos que estn tratando de utilizar sus recursos nacionales para romper la dependencia imperialista y mejorar el nivel de vida de la mayora de su poblacin.

Este ltimo es el caso de la estrategia puesta en marcha por el gobierno boliviano con el apoyo activo de la poblacin. A partir de la nacionalizacin de las reservas de gas en 2006, el estado boliviano captura ms del 80 por ciento de los beneficios generados por este sector extractivo. Esta riqueza reciente ha hecho posible que desde 2005 se multiplicara por siete la inversin social y productiva del gobierno.

Los resultados de esta poltica son evidentes en la disminucin del nivel de pobreza (del 60,6% en 2005 al 43,4 en 2012) y la enorme expansin del acceso a los servicios bsicos (salud, educacin, suministro de agua potable y electricidad, etc.).

El proceso de industrializacin iniciado por el gobierno tambin significa que para finales de 2014 el pas no solo ser capaz de satisfacer sus necesidades de gasolina y gas natural sino tambin podr exportar gas. La distribucin de la renta del gas hacia otros sectores de la produccin ha hecho que el crecimiento del sector manufacturero hay superado al de la minera y los hidrocarburos.

Estos avances en el procesamiento nacional de las materias primas y la diversificacin de la economa son apenas algunos ejemplos de la forma en que el gobierno de Bolivia est tratando de superar una historia de extractivismo en detrimento del pas. Segn Benjamin Kohl, son pasos dados en la direccin de un aflojamiento general del control transnacional del estado y la economa de Bolivia.

Hay debates en curso sobre el xito alcanzado por los gobiernos izquierdistas de pases como Bolivia, Venezuela y Ecuador en la consecucin de sus metas establecidas, y sobre los problemas en el intento de desarrollar un modelo que contina dependiendo de las industrias extractivas.

Sin embargo, la definicin del marco del debate entre quienes defienden el extractivismo y quienes se oponen a l ignora el hecho de que prcticamente nadie propone cerrar todas las industrias extractivas, sobre todo a la luz del devastador impacto que podra tener en los pueblos y economas de Amrica del Sur.

Incluso, algunas de las crticas ms agudas del extractivismo en Amrica latina, como la del uruguayo Eduardo Gudyas y el intelectual radical boliviano Ral Prada, reconocen la necesidad de diferenciar lo que ellos llaman extractivismo predatorio, sensato e indispensable.

Es verdad que la mayor parte de los movimientos contra proyectos extractivos especficos tampoco proponen poner fin a toda industria extractiva y que en el interior de las comunidades locales involucradas en esas campaas convive una variedad de puntos de vista.

Un ejemplo es la compleja situacin existente en Ecuador en torno a la propuesta de realizar perforaciones petrolferas en el Parque Nacional de Yasuni. Mientras que grupos ambientalistas, colectivos de jvenes de las ciudades y algunos grupos indgenas han desarrollado una importante campaa en contra de la propuesta, algunas comunidades originarias han expresado su apoyo al proyecto.

La organizacin indgena ms importante de Ecuador, CONAIE, no se sum al reciente pedido de un referndum sobre la cuestin debido a los diferentes puntos de vista en su interior. El presidente de CONAIE, Humberto Cholango, explic lo que pasaba: Tenemos dificultades internas. Se deben a que CONAIE es una organizacin muy grande y diversa. En la regin amaznica hay muchos grupos que dicen nosotros somos los dueos de la tierra y no queremos que se explote. Estas posiciones existen. Tenemos que escuchar esas voces.

Algo parecido sucedi en los yacimientos de minerales de Mallku Khota. Mientras que algunos observadores extranjeros y algunas ONG vieron all un ejemplo de comunidades indgenas que cuestionaban el programa de minera del gobierno boliviano, la realidad era algo diferente. En la campaa, las preocupaciones ambientalistas parecan lo ms importante; sin embargo, los manifestantes no estaban motivados por el antiextractivismo. La motivacin principal era su extrema pobreza y las oportunidades econmicas que algunos vean que podan extraerse de la mina si sta era manejada por las comunidades locales. Esta era la razn por la que los manifestantes pedan que la empresa transnacional abandonara el proyecto y fuera reemplazada por una cooperativa local; segn deca Damin Colque, mallku (jefe) de la federacin indgena del lugar: Nosotros queremos ser campesinos mineros.

El debate es mucho ms complejo que un sencillo por o contra la industria extractiva. Con mucha frecuencia, incluso aquellos que tratan de reducir el debate a uno que involucra a gobiernos extractivistas y movimientos indgenas que estn contra el extractivismo ignoran la existencia de esta diversidad de puntos de vista.

Antiextractivismo

Es importante distinguir entre campaas legtimas contra proyectos extractivos especficos y aquellos que intentan aprovechar esas campaas para hacer avanzar su propia agenda de reivindicaciones.

Un buen ejemplo de esto fue el conflicto que se produjo a partir de la propuesta de ferrocarril que iba a atravesar el Territorio Indgena y el Parque Nacional Isidoro Secure (TIPNIS) en Bolivia. Nuevamente, algunos observadores se apresuraron a asignar un sesgo antiextractivista a la protesta e iniciaron una campaa contra cualquier trazado ferroviario. Sin embargo, las comunidades originarias implicadas en la protesta solo se oponan al trazado propuesto.

Aparte de las comunidades que estaban de acuerdo con el proyecto original, qued claramente en evidencia que entre las comunidades haba algunas que queran que el ferrocarril cruzara la Amazonia sin atravesar el TIPNIS mientras que otras queran que su trazado discurriera cerca de sus poblados de modo de tener acceso a l. Incluso, el principal portavoz, Fernando Vargas, expres claramente en varias ocasiones que ellos nunca se haban opuesto al ferrocarril en s sino al trazado propuesto, que prevea pasar cruzando el TIPNIS.

Este es solo un ejemplo de clara discrepancia entre las demandas de los que protestan y las que intentan hacer avanzar su propia agenda antiextractivista.

El antiextractivismo tambin ha sido utilizado por alternativas contrarias al ambientalismo que se pretenden respetuosas del medio ambiente, particularmente cuando los crticos radicales del extractivismo no presentan ninguna propuesta sobre cmo satisfacer las necesidades populares.

Un ejemplo de esto es la promocin de esquemas compensatorios de la produccin de CO2. Estos planes pagan a comunidades del Hemisferio Sur para proteger ciertas zonas forestales para compensar la polucin por CO2 provocadas por empresas del Hemisferio Norte. A pedido de ciertas ONG, los activistas del TIPNIS impulsaron una demanda para que las comunidades indgenas pudieran recibir fondos de proyectos de Reduccin de Emisiones por la Deforestacin y la Degradacin de la Selva (REDD, por sus siglas en ingls).

Numerosos grupos indgenas y ambientalistas han denunciado estos esquemas por ser equivalentes a la privatizacin de la selva. Sirven para consolidar la desigualdad existente entre los pases industrializados e imperialistas y los que dependen de la exportacin y la industria extractiva, sin promover ninguna reduccin significativa de las prcticas que producen la polucin.

Otras alternativas propuestas incluyen la instalacin de empresas locales que se ocupen de actividades como el ecoturismo, la explotacin maderera sostenible y la minera en pequea escala, como una manera de crear capitales para satisfacer necesidades locales. Hasta ahora, ninguno de estos proyectos de negocios ha erradicado la pobreza; antes bien, han contribuido a una integracin mayor de las comunidades rurales del lugar en el mercadocapitalista.

Otra alternativa antixtractivistas consiste en la entrega de la propiedad de recursos naturales a las comunidades locales. Esto les dara el control de lo que pasa en relacin con la riqueza nacional. Junto con la enorme desigualdad que esta modalidad puede generar entre las diversas regiones, la experiencia muestra que una poltica como esta no necesariamente cierra el paso al avance de las empresas transnacionales ni de los gobiernos capaces de cooptar a las comunidades originarias en sus proyectos.

Solidaridad

Algo que es comn a esas iniciativas es que ninguna de ellas es una alternativa viable para la vasta mayora de la poblacin, compuesta en su mayor parte por indgenas y antiguos campesinos que, como resultado de factores sociales, econmicos y medioambientales, se ven forzados a abandonar sus tierras y a desplazarse a las ciudades.

Estas personas, que se pueden contar por millones, se enfrentan tambin con las secuelas derivadas de las industrias extractivas: el cambio climtico y la degradacin medioambiental.

Sus anhelos y luchas pueden tomar diferentes formas, pero de ningn modo carecen de legitimidad. Ya que todas ellas hablan de un sesgo ecoterritorial en la lucha de los pueblos; la mayor parte de las protestas en Amrica del Sur siguen estando centradas en el acceso a los servicios bsicos, las infraestructuras y las condiciones laborales. Estos espacios de disenso y debate merecen ser respetados y ampliados ya que en pases como Bolivia son tambin un componente vital en la lucha por el cambio.

Despus de que algunos gobiernos neoliberales fueran derrotados y se aprobaran nuevas constituciones en pases como Bolivia y Ecuador, se han abierto importantes debates que han abarcado a toda la sociedad sobre cmo hacer realidad nociones novedosas como la del Buen Vivir*, los derechos de la Pachamama y la autonoma de los pueblos originarios sin dejar de tener en cuenta al mismo tiempo las necesidades del desarrollo de los pueblos.

En relacin con estos temas, se han expresado puntos de vista diferentes entre y dentro de los movimientos sociales. No obstante, todos ellos dirigidos contra el impacto de devastacin social, econmica y medioambiental de la explotacin imperialista y acompaando la lucha por una vida mejor.

Un punto de vista que en Amrica del Sur cierre los ojos ante esta realidad y solo vea gobiernos extractivistas y comunidades rurales antiextractivistas es injusto con las luchas de la mayora. En lugar de amplificar las voces de quienes han estado en la vanguardia de las recientes rebeliones, tiende a silenciarlas.

Adems se corre el riesgo de que en el intento de salvar algunos rboles termine destruyndose todo el bosque.

La contraposicin estrecha extractivismo vs. antiextractivismo ha sido utilizada para fomentar la divisin entre los movimientos sociales, debilitando as la unidad necesaria para alcanzar un cambio radical.

Hay mucha evidencia que muestra que gobiernos y ONG extranjeros han estado trabajando para agudizar en vez de resolver tensiones entre movimientos sociales de distintas regiones. A esas fuerzas les complace la promocin del antiextractivismo si les es til para derribar gobiernos populares y evitar los cambios.

Sin embargo, en lugar de denunciar esto, algunos activistas hacen lo posible para que los movimientos sociales tomen una posicin en detrimento de la otra.

Por ejemplo, Bret Gustafson admite que en Bolivia, un pas marcado por una profunda pobreza en el que se ha hecho del gas una cuestin de salvacin nacional, existe una pequea oposicin popular a la extraccin de gas natural. Esto le lleva a concluir que, para los activistas de la solidaridad, la posibilidad de construir lazos solidarios est limitada a tender una mano a los marginales urbanos, particularmente los jvenes, a los campesinos y a las comunidades afectadas por el extractivismo.

Da la impresin de que la mayor parte de los bolivianos que son vctimas de una economa nacional dependiente de la extraccin de un recurso pero no comparten los puntos de vista antiextractivistas de Gustafson no son merecedores de ayuda.

Rechazar la limitada poltica del antiextractivismo no significa que los activistas solidarios no puedan apoyar a aquellos que luchan contra el impacto de las industrias extractivas.

Una tarea importante que podemos asumir es la introduccin en nuestros pases de algunos debates decisivos que estn teniendo lugar en Amrica del Sur. La solidaridad efectiva requiere explicar el contexto dentro del cual se dan esos debates, tanto en los pases sudamericanos como entre estos pases y el imperialismo.

Esto tambin requiere explicar con precisin las diferentes posiciones existentes entre diferentes movimientos sociales y las variaciones de estas posturas en relacin con los gobiernos progresistas. Podemos hacer esto al mismo tiempo que reconozcamos que son ellos los que en ltima instancia pueden resolver sus diferencias.

Mientras tanto, deberamos continuar oponindonos a la intromisin de los gobiernos imperialistas y las empresa transnacionales; de este modo nos aseguramos de que los movimientos sociales de esos pases sudamericanos puedan resolver sus problemas libres de interferencia extranjeras.

Debemos recordar tambin que los cambios radicales necesitan de la construccin de movimientos sociales con la fuerza suficiente como para implementar cambios y al mismo tiempo resistir los inevitables ataques de las elites locales y los gobiernos imperialistas. Dado que la batalla por un mundo mejor es esencialmente global, es improbable que un pas en solitario est en condiciones de resolver por s mismo todos sus problemas.

Los intentos de mostrar la distancia que hay entre la retrica anticapitalista de algunos gobiernos izquierdistas y la realidad de la extraccin de recursos ya en curso evitan este punto crtico. Cualquier posibilidad que puedan tener los pases de Amrica del Sur de superar su papel de exportadores de materias primas depende de la creacin de un nuevo orden global, y el comienzo de esto pasa por la reestructuracin de las relaciones hemisfricas.

Precisamente, es esto lo que ha tratado de hacer el gobierno de Bolivia. No solo ha denunciado el capitalismo y el imperialismo en las cumbres mundiales, sino que tambin ha puesto en marcha iniciativas concretas, como la Cumbre de los Pueblos sobre el Cambio Climtico, en Cochabamba, que en 2010 reuni a ms de 30.000 personas de todo el mundo con el propsito de discutir y desarrollar polticas radicales para hacer frente al desastre ecolgico.

Los activistas de la solidaridad deberan emplear menos tiempo en obsesionarse con la distancia entre retrica y realidad siempre presente en toda lucha por la liberacin que est en curso y dedicar ms tiempo a explicar por qu, en tanto exista el capitalismo, los procesos de cambio continuarn enfrentndose con tremendos obstculos y peligros.

Reenfoquemos nuestro punto de vista en el enorme desafo con que nos enfrentamos todos. Esto quiere decir reconocer que, como dicen Nicole Frabicant y Kathryn Hicks, solo un levantamiento popular en una escala sin precedentes har que los pases del Norte del mundo se responsabilicen seriamente del resto del planeta Tierra y pongan freno a las fuerzas coercitivas que constrien a pases como Bolivia.

Federico Fuentes, en coautora con Roger Burbach y Michael Fox, escribi Latin Americas Turbulent Transitions: The Future of 21st Century Socialism y es colaborador regular de la revista Green Left Weekly, en la que apareci por primera una versin ms breve de este artculo.

* En castellano en el original. (N. del T.)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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