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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-06-2014

Capitalismo, violencia y decadencia sistmica
Del fin del comienzo al comienzo del fin

Jorge Beinstein
Rebelin


De Libia a Venezuela pasando por Siria y Mxico, Ucrania, Afganistan o Irak... en lo que va de la dcada actual hemos presenciado el despliegue planetario permanente de la violencia directa o indirecta (tercerizada) de los Estados Unidos y sus socios-vasallos de la OTAN, toda la periferia se ha convertido en su mega objetivo militar. La ola agresiva no se aquieta, en algunos casos se combina con presiones y negociaciones pero la experiencia nos indica que el Imperio no agrede para posicionarse mejor en futuras negociaciones sino que negocia, presiona con el fin de lograr mejores condiciones para la agresin.

Estas intervenciones cuando son exitosas como en Libia o Irak no concluyen con la instauracin de regmenes coloniales pacificados, controlados por estructuras estables, como ocurra en las viejas conquistas perifricas de Occidente, sino con espacios caticos atravesados por guerras internas. Se trata de la emergencia inducida de sociedades-en-disolucin, de la configuracin de desastres sociales como forma concreta de sometimiento lo que plantea la duda acerca de si nos encontramos ante una diablica planificacin racional que pretende gobernar el caos, sumergir a las poblaciones en una suerte de indefensin absoluta convirtindolas en no-sociedades para as saquear sus recursos naturales y/o anular enemigos o competidores... o bien se trata de un resultado no necesariamente buscado por los agresores, expresin de su fracaso como amos coloniales, de su alta capacidad destructiva asociada a su incapacidad para instaurar un orden colonial (incapacidad derivada de su decadencia econmica, cultural, institucional, militar). Probablemente nos encontremos ante la combinacin de ambas situaciones.

Tambin es posible suponer que el Imperio en su decadencia se encuentra prisionero de una maraa de intereses polticos, financieros, mafiosos... conformando una dinmica audestructiva imparable que lo obliga a desplegar operaciones irracionales si observamos al fenmeno desde una cierta distancia histrica, pero completamente racionales si reducimos la observacin al espacio de la razn instrumental directa de los conspiradores, a su micromundo psicolgico (la razn de la locura como razn de estado o astucia mafiosa imponindose a la racionalidad en su sentido ms amplio, superior).

Aunque esos desastres no representan necesariamente acciones de verdugos despiadados destruyendo parasos perifricos, el capitalismo es una totalidad global y lo que aparece como la decadencia del centro imperial es la manifestacin decisiva pero parcial de un fenmeno planetario que incluye a la periferia atrapada por la sobredeterminacin burguesa universal (decadente) de sus sociedades. La operacin de destruccin de Libia lanzando sobre su territorio oleadas de mercenarios y bombardeos pudo triunfar aprovechando la degradacin del rgimen kadafista, el golpe neonazi de Febrero de 2014 en Ucrania captur al gobierno de una repblica resultado del desastre sovitico que la haba sumergido en una gigantesca podredumbre sucedido por la instauracin de un capitalismo mafioso, la desestabilizacin de Venezuela orquestada por los Estados Unidos se apoya en sectores de las clases medias conducidos por la vieja burguesa local que no fue eliminada despus de quince aos de revolucin (bolivariana, autoproclamada socialista) eternamente a medio camino... esas lites no fueron barridas del escenario aunque si irritadas, enfurecidas por el ascenso social de las clases bajas.

Todo esto nos conduce a la necesidad de establecer el momento de la historia del capitalismo en que nos encontramos. Se trata del burdel sangriento global preludio de una nueva acumulacin primitiva cuna de un futuro suopercapitalismo o de los manotazos finales, desesperados de una civilizacin que ha entrado en el ocaso?.

Propongo responder a ese interrogante utilizando aquella vieja y tan repetida frase de Churchill en plena Segunda Guerra Mundial cuando al terminar la batalla de El Alamein seal que ese hecho no era el comienzo del fin (de la guerra) sino el fin del comienzo de un proceso mucho ms importante, decisivo. Nos encontramos actualmente en presencia del fin del comienzo, va concluyendo la etapa preparatoria de la declinacin occidental que se prolong durante varias dcadas y comienza a emerger el comienzo del fin, el desmoronamiento del capitalismo como civilizacin que como otras civilizaciones en declive probablemente recorra una trayectoria temporal compleja de duracin indeterminable de antemano.

Aunque no puedo dejar de sealar diferencias decisivas con las civilizaciones anteriores como su carcter planetario (no limitada a una regin), la masa de poblacin incluida en el proceso (actualmente unas siete mil millones de personas y no unas pocas decenas o centenas de millones), el descomunal desarrollo de sus fuerzas productivas por ejemplo con capacidad industrial y militar como para destruir completamente la vida en el planeta. Lo que plantea de manera radicalmente distinta la opcin a la que se han enfrentado todas las decadencias de civilizaciones: superacin o hundimiento en un largo desastre del que emerga ms adelante una nueva civilizacin desde el espacio anterior o impuesta por una fuerza externa. Esto no es la decadencia de Babilonia devastada por los pantanos difusores de malaria generados por su propio desarrollo ni la de la Roma imperial abrumada por el parasitismo y la hipertrofia militar resultado de su dinmica imperialista marchando hacia el abismo mientras buena parte del resto de la humanidad ignoraba esos hechos1.

Violencia y decadencia sistmica

El fenmeno sobrederminante es la decadencia, demostrada por numerosos indicadores como la declinacin en el largo plazo (desde los aos 1970) de la tasa de crecimiento econmico global motorizada por el enfriamiento tendencial del crecimiento de los pases centrales y luego el acompaamiento de esta tendencia por un proceso de hipertrofia financiera que se articula con un despliegue parasitario sin precedentes: consumista, militar, burocrtico.

Nos encontramos ante sociedades imperiales tan decadentes que ya no pueden movilizar militarmente a su juventud como en el siglo XX, aunque su capacidad financiera y sus avances tecnolgicos le permiten contratar mercenarios en remplazo de las fuerzas operativas tradicionales (la oferta de lumpenes proveniente de todos los continentes es directamente proporcional al progreso de la decadencia), utilizar armas como los drones y otros artefactos mortferos sper sofisticados que establecen una brecha tcnica descomunal entre agresores y agredidos y abrumar con manipulaciones mediticas a sus vctimas directas y al resto del mundo.

Estas ventajas son al mismo tiempo expresiones de poder y de debilidad, de capacidad destructiva pero tambin de descontrol ideolgico de sus propias sociedades, de ilegitimidad interna de sus operaciones lo que sumado a su deterioro econmico les impide pasar de la destruccin a la reconstruccin colonial de los territorios conquistados.

Las transformaciones burguesas de las sociedades europeas haban generado desde fines del siglo XVIII la posibilidad de integrar al conjunto de la poblacin a sus distintas aventuras militares, de ese modo el ciudadano-soldado y la guerra de masas reemplaz al mercenario y a los ejrcitos de las aristocracias. Los asesinos a sueldo dieron paso a los asesinos voluntarios o forzados que daban su vida no por dinero sino en defensa de la patria, de la libertad, etc.

Pero la decadencia del capitalismo y su transformacin despus del aggiornamento burgus de China y del derrumbe de la URSS en sistema nico (es decir en dominacin planetaria, visiblemente amoral de las lites parasitarias) derrumb los mitos, las legitimaciones que permitan a los estados fabricar causas nobles para enviar a la muerte al ciudadano comn.

La prdida de legitimidad del aparato militar occidental aparece como un rasgo decisivo de la decadencia pero la reproduccin imperialista contina y el ejercicio de la violencia contra la periferia retoma la vieja tradicin de los ejrcitos mercenarios.

Ahora la propaganda del poder hacia sus poblaciones no tiene como objetivo arrastralas al campo de batalla (operacin inviable) sino ms bien obtener su aprobacin pasiva o diluir su rechazo ante aventuras fsicamente distantes presentadas como fenmeno virtual, como un elemento ms del entretenimiento brindado por la televisin y otros medios de comunicacin.

El despliegue blico fue teorizado por la llamada Guerra de Cuarta Generacin resultado de las reflexiones en el alto nivel militar de los Estados Unidos posteriores a la derrota de Vietnam visualizada como guerra asimtrica donde la fuerza enemiga con bajo nivel tecnolgico y reducida potencia de fuego pero bien integrada a la poblacin pudo derrotar al ejercito imperial poseedor de un elevado nivel tecnolgico y un gigantesco poder de fuego.

La nueva doctrina militar apunta no a la simple destruccin de la fuerza militar enemiga sino principalmente al conjunto de la sociedad que la sostiene. La desintegracin social (econmica, moral, cultural, institucional) pasa a ser el objetivo buscado y ese proceso puede darse o no con intervenciones directas sino ms bien con combinaciones variables de intervenciones externas (militares, mediticas, econmicas,etc.) y acciones de desestabilizacin interna.

Se establece de ese modo una amplia variedad de escenarios de agresin. En un extremo podemos ubicar a las guerras de Afganistan e Irak, en una zona intermedia a Libia, Siria o Yugoslavia y en el otro extremo a las llamadas intervenciones blandas o revoluciones coloridas como en Paraguay, Honduras o Ucrania. Todas ellas implican el despliegue intenso de acciones violentas al comienzo de la operacin, en algn momento de la misma o como resultado de la victoria imperialista. Pero estas guerras de configuracin variable no resuelven el problema de la dominacin colonial de la periferia, el caos instalado entorpece, encarece o a veces hace imposible los saqueos sistemticos.

El atajo de la Guerra de Cuarta Generacin aparece como lo que realmente es: el mximo posible de agresin en un contexto de debilidad estratgica del agresor cuyo resultado no es solo la caotizacin perifrica sino tambin la degradacin interna. Las operaciones mafiosas hacia afuera terminan por consolidar practicas mafiosas dentro del aparato dominante del Imperio donde se extienden las camarillas parasitarias, las tendencias irracionales, las locuras elitistas, las rupturas de las reglas de juego institucionales.

Comienzo del fin: el mundo despus de 2008-2013 .

El sexenio 2008-2013 marca la transicin entre la declinacin relativamente suave, controlada del sistema iniciada hacia comienzos de los aos 1970 y su degradacin general de la que estamos presenciando los primeros pasos.

La crisis desatada entre fines de los 1960 y comienzos de los 1970 no fue superada como las anteriores a travs de una gran ola depresiva destructora de empleos y empresas que reduciendo salarios y concentrando la produccin y la demanda solvente disparaba un nuevo ciclo ascendente de la economa, la era de las crisis cclicas descriptas por Marx haba concluido. Aunque Marx explicaba que esas crisis recurrentes iran acumulando desorden en el sistema hasta que las fuerzas entrpicas adquirieran una dimensin tal que ya ninguna reconstruccin capitalista sera posible. Quedaba as pronosticada la crisis general del capitalismo, el esquema terico derivado de la lgica de su dinmica de acumulacin. Lo que de ningn modo poda ser pronosticado era su desarrollo histrico concreto, sus tiempos, sus protagonistas de carne y hueso, los atajos e innovaciones sociales que permitieran postergar o precipitar el desenlace.

La evaluacin prospectiva de Marx era un escenario muy general que daba cabida a una amplia gama de futuros posibles, no se trataba de una profeca apocalptica en la que se establece una fecha o como calcularla, descripciones precisas de actores y coreografa, etc. Pero ese esquema terico permita a Marx y Engels explicar por ejemplo que dado un cierto nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, aparecen fuerzas de produccin y de medios de produccin tales que en las condiciones existentes provocan catstrofes, ya no son ms fuerzas de produccin sino de destruccin 2 lo que abra la reflexin acerca del carcter autodestructivo de la civilizacin burguesa en su etapa decadente ms avanzada.

Y ello comenz a ser innegable alrededor de 2008-2013 aunque mucho antes de ese perodo fueron apareciendo alertas al respecto casi siempre ignoradas por los grandes medios de comunicacin y por las ciencias sociales, cuando se referan a posibles desastres ambientales, sanitarios o polticos los atribuan a manejos irracionales corregibles al interior del sistema. A lo que se plegaron desde la izquierda algunos adoradores masoquistas del capitalismo proponiendo una suerte de eternizacin de sus ciclos, tratando de destacar en la crisis en curso las seales de la prxima recuperacin del sistema, pero esas seales eran puras fantasas o bien letanas conservadoras basadas en que siempre el capitalismo haba conseguido superar sus crisis por supuesto a costa de los trabajadores lo que normalmente entristeca al auditorio (y no mucho al disertante).

Entre los variados factores de la decadencia se destacan dos que resultan decisivos: la degradacin (e hipertrofia) financiera y la degradacin (e hipertrofia) militar.

Desde 1990 (aproximadamente) mientras el Producto Bruto Mundial vena decrecendo suavemente en progresin aritmtica (desde los aos 1970) la masa financiera comenz a crecer en progresin geomtrica. Los productos financieros derivados, su espina dorsal, pasaron de representar unas dos veces el PBM a fines de los 1990 a unas 12 veces en 2008 pero a partir de all la expansin se estanc y tendi a decrecer poco a poco.

Durante su ascenso la especulacin financiera fue la muleta parasitaria que permiti a los consumidores, empresas y estados del Primer Mundo seguir gastando e invirtiendo aunque los rendimientos marginales de la avalancha financiera fueron decrecientes al cuadrado en trminos de crecimiento del producto bruto de los pases centrales, cada vez haca falta ms droga financiera para obtener cada vez menos expansin econmica hasta que finalmente en 2008 el mecanismo se quebr, el peso financiero se hizo insostenible y se desat una seguidilla de auxilios estatales al sistema financiero para impedir su derrumbe.

Pero estos auxilios no reactivaban la economa solo frenaban la debacle financiera haciendo aumentar las deudas pblicas hasta el punto en que el estado norteamericano estuvo dos veces al borde del default mientras las deudas publicas ms las privadas de Japn llegaron en 2013 al 520 % del PBI, al 510 % de Gran Bretaa, etc. A partir de all los auxilios se agotaron y el Primer Mundo ingres en lo que en el mejor de los casos para l podra ser descripto como un largo periodo de estancamientos, recesiones y crecimientos anmicos que no debe ser pensado como una meseta de enfriamiento estable de la produccin, el consumo y el empleo sino como un tobogn descendente.

El crecimiento cero o la declinacin aunque sea suave significan el aumento tendencial del desempleo y en consecuencia el ingreso en un complejo fenmeno de desintegracin social.

Por su parte la militarizacin de los Estados Unidos no termin con el fin de la guerra fra, luego de un breve estancamiento hacia fines de los aos 1990 recomenz la expansin de los gastos militares de tal modo que para 2012 su volumen real (sumando todas la erogaciones con finalidad militar del estado, no solo las del Departamento de Defensa) se llega a una cifra equivalente a aproximadamente el 9 % del producto Bruto interno3. Lo que podramos abarcar como rea militar y de seguridad se desliz del pasado clsico poblado por militares y agentes profesionales de tipo tradicional adscriptos directamente a la administracin pblica a una nueva etapa con participacin ascendente de mercenarios, estructuras privadas contratadas por el estado, y una multitud de organizaciones pblicas y privadas informales oscilando entre la legalidad y la ilegalidad, mezcladas con negocios clandestinos (drogas, prostitucin, trfico de armas, etc.). Guerra de Cuarta Generacin, lumpen-burguesa financiera y lumpen-militarismo se conviertieron en el ncleo duro ideolgico-fsico de una lite imperial degradada que algunos autores sealan como lumpen-imperialista4.

Pero as como la mega burbuja financiera apuntal primero el funcionamiento del sistema para luego convertirse en un salvavidas de plomo, la degeneracin militarista-mafiosa y su novedosa doctrina aparecieron como la tabla de salvacin de estructuras militares y de inteligencia ineficaces ante una periferia aparentemente lista para ser devorada pero que se les escapaba de las manos. Sin embargo esas esperanzas eran ilusorias, lo nico que han conseguido es destruir pases, fracasar en el intento o ambas cosas al mismo tiempo acumulando gastos y dficits fiscales: la criminalidad converge con la estupidez.

La transicin 2008-2013 signific un cambio fundamental en las formas de la guerra (su degradacin radical) que dej al descubierto el carcter de la mutacin en curso del conjunto del capitalismo. Hacia mediados de los aos 1950 y haciendo referencia a la por entonces reciente practica blica nazi Johan Huizinga sealaba que histricamente la guerra siempre haba formado parte de las civilizaciones o culturas puesto que una comunidad (en guerra) reconoca a la otra (contra la que hacia la guerra) como humana... y separaba claramente y de manera expresa la guerra de la paz, por un lado, y de la violencia criminal, por otro. La teora de la guerra total destacaba el historiador- ha renunciado al ltimo resto ldico de la guerra (es decir a toda regla de juego) y con ello a la cultura, al derecho y a la humanidad en general5

A mi entender la ruptura hitleriana con relacin a la prctica y a la teora de la guerra, es decir la guerra total y sus genocidios fue un anticipo, un primer ensayo en plena crisis capitalista de lo que actualmente aparece como Guerra de Cuarta Generacin. En el primer caso se trat de una monstruosidad temprana, pionera alemana pero con antecedentes en la cultura ms reaccionaria de los Estados Unidos, autores como Domenico Losurdo han establecido de manera rigurosa evidentes races ideolgicas estadounidenses del nazismo6. Ese desastre expresaba la enfermedad de una civilizacin que todava dispona de reservas sistmicas (morales, productivas, institucionales, etc.) como para reponerse y que an no haba sufrido una metstasis general. El tumor hitleriano fue extirpado a medias y el mal pudo sobrevivir ocultndose en las sombras a la espera de una nueva oportunidad, llegaron los juicios de Nremberg, los crimenes de guerra (la violacin de las reglas de juego de la guerra moderna) fueron condenados selectivamente de manera prolijamente desprolija.

Cuando hacia fines de los aos 1930 Hermann Rauschning escribi una obra esencial para entender el funcionamiento del fenmeno: La revolucin del nihilismo, acert al sealar que la esencia de la dominacin nazi es el nihilismo, la negacin a la vez criminal y suicida de la realidad humana, pero se equivoc completamente cuando pronostic que ese fanatismo producido y difundido por la maquinaria del poder es tan vaco, tan artificial e inautntico que todo ese gigantesco aparato podra derrumbarse de un da al otro a causa de un solo acontecimiento sin dejar ningn rastro de vida autnoma7. Rauschning no supo (o no quiso) hundir el bistur hasta el fondo, de hacerlo se hubiera visto obligado a colocar en el banquillo de los acusados al conservadorismo burgus en su conjunto y a partir de all a los aspectos destructivos (y autodestructivos) de la civilizacin occidental a la que l se enorgulleca pertenecer.

Ahora cuando vemos al cncer fascista propagarse tranquilamente por toda Europa al ritmo de la crisis, desde el avance irresistible del Frente Nacional en Francia hasta la victoria neonazi en Ucrania, pasando por Holanda, Belgica, Croacia, Hungra, los pases blticos, Grecia, etc. no podemos dejar de constatar el enraizamiento profundo del mismo no solo en la tragedia de los aos 1920-1930-1940 sino en historias muchos ms antiguas, en fanatismos religiosos, en genocidios coloniales y otras prcticas sociales de gran crueldad (el nazismo clsico no era superficial ni inautntico, hunda sus races en la larga trayectoria criminal de Occidente).

Pero lo ms significativo y terrible ha sido la reinstalacin sin mayores escndalos de la doctrina hitleriana de la guerra total, rebautizada Guerra de Cuarta Generacin y a veces edulcorada como golpes blandos o suaves o bajo la delirante presentacin de guerras o bombardeos humanitarios. Ahora ya no se trata de una experiencia pionera y en cierto modo sorpresiva, anormal sino de un vale-todo aceptado por el conjunto de las lites imperialistas. El hecho de que la forma capitalista de hacer la guerra haya sufrido tal transformacin est estrechamente vinculado a (forma parte de) la transformacin del capitalismo en un sistema destructor de fuerzas productivas extendindose al contexto ambiental con sus tierras, mares, montaas, animales, etc. apuntando hacia la aniquilacin de todo el patrimonio histrico de la humanidad, de toda la acumulacin de civilizaciones.

Retorno al origen?

Podramos establecer paralelos entre la coyuntura actual y los orgenes de la modernidad. Robert Kurz puso al descubierto los orgenes militares del capitalismo. Hacia el siglo XVI, segn Kurz no fue la fuerza productiva, sino por el contrario una contundente fuerza destructiva la que abri el camino a la modernizacin, a saber, la invencin de las armas de fuego. La produccin y movilizacin de los nuevos sistemas de armas no eran posibles en el plano de estructuras locales y descentralizadas que hasta entonces haban marcado la reproduccin social, sino que requeran en diversos planos una organizacin completamente nueva de la sociedad. Las armas de fuego, sobre todo los grandes caones, ya no podan ser producidas en pequeos talleres, como las premodernas armas de punta y filo. Por eso se desarroll una industria de armamentos especfica, que produca caones y mosquetes en grandes fbricas8 .

Un buen ejemplo de ello es la presencia en pleno siglo XVI del clebre Arsenal de Venecia fabrica militar muy admirada en su poca, probablemente la primera industria moderna, que inspir a muchos emprendimientos militares y civiles posteriores y cuya organizacin productiva basada en una eficaz divisin de tareas esbozaba el modelo que varios siglos despus en el inicio de la revolucin industrial inglesa describi Adam Smith.

Fue efectivamente en torno de los desarrollos militares que se fueron generando redes comerciales y financieras que permitan a los prncipes y dems seores de la guerra lanzar sus aventuras.

Las mismas estaban destinadas a las luchas intestinas de las aristocracias y a la represin de las masas campesinas pero su objetivo principal era el pillaje de la periferia, disparador decisivo y alimentacin duradera, plurisecular de la emergencia y consolidacin del capitalismo, sus mercados internos centrales, su ciencia, su arte y su expansin industrial y tecnolgica (existe por ejemplo una sobreabundante literatura referida a la incidencia de la inundacin de oro y plata proveniente de las colonias americanas en la transformacin burguesa de Europa) 9 .

Fue la alianza militar-parasitaria, entramado de mercenarios, aristocracia militarizada, comerciantes-bandidos, usureros de alto nivel, etc. la plataforma de lanzamiento de la conquista de la periferia permitiendo que una relativamente pequea economa guerrera realizara un pillaje desmesurado con relacin a su tamao inicial. En el siglo XVI el producto bruto de Occidente apenas superaba el 10 % de lo que podramos considerar como producto bruto mundial contra 23%-24 % China o 27%-28% India10.

Hubo una primera tentativa: las Cruzadas cuando aproximadamente en los siglos XII y XIII los occidentales lanzaron una sucesin de invasiones al rico Cercano Oriente ocupando parte de su territorio11.

Pero esa colonizacin fracas pese a la enorme crueldad desplegada, los pueblos invadidos disponan de una capacidad militar que les permiti expulsar al invasor por medio de lo que podramos llamar guerra de larga duracin, la disparidad militar entre invasores e invadidos no fue lo suficiente grande como para sellar la derrota definitiva de las vctimas.

La situacin fue cambiando desde el siglo XV y experiment un gran viraje en el siglo XVI en que Occidente adquiri una superioridad tcnico-militar decisiva sobre el resto del mundo.

La batalla de Lepanto (1571) prob la superioridad tcnica occidental sobre el Imperio Otomano, la eficacia del Arsenal de Venecia estuvo detrs de esa victoria12, medio siglo antes los espaoles haban utilizado su abrumadora superioridad tcnica para aplastar al Imperio Azteca que no conoca la plvora ni las armas de metal.

Esa superioridad militar de Occidente no fue producto del azar, se apoy en el vertiginoso desarrollo de su ciencia militar durante los siglos XV y XVI, la ingeniera militar estuvo en el centro del Renacimiento europeo, heredaba a la ingeniera militar medieval que su vez mantena vnculos con la ciencia militar de la antigedad greco-romana. Bertrand Gille relata que cuando en 1328 Felipe V de Valois concibi el proyecto de partir a las cruzadas Guy de Vigevano se convirti en su consejero militar y escribi para el rey un tratado sobre maquinas de guerra...que puede ser considerado como uno de los principales antecedentes de la ciencia militar posterior. Gille destaca que ciertas ilustraciones del tratado presentan analogas sorprendentes con algunas imgenes de antiguos manuscritos griegos y romanos que junto a otros desarrollos medievales demuestran segn el autor una clara continuidad cientfico-tcnica en el tema militar desde Grecia y Roma hasta llegar a los siglos XV y XVI13.

La continuidad histrica de la demanda (el militarismo) para esa ciencia se remonta primero a la Edad Media europea una de cuyas caractersticas principales fue el sobre dimensionamiento de sus dispositivos blicos, la excesiva proliferacin de organizaciones militares conducidas por prncipes aspirantes a emperadores y titulares de imperios como Carlomagno pasando por seores de la guerra de todo tamao, bandas de mercenarios, etc. Militarismo feudal enlazado histricamente con la Antigedad europea guerrera e imperialista, constatemos solamente que como lo observa James O'Donnell con relacin al imperio romano ya en decadencia: despus de llegar al trono en el ao 284 el emperador Diocleciano y sus sucesores pudieron restaurar las fronteras romanas y el orden romano multiplicando por cinco o diez el nmero de soldados y funcionarios. Diocleciano aument el nmero de soldados a 400 mil y ms tarde lleg a alcanzar los 650 mil14.

En su libro Matanza y cultura15 Victor Hanson desarrolla la larga trayectoria belicista de Occidente y al referirse a sus victorias militares del siglo XVI seala que el dinamismo militar europeo era un continuo de la Antigedad clsica, no una consecuencia casual de la edad de la plvora y del descubrimiento del Nuevo Mundo... desde Grecia hasta el presente... las afinidades demostradas por las sociedades occidentales en su forma de hacer la guerra resultan asombrosamente duraderas y agrega luego: las falanges macedonias, igual que el ejrcito de Corts, la flota cristiana que combati en Lepanto y la compaa de fusileros britnicos que defendi Rorque's Drift (1879-frica, las tropas coloniales fueron derrotadas por los zulues) disponan de un armamento muy superior al de sus adversarios.

No se trata solo de superioridad tcnica sino de la extrema crueldad en su forma de hacer la guerra lo que lleva al autor (pese a su admiracin hacia Occidente) a sealar que: algunos estudiosos equiparan a Alejandro Magno con Cesar... o Napolen con quienes comparta su voluntad de hierro, su genio militar innato y la bsqueda de un imperio ms poderoso de lo que los recursos naturales de su tierra nativa les permitan. Alejandro en efecto guarda afinidades con ellos, pero a nadie se parece ms que a Adolf Hitler. El paralelo inevitable entre las falanges griegas, las legiones romanas, los cruzados, las tropas coloniales espaolas, inglesas, francesas y los ejrcitos hitlerianos establece el hilo conductor occidental de una larga sucesin de guerras, conquistas y matanzas.

La acumulacin originaria del capitalismo se bas, fue exitosa gracias al saqueo desmesurado de una periferia y de recursos naturales gigantescos, relativamente infinitos dado el nivel tcnico y la capacidad de rapia de los imperialistas europeos de ese entonces. Pero esa desmesura es imposible actualmente, el planeta es demasiado pequeo para las necesidades de lo que sera un nuevo proceso de acumulacin capaz de potenciar el parasitismo occidental hasta generar una suerte de supercapitalismo global.

Las potencias centrales son lo suficientemente grandes como para destruir al planeta (lo que significara su autodestruccin) y es por ello, a causa de su gigantismo que no pueden salvarse, iniciar un nuevo ciclo ascendente devorando recursos humanos y naturales aunque para sobrevivir como imperio necesitan alimentarse de sus vctimas. Esto marca una diferencia cualitativa esencial con lo ocurrido hace cinco siglos, ahora la violencia imperialista no es la de un monstruo vigoroso, en su infancia o juventud sino la de un monstruo viejo y obeso.

Occidente

Es necesario asociar conceptos artificialmente disociados como civilizacin occidental, civilizacin burguesa, Imperio (occidental) y capitalismo. El capitalismo aparece como un fenmeno histrico con races geogrficas occidentales bien delimitadas cargando una pesada herencia cultural especfica. Occidente emergi como una empresa imperialista colectiva, agrupando a varios estados expandindose globalmente y al mismo tiempo enfrascados en feroces disputas intestinas, la unificacin lleg luego de un largo recorrido plurisecular al final de la Segunda Guerra Mundial bajo el mando de una superpotencia neo europea: los Estados Unidos.

El estallido de la guerra en 1914 pero especialmente la ruptura rusa de 1917 marc el inicio del declive occidental aunque la tendencia pareci revertirse desde los aos 1990 con el desplome de la URSS y en cierto sentido antes a partir de la reconversin capitalista de China. Pero no fue as, de la desintegracin sovitica luego de una dcada de desastres apareci Rusia como potencia militar-energtica crecientemente autnoma aunque manteniendo estrechos lazos comerciales y financieros con Occidente y del aburguesamiento chino no naci un pas subdesarrollado dcil a los intereses norteamericanos como India o Mxico sino una potencia perifrica tambin con importantes mrgenes de autonoma.

El deterioro general de la dominacin occidental, de su jerarqua imperialista, es decir del capitalismo como sistema mundial ha engendrado el fenmeno de despolarizacin, de descontrol perifrico, China y Rusia pero tambin Irn, y los juegos ms o menos independientes de algunos estados progresistas de Amrica Latina ilustran el proceso. Los brbaros del siglo XXI se organizan sin tutela romana o negociando con la Roma moderna ya no como simples vasallos, pero esa Roma no puede reproducirse como tal, su parasitismo no puede sobrevivir sin los tributos crecientes de sus sbditos perifricos, necesita cada vez ms sangre de sus vctimas (petroleo barato, litio, oro, cobre, salarios miserables, mayores ventajas comerciales, mega-transferencias financieras, etc.) mientras las vctimas van encontrando los caminos para reducir el pillaje gracias precisamente al debilitamiento del parsito (lo que no impide en ciertos casos que los brbaros se pillen entre ellos).

Algunas precisiones nos pueden ayudar a entender mejor lo que est ocurriendo.

En primer lugar el hecho de que la consolidacin de los estados burgueses centrales ha estado (y sigue estando) estrechamente asociada a la expansin y consolidacin colonial, la extraccin masiva de riquezas de la periferia permiti y sigue permitiendo la integracin de las sociedades centrales y la permanencia de su guardin estatal-militar, el fin o el debilitamiento grave de dicha explotacin marcara el eclipse de esos estados y de sus bases sociales.

En segundo lugar la comprobacin de que el capitalismo es un sistema basado en un encadenamiento de jerarquas fuertemente autoritarias, desde la empresa ascendiendo hasta llegar al centro del poder mundial a travs de una compleja articulacin de estados, grupos econmicos, instituciones internacionales, medios de comunicacin, etc. La jerarqua imperialista del capitalismo es inherente al mismo, es su forma histrica, concreta de reproduccin, nunca fue una articulacin pacfica sino un ensamble violento e inestable donde la autoridad es ganada y conservada con guerras, presiones, trampas, etc. Pero hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial esa jerarqua jams pudo estructurarse en torno de un nico centro estatal, superimperialista de poder, desde los inicios de la modernizacin y su sombra colonial nos encontramos ante sucesivas rivalidades y guerras interimperialistas.

La fantasa de la globalizacin regida por una sola potencia mundial aunque insinuaba concretarse en los lejanos aos 1990 se fue desvaneciendo en la dcada siguiente, el sometimiento de Europa y Japn a la jefatura estadounidense contina basada en la degradacin de ambos socios menores, hechos recientes como los de Libia, Siria y Ucrania son buenos ejemplos de ello. Pero ocurre que el jefe imperial tambin se degrada lo que plantea la incertidumbre respecto del futuro de esa convergencia central. Por su parte la periferia se va descontrolando precisamente cuando ms es necesario su control (superexplotacin) para la reproduccin del parsito, en consecuencia el imperio se enfurece, se desespera, rescata toda su memoria racista no solo para expulsar o reducir a la esclavitud a los intrusos perifricos que se instalan en los territorios imperiales sino para convertir a sus pases de origen en zonas de libre cacera.

Est ltima etapa ilumina toda la historia anterior del sistema, destruye sus mitos decisivos, deja al descubierto su falsedad esencial. Sobre todo el mito del capitalismo como progreso, como etapa superior en la sucesin de civilizaciones, es decir como la ms potente negacin de la barbarie.

Buena parte de las ideologas anticapitalistas de los siglos XIX y XX planteaban la superacin del capitalismo como una suerte de continuidad a un nivel superior, de negacin inicial, revolucionaria, apoyada en los logros positivos del viejo mundo (el proyecto de ruptura albergaba condicionamientos culturales que aseguraban la reproduccin de aspectos decisivos de la civilizacin burguesa).

Pero la degeneracin en curso de ese sistema le quita el velo ideolgico a su verdadero rostro, los logros aparentemente positivos de su tecnologa (donde el captulo militar es decisivo) aparecen inscriptos en un contexto de conquistas coloniales con centenares de millones de asesinatos, con liquidaciones de creaciones culturales calificadas despectivamente como atraso o subdesarrollo, depredando hasta la extincin a una amplia variedad de recursos naturales.

Podemos incluir un pequeo agregado entre parntesis a la clebre expresin de Voltaire para afirmar que la civilizacin(burguesa) no ha suprimido a la barbarie sino que la ha perfeccionado. El capitalismo no debe ser asumido como una etapa en ltima instancia positiva en la marcha del progreso humano sino como una desgracia, como un desastre, una degeneracin cuya no existencia hubiera evitado numerosas tragedias. El balance histrico de su evolucin es globalmente negativo, muchos de sus progresos cientficos y tecnolgicos habran sido obtenidos siguiendo probablemente otros ritmos y caminos pero en contextos sociales menos terribles.

Hegel en sus lecciones de filosofa de la historia estableca que el desarrollo de la libertad, componente de la marcha de la Civilizacin entendida como encadenamiento de civilizaciones, como la evolucin del progreso universal, naca penosamente en Oriente (es decir en la periferia) para realizarse integralmente en Occidente con la victoria mundial de su civilizacin, de la modernidad burguesa16. La soberbia eurocntrica le impeda a Hegel percibir que la libertad perifrica (embrionaria, en desarrollo) haba sido aplastada, abortada, liquidada por un Occidente parasitario y depredador concretando la mayor matanza de la historia humana y que su civilizacin sanguinaria solo poda afirmarse una y otra vez por medio de la fuerza bruta, de sus dispositivos militares contra los pueblos oprimidos de la periferia (y cuando fue necesario tambin contra sus propias poblaciones como lo demostr el fascismo europeo del siglo XX ahora en pleno renacimiento).

La subestimacin, el desprecio occidental, su visin deshumanizante de las culturas perifricas constituye una pieza clave de su ideologa imperial estructurada durante muchos siglos de saqueo, la animalizacin de la imagen del hombre del resto del mundo form parte de la construccin psicolgica que facilit al colonizador de Occidente la realizacin de los grandes genocidios legitimados como obra civilizadora. La ignorancia o desprecio de las riquezas culturales de la periferia, de la creatividad de sus bases sociales, del potencial de autonoma de sus comunidades campesinas no solo atrap a los cerebros de las lites occidentales sino tambin a buena parte de sus enemigos internos, as fue como Gramsci pudo llegar a afirmar que en la vieja periferia precapitalista el Estado era todo, la sociedad civil era primitiva y gelatinosa mientras que en Occidente exista una robusta sociedad civil17 lo que no permite explicar como hicieron las poblaciones andinas de Amrica, por ejemplo, para sobrevivir culturalmente al genocidio inicial de la conquista seguido por ms de cinco siglos de opresin y pillaje occidental u otras proezas culturales de los perifricos de Asia y frica.

Es necesario entender que la declinacin en curso del mundo occidental se convierte en degeneracin de su trama ideolgica y econmica planetaria, es decir del capitalismo como totalidad universal. Desde los aos 1970 se sucedieron las ilusiones referidas a las emergencias capitalistas no occidentales, desde el milagro japons, pasando por los tigres y dragones de Asia (Corea del Sur, Taiwan, etc.) hasta llegar a China. En todos esos casos era evidente que las expansiones industriales-exportadoras que lideraban los desarrollos milagrosos se apoyaban en las necesidades de los mercados occidentales o de mercados perifricos fuertemente dependientes de esas demandas por consiguiente el deterioro de dichos mercados golpea a los capitalismos no-occidentales. Adems hechos tales como la hipertrofia globalizada de las redes financieras establecan un solo espacio mundial estrechamente intercomunicado, la imposible desfinancierizacin del capitalismo constituye un bloqueo comn del que no pueden escapar ni el centro ni la periferia. Esta ltima adems cuando se embarca en la prosperidad burguesa queda sometida al modelo consumista, a las pautas ideolgicas occidentales que tienen un devastador efecto desestructurante (familiar, comunitario, ambiental).

A mediados de 2008 en pleno estallido financiero Richard Haass, presidente del Council on Foreign Relations de los Estado Unidos public un artculo donde daba la voz de alarma: la unipolaridad estaba condenada a muerte y no tenda a ser remplazada por la multipolaridad, estaba comenzado a emerger un mundo no-polarizado que el autor cargaba de imgenes caticas18, Haass perciba que el fin de la jerarqua imperialista, unipolar desde 1991 y multipolar en toda la historia anterior del sistema (includo el perodo de auge de imperio britnico) poda llegar a ser una suerte de fin del mundo, de derrumbe de la civilizacin, es decir de desarticulacin del capitalismo como cultura universal y por supuesto adelantaba algunas medidas correctivas que permitiran mitigar el supuesto desastre.

Haass tena razn cuando alertaba acerca de que la no-polaridad albergaba el fantasma del fin de la civilizacin (burguesa), George W. Bush y luego Barak Obama han intentado impedir ese futuro introduciendo correctivos militares que han terminado por agravar la enfermedad del Imperio propagando el caos all donde les ha sido posible.

Por su parte potencias perifricas como Rusia y China no estn en condiciones de reordenar, en el sentido burgus del trmino, el desorden causado por la decadencia occidental desarrollando nuevos espacios capitalistas jerarquizados en remplazo de los viejos espacios agonizantes, no son fuerzas negentrpicas del sistema sino zonas capitalistas resistentes sumergidas tambin ellas en la decadencia global. Intentan frenar los manotazos que contra sus intereses lanza el imperio pero al resistir, contragolpear o avanzar sobre los flancos dbiles del adversario contribuyen al desorden general, bloquean las tentativas de recomposicin del dominio occidental del mundo y de ese modo agravan la degeneracin global capitalismo.

La insurgencia global como necesidad histrica

Las lites dominantes de China y Rusia, tambin las de Brasil, India o Irn creen en la posibilidad de desarrollar sus capitalismos nacionales, hacen lo que hacen para no hundirse en el desastre al que lo quiere condenar Occidente pero el carcter global, profundamente interrelacionado del sistema del que forman parte condiciona sus astucias.

Todos esas zancadillas y empujones entre el centro y la periferia contribuyen a crear un panorama global enrarecido que en cualquier momento puede derivar en guerras y situaciones pre-blicas a nivel regional amenazando algunas veces con transformarse en confrontaciones mundiales como ocurri en 2013 a raz de la situacin siria y en 2014 con Ucrania.

Karl Polanyi describa la larga pax europea (salpicada por conflictos menores) vigente desde el fin de las guerras napolenicas hasta 1914 resultado segn l del rol armonizador, apaciguador de conflictos cumplido por algunos factores ocultos entre los que destacaba a la haute finance, los crculos financieros europeos ms encumbrados que ponindose por encima de los intereses polticos nacionales anudaban compromisos, negocios atravesando pases y calmando por consiguiente la disputas interimperialistas19.

Pero Polanyi solo miraba la superficie del fenmeno en realidad los negocios de la haute finance se fundaban en la vertiginosa acumulacin de capitales proveniente principalmente de la rapia imperialista del mundo uno de cuyos pilares esenciales era la accin de los estados occidentales, el desarrollo de sus aparatos militares (decisiva fuente de negocios) y de las consiguientes megalomanas patriticas de las respectivas burguesas nacionales rivales. Polanyi seala que los Rothschild no estaban sujetos a un gobierno; como una familia, incorporaban el principio abstracto del internacionalismo ; su lealtad se entregaba a una firma, cuyo crdito se haba convertido en la nica conexin supranacional entre el gobierno poltico y el esfuerzo industrial en una economa mundial que creca con rapidez20. En realidad el rol pacificador de los Rothschild formaba parte un doble juego peligroso pero muy rentable, por un lado excitaban a las bestias alentando sus ambiciones (y de inmediato les pasaban la cuenta) y por otro las calmaban cuando amenazaban hacer un desastre, pero esa sucesin de excitantes y calmantes aplicadas a bestias que absorban drogas cada vez mas fuertes termin como tena que terminar: con un gigantesco estallido (Agosto de 1914).

Trasladndonos al mundo actual es necesario afirmar que la globalizacin de negocios no establece un manto transnacional pacificador sino todo lo contrario, sobre todo en los centros globales de poder poltico-militar incentivando megalomanas criminales.

Es al interior del sistema global decadente que se desarrollan las ilusiones, esperanzas y rebeldas de la periferia. La ilusin de afianzar capitalismos autnomos bajo las banderas de la restauracin de la identidad rusa o del socialismo de mercado chino o de un socialismo a medias como en Venezuela o de una sociedad basada en el islam como en Irn o de capitalismos progresistas como en Brasil, Argentina o Ecuador. Pero tambin la resistencia al invasor en Afganistan o en Libia hasta llegar a la guerra prolongada por el socialismo de las FARC en Colombia, a las protestas sociales en Europa, etc. Ese gran rompecabezas no constituye una insurgencia global ni mucho menos un movimiento en va de articulacin sino un proceso sumamente heterogneo donde se presentan erupciones efmeras, ciclos de larga duracin, tentativas de desarrollo capitalista relativamente autnomos, rebeliones anticapitalistas, etc. que pueden ser vistos de distintas maneras, una de ellas es la de una gran turbulencia perifrica que se va expandiendo en medio de contradicciones de todo tipo anunciando al mismo tiempo escenarios futuros de insurgencia popular contra el sistema y su contrario: el hundimiento en degradaciones prolongadas.

Es ese espacio complejo al que las potencias occidentales tratan de aplastar, aislar, demonizar, triturar, all se reproduce un gigantesco proletariado universal, varios miles de millones de campesinos, obreros, marginales, comerciantes miserables, etc. condenados a la muerte o a la supervivencia infrahumana por la dinmica decadente del sistema. Constituyen una realidad plural que se opone naturalmente a la homogeneizacin esclavizante de Occidente intentando preservar y/o construir identidades, espacios de libertad, sobrevivir, vivir dignamente.

Los prximos aos dirn si desde esa masa proletaria irrumpe la insurgencia global que desplegando su pluralidad vaya convergiendo en la segunda ofensiva contra el imperio, la primera ocurri en el siglo XX a partir de la Revolucin Rusa convirtindose en una rebelin global que se prolong durante cerca de seis dcadas abarcando desde China hasta Cuba, pasando por Argelia, Vietnam, Nicaragua.

Hace medio siglo estaban de moda en Europa occidental autores que denunciaban la prdida de hegemona de la regin superada por superpotencias extraregionales como la URSS, los Estados Unidos o Japn. Uno de esos textos, de gran xito editorial, fue El rapto de Europa21 de Luis Diez del Corral, su tesis era que naciones extra europeas le estaban robando o ya le haban robado a Europa su mayor creacin cultural: la modernidad.

Deslumbrado por el mito griego el autor no recapacit lo suficiente acerca de su significado histrico: Zeus roba, rapta a Europa, princesa del Cercano Oriente engaada por el dios que mimetizado como toro la induce a que lo monte cosa que aprovecha el ladrn para secuestrarla y llevarla a su isla. El origen del Occidente histrico es el engao y el robo, su propio nombre: Europa es el de un trofeo producto del robo. En ltima instancia si el mundo no occidental se apropiara de la modernidad occidental no estara haciendo otra cosa que recuperar el capital ms los intereses de las riquezas que el ladrn le haba quitado durante siglos: oro, plata, petrleo, cereales, centenares de millones de vidas humanas. En realidad el planeta est hoy completamente modernizado, para unos (el centro del mundo) eso significa desarrollo capitalista, poder, privilegios mientras que para el resto quiere decir subdesarrollo capitalista, miseria, frustraciones.

De todos modos la apropiacin perifrica de la modernidad es un anzuelo envenenado, es la ilusin de reproducir los supuestos logros culturales de la civilizacin burguesa de manera independiente o enfrentando a Occidente, cuando el esclavo imita al amo o pretende regenerar a su comunidad adoptando-adaptando sus fundamentos ideolgicos lo que consigue es bloquear la creatividad revolucionaria de su base social (as lo demuestra la experiencia histrica del siglo XX)22, cree haber encontrado el hilo de Ariadna que le permitir salir del laberinto, se aferra al mismo y marcha triunfalmente hacia la salida... en realidad se ha aferrado a la cola del diablo quien astutamente lo deriva hacia pasadizos an ms siniestros.

Pero la modernidad ha ingresado al estado de decrepitud y la liberacin de sus vctimas centrales y perifricas solo puede ser lograda por medio de la negacin absoluta del capitalismo, su completa destruccin, para desde sus cenizas construir un mundo nuevo. Nada autoriza a suponer que esa proeza (la mayor de la historia humana) sea inevitable, la regeneracin postcapitalista es histricamente necesaria aunque no constituye un fenmeno inexorable impuesto por supuestas leyes de la historia. Se trata de una tarea que requiere un gigantesco esfuerzo voluntarista animado por ideas resultado de prcticas insurgentes, rebeldas ms o menos radicalizadas, de pruebas, errores, fracasos, xitos efmeros o duraderos.

Notas:

1 Las decadencias de civilizaciones anteriores y las reflexiones contemporneas sobre las mismas en la medida en que lograban una visin de cierta amplitud asociaban a dichas decadencias con futuras renovaciones o instalaciones de nuevas civilizaciones en el mismo territorio. A nivel mundial mientras una civilizacin decaa otras permanecan o emergan. Ahora dado el potencial autodestructivo del capitalismo global aparece la posibilidad histrica del fin de la historia no en el sentido idlico (siniestro) del mundo liberal feliz que hace algunas dcadas nos propona por ejemplo Francis Fukuyama sino como desastre universal.

2 Marx y Engels, La ideologa alemana, Ediciones Progreso, Mosc, 1974.

3 En 2012 los gastos del Departamento de Defensa llegaron a unos 700 mil millones de dlares, si a los mismos se les adicionan los gastos militares que aparecen integrados (diluidos u ocultos) en otras reas del Presupuesto (Departamento de Estado, USAID, Departamento de Energa, CIA y otras agencias de seguridad, pagos de intereses, etc.) se llegara a una cifra cercana a los 1,3 billones (millones de millones) de dlares. Esa cifra equivale al 50 % de los ingresos fiscales previstos o al 100 % del dficit fiscal. Esos gastos representaron casi el 60 % de los gastos militares globales y si les sumamos los de sus socios de la OTAN y de algunos pases vasallos extra-OTAN como Arabia Saudita, Israel, Colombia o Australia estaramos entre el 75 % y el 80 % del gasto global (Ref: Jorge Beinstein, Capitalismo del Siglo XXI. Militarizacin y decadencia, Ed. Cartago, Buenos Aires 2013).

4 Narciso Isa Conde, Estados neoliberales y delincuentes, Aporrea, 20/01/2008, www.aporrea.org/a49620.html

5 Johan Huizinga, Homo ludens (1954), Emec Editores, Buenos Aires, 1968.

6 Domenico Losurdo, Las raices norteamericanas del nazismo, Enfoques Alternativos, n 27, Octubre de 2006, Buenos Aires.

7 Hermann Rauschning, La rvolution du nihilisme, Gallimard, Paris, 1980 .

8 Robert Kurz, Los orgenes destructivos del capitalismo, 1997, ttp://www.oocities.org/pimientanegra2000/kurz_origen_destructivo_capitalismo.htm

9 En otros textos he presentado un concepto de Anouar Abdel Malek a mi entender esencial para entender el fenmeno, se trata del surplus histrico acumulado durante siglos por Occidente resultado de un saqueo universal sin precedentes, patrimonio imperialista basado en la destruccin del contexto ambiental y de civilizaciones de todos los continentes (Anouar Abdel Malek, Political Islam, Socialism in the World, Number 2, Beograd 1978.

10 Angus Maddison,The World Economy: Historical Statistics, OECD 2003.

11 Ren Grousset la calific como la pimera expansin colonial de Occidente. Rene Grousset, Las cruzadas, EUDEBA, Buenos Aires, 1965.

12 El poder veneciano se basaba en su capacidad para fabricar armas de acuerdo a los modernos principios de la especializacin y la produccin capitalista seala Victor Davis Hanson para agregar que tres aos despus de Lepanto el monarca francs Enrrique III, que se encontraba en Venecia, visit el Arsenal que, para su asombro, mont, bot y equip una galera en una hora!

En condiciones normales, el Arsenal, recurriendo a principios de construccin naval, financiacin y produccin en masa comparables nicamente a los del siglo XX, era capaz de botar una flota entera de galeras en el espacio de unos pocos das, Victor Davis Hanson, Matanza y cultura. Batallas decisivas en el auge de la civlizacin occidental, Fondo de Cultura Econmica-Turner, Mxico D.F. / Madrid 2006.

13 Bertrand Gille, Les ingnieurs de la Renaissance, Herman, Paris 1964.

14 James O'Donnell, La ruina del imperio romano, Ediciones B, Barcelona 2010.

15 Victor Davis Hanson, op cit.

16 G.W.F Hegel, La Raison dans l`Histoire, Union Gnrale d`Editions, 10/18, Paris 1965 .

17 Antonio Gramsci, Cuadernos de la crcel, Ed. Era, Mxico, 1999.

18 Richard N. Haass, The Age of Nonpolarity. What Will Folow U.S. Dominance, Foreign Affairs, Mai/June 2008.

19 Karl Polanyi, The Great Transformation.The Political and Economic Origins of Our Time, Bacon Press, Boston, Massachusetts, 2001.

20 K. Polanyi, op. cit.

21 Luis Diez del Corral, El rapto de Europa, Alianza Editorial, Madrid 1974.

22 Desde los avatares burocrticos de la historia sovitica hasta llegar al realismo burgus de los dirigentes chinos pasando por los diversos nacionalismos ms o menos socialistas o capitalistas del Tercer Mundo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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