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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-07-2014

Una visin crtica
Qu es el neo-desarrollismo? Argentina y Brasil (II)

Claudio Katz
Rebelin


En Argentina se implement el principal ensayo del neo-desarrollista de la ltima dcada. El pas volvi a encabezar los virajes econmicos de la regin, como ya ocurri en los aos 50-60 con la sustitucin de importaciones y en los 90 con el neoliberalismo extremo. Reafirm su papel de experimentador de mutaciones significativas en Amrica Latina. Este rol de adelantado es reivindicado por los autores que ponderan el modelo, en comparacin a los esquemas ortodoxos de otras economas [2].  

UN CORTO ENSAYO

El esquema intentado en Argentina logr cierta efectividad en la fase inicial del gobierno kirchnerista. Durante ese perodo (2003-2007) se reunieron las condiciones para lograr alto crecimiento, con baja inflacin y recuperacin del empleo.

Las polticas neo-desarrollistas aportaron un tercer ingrediente a los fundamentos objetivos de este ciclo. El primer determinante fue la depreciacin de los salarios y la consiguiente recomposicin de la rentabilidad que leg el derrumbe del 2001. El segundo motor de la expansin fue la valorizacin internacional de las agro-exportaciones.

Las iniciativas neo-desarrollistas introdujeron cambios en la administracin del estado y un nuevo arbitraje entre los grupos dominantes. Pero este curso mantuvo muchos vasos comunicantes con el esquema precedente. Subordin la meta de reindustrializar a la continuidad de exportaciones primarizadas y apuntal a los sectores empresarios ms internacionalizados.

El modelo limit inicialmente la valorizacin financiera y adapt el rumbo de la economa a la nueva relacin social de fuerzas impuesta por la rebelin del 2001. Hubo contemporizacin con las demandas populares y se recurri a una mayor escala de asistencialismo.

Durante cuatro aos se pudo gestionar la economa con los parmetros del modelo Bresser-Ferrer. Hubo supervit fiscal primario, alto tipo de cambio, bajas tasas de inters y expansin del consumo. Pero la acelerada disipacin de esta coyuntura anticip el escaso margen existente para mantener ese curso.

En el 2007-2010 comenz la inflacin y se fren el crecimiento. El modelo persisti con los nuevos impulsos aportados por la introduccin de un ingreso universal asistencial y la estatizacin de los fondos de pensin. Con esas medidas se intent sostener un esquema ya amenazado por el deterioro de sus principales variables.

Esos desequilibrios emergieron con fuerza a partir del 2011. La inflacin se intensific, la produccin se estanc, el dficit fiscal reapareci y fallaron todas las iniciativas implementadas para revertir el declive. El control de cambios, la pesificacin y la expansin de la emisin no atenuaron el resquebrajamiento del modelo.

A comienzo del 2014 resurgieron finalmente las tensiones clsicas de la economa argentina que condujeron a las repetidas debacles del pasado. La reiteracin de esos colapsos se encuentra actualmente contrarrestada por el limitado nivel de endeudamiento pblico y privado, la solvencia de los bancos y la continuada valorizacin de las exportaciones. Por esta razn el PBI se contrae, pero con apuestas a un rebote ulterior. Numerosos capitales internacionales ya preparan su arribo para adquirir empresas [3].

Sin embargo, la continuidad del proceso neo-desarrollista ha quedado severamente afectada por el debilitamiento poltico-electoral del kirchnerismo . Es muy probable que en los prximos aos, Argentina atraviese un giro poltico semejante al observado al final de los grandes ciclos de las ltimas dcadas. Ya ocurri a mitad de los 70, durante los 80 y en el 2001-03. En los tres casos el peronismo registr una convulsin mayscula y pudo reconstituirse, pero sin recuperar la fidelidad popular que rode a su gestacin. Ha sobrevivido ms que otras fuerzas semejantes de Amrica Latina transitando por una amplia gama de variantes, que incluyeron el nacionalismo inicial, la radicalidad popular, el giro represivo y el neoliberalismo.

A diferencia de sus antecesores el kirchnerismo encabez una administracin con fisonoma centro-izquierdista y retrica progresista. Restaur el sistema poltico, otorg importantes concesiones democrticas y sociales e improvis un proyecto diferenciado del peronismo tradicional. Pero no logr generar una identidad poltica sustituta [4].

Este perodo concluye con un giro conservador de adaptacin a las demandas del establishment. Este viraje incluye una gran devaluacin y achatamientos de los salarios. A la luz de los enormes desequilibrios acumulados durante los ltimos aos es muy dudosa la persistencia del curso econmico actual.

MLTIPLES DESAJUSTES

La elevada tasa de inflacin es la principal manifestacin de las tensiones generadas por el modelo. Ese incremento de los precios supera en los ltimos seis aos la media global o latinoamericana y se ha estabilizado en torno al 25-30% anual. No decae en las coyunturas recesivas y su porcentaje real fue desconocido durante largo tiempo por la manipulacin oficial de las estadsticas. La gestin cotidiana de la economa qued afectada por esta distorsin de un indicador clave.

El incremento de los precios obedeci inicialmente al reducido nivel de inversin frente a una demanda recompuesta. Ese cuello de botella se reforz posteriormente por el manejo concentrado de numerosos sectores. La remarcacin permiti mantener el nivel general de las ganancias una vez disipada la capacidad ociosa [5].

Algunos economistas cuestionan este diagnstico de inflacin por oligopolio, estimando que la caresta deriva de una puja distributiva entre empresarios y trabajadores. Argumentan que en otros pases la misma concentracin de los negocios no se traduce en inflacin [6].

Pero tampoco la disputa social por el ingreso genera all el mismo incremento de los precios. En esos pases los mismos desequilibrios desembocan en otro tipo de tensiones, puesto que el recurso inflacionario no est incorporado al manejo corriente de la actividad. Por simple experiencia, los capitalistas argentinos apelan ms a la remarcacin que sus pares de otros pases. Es una conducta muy asociada con la elevada expatriacin de capitales y el manejo de inversiones dolarizadas.

Los rebrotes inflacionarios obedecen, adems, a la preeminencia de una estructura exportadora de alimentos que encarece todos los costos agrarios, al comps de la valorizacin internacional de esos productos. Finalmente, en los ltimos aos la inflacin se intensific por la decisin oficial de sostener el consumo a travs de una intensa emisin. Este ritmo de creacin de moneda qued divorciado del respaldo en divisas y de los montos requeridos para la produccin. Por esta razn se acentu la depreciacin del peso.

El dficit fiscal constituye el segundo punto crtico del modelo. Ya se aproxima al 3% del PBI y afecta duramente a las provincias, que destinan la mitad de sus presupuestos al pago de salarios. Ante la ausencia de financiacin el gobierno promueve recortes a los subsidios del transporte y la energa para calmar las presiones del establishment.

El tercer campo de turbulencia ha sido la caldera cambiaria que estall a fin del 2013. El gobierno implement la devaluacin que pretenda evitar. Intent contener la estampida cambiaria vendiendo reservas, pero termin generando una hemorragia que redujo peligrosamente el respaldo de los pesos en circulacin.

Tambin se introdujeron formas de control cambiario que l os neoliberales cuestionaron a viva voz, culpando al intervencionismo estatal por la inestabilidad de los mercados [7]. Pero esa injerencia fue muy acotada y slo busc detener las presiones devaluatorias. Como Argentina no fabrica los dlares que utiliza para solventar sus compras externas, necesita algn tipo de regulacin estatal cuando las divisas comienzan a escasear.

El gobierno intent contrapesar el mercado libre que manejan los bancos y los exportadores. No viol ninguna ley de la naturaleza, ni tampoco los principios de una economa sana. El control de cambios fue introducido en forma tarda y se manej con total arbitrariedad. En lugar de penalizar a los especuladores, los funcionarios toleraron la apropiacin bancaria de los menguantes dlares.

Despus de transitar por todos los rumbos posibles, el gobierno se embarc en un ajuste que cuestiona todos los principios neo-desarrollistas. Elev drsticamente las tasas de inters y forz un encarecimiento del crdito que asfixia el consumo. De un estancamiento en la creacin de puestos de trabajo se pas a una coyuntura de menor empleo, en un marco de alta informalidad laboral. Este contexto se ubica muy lejos de la depresin del 2001, pero el modelo se ha quedado sin combustible.

Lo ms traumtico son las medidas de restriccin salarial que convierten a los ingresos populares en la variable de ajuste. La inflacin lica los salarios, las jubilaciones y los programas de gasto social. El gobierno oculta las cifras de pobreza e indigencia para no transparentar que su promedio actual se asemeja a los decenios anteriores. Nadie puede exhibir como un logro de la dcada ganada, que la pobreza afecte hoy al trabajador y no al desocupado, o que el asistencialismo evite las situaciones de extrema hambruna.

Argentina ha vivido muchas veces estas coyunturas crticas. Pero las condiciones actuales difieren significativamente en el plano poltico y econmico de los antecedentes traumticos legados por el rodrigazo (1975), la hiperinflacin (1989) o el colapso general (2001). La tensin actual no tiene el alcance del pasado, pero ilustra la impotencia de la receta neo-desarrollista para evitar los temblores que atormentan a la economa.

CRISIS GLOBAL Y DEMANDA

Los problemas del esquema ensayado en Argentina son reconocidos por sus propios promotores. Suelen atribuir esas fallas al impacto de la crisis global que irrumpi en el 2008. Afirman que el modelo permiti contrarrestar las consecuencias ms dramticas de esa convulsin, pero sin neutralizar todos sus efectos. Establecen comparaciones con Europa y remarcan las virtudes del crecimiento nacional frente al resto de Sudamrica [8].

Pero la crisis mundial afecta en forma muy diferente a cada regin o pas. Basta comparar la prosperidad de China con el derrumbe de Grecia para notar esas disparidades. El contraste que se establece entre Argentina y Europa del Sur olvida que la primera economa soport en el 2001, el vendaval que actualmente sacude al Viejo Continente. Los ciclos de prosperidad y depresin global no estn sincronizados.

Ciertamente el divorcio del mercado financiero internacional y la prioridad asignada al consumo, diferencian al modelo argentino de la apertura neoliberal, imperante en otros pases de Sudamrica. Pero el impacto de la crisis mundial ha sido limitado y semejante en ambos casos, dada la afluencia comn de divisas que gener la apreciacin de las exportaciones. Los precios rcord de la soja y los ingresos aportados por la agro-exportacin durante la ltima dcada, superaron en cinco veces el promedio de los 90 y en diez veces la media de los 80.

Los principales desequilibrios del experimento neo-desarrollista radican en el propio modelo. Ese esquema supuso que bastaba con alentar la demanda para incentivar el despegue de un crculo virtuoso de inversin y crecimiento. Inspirados en la heterodoxia keynesiana, sus promotores imaginaron que el simple aliento al consumo impulsara a toda la economa hacia un sendero de crecimiento auto-sostenido. Pero lo que funcion en el 2003-07 perdi consistencia en el 2008-2010 y se torn inviable desde el 2011.

Bajo el capitalismo los empresarios no slo se interesan por el comportamiento de las ventas. Priorizan las ganancias y evalan los costos. El empuje del consumo es reactivador en ciertas coyunturas, pero obstruye la rentabilidad en otras circunstancias.

Los heterodoxos suelen cometer una ingenuidad simtrica al ideario neoclsico, al imaginar grandes expansiones de la oferta productiva por el mero repunte de la demanda. Esperan una reaccin inviablemente positiva de los empresarios frente a esa mejora, olvidando la gravitacin de otras variables como el riesgo o el beneficio. Su idealizacin del capitalismo les impide percibir las contradicciones de este sistema.

Con esas ilusiones apostaron una y otra vez a la auto-correccin del modelo, mediante sencillos empujes de la demanda que terminaron generando impulsos inflacionarios, solventados con elevado gasto pblico y alta emisin. Lo que funcion durante la salida de la convertibilidad por la existencia de importantes recursos ociosos, perdi viabilidad en la coyuntura posterior.

Esas polticas permitieron incluso ciertos resultados de corto plazo frente a la recesin del 2009. Aprovecharon la subsistencia de un gran colchn de fondos pblicos para reanimar la economa. Pero ese excedente se disip posteriormente. Cuando en el 2013-2014 desapareci el margen para posponer ajustes, el gobierno recurri a las polticas ortodoxas de contraccin de la demanda, que el neo-desarrollismo suele objetar enfticamente.

LA RENTA CONVALIDADA

El ensayo neo-desarrollista ha fallado por la incapacidad del gobierno para incrementar la apropiacin estatal de la renta de la soja. Esta medida es una condicin insoslayable para estabilizar un modelo de expansin productiva y mejoras sociales. El kirchnerismo pretendi aumentar la captacin pblica de ese excedente subiendo los impuestos a las exportaciones de la soja (retenciones). Pero fue derrotado en la confrontacin del 2008 con el agro-negocio y desde ese momento abandon todo intento de retomar la iniciativa en este campo.

Ese desenlace marc un punto de inflexin. No le impidi al gobierno preservar (y recrear) su hegemona poltica, pero le quit al estado los recursos necesarios para la reindustrializacin. Persisti cierto crecimiento, pero con los motores del desarrollo totalmente apagados.

Argentina es una economa agro-exportadora asentada en la extraordinaria fertilidad de la tierra. Ese ventajoso acervo de recursos naturales constituye una maldicin bajo el capitalismo, puesto que establece un alto piso de renta comparativa para cualquier otra inversin. Ninguna actividad ofrece un nivel de rendimiento semejante al agro. Esta asimetra histricamente determin la preeminencia inicial de la ganadera y los cereales y su reemplazo actual por la soja.

La industria no pudo competir durante la centuria pasada con el latifundio terrateniente y no logra rivalizar en la actualidad con los Pools de Siembra. Un sector primario que ofreca escasas ofertas de trabajo a los chacareros, ya no crea empleo en la era de la siembra directa. La aglomeracin en villas miserias que generaba el xodo rural del interior ha devenido en informalidad laboral masiva, a partir del deterioro de la industria.

Los distintos proyectos de industrializacin que se implementaron desde la segunda mitad del siglo XX apuntaron a contrarrestar esta tendencia a la primarizacin estructural. Pero todos afrontaron el mismo lmite que impone la elevada renta agroexportadora al estrecho beneficio fabril. Como la fertilidad natural de la tierra asegura costos muy inferiores al promedio mundial, la vieja tentacin de privilegiar el agro (o a su extensin agro-industrial) invariablemente se renueva.

Esa primaca agroexportadora reapareci con fuerza en las ltimas dcadas de modernizacin de la produccin agrcola (modificaciones genticas, agroqumicos, maquinaria de ltima generacin) y aumento de la demanda internacional (por especulacin financiera, compras de China-India y agro-combustibles).

Este escenario volvi a disuadir el tibio intento oficial de sostener la actividad fabril, ms all de alguna sustitucin de importaciones. Los capitalistas de la soja mantuvieron su renta y el estado se qued sin los ingresos necesarios para desenvolver un modelo productivo. En estas condiciones el gobierno archiv su proyecto y se resign a gestionar el status quo de una economa sin dinamismo industrial.

Algunos autores extraen otro balance del conflicto con los agro-sojeros. Estiman que ese choque deriv en una radicalizacin progresista del oficialismo e incentiv medidas favorables al modelo neo-desarrollista (como la estatizacin de los fondos de pensin y la asignacin universal) [9].

Pero esta caracterizacin invierte lo ocurrido y no explica los desequilibrios que finalmente empujaron al kirchnerismo al ajuste. Ignora que al renunciar a un manejo mayor de la renta el gobierno perdi el rumbo y se diluy su proyecto.

Existi otra posibilidad para retomar el control de la renta durante la crisis cambiaria de principios del 2014 que requera especial voluntad poltica. El gobierno poda intentar en ese momento la nacionalizacin del comercio exterior, para obligar a los exportadores y financistas a liquidar los dlares acaparados. Pero opt por el libreto convencional.

El control estatal sobre las divisas es imprescindible para superar el status de Argentina como agroexportador de productos bsicos. nicamente el monopolio estatal del comercio exterior asegura la comercializacin centralizada de los enormes recursos que tiene el pas. Otras instituciones que ya existieron en el pasado -como el IAPI- podran complementar esta labor, negociando los precios y financiando la siembra o la cosecha. Esas entidades permitiran desvincular los precios locales de las cotizaciones internacionales y contribuiran a contrarrestar la inflacin generada por la exportacin de alimentos.

El ensayo neo-desarrollista socav su propio despunte al renunciar al nico instrumento eficaz para cortar la especulacin cambiaria y la facturacin fraudulenta de las exportaciones. Eludi comenzar la desprivatizacin de un ingreso que pertenece a todo el pas y que permitira remodelar la produccin agropecuaria, frenar la expansin de la frontera sojera, recuperar la ganadera y recrear la vitalidad de los cereales y los cultivos regionales.

BURGUESA E INOPERANCIA

El neo-desarrollismo apost por ensima vez al comportamiento productivo de la burguesa, olvidando los reflejos que ha perfeccionado este sector para fugar capitales, remarcar precios y desinvertir. Las expectativas que todos los gobiernos depositaron en esa franja siempre concluyeron en estruendosas decepciones.

Esa conducta de los capitalistas argentinos obedece a numerosas razones. Ha influido la formacin histrica de un sector muy dependiente de la financiacin estatal, tradicionalmente dbil frente a la oligarqua y muy temeroso de la clase obrera. Tambin incide la frustrada experiencia con la sustitucin de importaciones y la prdida de posiciones frente a Brasil.

Muchos autores suelen constatar peridicamente estos fenmenos, sin extraer ninguna conclusin. A los sumo sugieren que el estado debe ampliar su presencia econmica para sustituir esa desercin. Pero ese reforzamiento tambin generara tensiones y no podra atravesar ciertos lmites, puesto que un modelo de capitalismo estatal sin capitalistas carecera de sentido [10].

La frustracin actual es proporcional a las expectativas depositadas en la burguesa local. El kirchnerismo ponder a ese sector y lo benefici con cuantiosos recursos del estado esperando mayores inversiones. Pero esos subsidios volvieron a engrosar el patrimonio de los amigos del poder, sin ningn rdito productivo para el conjunto de la economa. Cada vez que ese uso parasitario sali a la superficie, el gobierno reemplaz a un favorecido por otro. Todos los grupos privilegiados aumentaron su riqueza a costa del erario pblico y protegieron su dinero en el exterior.

La burguesa local particip en los negocios ms rentables que le ofreci el kirchnerismo y se retir cuando deba aportar capital propio. En lugar de enterrar capital en inversiones de largo plazo ha preferido embarcarse en operaciones de alta rentabilidad inmediata. Con esa conducta particip en las privatizaciones en los 90 y ahora observa con atencin el posible regreso de los fondos de inversin para la reestructuracin de las empresas.

El neo-desarrollismo no slo fall por su expectativa en los capitalistas. La ltima dcada estuvo signada tambin por una impotencia mayscula en el terreno cambiario, impositivo y financiero.

Con el manejo de dlar se experimentaron todas las alternativas de introduccin y eliminacin de controles. En lugar de forjar un sistema proteccin de las divisas para las actividades prioritarias, se termin armando un barroco dispositivo de medidas intiles.

En el plano impositivo qued nuevamente congelada la reforma progresiva discutida en incontables oportunidades. Las propuestas para gravar la renta financiera, el juego y las actividades minero-extractivas han sido tan numerosas, como los proyectos para reintroducir los aportes patronales en la previsin social. Se habl hasta el cansancio de estos temas sin ningn correlato en definiciones prcticas.

El colmo de las contradicciones oficiales ha sido la orgullosa poltica de cancelar deuda externa utilizando reservas del Banco Central. Rifaron el principal resguardo que tiene la economa, para exhibir al gobierno como pagador serial, a la espera de una respuesta amigable del mercado. Supusieron que los banqueros reingresaran las divisas que les entregaban los funcionarios y se abon puntualmente una deuda pblica resultante de infinitos canjes, sin investigar su origen y legitimidad.

Esta sucesin de fracasos ha sido coronada en el 2014 con el giro hacia la recreacin del endeudamiento externo. Con ese objetivo se pagan las sentencias que emiti el tribunal del Banco Mundial (CIADI), a favor de cinco empresas afectadas por la pesificacin que sucedi a la convertibilidad. Tambin se reabri por tercera vez el canje de ttulos externos en litigio, para ofrecer un nuevo acuerdo a los fondos buitres. Estos financistas adquirieron por moneditas las acreencias argentinas desvalorizadas y ahora aguardan su pago integro en los tribunales de Nueva York [11].

Por el simple arreglo de los litigios pendientes, la deuda externa volver a crecer en forma muy significativa . La relacin con el FMI es cada vez ms cordial, desde que el gobierno acept la supervisin del organismo en la elaboracin un nuevo ndice de precios. Con el Club de Paris se lleg a un acuerdo de pago de las deudas contradas durante la dictadura, se incrementaron sustancialmente los montos a cancelar y se reconocieron inadmisibles comisiones y punitorios.

El gobierno busca crditos externos luego de varios aos de desembolsos que afectaron seriamente a las reservas. Present como un acto de soberana financiera ese gran traspaso de fondos a los acreedores. Ahora intenta reiniciar un nuevo ciclo de endeudamiento de los entes estatales y provinciales. No sera la primera vez que con el lema de financiar obras de infraestructura se utilizan esos capitales para solventar los gastos corrientes.

Con el mismo objetivo de retomar el endeudamiento externo se ha indemnizado a REPSOL, desconociendo la promesa de auditar el saqueo que consum esa compaa. Algunos economistas describen esa capitulacin como un logro, argumentando que el pas necesita inversiones para recuperar el faltante energtico. Pero olvidan que hasta hace pocos aos Argentina exportaba combustible, mientras las reservas de petrleo y gas se desplomaban, generando el actual bache de importaciones. Este dficit no obedece al crecimiento de la economa. Simplemente hubo permisividad oficial frente a todos los incumplimientos de las compaas petroleras.

LAS FALLAS ESTRUCTURALES 

En las reas ms estratgicas hubo muchos discursos a favor de la industrializacin, pero el modelo mantuvo intacto la creciente gravitacin del extractivismo minero-petrolero. Se impuls especialmente un tipo de minera a cielo abierto que genera efectos devastadores sobre la Cordillera. Las empresas dinamitan montaas disolviendo rocas con materiales qumicos contaminantes. Esta actividad destruye el medio ambiente sin crear empleo, ni generar desarrollo. Engrosa las ganancias de corporaciones internacionales que tributan bajos gravmenes.

Los defensores del modelo que reconocen estos problemas, pero argumentan que la reindustrializacin ha sido el dato descollante. Remarcan no slo esta recuperacin frente a la liberalizacin financiera de los 90, sino tambin ante el resto de la regin [12].

Pero esta caracterizacin se basa en una repetida comparacin con la depresin del 2001. Como pocas economas padecieron un colapso tan agudo, resulta muy sencillo demostrar la indita envergadura de la recomposicin fabril que tuvo Argentina. Se olvida que una vez repuestos los niveles tradicionales de produccin y empleo, qued reinstalada la misma estructura industrial dependiente y vulnerable del pasado. Por eso reapareci la elevada importacin de insumos y la escasez de divisas para solventarlos. El dficit comercial del sector se expandi, al comps de crecientes compras externas de bienes y equipos .

La recuperacin cclica de la ltima dcada reforz, adems, la concentracin y extranjerizacin de la industria. Como se mantuvo una ley de inversiones extranjeras que otorga total libertad para remitir utilidades, el grueso de las ganancias fueron giradas a las casas matrices.

Las empresas trasnacionales controlan la mayor parte de la actividad industrial y no realizan transferencias de tecnologas. Como el mercado argentino es marginal a sus estrategias globales, el nivel de reinversin local es muy bajo. El gobierno no slo convalid este escenario, sino que promovi un innecesario boom automotriz. El contraste entre esa expansin y el desplome del sistema ferroviario retrata hasta qu punto estuvieron invertidas las prioridades del desarrollo.

La reindustrializacin qued adicionalmente bloqueada por la consolidacin de un sistema financiero pro-consumo y anti-inversin. Las pocas regulaciones heterodoxas que se introdujeron para ordenar el mercado de capitales o actualizar la Carta Orgnica del BCRA, no alteraron la carencia de prstamos de largo plazo. Slo multiplicaron la liquidez que manejan los bancos para motorizar la demanda.

El ocaso del ensayo neo-desarrollista est reavivando en Argentina las convocatorias neoliberales a imitar las polticas de apertura y privatizacin de los gobiernos conservadores. Como ya se les pas la euforia con Espaa o Irlanda, ahora elogian a Per y Colombia, exhibiendo sesgados indicadores de crecimiento o inversin. Nunca hablan de la vulnerabilidad financiera, que afrontan todos los modelos abiertos al ingreso y salida de capitales especulativos. Tampoco mencionan las dramticas consecuencias del extractivismo que sufren las economas minero-exportadoras.

Los neoliberales auguran una lluvia de dlares cuando se recupere la confianza en un buen gobierno, sin aclarar quin lucrar con esas divisas y cunto costar su repago. Tambin proponen extirpar el populismo econmico y erradicar la perversa intervencin del estado [13].

Pero suelen desconocer el intenso estatismo que caracteriz a todos los gobiernos pro-mercado. El gasto pblico nunca se redujo significativamente bajo esas administraciones. Tambin ellos utilizaron los recursos del estado para subsidiar a los empresarios afines.

Al cabo de una dcada el neo-desarrollismo tambalea. El modelo se distanci inicialmente del neoliberalismo, pero sin incluir las medidas requeridas para llevar a cabo la redistribucin real del ingreso y el cambio de la matriz productiva. No modific los pilares de una economa dependiente con gran desigualdad social.

TRES INTERPRETACIONES EN BRASIL

En Brasil existe un intenso debate sobre el neo-desarrollismo y su grado de aplicabilidad al gobierno del PT. Esta controversia ilustra cun discutible es la presencia de un modelo de ese tipo en la principal economa sudamericana.

Estas reservas provienen de la evidente continuidad que mantuvo el primer mandato de Lula con la poltica econmica precedente. All estuvo totalmente ausente la ruptura que introdujo en Argentina el derrumbe de la convertibilidad.

La gestin inicial del sucesor de FH Cardoso sorprendi por la sintona que mantuvo con su antecesor. La nueva gravitacin social alcanzada por los trabajadores, no se plasm en un proyecto diferenciado de las tradiciones dominantes. El PT lleg al gobierno con la explcita aprobacin de los grandes grupos capitalistas. No irrumpi en forma imprevista como Kirchner y adopt desde el inicio una postura extremadamente conformista [14].

Por esta razn muchos autores utilizaron denominaciones complementarias del neoliberalismo (social-liberalismo, neoliberalismo atenuado) para caracterizar el primer perodo de Lula. En ese debut no se avizoraron elementos de giro neo-desarrollista. Pero en el mandato posterior y en la administracin de Dilma aparecieron ingredientes de un viraje que han suscitado tres caracterizaciones distintas.

Un primer enfoque considera que en estos perodos se consum el pasaje hacia el neo-desarrollismo. Estima que el recetario ortodoxo fue desechado y que Lula debi otorgar concesiones al gran capital (altas tasas de inters, sistema impositivo regresivo, preeminencia del agro-negocio), para reintroducir la poltica industrial. Este curso es visto como una variante conservadora, que igualmente alent la inversin pblica y estimul el consumo, mediante aumentos de la ayuda social y del salario mnimo [15].

La segunda caracterizacin remarca el continuismo y la ausencia de rupturas con el neoliberalismo. Estima que el PT se amold al Consenso Pos-Washington con polticas econmicas que estabilizaron el mismo curso de las ltimas dcadas. Slo se introdujeron ciertas regulaciones en las privatizaciones, algn control en la liberalizacin financiera y acotados lmites a la apertura comercial

Esta visin rechaza cualquier identificacin del modelo de Lula con el neo-desarrollismo, sealando que esta ltima tradicin implica liderazgo de la burguesa industrial, sustitucin de importaciones y posturas nacionalistas. Estima que ese legado contrasta con la primaca asignada a la exportacin y a la liberalizacin comercial, en un marco de apertura al capital extranjero, desnacionalizacin y dependencia tecnolgica [16]. Otras variantes de este enfoque resaltan la continuada vulnerabilidad de la economa y de polticas ortodoxas encubiertas [17].

Finalmente existe un tercer planteo intermedio. Seala que la experiencia gubernamental ha desmentido tanto a los aprobadores, como a los opositores del rumbo imperante. Estima que las corrientes neo-desarrollistas al interior del gobierno fueron ganando posiciones frente a las vertientes monetaristas, hasta imponer correctivos a la etapa inicial. Estos cambios se plasmaron en nuevas polticas fiscales de estmulo productivo, inversin pblica y expansin de la Bolsa Familia.

Este giro es conceptualizado como una poltica hbrida, que permiti cierto crecimiento sin generar un programa coherente. La estrategia macroeconmica neoliberal del comienzo qued entrelazada con iniciativas posteriores de cuo neo-desarrollista [18].

Esta caracterizacin destaca que en el segundo mandato Lula modific la primaca inicial de los bancos a favor de la industria. Estima que consum un viraje de altas tasas de inters y polticas de libre ingreso de capitales, a orientaciones que privilegian la actividad fabril, con subsidios financiados por la previsin social. Considera que el Lulismo tom partido por las fracciones de la burguesa que disputan con el capital financiero, resisten la desnacionalizacin y propician la proteccin del estado frente a sus rivales extranjeros [19].

COMPARACIN ENTRE DOS PASES

Las tres posturas en el debate brasileo divergen sobre el grado de incorporacin de elementos neo-desarrollistas al modelo econmico del PT. Pero todas las posturas reconocen la gran distancia existente con la experiencia argentina [20].

En ningn momento se insinuaron en Brasil medidas comparables a la nacionalizacin de los fondos de pensin o conflictos equivalentes al choque que opuso al gobierno argentino con el agro-negocio. En los dos pases hubo impulso al consumo, asistencialismo, polticas contra-cclicas y fomento parcial a la reindustrializacin. Pero el lulismo nunca introdujo las iniciativas neo-desarrollistas que caracterizaron al kirchnersimo.

Esta diferencia obedece a la disparidad de escenarios poltico-sociales que han imperado en ambas naciones. El lulismo y el kirchnerismo constituyen dos variantes de las mismas administraciones de centro-izquierda. Pero se han desenvuelto en contextos muy distintos.

Mientras que el gobierno de Brasil acentu durante su gestin la desmovilizacin social, el legado de la rebelin del 2001 oblig a sus pares del Cono Sur a gobernar con un ojo puesto en la reaccin de los oprimidos. Recompusieron en Argentina el poder de los privilegiados, otorgando importantes concesiones democrticas y sociales al grueso de la poblacin.

Lula no estuvo sometido a las presiones desde abajo que forzaron a los Kirchner a actuar en un tembladeral. El matrimonio K reconstruy un estado colapsado por el desmoronamiento de la convertibilidad, frente a un PT que mantuvo casi intacta la estructura transferida por Cardoso.

Esta diferencia explica la divergente incidencia del neo-desarrollismo. En Argentina se ensay un esquema con creciente regulacin estatal, para recomponer un mercado interno devastado. En Brasil la continuidad socio-liberal inicial fue pausadamente sustituida por medidas de intervencin, para contrarrestar la erosin generada por la ortodoxia monetarista. Condiciones polticas dismiles determinaron orientaciones econmicas distintas.

Tal como ocurri en Argentina desde el 2003, los indicadores econmicos de Brasil comenzaron a mejorar a partir del 2006, provocando cierto desconcierto entre quines auguraban un rpido eclipse. El crecimiento de las reservas internacionales, la mejora de la posicin externa de Brasil, la reduccin de la pobreza absoluta y el aumento del crdito de consumo sorprendieron a muchos analistas.

Al igual que en Argentina este resultado obedeci a una combinacin de condiciones externas favorables (bajas tasas de inters, afluencia de capital, mejora de los trminos de intercambio) y polticas internas de apuntalamiento de la demanda. La escala de la recuperacin econmica fue inferior en Brasil, porque ese pas no atraves un desplome comparable al padecido por Argentina, ni cont con el rebote que generan esos colapsos.

Pero una vez concluido el ciclo ascendente, en ambos pases afloran las mismas contradicciones de modelos que impulsan la demanda, sin remover las obstrucciones estructurales al desarrollo.

En el caso brasileo la tasa de crecimiento 2006-2013 ha sido muy baja en comparacin a perodos precedentes y estuvo sostenida en esquemas de endeudamiento para expandir el consumo. La tasa de inversin (17-20% del PBI) fue inferior a la media histrica y el pago de intereses de la deuda (40-45% de la recaudacin fiscal) contina agobiando a la economa [21].

El ascenso geopoltico que registra Brasil no se traduce en una expansin econmica equivalente. Encabeza el bloque sudamericano, auspiciando polticas autnomas de regionalismo capitalista y se ha consolidado como sub-potencia hemisfrica. Pero su influencia es reducida en comparacin a otras economas intermedias de Asia o Europa, que ganan espacio en el escenario global.

Un proyecto neo-desarrollista industrializador choca en Brasil con la prioridad asignada a la agro-exportacin, en desmedro del desenvolvimiento manufacturero. El pas depende cada vez ms del agro-negocio y esta limitacin es incluso reconocida por las visiones ms afines al modelo actual [22].

El freno al desenvolvimiento industrial se verifica en la prdida de competitividad y en la fuerte gravitacin del denominado costo Brasil. Esa obstruccin se corrobora, adems, en el estancamiento tecnolgico y en la obsolescencia de la infraestructura. Si en la segunda etapa del PT gan espacio el lobby industrial, esa incidencia no ha generado una recuperacin fabril significativa. Una gran distancia separa los esbozos actuales de neo-desarrollismo de los viejos modelos centrados en la prioridad industrial [23] .

SE MASIFICA LA CLASE MEDIA?

Algunos pensadores estiman que los efectos benficos del neo-desarrollismo no se verifican en la estructura econmica de Brasil, pero ya se corroboran en la expansin de la clase media . Destacan la consolidacin de un nuevo segmento intermedio que reconfigura la fisonoma social del pas [24].

Pero esta caracterizacin sobre-dimensiona el ascenso del nuevo sector utilizando los mismos criterios que difunde el Banco Mundial. Este organismo postula que la extensin de la clase media transforma a Latinoamrica, a partir de un indito aumento de ese sector (30%) entre el 2003 y el 2009.

Estos clculos se basan en estimaciones inconsistentes que ubican en la clase media a cualquier trabajador que gane 10 dlares por da, ms all de las desigualdades imperantes en la sociedad. La pertenencia a una clase no se define en comparacin a otros grupos, sino en funcin de la simple tenencia de cierto ingreso. Quines alcanzan ese piso quedan automticamente ubicados fuera del universo de los humildes.

Con ese enfoque supone que la clase media se expande junto al aumento de la polarizacin social. La ampliacin de ese segmento ya no atempera las brechas entre ricos y pobres, pero es igualmente retratada como un colchn intermedio [25].

El discurso de crecimiento de la clase media se generaliz en Brasil a partir de las mejoras registradas en el salario mnimo. Se incluy dentro del nuevo estrato a todos los trabajadores que obtienen un ingreso per cpita entre 141 y 500 dlares mensuales. Con ese clculo se afirma que el 54% de la poblacin pertenece a la clase media. Pero esta conclusin es poco realista en un pas que ocupa la posicin 84 en el ndice mundial de desarrollo humano [26].

Ciertamente hubo mejoras sociales reales en la ltima dcada. La recuperacin de los salarios ms postergados, los incrementos obtenidos en las negociaciones de las convenciones colectivas y el mayor financiamiento educativo retratan esos desahogos. Los beneficiarios de la Bolsa Familia obtuvieron una importante tajada de estos avances.

Pero el grueso de los campesinos qued afectado por la concentracin de la tierra y la disminucin de la desigualdad fue muy limitada, en un pas donde el 10% de la poblacin posee el 75% de la riqueza del pas. Adems, la tasa de explotacin se mantuvo invariable y se profundiz la precarizacin mediante distintas formas de sub-contratacin. Un tercio de los nuevos empleos del perodo fueron absorbidos por los trabajadores terciarizados [27].

La expansin de la clase media es frecuentemente identificada con la simple modernizacin del consumo. No se toma en cuenta que ese incremento de los volmenes de compra se concret con formas de crdito y tasas de inters poco sustentables. La persistencia de 30 millones de pobres cuestiona seriamente la presentacin de Brasil como un pas de segmentos medios. Se ha creado un nuevo crculo de ese sector, pero en un escenario de continuada segmentacin social y convalidacin del asistencialismo.

DENOMINACIONES Y PROYECTOS

La caracterizacin del neo-desarrollismo como un proyecto econmico diferenciado del desarrollismo clsico y del neoliberalismo suscita fuertes controversias. Algunos autores cuestionan la especificidad de esta corriente, estimando que su nombre oculta meras intenciones y proyectos no realizados. Consideran que no existen logros acordes a los objetivos enunciados en el terreno de industrializacin o el desenvolvimiento [28].

Pero es muy frecuente la aparicin de trminos que aluden a ciertas metas sin guardar sintona con su concrecin. Como esta situacin se verifica actualmente con el neo-desarrollismo, conviene discutir el contenido del proyecto, evitando discusiones sobre la legitimidad de su nombre.

Si la validez del trmino asumido por cada enfoque estuviera determinada por el grado de cumplimiento del programa invocado, resultara imposible cualquier clasificacin. Nadie podra referenciarse en el socialismo (puesto que no existen sociedades igualitarias) o en el liberalismo (ante la ausencia de economas gobernadas por la pureza del mercado).

Al igual que cualquier otro concepto poltico o econmico, el neo-desarrollismo pretende singularizar un proyecto representativo de ciertos sectores sociales. Es un error ignorarlo o descalificarlo por su distancia con el desarrollismo clsico. Sus propios promotores asumen esas diferencias, cuando utilizan el prefijo neo o el complemento nuevo.

La crtica a esta corriente no debe recaer en la veneracin del viejo desarrollismo, olvidando que tampoco ese antecesor cumpli con sus metas. El frustrado proceso de reindustrializacin actual prolonga las dificultades que enfrent la versin fallida de los aos 50-60. Las contradicciones con la primera experiencia anticiparon los problemas que vuelven a emerger en la actualidad.

El principal debate entre los intrpretes del neo-desarrollismo opone a quienes elogian y critican los propsitos (o resultados) de esa experiencia. En el caso de Argentina la postura favorable que asumen ciertos pensadores (Basualdo, Rinesi) contrasta con la mirada polmica que adoptan otros (Fliz). Nuestro enfoque se ubica en este segundo campo [29].

Esta ltima visin busca comprender y cuestionar los cambios de modelos y polticas econmicas, que se han registrado en Amrica Latina en los ltimos aos. Estas modificaciones se procesan al interior de un mismo patrn de reproduccin de exportaciones bsicas. La complejidad del fenmeno justamente radica en la multiplicidad de vertientes que actan dentro de la misma etapa del capitalismo.

MALDICIONES Y REPETICIONES

Es importante distinguir al neo-desarrollismo del neoliberalismo, para notar cmo las diferencias en el plano econmico se proyectan a la esfera poltica, en afinidades hacia gobiernos de centroizquierda o administraciones derechistas.

El neo-desarrollismo no es una simple bandera demaggica de presidentes con discursos progresistas. Constituye la modalidad actual de los proyectos que peridicamente adoptan las elites, las altas burocracias o los grupos capitalistas de los pases semiperifricos. No es un programa en debate dentro Estados Unidos u Honduras. Irrumpe cclicamente en el escenario poltico de Brasil, Mxico o Argentina.

Este tipo de economas medianas necesitan retomar la industrializacin . Cuentan con importantes mercados internos y masas de asalariados, pero sin el pilar que sostiene a esas estructuras en las potencias centrales. Han concluido hace mucho tiempo sus procesos de acumulacin primitiva, pero enfrentan severas trabas peridicas para la acumulacin de capital.

La consolidacin internacional de una nueva gama de economas intermedias acenta esta necesidad de recuperar el peso fabril. Pero este mismo escenario afecta las posibilidades de concrecin de esa meta. Los pases latinoamericanos que desenvolvieron su industrializacin con cierto nivel de salarios, no pueden emular a los modelos asiticos que expandieron la exportacin manufacturera, a partir de mercados internos estrechos y carencias de recursos naturales. Las economas de la regin necesitan expandirse aceleradamente, pero enfrentan espacios internacionales reducidos para materializar ese crecimiento.

Esta contradiccin es muy severa para las naciones sudamericanas ms afectadas que beneficiadas por la abundancia de recursos naturales. Ese excedente genera una altsima renta para bienes producidos a un costo inferior al promedio internacional. Este lucro se acrecienta cuando repunta el precio mundial de las materias primas, incentivando un rendimiento superior a la ganancia industrial.

Todos los programas desarrollistas han debido lidiar con esta contradiccin, que induce a los capitalistas a evitar una actividad fabril de mayor riesgo y menor retorno que el negocio primarizado. Intentan revertir esta tendencia, canalizando porciones significativas de la renta hacia los emprendimientos industriales rehuidos por las clases dominantes. Implementan esta poltica mediante impuestos a las agro-exportaciones y subsidios a los industriales .

Las iniciativas neo-desarrollistas resurgen peridicamente frente a las consecuencias de la perpetuacin rentista. Si los grupos dominantes se resignan al status tradicional de sus pases como exportadores de materias primas, la economa queda sujeta al vaivn internacional de los precios de esos productos, no genera empleo y sufre el ensanchamiento de las fracturas sociales. Es lo que ocurri durante el neoliberalismo extremo de los aos 90.

Pero cuando los propios sectores dirigentes reaccionan con intervenciones estatales para utilizar la renta en procesos de industrializacin, deben afrontar serios conflictos con los propietarios de ese excedente. Si pierden esa disputa se generan grandes crisis, que inducen al establishment a exigir un retorno a la situacin precedente. Es lo que sucedi en Argentina en ltima dcada.

Esta oscilacin histrica se ha repetido en numerosas oportunidades y por esta razn el neo-desarrollismo actual reitera frustraciones ya conocidas. Pero como persiste el desequilibrio estructural que empuja a retomar el intento, ninguna decepcin elimina la tendencia a volver una y otra vez sobre los mismos pasos.

La definicin del desarrollismo como una religin de la periferia capitalista ilustra esta peculiar tendencia a la reiteracin. Al concluir una experiencia fallida emerge la amnesia social que hace olvidar ese fracaso, pero al mismo tiempo se preparan las condiciones para repetir el experimento [30].

Slo otro proyecto con metas igualitarias, liderado por clases populares, y encarado con dinmicas de lucha consecuente podra ofrecer una salida a esa encerrona.

RESUMEN

Argentina volvi a encabezar un viraje econmico con polticas neo-desarrollistas, que complementaron la valorizacin internacional de sus exportaciones y la recuperacin de la rentabilidad pos- 2001. Pero el ensayo dur poco y ha declinado por el efecto de la inflacin, el dficit fiscal y las devaluaciones.

La crisis global no explica los desequilibrios actuales. Se apost al virtuosismo de la demanda eludiendo la centralidad de la ganancia. La renuncia a una apropiacin mayor de la renta sojera socav el modelo. Se confi en capitalistas que utilizaron los subsidios para fugar capital sin aportar inversiones.

El control de cambios fue tardo e ineficaz, no hubo reforma impositiva progresiva y se retoma el endeudamiento externo. El modelo mantuvo el perfil extractivo, la estructura industrial dependiente y un sistema financiero adverso a la inversin. Los crticos neoliberales propician la perpetuacin de esas falencias.

En Brasil se discute la existencia de una variante conservadora de neo-desarrollismo, una versin ms regulada del neoliberalismo o la vigencia de un tenue giro industrialista. All no se afront la crisis y la rebelin popular que convulsionaron a la Argentina. Pero la economa se ha estancado y se sobredimensiona la expansin de la clase media con falacias estadsticas y espejismos de consumo.

El neo-desarrollismo es un proyecto diferenciado dentro del patrn de exportaciones bsicas las ltimas dcadas. Es poco fructfero cuestionar su denominacin y corresponde distinguir las miradas elogiosas y crticas. Es un programa de economas medianas afectadas por rentas agro-exportadoras que disuaden la inversin fabril. Intenta canalizar el excedente hacia la actividad industrial, pero retrocede frente a los conflictos que suscita y recrea el crculo vicioso de los ensayos fallidos.

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- Zaiat, Alfredo, (2012) Plan Fnix para Amrica del Sur, Pgina 12, 12-11.

Notas:

[2] Bresser Pereira, Luiz Carlos, (2010) Globalizacin y competencia, Siglo XXI, Buenos Aires, (pag 129, 141-142)

[3] Nuestra visin general en: Katz Claudio, (2013), La Economa desde la Izquierda I. Coyuntura y ciclo, II. Modelo y propuestas. Disponible en: http://www.geocities.com/economistas_de_izquierda/ 28-11.

[4] Nuestro enfoque en: Katz Claudio (2014), Nuevo escenario, nuevas posibilidades, 26/5. Disponible en: http://rebelion.org/noticia.php?id=185167

[5] Schorr Martn, Manzanelli Pablo, (2013) Inflacin oligoplica, disponible en w ww. pagina12 .com.ar, 24-3.  

[6]
Crespo Eduardo, Fiorito Alejandro, (2013) Es la puja distributiva,   disponible en   www. pagina12 .com.ar, 17/03.

[7]
Esta postura difunden economistas ortodoxos como: Melconian Carlos, (2013) Faltan dlares, sobran pesos... Y seguiremos as, disponible en www.lanacin.com, 4-8. Ferreres Orlando, (2013) Cmo salir del camino de la decadencia, disponible en www.lanacin.com, 5-7.

[8] Felleti Roberto, (2013), La crisis global y el futuro de la regin, www.lanacin.com, 30-6.

[9] Varesi Gastn, (2011), Argentina 2002-2011: neo-desarrollismo y radicalizacin progresista, Realidad Econmica, n 264, noviembre-diciembre.

[10] Un reciente ejemplo de estos problemas en: Zaiat Alfredo (2013), Mariachi, burguesa y el estado, www.pagina12.com.ar/diario, 17/11.

[11] Nuestra visin en: Katz Claudio, (2014),Cuntos buitres acosan a la Argentina?, disponible en: www.lahaine.org/katz, 30/5.

[12] Keistelboim Mariano, (2013) Reindustrializacin, disponible en www.pagina12.com.ar/diario, 28/04.

[13] Corts Conde Roberto, (2013), Acumular desequilibrios: la causa de las crisis recurrentes del pas, disponible en: www.lanacin, 15-9.

[14] Arcary Valerio, (2013) Brasil dez anos de governos de coalizao, disponible en: www.correiocidadania.com.br , 21/3.

[15] Pomar Valter, (2013), Notas sobre a poltica internacional do PT, Secretaria de Relaciones Internacionales do PT, Textos para debate 7, Sao Paulo, (pag 23, 60-62, 79-92).

[16] Goncalves Reinaldo, (2012), Novo desenvolvimentismo e liberalismo enraizado, Servio Social e Sociedade, n 112, outubro-dezembre, Sao Paulo.

[17] Sampaio Arruda Plinio, (2012), Brasil Hechos y mitos de los gobiernos, disponible en: wordpress.com, 01/11.

[18] Saad Filho Alfredo, Morais Lecio, (2011), Da economa poltica a poltica econmica: o novo-desenvolvimentismo e o governo Lula, Revista de Economa Poltica, vol 31, n 4, outubro-dezembro.

[19] Boito Armando, (2012) A economia capitalista est em crise e as contradies tendem a se aguar, disponible en: www.jornalbrasildefato, 09/04.

[20] Una comparacin en: Crespo Eduardo, (2013) Es un mito, disponible en  www.pagina12.com.ar, 20/01.

[21] Lessa Carlos, (2013), Dilma precisa de coragem, disponible en: www1.folha.uol.com.br, 14/01.

[22] Serrano Franklin, (2013),Brasil debe ser locomotora, disponible en  www.pagina12.com.ar, 26/04.

[23] Carneiro Ricardo de Medeiros, (2012) Velhos e novos desenvolvimentismos, Economia e Sociedade, Campinas, vol 21 dezembro.

[24] Garca Marco Aurelio, (2010) El nuevo desarrollismo, disponible en: www.revistasocialista, 10/31.

[25] Ver: Adamovsky Ezequiel , (2012), El mito del aumento de la clase media disponible en: www.clarin.com, 26/12. Gandsegui Marco A, (2012), La clase media del Banco Mundial, Panam 13-11, disponible en: alainet.org/active

[26] Berterretche Luis, (2013) Los tramposos delirios de los tecncratas del Banco Mundial, www.argenpress.info, 10/04. Pasarinho Paulo, (2012) El milagro propagandstico de la explosin de la clase media, www.vientosur, 06/08.

[27] Sampaio Arruda Plinio, (2012) Brasil; Hechos y mitos de los gobiernos, wordpress.com, 01/1.

[28] Cantamutto Francisco, Costantino Agostina, (2013), Neo-desarrollismo: cunto hay de nuevo?, Herramienta web 14, Octubre, disponible en: www.herramienta.com.ar

[29] Basualdo, Eduardo, (2011), Sistema poltico y modelo de acumulacin: tres ensayos sobre la Argentina actual, Atuel: Buenos Aires. Rinesi, Eduardo, (2011), "Notas para una caracterizacin del kirchnerismo", Debates y Combates, disponible en. www.calameo.com/books, 29/10. Fliz Mariano, (2013), El neo-desarrollismo y la trampa de la renta extraordinaria, El caso de Argentina 2002-2012, Contrapunto, n 2, junio, Montevideo. Katz Claudio Los nuevos desequilibrios de la economa argentina, (2010) Batalla de Ideas, n 1, ao 1, septiembre, Buenos Aires.

[30] Ouriques Nildo, Desarrollismo y dependencia en Brasil, (2012), Revista Pueblos, n 51, segundo trimestre.

Claudio Katz. Economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda). Su pgina web es: www.lahaine.org/katz

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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