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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-07-2014

Una visin crtica
Qu es el neo-desarrollismo? Teora y poltica (III)

Claudio Katz
Rebelin

El neo-desarrollismo elogia a los empresarios con la misma naturalidad que reivindica al capitalismo. Observa contratos voluntarios donde impera la coercin y percibe conductas emprendedoras entre los demandantes de auxilio estatal. Se amolda a burguesas locales ms internacionalizadas y prioriza el sometimiento de los oprimidos a la imposicin de mayor disciplina estatal a los poderosos. El subdesarrollo no deriva de la ausencia de un funcionariado eficaz, ni se corrige con burocracias eficientes. Esas capas actan en consonancia con las clases dominantes y reflejan sus limitaciones. El neo-desarrollismo atena la ideologa nacionalista, eliminando resabios antiimperialistas. La distincin entre identidad y densidad nacional no explica los resultados de cada economa. El nacionalismo burgus ha perdido funcionalidad y tiende a ser sustituido por el regionalismo capitalista. Mientras las nuevas miradas institucionalistas aceptan ritmos ms pausados de desenvolvimiento, la identificacin del desarrollo con la modernidad elude el anlisis del capitalismo y sintoniza con los planteos tradicionales del liberalismo. Al atribuir el subdesarrollo a la ausencia de elites clarividentes se olvida el comportamiento de las clases dominantes. La evolucin divergente de Latinoamrica y el Extremo Oriente no obedece a la conducta de esas minoras, ni tampoco al rol de la tecnocracia. Hasta ahora el neo-desarrollismo slo despunta como un esbozo en un escenario con predominio neoliberal.


El neo-desarrollismo reivindica al empresariado industrial como sujeto protagnico del desenvolvimiento. Esta defensa sintoniza con su mirada elogiosa del capitalismo. Algunos consideran que este sistema optimiza la evolucin de la sociedad y otros estiman que constituye un dato invariable de la realidad. Todos cuestionan las consecuencias nocivas de ciertos modelos, pero aceptan los criterios de eternidad capitalista que ha difundido el neoliberalismo.

IDEALIZACIN Y REALIDAD

Los autores neo-desarrollistas repiten los mitos ms corrientes sobre el funcionamiento armnico de las sociedades. Consideran que los individuos se organizan dentro de cierto territorio, en colectividades regidas por un destino que comparten todas las clases sociales. Suponen que existe un convenio implcito para mejorar el bienestar general, incrementando la competitividad internacional de cada conglomerado nacional. Ese acuerdo entre burguesas, burocracias y trabajadores funciona como un contrato social que permite el progreso de todos los involucrados [2].

Pero no aclaran por qu razn este imaginario consagra tantas desigualdades y funciona sin la aprobacin previa de todos los firmantes. Si los trabajadores pudieran actuar libremente en la fijacin concertada de las reglas sociales, estableceran remuneraciones equivalentes a su actividad y vetaran todas las formas de explotacin.

El capitalismo se reproduce generando beneficios surgidos de la extraccin de plusvala. Se asienta en esa confiscacin y no en la imposicin de un consenso sobre la forma de distribuir el excedente. Lejos de favorecer a todos los integrantes de la comunidad, apuntala las ganancias de los poderosos a costa de los oprimidos. Ese manejo del poder por parte de una minora no est sujeto a consultas, ni aprobaciones.

Esta realidad es imperceptible para el neo-desarrollismo. Se encuentra fuera del campo visual de sus tericos, que comparten los valores y razonamientos de los grupos dominantes. Por eso observan la coercin econmica que sufren los asalariados por parte de los capitalistas, como un contrato voluntariamente suscripto por ambas partes.

Con esa misma mirada reivindican a las burguesas latinoamericanas. Elogian su papel histrico en la constitucin de las naciones, remarcan su creacin de industrias, exaltan su manejo de los negocios y ponderan su generacin de empleo [3].

Esta defensa contrasta con las visiones crticas que destacaron el comportamiento poltico pusilnime y la actitud econmica improductiva de la burguesa industrial. Esos planteos contraponan la pujanza inicial de los capitalistas de las economas avanzadas con la ineptitud de sus equivalentes en la periferia [4].

Bresser ensaya un revisionismo de esta visin, sin aportar pruebas del empuje que habra caracterizado a los industriales latinoamericanos. Olvida que las burguesas industriales no jugaron ningn papel significativo durante la formacin de las naciones latinoamericanas. Tampoco fueron artfices de la limitada industrializacin registrada durante el siglo XX. Los estados cargaron con la mayor parte de esa tarea, frente a empresarios que siempre fueron ms activos en la recepcin de subsidios que en la introduccin de inversiones

El terico del neo-desarrollismo resalta especialmente la progresividad de la burguesa brasilea. Subraya que el protagonismo de ese sector nunca se interrumpi y polemiza con los tericos de la Dependencia que cuestionaron ese papel. Estos autores destacaron que la dictadura de 1964 represent un momento de viraje regresivo en la conducta de los capitalistas [5].

Bresser rechaza esas caracterizaciones argumentando que la burguesa industrial nunca perdi vitalidad. Pero desconoce la principal discusin de ese perodo que estuvo centrada en el cambio de comportamiento de los capitalistas locales, como resultado de su creciente asociacin con las firmas extranjeras. En su enftica defensa del empresariado omite la sustancial alteracin del patrn de acumulacin que introdujo ese giro.

OTRO TIPO DE CAPITALISTAS

Bresser confronta duramente con el marxismo y la revolucin cubana por su rechazo del padrinazgo burgus. Sostiene que la esforzada tarea de los desarrollistas para apuntalar la conducta progresista del empresariado, siempre fue obstruida por la izquierda burocrtico-populista [6].

Pero esta crtica reafirma su contradictoria caracterizacin de la burguesa nacional. Por un lado, realza la inclinacin natural de este sector hacia la inversin productiva y por otra parte, seala que esa actitud exige auspicios externos por parte del estado. Si el espritu emprendedor de los capitalistas fuera tan intenso, ese sostn estatal no sera indispensable. La pujanza del empresariado tampoco podra ser fcilmente neutralizada por las crticas de la izquierda.

Bresser convoca a los trabajadores a aceptar una alianza poltica conducida por la burguesa. Afirma que la constitucin de un frente poli-clasista es decisiva para el desarrollo nacional. Nunca aclara cmo se distribuiran los rditos de ese acuerdo y oculta de qu forma han contribuido en el pasado a estabilizar la dominacin de las clases opresoras.

Algunos analistas estiman que Bresser acentu su hostilidad hacia la izquierda, al aproximarse al social-liberalismo de la Tercera Va que encarn Tony Blair. Pero su postura expresa tambin continuidades con la labor que despleg durante los aos 90, como mentor de las privatizaciones [7].

Bresser se desempe como alto funcionario de la gestin neoliberal de F. H. Cardoso. Aunque se considera heredero del nacional -desarrollismo de Furtado, particip de una experiencia gubernamental explcitamente opuesta a ese legado.

Esa tradicin incluye posturas de resguardo del empresariado nacional frente a la competencia externa, que slo algunos autores neo-desarrollistas preservan formalmente. Estos planteos constituyen la sombra del pasado, puesto que la nueva prioridad es la promocin de las exportaciones [8].

Bresser es ms contundente. Considera que las economas intermedias ya no necesitan proteccionismo y sugiere erradicar el viejo pesimismo en el estancamiento manufacturero, la asfixia de la balanza de pagos o el agravamiento de la heterogeneidad estructural. Apuesta a la rpida conversin de las economas emergentes en potencias desarrolladas, rechaza las nacionalizaciones y propone acotar el gasto pblico [9].

Su postura refleja qu tipo de burguesas predominan en la actualidad. Los capitalistas reciben con gusto los subsidios del estado, pero objetan la propiedad pblica. Se consideran ms poderosos y menos necesitados de los auxilios que aportaban las compaas estatales. Usufructan del gasto pblico pero desconfan del estado empresario.

Este cambio ilustra el pasaje de la vieja burguesa nacional a la nueva burguesa local. Los grupos que priorizaban el mercado interno, las barrearas arancelarias y la inversin pblica han sido sucedidos por sectores ms volcados hacia la exportacin. Forjan empresas multilatinas con socios internacionales y promueven conductas polticas ms conservadoras. Techint y Oberbrecht retratan esta nueva modalidad de intervencin, enlazada con empresas transnacionales y tambin guiada por una gestin globalizada de los negocios [10].

La reivindicacin de esta nueva burguesa exige argumentos ms sofisticados. El desarrollismo clsico promova la expansin de un empresariado industrial naciente en conflicto con la oligarqua exportadora. Esa tensin facilitaba la presentacin de ese sector como un artfice del desarrollo nacional [11].

Pero los conflictos de los aos 40-50 han quedado atrs. La burguesa local reforz su ligazn con el agro-negocio y promueve la perpetuacin del status quo. Ha estrechado vnculos con el capital extranjero y se ha regionalizado para capturar mercados de mayor envergadura. El neo-desarrollismo se amolda a esta nueva fisonoma del capitalismo zonal [12].

MISTIFICACIN DEL ESTADO

El neo-desarrollismo realza el papel de los estados nacionales como instrumentos transformadores de la economa. Subraya la gravitacin de esa institucin, no slo por las garantas que aporta a la propiedad y a los contratos. Considera que cumple un papel irreemplazable en la organizacin del crecimiento y en la concertacin de pacto sociales.

Este enfoque es contrapuesto a la teora neoliberal del estado mnimo y a todos los discursos sobre el retiro del estado. Demuestra que esa retrica encubre la continuada expansin de un organismo, que acenta su incidencia junto a la expansin de la acumulacin. Lo que se modifica con el paso del tiempo son las funciones que ejerce el estado, para privilegiar ciertas actividades en desmedro de otras.

Pero el neo-desarrollismo no se limita a reconocer este protagonismo. Presenta la intervencin del estado como una forma de asegurar el bienestar general, ocultando que esa institucin es controlada por las clases dominantes. Basta observar cmo se recaudan los impuestos y se distribuyen los subsidios, para notar quines son los principales favorecidos por la administracin estatal.

Al suponer que el secreto del crecimiento sostenido se encuentra en la fortaleza del estado, el neo-desarrollismo olvida que el subdesarrollo padecido por Amrica Latina nunca obedeci a la debilidad de ese organismo. El estado siempre estuvo muy presente al servicio de los grupos sociales ms obstructores del desenvolvimiento regional. El sostn brindado a esos sectores determin el atraso histrico de la zona.

Algunas miradas neo-desarrollistas suelen destacar que la pujanza de cada economa depende de la capacidad exhibida por su estado para lidiar con las clases dominantes. Estiman que la diferencia entre Amrica Latina y Asia, radica en la impotencia de la primera regin para implementar las polticas, que disciplinaron a las elites de la segunda zona. Destacan que la intencin latinoamericana de mantener satisfechos a los poderosos contrasta con la prctica asitica de someterlos al rigor de normas muy estrictas. Sealan que esta diferencia determin resultados muy diferentes. El rentismo convalidado por los estados frgiles contrasta con la acumulacin impulsada por los estados gravitantes [13].

Pero esta caracterizacin ofrece un retrato y no una explicacin del problema. Contrapone estados con autoridad que aseguraron el crecimiento, con instituciones dbiles que se dejaron manejar por los poderosos, como si la primera fuerza emergiera de alguna voluntad supra-natural de ordenamiento de la sociedad.

Este enfoque olvida que histricamente el estado se fortaleci junto a los grupos dominantes. No cay del cielo para que lo utilicen libremente todos los ciudadanos. El estado fue forjado por las clases capitalistas para apuntalar su propia consolidacin como sector hegemnico de la sociedad.

Es cierto que en prolongados procesos de transformacin emergieron distintas variedades de estados del mismo pasado pre-capitalista. Pero en todos los casos la principal funcin disciplinaria de ese organismo fue ejercida contra los desposedos, con explcitas formas de brutalidad policial-militar o con implcitos mecanismos de coercin econmica.

Los neo-desarrollistas olvidan esta sujecin social o la ubican en un mismo plano que la gestin de tensiones entre los grupos dominantes. De esta forma el estado fuerte es presentado como un rival o contendiente de los industriales con los latifundistas o los banqueros. Pero en los hechos ha operado como una estructura burocrtica asociada con esos sectores, en la prioritaria opresin de las mayoras explotadas.

Si los estados de los pases asiticos son ms slidos que sus pares de Amrica Latina, es porque lograron imponer un mayor sometimiento de los trabajadores. Es evidente que gran parte del milagro oriental obedece a la sujecin laboral que se instaur en los talleres mundializados de la regin. El neo-desarrollismo silencia este dato o lo describe como una circunstancia menor.

Tambin olvida que los conflictos entre estados y clases dominantes no han sido patrimonio exclusivo del Extremo Oriente. Constituyen una norma en todos los pases que cuentan con burocracias consolidadas en el sector pblico y entidades representativas en el sector privado. El primer segmento debe arbitrar el cmulo de intereses presentes en el segundo grupo y no puede dirigir al estado sin favorecer a ciertos sectores contra otros.

Conviene recordar que las burocracias estatales de los primeros tigres asiticos eran ms autnomas de sus burguesas, pero tambin ms dependientes del imperialismo estadounidense y del capital extranjero. Por razones geopolticas (guerra fra) y econmicas (etapa de internacionalizacin del capital), ese status no obstruy su conversin en exportadores industriales. Cualquier comparacin con Latinoamrica debe considerar estas diferencias.

La existencia de procesos sostenidos de acumulacin no depende primordialmente de los conflictos entre burocracias, elites y capitalistas. Slo cuando esas tensiones convergen con ciertas condiciones objetivas favorables para el crecimiento capitalista, hay expansin econmica. En otras circunstancias los mismos choques slo recrean el estancamiento .

RIVALIDADES Y BUROCRACIAS

El neo-desarrollismo identifica el crecimiento sustentable con una gestin adecuada del estado. Por esta razn propone crear un funcionariado eficaz, mediante la seleccin meritocrtica de las capas dirigentes [14].

Pero la relacin causal entre burocracias eficientes y elevados ritmos de acumulacin que establece este enfoque weberiano es muy discutible. La eficacia en el manejo del estado surgi para consolidar crecimientos capitalistas ya preexistentes. Es un error invertir esa secuencia, suponiendo que el funcionariado ptimo ha sido la condicin de la expansin burguesa.

Lejos de preceder y determinar el rumbo de los capitalistas, las burocracias se han reconfigurado junto a las clases dominantes. Por esta razn son espejos de las limitaciones que singularizan a cada segmento nacional de propietarios de los medios de produccin.

El lugar de cada economa en la divisin internacional del trabajo ha condicionado por igual el comportamiento de ambos grupos. Pero la conducta de las clases dominantes define el patrn de evolucin de las burocracias asociadas y no a la inversa. Esta primaca deriva de la naturaleza de una sociedad comandada por los capitalistas. Los estados son gestionados por capas reclutadas entre sectores afines a las clases opresoras.

Registrar esta jerarqua analtica de las relaciones entre los dominadores y sus burocracias es vital para comprender la dinmica contempornea del estado. Con este enfoque se puede indagar el sustento de clase de esa institucin (enfoque instrumentalista), sus mecanismos de reproduccin (estructuralismo), las ligazones entre funcionarios y empresarios (visin asociativa) y las mistificaciones ideolgicas que rodean a su desenvolvimiento (teoras de la comunidad imaginaria) [15].

Como el neo-desarrollismo rechaza este abordaje de clase, ignora de qu forma las burocracias actuales se amoldan a las prioridades de los capitalistas. Esa adaptacin explica por qu razn ya no promueven en Amrica Latina las formas estatales populistas, que en los aos 50-60 facilitaban la alianza de la burguesa industrial con las elites modernizadoras. Esos pactos apuntalaban la sustitucin de importaciones con un imaginario de mejoras sociales, que el esquema desarrollista posterior complement fortaleciendo a las empresas pblicas. El objetivo era potenciar el mercado interno y expandir el poder adquisitivo [16].

El modelo estatal predominante en la actualidad es muy diferente. Al cabo de varias dcadas de privatizaciones, se amolda al giro exportador y a la primaca agro-minera. Prioriza los intereses de grupos concentrados e internacionalizados, que slo aceptan coberturas asistenciales para administrar la pobreza.

Algunos neo-desarrollistas retoman los estudios recientes sobre la persistencia del estado nacional en la mundializacin. Esos enfoques cuestionan acertadamente todas las teoras que postulan la inminente disolucin de esa entidad en las redes transnacionales de la globalizacin [17].

Pero no alcanza con repetir que el estado nacional contina cumpliendo funciones bsicas para el funcionamiento del capitalismo, si no se explica cules son esas tareas. Los neo-desarrollistas suelen reiterar generalidades sobre la primaca de la regulacin sobre el mercado, sin registrar que la principal razn de perdurabilidad del estado nacional radica en su papel en la explotacin de los asalariados.

Slo esa entidad cuenta con la autoridad histrico-poltica requerida para gestionar el manejo de la fuerza de trabajo. En las actuales condiciones de creciente internacionalizacin se necesita la mediacin estatal, para lucrar con las diferencias salariales existentes entre los trabajadores de distintos pases.

El neo-desarrollismo prioriza el estudio del rol jugado por el estado nacional en la competencia geopoltica mundial. Retoma especialmente las investigaciones que convocan a indagar esa funcin en el duro escenario de confrontaciones contemporneas [18].

Pero tambin aqu olvidan que el fundamento de esa rivalidad son conveniencias de los capitalistas contrapuestas a los intereses populares. En las batallas por la competitividad, el xito de un empresario sobre otro no se traduce en beneficios equivalentes para los trabajadores. La propia competencia refuerza los mecanismos de dominacin y socava tendencias potenciales a la cooperacin, que permitiran procesos de desarrollo al servicio de las mayoras populares.

NACIONALISMO ATENUADO

El viejo desarrollismo sintonizaba con el nacionalismo clsico y comparta su principio ideolgico de plena identidad de intereses de los ciudadanos de cada pas. Observaba a la nacin como la entidad primordial de la sociedad y ponderaba la pertenencia a esa colectividad.

Esta concepcin repudiaba las conductas antinacionales de las oligarquas subordinadas al capital extranjero. Recoga el fuerte rechazo de los oprimidos hacia esas minoras aristocrticas y logr una amplia adhesin popular prometiendo el desarrollo que surgira de la derrota de esas elites.

En esta visin se asent el nacionalismo burgus. Present su proyecto de industrializacin, como una meta compartida por todos los excluidos de la dominacin terrateniente. Con ese discurso facilit el ascenso de los sectores modernizadores, que desplazaron del poder a las oligarquas agro-exportadoras. Esta mirada identificaba al libre-comercio con los intereses forneos y al desarrollo fabril con las necesidades del pueblo.

Pero la lealtad a la nacin fue colocada en los hechos al servicio de la burguesa industrial, ocultando que este sector se enriquece a costa de los asalariados. Las teoras nacionalistas nunca demostraron por qu razn los vnculos de un oprimido con el opresor del mismo territorio, deben prevalecer sobre la solidaridad internacional de los asalariados.

Las crticas de los marxistas resaltaron estas contradicciones. Postularon la progresividad histrica de los antagonismos entre clases sociales, frente a las rivalidades que oponen a las distintas naciones por el predominio regional o global. Cuestionaron adems, los criterios romnticos utilizados por las teoras nacionalistas para justificar la supremaca de la nacin, como ncleo constitutivo de la sociedad y del estado. Des-mistificaron las narraciones y leyendas de las ideologas que enaltecan las trayectorias pasadas de las clases dominantes, ocultando los sufrimientos y resistencias de los oprimidos [19].

Pero el viejo nacionalismo tambin inclua aristas antiimperialistas que han desaparecido en las vertientes actuales. Ningn eco de las objeciones al colonialismo ingls y al intervencionismo estadounidense persiste en el neo-desarrollismo. El rechazo patritico al imperialismo ha quedado diluido. Estos cambios reflejan la consolidacin de nuevas burguesas locales conectadas con negocios transnacionales.

A medida que aumenta su amoldamiento a la globalizacin, el neo-desarrollismo atena el antiguo nacionalismo. Slo mantiene una reivindicacin formal de esa ideologa, exaltando viejas disputas con el liberalismo [20].

Pero este tipo de reivindicacin implica preservar los aspectos ms conservadores del viejo nacionalismo, sin convergencias con programas sociales, ni con resistencias de los pueblos de la periferia. Para ganar espacios en el mercado mundial junto a los nuevos socios forneos se remodelan las tradiciones conflictivas.

IDENTIDAD Y DENSIDAD NACIONAL

Otros tericos neo-desarrollistas reivindican el nacionalismo como una modalidad soberana de adaptacin al nuevo escenario mundial. Subrayan la existencia de respuestas nacionales a este contexto y postulan que cada pas tiene la globalizacin que se merece. Distinguen la identidad de la densidad nacional. Mientras que el primer rasgo slo determina la pertenencia a una misma nacin, el segundo componente implica convicciones compartidas en torno a un proyecto productivo [21].

Este enfoque resalta la insuficiencia de las identidades culturales inspiradas en los valores universales que asumieron algunos pases como Argentina. Consideran que el pilar identitario ha carecido de la densidad complementaria, requerida para asegurar la expansin productiva. Sealan que Japn forj esta ltima cualidad en el pasado y Corea, China e India la construyen en la actualidad. Remarcan que la ausencia de ese atributo explica la desigualdad, concentracin econmica, inestabilidad poltica y subordinacin ideolgica que ha padecido Latinoamrica [22].

Con esta mirada retoman ciertos principios del viejo nacionalismo que resaltaba el nexo prioritario creado por el territorio, el idioma o el bagaje cultual comn. Consideran que ese vnculo debe prevalecer por encima del posicionamiento social. La condicin de acaudalado o empobrecido es vista como dato menor frente a la pertenencia a la nacin. Pero el olvido de esas asimetras oculta quines son los ganadores y perdedores de esa asociacin.

Ferrer introduce su distincin entre la identidad y la densidad nacional, como factor determinante de los xitos y fracasos de cada proceso de desarrollo. Pero no aclara cul es la concatenacin lgica de su razonamiento. Se limita a constatar que algunos pases logran objetivos que otros no alcanzan, sugiriendo que las idiosincrasias definen la posicin final de cada concurrente.

Pero como ese resultado slo se conoce a posteriori, parecera inferirse que si una economa avanz contena un espritu nacional slido y si retrocedi, arrastraba un cimiento frgil. De este contraste no emerge ninguna explicacin.

Al igual que Bresser, el acento nacionalista ya no es ubicado en el resguardo a una industria naciente, sino en las estrategias de incorporacin al capitalismo internacionalizado. Por un lado, Ferrer relativiza el alcance de la mundializacin -resaltando la continuada centralidad del mercado interno- y por otra parte convoca a encontrar caminos de insercin, en la globalizacin que cada pas merece.

En ambos diagnsticos se jerarquiza el margen de accin autnomo de las naciones, moderando las adversidades estructurales que subrayaba la vieja CEPAL. Ahora todo depende de la capacidad para forjar densidades nacionales, ms all de los trminos de intercambio o de la ubicacin perifrica en la divisin internacional del trabajo.

Ferrer mantiene la distincin entre pases centrales y economas subordinadas que plante Prebisch, pero reduce la gravitacin de esas diferencias. Resalta la incidencia de las polticas nacionales en la ubicacin de cada economa, reafirmando la primaca de las voluntades internas.

Todos los tericos neo-desarrollistas registran, igualmente, el efecto desestabilizante de la mundializacin sobre las identidades nacionales. Ese proceso redistribuye niveles de soberana, desplaza funciones de los estados hacia organismos supranacionales, y erosiona la idea de nacin como resguardo ltimo de la ciudadana.

Pero asumen una actitud pragmtica frente a esa mutacin. Toman distancia del viejo nacionalismo autrquico sin adscribir al globalismo neoliberal. Ya no postulan teoras del resurgimiento nacional, pero tampoco aceptan los presagios de declive de esa entidad. Buscan un punto intermedio que probablemente refleja las peculiaridades de Amrica Latina.

Esta regin no afronta, por ejemplo, los dilemas de los pases involucrados en la construccin europea. All el nacionalismo reaparece frente a la brutal prdida de derechos soberanos, que impone la gestacin de un estado continental al servicio del gran capital. En Amrica Latina tampoco se vislumbra el repunte de los nacionalismos con ambiciones subimperiales, que se verifica en Rusia, Turqua o India.

En los principales pases sudamericanos el viejo nacionalismo burgus ha quedado sustituido por banderas ms regionalistas. Este nuevo estandarte es afn a las necesidades que enfrentan las grandes firmas para ampliar mercados, fabricar bienes en forma conjunta o gestar uniones aduaneras en el molde del MERCOSUR.

Este regionalismo capitalista sintoniza con las empresas multinacionales de base local que operan en la regin. Incentiva una ideologa de la integracin que gana influencia frente al viejo patriotismo. Hay pocas convocatorias a forjar una Argentina Potencia o una Civilizacin Brasilea y muchos llamados a reforzar un polo sudamericano, con agenda propia en la globalizacin. 

RITMOS INSTITUCIONALES

El neo-desarrollismo introduce una visin ms pausada del desenvolvimiento. La esperanza en la industrializacin acelerada que predominaba en los aos 50 o 60 ha sido sustituida por una expectativa menos impetuosa del avance capitalista. Este cambio no obedece slo a las decepciones acumuladas durante varias dcadas. Expresa, adems, la influencia de los regmenes constitucionales.

Los tericos neo-desarrollistas ya no divorcian su visin del crecimiento del modelo poltico vigente. Con la desaparicin de las dictaduras se extinguieron las antiguas ilusiones en el ejrcito como principal artfice de la industrializacin. El alto nmero de funcionarios desarrollistas que participaba en los gobiernos militares es un recuerdo del pasado.

La actual mirada gradualista se adapta a la lentitud de los ritmos institucionales y se nutre de visiones heterodoxas de la economa contempornea. Estas concepciones suponen la vigencia de un sistema econmico-poltico que distribuye los excedentes, en proporcin a la influencia alcanzada por las distintas fuerzas sociales. Considera que la sociedad armoniza los conflictos entre estos grupos, seleccionando a travs del voto las alternativas ms convenientes para la mayora [23].

Pero con este enfoque se ignora la dominacin que ejercen los capitalistas. Esa supremaca les permite acotar los mrgenes de eleccin ciudadana, imponiendo lmites muy estrictos a cualquier decisin que afecte sus intereses. Los acaudalados hacen valer siempre la opinin de los mercados para definir el curso de la produccin y la finanzas [24].

Una confirmacin contundente de esta supremaca se verific e n Amrica Latina, durante las regresivas dcadas de constitucionalismo que sucedieron a las dictaduras. En ese perodo el mbito institucional fue utilizado por el neoliberalismo para perpetrar cirugas sociales a favor de los capitalistas.

En lugar de evaluar esa experiencia, el neo-desarrollismo repite la ingenua presentacin de la institucionalidad burguesa, como un mbito neutral de administracin de las tensiones sociales. Propaga, adems, el mito d el desarrollo como un premio a la calidad de esos organismos, estableciendo rigurosos paralelos entre el crecimiento y la eficiencia de los sistemas de votacin, el aumento de la transparencia o la reduccin de la corrupcin [25].

Tambin aqu, parece olvidar que la erradicacin del subdesarrollo siempre estuvo ms obstruida en Amrica Latina por los intereses e incapacidades de los grupos dominantes, que por el presidencialismo, el laberinto legislativo o el letargo judicial.

Pero lo ms curioso del neo-desarrollismo son las contradicciones que rodean a su propio discurso de ensalzamiento de las instituciones. Mientras realza la gravitacin de esas entidades elogia modelos asiticos plagados de autoritarismo.

El apego a la moda constitucionalista conduce tambin a presentar la historia latinoamericana, como un proceso de desarrollo jalonado por logros institucionales. Los neo-desarrollistas suponen que esos hitos determinaron el curso de la regin, desde la Independencia hasta las repblicas conservadoras y los sistemas polticos actuales [26].

Pero esos parmetros institucionales se ajustaron en realidad a otros determinantes ms significativos del sendero seguido por el capitalismo regional. Las condiciones favorables o desventajosas para la acumulacin, siempre operaron como el principal condicionante de esos procesos. Las transformaciones institucionales slo incidieron sobre ese curso a travs de confrontaciones polticas, a su vez influidas por la intensidad y el resultado de las luchas populares. El razonamiento puramente institucional ignora la incidencia de estas fuerzas econmico-sociales subyacentes, que han determinado la evolucin latinoamericana.

MODERNIDAD Y CAPITALISMO

El institucionalismo neo-desarrollista apuesta al afianzamiento de la modernidad para expandir el progreso. Considera que ese estadio aproxima a la civilizacin a un orden superior de convivencia humana, abriendo senderos de armona y bienestar social .

Pero esta utopa positiva del porvenir es compatible con el capitalismo? Sus promotores presuponen que s y rechazan el proyecto rival del comunismo que pregona el marxismo. Sin embargo no explican cmo podra alcanzarse la gran meta de la equidad, bajo un sistema asentado en la explotacin y la desigualdad [27].

Los tericos de la modernidad neo-desarrollista afirman que Amrica Latina se encaminar hacia una sociedad promisoria, si consolida la heterogeneidad y el encuentro de culturas que ha singularizado su historia [28].

Pero con esta visin repite la presentacin idlica de la regin como un mbito de convergencias. Evitan recordar el terrible pasado de dominacin que inicio el colonialismo con la importacin de esclavos y la imposicin de la servidumbre entre los pueblos originarios. Slo afirma que esos vestigios han quedado superados, desde la generalizacin de normas modernas de consideracin y respeto.

Como eluden definir cul es la relacin de ese concepto con el capitalismo, no se sabe de qu forma la consolidacin de la modernidad corregira las desgracias actuales de la regin. Simplemente esperan la extincin de esas desventuras, junto a la desaparicin de las rmoras pre-modernas que arrastra Amrica Latina.

Este razonamiento tiene muchas similitudes con las teoras liberales, que atribuan el subdesarrollo a la persistencia de sociedades tradicionales adversas a la modernizacin. Sustituir este ltimo trmino por su anlogo de modernidad no modifica mucho el mensaje final. 

La modernidad no es un concepto sustitutivo del capitalismo para estudiar el desarrollo. Es una vaga nocin que no aporta criterios de indagacin superadores de los enfoques centrados en la dinmica de las fuerzas productivas y la lucha de clases. Mientras que estos dos ltimos parmetros clarifican el curso de la evolucin social, la mera bsqueda de valores altruistas modernos no brinda pistas para entender el rumbo de la sociedad.

Las categoras del marxismo privilegian los estudios basados en las transformaciones de los modos de produccin y los antagonismos entre las clases sociales. La ptica de la modernidad contrapone a este enfoque todo tipo de indefiniciones. Nunca se sabe si sus criterios aluden a metforas, a formas de concebir los relatos histricos, a sensibilidades artsticas o a lgicas culturales [29].

Estas ambigedades son mucho mayores en el plano poltico. En este terreno la modernidad es habitualmente asociada con la consolidacin de la ilustracin, la primaca de la razn o la expansin de la secularidad. Pero tambin aqu el logro de esas metas es incompatible con la perpetuacin del capitalismo. Aproximarse a la concrecin de ese tipo de ideales exige erradicar el sistema social imperante.

ELITES CLARIVIDENTES

A pesar de su enftica reivindicacin de la burguesa, el desarrollismo siempre intuy la incapacidad de los capitalistas latinoamericanos para consumar el crecimiento auto-sostenido. Por esta razn sus alabanzas al empresariado fueron complementadas con la bsqueda de sustitutos para implementar ese proceso.

Desde los aos 50 concibi el surgimiento de distinto tipo de elites como reemplazantes potenciales de la burguesa. Imagin que ese grupo encabezara el mismo proceso que condujo a la pujanza de Occidente

Algunos autores explicaron el despegue inicial de Inglaterra, el salto posterior de Estados Unidos y la expansin de Francia o Alemania por el liderazgo ejercido por ciertas minoras clarividentes. Atribuyeron esa capacidad a un legado de cultura europea urbana heredado del Renacimiento y la Reforma y estimaron que la ausencia de esos sectores esclarecidos frustr el desenvolvimiento de Rusia o China. Evaluaron que en Amrica Latina las elites conservaron ideales aristocrticos, convalidaron la apropiacin latifundista de la tierra y avalaron el bloqueo de la industrializacin [30].

Esta interpretacin weberiana supone que ciertas minoras transmiten al resto de la sociedad, los valores requeridos para el desarrollo. Introducen flexibilidad poltica, tesn comercial, austeridad de las costumbres, prdica humanista y movilidad social.

Pero esta visin acepta todos los mitos euro-cntricos que idealizaron el debut capitalista en Occidente. Ignora interpretaciones ms consistentes, centradas las condiciones que facilitaron los rpidos saltos de la acumulacin primitiva a la acumulacin del capital, que registr Europa Occidental.

Estas teoras subrayan la celeridad de la revolucin agraria que precedi a la industrializacin, el papel central de los estados absolutistas o las ventajas obtenidas con el colonialismo. Aportan caracterizaciones ms slidas de ese inicio capitalista, que las visiones focalizadas en la existencia de grupos iluminadores del rumbo a seguir.

La mirada marxista permite comprender los caminos elegidos por las clases capitalistas triunfantes, en funcin de las condiciones poltico-sociales en que actuaron. Por el contrario, l a sociologa convencional reduce ese proceso a los atributos peculiares de las elites. Las viejas simplificaciones que realzaban el rol de los reyes, los sabios o los generales son extendidas a un segmento ms amplio. Pero en ambos casos la clave de la historia es situada en la existencia de ncleos capacitados (o destinados) a liderar el desarrollo.

La lucidez de estos sectores queda transformada en el principal motor de la evolucin social. Pero este factor slo incidi en procesos condicionados por la estructura socio-econmica, la insercin internacional de cada regin y el tipo de conflictos predominantes entre clases dominantes y dominadas. La simple contraposicin de elites clarividentes que permiten el progreso con minoras incapaces de repetir ese rumbo, no aporta explicaciones del subdesarrollo.

En Amrica Latina la teora de las elites fallidas subraya la existencia de fracturas entre este sector y las masas. Remarca la reiterada predileccin de esos grupos por servir a los poderosos. Considera que por esa razn no logr autoridad para transmitir los valores de esfuerzo, productividad y responsabilidad, que necesitaba el conjunto de la poblacin [31].

Pero las clases dominantes estuvieron exentas de esas falencias? Al eludir este anlisis se omite indagar el anclaje social de las limitaciones observadas en las elites. Estas capas ejercen funciones estratgicas en la sociedad, slo en consonancia con las clases dominantes. Ambos sectores actan en forma autnoma, pero apuntalan los mismos intereses, refuerzan los mismos privilegios y defienden el mismo sistema social.

La tradicional expectativa desarrollista en las elites como sustitutos de los capitalistas ignora estas ligazones. Supone que si un grupo especializado evita las carencias de las clases dominantes el progreso estar asegurado.

Es cierto que en el caso latinoamericano las elites estuvieron ms interesadas en servir a los poderosos, que en gestar procesos de desarrollo compartidos con las masas . Pero no se enemistaron con el pueblo por falta de lucidez, sino por su estrecho parentesco con procesos de acumulacin manejados por la burguesa.

CONTRASTES Y COMPARACIONES

El neo-desarrollismo atribuye la bifurcacin que actualmente se observa entre Asia y Amrica Latina, al comportamiento de las elites de cada zona. Considera que las minoras orientales no estn atadas al pasado europeo y actuaron con pautas de soberana indgena, en lugar de repetir la actitud mestiza de subordinacin que imper en el Nuevo Mundo. Por eso lograron impulsar potentes proyectos nacionales primero en Japn, luego en Corea, Taiwn, Hong Kong, Singapur, posteriormente en Malasia y Tailandia y actualmente en China, India y Vietnam [32].  

De esta forma los pases asiticos son agrupados en un pelotn de exitosos, dotados de las mismas condiciones virtuosas que anteriormente se asignaba a Europa. El contraste con Amrica Latina ya no se hace por la insuficiente asimilacin de Occidente, sino por el exceso de esa influencia. Como la regin estuvo ms conectada que Asia al Viejo Continente, aqu se gestaron elites hbridas carentes de la autonoma que preservaron sus pares de Oriente.

Esta explicacin sustituye los viejos prejuicios del Euro-centrismo por las nuevas arbitrariedades del Asia-centrismo. Todo lo que obstrua el desarrollo ahora es visto como un factor impulsor de ese progreso. El esquema es tan arbitrario que presenta a las sociedades orientales como paradigmas de soberana, cuando la mayora de sus grupos dirigentes mantuvo niveles de subordinacin al capital extranjero muy superiores a Latinoamrica. En la misma poca que esta regin conquistaba su independencia formal, Asia iniciaba un largo proceso de sometimiento semicolonial, que perdur hasta mediados del siglo XX. Japn fue la excepcin.

Este tipo de unilateralidades florece cuando se explica el crecimiento de una regin frente a otra por ciertas cualidades de las elites, olvidando el comportamiento del mismo grupo en el perodo precedente. Como se busca enfatizar la continuidad de ciertos valores determinantes del desarrollo (tradiciones productivas, estabilidad institucional, consenso social) se supone que esos rasgos son de larga data. Este artificio exige ignorar todos los acontecimientos que desmienten ese presupuesto.

Las caracterizaciones del desarrollo basadas en la idiosincrasia de las elites fueron utilizadas en los aos 80, para situar el secreto del auge japons en una tica del trabajo recreada por la autoridad paternal. Pero se olvida que estos mismos rasgos eran considerados un lastre en el perodo precedente, cuando los tericos de la modernizacin cuestionaban las barreras interpuestas por las tradiciones al despegue de cualquier economa. En esa poca el localismo era sinnimo de provincialismo, la aversin a Europa era consideraba una rmora de pasados feudales y la continuidad de las costumbres era vista como un obstculo a la iniciativa del empresario. Estos defectos se han transformado ahora en virtudes determinantes del milagro oriental.

El privilegio analtico asignado a las elites en desmedro de la dinmica objetiva de la acumulacin y el comportamiento de las clases sociales obstruye el anlisis . Slo observando el comportamiento de las oligarquas, las burguesas nacionales y los capitalistas locales de Amrica Latina resulta posible comprender conductas de las elites.

La ausencia de estas conexiones conduce a dos variantes simplificadas de interpretacin del subdesarrollo latinoamericano. En un caso se afirma que las elites fallaron en el manejo del estado por su incapacidad para encauzar a la regin en el catch up. En la otra vertiente se estima que las elites no lograron superar las carencias histricas de la sociedad civil (falt Renacimiento, Ilustracin y Revolucin Industrial), de la estructura social (estrechez de la clase media) o del entramado institucional (legado de autoritarismo) [33].

En el primer caso se magnifica la autonoma del estado y en el segundo se idealiza la sociedad civil. Pero en las dos variantes se omite la complementariedad existente entre ambas esferas. La apropiacin de trabajo ajeno que consuman los capitalistas en el mbito privado es garantizada por los mecanismos legales de la estructura estatal.

La gran inestabilidad que ha padecido Amrica Latina en los dos terrenos no obedece a la impotencia de las elites. Deriva de la insercin internacional perifrica y la debilidad de las clases dominantes frente a la pujanza de los movimientos populares.

Otra modalidad de reivindicacin de las elites exalta los segmentos ms tecnocrticos de esos grupos. Considera que esas minoras detentan virtudes irreemplazables como organizadores del crecimiento. Estima, por ejemplo, que Chile ha logrado grandes xitos en comparacin a otros pases por la eficiencia que demostraron esos sectores en la gestin del estado [34].

Pero la economa trasandina ha sido un gran laboratorio de polticas neoliberales que generaron desigualdad social, precarizacin laboral y concentracin del ingreso. Se apuntal una clase capitalista, que lucra con la insercin primarizada del pas como exportador de productos bsicos.

Algunos neo-desarrollistas soslayan estos problemas retomando la reivindicacin del modelo poltico chileno de la Concertacin, que previamente ponder el neo-estructuralismo. Esa corriente consider factible morigerar el esquema neoliberal legado por la Constitucin Pinochetista, mediante polticas de atenuacin de la pobreza y mejora de la educacin [35].

Pero el resultado de esa experiencia est a la vista. En Chile se afianzaron los privilegios de los poderosos en un clima represivo, signado por el endeudamiento personal para acceder a la educacin superior y un sistema de pensiones privadas que otorga jubilaciones nfimas.

CONCLUSIN

De todo lo expuesto se deduce que el neo-desarrollismo actual constituye apenas un esbozo de estrategias gubernamentales. Ha sido tomado por ciertos gobiernos, corrientes polticas y pensadores para inducir conductas industrializadoras de las burguesas locales. Buscan que ese sector emprenda procesos de inversin, para recomponer la gravitacin manufacturera con nuevos perfiles exportadores.

Pero hasta ahora han obtenido pocos resultados en la ilustrativa experiencia de Argentina y en el tibio ensayo de Brasil. A la luz de estos intentos, el neo-desarrollismo emerge tan slo como una tendencia del escenario regional.

Quienes le asignan gran futuro trazan comparaciones con el pre-desarrollismo de los aos 30. Recuerdan que en esa poca pocas voces intelectuales anticiparon el proyecto que se implementara posteriormente. Pero las visiones ms crticas tambin rememoran los numerosos proyectos de resurgimiento fallido, que sucedieron a la etapa clsica de los aos 50-60.

En cualquier caso el neo-desarrollismo se encuentra en un estadio de inicio. No representa un proyecto significativo de las clases dominantes comparable a su clsico antecesor. El neoliberalismo persiste como el principal organizador de las concepciones y prcticas de los capitalistas. Por esta razn las vertientes neo-desarrollistas presentan tantos vasos comunicantes con la matriz neoliberal.

La caracterizacin de este fenmeno debe incorporar su dimensin poltica. No basta con observar cul es el modelo macro-econmico promovido o qu fraccin del capital se beneficia con esa orientacin. Hay que notar las afinidades de este proyecto con cierto tipo de gobiernos.

En el caso sudamericano ha sido muy visible su sintona con los presidentes de centroizquierda, que buscan recuperar autonoma geopoltica a travs del MERCOSUR o adoptan un perfil de conciliacin de clases y pactos sociales. En este terreno se distancian de los gobiernos derechistas, alineados con Estados Unidos, que mantienen orientaciones explcitamente anti-desarrollistas. En los pases donde esa hegemona neoliberal ha sido ms persistente (Colombia, Mxico, Chile), los mrgenes para el despunte neo-desarrollista han sido reducidos.

Pero qu ocurre en los gobiernos de Venezuela o Bolivia que presentan una fisonoma ms radical? Promueven tambin estrategias neo-desarrollistas? Qu significado tienen los nuevos conceptos de social-desarrollismo y pos-desarrollismo? Abordamos estos temas en nuestros prximos textos.

BIBLIOGRAFA

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-Zaiat, Alfredo, (2012), Plan Fnix para Amrica del Sur, Pgina 12, 12-11.

Notas:

Claudio Katz.
Economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda). Su pgina web es:
  www.lahaine.org/katz

[2] Bresser Pereira, Luiz Carlos , (2010), Globalizacin y competencia, Buenos Aires, Siglo XXI, (pag 105-108).  

[3] Bresser Pereira, Luiz Carlos, (2011). From the National-Bourgeoisie to the Dependency Interpretation of Latin America, Latin American Perspectives, May 2011 vol. 38 no. 3.  

[4] Bambirra, Vania, El capitalismo dependiente latinoamericano, (1986), Mxico, Siglo XXI, (pag 57-68, 69-78, 96-106). 

[5] Bresser Pereira, Luiz Carlos, (2011). From the National- Bourgeoisie to the Dependency Interpretation of Latin America, Latin American Perspectives, May, vol. 38 no. 3.  

[6] Bresser Pereira, Luiz Carlos, (2010), Globalizacin y competencia, Buenos Aires, Siglo XXI, (pag 99-102, 100-111).  

[7] Castelo Rodrigo, (2010). O novo desenvolvimentismo e a decadencia ideolgica, Encruzilhadas da Amrica Latina no seculo XXI, Rio de Janeiro, Pao e Rosas.  

[8] Sicsu Joao, De Paula Luiz, Renaut Michel, (2007). Por qu novo desenvolvimentismo?, Revista de Economa Poltica, vol 27, n 4, outubro-dezembro. 

[9] Bresser Pereira, Luiz Carlos, (2010), Globalizacin y competencia, Buenos Aires, Siglo XXI, (pag 96-104, 118-126).  

[10] Katz Claudio, (2004), Burguesas imaginarias y existentes, Enfoques Alternativos, n 21, ao 2, febrero.

[11] Ver: Marini Ruy Mauro, (1994), La crisis del desarrollismo, Archivo de Ruy Mauro Marini, disponible en: Ruy Mauro www.marini-escritos.unam.mx

[12] -Fontes, Virginia, (2010), Novas encruzilhadas e velhos fantasmas, Encruzilhadas da Amrica Latina no seculo XXI, Ro de Janeiro, Pao e Rosas.

[13] Palma Gabriel, (2012), A rienda corta, disponible en: www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash 6-5.

[14] Portes Alejandro, (2004), El desarrollo futuro de Amrica Latina: neoliberalismo, clases sociales y transnacionalismo, Bogot, mayo, Ediciones Antropos (pag 113-149).

[15] Ver: Gold David, Lo Clarence, Wright Eric Olin, (1977), Recientes desarrollos en la teora marxista del estado. El estado en el capitalismo contemporneo, Mxico Siglo XXI.

[16] Ver: Graciarena Jorge, (2000), El estado latinoamericano en perspectiva, Buenos Aires, EUDEBA.

[17] Mann Michael, (2000), Estados nacionais na Europa en outros continentes, O Mapa Questao Nacional, Sao Paulo, Editorial Contrapunto, (pag 311-333).

[18] Skocpol Theda, (1985), Bringing the state back, Bringing the state back, New York, Cambridge University Press.

[19] Hobsbawm Eric, (2000), Naciones y nacionalismo desde 1780, Barcelona, Crtica, (pag 13-21, 14-52)

[20] Bresser Pereira, Luiz Carlos, (2011), From the National-Bourgeoisie to the Dependency Interpretation of Latin America, Latin American Perspectives, May 2011 vol. 38 no. 3

[21] Ferrer Aldo, (2007), Globalizacin, desarrollo nacional y densidad nacional, en Repensar la teora del desarrollo en un contexto de globalizacin, Buenos Aires, CLACSO.

[22] Ferrer Aldo, (2010), Ral Prebisch y el dilema del desarrollo en el mundo global, Revista CEPAL, n 101, agosto

[23] Bresser Pereira Luiz Carlos, (2012), Five models of capitalism, Revista de Economa Poltica, vol. 32 no.1 So Paulo, Jan./Mar

[24] Nuestro enfoque en: Katz Claudio, (2009), La economa marxista, hoy. Seis debates tericos, Madrid, Maia Ediciones, (pag 13-29).

[25] Garca Marco Aurelio, (2010), El nuevo desarrollismo, 10/31/2010, disponible en: www.revistasocialista

[26] Domingues Jos Mauricio, (2009), Modernidad contempornea en Amrica Latina, Siglo XX, Buenos Aires, CLACSO, (pag 13, 23, 32-35, 80-87)

[27] Domingues Jos Mauricio, (2009), Modernidad contempornea en Amrica Latina, Siglo XX, Buenos Aires, CLACSO, (pag 15, 20, 29-33).

[28] Domingues Jos Mauricio, (2009) Modernidad contempornea en Amrica Latina, Siglo XX, Buenos Aires, CLACSO, (pag 226-231)

[29] Anderson, Perry, (1984), "Modernidad y Revolucin", Leviatn, n 16, Madrid. Callinicos, Alex, (1993), Contra el pos-modernismo, Bogot, El ncora editores,

[30] Jaguarible Helio, (1969), Causas del subdesarrollo latinoamericano, La crisis del desarrollismo y la nueva dependencia, Buenos Aires, Amorrortu, (pp 173-177).

[31] Jaguarible Helio, (1969), Causas del subdesarrollo latinoamericano, La crisis del desarrollismo y la nueva dependencia, Buenos Aires, Amorrortu, (pp 173-176).

[32] Bresser Pereira, Luiz Carlos, (2010), Globalizacin y competencia, Buenos Aires, Siglo XXI, (pag 77-81, 103) 

[33] Estos enfoques en: Jaguaribe Helio, (1995), O estado na Amrica Latina, El estado en Amrica Latina, Buenos Aires, Ciedla. ODonnell Guillermo (1997), Contrapuntos, Buenos Aires, PAIDOS. Kaplan Marcos, (1995), Teora y realidad del estado en Amrica Latina, El estado en Amrica Latina , Buenos Aires, Ciedla.  

[34] Portes Alejandro, (2004), El desarrollo futuro de Amrica Latina: neoliberalismo, clases sociales y transnacionalismo, Bogot, mayo, Ediciones Antropos (pag 71-112, 113-148).

[35] Kay Cristobal, Gwynne Robert, (2000) Relevance of Structuralist and Dependency, Theories in the Neoliberal Period: A Latin American Perspective.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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