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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-07-2014

La construccin de la causa siria

Yassin Al Haj Saleh
Al-Quds al-Arabi


Cerca de 200 mil vctimas, la destruccin de un cuarto de las viviendas del pas y la emigracin forzada de un 40% de la poblacin no bastan para confeccionar una causa siria. La causa siria no es la suma del dolor de los sirios, sino que ese es tan solo el significado humano que los sirios sacarn de su dolor o que relacionarn con l, el significado que quedar unido a su lucha, haciendo de su nombre y su tragedia un smbolo que otros puedan recuperar para su propia lucha.

Tampoco basta que los datos y la informacin identifiquen como responsable de esta gran tragedia histrica al rgimen asadiano. Ciertamente, podra haberse evitado la tragedia humana, material y psicolgica que se ha cernido sobre el pas, si los lderes del Estado asadiano hubieran tenido la tibieza de Hosni Mubarak. Pero durante estos 40 meses, en la lucha siria han entrado grupos islamistas sunes que ni hicieron estallar la revolucin ni participaron en ella durante meses, pero que hoy conforman una parte importante de las fuerzas armadas enfrentadas. Y junto a ellas y en su contra, hay fuerzas islamistas chies no enfrentadas entre s y que adems estn del lado del rgimen. En su conjunto, estos grupos sunes y chies dan lugar a dos problemas interconectados: el problema sectario y las posturas que adoptan los grupos religiosos y confesionales en los diversos pases, y despus, el problema religioso islmico y la situacin del islam en los estados y sociedades donde domina. Y parece que esos dos problemas son anteriores a la revolucin siria, aunque hayan aparecido con especial fuerza a raz de esta.

En un segundo plano de la lucha y camuflndose con ella, e incluso pasando a primer plano en ocasiones, est el papel estructural israel y estadounidense, continuo y firme. Su papel no puede eliminarse, ni tampoco puede reducirse su importancia, aunque no siempre se vea o participe directamente en la lucha. Smese a ello que la situacin de nuestro pas y nuestra regin no puede entenderse sin tener en cuenta la larga alianza entre los seores internacionales y regionales. Los escasos datos que tenemos nos dicen que la administracin estadounidense ha adoptado la visin israel de cara a la revolucin siria, segn se puede dilucidar de las memorias de Hillary Clinton publicadas recientemente. Israel prefiere un rgimen cuya poltica hacia l sea tan predecible como si de un libro abierto se tratase. Si eso no es posible, entonces que se prolongue la lucha en Siria hasta que quede desangrada material, poltica y psicolgicamente (la versin israel de Asad o quemamos el pas).

Este papel que tampoco podemos exagerar ha aumentado la complejidad y podredumbre de la lucha siria. Los dos aliados estn apoyando al asesino y las fuerzas de destruccin contra todos los sirios que se han levantado contra l. As, se encuentran en el mismo bando que Irn, con quien intentan lograr acuerdos a costa del cuerpo sirio lacerado. Esta realidad no puede ignorarse, ni desde el conocimiento de la situacin, ni desde la poltica y la efectividad de la accin poltica, ni tampoco desde los valores y los principios de la justicia.

La situacin actual de la lucha en Siria est conformada por el conjunto de la interaccin de tres fuerzas sin ley: el estado asadiano y sus aliados, los grupos islamitas combatientes y enfrentados y la alianza israeli-estadounidense. Todo ello hace de esta lucha algo trgico, porque la cuestin no tiene que ver con un nico enemigo de la liberacin de los sirios, que sera el rgimen, ni con dos enemigos el rgimen y los islamistas-, sino que se les une el do hegemnico internacional y regional: EEUU e Israel. Y de una lucha de liberacin en el marco nacional, la cuestin siria hoy tiene una dimensin regional bsica, pero tambin internacional. Ello es lo que hace de esta causa, en principio, una causa de liberacin regional y mundial.

Las tres dimensiones tienen sus prolongaciones internacionales e histricas, pues el rgimen sirio forma parte de la alianza regional sectaria que engloba a Irn y su squito, como Maliki o Hezbollah, que se retrotrae a una dimensin histrica y mitolgica que llega hasta los primeros tiempos del islam. Mientras, las fuerzas polticas islmicas y militares estn unidas por una red regional sun que engloba a estados del Golfo, grupos y organizaciones, y se trata de una red que tambin se retrotrae a su propia dimensin histrica y mitolgica que llega hasta los inicios del islam. En cuanto a EEUU e Israel, son dos fuerzas hegemnicas internacional y regional con una extensa y amplia prolongacin internacional dominante en Occidente, y una prolongacin histrica de las antiguas doctrinas apocalpticas y promesas legendarias. Se trata de dos fuerzas donde la conciencia sectaria propia de sus lites no se debilita nunca, sobre todo si se trata de nuestra regin. El sectarismo, en cualquier nivel ideolgico es autoridad y clase, y no una religin o una ideologa identitaria.

Pero esta triple condicin es lo que hace de la construccin de un significado claro de la lucha algo muy complicado. Hablbamos con razn de una revolucin contra un rgimen dictatorial y desptico. Con la aparicin de los grupos islamistas que ejercen la autoridad sobre el terreno y repiten las acciones del rgimen contra la poblacin, nos encontramos ante una lucha compleja, que supone una mezcla entre la liberacin poltica y la liberacin religiosa. Pero nos sigue faltando un concepto para llamar a esta lucha, y la cosa se complica ms cuando se tiene en cuenta el papel estadounidense e israel, como una especie de destino funesto e inevitable que gobierna sobre nuestras vidas. As, al no poderse construir la cuestin siria sin tener en cuenta esta realidad tridimensional, la calificacin de tragedia para una lucha en tres frentes dificulta enormemente la construccin de su significado.

El concepto o valor que puede unir esta lucha es la adopcin de la liberacin poltica, de la que parten despus la liberacin espiritual y la independencia de la voluntad de todo individuo de la de la voluntad general. Nuestra lucha en Siria es una mezcla de un movimiento de liberacin nacional en lucha con una nueva generacin de colonialistas -Irn y sus instrumentos, e ISIS y sus semejantes-, y no solo los antiguos colonialistas, una revolucin democrtica y un movimiento de liberacin religiosa.

Pero mientras podra ser posible enfrentarse a un solo enemigo mediante la guerra, enfrentarse a dos exige ejercer la poltica tambin, y enfrentare a tres enemigos exige una cultura de partida. O tal vez lo que exige sea una refundacin: refundarnos a nosotros mismos de forma que no nos aislemos del mundo ni nos situemos en un enfrentamiento absurdo con l, como hacen hoy los islamistas, una posicin que no est por debajo de nuestras aspiraciones de jugar un papel a nivel mundial que est a la altura de nuestra sed por la dignidad colectiva. Decir que la cultura es donde hemos de refundarnos no supone que esa refundacin sea un acto de meditacin, sino que es un acto de lucha, aunque no est dirigido exclusivamente hacia la efectividad poltica. Todo lo que tiene valor cultural en nuestra era ha venido de la participacin directa en la lucha y no de meditaciones profticas desde la distancia. La cultura es una poltica intensiva segn el dicho de Lenin de que la poltica es una economa intensiva.

La construccin de nuestra causa como una de emancipacin humana general puede constituir una respuesta seria contra la destruccin de nuestro pas.

Traducciones de la revolucin siria

Fuente: http://www.alquds.co.uk/?p=194895



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