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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-08-2014

Panorama y apuntes sobre un debate
"Para qu sirve 'El Capital'?"

Chris Gilbert y Cira Pascual Marquina
Rebelin


A continuacin presentamos la introduccin del libro Para qu sirve El Capital: un balance contemporneo de la obra principal de Karl Marx, publicado por Editorial Trinchera y Escuela de Cuadros en julio de 2014. El volumen incluye ensayos de Vladimir Acosta, Carlos Fernndez Liria, Iaki Gil de San Vicente, Nstor Kohan y Rubn Zardoya Loureda.

* * *

El jaggernat del snscrito jagannatha, seor del mundo es una enorme carroza consagrada a Krishna, avatar del dios hind Vishnu, que se arrastra por las calles durante el festival anual de Ratha Yatra. En la Inglaterra del siglo XIX se crey erradamente que, a forma de sacrificio, los hombres hindes se lanzaban o empujaban a sus hijos y esposas ante las ruedas de las carrozas. Si en su trabajo periodstico sobre la India Karl Marx se top con el trmino jaggernat y lo emple con la carga propia de su tiempo es decir, con el horror y el desprecio caractersticos en la Europa civilizada hacia los usos y costumbres de los pueblos inferiores, ms tarde utilizara la imagen en El Capital con un sentido completamente diferente. As el jaggernat, que en su artculo sobre la Revuelta de los Cipayos de 1857 Marx haba asociado con ritos sangrientos, se convirti en El Capital, una dcada ms tarde, en smbolo de la crueldad capitalista. El capitalismo se present entonces como el ms mezquino y odioso de los despotismos, cuyas ruedas trituran la vida del obrero [1] . Lo importante es que, a pesar de su desacierto al interpretar el rito hind y de su contribucin a la reproduccin del exotismo orientalista, Marx revirti su error en El Capital, llevando su proyeccin a donde deba estar: a la Europa industrializada.

Para el Marx de El Capital, el jaggernat representa al propio capital: el fetiche ante el cual nuestra sociedad sacrifica la vida, el bienestar, los principios, e incluso, en nuestro siglo, el propio planeta. El rasgo principal del jaggernat es su carcter inexorable. En la actualidad, la voracidad imparable del capital se expresa de mltiples formas. Una lista corta y aleatoria incluira el desprecio por los acuerdos encaminados a frenar el calentamiento global (Kyoto y Copenhague); la negativa a eliminar armas qumicas y nucleares (cuyos principales dueos son los pases imperialistas y sus aliados); y la persistencia de la tortura (los EE.UU. se niegan a que sus soldados sean sometidos a los acuerdos internacionales y mantienen black sites para la tortura, mientras Hollywood entrega Oscars a pelculas que justifican la interrogacin reforzada). La carroza capitalista sigue su curso contra viento y marea, y sus ruedas no slo se ensangrientan con familias asesinadas en ataques quirrgicos realizados por drones sino que tambin son salpicadas con la sangre de los once millones de nios que anualmente mueren por desnutricin. Quizs Margaret Thatcher haya sido quien mejor entendi la naturaleza inexorable de este monstruo moderno al declarar de forma tajante y cnica: There is no alternative.

Es en El Capital: crtica de la economa poltica donde Marx se propone exponer la lgica del capital y determinar con precisin qu tipo de inexorabilidad encierra. Su objetivo declarado es presentar la ley econmica que rige el movimiento de la sociedad moderna [2] , es decir, precisar en qu medida y a travs de qu mecanismos de causalidad estructural o histrica se determina la actividad humana en una sociedad en la que domina el modo de produccin capitalista. Efectivamente, la nuestra es una sociedad que asigna roles econmicos a los individuos (cosificacin que permite tanto a Marx como a Balzac retratar a las personas en la medida que son la personificacin de categoras econmicas...) y que coloca a las mayoras sobre un lecho de Procusto por el rigor con que elimina lo que no engrana con la lgica capitalista. De hecho, esta situacin no es muy diferente a la de una posesin demonaca nuestra sociedad est poseda por el capital, y en ltima instancia la obra de Marx propone la liberacin: la emancipacin de la camisa de fuerza capitalista que, ms que controlar la locura, la impone.

La propuesta del encuentro

Escuela de Cuadros, concebida en lo fundamental como un programa de televisin, organiza seminarios sobre temas y textos que requieren un estudio circunstanciado. Este es el caso de una obra tan ambiciosa y transcendental (y, por qu no, tan difcil) como El Capital, que sin duda ocupa un lugar cimero en la historia del pensamiento revolucionario y, como tal, merece un tratamiento especial. Por eso nos planteamos un seminario con invitados nacionales e internacionales para abordar los tres tomos de la obra.

Emprender la lectura de un libro clsico constituye siempre una empresa dual: la de empezar de nuevo y retomar lo anterior; la de ver con los ojos de otros y abrir los propios desde el lugar y el momento en que uno se encuentra. Al plantearnos la lectura de El Capital, partimos de algunas nociones bsicas sobre la historia de la obra y su interpretacin. Si bien es cierto que El Capital se ha ledo de forma integral y sistemtica, no cabe duda de que han sido escasas las lecturas de este tipo. La muy citada afirmacin de Lenin de 1914 referida a que es imposible entender El Capital sin estudiar toda la Ciencia de la Lgica de Hegel es seguida por una conclusin sorprendente: ninguna generacin anterior, del siglo pasado hasta el presente, haba entendido a Marx! [3] Ms adelante, en el siglo XX, ni el marxismo occidental ni el marxismo sovitico hegemnico se detuvieron mucho en la lectura de El Capital. ste ltimo, por lo general, se mantuvo en el terreno del marxismo vulgar de la Segunda Internacional el marxismo que plante ser una cosmovisin de la clase obrera [4] y cuya crtica de la economa poltica se diferenciaba poco de la economa clsica burguesa, mientras que en gran medida el marxismo occidental se preocup por los temas filosficos y culturales ms que por la crtica de la economa poltica [5] .

Por lo tanto, a principios del siglo XXI, leer El Capital es todava un viaje de descubrimiento, aunque por supuesto se encontrarn algunos faros en la ruta, faros que sirven tanto para orientar como para indicar lneas de fuga. Uno de ellos, posiblemente el esfuerzo ms sistemtico por leer El Capital en las ltimas dcadas, es el seminario que coordinaron Louis Althusser, tienne Balibar, Jacques Rancire y otros que culmina en Para leer El Capital (1965). Con todas sus limitaciones, que son tremendas (nos referimos, por ejemplo, al extrao pacto entre el determinismo y la libertad, condensado en los conceptos de sobredeterminacin y determinacin en ltima instancia, y a la divisin demasiado pragmtica entre ciencia y lucha ideolgica), la obra constituye un hito que no ha sido superado en trminos de difusin y reconocimiento. As lo consignamos en la convocatoria y en el plan de trabajo del encuentro.

Con espritu provocador, llamamos al encuentro Para qu sirve El Capital? Habamos observado un inters renovado en el marxismo y en El Capital, que alcanz incluso a la derecha mundial (hasta a Nicolas Sarkozy!). Por ello escribimos una convocatoria al encuentro en la cual se planteaba la importancia del modo de empleo revolucionario del libro. Transcurrido un ao, podemos constatar con satisfaccin la amplia variedad de respuestas plasmadas en gran medida en este libro, incluyendo una que implcitamente rechaz la premisa del propio encuentro: el carcter instrumental de una obra cientfica como El Capital. El libro de Marx, segn los ponentes Carlos Fernndez Liria y Luis Alegre Zahonero, no sirve para nada sino que comparte con la ciencia normal un compromiso desinteresado con la verdad, aunque la obra no deje por ello de tener consecuencias revolucionarias.

Desarrollo de las jornadas

Las tres jornadas del encuentro se organizaron temticamente. En la primera jornada, Orden/nfasis en El Capital, propusimos el tema de cmo leer el libro y por dnde empezar. Pensando en nuestro momento, preguntamos cules son los puntos de entrada ms relevantes y cules los captulos con mayor actualidad. Al formular estas preguntas, recordbamos varias propuestas sobre cmo abordar el libro, incluyendo la del propio Marx, quien sugiri la posibilidad de empezar por el captulo octavo sobre la jornada laboral, y la de Althusser, quien propuso como va de acceso el captulo cuarto sobre la trasformacin del dinero en capital. La virtud de estas propuestas consiste en que rompen con el carcter de El Capital como cdice sagrado, restaurando as su condicin de libro que puede ser til para lectores en diferentes circunstancias y con niveles desiguales de preparacin.

Respondiendo a estas preguntas, Nstor Kohan argument tras presentar algunas ideas sobre quin fue Marx y qu es El Capital que se puede comenzar la lectura de esta obra clsica por el final del Libro I, especficamente por el captulo XXIV, dedicado a la acumulacin originaria. Para Kohan, El Capital encierra un fin poltico es un misil lanzado a la burguesa [6] , un arma para la revolucin y esta finalidad, en nuestro momento, se restablece al leer el libro al revs: es decir, comenzar con ese captulo que resalta el papel de la violencia para establecer y mantener el capitalismo. Hace muchos aos el propio Marx reconoci la dificultad de los primeros captulos, cuya exposicin a veces genera la percepcin ilusoria de que el libro est describiendo una construccin apriorstica [7] y la idea tambin errada de que El Capital es un tratado de economa. La propuesta de Kohan es restaurar el carcter histrico y poltico del esfuerzo de Marx.

En su intervencin en esta primera jornada, Iaki Gil de San Vicente medit sobre la unidad de la crisis objetiva y la crisis subjetiva e hizo hincapi en que El Capital es una obra con mltiples niveles. El libro merece un estudio sistemtico y en grupo, que habr de orientarse segn se exprese la actualidad de la revolucin en un contexto especfico. Las presentaciones de la primera jornada concluyeron con comentarios de Rubn Zardoya: El Capital es un gran ocano en el que el lector puede sumergirse con objetivos diversos: en el se puede encontrar tanto una gua para la revolucin como un modo de pensamiento terico que sirve como referente en campos de estudio muy diversos, incluido el estudio de la religin.

La segunda jornada, Mtodo de Marx/Dialctica, fue la ms dinmica y apasionada, circunstancia que rara vez encontramos en seminarios tericos! El debate parti de los siguientes interrogantes: La dialctica es parte esencial de la teora marxista? Constituye sta un conjunto de leyes generales del acontecer histrico? La dialctica puede convertirse en algo metafsico y anticientfico? En el curso de las discusiones se evidenciaron posiciones y tendencias aparentemente irreconciliables. Abriendo el panel, Nstor Kohan realiz una contextualizacin histrica del debate: un recorrido que pas por las posiciones de Bernstein, Luxemburgo y Della Volpe. Kohan identific el rechazo de la dialctica con el abandono del marxismo revolucionario posicin que abre las puertas al eurocomunismo y al posmodernismo. Su tesis central es que negar la dialctica desemboca en el planteamiento de un mundo sin conflictos profundos, sin contradicciones.

Carlos Fernndez Liria y Luis Alegre Zahonero, por va de teleconferencia, plantearon que la dialctica es sencillamente lo contrario del materialismo. Comenzaron su argumento con lo que consideran el Discurso del Mtodo de Marx: la introduccin de 1857 a los Grundrisse, donde Marx identifica la dialctica de Hegel con la idea de un pensamiento que se mueve por s mismo. Este ncleo duro de la dialctica no se podra mantener ni siquiera invertido en el marxismo ni en el materialismo. Fernndez Liria y Alegre Zahonero tambin argumentaron que Marx se fue apartando del legado hegeliano a lo largo de su trayectoria, como indicaran los toques antidialcticos a la edicin francesa de El Capital de 1875. Para ellos, la prctica terica ms definitoria de Marx consistira en pensar no con la historia llevados por su corriente, como se imagina desde la ptica dialctica sino pese a la historia.

Rubn Zardoya cerr la segunda jornada precisando conceptos: qu es la dialctica, cul es el mbito de su aplicacin, qu es lo metafsico (en este ltimo caso, a travs de una genealoga del concepto). Zardoya afirma que Marx es un pensador profundamente dialctico, mas la dialctica, cuando se convierte en una ciencia general con unas leyes de aplicacin universal, se convierte por necesidad en un sistema metafsico. La cualidad decisiva del modo de pensamiento dialctico se expresa en el principio de inmanencia del mtodo al contenido, razn por la cual el mtodo de El Capital se circunscribe a su objeto de estudio: el capitalismo.

Finalmente, en la tercera y ltima jornada, se propuso el tema Horizonte histrico/Vigencia de El Capital. Vladimir Acosta abri la sesin defendiendo la actualidad de la obra de Marx sobre la base de la vitalidad del propio capitalismo. A saber, El Capital no es un tratado sobre animales extintos, sobre dinosaurios o mamuts, sino sobre un modo de produccin que es hoy ms dominante que nunca. Refirindose al estudio econmico hegemnico, Acosta argument que ste no slo no ha superado la obra de Marx, sino que ms bien ha quedado rezagado, sin llegar a ser ciencia precisamente por no haber asimilado la obra de Marx y del marxismo.

En su intervencin final, Iaki Gil de San Vicente vincul la vigencia de la obra de Marx con la del movimiento al que pertenece: El Capital es efectivamente consustancial con el proyecto comunista. Gil de San Vicente resalt que la propia obra de Marx tiene un fuerte elemento colectivo con el conocido aporte de Engels y la colaboracin ms subterrnea de Jenny von Westphalen, compaera de Marx. El Capital es una obra necesariamente inacabada un fuego que nunca debe apagarse y es en esencia una metodologa abierta que puede aplicarse a problemas que apenas se vislumbraron en la vida de Marx.

La jornada cerr con una ponencia de Rubn Zardoya, quien concluy que el aparato categorial de El Capital sigue vigente para el estudio del capitalismo en la medida en que ste hace referencia a la esencia del modo de produccin y no a una u otra modalidad o circunstancia fortuita suya, pero recalc que son necesarias las ms diversas mediaciones para llegar a comprender la realidad actual. Zardoya explic que un rasgo del pensamiento vulgar es pensar a partir de los libros y no de la realidad, y record lo dicho por Lenin a Bujarin: una revolucin no se hace con libros viejos.

Conclusiones y puntos de coincidencia

Nuestras discusiones en el contexto del seminario Para qu sirve El Capital? decirlo es casi tautolgico giraron alrededor de temas de desacuerdo: la dialctica, el estatuto de la verdad en el marxismo, las vas de entrada a la obra y el grado de autonoma que tiene El Capital en la trayectoria terica de Marx. Sin embargo, a pesar de las importantes divergencias que se expresaron en el seminario sobre estos problemas de vieja data, es necesario reconocer que tambin encontramos coincidencias de carcter implcito. Hoy da, a travs de una lenta deriva, los debates marxistas se encuentran sobre un terreno marcadamente diferente al de los marxismos dominantes del siglo anterior, un terreno en el que se ha entrado de forma inadvertida y que abarca un conjunto de referencias comunes. Proponemos como hiptesis que estas referencias compartidas son las que realmente hacen poca, formando un nuevo campo discursivo.

A qu nos referimos? Tomemos los argumentos sobre la dialctica en dos momentos histricos. Hasta hace slo medio siglo, en los debates sobre el tema, tanto los partidarios de la dialctica como los detractores por lo general apostaron con optimismo a que los mecanismos de la propia dialctica (o del progreso no dialctico) nos conduciran determinsticamente al socialismo. En cambio ahora, como se evidenci en el encuentro, tanto los que militan en el campo no dialctico como los que reivindican la dialctica podran decir parafraseando lo dicho por Engels sobre la historia la dialctica y sus categoras no hacen nada, no constituyen un motor de la historia separado de los sujetos humanos.

En lo que atae especficamente a la transicin entre el capitalismo y el socialismo, en el seminario todos concurrimos en el alto grado de discontinuidad existente entre uno y otro, hecho que nos hace desconfiar de los lazos y vas preestablecidas entre ambos. En otros trminos, tanto los antidialcticos como los prodialcticos concuerdan hoy en la ruptura radical entre el capitalismo y el socialismo y en la necesidad de hacer una revolucin que la dialctica de por s no va a hacer por nosotros. En cambio, hace poco ms de medio siglo, tanto los dialcticos como los antidialcticos confiaron, como norma, en que los saldos del desarrollo capitalista como la industrializacin y la centralizacin de la produccin y del poder poltico trazaran claramente la ruta de la transicin al socialismo.

Algo similar ocurre en relacin con un segundo tema de debate: la cuestin de si El Capital es ante todo una obra de ciencia normal (Marx como un Galileo de la historia, segn lo dicho por Fernndez Liria) o un misil lanzado a la burguesa (un instrumento en la lucha por el comunismo, segn la visin de Kohan y Gil de San Vicente); y paralelamente si la verdad es objetiva y absoluta o, por el contrario, est subordinada a la prctica. Por importante que sea esta diferencia en cuanto a cmo se concibe la racionalidad en un caso se apela a una racionalidad universal, en el otro se vincula la racionalidad con la clase social, el terreno en que se lleva a cabo este debate ha cambiado sustancialmente. En una poca no tan lejana, cualquiera de las dos partes hubiese supuesto que El Capital era una obra asimilada y hasta un tanto superada: en el primer caso, por pertenecer a la ciencia normal del siglo XIX, en el segundo, por el desarrollo terico del marxismo y la teorizacin del imperialismo en el siglo XX. En cambio, en nuestro contexto, coincidimos en que El Capital es una obra que an no ha llegado a su destino: es decir, es ciencia normal todava marginalizada o arma clasista todava por incorporar a la praxis!

La deriva lenta e inadvertida que, segn nuestra hiptesis, afecta el terreno de los debates en el marxismo tambin se evidencia en otra cuestin: el problema de lo humano y del humanismo. Este tema, que subyace en muchos de nuestros debates sobre El Capital, muestra un desplazamiento notable; hoy da cualquier apuesta sobre el carcter humanista o antihumanista del trabajo de Marx tendra que prescindir del concepto cmodo y sustancialista de lo humano dominante en los aos 50 y 60. La explicacin de este giro es sencilla. Frente a las cotidianas tempestades sociales (brotes fascistas y guerra) y planetarias (destruccin ambiental, brechas metablicas), lo humano hoy no puede darse por sentado. Esta innegable y profunda precariedad del ser humano al haber sido sacudidas profundamente las bases naturales y ontolgicas de la especie marca nuestra poca, y mientras nos aparta de cualquier proyecto socialista que slo prometa un mejor reparto de los bienes, tambin nos invita a apostar por el socialismo como opcin civilizadora, como respuesta a la barbarie interna de nuestro presente capitalista. Es por eso que, cuando nos acercamos a este libro que Rubn Zardoya llama un gran ocano, junto con la conciencia de que el socialismo lo construimos nosotros mismos, lo hacemos fundamentalmente por su promesa de salvarnos de la barbarie capitalista y con la esperanza de escapar de las ruedas de aquel jaggernat destructivo de nuestra propia creacin.


[1] Marx, K.: El Capital: crtica de la economa poltica (traduccin y notas: Pedro Scaron), Siglo XXI,Mxico, 1975, Libro I/3, pg. 805.

[2] Ibid., pg. 8.

[3] Lenin escribe: En consecuencia, medio siglo ms tarde, ningn marxista ha entendido a Marx!. Cfr. Conspectus of Hegels book The Science of Logic en Lenins Collected Works, Vol. 38, Progress Publishers, Mosc, 1976.

[4] Heinrich, M.: An Introduction to Karl Marxs Capital, Monthly Review Press, Nueva York, 2004, pgs. 24-25.

[5] Anderson, P.: Consideraciones sobre el marxismo occidental, Siglo XXI, Madrid, 1979, pgs. 59-61, 64-67, 94-97.

[6] Misil lanzado a la burguesa es la exultante descripcin que usa Marx para describir su recin terminado libro. Carta de Karl Marx a Johann Philipp Becker (17/IV/1867) en Karl Marx-Frederick Engels Collected Works, vol. 42 (1864-1868), Lawrence & Wishart, Londres, 1975-2005, pg. 358.

[7] Marx, K.: El Capital: crtica de la economa poltica (traduccin y notas: Pedro Scaron), Siglo XXI, Mxico, 1975, Libro I/3, pg. 19.


Chris Gilbert y Cira Pascual Marquina son productores del programa de televisin Escuela de Cuadros y profesores de Estudios Polticos en la Universidad Bolivariana de Venezuela.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor y la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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