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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-08-2014

Cundo fue la ltima vez que pensaste en la Unin Europea con ilusin?

Andreu Espasa
Rebelin


Hace un par de aos, un amigo estadounidense que estaba trabajando de profesor universitario en Madrid me cont una interesante conversacin con sus estudiantes. Les pregunt si entendan que sus vidas se vean profundamente afectadas por miembros de una comisin en Blgica que nadie haba votado. Y me contestaron que no, que no lo haban pensado de esa manera. El profesor no era ningn radical. Cuando hablbamos de poltica estadounidense, tenda a mostrarse satisfecho con la Administracin Obama como un mal menor respecto al sadismo extremista del Partido Republicano. En cambio, los resultados econmicos y polticos del proyecto europesta le inquietaban, especialmente la degradacin de las democracias europeas como consecuencia de la progresiva prdida de soberana. Tambin le desconcertaba la aparente inconsciencia con la que la gente de su alrededor viva todo este proceso: Por qu centran su ira exclusivamente en contra de los polticos y los banqueros espaoles y nunca protestan contra la Unin Europea?

La respuesta no era fcil. Para empezar, la generalizacin resultaba un poco injusta. Desde principios de los noventa, Izquierda Unida, la tercera fuerza poltica estatal, haba mantenido una posicin muy crtica con la deriva neoliberal de la UE. Tambin le tuve que recordar que Espaa es el pas de la Unin Europea donde el entusiasmo por el proyecto europesta haba ido cayendo de forma ms notable. En 2004, un 63% de los encuestados tenan una imagen positiva de la Unin Europea. Ocho aos ms tarde, slo un 22% mantenan esta opinin. Probablemente, uno de los factores que explica el xito del nuevo partido de izquierdas, PODEMOS, es justamente su habilidad para conectar polticamente con el euroescepticismo popular. En la ltima noche electoral, Pablo Iglesias us un lenguaje inslito para este tipo de ocasiones: No queremos ser una colonia de Alemania.

El hecho de darle la razn y de enmarcarla en un contexto vagamente justificador no convenci a mi amigo. Lo que deca le sonaba a excusas. Por mi parte, habra sido ms til y honesto intentar alimentar su curiosidad contndole algunas de las ilusiones y las esperanzas que el proyecto europesta haba sido capaz de generar, incluso entre militantes de izquierdas contrarios al Tratado de Maastricht (1992) y al fallido proyecto de Constitucin Europea (2004). Habra podido seguir su ejemplo y recurrir al uso de la ancdota. Al fin y al cabo, para saber qu se piensa realmente sobre Europa, es francamente difcil encontrar algo de inters en los calculados discursos electorales de la mayora de lderes polticos.

He aqu algunos ejemplos anecdticos. En otoo de 2010, un respetable militante del antifranquismo me solt: Yo lo que quiero es que los alemanes nos traguen. Que nos anexionen. Es muy sencillo. Slo hace falta que hagan lo mismo que con la Alemania del Este. Esta era la conclusin, brutalmente sincera, a la que l haba llegado tras constatar que la unin monetaria slo funcionara con una autntica unin poltica. Para rematar, aadi: En este tema, en el fondo, no hay debate. No puede haberlo. Es polticamente inviable es suicida, de hecho reclamar, desde la izquierda, que se empiecen a dar pasos atrs en el actual proceso de integracin europea. Nos acusaran de freaks. Nos lincharan. Olvdate.

Unos aos antes, en la primavera de 2003, en una clase de doctorado de Historia Contempornea, escuch a un estudiante aplicado y muy progresista aventurar una hiptesis comparativa sobre la historia econmica reciente de Mxico y Espaa: Actualmente somos mucho ms ricos que Mxico. Hace slo treinta aos no era as. Esto es gracias a la Unin Europea. Nosotros tenemos la suerte de tener un vecino fuerte, Alemania, visiblemente acomplejado por su pasado militarista y nazi y que ahora, para compensar, tiene un impulso expansionista moderado, persuasivo... incluso benvolo. Otro compaero le interrumpi y le pregunt si se daba cuenta de que, segn su argumentacin, Alemania habra renunciado a seguir sus propios intereses nacionales. No, no, claro que no, le contest, los alemanes se enriquecen ms que nosotros, es cierto, pero su modelo de crecimiento no va en contra del nuestro. No practican un modelo mercantilista puro y duro con la intencin de empobrecer al vecino. Fjate en los fondos de cohesin regional. Y mira cmo comparten generosamente su moneda con un pas como el nuestro, que hasta hace bien poco les estbamos exportando trabajadores inmigrantes. Adems, hablando de inmigracin, hay que tener en cuenta que ahora hemos pasado a funcionar como un Estado fronterizo con el Tercer Mundo. Y hay que reconocer que nos pagan bien el trabajo sucio. Mxico, en cambio, tiene que sufrir a los Estados Unidos un vecino poderoso, insolidario y muy ideolgico, con un elevado sentimiento de superioridad moral, convencido de que no debe nada a nadie.

Un ltimo ejemplo me lo dio un compaero de los aos de instituto, que durante un cierto tiempo orbit alrededor de un grupsculo poltico de raz trotskista. Era a finales de los noventa. La peseta tena los das contados y la popularidad de las instituciones europeas pasaba por uno de sus mejores momentos. Entre los que lamentaban los efectos geopolticos de la cada de la Unin Sovitica, no faltaba quien depositara sus esperanzas en un posible relevo europeo: Bueno, al menos me tendrs que conceder que la Unin Europea puede representar un contrapoder a la hegemona estadounidense. Slo por eso, ya vale la pena celebrar su existencia y confiar en que, con el tiempo, acabar haciendo frente a los excesos imperialistas de Estados Unidos en Oriente Medio y en Amrica Latina.

Los tres comentarios provenan de compaeros muy capaces. Hoy en da pueden parecer ideas algo extravagantes. En aquel momento podan pasar por opiniones respetables o, como mnimo, por racionalizaciones hechas con buena fe. Tampoco sera justo pensar que el europesmo de izquierdas se haya basado slo en ilusiones sin fundamento. En determinadas ocasiones, la izquierda y los movimientos sociales han querido ver a Europa como un terreno til para torcer la voluntad de los ocupantes de La Moncloa. Esta estrategia ha funcionado parcialmente, sobre todo en algunos conflictos medioambientales. Las directivas europeas contra el uso del mercurio a pesar de ser menos restrictivas de lo que recomienda la OMS y la FAO y a pesar, tambin, de los reiterados incumplimientos de los gobiernos espaoles son un buen ejemplo de ello.

Ahora bien, haciendo balance, es evidente que la perspectiva que da el paso del tiempo ha ido destruyendo la mayora de ilusiones europestas entre la gente de izquierdas. La gestin de la crisis espaola a nivel europeo rescate bancario, imposicin de polticas procclicas de austeridad fiscal, contrarreformas laborales, inhibicin del BCE ante la crisis de la deuda, etc. ha acabado definitivamente con la imagen de una dominacin benvola desde Berln. Los sueos de una unificacin poltica europea inspirada en el modelo de reunificacin alemana parecen cada vez menos probables. Tampoco est claro que, desde una ptica progresista, se trate de una opcin poltica deseable. Para los trabajadores de la antigua Repblica Democrtica Alemana, el proceso de unin monetaria y poltica con Alemania occidental no fue precisamente un gran ejemplo de fraternidad desinteresada. Por otra parte, la idea de que el proyecto europesta pueda representar un desafo geopoltico a la actual posicin hegemnica de los Estados Unidos no se corresponde con los hechos. Slo hay que ver el papel de la Unin Europea en Ucrania y en Gaza. O las negociaciones para un tratado de libre comercio entre Washington y Bruselas. No es casualidad que el mapa de la UE y de la OTAN en Europa sea prcticamente idntico. Tampoco lo es que la Asamblea Parlamentaria de la OTAN tenga su sede en Bruselas y que, en su composicin, haya una cuota reservada para miembros del Parlamento Europeo.

Los resultados de las ltimas elecciones europeas han dibujado un escenario que permite pensar en un amplio frente democrtico y de izquierdas como alternativa de gobierno en Madrid. Incluso hay quien dice que las prximas elecciones municipales se podran acabar interpretando como un inesperado plebiscito sobre el actual rgimen poltico. Por el contrario, no parece muy probable que se acabe articulando una hipottica mayora progresista e influyente en el Parlamento Europeo o que la inminente victoria de Syriza en Grecia sea capaz de forzar un giro en las decisiones del Consejo Europeo. Este contexto obliga a replantearse algunos de los principios dominantes en el europesmo crtico de izquierdas. La Unin Europea sigue siendo un campo de batalla til para el cambio social? Es posible reformar las instituciones europeas desde dentro? En cunto tiempo? La discusin no debera estar basada en clichs periodsticos sobre eurofans y eurfobos. Ms bien se tratara de intentar alcanzar un nuevo consenso de izquierdas sobre la UE que estuviera menos condicionado por las ilusiones del pasado y ms fundamentado en un anlisis realista del presente. Mientras no exista un autntico sentimiento de solidaridad nacional a escala europea, no tiene sentido proponer, siempre y en cualquier circunstancia, Ms Europa, as, en abstracto, como solucin a todos los problemas de la UE. Mientras la prctica totalidad de los gobiernos europeos as como los principales partidos de la oposicin se mantengan fieles a la ortodoxia neoliberal, tampoco se puede continuar cultivando un optimismo ingenuo sobre la posibilidad de instaurar una Europa Social y de los Trabajadores. Lo que ahora necesitamos es un programa poltico sobre Europa que se entienda y que sea, al mismo tiempo, ambicioso y de mnimos, selectivo y concreto, lejos de consignas vacas y pretenciosas. Un programa, en definitiva, que pueda ser til para volver a situar el vnculo entre democracia, derechos sociales y soberana popular en el centro de un proyecto emancipador y realista.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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