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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-09-2014

La necesaria y urgente revolucin democrtica

Vicen Navarro
Pblico.es


El movimiento transformador del sistema econmico, poltico y social presente en el mundo occidental ms importante que existi en el siglo XX fue el socialismo, tanto en su versin leninista (en los pases en vas de desarrollo), como en su versin socialdemcrata (ms dominante en los pases capitalistas desarrollados). En contra de lo que se anuncia en los mayores medios de comunicacin y en los frums conservadores y neoliberales, la experiencia emprica existente muestra que, a pesar de sus errores, la humanidad entr en el siglo XXI con mayor bienestar del que hubiera tenido si no hubiera existido el socialismo (ver mi artculo Ha fracasado el socialismo?, Pblico, 22.09.14). La estrategia socialista tena como objetivo conseguir la eliminacin de la explotacin, predominantemente de clase social, por parte de los propietarios y gestores de los principales medios de produccin. De ah que una demanda central de esta estrategia transformadora fuera la nacionalizacin de tales medios. El agente social eje de este proyecto era el movimiento obrero, y sus instrumentos y partidos polticos. Ni que decir tiene que la aparicin de estos partidos en el panorama poltico despert una enorme hostilidad, incluyendo la brutal represin por parte de los poderes econmicos y financieros y de la clase social que controlaban aquellos medios de produccin, y que dominaban o ejercan una enorme influencia sobre los Estados en donde dichos medios estaban ubicados.

Las luchas de los movimientos obreros, aliados con otras fuerzas y movimientos sociales, consiguieron una notable mejora del bienestar de las poblaciones a nivel mundial. Y los datos estn ah para el que quiera verlo. Europa, por ejemplo, no hubiera alcanzado el grado de bienestar que tena a finales del siglo XX sin que hubiera existido el socialismo en su seno. En realidad, su propio xito determin, a partir de los aos ochenta, una respuesta una contrarrevolucin del mundo del capital- que se caracteriz por un intento (que ha sido exitoso) de reduccin, cuando no eliminacin, de los derechos sociales, laborales y polticos que se haban conseguido durante la mayor parte del siglo XX. Esta reduccin se realiz a base de imponer, a partir de los aos ochenta, las polticas neoliberales, siendo el neoliberalismo el proyecto generado y promovido por el capital.

Estas polticas neoliberales han llevado a una situacin de enorme concentracin de la riqueza y de las rentas, que ha tenido como consecuencia el deterioro de la democracia como resultado de la enorme influencia sobre el Estado de los beneficiarios de dicha concentracin. Nunca antes haba existido en el sistema democrtico europeo tal grado de influencia poltica por parte de los poderes financieros y econmicos, que prcticamente controlan el Estado y las instancias supranacionales, como las instituciones que gobiernan Europa (el Consejo Europeo, la Comisin Europea, el Banco Central Europeo y el Parlamento Europeo).

El porqu de la exigencia de una revolucin democrtica ahora y no antes

De ah que haya aparecido ahora, y no antes, la demanda y la exigencia de una democracia real, demanda que tiene como objetivo la participacin de la ciudadana en el gobierno de la sociedad, tanto en las instituciones polticas como en las econmicas, financieras y mediticas. Esta demanda, centrada de momento en la esfera poltica, de exigir democracia, es una demanda autnticamente revolucionaria, es decir, que se enfrenta directamente con las estructuras de poder, cuestionando su permanencia y existencia. Hoy, exigir que cada ciudadano tenga el mismo poder de decisin y de gobernar el pas, a travs de formas de participacin tanto directa (como referndums basados en el derecho a decidir) como indirecta (a travs de la va representativa), es una demanda autnticamente revolucionaria. No es ya la nacionalizacin de los medios de produccin, sino la exigencia de que exista una democracia real, lo que crea pnico en los establishments de estos pases, como lo muestra muy claramente el caso de Espaa. La Transicin, que, como document hace ya aos (ver Bienestar insuficiente, democracia incompleta. Sobre lo que no se habla en nuestro pas, 2002), dist mucho de ser modlica, no signific una ruptura con el Estado dictatorial, sino una modificacin (resultado, predominantemente, de la presin del movimiento obrero) para permitir elementos y componentes democrticos en ese Estado, sujetos a enormes limitaciones. Y entre ellas, el funcionamiento de las instituciones representativas dentro de un contexto meditico altamente controlado por grupos financieros y econmicos que ejercen una excesiva influencia sobre el Estado. La Transicin de la dictadura a la democrtica se centr en dar mayor poder de decisin sobre todo a las lites gobernantes de los partidos polticos, los cuales canalizaron la nica democracia posible, que era la democracia indirecta o representativa, en la que la ciudadana escoge (a travs de un sistema escasamente proporcional, sesgado hacia las fuerzas conservadoras) unos partidos (con escassima democracia interna) con aparatos que se reproducen a s mismos y que se aferran por todos los medios a su silln y a sus privilegios. As se crearon las castas, centradas predominantemente, pero no exclusivamente, en los partidos mayoritarios del pas. Esta estructura domina no solo la rama legislativa y ejecutiva del Estado, sino todas las ramas y aparatos del Estado. Sus relaciones con el poder financiero y econmico son de interdependencia y complicidad, lo que determina una serie de polticas pblicas neoliberales que no tienen ningn mandato popular, pues no estaban en sus programas electorales. Una derivada de esta complicidad es la excesiva corrupcin.

No es, pues, de extraar, que apareciera un movimiento de protesta de enorme importancia en el pas, el movimiento 15-M, que puso en el centro de su proyecto la denuncia de este sistema que se autodefine como democrtico. Sus eslganes (Lo llaman democracia y no lo es; No nos representan; No hay pan para tanto chorizo) iban directamente al grano y fueron inmensamente populares. Casi de inmediato surgi una gran simpata hacia este movimiento, de tal manera que hoy la mayora de la ciudadana espaola est de acuerdo con que los gobiernos no la representan. Nunca antes, durante el periodo democrtico, el Estado haba alcanzado un nivel tan alto de descrdito y de prdida de legitimidad, prdida acentuada todava ms en la aplicacin de polticas pblicas que carecen de mandato popular.

La aparicin de movimientos democrticos contestatarios

Es, por lo tanto, lgico y predecible que la aparicin de un movimiento poltico basado en la cultura y la dinmica del 15-M, como lo es Podemos, fuera repentina, y que este movimiento se convirtiera, en poco tiempo, en la opcin preferida por grandes sectores de la poblacin, hartos e insatisfechos con la situacin actual, transformndose en la tercera fuerza poltica del pas. Ni que decir tiene que la casta poltica y el establishment financiero (segn el banquero Emilio Botn, recientemente fallecido, el mayor peligro para su supervivencia era Podemos y lo que l llamaba el problema cataln), econmico y meditico del pas se movilizaron enseguida, con una gran agresividad por parte de las derechas espaolistas, con la vulgaridad y la estridencia (casi sin precedentes en Europa) que les caracterizan. La derecha espaola, situada en la ultraderecha en el panorama poltico europeo, carece de cultura democrtica, siendo la heredera de la derecha del rgimen anterior. Su grado de corrupcin (que ha contaminado a otros partidos) es continuador del existente en el Estado dictatorial. Lo que es lamentable es que la nueva direccin del PSOE haya aadido su voz, refirindose a Podemos como populista, demaggico, utpico, etc. (ver mi artculo Qu es populismo?, Pblico, 13.11.13).

Esta demanda de democracia aparece tambin en Catalunya con el movimiento a favor del derecho a decidir (que apoya alrededor de un 80% de la poblacin e incluye, aunque no es lo mismo, el derecho a la secesin, que lo apoya alrededor de un 50%), lo que se convierte en un problema mayor cuando el Estado no permite el ejercicio de tal derecho, pues el Estado teme, con razn, las consecuencias de que este derecho a decidir (democracia participativa y directa) se expandiera al resto de Espaa. El mal llamado problema cataln es el problema espaol, creado por una transicin inmodlica que dio como resultado un Estado escasamente democrtico, pobre, poco redistributivo, con escasa conciencia social (el gasto pblico social por habitante contina siendo uno de los ms bajos de la Unin Europea de los 15) e incapaz de reconocer la plurinacionalidad de Espaa.

El mayor reto de estos nuevos movimientos radicales, exigiendo democracia real, y los nuevos partidos polticos es el de organizarse sin reproducir los defectos de las organizaciones polticas actuales, estableciendo un sistema de participacin en el que sea la ciudadana la que decida directamente (el derecho a decidir, a travs de formas de democracia directa, hoy prcticamente inexistentes en Espaa), relacionndolo con la de democracia indirecta, es decir, la democracia donde el ciudadano delega a su representante la toma de decisiones. Una fuerza poltica debera reproducir en su seno el tipo de sociedad que desea. De ah el enorme dao de los partidos polticos, al no reflejar en su interior el tipo de sociedad que la ciudadana desea. Lo que hoy estamos viendo es una oposicin a la profesionalizacin de la poltica.

La respuesta a la exigencia democrtica

Las medidas con las que los partidos actuales intentan responder a esta exigencia de mayor democracia son muy insuficientes. La introduccin de primarias en los partidos polticos, de listas abiertas y de otras reformas, son medidas necesarias, pero enormemente insuficientes, pues no tocan otros elementos como la financiacin privada de los partidos, fuente constante de la enorme corrupcin. Pero algo incluso ms preocupante es la falta de atencin -en realidad, olvido (cuando no ocultacin)- al desarrollo de formas de participacin directa o democracia directa. Hoy, el derecho a decidir debera tener un protagonismo a nivel central, autonmico y local. Y de hecho ni se habla de ello. Es vergonzoso, y define a la Marca Espaa, que no se permita que el pueblo cataln sea, ni siquiera, consultado. He vivido durante muchos aos de mi exilio en EEUU, y el referndum vinculante es una prctica comn a los niveles estatales (equivalente a las autonomas) y locales en aquel pas, incluyendo, por cierto, el derecho a separarse del Estado federal, como ocurre con el Estado de Texas, que tiene el derecho a la secesin si as lo deseara.

La necesidad de expandir la aplicacin del proceso democrtico

La democracia espaola no puede ser democracia si no hay plena libertad de expresin, con derecho a ser informados en lugar de ser persuadidos. La falta de diversidad ideolgica de los medios, claramente sesgados hacia las posturas conservadoras y liberales, es uno de los mayores problemas democrticos del pas. La revolucin democrtica tiene que intervenir en la falta de pluralidad de los medios, hoy enormemente influenciados por la banca como consecuencia de su endeudamiento. Pero esta democracia debe ser no solo poltica y meditica, sino tambin econmica y social, dimensiones de la democracia inexistentes en Espaa, y que debe incluir: el sistema de cogestin de las empresas, existente, por ejemplo, en Alemania (una de las causas de su bajo desempleo, al potenciar a nivel de cada empresa la distribucin del tiempo del trabajo en lugar del despido); el sistema pblico de crdito; la eliminacin de la especulacin financiera; la extensin de los servicios pblicos del Estado del Bienestar, con una democratizacin de sus sistemas de decisin y gestin; la democratizacin del sistema educativo y de formacin; la correccin de las desigualdades, con medidas redistributivas que dificulten el establecimiento de una casta econmica y financiera; la eliminacin de la discriminacin por clase social, gnero, raza, lugar de origen o edad. Esta democratizacin debera tambin afectar a las instituciones que reciben fondos pblicos, como la Iglesia y el Ejrcito; y debera suponer tambin la democratizacin de los barrios, con un mayor poder de decisin territorial por parte de las organizaciones sociales y civiles (que deberan poder participar mediante medidas de democracia directa); la utilizacin masiva de referndums vinculantes a todos los niveles del Estado, y as un largo etctera. Esta es la nueva revolucin (exigiendo democracia) que caracterizar el siglo XXI en Espaa.

Una ltima observacin. Alcanzar estas medidas exigir todo tipo de medidas de presin, incluyendo la desobediencia civil. Hoy EEUU no tendra un Presidente negro si no hubiera habido una mujer negra que se opuso a la ley que le obligaba a sentarse en la parte de atrs del autobs. Y los sindicatos no existiran si no hubieran desobedecido las leyes antisindicales. La jornada laboral no se limitara a 8 horas si los obreros de Chicago no hubieran desobedecido las leyes. En realidad, la desobediencia civil es el motor de la democracia. Frente a ello habr una enorme represin, no solo poltica, sino econmica. La mayor medida represiva hoy en Espaa es el desempleo y la bajada de los salarios, pues atemorizan a la mayora de la poblacin, que es la que trabaja.

Pero he vivido suficientes aos y en suficientes pases para garantizar a la gente joven (de todas las edades) que si la mayora de la poblacin se moviliza puede alcanzar esta democracia. He vivido en muchsimos pases para poder atestiguar que si la poblacin explotada se moviliza (y hoy la poblacin explotada por habrsele privado de la democracia es la mayora) puede alcanzar lo que desea.

Vicen Navarro. Catedrtico de Ciencias Polticas y Polticas Pblicas. Universidad Pompeu Fabra

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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