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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-09-2014

La alegra de pedir perdn a un pollo

Santiago Alba Rico
La Calle del Medio


Comer o no comer es la cuestin central de la vida humana en su dimensin animal, pero tambin en su anclaje antropolgico y cultural. La necesidad de alimentarse y la violencia sobre la que se asienta la reproduccin biolgica se ve acompaada, corregida, expiada y dignificada por toda una serie de prcticas y ceremonias destinadas a convertir el hambre en un vnculo social. El hambre es violencia y saciarla mata. Comemos para no morirnos pero comiendo introducimos la muerte y nos deslizamos hacia ella como pedaleando; y no hay mucha diferencia entre comerse una manzana a mordiscos -con los dientes afilados y las mandbulas apretadas- o un cordero clavado en un espetn. Alimento y mortalidad anudan el destino de las criaturas sublunares; nos alimentamos de nuestro hermano gemelo o siams, canbales de nosotros mismos, y cuando hemos terminado de comer nos morimos. La sobra de ese festn se llama cadver.

A veces incluso el marxismo ha comprendido mal que si comer es necesario, lo importante -porque es lo propiamente humano- es comer con alegra y en compaa. Como comer es violencia es imprescindible mostrarse agradecido: se ha discutido mucho sobre las razones profundas del sacrificio, presente en todas las sociedades antiguas, pero es difcil no relacionar esa prctica con la culpabilidad y la gratitud. La fuente de toda riqueza es la naturaleza, nos recordaba Marx, y eso implica la aceptacin por parte del ser humano de la predacin -ms o menos directa o sofisticada- como nico medio de supervivencia. Inscribir la cosecha y la caza, y enseguida la propia ingestin de alimentos, en un aparato ceremonial un poco teatral es, si se quiere, una muestra de cortesa. Todo sacrificio es al mismo tiempo expiacin y celebracin. Sera una falta de respeto muy grande matar un pollo y comrselo con asco y sin alegra. Slo los fanatismos religiosos -como maniqueos o ctaros en la antigedad- trataban de suprimir por completo la violencia y la muerte enquistadas en la alimentacin y por eso coman poco, slo verduras y a veces llegaban al extremo de dejarse morir de inanicin a fin de sustraerse a los ciclos violentos de la reproduccion. Para ellos comer no era una celebracin sino un funeral y slo lo hacan a regaadientes y de mal humor, con una culpabilidad y desprecio que trasladaban a sus vctimas, las manzanas y las berenjenas, atrapadas en la oscuridad criminal de la naturaleza.

Pero comer con alegra -ese acto de expiacin y celebracin- es inseparable del hecho de comer en compaa. Separarse de la naturaleza para humanizarse implica, como quera Platn, compartir la comida, convertir la ingestin de alimentos en un acto social y cultural: el famoso banquete, tomo de todo contrato social, mediante el que los humanos se declaran recprocamente, mientras se comen juntos unas lentejas o un asado, que no se van comer unos a otros. Todas las sociedades nacen de la decisin normativa (comer o no comer) de excluir de su dieta ciertos objetos o criaturas: el primero de esos objetos -condicin misma de la vida social- son sus vecinos. Comer despacio, en compaa y conversando entraa la renuncia al canibalismo; y por eso nada se considera ms atroz desde el punto de vista de la hospitalidad que asesinar a un comensal (como hace a menudo la mafia) mientras est sentado a una mesa. Slo los fanticos religiosos comen solos, deprisa y atribulados y esta triple disposicin, que ellos consideran espiritualmente superior, en realidad los separa de la humanidad y los asimila a los animales, los cuales comen apartados, a toda velocidad y con temor.

El arte culinario o gastronoma es la prolongacin histrica de los sacrificios antiguos. Combina expiacin, agtradecimiento y celebracin y nace de la rutina humanizadora de los pueblos, que no quieren comer cualquier cosa ni de cualquier manera. Como dice Chesterton, puede haber buenas razones para no comer carne (hoy, por ejemplo, los estragos ecolgicos y sociales de la industria crnica) pero hay un cierto fanatismo, muy irrespetuoso al mismo tiempo con la naturaleza y con las clases populares, en las dietas vegetarianas del occidente capitalista: los ricos -deca el genial catlico ingls- se prohiben por clasismo todo aquello que los pobres no pueden comer por falta de medios. No hay ningn mal, sino todo lo contrario, en sacrificar un pollo los domingos, cocinarlo con cario y convertirlo en el centro de un gran homenaje csmico a los pollos y a la paz social y familiar. Los pollos y los humanos saldran, sin duda, ganando.

El capitalismo ha eliminado la prctica saludable del sacrificio al convertir la comida en mercanca industrial. El acto colectivo de pedir perdn, dar las gracias y rendir alegremente homenaje a un puerco ha sido sustituido por la ejecucin vergonzante de los animales, a escala de holocausto, en mataderos industriales. No es raro que la sociedad ms asptica, la ms higinica y la ms presuntamente espiritual de la historia sea tambin la ms despreciativa y amenazadora para la naturaleza. Nos horrorizamos porque un nio mata una liblula mientras olvidamos con toda tranquilidad, y aceleramos y multiplicamos por eso mismo, la violencia sobre la que se asienta nuestra supervivencia social e individual. Comer con calma, con alegra y en compaa -con la conciencia de esa violencia sagrada- es un acto embrionalmente anticapitalista.

Digo esto porque acabo de leer la noticia (titulada de modo elocuente el fin de la comida) de un joven estadounidense, ingeniero informtico en Silicon Valley, que ha inventado un alimento artificial en polvo, el Soylent, pensado para sustituir el 100% de nuestra alimentacin mejorando adems nuestra salud (pues no contiene, dice su creador, nada que no debamos comer). Chesterton sin duda retara a duelo a este jovenzuelo pretencioso que considera perdido el tiempo de la comida, que slo se preocupa del contenido calrico y preotenico del alimento y que considera un gran progreso humano comer solo, deprisa y pendiente de otra cosa. Alguien podra pensar, en cualquier caso, que el Soylent es un producto emancipador y hasta socialista, pues podra alimentar a millones de personas que hoy se mueren de hambre. Pero no. El socialismo -lo que quiera decir eso- no consiste en dar de comer cualquier cosa y de cualquier manera sino en establecer las condiciones mnimas para una comida festiva y comn. La humanidad querra comer carne, al menos los domingos; pero si no puede comer carne prefiere comer hierbas con un poquito de sal y pimienta, en torno a un caldero, recordando a los hroes, dando gracias a los rboles, sustituyendo -al menos durante un rato- el canibalismo por la alianza y hasta la fraternidad y el amor. Rob Rhinehart, el inventor del Soylent y el propio Soylent, son tpicos exponentes del fanatismo religioso que lleva en su seno el capitalismo, un capitalismo que -como el propio fanatismo religioso- convierte a los seres humanos en animales: bien porque, matndolos de hambre, los obliga a disputarse a muerte una bellota, bien porque los apremia a comer como si fueran perros: deprisa, solos y de mal humor. La gastronoma y el banquete -es decir, el sacrificio alegre y compartido- siguen siendo hoy, como hace tres mil aos, las partculas elementales de la cultura humana, entendida tambin como intercambio equilibrado y respetuoso con la naturaleza. Eso no basta sin duda para garantizar un mundo mejor; pero sin esa alegra social todo ser, como proclama el propio Chesterton para definir el capitalismo, expansin del desierto.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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