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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-10-2014

Tnez
Elecciones, decepciones

Santiago Alba Rico
Cuarto Poder


A la espera de los resultados definitivos, que el ISIE (Instancia Superior Independiente para las Elecciones) har pblicos el mircoles, el partido islamista Ennahda ha reconocido su derrota frente al partido laico Nid Tunis, las dos fuerzas que han sumado, en todo caso, casi tres cuartas partes de los 217 escaos en juego (31% y 38% respectivamente). Hay algo, sin embargo, engaoso en este planteamiento dominante en los medios. La insistencia simplificadora, y hasta fraudulenta (y desde luego estereotipada), en definir a los mximos contendientes por su posicin religiosa deja fuera, al mismo tiempo, las verdaderas diferencias que los separan y, por debajo, las verdaderas afinidades que los aproximan.

La cuestin religiosa, atizada artificialmente desde enero de 2011 por los aparatos del viejo rgimen y enseguida contra el gobierno encabezado por Ennahda (octubre 2011-enero 2014), slo ha movilizado a lites urbanas de derechas y de izquierdas, que han instrumentalizado la islamofobia, al ms puro estilo europeo, para tratar de imponer, sin reparar en las consecuencias, sus ambiciones polticas. La islamofobia ha cumplido una funcin claramente contrarrevolucionaria y ha alimentado adems el islamismo yihadista que, en vsperas de las elecciones, ha seguido golpeando a las fuerzas de seguridad. Pero en un pas en el que la mayor parte de los ciudadanos considera su identidad musulmana como un dato irrenunciable, la islamofobia ha tenido poca repercusin en las urnas. Puede afirmarse, de hecho, que Nid Tunis ha recibido el voto de muchos electores -conozco a algunos- que en 2011 votaron a Ennahda y por las mismas razones. La amenaza terrorista, la crisis econmica, la desconfianza en unos partidos gobernantes desgastados por el ejercicio poco convincente del poder, han activado la nostalgia de la dictadura, pero an ms de la tradicin encarnada en Habib Burguiba, padre de la independencia y dspota nacionalista hasta el golpe de Estado de Ben Al en 1987. El bourguibismo es nostalgia de padre, de seguridad, de estabilidad -frente a una democracia que ha trado aparejados el desorden y el terrorismo-. Liderado por el viejo caimn Caid Essebsi (una especie de Fraga Iribarne tunecino), ministro de interior de Bourguiba y presidente del parlamento de Ben Al, vuelve el ancien regime por la va electoral y con vestiduras histricas.

Nid Tunis y Ennahda no se diferencian en realidad por la cuestin del laicismo (no olvidemos que la constitucin tunecina consagra ese principio y fue aprobada bajo un gobierno islamista) ni por su composicin de clase (el programa de Ennahda es slo un poco ms socialista que el de Nid) sino por sus concretos intereses empresariales y por su tradicin poltica. Y si hubiera que introducir de algn modo la cuestin religiosa, dira que ha sido ms bien la derrota regional de los Hermanos Musulmanes, con sus catastrficas consecuencias, la que ha pesado en el nimo de un elector atemorizado -como en la Espaa postfranquista- por los fantasmas de la guerra civil y el golpe de Estado.

Las diferencias oligrquicas y de tradicin poltica -y an menos las engaosas del conflicto laicismo/islamismo- no deben hacer olvidar las muchas afinidades entre los dos partidos. Con dos programas econmicos muy parecidos, basados en el endeudamiento exterior, la inversin extranjera, el extractivismo y el turismo, Ennahda es un poco ms sensible, al menos en su retrica, a las desigualdades sociales, como lo demuestra la reciente defensa que ha hecho Rachid Ghanouchi del capitalismo chino: he observado que en China el marxismo no es practicado como una religin sino utilizado como fuente de inspiracin de una visin social que defiende los derechos de los ms pobres, y eso al mismo tiempo que se abre a la libre empresa, los intercambios comerciales sin obstculos y las inversiones internacionales. Los que -como el peridico recedista La Presse- insisten en plantear, la vspera de las elecciones, la lucha entre Ennahda y Nid como una batalla entre el velo y la modernidad, olvidan que Ennahda es, en el mbito poltico, econmico y social, bastante ms moderno que el partido laico, donde convergen varios de los pasados ms tristes de Tnez y encabezado, adems, por uno de los hombres ms viejos del pas.

Los resultados de las elecciones dejan claras al menos tres cosas. La primera es el retorno de los fulul del antiguo rgimen, en parte por culpa tambin de Ennahda, que en sus tres aos de mayora parlamentaria no quiso sacar adelante la ley -presentada por su propio gobierno- que impeda su integracin en la vida poltica. Un buen nmero de exministros de Ben Al y exdirigentes recedistas se sentarn en el nuevo parlamento y -quin sabe- recuperarn tambin tareas de gobierno.

La segunda es que, a pesar de la ley electoral que favorece a las formaciones pequeas, la poltica tunecina se decanta muy claramente por un bipartidismo de derechas, lo que sin duda cumple las expectativas de la Unin Europea y los EEUU: un islamismo domesticado sin poder suficiente y un antiguo rgimen democratizado inhibido por las nuevas instituciones. La prctica desaparicin de los dos partidos de la llamada troika (el Congreso por la Repblica del presidente Marzouki y el Takatul de Ben Jaafar, presidente de la Asamblea Constituyente) y la mucha ventaja obtenida sobre las otras 15 fuerzas polticas que han obtenido representacin, dejan a Nid y Ennahda, sin mayora absoluta, como nicos ejes de distribucin de poder y de consenso para los prximos aos.

Entre los otros quince partidos, la tercera fuerza, con un 7% de los votos, es la Unin Patritica Libre, fundada y dirigida por el oscuro Slim Riahi, tambin conocido como el Berlusconi tunecino, magnate de la prensa y los negocios y presidente del poderossimo club de ftbol Africain. En el cuarto lugar, con un poco ms del 5%, se encuentra el Frente Popular, la coalicin de la izquierda radical, que debera dejar atrs su errtica andadura de oportunismos y plantar cara a las dos derechas triunfantes, si es que quiere reencontrar las oportunidades desperdiciadas e involucrar a la poblacin en la va de un verdadero cambio. Es una buena noticia, sin duda, su presencia en el parlamento, aunque su exiguo porcentaje, que revela grandes errores, no representa a los que -pobres y jvenes- hicieron en 2011 la revolucin del 14 de Enero.

Dnde estn los pobres y los jvenes? Son los ganadores, en el sentido de que son la mayora. En octubre de 2011, en las elecciones a la Constituyente, vot ms del 80% de los inscritos voluntariamente en el censo electoral. Esta vez slo ha votado el 61%, lo que implica una abstencin real (sumados los no inscritos) de ms del 50%; y no deja de ser elocuente que el mayor nmero de abstencionistas de todo Tnez se encuentre en Sidi Bouzid, tumba de Mohamed Bouazizi y cuna de la revolucin. Los pobres y los jvenes son los ganadores, pero nadie los representa. Por eso mismo -fracaso estrepitoso de su coraje y sus sacrificios- se vuelven inevitablemente (no nos representan!) hacia s mismos, hacia Italia o hacia Siria: es decir, hacia el desencanto esttico, la emigracin clandestina o el yihadismo. Tres aos despus, Tnez no es -felizmente- ni Libia ni Egipto ni Siria ni Iraq (ni Argelia!) y eso no es poco; pero lo nico que podr evitar realmente ese destino, maldicin aparente del mundo rabe, ser una verdadera democracia, poltica y social, de la que participen todos los ciudadanos.

Santiago Alba Rico es filsofo y columnista.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/tribuna/2014/10/28/tunez-elecciones-decepciones/6414


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