Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-12-2014

Conversacin con Franck Gaudichaud (parte 1)
Geopoltica imperial, progresismos gubernamentales y estrategias de resistencias

Bryan Seguel, Franck Gaudichaud
ContrahegemoniaWeb


El proceso de democratizacin y movilizacin social, que se inaugura en el contexto de resistencia e impugnacin de las polticas neoliberales en Amrica del Sur desde mediados de la dcada de los noventa, supone un desafo poltico de consideracin para los (nuevos) movimientos sociales, las organizaciones de izquierda (emergentes y tradicionales) y el pensamiento crtico latinoamericano. Pensar el poder popular desde estas coordenadas, geopolticamente subalternas (en la historia de las luchas polticas de los movimientos sociales del continente) e intelectualmente perifricas (en la generacin de saber de los polos de pensamiento social), implica un ejercicio de conocimiento y apropiacin de los principales procesos llevados adelante, atendiendo sus lmites, potencialidades y aciertos.

El objetivo de la presente conversacin (primera parte) con Franck Gaudichaud es entregar antecedentes para la construccin de un marco histrico, desde donde situar las recientes experiencias de movilizacin social del continente y, al mismo tiempo, contribuir a proponer algunos antecedentes que contribuyan a pensar el poder popular desde nuestra propia experiencia, en ese claroscuro entre tradicin y elaboracin donde -como dira Marx- el peso de todas las generaciones muertas oprime como pesadilla la cabeza de los vivos [iii].  

Esta entrevista es una contribucin a un libro colectivo por publicarse en 2015 sobre Movimientos sociales y poder popular en Chile. Retrospectivas y proyecciones polticas de la izquierda latinoamericana, un trabajo realizado en conjunto entre el Grupo de Estudios Sociales y Polticos - Chile (GESP), de la Universidad de Santiago - USACH y Tiempo robado editoras

El escenario geopoltico latinoamericano actual y la (re)emergencia de las izquierdas

-Seguel: Muchos analistas sealan que Amrica Latina se constituye hoy, nuevamente, como un escenario para la emergencia de proyectos polticos de izquierda. Qu elementos geopolticos inciden a tu juicio en esta coyuntura favorable para la movilizacin de izquierda en Amrica Latina? Con esto me refiero a elementos de la poltica internacional, el rol de Estados Unidos y su poltica hacia Amrica Latina, o elementos tales como la implantacin y la impugnacin del neoliberalismo en la regin o los virajes estratgicos de las izquierdas.

-Gaudichaud: Hay varios planos ah que podran desarrollarse. Partiendo de un plano continental, podemos sealar que, efectivamente, la perspectiva geopoltica es esencial para entender parte de la coyuntura actual. Se est hablando, desde hace un tiempo atrs, de una posible nueva autonoma o soberana de Amrica Latina respecto a los gigantes del norte, al imperialismo cntrico y de Estados Unidos en particular. El escenario regional es evidentemente fundamental para analizar el impulso o giro progresista -institucional electoral- de varios pases, de manera sucesiva en menos de 15 aos. En ms de diez pases, en particular en Amrica del Sur, se vivi la eleccin y a menudo reeleccin de presidentes que se reconocen como de izquierda o centroizquierda y aparecieron gobiernos de nuevo tipo de corte progresista o ms bien de orientacin nacional-popular, ms o menos radicales. No por eso se puede afirmar que la influencia de Washington haya desaparecido de la regin o que el imperialismo sea algo anticuado en Amrica Latina. Se trata todava de un fenmeno de dominacin continental esencial, pero combinado con nuevos procesos y actores que hay que integrar al anlisis: desde la relacin de los gobiernos latinoamericanos con los poderes fcticos cada vez ms impresionantes de las transnacionales, pasando por el nuevo papel de China y de Brasil. No obstante, es cierto que podemos constatar la existencia de una nueva -aunque muy relativa- autonoma de la regin y mrgenes de maniobra ms amplios para los estados. Insisto en lo relativo, pero tambin en la novedad de la coyuntura, que se traduce por ejemplo, en un curso integrador regional bolivariano creativo. Es el caso del ALBA, impulsado por el presidente Chvez, sin duda lo ms novedoso del perodo 2006-2010. Pero tambin pienso en espacios diplomticos y de coordinacin internacional, como es CELAC o UNASUR, que permiten consensuar, superar conflictos interestatales o ayudar a tratar problemticas internas sin Estados Unidos, un hecho capital despus de dcadas de hegemona de la OEA. As, por primera vez, Cuba se reintegr a la comunidad latinoamericana a pesar de la oposicin frrea de los EEUU, e incluso asumi la presidencia protempore de la UNASUR, un hecho improbable diez aos atrs. Entonces, representa un avance importante de autonoma, de soberana poltica regional, de resurgimiento de la ideas de Simn Bolvar y de Jos Mart. Se trata, sin duda, de un avance parcial y con no pocas contradicciones: no es casualidad que los movimientos sociales reclamen una diplomacia de los pueblos en oposicin a una integracin interestatal al servicio del capital, de proyectos neodesarrollistas o del modelo primo-exportador extractivista, como es el caso del IIRSA ( Integracin de la Infraestructura Regional Suramericana), perspectiva defendida hoy por los miembros de la UNASUR y del MERCOSUR .

-Seguel: En ese sentido, analizando el tema especfico de la CELAC, no deja de ser interesante que la presidencia de ese organismo, en primera instancia haya recado en Chile, en un gobierno neoliberal liderado por Sebastin Piera y en segunda instancia, en Cuba. Cmo lees esa tensin entre un sector dentro de Amrica Latina que se perfilaba hacia el ALCA y que drsticamente tiene que dar un viraje en su poltica regional hacia estas expresiones, lo que al menos, para los gobiernos neoliberales como el chileno y el colombiano, es bastante complejo porque tampoco pueden marginarse?

-Gaudichaud: Eso demuestra una nueva relacin de fuerzas geopolticas que hace que los gobiernos ms abiertamente proimperialistas no se puedan quedar al margen de espacios como UNASUR o CELAC y acepten la reintegracin de Cuba, aunque al mismo tiempo, defiendan su propia agenda estratgica proestadounidense y proneoliberal, expresada hoy en la Alianza del Pacfico y complementada con la multiplicacin de Tratados de Libre Comercio (TLC). Chile es el pas que ms TLCs ha suscrito en el mundo y sigue aferrado a su alianza estratgica y comercial con los poderes cntricos del sistema-mundo capitalista, con la Unin Europea, con Estados Unidos e incluso con China, hoy primer socio comercial del pas. Globalmente, el panorama regional dista de ser homogneo ya que cada nacin tiene intereses nacionales propios y orientaciones dismiles. Algunos desde una visin claramente bolivariana, como Venezuela que busc instalar una petrodiplomacia activa y ms solidaria con la creacin de Petrocaribe, del ALBA, la interesante tentativa pero fracasada hasta el momento- del Banco del Sur (para ya no depender del Banco Mundial), etc. En el caso de Brasil, vemos afirmarse una potencia ya no slo emergente sino ms bien emergida, de corte subimperialista o como imperialismo regional, que defiende el MERCOSUR como una integracin, no alternativa, proliberal y tambin latina, pues se contrapone en parte a los Estados Unidos. Por eso es que el escenario es un tanto ms complejo que una visin binaria: algunos autores describen una nueva era marcada por la multipolaridad o una poca de transicin hegemnica que conducira hacia el declive de Estados Unidos en el continente y en el mundo. Yo creo que hay que tener mucho cuidado, ya que todava estamos lejos de este escenario, cuando todava dominan los claroscuros y algunos resabios de la guerra fra 2.0. Por cierto, hay un declive parcial de la presencia dominante de Estados Unidos en lo poltico en Amrica Latina, pero no as en lo militar: EEUU ha multiplicado las bases militares en la regin, con siete nuevas bases en Colombia en el ltimo perodo. Esto le permite generar una presin muy grande en eslabones dbiles de la cadena de estados del continente. Estoy pensando en Honduras y en Paraguay, donde Estados Unidos se involucr, de manera directa o indirecta, para apoyar golpes de Estado calificados de institucionales Pensemos tambin en el golpe de Estado en Venezuela de abril de 2002. Pero no slo la presencia de Estados Unidos es hegemnica en lo militar, sino que tambin en lo cultural a travs de sus medios de comunicacin globalizados, de la difusin de patrones de hiperconsumo, alimentacin y endeudamiento, de las industrias musicales, etc. Este llamado soft-power est igualmente presente a travs de ONGs que dicen fomentar la democracia (NED, USAID) [iv] y, en realidad, lo que buscan es la desestabilizacin de gobiernos considerados adversos como el boliviano, el ecuatoriano o el venezolano. En lo econmico, las redes de los capitales transnacionales y de las multinacionales norteamericanas o europeas, son muy activas, captan cada vez ms recursos naturales, tierra y mano de obra: por ejemplo, Wal-Mart est presente en toda la regin; las maquiladoras estn asentadas en varios pases como Mxico y en Amrica Central.

Adems, habra que citar la alianza estratgica con Colombia (plan Colombia), lo que finalmente permite que Estados Unidos tenga todava mucho poder, mucha capacidad de maniobra y presin en la regin. Podero militar, podero econmico, capacidad de influencia diplomtica: as que si hablamos de transicin poshegemnica geopoltica es de muy largo plazo y depender de muchos factores de futuro. Por otra parte, si bien es cierto que se est consolidando una nueva multipolaridad de pases emergentes en el mundo, con Brasil, China, India y los famosos BRIC, hay que evaluar bien en qu son realmente un progreso y si son capaces de proponer algunas alternativas a la gubernamentabilidad imperial mundial actual. Todo permite dudar de ello

-Seguel: Me gustara que pudieses referirte a dos temas en especfico. Lo primero, a las caractersticas del neoliberalismo y el modo en cmo se ha ido generado su impugnacin por parte de los movimientos sociales en Amrica Latina y, lo segundo, cmo esto se relaciona con el viraje de las izquierdas? Digo esto porque, con posterioridad, me gustara ver las diferencias entre distintas izquierdas, tales como el rol del Partido de los Trabajadores en el gobierno en Brasil o el Frente Amplio en el gobierno de Uruguay. En el fondo, quiero ver si, a tu juicio, existe una relacin entre el neoliberalismo implementado en los pases de la regin, el modo en cmo se lo ha impugnado y las orientaciones de los actuales gobiernos de izquierda.

-Gaudichaud: Bueno, slo quisiera aadir algo antes, que tiene que ver de nuevo con el plano geopoltico de este inmenso escenario que es el continente latinoamericano. Quiero subrayar primero, la gran diversidad de condiciones geofsicas, demogrficas e histricas, por ejemplo entre pequeos pases de Amrica Central y algunos gigantes de Amrica del Sur. De hecho, desde principios del siglo pasado, Washington siempre ha pensado el mar Caribe como un mar cerrado, perteneciente naturalmente a los Estados Unidos, incluyendo Mxico y Amrica Central como zona de influencia directa y dividiendo as Amrica en dos, quedando del otro lado una Amrica del Sur considerada como un peligro si lograra unirse. Esta visin tradicional surge dentro de la lite poltica yankee. ltimamente, las declaraciones de John Kerry sobre la necesidad de volver a controlar el patio trasero (sic) de EEUU o los documentos del Departamento de Defensa sobre la indispensable proyeccin militar hacia el Asia-Pacfico, sin perder la hegemona en Amrica Latina lo demuestran (ver los documentos de Santa Fe) [v] . Esa divisin en dos del continente es un potente freno a la integracin bolivariana. Por supuesto, un pas como Honduras, si se queda aislado, no tiene la misma capacidad de resistencia geopoltica o de construccin de soberana nacional que un pas como Brasil. La gran derrota estratgica del siglo XXI de Estados Unidos en la Patria Grande es el fracaso del ALCA (rea de Libre Comercio de las Amricas) en 2005, en la cumbre de Mar del Plata. Es una derrota con profundas consecuencias, pues ech abajo los planes neoliberales estadounidenses en el continente para la primera mitad del siglo. Por eso se multiplican ahora otras tentativas como los TLCs, la consolidacin del TLCAN [vi] con Mxico y Canad, la voluntad de integrar la Alianza del Pacfico, etc. Y una de las lecciones de todo esto es que el fracaso del ALCA fue producto de una doble dinmica: resistencia de los pueblos y capacidad de oposicin de algunos gobiernos. Esa gran derrota vino desde abajo, con la intensa campaa continental de movimientos sociales por el No al ALCA y fue posible gracias a la oposicin de presidentes como Hugo Chvez en particular y Lula de Brasil, que vea con malos ojos esta presin de Washington en su zona de influencia privilegiada.

Lo que quiero subrayar es que entender el giro a la izquierda (una expresin muy engaosa en realidad) es comprender la activacin de grandes luchas sociales y populares en los ltimos quince aos, lo que varios socilogos definen como emergencia plebeya: un fenmeno variopinto pero que irrumpi en el escenario poltico logrando fisurar el Consenso de Washington en algunos pases y, al mismo tiempo, poner en jaque la hegemona poltica, econmica y subjetiva del neoliberalismo. Dichas radicalidades crticas y resistencia explican, en parte, esta reorientacin progresista en lo institucional-electoral. Es decir, las relaciones de fuerza polticas solo pueden verse afectadas de manera prolongada gracias a las luchas y reacomodos entre las clases sociales. Esa evidencia de toda teora poltica crtica ha sido, una vez ms, demostrada en Amrica Latina desde mediados de los aos 90. De hecho, es donde hubo irrupcin ms significativa de movimientos sociales, de trabajadores, indgenas y populares, donde el escenario poltico conoci cambios ms drsticos, ms profundos en lo institucional y una mayor capacidad de los gobiernos progresistas de proponer otro camino que podramos llamar, por el momento y de manera transitoria, posneoliberal. Pero, este impulso desde abajo no fue suficiente en ningn pas -hasta ahora- para encontrar derroteros poscapitalistas y en ello seguramente pesa mucho todava, la debilidad de la organizacin clasista de los trabajadores y su proyeccin poltica independiente.

-Seguel: A qu casos te refieres?

-Gaudichaud: Estoy pensando en el caso paradigmtico de Bolivia, donde hubo realmente inmensas movilizaciones, conflictos de clases, grandes manifestaciones populares, en particular por parte del movimiento campesino indgena y con el apoyo, aunque restringido, de la COB (Central Obrera Boliviana). Como lo escribi el periodista anglosajn Benjamin Dangl, en Bolivia, el movimiento social era tan explosivo que pareca bailar con dinamita. Slo ese nivel de movilizacin permiti, a la larga, la eleccin de Evo Morales. La guerra del agua y del gas, los enfrentamientos con los militares, la destitucin de varios gobiernos corruptos y neoliberales, todo ese cctel permiti la emergencia de un nuevo instrumento poltico: el MAS (Movimiento Al Socialismo) tambin considerado como instrumento de soberana de los pueblos. Desde otra realidad, en Ecuador es la irrupcin indgena durante los noventa y de la Confederacin de Nacionalidades Indgenas del Ecuador (CONAIE) -incluso con algunos caminos equvocos de su brazo poltico, el movimiento Pachakutik que particip un tiempo en el gobierno de Gutirrez-, lo que modific sustancialmente el escenario poltico. Esos cambios abrieron el espacio para la eleccin de un outsider, Rafael Correa, exministro sin partido, cristiano y economista heterodoxo. Y en fin, la experiencia venezolana -tal vez mejor conocida- que surge ms bien desde arriba y desde la figura carismtica que fue Hugo Chvez y, a partir de ah y con sucesivas victorias electorales (ms de 19!), empodera progresivamente a la sociedad civil y al bajo pueblo, en un pas con poca tradicin de movilizacin obrero y social de masas.

Es interesante constatar que estos tres procesos nacionales-populares no se basan en la izquierda tradicional, ni en la izquierda revolucionaria histrica, fuerzas ausentes o marginales. Parece derrumbarse el sistema poltico tradicional, hay irrupcin o recomposicin desde abajo que no se hace segn el libro clsico de la izquierda marxista revolucionaria, ni siguiendo a sus partidos. En trminos de sujetos del cambio, tampoco se hace desde la clase obrera industrial o minera, sino ms bien desde la subalternidad mltiple y popular que son los movimientos indgenas, los movimientos populares urbanos, los trabajadores desocupados, etc. Los y las que el telogo de liberacin brasilero Frei Betto nombra como el pobretariado de Amrica Latina. Aunque tambin estn presentes el movimiento sindical y los trabajadores (como la COB boliviana) o gremios ms tradicionales como el de los profesores. Despus de que el neoliberalismo atac, destruy, desplaz al movimiento obrero tradicional, desindustrializ en parte los pases, han sido otros los espacios los que lograron recomponer la conflictividad -que es lucha de clases tambin- y permitieron agrietar el consenso hegemnico de las clases dominantes.

En otros pases, se gest un escenario ms clsico e institucionalizado, con sus avances democrticos y retrocesos tambin. Estoy pensando en Brasil, donde un partido inicialmente muy anclado en el movimiento obrero clasista, el Partido de los Trabajadores (PT), que dio una encarnizada lucha contra la dictadura, poco a poco al institucionalizarse y participar en poderes ejecutivos locales o de estados federados, se va hacia al centro, abandonando su reivindicacin anticapitalista inicial, la de la campaa de 1989. Con la distancia, podemos decir que cuando Lula logra ganar la eleccin presidencial del 2002, ya el PT haba perdido parte de su alma revolucionaria original. Instalado en el gobierno, termina ese proceso de integracin: el partido reivindica a la centro izquierda, gestiona el sistema con reformas estabilizadoras, otorgndole nuevos beneficios y campo de juego al capital nacional y extranjero, al mismo tiempo que responde a la urgencia social -y ah reside la fuerza del lulismo-, a travs de un sistema de subvenciones, de bonos, de programas sociales (como hambre cero) que saca de la pobreza extrema a ms de 30 millones de familias. Una dinmica que un economista francs calific de neoliberalismo perfecto, porque combina polticas favorables al capital local como al global, pero creando una muy slida base (o clientela) electoral en las filas mismas de las principales vctimas del capitalismo. Por mi parte, he hablado de la constitucin de un social-liberalismo sui generis. Subrayemos que la hegemona del PT ha sido, por fin, cuestionada con las recientes movilizaciones urbanas de junio 2013 por el aumento en las tarifas del transporte pblico y en contra del vergonzoso despilfarro que represent la copa del mundo, movilizaciones que fundamentalmente representan el primer quiebre masivo y organizado entre el petismo y [email protected] brasileros, abriendo as un nuevo panorama poltico que si bien no impidi la reciente reeleccin de Dilma Roussef, se tradujo de manera contradictoria en el plano electoral con una fuerte tasa de abstencin, el crecimiento notable del PSOL (Partido Socialismo y Libertad) y el importante auge de la candidata ecologista-neoliberal Marina Silva (que casi vence a Dilma).

-Seguel: Entendiendo que ese es el escenario heterogneo de las izquierdas, ya sea por el modo en cmo irrumpen o cmo son oxigenadas por las movilizaciones sociales que se van generando, el historiador y politlogo cubano Roberto Regalado seala que, en ese contexto, la clsica distincin -que tenemos los marxistas para referirnos al alcance de las transformaciones- en trminos de reforma o revolucin, se agotara, en tu opinin, crees que esa consideracin es adecuada?

-Gaudichaud: Todo depende de qu izquierdas estemos hablando. Primero, anotar que Roberto Regalado estudia esencialmente el campo progresista gubernamental, lo que deja a muchas izquierdas, colectivos y partidos extraparlamentarios, incluyendo a los ms radicales, fuera del anlisis. Si hacemos un balance distanciado, ese famoso giro a la izquierda permiti, principalmente, comenzar a salir de la larga noche neoliberal, como una vez lo dijo el presidente Correa. Como lo seala el socilogo ecuatoriano Franklin Ramrez, lo que nace hoy en Amrica Latina, no es la revolucin, no es el reformismo socialdemcrata tradicional o el populismo clsico, no son tampoco slo dos izquierdas (una moderada y otra radical): esencialmente, el progresismo actual encarna un cierto retorno y regulacin del Estado, de polticas sociales que redistribuyen parte de la renta hacia los ms pobres y de afirmacin de una era de neodesarrollismo, despus de dcadas de neoliberalismo. Una poca de mayor control estatal de los recursos estratgicos y naturales, sin romper las reglas del juego de la economa de mercado, renegociando las relaciones con las multinacionales o la bsqueda de ciertos niveles de consenso con las burguesas locales (en Bolivia hoy, entre 60% y 80% de la renta del gas se queda para el Estado y el resto para las multinacionales, antes de Evo era al revs). En el caso de los procesos nacional-populares ms radicales, como en Venezuela y en Bolivia, esta dinmica viene acompaada, o ms bien se basa, en una fuerte orientacin y discursos antiimperialistas y decoloniales: despus de su nueva eleccin, en octubre pasado, Evo Morales dedic su victoria a los que luchan contra el imperialismo y contra el neoliberalismo.

Este escenario, cristalizado en torno a contundentes victorias electorales, est caracterizado por la afirmacin creciente de figuras presidenciales omnipresentes carismticas (se puede hablar de hiperpresidencialismo) e importantes procesos de asambleas constituyentes (Bolivia, Ecuador, Venezuela), con la aparicin de nuevos derechos fundamentales: derechos de la naturaleza, estados plurinacionales, referndums revocatorios, etc. Es evidente que asistimos a dinmicas democratizadoras novedosas y a la implementacin de reformas sociales profundas que permitieron disminuir a la par pobreza y desigualdad social de manera notable (la pobreza baj ms de 20 puntos en Bolivia y Venezuela). Estos gobiernos tienen que lidiar con fuerzas sociopolticas, mediticas y econmicas internas y externas muy potentes, hostiles y capaces de manipulacin de la opinin pblica como de subversin militarizada: recordemos el golpe de Estado en abril de 2002 en Caracas, el golpe institucional en Paraguay o Honduras, la casi secesin de la regiones ms ricas de la media luna en Bolivia, la sublevacin policaca en Ecuador contra Correa, etc. Pero, claro, no se trata de procesos revolucionarios como los vividos en el siglo XX, como en el escenario cubano en 1959 o nicaragense en 1979. Desde Marx -por lo menos- y sus estudios sobre la Comuna de Pars, algunos signos fundamentales de dinmicas revolucionarias son la ruptura del aparato estatal, la transformacin de las relaciones sociales de produccin y la irrupcin de [email protected] de abajo en el escenario poltico, donde disputan la hegemona y desplazan a la clase dominante. No estamos exactamente en tales condiciones en la Amrica Latina de hoy, a pesar de la retrica revolucionaria (revolucin del siglo XXI, ciudadana o comunitaria-indgena) y de las transformaciones existentes en el plano poltico.

Entonces, cuando Roberto Regalado plantea que la disyuntiva reforma o revolucin ya no es vlida, yo dira que s es vlida la disyuntiva reformismo o revolucin, en un escenario diferente al del siglo XIX o XX. Tal vez necesitemos pensar hoy, a la luz de las experiencias recientes de Amrica Latina, en reformas Y revolucin, reformas en permanente revolucin o sea polticas pblicas radicales en procesos abiertos destinados a revolucionar la sociedad y sus estructuras, apoyadas en el desarrollo de formas crecientes de poder popular constituyente. Tenemos que asumir que, en algunos contextos especficos, puede haber procesos interrumpidos de reformas democrticas y posneoliberales que abran camino, desde gobiernos de izquierdas, gobiernos del pueblo trabajador, como desde las luchas de clases. De hecho, basta con volver a leer textos de los mismos bolcheviques (Lenin, Trotsky, etc.) o de Rosa Luxemburgo para constatar que [email protected] [email protected] de principios del siglo pasado no cometan ese error de confundir reformas con reformismo. Y, por eso, no podemos oponer de manera a-dialctica y dogmtica reforma versus revolucin, conflicto social versus disputa electoral, gobiernos populares versus luchas de clases, unidad del pueblo trabajador versus unidad de las izquierdas, etc. Siguiendo a Claudio Katz, se trata de recuperar hoy los sentidos estratgicos del porvenir del socialismo, sin perder la brjula de necesarias discusiones y pasos tcticos audaces, creativos, autogestionarios, de transicin para lograr unificar, aglutinar a los trabajadores, indgenas y sectores populares como tambin en ese camino -ojal- a las fraccionadas izquierdas anticapitalistas. Sin esa unidad de [email protected] de abajo, y sin independencia de clase, slo habr populismo desde arriba o neoliberalismo de guerra De la misma manera, segn Katz, el objetivo es concebir procesos de transformacin de mediana y larga duracin, con saltos cualitativos y rupturas contundentes, ms all de la caricatura del asalto al palacio presidencial (que en realidad nada tiene que ver con el pensamiento dialctico de Lenin) o del limbo institucional en el cual se encuentran hoy la mayora de los progresismos.

Para que me entiendas bien, insisto en que esa perspectiva de reformas en revolucin permanente significa no abandonar la estrategia e intencionalidad revolucionaria (y consiguiente transformacin rupturista del Estado), pues si no, el efecto inmediato es bregar por reformas democrticas que terminan siendo meramente reformistas o electoralistas, pensando el Estado como neutro y posible de mejorar desde los mrgenes del capitalismo perifrico: es decir, al final de cuentas, ajustes progresistas dentro del modelo, como lo vivido por ejemplo en Brasil, Uruguay o con el new sandinismo orteguista en Nicaragua. De hecho, el mismo Roberto Regalado se pregunta si las actuales izquierdas gubernamentales representan un reciclaje de viejos esquemas o realmente nuevos vientos de cambios. Yo dira que la clave contina siendo la relacin de estos gobiernos con las luchas sociales, [email protected] [email protected] y el pueblo, sus posiciones respecto al imperialismo, a las clases dominantes, pero tambin con desafos esenciales del tiempo presente: la lgica decolonial e indgena, la lgica medioambiental y del buen vivir, la lgica feminista y antipatriarcal. Desde las izquierdas, varios intelectuales (como Isabel Rauber o Marta Harnecker por ejemplo) piensan que en Bolivia, Venezuela y, en menor medida, en Ecuador existen procesos democratizadores, antiimperialistas, posneoliberales aunque en disputa. De hecho, en estos pases varios sectores revolucionarios apoyan crticamente -y con ms o menos autonoma- los evidentes avances que han significado estos gobiernos progresistas o nacional-populares en el plano de la soberana nacional, integracin regional, de la salud, educacin, alfabetizacin, infraestructura, en la disminucin notable de la pobreza extrema, el empoderamiento poltico y territorial, etc. Las experiencias de las Asambleas Constituyentes en estos tres pases son una leccin para toda la regin (y para Chile, en particular, donde sigue vigente la Constitucin de la dictadura). As, en Bolivia, no cabe duda de que hubo revolucin de las subjetividades, transformacin democrtica campesino-indgena, desplazamiento de la lite gobernante oligrquica racista, pero -en rigor- no una revolucin en trminos de transformacin radical (es decir en la raz) de la relacin capital-trabajo y capital-naturaleza. Es un proceso abierto posneoliberal. En Venezuela, varios grupos del chavismo popular o anticapitalista como -entre otros- Marea Socialista apoyaron a Chvez y hoy al gobierno del presidente Maduro, subrayando sus vacilaciones y las capitulaciones de las burocracias estatales, llamando a una revolucin en la revolucin y a contraatacar frente a la ofensiva subversiva de la derecha neoliberal o del imperialismo.

Por eso, es importante ver que para otros intelectuales, como los ecuatorianos Decio Machado o Pablo Dvalos por ejemplo, esta fase progresista-neodesarrollista slo escondera las nuevas figuras de una democracia disciplinaria que coopta y canaliza los movimientos y clases populares, mientras tanto oxigena un capitalismo local-mundial en crisis, con inversiones pblicas. Alberto Acosta, ex presidente de la Asamblea Constituyente del Ecuador o el socilogo marxista Mario Unda piensan as que el corresmo se transform en un nuevo modo de dominacin burguesa y de restauracin conservadora, con un discurso de cambio muy marcado que acompaa una modernizacin econmica capitalista nacional. Esta modernizacin ocurre tambin en otros pases combinando el reciclaje de viejas formas del populismo con nuevas figuras del bonapartismo latinoamericano: qu pensar, por ejemplo, del kirchnerismo en Argentina y de su asombrosa capacidad de control social? qu opinar de las agresiones verbales en la televisin pblica, del presidente Correa hacia movimientos indgenas o militantes ecologistas (calificados de infantiles o de terroristas)? De hecho, analizando el caso ecuatoriano y el creciente autoritarismo del gobierno hacia el movimiento indgena pero tambin hacia los defensores del proyecto Yasun o su rechazo contundente a toda perspectiva feminista, se ve una clara determinacin del progresismo a rechazar las disidencias o criticas sociales y polticas abajo y a la izquierda: el ltimo episodio de esa tendencia regresiva ha sido el lamentable anuncio de Rafael Correa del desalojo de su sede histrica a la Confederacin de Nacionalidades Indgenas del Ecuador (CONAIE), con justificaciones legales falaces. O sea, eso significa intentar borrar uno de los bastiones histricos de la resistencia contra los embates de los gobiernos neoliberales por ser hoy, duros crticos de la revolucin ciudadana Un hecho denunciado con razn como injusto y polticamente insensato" por Boaventura de Sousa Santos, socilogo portugus que acompa al gobierno en sus inicios. En este caso, como en muchos otros, el deber de solidaridad es de denunciar estos hechos, sin tapujos, ni genuflexiones ante el poder, sea quien sea quien ocupe el silln presidencial.

Incluso, cmo analizar hoy el fenmeno carismtico-popular chavista? Por cierto, alguien como Ernesto Laclau, por su propia filiacin peronista, explica que la razn populista puede ser progresiva y democratizadora como regresiva y autoritaria en Amrica Latina, segn su contenido, dirigentes e inclinaciones. Pero este problema plantea la imperiosa necesidad de un anlisis crtico, abierto y clasista de estas experiencias. Asimismo, Ral Zibechi en su libro Progre-sismo afirma que l os gobiernos progresistas,  finalmente tienen un efecto despolitizador en la sociedad porque logran domesticar gran parte de los movimientos.

Desde una ptica gramsciana original, el socilogo mexicano Masimo Modenesi lee el progresismo como una variante de revolucin pasiva por su carcter contradictorio y sus efectos desmovilizadores. Segn Modenesi, an con saldos y sobresaltos especficos, los gobiernos progresistas lograron asentarse hegemnicamente, reproducirse en el tiempo a partir de la construccin de fuertes consensos pluriclasistas y electorales (en particular frente a las oposiciones de derecha) y llevar a cabo, en la mediana duracin de 10-15 aos, una combinacin de procesos de transformacin poltica, reformas sociales progresivas y de conservadurismo del orden existente y sus equilibrios en trminos de relaciones sociales de produccin. En resumen, un escenario complejo, pero aun abierto, para las izquierdas anticapitalistas, que hay que descifrar sin dogmas o sectarismos.

Anlisis de casos: Venezuela y Bolivia en la mira

-Seguel: Me gustara seguir analizando el caso de Venezuela, sobre todo a un ao del fallecimiento de Hugo Chvez y cuando han surgido ciertas crticas al interior de las mismas filas del chavismo. Dnde se inscriben esas crticas, a qu responden?

-Gaudichaud: A un ao de la muerte de Hugo Chvez, la coyuntura bolivariana es muy crtica, muy tensa, con la ofensiva de la derecha insurreccional neoliberal, pero tambin por el estado mismo, interno, del Proyecto Bolivariano. Por supuesto, existen presiones exteriores imperiales, intervencin de Washington y una campaa meditica planetaria, digna de futuros estudios, para atacar al proceso bolivariano. Es un dato esencial de la coyuntura, pero no por eso podemos caer en la visin binaria, reduccionista que dice: o ests con el gobierno de Maduro, en bloque, de manera acrtica o si no, es que ests con el imperialismo Es una visin equvoca y nefasta para la solidaridad internacional. La ternura de los pueblos (as llamaban los sandinistas al internacionalismo) no puede basarse en tal anlisis simplista, maniqueo. La oposicin a Maduro y la derecha venezolana se apoyan en contradicciones y en la propia debilidad el proceso bolivariano, en sectores medios altos de la poblacin (no slo en las clases altas), e incluso en el hartazgo de parte del bravo pueblo frente a la corrupcin, ineficacia administrativa, crisis econmica, inseguridad urbana, etc., como lo ha demostrado el declive electoral relativo del chavismo. Por eso, necesitamos descifrar esas debilidades internas y escuchar las voces crticas dentro del espacio bolivariano y tambin, fuera del gobierno. Los libertarios de Caracas no son proimperialistas; Orlando Chirino (dirigente trotskista y sindical de la Unin Nacional de Trabajadores) no es neoliberal; el ex viceministro Rolando Denis no es propatronal y los compaeros de Marea Socialista o del sitio web Aporrea no son traidores Hoy da en Venezuela, existen luchas obreras y sindicales que han sido reprimidas, esencialmente por sicarios patronales, pero nunca denunciados por el Estado. El mismo Ministerio del Trabajo impide la aplicacin del nuevo Cdigo laboral que represent un gran progreso para los trabajadores del pas. La inflacin ya ha carcomido el aumento salarial de la poca de Chvez y la dimensin de la crisis econmica actual, no es slo producto del mercado negro o de la ofensiva de la burguesa, tambin nace de una muy mala gestin, del tipo de cambio de divisas, de la ausencia de una planificacin para la diversificacin econmica y la industrializacin. Todo eso ha sido graficado, estudiado y explicado por economistas crticos como Manuel Sutherland o Vctor lvarez (exministro) e investigadores del Centro Internacional Miranda (CIM). El desabastecimiento ataca primero al bolsillo de las clases populares y el tema de la inseguridad es real, perjudicando primero a los pobres de la ciudad, no a los que habitan Chacao, Altamira u otros barrios pudientes. La reproduccin de una boliburguesa parasitaria, que lucra del proceso a la sombra del Estado, es cada vez ms insoportable para miles de militantes barriales, de fbricas, de cooperativas, de consejos comunales. Entonces, esos son problemas graves, candentes y, repito, no tiene sentido callarlos en nombre de la defensa legtima de las importantes conquistas sociales y democrticas del decenio chavista y de la lucha unitaria necesaria, indispensable, frente al imperialismo. Menos an, en nombre del socialismo del siglo XXI o frente a las 19 elecciones democrticas victoriosas Cuando toda una burocracia gubernamental o paraestatal del PSUV [vii] rema a contracorriente, hay espacios como Marea Socialista u otros grupos que denuncian el actual dilogo de paz y el pacto de no-agresin con la burguesa venezolana (como los Cisneros, los Mendoza y otras familias), los mismos que incentivaron el golpe de Estado del 2002 y que nunca fueron castigados. Por qu no se dialoga ms con el movimiento obrero que intenta organizarse, con los colectivos bolivarianos, con los consejos comunales? ltimamente se ha intentado iniciar gobiernos de calle, volver a la base: veremos si esto permite reanudar los lazos entre el ejecutivo y el pueblo chavista. Hay tensiones y la situacin actual es muy crtica, a pesar de los avances en trminos sociales logrados en los ltimos 15 aos. De hecho, segn la CEPAL, es el pas que ms ha reducido, a la par, pobreza y desigualdades en la regin. No representa un dato menor en el continente ms desigual del mundo... Existe adems hoy un pueblo empoderado, politizado y movilizado -herencia de Chvez- que quiere defender sus conquistas. Por esta razn, hay que pensar el bolivarismo como un proceso nacional-popular en tensin y una dinmica plebeya muy contradictoria, en la cual la capacidad de las luchas populares autnomas -en particular del movimiento obrero clasista- ser el elemento decisivo del futuro de esta experiencia excepcional de principios de siglo.

-Seguel: Qu rol juega la transferencia de renta del petrleo a la llamada boliburguesa, en el sentido de la acentuacin de estas contradicciones internas que mencionas?

-Gaudichaud: Varios estudiosos venezolanos, como Edgardo Lander o la historiadora Margarita Lpez Maya, ya han descrito la maldicin que representa el petrleo y la monoexportacin de recursos naturales para una sociedad. Paradjicamente, estar sentado en un pozo petrolero para un proyecto de emancipacin es una verdadera calamidad, porque el rentismo es todo lo contrario a una perspectiva humana emancipadora, impregna todas las clases sociales, no hay nadie que est a salvo de este modelo de sociedad, de hiperconsumo y de una economa extravertida, una formacin social dependiente que debilita toda capacidad de produccin nacional y posibilidad de soberana alimentaria (ms del 80% de los alimentos de los venezolanos es importado). En este complejo contexto, la revolucin bolivariana logr, por primera vez en la historia republicana de este pas, y con el nuevo control gubernamental sobre PDVSA (Petrleos de Venezuela), utilizar la renta petrolera para y hacia las clases populares a travs de las misiones de salud, educacin, vivienda, infraestructura, etc., con el apoyo de Cuba. La principal reserva de petrleo del mundo ya no es slo un recurso al servicio de la oligarqua local y de sus socios de Miami, aunque hoy todava, una gran parte de los beneficios van a parar a las multinacionales asociadas a PDVSA asentadas en la franja del Orinoco como EXXON, CHEVRON, TOTAL, etc. y a un sector parasitario del viejo Estado. Pero, cmo hacer para transformar y democratizar realmente, econmicamente, este modelo rentista depredador? Es la gran pregunta de estos 15 aos de proceso bolivariano. Ah, la gran desgracia es que todas las experiencias ms avanzadas de control obrero o de cogestin como en la siderrgica Sidor en el estado de Guyana o en una empresa como Inveval y algunas otras grandes fbricas, no fueron incentivadas o apoyadas, ms all de sus problemas internos, tambin reales. Al contrario, son a menudo combatidas por las burocracias sindicales, municipales y/o estatales. Lo mismo pasa con los Consejos Comunales o las Misiones. Adems, estos organismos se crearon por fuera del Estado, como un bypass para intentar suplir la inmensa ineficacia estatal y responder a la urgencia social. En estas condiciones, estas polticas pblicas no transforman al Estado rentista y estn muy poco institucionalizadas, lo que amenaza su continuidad en el tiempo. O sea, de nuevo el problema del Estado!

-Seguel: Pasando a otra experiencia, hablemos un poco del caso boliviano. Llegando al trmino del segundo mandato del presidente Evo Morales, se notaba cierto agotamiento o ms bien ciertos cuestionamientos internos, los que -se podra decir- fueron revertidos por la impresionante victoria electoral presidencial de octubre pasado. El proceso boliviano se est agotando en trminos de su planteamiento inicial? Cmo leer el llamado de Garca Linera a constituir el capitalismo andino-amaznico?

-Gaudichaud: Como punto de partida, una pequea precisin: el tema del agotamiento parcial del ciclo progresista gubernamental, yo lo vera a nivel continental, con altibajos y diferencias nacionales obviamente. Estamos a ms de quince aos de la apertura del ciclo y de la eleccin de Hugo Chvez, y la fuerza propulsiva de lo que alguna vez se llam giro a la izquierda muestra sus lmites y tensiones. Desde formas de social-liberalismo sui generis a la brasilera, pasando por la experiencia ecuatoriana, hasta el proceso bolivariano y sus crisis, hay -es cierto- una prdida de fuerza, un cierto agotamiento, aunque relativo si analizamos encuestas de opinin. Volviendo a Zibechi, el periodista y socilogo uruguayo afirma que si efectivamente los progresismos mantienen una gran fuerza electoral y gubernamental, parecen haber perdido su capacidad inicial de transformacin social emancipadora, con un sesgo que se volvi cada vez ms estabilizador o conservador del orden poltico-econmico existente. Habra que recordar algo esencial, las derechas de ninguna manera desaparecieron del ajedrez poltico, controlan pases clave como Colombia, Panam o Mxico y crecen electoralmente en varios de los pases con gobiernos progresistas: basta con ver las ltimas elecciones regionales o locales en Venezuela y Argentina. Cuando la crisis capitalista mundial impacta a la regin, los lmites de los procesos en su diversidad afloran con mayor fuerza y aparecen las grandes contradicciones de modelos productivos primo-exportadores, altamente basados en el crecimiento de la exportacin de materias primas. El tema del megaextractivismo y sus formas de acumulacin por desposesin y depredacin es un tema central del perodo y un taln de Aquiles de Amrica Latina. Los tiles trabajos de Eduardo Gudynas o Maristella Svampa sobre la problemtica y los caminos emancipatorios del posdesarrollo, subrayan que no se ha superado esa gran dependencia, incluso se han reprimarizado las economas de algunos pases: en Brasil, pas imperialista perifrico e industrializado, el sector extractivista es proporcionalmente cada vez ms importante. Un economista como Pierre Salama describe bien esta nueva degradacin de los trminos del intercambio. En este contexto, se acumulan los conflictos y luchas entre el movimiento popular, las comunidades indgenas y los gobiernos progresistas. El neodesarrollismo extractivista es una de las piedras de tope de los progresismos, revelando los lmites de los procesos actuales. As como lo recalca Frei Betto:

La fuerza de penetracin y obtencin de ganancias del gran capital no se redujo con los gobiernos progresistas, a pesar de las medidas regulatorias y cobro de impuestos adoptados en algunos de esos pases. Si, de un lado, se avanza en la implementacin de polticas pblicas favorables a los ms pobres, por otro, no se reduce el poder de expansin del gran capital () Los gobiernos y movimientos sociales se unen, especialmente durante los perodos electorales, para frenar las violentas reacciones de la clase dominante alejada del aparato estatal. Sin embargo, es esta clase dominante la que mantiene el poder econmico. Y por ms que los inquilinos del poder poltico implementen medidas favorables para los ms pobres, hay un escollo insalvable en el camino: todo modelo econmico requiere de un modelo poltico coincidente con sus intereses. La autonoma de la esfera poltica en relacin con la econmica es siempre limitada. Esta limitacin impone a los gobiernos democrtico-populares un arco de alianzas polticas, a menudo espurias, y con los sectores que, dentro del pas, representan al gran capital nacional e internacional, lo que erosiona los principios y objetivos de las fuerzas de izquierda en el poder. Y lo que es ms grave: esa izquierda no logra reducir la hegemona ideolgica de la derecha, que ejerce un amplio control sobre los medios de comunicacin y el sistema simblico de la cultura dominante.

Por cierto, como lo subray Fred Fuentes, el extractivismo no puede ser al rbol que esconde el bosque: o sea, el modelo primo-exportador es, ante todo, producto de una estructura de dependencia econmica de tipo neocolonial. Para pases del sur, cuando la pobreza y las necesidades son todava inmensas, no se trata de abandonar a secas toda forma de extraccin de riqueza (pero s la ms depredadora y extravertida). Tampoco se pueden confundir los diferentes usos que hacen los gobiernos suramericanos de la renta o sus polticas hacia las multinacionales. En paralelo, es significativo ver que los ejecutivos en vez de buscar radicalizar sus enfoques posneoliberales e intentar apoyarse ms en el pueblo trabajador movilizado, convergen cada vez ms hacia el centro, en una clara lulizacin de la poltica latinoamericana que implica compromiso entre las clases, negociacin con el capital financiero y acuerdos con la oposicin parlamentaria neoliberal. Es el escenario ya existente en Nicaragua, Uruguay, Salvador, Brasil, Argentina, etc.

El caso boliviano, creo yo, con el paso del tiempo, ha mostrado ser el progresismo ms potente y capaz de construir un posneoliberalismo consolidado, popular y con fuertes rasgos decolonizadores, un hecho esencial en un pas como Bolivia. Tenemos un presidente sindicalista-indgena surgido de esta emergencia plebeya de los aos 2000, de las guerras del gas y del agua, y que declara ser el gobierno de los movimientos sociales. Un autor como Pablo Stefanoni (unos de los mejores analistas del complejo proceso boliviano), explica de manera detallada este fenmeno de una experiencia nacional popular que se asienta -en un plano simblico-subjetivo- en la reivindicacin del campesino indgena y de la decolonialidad del poder (concepto acuado por el peruano Anbal Quijano), a la vez que promueve un modelo econmico modernizador-desarrollista. La eleccin de Evo favoreci la reintegracin de las comunidades indgenas a la nacin y a la comunidad poltica, facilit el desplazamiento de la vieja lite oligrquica blanca, permitiendo el surgimiento de una nueva clase media indgena. Evo y el MAS (Movimiento Al Socialismo) encarnan no obstante un indigenismo muy flexible y pragmtico, un esencialismo estratgico adaptativo, ya que Evo Morales reivindica el indigenismo al mismo tiempo que el vicepresidente Garca Linera anuncia un Modelo Nacional Productivo modernizador. No se trata en absoluto de una poltica indianista, como lo reivindican Felipe Quispe y los sectores ms etnoracialistas del indianismo. El MAS logr alejar los riesgos de golpe, controlar y negociar con latifundistas y burguesas de las regiones orientales de la media luna y constituir una base electoral popular muy solidificada: lo que acaba de confirmarse con su nueva y contundente victoria electoral de octubre de 2014. Con el gobierno del MAS, Bolivia entr en 2005 en una fase de consolidacin institucional, despus de dcadas de caos neoliberal, represiones del movimiento popular y golpes militares: Evo es el presidente ms longevo de la historia de la repblica de Bolivia, desde su fundacin Se conseguira as forjar un consenso nacional en torno a esta figura campesino-indgena. En ese sentido, s es una revolucin poltica, una ruptura en la historia boliviana. El MAS controla el Parlamento y una nueva democracia corporativa, que pasa por los espacios sindicales campesinos e indgenas, que juegan un papel de cooptacin de dirigentes y de ascensor social.

En el campo econmico, varias nacionalizaciones (con indemnizacin) y el control del gas nacional dio forma a un esbozo de lo que el vicepresidente llam, en los aos 2005-2006, capitalismo ando-amaznico: construccin de un Estado regulador, capaz de orientar la expansin de la economa industrial y extractiva, al mismo tiempo que organiza la transferencia de recursos hacia sectores populares y comunitarios, a travs de bonos o del aumento del salario mnimo o de la cobertura social, educacional y de salud. Pero fundamentalmente, en trminos macroeconmicos, en la gestin de divisas y en el presupuesto pblico, este gobierno sigue aterrorizado por el espectro de la hiperinflacin de los aos 80 que derrot toda tentativa socialdemcrata. Es muy ortodoxo en el plano econmico. El socilogo James Petras declar que el gobierno de Evo Morales sera, en su opinin, el ms conservador de los radicales o el ms radical de los conservadores Es el pas que, en proporcin a su PIB, tiene la reserva de divisas ms importante del mundo, ms que China! El mismo FMI calific a Bolivia como la economa ms estable de Amrica Latina y el New York Times afirm que Evo Morales sera el mejor representante del desarrollo de la regin. En ese aspecto no hubo grandes cambios. Los principales avances fueron primero, en trminos simblicos y subjetivos (lo que no hay que menospreciar despus de siglos de racismo estatal); segundo, en el plano del control de los hidrocarburos y de reafirmacin de una soberana nacional antiimperialista y; tercero, los avances en el sistema de jubilacin, de servicios sociales, de regulacin del mercado informal. Pero queda mucho por hacer en trminos de lucha contra la pobreza, la desigualdad social y de gnero. No obstante, la inversin en los servicios pblicos se multiplic por siete desde 2005, a medida que bajaban, como nunca antes, los niveles de pobreza y analfabetismo.

Varios sectores desde el movimiento popular, del indianismo o de la debilitada izquierda radical, reivindican una ruptura mucho ms profunda y rpida, una opcin que entiendo y comparto. Desde la COB, hay una tensin acumulada con el gobierno sobre salarios, pensiones y reforma laboral. Por parte de algunas corrientes del movimiento indgena tambin, del katarismo aymara y de figuras como Felipe Quispe o Pablo Mamani. Entonces, ese es el escenario, un escenario bastante complejo. Morales supo ocupar un espacio desde una reactivacin de la antigua figura nacional-popular, surgida con fuerza en la revolucin minera campesina de 1952 (ver los trabajos de Ren Zavaleta Mercado). Pero, a diferencia de los aos 50, no existe hoy en Bolivia una alternativa radical revolucionaria al nacionalismo popular, con influencia de masas, enraizada en masivos sindicatos mineros, como lo era el POR (Partido Obrero Revolucionario) boliviano.

Conclusin: una derrota de Evo Morales en las ltimas elecciones presidenciales hubiera representado un grave retroceso y una victoria para los neoliberales y las oligarquas...

Santiago de Chile, primavera austral, 2014.


Notas

[i] Franck Gaudichaud: Doctor en Ciencia Poltica (Universidad Pars 8) y profesor en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Grenoble (Francia). Miembro del colectivo editorial del portal www.rebelion.org y de la revista ContreTemps (Paris). Contacto: [email protected].

[ii] Bryan Seguel: Estudiante de historia y sociologa de la Universidad de Chile. Asistente de investigacin del Ncleo Bicentenario: memoria social y poder de la Universidad de Chile. Equipo interdisciplinario de investigacin en movimientos sociales y poder popular (www.poderymovimientos.cl). Contacto : [email protected] .

[iii] La bibliografia de este texto se encuentra al final de la segunda parte de la entrevista.

[iv] NED: National Endowment for Democracy; USAID:   United States Agency for International Development (N.d.E).

[v] Documentos elaborados para orientar la poltica imperial de EEUU hacia Amrica Latina, iniciados en los aos 80 con Reagan (Santa Fe I). A fines del 2000, bajo el presidente Bush, vieron la luz "los documentos Santa Fe IV", con una fuerte orientacin antichavista.

[vi] Tratado de Libre Comercio de Amrica del Norte (N. d. E)

[vii] PSUV. Partido Socialista Unido de Venezuela.


Fuente original: http://contrahegemoniaweb.com.ar/geopolitica-imperial-progresismos-gubernamentales/



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