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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-03-2015

Pueblo en marcha: elementos de discusin estratgica para la izquierda radical argentina

Martn Mosquera y Facundo Martn
Democracia Socialista


Hace algunos aos, el marxista francs Daniel Bensad perciba un retorno balbuceante de los debates estratgicos en el seno de la izquierda radical. Un nuevo clima de poca naca empujado por las victorias electorales en Bolivia y Venezuela, por la emergencia de nuevos partidos de la izquierda radical en Europa, por la experiencia frustrante de algunas formaciones anticapitalistas dentro de gobiernos de centro-izquierda (el gobierno de Prodi en Italia, el PT brasilero). Se volva as a los grandes debates de la lucha poltica: el poder, la hegemona, las alianzas, los partidos. En su ya clsico texto El retorno de la cuestin poltico-estratgica, Bensad vea una seal positiva en la superacin de la ilusin social y en el retorno de los debates en torno a la cuestin del poder y del Estado, que se haban eclipsado luego de las ltimas experiencias revolucionarias de los setenta (el gobierno de Allende y la UP, el sandinismo, la revolucin de los claveles en Portugal).

Un segundo aliento de grandes experiencias de la lucha de clases (las dificultades de los procesos radicales de Venezuela y Bolivia, la victoria de Syriza en Grecia y la aparicin de Podemos en el Estado espaol, la emergencia de una referencia electoral de masas de la izquierda revolucionaria en nuestro pas) empujan a que la nueva y vieja izquierda argentina comience a situar en el centro de los debates la cuestin de la estrategia socialista.

Desde la plataforma poltico-electoral Pueblo en Marcha (compuesta por el Frente Popular Daro Santilln, Democracia Socialista, El Avispero y el Movimiento por la Unidad Latinoamericana y el Cambio Social) hemos lanzado una declaracin por la construccin de un amplio polo de la izquierda anticapitalista en Argentina. La declaracin fue firmada por varios intelectuales (Eduardo Lucita, Claudio Katz, Maristella Svampa, Omar Acha, Horacio Tarcus, entre otros), por figuras del sindicalismo combativo y por una serie de organizaciones sociales y polticas, como el FPDS Corriente Nacional, la Corriente Surcos y el colectivo Participacin y Accin, entre otros. A partir de esa declaracin, convocamos tambin a una actividad en la Facultad de Ciencias Sociales, a la que asistieron ms de 200 compaeros, incluyendo integrantes de la direccin del Frente de Izquierda y los Trabajadores, que fueron invitados a hacer pblicos sus planteos. A su vez, el llamado suscit una respuesta de parte de la Mesa Ejecutiva de Patria Grande (Encarar un debate estratgico). La iniciativa de Pueblo en Marcha y su planteo hacia el FIT, en sntesis, han suscitado una serie de debates en el campo de la izquierda, planteando interrogantes tcticos y estratgicos, as como delimitaciones hacia uno y otro lado. Es hora de recoger el guante y clarificar el sentido del planteo realizado.

 

 

Diferentes planteos en torno a la declaracin

Los compaeros del PTS, como expres Christian Castillo en el acto convocado por PeM, sostienen una serie de objeciones a la propuesta de Pueblo en Marcha. Su planteo se relaciona, entre otras cosas, con la posicin poltica de las fuerzas de PeM (y las posiciones histricas de varios de los firmantes de la declaracin) en torno al proceso bolivariano en Venezuela, la eleccin de SYRIZA en Grecia y el fenmeno de PODEMOS en Espaa, entre otros. Estos compaeros sostienen que la definicin clasista del FIT excluye la integracin de agrupamientos de simpatizantes de fenmenos como el chavismo.

El Partido Obrero, por su parte, hizo pblica una respuesta favorable a la declaracin de Pueblo en Marcha, estableciendo al mismo tiempo una delimitacin con respecto a los frentes democrticos y el populismo. Esta delimitacin, como clarifica el PO, no es contraria al contenido de la declaracin.

Finalmente, los compaeros de Izquierda Socialista han expresado una firme voluntad de avanzar en un acuerdo poltico con Pueblo en Marcha, apostando con fuerza a la confluencia de diferentes tradiciones de lucha en la experiencia del Frente de izquierda.

Por su parte, la mesa ejecutiva de Patria Grande propone un debate estratgico con la declaracin. Segn su planteo, los socialistas debemos luchar por lograr la hegemona al interior de una construccin que necesariamente ser ms amplia y que debe incluir experiencias nacionales y populares () identificadas con el peronismo. Tambin objetan que adherir al FIT significara una aparente claudicacin de las posiciones sostenidas en relacin con el chavismo y otros procesos internacionales. Tambin sostienen que la alianza con sectores provenientes de Proyecto Sur o el kirchnerismo es fundamental para favorecer el acceso al poder del Estado por la va electoral, iniciando desde all un proceso de transformacin socialista.

En sntesis, nuestro planteo ha suscitado un debate estratgico, que exige una clarificacin de posiciones en el plano nacional e internacional.

 

 

Sobre los gobiernos populares y otros procesos abiertos

La caracterizacin de avanzadas experiencias de lucha en otras latitudes, como el proceso bolivariano, Podemos o SYRIZA, nos exige precisar una doble delimitacin, de un lado, con respecto a la idealizacin y elevacin a modelo de esas experiencias por parte de Patria Grande, por otra parte con respecto a una caracterizacin sectaria de parte de las distintas fuerzas del FIT. La consideracin de lo que llamaremos procesos abiertos de lucha hegemnica permitir precisar nuestras estrategias polticas y trazar, en consecuencia, las delimitaciones del caso.

Los compaeros de Patria Grande sostienen que, desde el punto de vista de la construccin socialista, el acceso al poder debe realizarse por la va electoral, sobre la base de articular distintas tradiciones poltico-sociales-culturales, incluyendo el peronismo. Por nuestra parte, coincidimos en que es central el concepto de hegemona para la lucha anticapitalista. No existe fuerza social y poltica que pueda seriamente amenazar al rgimen social si no integra hegemnicamente a vastos sectores sociales, fuerzas polticas y sensibilidades culturales. Dicho de otra manera: no se trata de embestir de frente contra las identidades existentes en las clases subalternas, sino de radicalizar los elementos progresivos que existen contradictoriamente en el sentido comn popular. Comenzando por los anhelos de justicia e igualdad social de las clases populares peronistas, pero tambin la opcin por los pobres de sectores vinculados al cristianismo, la crtica contra-cultural de sectores juveniles o, incluso, la sensibilidad republicana y democrtica de sectores medios, pueden recuperarse resignificndose en una aspiracin anticapitalista.

No se sita all el punto de debate con los compaeros de Patria Grande. Sino en que detrs de su llamado a una confluencia hoy implausible que incluyera desde el Movimiento Evita hasta el FIT, se esconde la necesidad electoral ms prosaica de justificar un rol subalterno frente a la centro-izquierda de la UP, que no parece con mucha capacidad de traccin hacia sectores provenientes del peronismo.

Por su lado, las fuerzas del Frente de Izquierda nos critican nuestra caracterizacin de los procesos antes mencionados (Venezuela, Bolivia, Grecia) a los que tienden a interpretar como sometidos a direcciones bonapartistas que en los hechos frenan la organizacin autnoma de la clase trabajadora y los sectores populares, retardando su maduracin poltica, generando confusin y creando falsas expectativas en torno a alianzas polticas incapaces, en virtud de su composicin de clase, de conducir al socialismo.

Aparecen, pues, dos debates centrales: en torno a la importancia de los procesos electorales y en torno a la caracterizacin de procesos internacionales como el chavismo o SYRIZA.

Sostenemos que es importante percibir el rol que tiene la lucha electoral dentro de algunos procesos de radicalizacin social y poltica, como expresin de la nueva morfologa de las sociedades modernas, donde la democracia representativa ha echado races duraderas y se libran combates de importancia en esa arena de disputa, combates que pueden propulsar la organizacin popular y augurar la conquista de posiciones y trincheras de lucha.

En el contexto contemporneo, es posible que direcciones ambiguas, de carcter antiimperialista o antiliberal, capaces de llegar al poder del Estado por la va electoral, cumplan un rol progresivo de cara a la lucha de clases. Esta posibilidad ya era percibida por Trotsky en su anlisis del cardenismo mexicano. El viejo revolucionario denomin bonapartismo sui generis a este fenmeno en el cual un gobierno con grados importantes de independencia, se apoyaba en la movilizacin de masas en sus roces con el imperialismo. Tambin Gramsci percibe esos fenmenos que engloba bajo el nombre de cesarismo progresivo. La posibilidad de que una direccin poltica no necesariamente revolucionaria o anticapitalista juegue un rol positivo se relaciona con su capacidad para favorecer la organizacin autnoma de las clases populares (en lugar de bloquearla), constituyendo jalones posibles que propulsen rupturas ulteriores. Al mismo tiempo, entendemos que en esos casos el rol de la izquierda anticapitalista est fundamentalmente en la disputa del sentido y direccin globales del proceso abierto, pero desde una clara independencia ideolgica y organizativa. Pero la independencia poltica remite a la capacidad de accin autnoma respecto a las direcciones de esos procesos, no necesariamente a la existencia de una fuerza o partido independiente, por fuera de los grandes movimientos de masas. El mismo Trotsky impuls, por ejemplo, la participacin de los comunistas en el Kuomitang chino, en el Laborismo ingls o en el PS de Pivert en Francia, para dar solo algunos ejemplos. La existencia de un partido independiente es una cuestin de relaciones de fuerza, no de principios (Sanmartino, 2007).

Reconocer un rol parcialmente progresivo en tales procesos no implica idealizar sus conducciones, adaptarse a sus Razones de Estado o abandonar la independencia de clase para pensar la poltica.

Nuestra solidaridad poltica, a partir de lo anterior, se da con aquellas fracciones, tendencias o corrientes que, en el seno de estos frentes plurales, pugnan por una orientacin hacia el socialismo. Tal es el caso de la Plataforma de Izquierda en SYRIZA, los compaeros de Anticapitalistas en Podemos, y los distintos movimientos populares que, desde su organizacin autnoma y de base, exigen de la direccin chavista rupturas crecientes con el capitalismo y la clase dominante, incluso chocando con el Gobierno y la burocracia estatal cuando se vuelve necesario.

Hay importantes antecedentes histricos de este planteo, por ejemplo en el MIR chileno en los aos 70. El MIR entenda que era necesario mantener una relacin compleja con la vacilante direccin allendista, en la medida en que sta poda augurar un proceso de acumulacin de fuerzas en sentido socialista, o bien estancarse en sus ambigedades y dar lugar a una brutal contra-ofensiva de la burguesa. Frente a esta situacin, la organizacin mantuvo una delimitacin programtica y organizativa con el gobierno de Allende, que no excluy el apoyo (poniendo su incipiente aparato militar a disposicin de la seguridad del presidente). Al mismo tiempo, apost con toda su fuerza a la organizacin independiente y desde abajo de la clase trabajadora y los sectores populares, en los cordones industriales y los comandos comunales. El curso que tomaron los acontecimientos en Chile no desmiente la hiptesis mirista, en la medida en que sta no vea al gobierno de la Unidad Popular como garante de la transicin socialista, sino nicamente como el posibilitador de un escenario abierto, cuyo desenlace dependa de la lucha de clases.

Podramos hacer paralelismos entre la estrategia del MIR y las de muchos movimientos sociales que militan en el seno del proceso bolivariano, apoyando al gobierno en la medida en que cumple un rol progresivo de cara a la radicalizacin, ideologizacin socialista y auto-organizacin de las masas, pero a la vez delimitndose de l desde una posicin de independencia de clase.

Esta caracterizacin no se centra en la diferencia simplista entre los procesos por arriba (los partidos polticos, la lucha en el seno del Estado) y por abajo (los movimientos sociales y el sindicalismo combativo). Tampoco podemos descartar de plano que estas direcciones se radicalicen hacia una ruptura total con la burguesa, aunque fuese empujadas por las circunstancias o por el ltigo de la contra-revolucin. Esto es lo que sucedi, claramente, en el caso cubano, donde la direccin castrista conquist el poder del Estado con un programa vagamente anti-imperialista, pero termin rompiendo con la burguesa y aplicando medidas de transicin socialista.

En estos casos, se trata de escenarios en los que la lucha de clases se da en el seno de un proceso antiimperialista, antiliberal o antiausteridad, tanto en el interior de los partidos de gobierno (la disputa de la plataforma de izquierda de SYRIZA con el crculo de Tsipras es ejemplo de esto), como entre el Estado y el poder popular independiente. La dialctica entre poder popular y Estado se entrelaza, pues, con la dura lucha intestina en el seno de los procesos abiertos, en torno a su orientacin y definicin globales.

 

En relacin a estos procesos abiertos de lucha hegemnica, es vital tener la capacidad de poder distinguir los gobiernos populares y radicales, que impulsan la movilizacin popular y estimulan la construccin de poder social, de los reformismos burgueses (como el kirchnerismo o el PT brasilero) que, en base a algunas concesiones sociales y democrticas, se ocupan de desactivar la movilizacin independiente en base a un Estado de compromiso de clases.

Si hoy nuestro pas va hacia un marcado giro conservador y derechizante en la poltica, este giro es resultado (y no simple interrupcin) de las polticas de los ltimos ms de diez aos. Por un lado, el kirchnerismo apost a un proyecto de desarrollo capitalista basado en la exportacin agrcola, profundizando la dependencia econmica y la explotacin de la fuerza de trabajo. Este proyecto se enfrent, llegado el momento, con los peridicos cuellos de botella del capitalismo perifrico argentino, angostndose los mrgenes para la redistribucin de riqueza desde el Estado, lo que presiona hacia la devaluacin monetaria y/o el ajuste del gasto pblico, como tendencias forzadas por el ciclo de la economa con independencia de la voluntad poltica ms o menos progresista o populista de las elites gobernantes. Por otro lado, al desmovilizar a las clases populares, cooptando viejos dirigentes independientes y construyendo hegemona capitalista desde el Estado, el kirchnerismo hizo retroceder la correlacin de fuerzas ms favorable a los de abajo, construida en 2001 a base de confrontacin y lucha callejera. La experiencia histrica ensea que la clase dominante slo hace concesiones a los sectores populares cuando teme que, si no cede, vengan a por todo. La movilizacin independiente de las clases populares es, pues, la nica que puede generar condiciones para que se den medidas progresistas, allende que los gobiernos cumplan a su vez un rol en concretarlas. El Estado, en sntesis, adems de garante de la dominacin capitalista es expresin de la correlacin de fuerzas entre las clases, sobre la que a su vez incide. En trminos globales, la incidencia del kirchnerismo sobre el movimiento popular fue regresiva: gener desmovilizacin e integracin subordinada bajo el proyecto nacional-burgus. Eso, a la vez, posibilita la actual contraofensiva de la clase dominante, que ahora se cobra venganza contra el pueblo y lo har con mayor agresividad bajo los gobiernos que se vengan.

 

 

Hiptesis estratgicas

Encontramos una referencia terica, con la que abordar los actuales procesos de radicalizacin social y poltica, en trabajos como los de Nicos Poulantzas, quien defendi la posibilidad de articular la lucha en el seno del aparato de Estado con la lucha de clases sostenida desde los rganos de poder popular, en cuyo seno la clase trabajadora se auto-organiza de manera independiente. En estos casos, se trata de articular:

Una lucha interna dentro del Estado, no simplemente en el sentido de una lucha encerrada en el espacio fsico del Estado, sino de una lucha situada en el terreno del campo estratgico que es el Estado, lucha que no trata de sustituir el Estado burgus por el Estado obrero a base de acumular reformas, de tomar uno a uno los aparatos del Estado burgus y conquistar as el poder, sino una lucha que es, si quieres, una lucha de resistencia, una lucha de acentuacin de las contradicciones internas del Estado, de transformacin profunda del Estado; Y al mismo tiempo, una lucha paralela, una lucha fuera de los aparatos y las instituciones, engendrando toda una serie de dispositivos, de redes, de poderes populares de base, de estructuras de democracia directa de base, lucha que, aqu tambin, no puede estar dirigida a la centralizacin de un contra-Estado del tipo de doble poder, sino que debe articularse con la primera (Poulantzas, 1977).

Este reconocimiento fundamental del Estado como campo estratgico de disputa no debe confundirse con un relajamiento de las tareas de ruptura o los momentos de divisin poltica radical. En cierto sentido, el mismo Poulantzas termin subestimando la importancia de la ruptura poltica con el Estado, tal vez impresionado por el avance del eurocomunismo en los aos setenta.

Frente a esa clase de planteos, de una parte, los compaeros del FIT (con independencia de su posicin sobre nuestro ingreso o no a las listas del Frente) nos cuestionan por chavistas, sosteniendo que abonaramos a un confusionalismo policlasista. Los compaeros de Patria Grande, en cambio, nos acusan de chavistas renegados, que por un clculo coyuntural apostaramos a embellecer un Frente de Izquierda sectario y limitado en sus perspectivas de poder. Intentaremos clarificar nuestras posiciones, en uno y otro sentido.

Frente a horizontes como los descriptos, tan grave resulta el sectarismo abstencionista, como la adaptacin a la direccin de estos procesos. Y esto va al corazn de nuestras diferencias con Patria Grande y las fuerzas del FIT en torno a las hiptesis estratgicas. Para nosotros, la creciente relevancia de la lucha electoral acompaa y no reemplaza, la centralidad de las luchas insurreccionales, la construccin por abajo y la necesidad de un choque frontal contra las instituciones actuales, en beneficio de instituciones nuevas, surgidas del poder popular.

Por todo lo anterior, es importante reconocer que en Venezuela, Bolivia y Grecia se ponen en juego procesos de masas progresivos, y que las direcciones (no socialistas, sino reformistas de izquierda o nacionalistas radicales) pueden jugar un rol positivo, allende sus limitaciones y vacilaciones. Esto no quita la necesidad de mantener la independencia poltica y programtica de los movimientos populares y los partidos de la clase trabajadora, as como una iniciativa poltica crtica, que sedimente las condiciones para una ruptura decisiva con el Estado capitalista, que en ninguno de los casos citados se ha producido. Sintticamente, no es lo mismo abonar a las posiciones del MIR que ser allendistas sin ms. Esta diferencia, que puede parecer sutil, delimita todo un espacio poltico que se diferencia de las posiciones, a nuestro juicio, limitadas, de las fuerzas del FIT, pero tambin de las desviaciones oportunistas encaradas por Patria Grande.

La estrategia de adaptacin a las direcciones reformistas conduce a errores capitales, que llegaron al lmite de que Patria Grande mostrara como un xito la capitulacin de la direccin de SYRIZA ante el Eurogrupo, en el mismo momento en que -ms inteligente y ms audaz- la Plataforma de Izquierda en el seno del partido iniciaba una frontal lucha poltica, que todava est abierta y donde se dirime buena parte la suerte de la izquierda y las clases populares europeas, dentro y fuera de Grecia. En estos procesos, de poco ayudan tanto el sectarismo como la adaptacin. Estas desviaciones son producto de desconocer las limitaciones de las direcciones reformistas de estos procesos, as como la necesidad de dar una aguda lucha ideolgica, social y poltica por su orientacin.

De estas diferencias estratgicas y programticas, se desprenden diferencias relevantes de cara a la realidad argentina. Producto de esta idealizacin de los procesos abiertos en otras realidades bien diferentes, se puede incurrir en el error de aspirar a proyectarlos indiscriminadamente a todas las latitudes y a toda circunstancia, haciendo abstraccin de las condiciones en las que un proceso de este tipo puede desenvolverse progresivamente. Se repite, en cierto modo, el error histrico que suele ser achacado al dogmatismo del marxismo ortodoxo: la pretensin de universalizar un proceso de acceso al poder (paradigmticamente el proceso revolucionario ruso, aunque las experiencias china y cubana tambin ocuparon un rol semejante) elevndolo a modelo estratgico, proyectndolo hacia condiciones institucionales y sociales distintas. Idealizar el proceso bolivariano y tratar de proyectarlo sobre la experiencia argentina conduce al mismo tipo de lectura unilateral y equivocada. Defender una alianza electoral con la Unidad Popular como lo ms cercano a un chavismo en Argentina, es testimonio de este error.

La cuestin de las alianzas y los compromisos que las fuerzas anticapitalistas deben trabar con otros sectores polticos (no necesariamente revolucionarios) en las diferentes coyunturas es un tema complejo, que tiene mucho de anlisis concreto de la situacin concreta, y que no puede resolverse con algunas definiciones ideolgicas generales. Sin embargo, es posible establecer criterios hipotticos y analizar diferentes procesos histricos.

Por un lado, es necesario comprender que la delimitacin estratgica entre la reforma y la revolucin no est grabada en mrmol en los textos de una vez y para siempre. Ella se desplaza en funcin de las experiencias histricas. Depende de la lucha de clases, de la coyuntura nacional e internacional, de la formacin social, de las relaciones de fuerza. La relacin entre reformistas y revolucionarios, entonces, es la de una frontera mvil, lo cual se demuestra en todas las experiencias revolucionarias del siglo XX. Sin ir ms lejos, los bolcheviques tenan, hasta abril de 1917, un programa de colaboracin de clases con el gobierno provisional, basado en la tesis estratgica de la dictadura democrtica de obreros y campesinos que iba a dar lugar a una repblica capitalista.

Por otro lado, hay que reconocer, como explica Daniel Bensad, que las organizaciones reformistas no lo son por confusin, inconsecuencia o falta de voluntad. Expresan cristalizaciones sociales y materiales Las direcciones reformistas pueden ser pues aliados polticos tcticos para contribuir a unificar a la clase. Pero, estratgicamente, siguen siendo enemigos en potencia. El frente nico se propone crear condiciones que permitan romper con la mejor correlacin de fuerzas con esas direcciones, en el momento de las opciones decisivas, y arrastrar a capas lo ms amplias posibles de las masas (Sabado, 2006).

En esta tensin entre reconocer la frontera mvil, pero tambin que el reformismo expresa la cristalizacin de intereses sociales y materiales (de aparato, burocrticos, econmicos) y no simples definiciones ideolgicas, es donde se sita una experiencia, no sectaria ni oportunista, de la unidad y la delimitacin necesaria en la lucha anticapitalista.

Amplio polo de izquierda o PASO del campo popular?

 

De todo lo anterior se desprende nuestra principal diferencia con Patria Grande y su llamado a unas PASO del campo popular. Ese llamado esconde, bajo el aparentemente ingenuo reclamo de unidad contra la derecha, un desdibujamiento del perfil anticapitalista, pero que no se da en virtud de la insercin en un movimiento de masas real (como es el caso de Podemos o Syriza). Esta integracin en formaciones centroizquierdistas se produce en un momento en que emerge una referencia de la izquierda anticapitalista (el FIT) aunque con rasgos sectarios o autoproclamatorios. Ms all de las declamaciones, una lista testimonial de la centro-izquierda no parece ser el mejor lugar para apuntalar una confluencia popular amplia y para construir un vaso comunicante hegemnico con las clases populares simpatizantes del kirchnerismo.

Por nuestra parte, entendemos que con nuestro llamamiento puede comenzar a cerrarse el ciclo de crisis en la izquierda independiente. Esta crisis se centr en la discusin de cmo, en qu trminos y con qu marcos de alianzas los movimientos populares deberamos dar el salto a la lucha electoral. En ese proceso, nosotros nos ubicamos inequvocamente en una doble delimitacin. Por un lado, contra las (escasas) persistencias basistas y anti-electoralistas, defendemos la necesidad de la lucha electoral como un captulo subordinado pero indispensable de la lucha ms amplia contra el capitalismo. Pero lo hacemos oponindonos a toda identificacin de la lucha electoral con un oportunismo despolitizante que desconoce que en esa arena discurre una irrenunciable batalla por la hegemona en el plano ideolgico y de la construccin de sentido.

En este marco, realizamos un llamado al FIT. Este llamado, de momento, no ha sido respondido de modo completamente favorable. Hemos avanzado con la integracin de candidatos en las listas del FIT, mediante un acuerdo poltico con los compaeros de Izquierda Socialista y el Partido Obrero y bajo protesta explcita del PTS. Esto constituye un paso de avance. Sin embargo, globalmente el FIT contina siendo un frente con rasgos demasiado limitados. Para constituirse en un amplio polo de izquierda, debera abrirse a la incorporacin de una diversidad de tradiciones y corrientes de lucha importantes en las clases populares, permitiendo construir, sobre una base anticapitalista, un centro de atraccin, reorganizacin y expresin poltico-electoral de la lucha de clases. Para lograr esto, ms all de los actuales acuerdos electorales, es preciso construir un movimiento popular plural, vertebrando una fuerza poltica sobre una comprensin comn de las grandes cuestiones de la etapa y no sobre una base ideolgica estrecha.

Hoy, la tarea de los movimientos populares en la arena electoral es construir un polo de izquierda que, con un perfil anticapitalista claro, pueda expresar el descontento de franjas cada vez mayores de nuestro pueblo, que viven con desilusin y rechazo la derechizacin poltica generalizada. Esa experiencia, creemos, debe realizarse, en esta coyuntura, en el mbito de la izquierda radical, que no esconde sus aspiraciones socialistas detrs de programas de gestin progresista de lo existente. Esa expresin electoral deber ser plural y contener una multiplicidad de tradiciones e identidades de lucha de nuestro pueblo, que se reconocen compaeras en la apuesta por una sociedad sin explotacin y rechazan las componendas de las polticas desde arriba.

 

 

Referencias

 

Bensad, D. (2006) El retorno de la cuestin poltico-estratgica, http://www.democraciasocialista.org/?p=1981

 

Gramsci, A (2006) Antologia, Mxico: Siglo XXI Editores.

 

Mazzeo M (2014) Entre la reinvencin de la poltica y el fetichismo del poder, http://lhblog.nuevaradio.org/b2-img/Mazzeo_ReinvencionVsFetichismo.pdf

 

Nicanoff, S. (2014) La izquierda independiente en su laberinto: crisis, poltica, identidad y lucha de clases, http://www.democraciasocialista.org/?p=2345

 

Poulantzas, N. (1977) El Estado y la transicin al socialismo, http://vientosur.info/IMG/pdf/Entrevista_Weber-Poulantzas.pdf

 

Sabado, F (2006) Elementos centrales de estrategia revolucionaria en los pases centrales, http://www.anticapitalistas.org/IMG/pdf/TC_Estrategia.pdf

 

Sanmartino, J. (2007) Gracias, por hoy paso? Venezuela: La izquierda socialista y el PSUV, http://www.anticapitalistas.org/spip.php?article21036

 

Trotsky, L. (2007) Escritos Latinoamericanos, Buenos Aires: IPS.

 

http://www.democraciasocialista.org/?p=4444


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