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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-04-2015

Acuerdo nuclear
Triunfo tctico de EEUU, estratgico de Irn

Augusto Zamora R.
Rebelin


El acuerdo sobre el programa nuclear de Irn, alcanzado agnicamente en Lausana, es, ciertamente, histrico, como lo calificara el presidente de EEUU, Barack Obama. Si no se frustra en los prximos tres meses, en los que deber quedar operativo, el acuerdo est llamado a cambiar significativamente la situacin poltica y geopoltica en Oriente Medio y Prximo y ms all. Como buen acuerdo, todos se sienten ganadores porque, en realidad, lo son. EEUU obtiene de Irn garantas suficientes de que su programa nuclear no terminar en bombas atmicas. Irn consigue el levantamiento del rgimen de sanciones, que mantiene ahogada su economa y limita gravemente su acceso a recursos, medios y tecnologas en el mercado mundial, al tiempo que mantiene su derecho a desarrollar tecnologa nuclear pacfica. Irn, adems, lograra la liberacin de unos 100.000 millones de dlares, retenidos en el exterior a causa de las sanciones. Libre de las mismas, podr rehacer su economa y fortalecer todas sus estructuras, lo que, a su vez, redundara en un mayor peso en el sistema regional y mundial. En ese sentido, el acuerdo para Irn es estratgico, pues su economa podra aspirar a ser una de las mayores de la regin, dado el enorme potencial en recursos que tiene el pas.

EEUU estaba necesitado de un acuerdo con el pas ms determinante de la regin. Con 1.745.150 kilmetros cuadrados, 80 millones de habitantes y fronteras terrestres con Afganistn, Iraq y Paquistn tres pases en efervescencia permanente-, controlando el Estrecho de Ormuz y con el avance islamista de postre, era costoso y contraproducente mantener a Irn fuera de las crisis, peor an mantenerlo como enemigo. EEUU arrastra dos duros fracasos militares en Afganistn e Iraq que, adems de mellar su prestigio castrense, ha golpeado severamente las arcas del pas. Todo podra querer, menos embarcarse en otra guerra, ahora contra el EI y, seguramente, contra Siria. EEUU tiene claro que su reto es ahora China y Asia del Este. Para dedicarle recursos y atencin a esa inmensa regin necesita arrojar lastre de Oriente Medio y Prximo, cuyos conflictos quitan mucho y dan poco, ms ahora que es autosuficiente en petrleo y gas. Un paso tctico para EEUU, pues lo estratgico en las prximas dcadas es la batalla del Pacfico. Tiene claro Washington que en ese ocano se decidir el futuro del mundo.

Rusia ha hecho valer su peso. Como ha expresado el Ministerio de Exteriores en un comunicado, Este compromiso poltico est basado en el principio formulado por el presidente de la Federacin de Rusia, Vladmir Putin, a saber: el reconocimiento del derecho incondicional de Irn a llevar a cabo su programa nuclear pacfico, incluidas las actividades de enriquecimiento de uranio, a condicin de que el programa sea controlado internacionalmente y se anulen todas las sanciones impuestas a la Repblica Islmica de Irn. Claro y conciso. China garantizara mayores suministros de hidrocarburos iranes y ampliara su presencia en una regin cada vez ms estratgica para su desarrollo. Europa, por su parte, ganara pues empezara a ver la luz de una solucin a la atroz espiral de terrorismo abierta por las criminales y estpidas guerras de agresin de la OTAN contra pases musulmanes. Todos contentos.

El acuerdo tiene hondas repercusiones polticas. De entrada, abrira paso a una cooperacin ms amplia y pblica entre Irn y EEUU para combatir al Estado Islmico (EI), estabilizar Iraq, resolver la sangrienta crisis siria y aumentar la presin sobre los irreductibles talibanes en Afganistn. Dara, as mismo, mayor legitimidad a la presencia iran en Siria e Iraq, donde viene apoyando a los gobiernos en la lucha contra el EI, Al Qaeda y otros grupos fundamentalistas violentos. Irn vera asentada y reconocida- su ascendencia en esos dos pases, para dolor de Israel, Turqua y Arabia Saudita, los tres aliados empeados en destruir al rgimen sirio y expulsar a Irn.

Irn aparece, en el desbarajuste de la regin, como el aliado necesario. No puede ser Arabia saudita, responsable, con Qatar, de la ola fundamentalista que barre el mundo rabe. No puede serlo Turqua, un pas excntrico, prohijador del EI, enemigo de Siria y del chiismo y aliado de Israel. No puede Egipto, enemigo de Hams y Hezbol, amigo de Israel, en guerra contra la mitad de su pueblo y sin nadie que pueda emular a Nasser. Queda Irn, pas estable y en orden que, pese al severo sistema de sanciones, ha logrado el mayor desarrollo cientfico-tcnico de la regin y posee la poblacin ms educada.

A diferencia de otros pases, Irn cuenta con el respaldo de China y Rusia, potencias determinantes en el nuevo orden multipolar. Rusia, sobre todo, se lleva uno de los mejores premios, pues queda como garante informal de los acuerdos y proveedor de tecnologa y uranio. Fortalecer los vnculos con Irn es esencial para Mosc, si quiere ser protagonista de primera lnea de los avatares de esa regin, donde slo le queda la arruinada Siria de Asad. Para Tehern, obtener recursos, tecnologas y armamento de Rusia y China es bsico para consolidar su renovado papel de potencia regional en alza. Entre esas armas estaran los deseados sistemas antiareos S-300. Rusia ha propuesto recientemente a Irn los sistemas Antey-300, versin modernizada de los S-300. Para Israel, la adquisicin por Irn de esos sistemas sera una catstrofe, pues anularan la eficacia de su fuerza area, en caso de que recibiera luz verde para un ataque a Irn.

Dos grandes perdedores deja este nuevo paisaje: Israel y Arabia Saudita. No escatim esfuerzos Israel para frustrar cualquier acuerdo. Benjamn Netanyahu vol a dar un discurso ante el Congreso de EEUU, para pararle los pies a Obama, pero lo nico que obtuvo fue ganarse la animosidad del presidente estadounidense. Arabia Saudita ve devaluado su trono de viga y guardin de EEUU en la regin. Al final, su visin radical y fundamentalista del Islam le pasa factura, pues sus resultados han sido desastrosos.

Lo que ms resienten ambos pases es la legitimacin internacional obtenida por Irn, cristalicen o no los acuerdos de Lausana. Irn ha demostrado al mundo que est dispuesto a colaborar y a resolver pacficamente los conflictos con Occidente, renunciando a cuestiones fundamentales de su programa nuclear. Si el Senado de EEUU deja en ridculo a Obama y rechaza los acuerdos, el responsable del fracaso ser EEUU, no Irn. Preparando el terreno para la batalla poltica en ciernes, el presidente Obama ha declarado que "este no es solo un acuerdo entre mi Gobierno y el de Irn; es un acuerdo entre las grandes potencias e Irn. Pase lo que pase con el acuerdo, Irn ya ha ganado.


Augusto Zamora R. es Profesor de Relaciones Internacionales.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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