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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-07-2015

El sueo imperial hecho realidad
Estados Unidos ha conseguido la guerra total

William Astore
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


Hola, soy el To Sam y soy un adicto a la guerra Introduccin de Tom Engelhardt

Era el verano de 2002. Los funcionarios ms encumbrados de la administracin Bush saban que lo de Iraq era algo realmente grande. De momento, estaban en los planes pero esperaban la llegada del otoo para lanzar la campaa a todo gas para convencer al Congreso y el pueblo de Estados Unidos de que deban respaldarlos. Como dijo en ese momento el jefe del equipo de la Casa Blanca, Andrew Card, que supervisaba la venta de la invasin, Desde el punto de vista del marketing, nunca lanzas un nuevo producto en agosto.

Para ellos, no haba que pensarlo tanto. El poder militar estadounidense contra el destartalado ejrcito de Saddam? Aquello sera, como lo describi un fantico neocon, un paseo. De hecho, ya estaban pensando hacia dnde se volveran despus. Como bromeaban los que estaban ala tanto de la cuestin, Todos quieren ir a Bagdad; los hombres de verdad quieren ir a Tehern. Sin embargo haba una figura clave que tena sus dudas. Segn Bob Woodward, del Washington Post, el secretario de Estado Colin Powell le hizo esta advertencia al presidente: Usted ser el orgulloso dueo de 25 millones de personas. Ser el dueo de todas sus esperanzas, aspiraciones y problemas. Ser el dueo de todo. Woodward seal tambin que en privado, Powell y Richard Armitage, secretario de estado adjunto, llamaban a esto la Regla de la cacharrera: Lo que rompas es tuyo.

De hecho, la cacharrera no tena reglas, pero cualquiera que fuera la regla pensada por Powell result ser el comienzo de algo que l no poda haber imaginado. Una vez que las cosas empezaron a ir desesperadamente mal, por supuesto, no haba manera de volver atrs con la invasin y se comprobara que el ttulo de propiedad de Iraq era hereditario. El presidente que accedi al poder a continuacin, en parte por haberse opuesto a la guerra y jurado que cuando llegara al Despacho Oval sacara a los militares de Iraq para siempre, es ahora el dueo de la tercera guerra de Iraq, algo de lo que no se siente precisamente orgulloso. Y si ha habido una nacin rota, esa nacin es Iraq.

Al final, la regla de Powell se ha convertido en algo aplicable a cada pas tocado por el poder militar de Estados Unidos en los ltimos aos, entre ellos, Afganistn, Yemen y Libia. En cada una de estas instancias, las esperanzas de Washington planearon muy alto. En cada una de estas instancias, el pas qued roto. En cada una de estas instancias, Estados Unidos acab aduendose de l de una manera cada vez ms horrorosa. Lo peor de todo es que en ninguna de estas instancias, Washington pudo arreglrselas para terminar la lucha de algn modo, ya fuera utilizando unidades de Fuerzas Especiales, drones o en el caso de Iraq todos esos recursos a la vez y miles de instructores despachados para poner en pie a un ejercito quebrado, la criatura de la administracin Bush en la cual se invirtieron 25.000 millones de dlares. El fracaso en todo el tablero sera la historia del siglo XXI de Washington en el Gran Oriente Medio y el norte de frica; aun as, la nica leccin que aparentemente se ha aprendido es que militarmente ha de hacerse ms, nunca menos.

William Astore, teniente coronel (retirado) de la fuerza area de Estados Unidos y colaborador habitual de TomDispatch, sugiere que tanto como pas como individualmente deberamos reconocer inmediatamente que este tipo de conducta es una adiccin y actuar consecuentemente.
* * *

De cmo hacer la guerra por cualquier cosa: pobreza, drogas, Afganistn, terror... Guerra contra las drogas. Guerra contra la pobreza. Guerra en Afganistn. Guerra en Iraq. Guerra contra el terror. El mayor error poltico de Estados Unidos tanto en el extranjero como dentro del pas es mirar cualquier cosa como un objetivo de guerra. Cuando se impone la mentalidad guerrera, esta elige las armas y las tcticas que se utilizarn. Limita los trminos del debate antes incluso de empezar. Da respuesta a preguntas que todava no haban sido formuladas.

Cuando algo se define como una guerra, queda establecido el empleo de la fuerza militar (o de las policas, prisiones y otras formas de coercin, todas ellas militarizadas) como principal instrumento de la poltica. La violencia se convierte en el medio decisivo y la victoria total, en el objetivo. Cualquiera que sugiera otra cosa es un soador, un apaciguador o incluso un traidor.

En resumen, la guerra es el gran simplificador, e incluso puede funcionar cuando se combate contra autnticas amenazas militares (como sucedi con la Segunda Guerra Mundial). Pero no funciona cuando cada problema se define como un problema de vida o muerte y se emprende una guerra contra un complejo problema social (la delincuencia, la pobreza, las drogas) o contra una ideologa o una creencia religiosa (el islam radical).

El omnipresente espritu guerrero de Estados Unidos

Pensad en la guerra de Afganistn. No en la de los ochenta, cuando Washington canaliz dinero y armas al fundamentalismo yihadista para con la intencin de rendir a la Unin Sovitica crearle un atolladero similar al de Vietnam, sino en la fase ms reciente que empez inmediatamente despus del 11-S. Recordad que el desencadenante de esa guerra fueron los ataques de 19 secuestradores (15 de ellos de nacionalidad rabe saud), que representaban una organizacin relativamente modesta sin parecido alguno con un pas, una Estado o un gobierno. Por supuesto, tambin estaba el movimiento fundamentalista Talibn que por entonces controlaba buena parte de Afganistn. Este movimiento haba surgido de los escombros de nuestra anterior guerra en ese sitio, un movimiento que haba proporcionado apoyo y refugio, algo a regaadientes, a Osama bin Laden.

Con las imgenes del desmoronamiento de aquellas torres neoyorkinas ardiendo en la conciencia colectiva de los estadounidenses, la idea de que Estados Unidos poda responder con una accin internacional de mantenimiento del orden destinada a quitar a unos criminales de las calles del planeta fue desterrada instantneamente de la discusin. Lo que surgi en cambio en la mente de los ms altos funcionarios de la administracin Bush fue la decisin de vengarse mediante una guerra contra el terror a gran escala, global y generacional. Su objetivo, totalmente militarizado, no fue solo eliminar al Qaeda sino toda organizacin terrorista en cualquier lugar de la Tierra, mientras estados Unidos se embarcaba en un experimento total de construccin violenta de una nacin en Afganistn. Despus de ms de 13 funestos aos, aquel experimento-guerra sigue en curso a un costo asombroso y con el ms decepcionante de los resultados.

Mientras la nocin de una guerra global adquira atractivo, la administracin Bush lanz su invasin de Iraq. La fuerza militar ms avanzada tecnolgicamente de la Tierra, aquella de la que el presidente habl como la mayor fuerza para la liberacin humana que el mundo ha conocido, fue dejada suelta para que instaurara la democracia y la Pax Americana en Oriente Medio. Por supuesto, Washington estaba en conflicto con Iraq desde la operacin Tormenta del Desierto, en 1990-1991, pero lo que empez como algo parecido a un golpe de estado (apodada operacin decapitacin) por parte de un poder extranjero, es decir, un intento de derrocar a Saddam Hussein y eliminar tanto a su ejrcito como a su partido poltico, pronto tom otro cariz y pas a ser una largusima ocupacin y otro experimento poltico y social de construccin violenta de una nacin. Tal como sucedi en Afganistn, el experimento blico iraqu an contina coleando y ocasionando enormes gastos, cuyos resultados son an ms desastrosos.

De estas guerras conducidas por Estados Unidos, el islam radical ha extrado fortaleza. Ciertamente, los radicales islamistas hablan de la presencia invasiva y aparentemente permanente de las tropas estadounidenses y bases militares en Oriente Medio y Asia Central como la confirmacin de su convencimiento de que esas fuerzas estn a la cabeza de una cruzada contra ellos y, por extensin, contra el propio islam (es revelador que el presidente Bush se fuera una vez de lengua llamara cruzada a su guerra contra el terror). Considerada en estos trminos, semejante guerra es por definicin un esfuerzo perdido ya que cada xito sirve solo para reforzar la narrativa de los enemigos de Washington. Sencillamente, no hay manera de ganar una guerra as como no sea parndola. De cualquier modo, ese curso de accin nunca est en el men de opciones en el que supuestamente los funcionarios de Washington eligen sus estrategias. Porque hacer esto, en el contexto del pensamiento guerrero, significara admitir la derrota (a pesar incluso de que la autntica derrota est ah desde el mismsimo instante en que el problema fue definido como una guerra).

Al menos en parte, nuestros gobernantes persisten en semejante locura de violencia porque por encima de cualquier cosa temen admitir una derrota. Despus de todo, en el mundo de la poltica o la cultura de Estados Unidos no hay nada ms peyorativo que cargar con el sambenito de perdedor de una guerra, el de alguien que se larg.

En los sesenta, a pesar de sus serias dudas sobre el curso del conflicto en Vietnam, el presidente Lindon B. Johnson estableci una regla de oro con su determinacin de que no sera el primer presidente de Estados Unidos que perdiera una guerra, sobre todo en un pequeo pas de mierda como Vietnam. Fue as que se mantuvo firme; de cualquier manera, el conflicto acab haciendo de l un perdedor y destruyendo su presidencia.

Como lo hizo notar el historiador George Herring, aunque L.B. Johnson combati su guerra, no quera ser recordado como un presidente guerrero. Dos generaciones ms tarde, otro tejano, George W. Bush, acept el mote de presidente guerrero con genuino entusiasmo. Cuando las cosas empezaron a estropearse, tambin l jur que ganara su guerra. Frente a una creciente insurgencia en Iraq en el verano de 2003, Bush no eludi el compromiso: Hganlos salir de la madriguera, dijo en el mejor estilo Clint Eastwood/Harry el Sucio. Hoy da, Washington est enviando otra vez tropas a Iraq por tercera vez para contener a una insurgencia cada da ms intratable, la versin radical del islam llamada Estado Islmico, un movimiento originado y en parte criado en Camp Bucca, una prisin militar estadounidense en Iraq.

Y solo para mantener las cosas en su lugar, el presidente Obama tambin acept la preeminencia de la guerra en la poltica estadounidense cuando pronunci su discurso de aceptacin del premio Nobel de la Paz 2009 en Oslo. All, hizo una conmovedora defensa del papel de Estados Unidos, la nica superpotencia militar del mundo:

Con todos los errores que hayamos cometido, el hecho es este: Estados Unidos de Amrica ha ayudado a garantizar la seguridad durante ms de 60 aos con la sangre de nuestros ciudadanos y la fuerza de nuestras armas. El servicio y el sacrificio de nuestros hombres y mujeres en uniforme han promovido la paz y la prosperidad desde Alemania a Corea y permitido que la democracia se haga fuerte en lugares como los Balcanes. Nos hemos hecho cargo de esta tarea no porque busquemos imponer nuestra voluntad. Lo hemos hecho aparte de nuestro inters por el progreso porque buscamos un futuro mejor para nuestros hijos y nietos y porque creemos que su vida ser mejor si los hijos y los nietos de los dems pueden vivir en libertad y prosperidad.

Fue un momento en el que la presidencia Obama se declar en sintona con el ya omnipresente espritu guerrero de Estados Unidos. Fue la autntica negacin de las nociones de esperanza y cambio y el inicio de la transformacin de Obama, va su programa de asesinatos con drones elaborado por la CIA, en el asesino en jefe.

Todo es una yihad

Los lderes estadounidenses de los ltimos tiempos tienen algo en comn con sus equivalentes en el extremismo islmico: implcita o explcitamente, todos ellos definen cualquier cosa como una yihad, una cruzada, una guerra sagrada. Pero los violentos mtodos utilizados por las varias yihads sean islmicas o seculares en la consecucin de sus objetivos solo sirven para eternizar y a menudo agravar el conflicto.

Pensad en las numerosas as llamadas guerras estadounidenses y evaluad si acaso ha habido algn progreso mensurable en alguna de ellas. En 1964, Lindon Johnson declar la guerra contra la pobreza. Ms de medio siglo despus, todava existe un nmero alarmante de personas desesperadamente pobres y, en lo que va del siglo XXI, la brecha entre los ms pobres y los ms ricos se ha ensanchado hasta convertirse en un abismo (de hecho, desde los das del presidente Ronald Reagan se podra hablar de una guerra contra los pobres y no contra la pobreza). Y contra las drogas? Cuarenta y cuatro aos despus de que el presidente Richar Nixon anunciara la guerra contra las drogas an hay millones de personas en la crcel, se han gastado miles de millones de dlares y las drogas abundan en las calles de las ciudades estadounidenses. Y la guerra contra el terror? Ya van 13 aos y seguimos contando desde que se lanzara aquella guerra; los grupos terroristas, menores por sus efectivos y alcances en 2001, han proliferado salvajemente y ahora existe una cosa llamada califato lo que una vez fuera una fantasa de Osama bin Laden en Oriente Medio: el Estado Islmico, que se ha hecho con partes de Iraq y Siria; al Qaeda crece en Yemen; Libia es el reino del caos y se la reparten cada vez ms organizaciones extremistas; y hoy muchos inocentes continan muriendo vctimas de los ataques con drones de Estados Unidos. Y sobre Afganistn? El negocio del opio se ha recuperado a lo grande, el Talibn est resurgiendo y la regin es cada da menos estable. Y en cuanto a Iraq? Es un caldero donde hierven las rivalidades y los odios tnicos y religiosos, con ms armamento estadounidense en viaje para alimentar la matanza en un pas que, desde el punto de vista funcional, ha dejado de existir. La nica certeza en buena parte de esas guerras estadounidenses es su violenta continuacin, aun cuando de cada una de las misiones originales solo quedan jirones.

La esencia misma de los mtodos empleados por Estados Unidos y la mentalidad de los polticos que los adoptan garantizan su perpetuacin. Por qu? Porque mediante una guerra es imposible acabar con la adiccin a las drogas y con la violencia ligada a ella. Lo mismo pasa con la pobreza. Lo mismo pasa con el terrorismo. Tampoco el islam radical puede ser derrotado con la construccin militar de una nacin. Ciertamente, el islam radical encuentra su mejor caldo de cultivo en las condiciones blicas creadas por Washington. El combate en la forma ya tan conocida no es ms que el viento que aviva y propaga las llamas del incendio.

Lo que importa es la mentalidad. En lugares como Iraq y Afganistn, lugares que para la mayor parte de los estadounidenses existen dentro de un contexto de guerra, Estados Unidos invade o ataca, queda empantanado, derrama recursos indiscriminadamente y crea un desierto al que llama paz (segn palabras del historiados romano Tcito). Despus de lo cual, nuestros lderes se muestran sorprendidsimos al ver que el problema no hace ms que crecer.

Desgraciadamente, con todo lo montona que es, la cancin sigue siendo la misma en Estados Unidos: ms guerras que son conducidas cada vez de peor manera debido a la impaciencia por ver resultados en coincidencia con cada nuevo ciclo electoral. Se trata de una frmula en la que el pas est condenado a perder siempre.

Los curiosos rasgos de las nuevas guerras estadounidenses Histricamente, cuando un pas declara una guerra lo hace para movilizar la voluntad nacional de lucha, como claramente lo hizo Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, en ocasin de las guerras de las ltimas dcadas, en lugar de la intencin de movilizar a la poblacin, ha habido el propsito de desmovilizarla; incluso aunque los expertos son alentados a luchar y el dinero de los contribuyentes empieza a volcarse en el estado de la seguridad nacional y el complejo militar-industrial para que los conflictos puedan continuar funcionando.

Las guerras recientes, sea la relacionada con las drogas o la de Oriente Medio, nunca aparecen como un desafo que pueda ser respondido y resuelto por todos sino como algo que debe ser asumido por aquellos que supuestamente poseen la competencia y las credenciales y las armas para entender la situacin y luchar. George W. Bush sintetiz memorablemente esta mentalidad cuando despus del 11-S recomend a los estadounidenses que salieran a hacer compras o visitaran Disneylandia y dejaran el combate a los profesionales. En resumen, la guerra se ha convertido en otra forma ms de control social. Debes tener un arma o algn tipo de placa y poder hablar con energa y hacer que te escuchen; si no es as, no tienes nada que decir.

Adems, lo que hace que nuestras guerras estadounidenses sean nicas para el momento que vivimos es que nunca tienen un final discernible. Porque, qu es la victoria en la guerra contra las drogas o en la guerra contra el terror? Por definicin, una vez empezadas, esas guerras son muy difciles de detener.

Los cnicos pueden alegar que en esto no hay nada nuevo. Acaso Estados Unidos no ha estado siempre en guerra? No hemos sido siempre un pueblo violento? Hay verdad en esto. Pero al menos las generaciones estadounidenses de los tiempos de mi abuelo y mi padre no se definieron como guerreros.

Lo que Estados Unidos necesita ahora mismo es un programa de 12 pasos para romper el impulso de alimentar todava ms nuestra adiccin nacional a la guerra. Obviamente, el punto de inicio para Washington y ms en general para todos los estadounidenses es aceptar la necesidad de dar ese primer paso y confesar que tenemos un problema que no podemos resolver nosotros solos. Hola, soy el To Sam y soy un adicto a la guerra. S, mi adiccin es a la guerra. S que esto es destructivo para m y para los dems. Pero no puedo parar; no puedo sin ayuda.

Es frecuente que el verdadero cambio empiece con una confesin. Una confesin hecha con humildad. Admitiendo que uno no puede controlar todo, no importa lo violenta que pueda ser la rabia que uno tenga; desde luego, esa rabia no hace ms que agravar el problema. Estados Unidos necesita hacerse una confesin como esta. Solo a partir de ella podremos empezar a desengancharnos de la guerra.

William J. Astore es teniente coronel retirado de la Fuerza Area de Estados Unidos (USAF, por sus siglas en ingls); es colaborador regular de TomDispatch. Administra el blog The Contrary Perspective.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176016/tomgram:_william_astore,_"hi,_i'm_uncle_sam_and_i'm_a_war-oholic"/  







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