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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-07-2015

Acuerdo nuclear
Irn y el reordenamiento global

Augusto Zamora R.
Rebelin


El acuerdo sobre el programa nuclear iran fue recibido como una bomba en varias capitales del Prximo y Medio Oriente, particularmente en Tel Aviv y Riad, los dos mayores enemigos de Irn. Tanto Israel como Arabia Saudita consideran el acuerdo como una catstrofe para sus intereses y razones no les faltan. Con el acuerdo, la Repblica Islmica sale del club de los malditos, legitimada polticamente, fuerte militarmente y con un abanico extenso de posibilidades econmicas, comerciales y cientfico-tcnicas, fundamentadas en los enormes recursos energticos del pas.

Apenas terminadas las reuniones, los gobiernos de Rusia e Irn anunciaban la puesta en marcha de decenas de proyectos conjuntos, desde la construccin de centrales nucleares al desarrollo de yacimientos de hidrocarburos, pasando por construcciones ferroviarias y un incremento exponencial del comercio. Produccin de maquinaria pesada, aviacin, generacin elctrica, astilleros, productos agrcolas y alimenticios, etc. A todo ello habra que agregar el substancioso mercado militar, que empezara con la entrega al fin-, por Rusia de los sistemas de defensa antiarea S-300, congelada por el embargo. Los intereses mutuos de Mosc y Tehern son tan grandes que Vladimir Putin haba declarado, semanas atrs, que alcanzar el acuerdo nuclear era importante para grandes proyectos de cooperacin entre Rusia e Irn.

Rusia no es el nico pas que se volcara en Irn. China est tambin interesada en realizar grandes inversiones en un pas que es imprescindible para su megaproyecto de comunicar China con el golfo Prsico y el mar Mediterrneo, en lo que ha llamado las nuevas rutas de la seda. Se trata de un proyecto estratgico donde los haya, a travs del cual China se garantizara rutas y recursos en caso de conflicto con EEUU y, en cualquier caso, abrira una colosal ruta comercial transcontinental. Una ruta con la que espera completar su plan, ya en marcha, de construir una inmensa red de autovas y ferrocarriles que comuniquen China con casi toda Asia, Europa y frica, acortando distancias y sustituyendo vas martimas histricas como rutas comerciales. La posicin geoestratgica de Irn hace de este pas una pieza esencial del proyecto chino.

Para Irn, el tema nuclear haba dejado de ser tabla de salvacin ante un posible ataque de Israel y EEUU para convertirse en el mayor obstculo para su desarrollo econmico y cientfico-tcnico. El cambio drstico de circunstancias en Oriente Medio -tras los fracasos estrepitosos de la OTAN y EEUU en Afganistn e Iraq, la extensin del terrorismo de raz sun y el surgimiento del Estado Islmico-, haba situado a Irn en una posicin de fuerza. Su alianza con Iraq y Siria y el resurgir del chismo en Bahrein, Yemen y la misma Arabia Saudita, ampliaban su margen de maniobra y, mejor an, de seguridad. Era, pues, posible transigir en el tema nuclear ya secundario- para dar paso a un acuerdo estratgico y de mayor alcance sobre la cuestin nuclear, sobre un trueque: Irn garantizaba a Occidente la no construccin del arma atmica, a cambio del fin de las sanciones y del reconocimiento del derecho iran al desarrollo pacfico de la energa nuclear. Un acuerdo que abre a Irn una autopista a un portentoso desarrollo econmico.

Pese al feroz bloqueo econmico como sealamos en este diario hace algunas semanas- Irn se haba convertido en la decimoctava economa mundial, segn datos proporcionados por el FMI, superando a Australia y Taiwn. A pesar de las sanciones, el bloqueo cientfico y tcnico haba obligado a Irn a desarrollar su propio potencial cientfico y centros de investigacin. Este esfuerzo le llev a convertirse en la mayor potencia cientfica y tcnica del mundo islmico, lo que sac a relucir la Royal Society britnica en 2011, publicitando el dato del nmero de publicaciones cientficas iranes, que haba pasado de 736 en 1996, a 13.238 en 2008. Tal dato ilustraba el sorprendente desarrollo cientfico alcanzado por Irn, superior al de cualquier otro pas musulmn.

Con el acuerdo nuclear, Irn, de entrada, recuperar 100.000 millones de dlares que tiene congelados en el extranjero, a causa de las sanciones. Una cifra respetable que le permitira inyectar dinero fresco a su economa y empezar su reactivacin, sin tener que esperar a inversores extranjeros o a fondos provenientes del exterior.

Lo econmico, con todo y tener una importancia mayscula, no es el nica cuestin que el acuerdo nuclear a puesto en solfa. Israel ha recibido ese acuerdo como una derrota estratgica, pues considera a Irn el nico adversario de envergadura que le queda en Oriente Medio y Prximo. Si, an bajo el duro sistema de sanciones, el podero militar de Irn era una obsesin, un Irn reconstruido econmicamente y fortalecido militarmente es percibido como una amenaza ms que formidable. Similares razones han sacudido a Arabia Saudita, con el agregado de la rivalidad religiosa y la pugna por la hegemona poltica en la regin. Irn est lejos, relativamente, de Israel, pero Arabia Saudita lo tiene enfrente. Y dentro, pues en el pas de la familia Saud hay una relevante minora chita (14% de su poblacin), que se ha convertido en blanco del terrorismo del Estado Islmico fanticos sunitas-, que es apoyado por los Saud.

Un Irn fortalecido dispondra de ms recursos para apoyar a los gobiernos de Iraq y Siria en lucha contra los radicales sunes y el Estado Islmico. De hecho, el gobierno sirio ha celebrado el acuerdo nuclear, manifestando que dicho acuerdo repercutir de manera positiva sobre Siria, ya que le permitir prestar una gran ayuda al pueblo hermano de Siria. La consolidacin del eje Irn-Iraq-Siria, con sus aliados en Lbano (Hezbol y la mayora chita), Palestina (Hams) y Yemen (los hutes, atacados por Riad), quita el sueo a Israel y Arabia Saudita, adems de hacer poco feliz a Turqua, un tercer damnificado del acuerdo nuclear, aunque no haga protestas al respecto.

Hasta ahora, Turqua se ha presentado como el modelo musulmn a seguir y como la nica potencia regional capaz de contener a los enemigos de Occidente. No obstante, la implicacin descarada de Ankara en el atroz conflicto sirio y su apoyo solapado al Estado Islmico unido a su temor a un fortalecimiento del movimiento kurdo- ha mermado considerablemente su papel en la regin. El sueo turco de convertirse en el lder del pan-turkismo y de los rabes sunes ha naufragado en el torbellino de guerras religiosas y sectarias, que, sin el apoyo turco y saudita, no habran alcanzado la magnitud que tienen en el presente. En la realidad de las cosas, los tres grandes aliados de EEUU y la OTAN en la regin Israel, Arabia Saudita y Turqua- se han convertido en los grandes desestabilizadores de la misma y, por lo mismo, en una amenaza real a la paz. En medio de ese caos, la Repblica Islmica ha emergido como el Estado fundamental, el ms estable y prudente y, en resumen, el aliado inevitable si se quiere cortar de raz el extremismo islamista apoyado por israeles, saudes y turcos.

EEUU, por su parte, expresa con el acuerdo nuclear el descenso relativo de su inters por Oriente Medio. Si antes su dependencia del crudo de la zona del petrleo justificaba su despliegue militar y poltico, en el presente la tcnica del fracking le ha convertido en el primer productor mundial de petrleo y, por tanto, independiente de las vicisitudes de esa regin. Esto no significa que la abandone; simplemente la sita en un nuevo marco, donde la zona prioritaria para Washington es China y el Pacfico. Una muestra de realpolitik, en un mundo donde EEUU pierde peso aceleradamente, en tanto lo ganan China y Rusia. El acuerdo es otra muestra del inexorable reordenamiento de poder en la sociedad internacional. Los fracasos en Afganistn e Iraq hicieron ver que EEUU no puede mantener dos conflictos al mismo tiempo. Tambin, que necesitaba de Irn, Rusia y China para sostenerlos. Un mundo complejo donde los futuros rivales no sern Estados pobres y mal armados, sino potencias de la magnitud de Rusia y China.

La historia suele dar infinitas vueltas. La que ahora estamos presenciando es una de las ms sorprendentes, pero no inesperadas. Irn renuncia al uso militar de la energa atmica a cambio de ser reconocida y admitida como la potencia hegemnica en Oriente Medio y Prximo. Podr Israel y Arabia Saudita maniobrar en el Congreso de EEUU para que se rechace el acuerdo pero, en tal caso, quien quedara en evidencia seran Obama y EEUU. Un posible pero no probable- rechazo del acuerdo nuclear en el Congreso estadounidense liberara al resto de potencia de cualquier compromiso con EEUU, que sera responsable del fracaso del acuerdo. El Consejo de Seguridad validar el histrico convenio en pocos das, dndole legitimidad internacional. Frustrar el acuerdo sera un desastre poltico para Obama y para la OTAN. Irn, pase lo que pase, ha ganado ya. Lo habamos afirmado hace varias semanas. La afirmacin sigue siendo vlida. Deberan tomar nota en Europa, que ser la zona siguiente en ser abandonada por EEUU, cuya nica preocupacin real es su propia supervivencia. Lo dijo el presidente Ronald Reagan en noviembre de 1983: Nosotros no estamos en el mundo para defender los intereses de los dems. Estamos para defender nuestros intereses. Que tome nota quien desee.


Augusto Zamora R. es Profesor de Relaciones Internacionales.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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