Portada :: Opinin :: La Izquierda a debate
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-09-2015

Izquierda y pensamiento burgus

Gustavo Robles
Rebelin


A qu llamamos izquierda en el escenario ideolgico y poltico del mundo de hoy?

A partir de la Revolucin Francesa, se identifica como de izquierda a los grupos que actan en poltica desde posturas ideolgicas radicalizadas contra el sistema imperante. Con la irrupcin del marxismo y el anarquismo, qued consolidada la concepcin anti-sistema de aquellos que se proclamaban izquierdistas, con el objetivo de emancipar a las clases explotadas y marginadas y crear una sociedad nueva, igualitaria y sin explotacin del hombre por el hombre.

Hoy, sin embargo, luego de ms de un siglo de algunos triunfos, muchas derrotas y ms de un derrumbe catastrfico (como el de la URSS y todo el bloque considerado socialista) hay quienes quieren establecer que ser de izquierda es ubicarse en el lado opuesto a la derecha. pero dentro del sistema imperante, el capitalismo imperialista burgus.

Ser de izquierda, desde hace un par de siglos, signific no slo oponerse a los factores que provocan las injusticias en una sociedad, sino querer terminar con ellos para reemplazarlos por otros que construyeran una que no los permitiera.

Ser de izquierda, entonces, signific siempre intentar construir una sociedad con paradigmas diferentes a los imperantes, parndose desde fuera de lo existente para generar lo nuevo, intentando traccionar a las masas oprimidas y marginadas hacia ese horizonte que las liberara de toda opresin.

Hoy hay quienes nos quieren hacer ver que ser de izquierda es intentar humanizar el capitalismo -el mismo que provoca la desigualdad, la explotacin, la miseria, el hambre y las guerras- acomodndose dentro de l. Nada ms falaz y claudicante que esa postura.

El modo de produccin capitalista es el ncleo y la esencia del sistema que est pensado para protegerlo y desarrollarlo, el sistema burgus. No hay democracia en ese sistema, aunque hayan inventado la ilusin de las elecciones generales para hacerles creer a las masas que deciden algo: en las fbricas, en las empresas, en los bancos, no hay democracia, all deciden con autoridad absoluta los patrones, los dueos del capital, los dueos de los medios de produccin. Menos an en las fuerzas de seguridad y militares a su servicio. Tampoco en el funcionariado del Estado al servicio de los explotadores. Los asalariados son meros peones que a lo sumo pueden luchar por mejores condiciones laborales y de vida, pero nunca modificar la estructura de funcionamiento de la sociedad que los ubica en el lugar de explotados.

El modo de produccin capitalista no slo genera una estructura econmica y social, sino tambin y fundamentalmente una cultura (entendiendo como cultura los usos, costumbres y tradiciones de un pueblo). se es el verdadero triunfo de la clase dominante, la burguesa: haber construido una sociedad donde sus explotados replican y reproducen su concepcin de la sociedad y del mundo. Los explotados por los burgueses creen que no puede haber trabajo sin patrones, consolidando ellos mismos el sistema que los explota. Y defienden la propiedad privada, fuente de todos los males, creyendo que ellos pueden llegar a ser propietarios de algo, cuando nunca dejan de alquilar lo que creen suyo, pues la burguesa les impone impuestos permanentes para sostener su sistema. Los nicos propietarios, entonces, son los burgueses, pues son los dueos de los medios de produccin, incluyendo la tierra.

Ser de izquierda no puede significar aceptar esa forma de organizar la humanidad, tratando de hacer pagar menos renta a los explotados. Ser de izquierda tiene que seguir significando sostener una concepcin absolutamente diferente y opuesta de la cultura impuesta, intentando organizar a las masas para revolucionar las estructuras existentes e imponer un nuevo sistema donde los medios de produccin se socialicen, se suprima lo propiedad privada y no existan la explotacin, la desigualdad y la pobreza.

El dilema de la izquierda

Si ser de izquierda significa oponerse y luchar contra el sistema de explotacin para construir otra sociedad, quedan excluidos de esa concepcin quienes se han resignado a tratar de humanizar lo inhumanizable. Ser la izquierda del sistema entonces, no es ser de izquierda.

El problema fundamental de la izquierda hoy, entonces, es el de siempre: construir un mundo diferente al que vivimos. Un mundo justo, igualitario, sin explotacin y sin miseria. Lo cual significa una tarea monumental y, en las condiciones del mundo actual, del nivel de consciencia de las masas y de la propia izquierda en particular, bastante lejana.

Hay quienes nos quieren hacer creer que existen algunos lugares del planeta en condiciones para la liberacin de los pueblos de las garras del imperialismo. Sin embargo, esa lucha antiimperialista lejos est de serlo en los hechos. En Latinoamrica por ejemplo, se ha generado desde hace ms de una dcada una poderosa corriente de masas que se ha puesto de pie para resistir los embates de lo que se conoci y se conoce como neoliberalismo, debido a la injusticia e inequidad social que gener la implementacin de esas polticas. Pero esa resistencia a una de las formas en las que se expresa el capitalismo, no redund en una real consciencia anticapitalista. El antiimperialismo que emergi de ello, fue un raro caleidoscopio de bravuconadas contra el imperio, pero de apertura a las inversiones extranjeras, el financiamiento externo y las multinacionales a la vez. Si eso no es el imperialismo el imperialismo qu es entonces? Los gobiernos dscolos de Nuestramrica son fuertes de palabra, pero absolutamente dbiles en ideologa. Hablan de luchar contra el saqueo imperialista, pero ruegan por inversiones forneas o cambian el imperialismo yanqui por el chino o el ruso. El ltimo captulo de la resignacin es el acercamiento de Cuba a EEUU y al Vaticano.

Desde el siglo 19 al menos, y hasta casi fines del 20, la clase obrera luch por su emancipacin social y poltica con niveles de organizacin y logros notables. Luchaba por el poder. Desde el derrumbe de la Unin Sovitica, ms all de todas las crticas que se le puedan hacer, esa concepcin cay en un pozo, y hoy la clase trabajadora lucha para ser explotada en las mejores condiciones posibles. Los gobiernos rebeldes de la actualidad no se salen de ese corset. Como se ver, antes era mucho ms fcil ser de izquierda, pareca estar todo ms claro. Hoy, en cambio, la confusin y la divisin imperan.

Proletarios del mundo unos proclamaron Marx y Engels all por 1848. Los marxistas comprendieron desde entonces que su tarea era organizar a las masas trabajadoras para vanguardizar la lucha contra los explotadores del mundo y cambiarlo por otro. Sin embargo esa comprensin de la tarea y el objetivo revolucionario, no siempre se amalgamaba con acuerdos sobre las polticas a seguir. De ah que surgieron diferentes corrientes, todas las cuales quisieron imponer sus visiones, ya no al poder burgus, sino a los compaeros de objetivos y sueos. Slo en contados casos, y bajo determinadas condiciones, un grupo de revolucionarios o un individuo extraordinario lograba reunir las voluntades para la organizacin y la lucha. Y a veces, no slo se convocaban a su alrededor los revolucionarios, sino gran parte del pueblo. Ejemplos son los bolcheviques con Lenin a la cabeza, y todos aquellos dirigieron todas las revoluciones triunfantes. Pero tambin quienes vanguardizaron procesos que no lo fueron, como los revolucionarios alemanes con Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht a la cabeza. El marxismo entonces, se erigi como la ideologa fundamental de la revolucin mundial, y engendr en su interior las corrientes que cada proceso requiri. Algunas como contradiccin al poder burgus, y otras como discusin u oposicin a las corrientes marxistas imperantes.

La Revolucin Rusa, con la construccin del poder sovitico, en vez de zanjar las discusiones sobre las vas para llegar al Socialismo y luego a la sociedad sin clases, el Comunismo, gener intrigas palaciegas en su misma vanguardia, que termin con el triunfo y la imposicin del estalinismo. Fue esa corriente, obviamente con Stalin a la cabeza, la que dirigi la lucha contra el imperialismo burgus, contra el fascismo y durante la Guerra Fra. Apareca como el norte de todo revolucionario y, para la consciencia de la humanidad toda, aquello qued constituido como la concepcin del socialismo, aunque el socialismo nunca haya existido realmente en la URSS. Lamentablemente, bajo su conduccin, la Unin Sovitica se derrumb, con niveles de descomposicin de la tica revolucionaria y de corrupcin tan altos en el propio PCUS, que llev a muchos de sus cuadros a ser hoy parte de la burguesa explotadora en los pases resultantes de la implosin.

Ya no hay norte, ni faro. Todo est en discusin nuevamente. Menos la necesidad de la tarea de organizar a las masas explotadas y marginadas para la lucha contra la explotacin, todo est en debate. El marxismo ya no es la ideologa de la revolucin para muchos que se consideran revolucionarios. Otros, autoproclamados marxistas, se conforman con tratar de humanizar al capitalismo, en una contradiccin irremediable. Otros, como los chinos, explotan a millones de trabajadores desde el Estado dirigido por un PC que de comunista tiene el nombre solamente, generando un nuevo imperialismo con las herramientas del Mercado capitalista. Otros continan sosteniendo la estructura de pensamiento generada por Marx y Engels como la mejor herramienta para la revolucin, impregnndole su propia subjetividad y desdeando de la de los dems. Pero todos, todos, se autoproclaman como dueos de una verdad que es difcil de encontrar en la realidad.

Si los paradigmas que algunos crean eternos se han derrumbado y ya no hay referencias incontrastables salvo los viejos clsicos que aparecen ms vigentes que nunca quines se pueden arrogar la propiedad de la verdad? Nadie

A pesar de ello, hay quienes actan en poltica desde el marxismo autoproclamndose los nicos herederos de los autores del Manifiesto Comunista.

Las diferentes corrientes de la izquierda revolucionaria, declamando el espritu crtico, no aceptan el espritu crtico que no coincida con el propio. Se postulan a s mismas como la nica alternativa para la revolucin, predicando en un desierto donde la consciencia revolucionaria brilla por su ausencia a nivel de masas.

Un debate central suele ser la participacin o no en las elecciones burguesas. Los que no participan por principios acusan a quienes s lo hacen de socialdemcratas o pequeos burgueses, olvidndose que el propio Lenin llam a la participacin de los revolucionarios en los parlamentos burgueses bajo determinadas condiciones. Los que s optan por participar, generalmente terminan lavando sus discursos y hasta sus programas para lograr el voto de la gente, en lugar de utilizar esos procesos como tribuna para batallar en las consciencias de los marginados contra la cultura que les han impuesto. Eso los lleva, incluso, a festejar como triunfos el conseguir el 5% menos de los votos populares.

Lo trgico de toda esta realidad, es que a ninguno le interesa convocar a un debate abierto de la izquierda revolucionaria para organizar lo desorganizado y unir lo disperso. Pero algunos s se someten al debate dentro de la poltica burguesa con los partidos del sistema, y pretenden con votos reemplazar el atraso de la consciencia popular.

La cuestin es que, desde un declamado pensamiento anti-sistema, se construye desde concepciones propias del sistema Qu significa, sino, creerse los nicos poseedores de la verdad? qu es, sino, generar espacios a los cuales se los maneja como los burgueses a su propiedad privada? qu es, sino, ejercer derecho de admisin entre luchadores por el socialismo, para construcciones supuestamente proletarias? Lamentablemente, la cultura burguesa atraviesa transversalmente, todava hoy, a quienes dicen combatirla.

Si todo est en debate y no hay verdades reveladas ni dueos de la verdad, lo que debera exigirse a s mismo el espectro ideolgico que alguna vez dirigi la mitad del mundo y ya no, es justamente el debate abierto y fraterno entre los que profesan la idea de la revolucin, el socialismo y el comunismo. Las corrientes surgidas al calor de la lucha revolucionaria del siglo 20 carecen de sentido si slo sirven para dividir y no para aglutinar. Pueden sostenerse como referencia para la historia y la discusin, no para la exclusividad de la construccin futura y necesaria. En ese sentido, habra que volver a las bases y organizar al marxismo slo como marxistas con la referencia ineludible del leninismo como organizador de la herramienta revolucionaria.

Ningn cambio radical en la organizacin de la sociedad es perdurable si no se sostiene en la consciencia de las masas. Sin ello, toda variante ser solo circunstancial y superficial. Debe haber un convencimiento masivo, un cambio de paradigmas en la concepcin social de los explotados y los marginados del sistema, la mayora absoluta de la Humanidad. Por eso la batalla es fundamentalmente cultural e ideolgica. Y esa batalla slo podr darse con expectativas de xito desde una organizacin fuerte con un comando nico que comprenda la naturaleza de esa lucha, ms all de las polticas propias que pueda tener cada corriente que integre ese comando. Debe haber una estrategia consensuada, con tcticas que se correspondan a ella. De otra manera, las polticas dispersas y hasta contradictorias de la atomizacin infinita, slo contribuirn a la confusin donde se necesita coherentizacin, y sern siempre funcionales a los intereses de los que se dice combatir, los explotadores del mundo.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter