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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-10-2015

Entrevista a Facundo Nahuel Martn, militante de "Democracia Socialista" e integrante del consejo editor de la revista "Herramienta"
El marxismo es una teora integral de la modernidad

Democracia Socialista


Versin completa de la reciente entrevista a Facundo Nahuel Martn que realiz y public la revista Sudestada, en su nmero 139. Facundo es militante de Democracia Socialista, integrante del consejo editor de la revista Herramienta y licenciado en filosofa por la Universidad de Buenos Aires. Realiza investigaciones sobre marxismo y teora crtica de la sociedad

1) En primer lugar una pegunta personal porque me interesa saber desde qu lugar se estudia hoy a Marx te defins como marxista o como investigador del marxismo? Si te defins como marxista, en qu aspectos centrales defends ese sentido de pertenencia?

Por supuesto, me reivindico marxista. Me parece que ese sentido de pertenencia es indispensable, por razones tericas y polticas. Una aclaracin preliminar sobre eso: no creo que exista el marxismo. Como toda tradicin terica y poltica, el marxismo es un campo de disputa. Inscribirse en el marxismo es situarse conflictivamente en un campo de batalla, en una disputa (que no puede cerrarse) por el sentido de un legado. En ese sentido Bensad habla del archipilago de los mil y un marxismos. Reivindicar una tradicin plural es, entonces, un planteo doblemente conflictivo: ante todo, obviamente, contra los detractores de esa tradicin como tal. Pero tambin, en un segundo plano, es una discusin (ms o menos fraterna) contra otras apropiaciones, interpretaciones o elaboraciones, dentro de la misma tradicin. En ese sentido, es muy difcil determinar una serie de caractersticas fijas, estables, que delimiten el marxismo. El marxismo es una pluralidad de corrientes que se saben y reconocen deudoras de Marx y su herencia, pero que toman diversos tramos de esa herencia como punto de partida para el pensamiento y la accin.

Aclarado lo anterior, ser marxistas es imprescindible. Aunque parezca una perogrullada, mientras exista el capitalismo, las categoras de la crtica de la economa poltica de Marx van a seguir siendo imprescindibles para entender la realidad. Evidentemente, desde el siglo XIX, cuando Marx escribi, hasta nuestros das, el capitalismo ha sufrido grandes cambios, atravesando fases donde la acumulacin se dio bajo patrones y formas diferentes. Pero han sido, todos ellos, cambios dentro de lo mismo, cambios dentro del mismo proceso civilizatorio gobernado por el capital. Que el capital haya atravesado, por ejemplo, fases histricas donde predomin la intervencin del estado en la economa, y luego fases de liberalizacin de los mercados, no cambia su condicin bsica de capitalismo, hablando en cierto nivel de abstraccin que da cuenta de las caractersticas bsicas de la realidad. Esto es: en toda esta larga historia de la marcha del capital sobre la tierra, permanecieron algunas caractersticas que le son propias al capitalismo como tal, como la necesidad de explotar la fuerza de trabajo, la sumisin de la vida social de conjunto a la exigencia de producir para la ganancia (y no para satisfacer necesidades o anhelos de las personas), la reduccin de la naturaleza (incluyendo los cuerpos de las y los trabajadores/as) a medios de la valorizacin del capital, la modulacin de los descubrimientos tcnicos para la ampliacin de la ganancia de las empresas, etc. Mientras todo eso (que hace al capital como tal, al concepto del capital, allende las modulaciones que ste tenga en cada poca y cada contexto local, regional, nacional), el pensamiento de Marx va a seguir siendo una clave imprescindible para comprender la realidad.

2) Si tuvieras que mencionar algunos ejemplos concretos para destacar la vigencia del pensamiento marxista como herramienta para analizar el presente poltico a nivel global, cules seran?

Si se atreve a interrogarse a s mismo y a trabajar su propias categoras, a modularlas, el marxismo como teora social puede pensarlo todo. Parece una provocacin o una afirmacin demasiado intrpida, excesiva, pero ser marxistas consiste en ese exceso. Un aspecto central de la tradicin versada en Marx, algo que enfatizaron el marxista hngaro Goerg Lukcs y luego la Escuela de Frankfurt, es que el marxismo analiza los fenmenos sociales desde el punto de vista de la totalidad. Ac est el exceso terico del marxismo, sin el cual la tradicin se desafila como pensamiento crtico, y que significa que el pensamiento marxista no es una teora local. No es una teora de la economa, ni de la lucha de clases en sentido acotado. Es una teora integral de la modernidad, una teora comprehensiva, global, de la sociedad moderna. En ese sentido, el marxismo no es una teora acotada por ejemplo a la economa ni a la lucha de clases. No permite dar cuenta slo de la produccin y circulacin de mercancas, ni slo de las luchas en las fbricas. Con algunas inflexiones tericas necesarias, el marxismo puede modularse en una teora de las formas de subjetividad, de las formas de relacin entre las personas, etc.

Con todo, me gustara destacar un emergente relativamente actual: la crisis econmica que estall en 2008 cuando se pincharon las burbujas de la especulacin inmobiliaria. De hecho, desde 2008 ha habido una vuelta al anlisis marxista de las crisis capitalistas. Un economista entendido en Marx podra decir muchas cosas sobre la crisis. Ante todo, los marxistas debemos decir que la crisis no es producto de la maldad subjetiva de nadie. No fueron las irresponsabilidades de los banqueros, ni siquiera las polticas neoliberales, las que llevaron a la crisis. Fue el capital como tal. En 2013 el grupo Krisis (Norbert Trenkle y Ernst Lohoff) public en Alemania un libro (Die groβe Entwertung) cuyo subttulo dice Por qu la especulacin y el endeudamiento pblico no son las causas de la crisis. No importa el detalle del argumento del libro, el punto es que la crisis econmica no es producto de negligencias subjetivas en el sector privado o pblico, sino de la lgica misma del capital y sus crecientes dificultades para valorizarse a s mismo. Y ah hay un gran punto, sobre todo contra las (hoy, en nuestro pas, redivivas) ilusiones keynesianas, capitalistas estatistas o socialdemcratas. Estas ilusiones sostienen que se puede controlar al capital con una buena iniciativa poltica. No: mientras exista el capital, hay una serie de necesidades que constrien a la poltica (como la de valorizar capital, esa absurda prctica de trabajar para acrecentar las de las empresas, en lugar de producir para el consumo de bienes tiles); necesidades son en ltima instancia incontrolables y que producen una serie de efectos catastrficos en nuestras vidas, como la destruccin de la naturaleza, el padecimiento de nuestros cuerpos (porque trabajar, en el capitalismo, es una actividad fundamentalmente desensualizante, ligada a la disciplina ante un comando externo). Las crisis son parte de las ms ostensibles, las ms visibles expresiones de estas implicancias destructivas del capital.

En relacin con las crisis y la dinmica ciega de los mercados, hay que invertir las frmulas habituales de los reformistas de diversos colores, que nos dicen que la apuesta emancipatoria del marxismo es imposible. Por el contrario: lo que se ha probado imposible, histrica y lgicamente, es la ilusin socialdemcrata de controlar al capital con medios polticos, para producir una capitalismo justo o serio. David Harvey dice en su ltimo libro (Seventeen Contradictions and the End of Capitalism) que la humanidad va a tener que plantearse la dura eleccin entre la reforma imposible y la revolucin improbable. Esa es la ms importante leccin del marxismo para nuestro tiempo: que el socialismo, tras una serie catastrfica de derrotas y fracasos, parece muy improbable hoy; pero la otra opcin para la accin progresista, la reforma, es imposible en ltima instancia. Los reformistas no van a fracasar en la arena poltica, no van a fracasar porque la derecha sea ms fuerte o porque los que militamos en la izquierda radical les quitemos nuestro apoyo (siempre les gusta quejarse de que le haramos el juego a la derecha). No: van a ser derrotados porque su programa poltico es inconsistente, porque ningn proyecto de administracin poltica del capital es posible.

Marx defini al capital como un sujeto automtico, un proceso de resortes objetivos ciegos, que las personas no podemos controlar. Eso significa dos cosas: primero, que los proyectos de administrar polticamente al capital son utpicos, mientras que ser revolucionarios constituye el nico realismo progresista posible. La poltica como puesta en discusin de los destinos colectivos, en la medida en que existe, existe contra el capital. Segundo, que la emancipacin hoy debe dirigirse contra lo ms difcil de todo, que es al fin y al cabo lo nico posible: contra el capital como tal. Mientras no interrumpamos el sujeto automtico que gobierna nuestras vidas, palabras como democracia o poltica, ligadas al proyecto de que la humanidad controle su destino, en lugar de que lo controlen la ganancia de las empresas o el mercado, no van a tener verdadero sentido.

3) Resulta casi imposible separar a Marx de las experiencias poltico-histricas del siglo XX que se basaron en algunos aspectos de su pensamiento Qu deformaciones, lecturas mecanicistas o tergiversaciones te parecen importante sealar para comprender ciertas desviaciones en esos procesos?

La pregunta es muy difcil de abordar. Se podran marcar varias cosas. El primer punto es el historicismo de ciertas lecturas desencaminadas del marxismo. Uso la expresin historicismo para referirme a la interpretacin del marxismo como una filosofa o una teora general de la historia, segn la cual hay una serie de etapas de la evolucin o del progreso, que todas las sociedades deben recorrer, pasando por el esclavismo, el feudalismo, el capitalismo y finalmente el socialismo y el comunismo. Esta idea fue paradigmticamente presentada por el propio Stalin en Materialismo histrico y materialismo dialctico. Esa una idea muy mala y muy peligrosa, ante todo porque tiene un uso poltico muy concreto: entender las periferias como pases atrasados en la evolucin histrica, pases que, como dice el pensador poscolonial Dipesh Chakrabarty, estn en la sala de espera de la historia, esperando a llegar al desarrollo, propio de los pases ms avanzados. Es una manera de leer el marxismo que se basa en algunas anotaciones de Marx, pero que es desmentida fuertemente por otra lectura posible de los textos. Y, sobre todo, es una lectura que lleva a consecuencias polticas eurocntricas, a leer las realidades perifricas como simple atraso y carencia. Un ejemplo de estos peligros puede verse en algunas posiciones que tuvo el PC argentino, por ejemplo cuando sostenan la tesis de la revolucin por etapas (primero burguesa y luego socialista), lo que justificaba, de paso, la subordinacin (en nombre de las pendientes tareas modernizadoras) a las burguesas vernculas.

El segundo punto tiene que ver con las derivas totalitarias de la mayora de las experiencias construidas en nombre del socialismo a lo largo del siglo XX. Es un punto que no podemos dejar de reevaluar si queremos que algn da el socialismo vuelva a ser un norte para la poltica emancipatoria. Lo terrible del siglo XX es que los revolucionarios no slo fuimos derrotados, sino que fracasamos, que la revolucin fracas incluso all donde triunf, como deca Theodor W. Adorno en los aos sesenta. Efectivamente, con contadas excepciones, muchas experiencias revolucionarias en las que incluso se lleg al poder, luego no lograron ofrecer una alternativa solvente en trminos de proyecto emancipatorio, sino que redundaron en procesos totalitarios. Desde el punto de vista estratgico y programtico, este es uno de los puntos fundamentales de auto-interrogacin del marxismo hoy.

El planteo autonomista, que tuvo mucho predicamento a fines de los noventa y principios de los aos dos mil, podemos decir que fue un primer intento, aunque a mi ver equivocado, de respuesta a las debacles totalitarios del siglo pasado. Me refiero a posiciones como la de Cambiar el mundo sin tomar el poder de Holloway o Multitud de Negri y Hardt. No es raro que el autonomismo haya tenido gran predicamento no mucho despus de la cada de la URSS y su ciclo histrico se explica en ese contexto. Tras el desastre totalitario del estalinismo (y, encima, su cada y transicin al capitalismo) es entendible que muchos activistas y tericos marxistas hayan optado por construir una desviacin anti-estatalista, anti-organizacionista y, en el fondo (como Holloway tiene la desgracia de reivindicar) anti-poder. El autonomismo es en definitiva un marxismo de la derrota, que se preocupa ms por no repetir fracasos del pasado que por lograr un planteo programtico superador. La analoga (creo que esto lo dijo Lenin) sera con quien prefiriera no pensar, por miedo a equivocarse. Claro: si uno se dedica a pensar, corre el riesgo de equivocarse. Pero es ridculo renunciar a pensar para no correr ese peligro. Estos compaeros hacen lo mismo. En efecto, discutir el poder, el Estado y el partido, hace posible (pero no necesaria) la deriva totalitaria. Aspirar al poder implica el riesgo de que el partido termine por censurar la prensa, perseguir a los disidentes, imponer su lnea como doctrina de Estado, etc. Y entonces tendramos, ms que una salida emancipatoria del capitalismo, un desastre totalitario, con una burocracia estatal constituida en nueva clase dominante. Pero responder a este riesgo negando la posibilidad de construir un partido poltico que aspire al poder del Estado, nos desarma por completo para la lucha. Esto ya casi no es necesario mostrarlo tericamente: la experiencia es suficientemente elocuente. En la Argentina, sin ir ms lejos, la izquierda autnoma tuvo su auge y cada con el proceso de movilizacin popular 2001. Y hoy, a falta de partido y estrategia para llegar al poder, qu tenemos? No slo no se hizo la revolucin en nuestro pas (lo cual, probablemente, de todos modos no era posible). La derrota es ms profunda: ni siquiera perdura una organizacin importante que haya podido resistir el ciclo kirchnerista. Cremos que podamos cambiar el mundo sin tomar el poder, que el Estado ya no importaba y que la auto-actividad de la clase se bastaba a s misma, mientras que la clase dominante, con muy poco (con los magros recursos del capitalismo perifrico y dependiente) logr restituir, en pocos aos, la legitimidad del Estado burgus. Frente a ese proceso, la mayora de las experiencias autnomas directamente desaparecieron, o se replegaron en grupos pequeos, insignificantes en la lucha de clases. Menuda leccin: ni cambiaron el mundo sin tomar el poder, ni fueron capaces de recomponer siquiera un saldo organizativo para el cambio de etapa. De hecho, las organizaciones nacidas en el clima poltico del 2001 que han tenido una vida mayor (la llamada izquierda independiente), aunque tambin sufrieron o sufren crisis profundas, me atrevo a decir, tuvieron una mejor productividad poltica porque se apresuraron a abandonar las consignas y propuestas autnomas.

Frente a ese contexto, creo que hay que decir que estamos en un proceso de reaprendizaje estratgico y organizativo de la izquierda (me detuve en el caso argentino pero el proceso es global). Este proceso nos exige volver a dar los debates fundamentales (el Estado, el poder, el partido o como prefieran decirle a la organizacin poltica, ya que parece que hoy da queda mal seguir hablando de partidos polticos). Es preciso volver a pensar una estrategia de poder global y radical para la izquierda, y un formato organizativo capaz de desplegar esa estrategia de poder. Bensad habla de la necesidad de un leninismo libertario. Me parece que esa consigna sintetiza las interrogaciones del presente, con independencia de que la desarrollen movimientos sociales o populares que caminen hacia formas superiores de organizacin poltica y centralizacin, o bien agrupamientos que se reconozcan como partidos polticos, pero que decidan interrogarse por problemas como la burocracia, las formas democrticas de participacin, el autoritarismo, etc.

4) Uno de los elementos originales que plantes en Marx de vuelta es la posibilidad de aplicar el pensamiento marxista para analizar el surgimiento de nuevos movimientos sociales. Desde qu aspectos el marxismo aporta elementos a esa lectura?

En Marx de vuelta planteo que, partiendo del pensamiento de Marx y desplegando algunas de sus consecuencias no tan exploradas, se puede elaborar una teora de los as llamados nuevos movimientos sociales. A partir de los aos sesenta, la poltica de izquierda empez a guardar mayor relacin con una serie de procesos de organizacin y lucha que no estn centrados exclusivamente en el movimiento obrero, sino que politizan otros aspectos de la vida colectiva o individual. Estos movimientos se centran en cuestiones como el gnero, la identidad, la relacin con el medio ambiente, la etnia o la cultura. Se trata de expresiones como el ecologismo, la poltica LGBTQ o los pueblos originarios. Por definirlos por negacin, son movimientos cuyas formas de conflictividad social no se definen necesariamente en trminos de clase, sino que parten de otros planos como, repito, la subjetividad, la identidad, la cultura o el medio ambiente.

Mi intencin en el libro es, entre otras, plantear una perspectiva conceptualmente marxista, que d cuenta de esta proliferacin de sujetos. Obviamente, esto tiene que ver con una cuestin poltica: es indispensable que la poltica socialista logre articulaciones hegemnicas que incluyan las preocupaciones de los nuevos movimientos sociales. Pero intent retrotraerme a un planteo, si se quiere, previo, que piense la emergencia de los movimientos sociales a la luz de los cambios en las formas de vnculo social en el capitalismo.

Qu implicancias tiene el pensamiento de Marx para las formas de vnculo social en general? Si leemos la obra madura (El capital, los Grundrisse) encontramos en Marx una teora integral de la sociedad moderna, una teora crtica de la modernidad. Un importante intrprete de Marx contemporneo, Moishe Postone, habla de hacer una lectura categorial de Marx. La lectura categorial es aquella que se fija en los conceptos principales de la crtica de la economa poltica (el valor, el trabajo, la mercanca, el capital) y los reinterpreta como conceptos integrales de las formas de la vida social, que estructuran las maneras como las personas se relacionan entre s y con la naturaleza en nuestro tiempo.

Pienso que Marx, cuando estudia la gestacin del capitalismo, da cuenta de un procesos que tiene al menos dos aspectos. La acumulacin originaria, que genera las precondiciones sociales e histricas para la reproduccin del capitalismo, crea el proletariado moderno, es decir, crea una masa de trabajadores doblemente libres. Doblemente libres porque, por un lado, no estn sometidos a lazos de dependencia personal. No son vasallos de un seor, ni esclavos de un amo, sino hombres libres e iguales, que por lo tanto disponen libremente de su persona y pueden ir a vender su fuerza de trabajo en el mercado y hacerse explotar. Por otro lado, son irnicamente libres en cuanto desposedos: estn libres de, separados de, los medios de produccin (y Marx conoca bien la violencia de las formas como se gener histricamente esta separacin forzada, disolviendo viejas formas de propiedad comunal, etc.). As, se ven econmicamente empujados a trabajar a cambio de un salario para subsistir, pues carecen de otros medios para sobrevivir.

Junto con ese gigantesco proceso de desposesin que gesta las clases modernas, se da una mutacin en las formas de mediacin social. El capitalismo, entonces, se define en trminos de clase pero tambin en trminos de las formas que asume el nexo social. Para Marx, no se trata de que solamente cambie la clase que domina: con el pasaje al capitalismo, cambia tambin la forma de las relaciones sociales. Postone dice que se pasa de relaciones sociales abiertas a relaciones sociales cuasi-objetivas. Las sociedades no capitalistas, en su mayora, estn organizadas a partir de formas abiertas de nexo social. Esto significa que no ocultan su carcter social, que aparecen directamente como sociales. Por ejemplo, en las relaciones feudales, no est velado socialmente que se trata de relaciones de dependencia personal entre individuos sometidos a una jerarqua de poder. No hay una estructura objetiva y annima, como el mercado, que medie entre las personas, sino que las relaciones de dominacin aparecen directamente como tales: como relaciones de dominacin personal o directa entre individuos o grupos. Marx dice, en ese sentido, que el diezmo que se da al cura es ms prstino que la bendicin del clrigo. Eso significa, justamente, que la relacin de dominacin que mantiene, en este caso, la iglesia con la poblacin campesina, es manifiesta. Es manifiesto que, de lo que produjo el campesino, va a venir el cura y se va a llevar el 10 por ciento. La relacin no aparece bajo la forma de un contrato entre iguales, ni hay un sistema universal y cuasi-objetivo como el moderno mercado capitalista, que mediatice el vnculo entre el campesino y el clrigo: la relacin entre ambos es una relacin de dominacin inmediata, abiertamente social.

En cambio, en el capitalismo, las relaciones sociales no aparecen como tales. No son abiertamente relaciones sociales, relaciones entre personas o grupos, sino que estn conformadas como si fueran relaciones objetivas, annimas y abstractas. Por ejemplo, no es en modo alguno manifiesto que hay una relacin de explotacin entre el capital y el trabajo. La relacin entre ambos aparece como un contrato (el contrato de trabajo) que se da entre partes formalmente libres e iguales. La clase capitalista (a diferencia de las otras clases dominantes en la historia) no posee medios para coaccionar de manera directa a los trabajadores: no los obligan a trabajar con cadenas y ltigos, sino que los trabajadores son ciudadanos libres e iguales. Lo que los coacciona es el sistema de compulsiones de la sociedad de conjunto, sistema cristalizado en el mercado y donde las relaciones entre las personas aparecen como relaciones annimas, abstractas y como si fueran objetivas.

En sntesis, cambia no slo la dominacin de clase, sino tambin la forma del nexo social. En el capitalismo tienden a retroceder las relaciones de dependencia personal, los vnculos manifiesta y directamente jerrquicos entre individuos. Ahora, lo que domina a las personas no es ante todo la violencia o autoridad personalmente ejercida por otras personas, sino el sistema de constricciones objetivado de la sociedad de conjunto. Marx dice que los hombres dejan de dominarse los unos a los otros para pasar a ser dominados por abstracciones, por las abstracciones de la propia lgica social.

Esto puede parecer muy abstracto, pero implica que el capitalismo tuvo implicancias contradictorias para las formas del vnculo social. De una parte, es una sociedad profundamente totalitaria, en el sentido de que constrie las posibilidades de las personas para auto-determinarse, para elegir o modificar, individual y colectivamente, sus posibilidades de existencia. Antes deca que el capital es un sujeto automtico. Esas compulsiones objetivas del capitalismo, justamente, aplastan a los individuos y sus posibilidades de modificar sus vidas, de decidir qu quieren hacer y para qu, subordinndolos a exigencias fetichistas, surgidas de la propia dinmica social. Por ejemplo, la exigencia de acumular capital: toda la actividad econmica tiene que producir ms y ms ganancia, o se producen crisis, etc. La produccin no es controlada por las personas (como sera en una sociedad socialista), pero tampoco hay relaciones de dominacin directa entre un grupo y otro (como en las sociedades no capitalistas), sino que la lgica de las relaciones sociales implica una serie de exigencias que son ciegas, automticas e incontrolables para las personas. Es es la cara totalizante del capital: homogeneiza, uniformiza las relaciones sociales bajo los imperativos del trabajo asalariado y la produccin para la ganancia.

Ahora, esto que digo (que el fetichismo de la mercanca es una forma de dominacin social basada en compulsiones abstractas) no es nuevo en la teora marxista. La noverdad es pensar cmo eso se vincula con los movimientos sociales. Con el capitalismo tambin se produce una mayor independencia de los individuos. Puesto que las formas de nexo social no son determinadas por relaciones de dependencia directa o personal, sino por compulsiones abstractas, las personas tienen mayores posibilidades de determinar de manera independiente su trayectoria de vida. Tal vez, la idea misma de la persona como alguien que puede construir su identidad y su subjetividad a partir de elecciones particulares y contingentes, tenga relacin con esta mutacin histrica de las formas del vnculo social.

Ac sigo, entre otros, a un historiador marxista y activista gay norteamericano que se llama John DEmilio. DEmilio estudia cmo, en Estados Unidos, el desarrollo del movimiento y de la identidad gay tuvo una relacin con la aparicin del trabajo asalariado. En la sociedad colonial norteamericana no haba espacio social para un movimiento gay. Haba, dice DEmilio, prcticas homosexuales, que eran perseguidas (los registros jurdicos hablan de sodoma y obscenidad). Pero las personas no elaboraban esa prctica como el fundamento de una identidad, que pudiera luego politizarse y dar lugar a un nuevo movimiento social como el movimiento gay. La sociedad colonial se basaba fundamentalmente en una economa domstica, donde las unidades familiares, de carcter patriarcal, no producan para el intercambio sino para la autosubsistencia, y donde el intercambio era de menor importancia social. En ese marco, la dependencia personal con respecto a la autoridad patriarcal era, podemos decir, un aspecto fundamental de la manera como estaba articulada la sociedad. En ese marco, donde las personas no podan ser social ni econmicamente independientes de la familia patriarcal, algo como la identidad gay difcilmente poda desarrollarse, aunque hubiera, claro, prcticas homosexuales.

A medida que se desarrolla el capitalismo, la situacin cambia. Las familias dejan de ser unidades de produccin y consumo, en la medida en que la produccin para la subsistencia es desplazada por el mercado. Ms gente puede entonces abandonar la familia en la que naci y, por ejemplo, trasladarse a una ciudad y garantizarse la vida a travs del salario. Cada uno deja de estar atado de manera directa y explcita a una autoridad personal como la paterna: ahora son las coacciones annimas del mercado las que van a obligar a una mujer o un hombre a trabajar por un salario. Pero, justamente como los compulsionan mecanismos objetivos antes que autoridades personales, cada uno va a poder, en el marco de esas compulsiones objetivas, elegir una trayectoria de vida particular, contingente y diferente. Ahora, entonces, s aparece el espacio social para que la prctica homosexual d lugar a una identidad, sobre la base de la cual se van a poder plantear demandas sociales y polticas y se va a poder construir un nuevo movimiento social centrado en la militancia gay.

Lo anterior, claro, es complejo, porque por otra parte (aunque lamentablemente yo no saba esto cuando escrib Marx de vuelta, y por eso el planteo del libro es parcialmente incorrecto) el capitalismo acarrea una forma especfica de patriarcado. En efecto, el rgimen de trabajo asalariado capitalista no es neutral desde el punto de vista de gnero, sino que es patriarcal, como han mostrado varias feministas de inspiracin marxista (sigo en particular a Roswitha Scholz). El trabajo asalariado, en el capitalismo, es una actividad que se masculiniza: en un comienzo, se considera que el hombre trabaja por un sueldo (y por lo tanto goza de las libertades de ser un individuo libre en el mercado), mientras que la mujer se encarga de la reproduccin y las actividades reproductivas (las tareas del hogar, el cuidado y reparacin de las fuerzas de los cuerpos y la crianza de los nios, que garantizan la reproduccin de la clase trabajadora). As, el capitalismo es contradictorio: por una parte, desata un proceso por el que las personas se experimentan a s mismas como contingentes, como personas capaces de elegir o construir su identidad de manera particular. Por otra parte, instituye una nueva norma patriarcal, que considera persona libre e igual ante todo al varn, relegando socialmente a la mujer y demandndole que se quede en el hogar y se ocupe de las actividades reproductivas.

En sntesis, el capitalismo es una forma de dominacin de clase, pero que no se garantiza por lazos inmediatos de dependencia personal, sino a travs de relaciones fetichistas, que cobran la forma de vnculos annimos, abstractos y objetivos, que no aparecen como sociales. Con esa mutacin histrica, aparecen nuevas posibilidades para las personas, como la posibilidad de, rotos los lazos con la autoridad o la tradicin, construir una vida de manera contingente. Pero, al mismo tiempo, aparecen nuevas formas de dominacin particular, como la dominacin especficamente capitalista de los hombres sobre las mujeres, dominacin que tiene que ver con la masculinizacin del trabajo asalariado y la femenizacin de las actividades reproductivas. El capitalismo, entonces, es un rgimen social contradictorio tambin desde el punto de vista de la subjetividad o la identidad: pluraliza las formas de coexistencia, gestando nuevas posibilidades de independencia para las personas, pero a la vez constrie doblemente la vida colectiva, tanto por el carcter fetichista de su dinmica, como por la emergencia de un patriarcado especficamente capitalista (y habra que decir lo mismo de fenmenos como el racismo, el colonialismo, cosa que falta desarrollar). Y todo eso, obviamente, articulado con la dominacin de clase (que es parte constitutiva de esas mutaciones en las formas de mediacin social).

Los movimientos sociales no son, de antemano, ni simplemente sistmicos, ni necesariamente anticapitalistas. Son posibilitados por el capital, en el sentido de que emergen con la modernidad y el nuevo nexo social no basado en relaciones de dependencia personal. Pero eso no significa que se limiten a reproducir la lgica capitalista. Podemos decir, en cambio, que los movimientos sociales estn insertos en la dialctica abierta de la sociedad moderna, en el filo entre algunas potencialidades liberadoras que emergieron con el capital como proceso civilizatorio, pero cuya realizacin podra ir ms all del capital mismo; y la persistencia de las diversas formas de dominacin generadas por el capital. No es obligatorio que estos movimientos se politicen en sentido anticapitalista, pero pertenecen al mismo proceso histrico que gest al capitalismo, a las clases modernas y su lucha. Para pensar hoy la articulacin entre nuevos movimientos sociales y lucha de clases, me parece, los marxistas tenemos que partir de esta perspectiva centrada en la lgica social o en las mutaciones del nexo social que trajo el capital. Una vez que entendemos que el mismo proceso de creacin del trabajo libre moderno, es el proceso de reorganizacin del nexo social en el que se gestan los movimientos sociales, se puede volver a plantear la pregunta por la composicin de un sujeto revolucionario complejo (compuesto por la clase trabajadora y estos movimientos no definidos en trminos de clase) para un proyecto emancipador socialista a la altura de nuestro tiempo.



http://www.democraciasocialista.org/?p=5008


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