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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-12-2015

Fetichismo de la mercanca pornogrfica
Erotismo y miseria mercantilizada

Fernando Buen Abad Domnguez
Rebelin/Universidad de la Filosofa


En el comportamiento hacia la mujer, botn y esclava de la voluptuosidad comn, se manifiesta la infinita degradacin en que el hombre existe para s mismo Del carcter de esta relacin se desprende en qu medida el hombre ha llegado a ser y se concibe como ser genrico, como ser humano: la relacin entre hombre y mujer es la ms natural de las relaciones entre uno y otro ser humano. Marx

 

Todas las formas de la humillacin humana estn vigentes bajo el capitalismo, especialmente aquellas que han convertido en mercanca los cuerpos femeninos (aunque no exclusivamente) y aquellas que la ideologa dominante convirti en formas del placer basadas en alquilar personas para exhibirse, parcial o totalmente, desnudas. Esto, desde luego, es un problema moral y tico para las sociedades actuales porque es principalmente un problema econmico y poltico. Se ha dejado crecer una industria de la humillacin que transita zonas de clandestinidad relativa bajo el tapete de la doble moral burguesa que todo lo esconde y todo se lo perdona. Slo si es placentero y si es negocio. Que para ellos es lo mismo.

El colmo es usar a los pobres, (es decir a los empobrecidos) que el capitalismo fabrica, para auto-complacer las exigencias de una moralidad enferma de esclavitud y de aberraciones. La ya pauprrima educacin sexual que la moral burguesa genera, admite en sus entraas mercantiles el uso de los cuerpos femeninos como territorio liberado para la exposicin impdica del sometimiento y la enajenacin a cambio de unos pesos. Para esos fines son capaces de correr los velos de la invisibilidad de clase y mostrar reales o falsificadas, las imgenes de personas que no slo muestran su desnudez sin que muestran algunas de las heridas ms terribles de la lucha de clases. No les haremos aqu publicidad.

Alguien puso en de moda -la web- el erotismo de la miseria. Pagan por fotos de mujeres que se desnudan en los escenarios ms obvios del empobrecimiento para humillar ms a las mujeres su condicin de mercancas para la masturbacin. En este gnero pornogrfico que circula impunemente por Internet los escenarios para el cuerpo desnudo tienen una carga ideolgica terrible cuyo poder devastador radica en confirmar cunto placer le produce a la mentalidad burguesa masturbarse con el despojo. Aunque lo consuman, incluso, los menos burgueses.

Es violencia de gnero convertida en deleites utilitarios. Es humillacin convertida en mercanca de morbo cargada con moralejas de consumo en donde todo entra, todo se vende, todo encuentra una manera de ser usado y todo se rinde al poder del dinero. Es el glamour de una violencia de clase convertida en cuadros para una masturbacin que entre otras cosas anula las culpas burguesas. Es la barbarie icnica puesta en circulacin por un negocio que tiene ganancias no slo en lo financiero y no slo en lo ideolgico. Es, en suma, el capitalismo descomponindose en el uso de los cuerpos como representacin de la putrefaccin de mercado.

En todas las modalidades burguesas que ha tenido el tratamiento plstico de los cuerpos humanos, est presente tambin un dispositivo tico-esttico que recorri la obviedad o la sublimacin a granel a lomos de lo explcito y de lo obsceno. Hoy la corriente de la mercanca pornogrfica, que exige como escenario los escenarios cotidianos de la vida empobrecida, toca un lmite que desnuda ntegramente la esttica explicita de una burguesa cada da ms alevosa y perversa.

No habr emancipacin completa si no nos emancipamos, tambin, del estercolero esttico a que la burguesa nos ha arrojado como solucin de entretenimiento para las masas empobrecidas en lo material tanto como en lo espiritual. Es un estercolero del que suele no percibirse el vaho porque nos han convencido -mediticamente- de que es perfume de pueblo ignorante, holgazn y adicto a lo mediocre.

Como en todos lo objetivos de la guerra ideolgica, financiada por la burguesa, el plan no es slo oprimirnos y deprimirnos sino obligarnos a que estemos agradecidos y ahora excitados. Obligarnos a que aplaudamos a rabiar y les compremos todas sus mercancas envenenadas, convencidos de que siempre han tenido la razn y de que debemos capitular ante ellos convencidos que son el mejor modelo y gua para nuestras vidas.

Uno no puede recurrir a los bastiones de la moral burguesa para defenderse de su basura mercantil. Por ese camino no hay salidas. Eso explica por qu toda revolucin ha de serlo tambin en su tica y en su moral de lucha que, apoyadas en la crtica de las relaciones de produccin capitalistas, sepa ofrecer a la humanidad los valores transformadores que sern guas y programa de las nuevas conductas sociales, incluidas las conductas sexuales. Eso atae a la bsqueda colectiva de la felicidad y eso atae a la salud mental que ha de garantizar fortaleza de principios y de fines. Sin amos, sin clases sociales y sin humillaciones burguesas.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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