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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-03-2016

La "normalidad" de Israel

Santiago Alba Rico
Pblico


En 1982, tras la invasin del Lbano y las matanzas de Sabra y Chatila, el escritor israel Amos Oz entrevist al general Ariel Sharon, luego primer ministro, pendiente entonces de una investigacin oficial como ex responsable del Ministerio de Defensa. A lo largo de esa entrevista, un iracundo y sincersimo Sharon asume sin complejos su condicin de judeo-nazi y declara su disposicin a hacer el trabajo sucio a fin de que Israel sea un pas normal, con su pequeo certificado de penales, como Francia o Alemania, a los que sus pasados coloniales y genocidas no impiden ser ahora paladines de los derechos humanos, o como EEUU, que extermin a todos los indgenas y hoy es campen de la democracia.

No le importara, dice, matar un milln de rabes o poner bombas en sinagogas para abriles el paso a ustedes, los cantarines, los puros, los vegetarianos. l asumir, dice, ese certificado de penales y luego ustedes escribirn libros de arrepentimiento sobre mis crmenes. Para que haya judos normales, buenos, idealistas, judos que escriben, que cantan, que dan ejemplos de moral, es necesario que antes mi can y mi napalm hayan quitado a los indios las ganas de arrancar las cabelleras de vuestros hijos y de los mos, y que millones de yids hayan encontrado aqu una casa lo bastante grande como para acogerlos. En cuanto hayamos acabado este captulo, aade, el de la violencia, entonces ser vuestro turno, el turno de declamar vuestro texto. Produzcan para nosotros una hermosa cultura, unos valores, el humanismo. Hagan la amistad entre los pueblos, la luz de las naciones, todo lo que quieran, la moral de los profetas. Hgannos un Estado judo humanista por el que todo el mundo se felicitar, y por el que ustedes se felicitarn los primeros. Sharon, aclaremos, llama yids, lejos de su uso lingstico estricto, a los pequeos judos pacifistas y antisionistas a los que hay que amenazar cuanto haga falta para que entiendan que no tienen ms casa que Israel: yo har lo que sea necesario para echar a los rabes lo ms lejos posible de aqu, lo que sea para suscitar el antisemitismo, y ustedes escribirn poemas sobre la triste suerte de los rabes y acogern a los yids que yo habr hecho que se refugien aqu.

Planteado en los trminos meridianos de Sharon, podemos decir que los sucesivos gobiernos sionistas no han expulsado, matado o encerrado suficientes palestinos como para que Israel sea ya un pas normal. Estn en ello; estn an dedicados a hacer el trabajo sucio que el ex-primer ministro, muerto hace dos aos, hubiese querido hacer ms deprisa. Pero el esquema es siempre el mismo.

En el plano de la accin, conquistar territorio, levantar muros, matar gente, ahogar Gaza, abortar cualquier atisbo de paz. En el plano de la hasbara, identificar antisionismo y antisemitismo a fin de desacreditar toda resistencia y toda crtica, incluidas las de los judos e israeles cantarines y vegetarianos, y apuntalar como una necesidad defensiva la empresa colonial en Palestina. Estamos seguimos desde 1947 en pleno trabajo sucio y por lo tanto todos los judos del mundo y, desde luego, todos los israeles, deben ser de un modo u otro soldados de Israel, pequeos sharones dispuestos a colaborar en esta obra magna de construir, como hicieron los europeos, un Estado humanista sobre las ruinas humeantes del asesinato, el saqueo y la injusticia.

Israel, en efecto, no es un pas normal. Y no porque pretenda ser un Estado judo anomala religiosa incompatible con la democracia sino porque se sostiene cotidianamente sobre la negacin colonial del pueblo palestino. Casi todos los Estados, dir con razn Sharon, se han construido as. Es verdad. Tambin las pirmides se construyeron con esclavos. Pero a lo que obliga eso es a preguntarse si queremos construir otra pirmide y, en caso de responder afirmativamente, si debemos restablecer la esclavitud para construirla. Ningn pas es del todo normal y sus pequeos certificados de penales, ledos en voz alta, deberan servirnos sobre todo para no repetir los mismos crmenes.

Pero digamos que, desde la cspide de millones de crneos, desde la frgil conciencia democrtica adquirida en el siglo XX a tan alto precio, hoy sabemos que hay dos formas de forjar un pas normal. Una, clsica, la de matar o esclavizar a todos los que nos sobran confiando en hacer olvidar luego a nuestras vctimas. La otra, nunca del todo justa pero s ms razonable y pacfica, mediante el respeto de las leyes internacionales, el reconocimiento del otro y la negociacin.

Digamos la verdad sin escandalizarnos demasiado: Israel no deba haber existido nunca y no fue la presencia legtima de inmigrantes de religin juda en Palestina la que reclamaba su existencia; Israel es la obra del antisemitismo europeo, de la limpieza tnica del 47-48 y del doble colonialismo europeo y sionista. Pero Israel existe y algunos millones de seres humanos se sienten no slo judos sino tambin israeles, lo que complica mucho, sin duda, la des-sionizacin imprescindible, condicin de cualquier solucin.

Cualquiera que sea, en todo caso, esa solucin dos Estados, uno binacional o uno ciudadano, laico y democrtico su viabilidad pasa por normalizar Israel en sentido no-sharoniano; presupone, es decir, obligar a su gobierno a levantar el asedio a Gaza, derribar los muros, devolver las tierras y las casas, permitir el retorno de los refugiados; es decir, terminar con la ocupacin de Palestina y reconocer a su pueblo y a sus representantes. Esta condicin justifica el creciente pesimismo de los defensores del Derecho, pero nos exige puesto que los palestinos no se rinden un mayor compromiso y determinacin.

Escriba el admirable juez antimafia Roberto Scarpinato que Italia es el pas ms moral del mundo porque la existencia capilar, totalitaria, de la mafia obliga a cada uno de sus habitantes a tomar en cada instante la decisin moral de decir no -o claudicar. Ocurre en todos los pases en mayor o menor medida y no deberamos olvidarlo cuando votamos, trabajamos o hacemos la compra: es la necesidad misma de la poltica como eleccin cotidiana.

De ah que haya que admitir, en este sentido, y ms en un mundo globalizado, que ningn pas est completamente normalizado. Tampoco Espaa. Italia menos. Y menos an Israel. En los pases no normalizados todos los ciudadanos, por el solo hecho de serlo, deben decidir moralmente su existencia; mucho ms los intelectuales, los acadmicos o los artistas, cuya responsabilidad, proporcional a su poder e influencia, es tambin mayor. En Israel todos los israeles estn obligados a escoger todos los das cuando encienden la luz, van a un restaurante o, claro, hacen la mili entre la normalidad sharoniana o la normalidad humana; en cada gesto aceptan o no la ocupacin de Palestina y se unen o no, de esa manera, al trabajo sucio en curso. Los intelectuales y artistas de forma muy particular. Es posible decir no, como lo demuestran los casos de muchos judos y muchos israeles que lo hacen sin parar: pienso, por ejemplo, en Yuri Avneri, en Amira Hass, en Gideon Levy, en Norman Finkelstein, en Shlomo Sand o en Ilan Papp.

Muchos, por desgracia, dicen s a Sharon y a su proyecto de normalidad destructiva. Digo todo esto y es a donde quera llegar por el caso del cantante Idan Raichel, que actuar el prximo jueves 3 de marzo en la sala Caracol de Madrid. Tengo la suerte de no haber odo sus canciones. No voy a orlas. Se puede ser un canalla y hacer una msica excelente; y, si hubiese odo ya sus canciones y me gustase su msica, me resultara difcil, al mismo tiempo, no reconocer su calidad y seguir disfrutndola con alegra. Por qu no quiero que me guste? Porque Idan Raichel, que se presenta a s mismo como embajador cultural de Israel y se enorgullece de la historia reciente de Israel, como si fuese ya un pas normal, defiende sin pudor y en tono desafiante la tortura de los palestinos.

Su concierto, por lo dems, forma parte de la iniciativa Marca Israel lanzada en 2006 por el gobierno de Tel Aviv y cuenta con el apoyo y colaboracin de la propia embajada de Israel en Espaa, y ello en el marco de la campaa cultural de normalizacin de la ocupacin y criminalizacin de sus crticos. Desde aqu quiero unirme a la peticin de la RESCOP y pedir a mi vez a la sala Caracol la suspensin del concierto o, en su defecto, el boycot de los madrileos.

Decir no a los israeles que dicen s a la normalidad de Sharon es el mnimo de tica y compromiso que debemos a los palestinos y, ms importante, un pequeo paso hacia la viabilidad de la otra normalidad, la decente, la humana, la que no quiere construir pirmides y menos restableciendo la esclavitud; la que exige, como presupuesto de toda solucin, el fin de la ocupacin de Palestina y de los medios concretos que la prolongan: bloqueos, bombardeos, colonias, expulsiones, voladura de casas, asesinatos, encarcelamiento, torturas. No basta con que los palestinos digan no; no basta con que digan no algunos israeles valerosos; tenemos que decir no todos los ciudadanos normales en todos los pases seminormales del mundo, porque solo presionando a Israel, deslegitimando su propaganda y entorpeciendo sus relaciones normales con gobiernos, universidades e instituciones y organizaciones culturales lograremos quizs un poco de normalidad verdadera en Oriente Prximo y, por eso mismo, en el mundo entero.


Fuente original: http://blogs.publico.es/dominiopublico/16030/la-normalidad-de-israel/



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