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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-03-2016

Construyendo comunidad urbana: Errekaleor Bizirrik y la Comunidad la Esperanza

Ren Behoteguy Chvez
Rebelin


En la actualidad, dentro de los territorios dominados por el Estado espaol, en medio de una crisis profunda que ha golpeado de lleno a las familias trabajadoras, empobrecindolas y condenndolas a la precarizacin ms absoluta, ms all de los supuestos portadores de un cambio parlamentarista, edulcorado y continuista del sistema capitalista. A escala menor y sin tanto revuelo meditico, surgen verdaderos proyectos transformadores que, desde lgicas de recuperacin de lo comunitario, cuestionan de fondo y en profundidad los antivalores del sistema decadente y en crisis que rige nuestras vidas. Es el caso de los dos mayores proyectos de ocupacin urbana en pie a da de hoy en el Estado, me refiero a la Comunidad La Esperanza en Santa Mara de Gua en Canarias y el barrio liberado de Errekaleor en Vitoria-Gazteiz en Euskal Herria.

Ambos proyectos tienen diferencias resaltables y aspectos en comn que los hacen enriquecedores, el caso de la Comunidad La Esperanza, parte de la iniciativa de la Federacin Anarquista de Gran Canaria (FAGC) que, ante el drama de las miles de familias que cada ao en Canarias, son desahuciadas por los bancos de sus viviendas, decide en 2013 habilitar unos bloques abandonados por la Promotora Piornedo, incapaz de continuar el proyecto dada la cada del sector inmobiliario, y que tras ser rehabilitadas sirven para realojar, en la actualidad a unas 200 personas de ms de 70 familias en situacin de enorme vulnerabilidad social y que, sin este proyecto, a da de hoy dormiran en las calles de la isla. Pero el proyecto va ms all de solucionar un problema de vivienda, ya que tiene la particularidad de que ha logrado que las familias all realojadas, la mayora sin militancia poltica anterior, asuman la autogestin del inmueble de manera absolutamente horizontal y autogestionaria, poniendo en relieve la solidaridad y apoyo mutuo entre vecinos y vecinas, habilitando un huerto urbano como base del sustento del proyecto que, no solamente ha recuperado un espacio urbano en franco deterioro y lo ha dignificado, sino que con l ha devuelto la esperanza a familias a las cuales la lgica depredadora del sistema haba condenado a la ms absoluta marginalidad.

A dos mil kilmetros de la Comunidad La Esperanza y el mismo ao que la FAGC comenzaba a realojar familias en estos bloques. En Vitoria-Gasteiz un grupo de estudiantes comprometidos y comprometidas con el cambio social recuperaba el antiguo barrio obrero de Errekaleor, construido en los aos 50 como parte del auge industrial de Vitoria. Posteriormente el ayuntamiento intent desocuparlo para luego derribarlo y construir nuevas viviendas en pleno boom de la burbuja inmobiliaria. No obstante, una vez sobrevenida la crisis sufri un paulatino deterioro y abandono hasta que este grupo de estudiantes iniciaron el proyecto Errekaleor Bizirik (Erreakaleor Vivo), comenzando una ocupacin que, en la actualidad cuenta con ms de cien habitantes que son parte del proyecto, muchos de ellos y ellas jvenes estudiantes, pero tambin familias muy diversas en cuanto a su origen social y cultural. A da de hoy el barrio ha pasado de ser un lugar peligroso y abandonado, a convertirse en un barrio lleno de vida con cine, biblioteca, escuela Infantil, un centro cultural (Gaztetxe), panadera y huerto urbano. Un barrio que se va convirtiendo en un referente de cultura y pensamiento para la ciudad, con un ambicioso programa mensual de charlas, sesiones de cine debate, conciertos, clases de euskera y jornadas. Adems de las posibilidades futuras, asentadas en la produccin del huerto y la panadera, de ir constituyendo un proyecto cada vez ms autosustentable.

Ambos proyectos, a pesar de sus diferencias en cuanto a su origen y composicin social, tienen en comn el que, ms all de la ocupacin de viviendas y la resolucin por la va de los hechos y la accin colectiva del problema social de los desahucios, plantean formas de organizacin asamblearias, autogestionarias y horizontales que son base de una nueva forma de entender las relaciones sociales a contrava de la ideologa individualista y competitiva del capitalismo dominante.

La reaccin ante estas ocupaciones por parte de las autoridades polticas y los cuerpos represivos del Estado ha sido tristemente similar. Ambos proyectos han sufrido momentos de represin y acoso policial, y la actitud de los ayuntamientos tambin se parece, basndose en la amenaza constante de desalojo aduciendo, y esto es cuando menos absurdo, la propia seguridad de los habitantes de Errekaleor y La Esperanza, dadas las supuestamente malas condiciones de las viviendas. Al plantear esto, los ayuntamientos de Vitoria y Gua parecen no caer en cuenta, por un lado en el enorme esfuerzo colectivo de ambos proyectos de ocupacin en la rehabilitacin y dignificacin de las viviendas, ni por otra parte el hecho de que, an si estas no fueran ptimas, siempre sern mejor y ms seguras que vivir en la calle.

Llegados a este punto, uno se pregunta: por qu ayuntamientos que no tenan ningn problema en tolerar que los bloques de la Esperanza o el barrio de Errekaleor se vinieran abajo y se conviertan en focos de trapicheo de droga, basura e inseguridad, elevan el grito al cielo cuando personas organizadas los rescatan, refaccionan, dignifican y comienzan a generar barrios auto organizados que constituyen un aporte real y concreto a la sociedad. Por qu an a sabiendas que en las condiciones econmicas actuales, es inviable desde todo punto de vista que las promotoras urbansticas Ensanche XXI en Vitoria o Piornedo en Gua, hagan algo ms que no sea dejar cerradas y abandonadas estas viviendas, los alcaldes insisten en liquidar proyectos que si funcionan . La repuesta est implcita en la misma pregunta, lo que a los polticos y empresarios no les gusta de Errekaleor Bizirrik y de la Comunidad La Esperanza, es precisamente eso, que FUNCIONAN . Ya que al funcionar ponen el dedo en la llaga sobre lo mal que se gestiona la crisis, sobre lo injusto e irracional del sistema y pueden constituirse en un ejemplo a imitar para el resto de la sociedad. En este sentido hay al menos tres elementos que estos proyectos sacan a la luz y que, por tanto, incomodan en extremo al poder poltico y econmico:

El primero es dejar en evidencia la inoperante e injusta gestin urbanstica por la cual en el estado conviven sin que esto ruborice a los polticos, ms de 3 millones de viviendas vacas, con ms de 400.000 familias desahuciadas. La gestin del tema es tan deplorable que se ha dado el caso de verdadera esquizofrenia institucional, de que los mismos servicios sociales de los ayuntamientos que quieren desalojar Errekaleor y La Esperanza, enven a familias que se quedan sin vivienda a dichos proyectos demostrando su absoluta inoperancia para gestionar el problema.

El segundo es que desnuda la mentira de un supuesto Estado social y de derecho, en el que los derechos humanos a pesar de estar reconocidos en tratados y declaraciones o en la misma Constitucin, no pasan de ser un mero discurso. Est claro que los millones de parados y paradas, demuestran que se vulnera cotidianamente el derecho al trabajo; los mencionados desahucios, sin alternativa habitacional, vulneran el derecho a la vivienda; los recortes y progresivos planes privatizadores vulneran los derechos a la salud y la educacin; y, finalmente, con el ltimo acuerdo sobre refugiados y refugiadas de la Unin Europea y Turqua queda claro que tampoco se respeta el fundamental derecho a la vida humana. En este contexto de vulneraciones, la ocupacin de Errekaleor y de La Esperanza constituyen un choque entre el derecho a la vivienda digna propugnado por los proyectos y el derecho a la propiedad privada de los promotores inmobiliarios. La parcializacin de los ayuntamientos con los promotores, que solamente busca desalojar para dejar estos terrenos sin uso a la espera de que las vueltas que dan los ciclos econmicos los habiliten para una nueva ola de especulacin urbanstica, deja al descubierto un sistema econmico organizado en torno a un nico derecho, el de la propiedad privada, en particular la gran propiedad en manos de los poderes econmicos.

Finalmente un tercer elemento es el terror que siente el poder poltico al servicio del poder econmico, de que las familias trabajadoras, que han hipotecado sus vidas a deslomarse trabajando para entregarle ms del 50% de sus ingresos mensuales en concepto de hipotecas por ms de 30 o 40 aos a mafiosos/as banqueros/as que adems de recibir rescates pblicos, no tiene el menor rubor en echarlos a la calle, se den cuenta de que estn siendo estafadas por un sistema econmico al servicio de unos pocos/as y en el que los/as dems somos carne de can desechable ante lo cual, existen otras maneras de organizarse, luchar, resistir y vivir.

Es por eso que Errekaleor Bizirrik y la Comunidad La Esperanza, con sus poderosas similitudes y con sus enriquecedoras diferencias constituyen verdaderas flores de esas con raz profunda que quiebran el asfalto de lo establecido y defenderlas no es solamente responsabilidad de sus habitantes sino de todos y todas quienes an creemos en que se pueden construir sociedades de igualdad, libertad y justicia.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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