Portada :: Opinin :: La Izquierda a debate
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-03-2016

Apuntes sobre la filosofa de la historia de Hegel
Historia dialctica y dialctica histrica

Alberto Quinez
Rebelin


  1. Introduccin

El presente ensayo intenta aproximarse reflexivamente a la filosofa de la historia de G. W. F. Hegel, partiendo de la dualidad realidad/filosofa o, ms concretamente, historia/dialctica que est presente explcita o implcitamente- en la totalidad de la obra hegeliana. Para Hegel, hay una inseparabilidad ontolgica entre lo real y lo racional, por ello el concepto de lo real es lo real en s mismo. Por lo que slo desde esta unidad lo racional se realiza como entidad de lo real y lo real se convierte en materia asequible al pensamiento. As, la historia como mbito particular de manifestacin de lo real implica una forma ad hoc de acercamiento, interpretacin e interpelacin. Por ser la historia una forma del espritu, ese proceso de comprensin atae a la filosofa; pero no a una filosofa abstracta, por ms que la misma tenga una pretensin metafsica. Slo una filosofa que parte de lo real concreto, de la historia misma, puede comprender la historia.

De esta forma, este ensayo se estructura en dos apartados sustantivos. El primero de ellos est enfocado en explicitar cmo la historia presenta una dinmica particular de signo dialctico en todos los niveles de su desarrollo, situacin que para Hegel demostrara la unidad ontolgica de la realidad; lo que desemboca en la concepcin de la historia como una historia dialctica. El segundo apartado se orienta a mostrar que la dinmica de la historia slo es asimilable a partir de la dialctica como forma del conocimiento y que slo desde tal estatuto de la razn la historia se vuelve comprensible para la conciencia humana; pero esa dialctica no es una dialctica abstracta sino que se encuentra anclada al devenir de la historia misma, es, por tanto, una dialctica histrica.

  1. Historia y dialctica

En las primeras pginas de la Filosofa de la historia, Hegel seala que hay diversas formas de hacer ciencia histrica. Mientras unas formas se decantan por describir los hechos pasados, otras formas priorizan la interpretacin actual de tales hechos. El propsito de Hegel es superar esas formas parciales de asumir la historia a travs de lo que l llama la historia filosfica1. Como se tratar de demostrar, de la historia se deduce, en concordancia con el devenir general del espritu, una dialctica propia que tiene un sentido especfico.

En el sistema hegeliano, la historia forma parte del despliegue racional del espritu absoluto en el momento de su enajenacin. Al igual que en la lgica, primer nivel de subsistencia del espritu, y que en la naturaleza, nivel de existencia del espritu como enajenacin, en la historia se hace patente una dinmica particular que tiene carcter dialctico. Esto significa que la historia presenta de forma inherente elementos contradictorios entre s que permiten, a travs de la superacin de sus mutuas negaciones, el avance histrico o progreso.

Para Hegel, cada formacin histrica est unida a una cadena ms amplia slo visible a partir de una mirada de largo aliento sobre la dinmica humana vista en conjunto. Esta cadena sera propiamente la Historia, es decir, la instancia de realidad que engloba, en una unidad con sentido y direccin, la sucesin de diversas formaciones histricas particulares. Cada una de esas formaciones histricas seran momentos de la historia global de la humanidad, siendo contradictorias entre s y, por tanto, representando momentos relativos de superacin.

A travs del estudio comparativo de los principales sistemas civilizatorios China, India, Persia, Grecia, Roma y Germania-, Hegel establece una lnea sucesoria en la que cada uno de esos sistemas se muestra como una superacin dialctica de los anteriores, y que muestran el proceso de concienciacin de la conciencia o proceso de desenajenacin del espritu en un reconocerse paulatino a s mismo a travs del progreso histrico2. Cada una de estas etapas se entiende como un momento necesario del fin al que apunta el despliegue del espritu; despliegue que, como ya se dijo, tiene un sentido. La teleologa que ello implica supone que la comprensin de las formaciones histricas como momentos necesarios slo puede realizarse a partir de la consideracin de la finalidad y no desde la posicin de los momentos particulares.

Hegel es enftico en sealar que la dinmica histrica es una mostracin de la racionalidad nsita al espritu, es decir, que la dialctica de la historia est fundamentada en la razn primigenia que dota de sentido a toda la realidad. Tal racionalidad, en el mbito histrico, se despliega de forma independiente de la voluntad de los individuos; al ser una manifestacin de la racionalidad del sujeto absoluto que rige en toda la realidad, posee cierta legalidad pero es, para las conciencias que hacen la historia, una legalidad inconsciente. De esta forma las leyes que rigen la dinmica de la historia se presentan como algo exterior a los individuos pues no estn interiorizadas por sus conciencias particulares, aun cuando conformen parte de sus condiciones objetivas de existencia3.

Hay que tener en cuenta que para Hegel la racionalidad se refiere al hecho de que siendo la realidad como tal realmente contradictoria, no desemboca en procesos absurdos aunque conexos. En otras palabras, las contradicciones internas de las manifestaciones concretas del espritu tienden hacia un devenir ordenado, no catico, lo cual se comprobara por la inferencia misma de la racionalidad que siguen los procesos de la naturaleza y de la sociedad. Por otro lado, la inconciencia de la legalidad de lo real, se refiere a que sta no se presenta al ser humano de forma inmediata, sino que es a travs de la actividad reflexiva que la humanidad -y el espritu a travs de ella- va teniendo conciencia de las leyes que rigen la realidad; de hecho, es slo mediante la accin humana que esa inconciencia se transforma en conciencia.

Pese a que esa inconciencia existe, prevalece una racionalidad inmanente en la historia, racionalidad determinada por las notas propias del espritu. Por ello mismo, hay una unin tendencial entre lo subjetivo-individual y la voluntad del espritu universal, entre lo casustico y lo general; la accin de los sujetos individuales est preada de esa razn inmanente del espritu. En tal sentido, la persona humana se vuelve creadora de la historia, determinada, o ms bien, condicionada por el espritu4. Pero no por ser inmanente esa razn deja de ser contradictoria; precisamente por serlo es inmanente, pues a travs de su contradiccin genera el movimiento general del mundo, el devenir histrico. Es una lucha inacabada entre lo que es y lo que no es pero podra ser, entre la realidad fctica y la realidad posible5.

Esa contradiccin es una lucha interna, una lucha entre el ser y el no-ser-siendo, donde se coloca el espritu en un enfrentamiento consigo mismo. Debe superarse a s mismo como elemento antagnico. La evolucin, que es en la naturaleza un proceso tranquilo, implica en el espritu una lucha sumamente dura contra s mismo6. De ese choque contra s mismo es que nace la historia: el espritu al enajenarse en la naturaleza y en la humanidad, crea los elementos para que haya una historia que, pese a ser su alteridad, mantiene la racionalidad del espritu.

El movimiento histrico, que para Hegel es un devenir de la razn, un despliegue de las potencialidades del espritu, sigue una finalidad suprema determinada por la razn misma, la cual es reconocerse como tal, desenajenarse. Hegel sostiene que frente a tal finalidad no pueden argirse reticencias morales; de este modo, los sujetos hacedores de la historia no pueden ser desacreditados por lo que hacen o dejan de hacer, pues en ellos obra la gracia del espritu universal. Al referirse a los grandes hombres, en quienes la voluntad del espritu o el sentido de la historia se simbiotiza con su voluntad particular, Hegel seala: lo cierto es que estas grandes figuras deben pisotear necesariamente ms de una flor inocente y destruir en su camino muchas cosas7.

De la cita anterior, podra deducirse que Hegel reivindica la justificacin de los medios utilizados, siempre que estos conlleven un progreso en el orden civilizatorio de la humanidad. Teniendo en cuenta el carcter dialctico de la realidad, no podra negarse el hecho de que el devenir de la humanidad se yergue precisamente sobre un proceso de negacin de s misma, por lo que la historia se presenta como un matadero necesario donde fueron sacrificadas la felicidad de los pueblos, la sabidura de los Estados y la virtud de los individuos8, pero que por ser necesarios salen del mbito de la sancin moral.

La historia, por ser una globalidad de elementos particulares que son contradictorios entre s, es una historia dialctica, es decir, una realidad fluctuante cuyo movimiento posee un sentido slo asequible por la interpelacin de la filosofa. Como lugar particular del mbito fenomenolgico del espritu, el ser dialctico de la historia supone una forma especial de acercamiento no slo para su descripcin e interpretacin inmediata, sino para desbrozar el ncleo de sentido de las contradicciones que conforman la historia. De esta forma, la historia dialctica slo puede ser asumida por un proyecto filosfico de miras metafsicas; a su vez, dicho proyecto asume las condiciones de posibilidad de dicha historia. La historia dialctica es, por as decirlo, la materia de la dialctica histrica; pero, a la inversa, el instrumento, la dialctica histrica, ha sido ya condicionada por la historia dialctica.

  1. Dialctica e historia

La concepcin de la historia como un mbito de la realidad de carcter eminentemente dialctico implica, como ya se dijo, asumir que dicho mbito posee contradicciones inmanentes. Por ello, para conocer dicha realidad se requiere una metodologa particular de aproximacin que pueda internalizar ese carcter contradictorio y darle un sentido que haga comprensible la inmensidad de hechos a primera vista caticos. De esta forma, slo la dialctica como metodologa que engloba una realidad fctica y su negacin, puede dar cuenta del aparente caos del desenvolvimiento histrico.

Resulta obvio que la realidad histrica, por ser contradictoria, no puede aspirar a encontrar un sentido desde la visin de una lgica formal amparada, entre otros principios, por la premisa de la no contradiccin. La negacin de una realidad, bajo la ptica de la lgica formal, conduce a una exclusin mutua de los fenmenos, si no a su desaparicin. Por su parte, la dialctica permite comprender que dicha negacin se traduce en un movimiento continuo de la realidad, que se ve reconciliada en un momento superior que es deudor de las caractersticas de los momentos contradictorios precedentes.

A partir de la interpretacin dialctica de los diferentes momentos histricos, Hegel establece que la historia sigue una finalidad; la contradiccin bsica del espritu es que sta es la encarnacin de la libertad, pero la libertad slo es tal si es vivida en conciencia, pero como la historia de por s es una legalidad inconsciente, el espritu o la razn- es libertad en esencia pero no es libertad efectualizada, es decir, es libertad en potencia. La verdad de la razn del espritu es libertad, pero contiene en s misma el no ser de la libertad: la enajenacin y la opresin. El carcter potencial, no efectualizado, de la verdad de la razn del espritu, la libertad, supone una contradiccin bsica que convierte al mpetu de libertad en enajenacin y opresin. Adems, la libertad como tal slo puede ser en tanto que sea una libertad consciente. Para que la razn se efectualice como libertad debe asumir esa conciencia de ser libertad esencial y substancialmente. Esa conciencia no viene de la nada, sino de la experiencia, la cual funge de puente para que la razn se realice como tal.

Pero para Hegel, la experiencia no es la experiencia como percepcin del ente. Heidegger seala que lo que Hegel denomina experiencia no se refiere al ente perceptible a diario, ni en general al ente, ni tampoco es la experiencia9. La experiencia es un trascendental hacer surgir la conciencia. Es decir, en el sentido hegeliano, la experiencia es una concienciacin de la conciencia (la razn), una autoconcienciacin. Pero como la conciencia est enajenada (objetivacin de la razn en la humanidad), la experiencia hegeliana slo puede realizarse como experiencia en su sentido tradicional; para concienciarse, la razn debe asumirse desde la empiria, desde el polo visible de la razn, que es la realidad. Por lo tanto, la razn encuentra en la empiria el punto de partida de su realizacin racional: es la lucha de contrarios interna de la razn, que es ella misma y su enajenacin. Por tanto, la experiencia hegeliana, que no es experiencia, slo se realiza a travs de la experiencia.

Para Hegel, hay una figura que expresa la realizacin de la libertad como verdad consciente del espritu: el Estado. En ste converge el fin final, como determinacin general, y la accin humana concreta, como singularidad y particularidad. Como convergencia, en sentido contractualista, el Estado media entre la accin subjetiva y el fin final. Es por ello la sublimacin de lo moral, la eticidad que da vida a una libertad vivida en conciencia. El Estado es sntesis: por una parte se encuentra la existencia de una particularidad (el individuo), que encuentra su negacin en la existencia de otras particularidades (otros individuos) y que mediante su relacin pueden reconocerse como sujetos y por ello mismo vaciarse como individuos en un marco tico global como es el Estado. En este sentido, hay una concordancia entre lo fctico y lo lgico; y por ello, es la superacin de la anttesis necesidad-libertad. La necesidad es la teleologa de la libertad, la libertad es la libertad efectualizada por la accin humana tica, consciente, que se concreta en el Estado. No nos detendremos a pormenorizar la crtica que ello supuso desde el marxismo, cuya concepcin del Estado como instrumento de la lucha de clases da, por cierto, mayores visos explicativos y prcticos tanto para la filosofa como para la ciencia poltica; no obstante, cabe sealar que tal posicionamiento del Estado como un absoluto, su fetichizacin, tiende a anular el mpetu vital de las sociedades, defecto que no slo ha sido conocido, en la prctica, por la sociedad burguesa sino tambin por el destino de la Revolucin de Octubre.

Ya mencionamos que para Hegel los individuos son los medios del espritu para el reencuentro consigo mismo. Adems, este carcter de medios supone que el fin, el fin final, justifica su funcionalidad amoral; es decir, que es posible pasar por encima de estas determinaciones particulares para realizar la finalidad del mundo. En este proceso puede darse una infravaloracin del sujeto, cuando no su eliminacin10. As, los sujetos concretos, los seres humanos pensantes y sensibles, quedaran fuera del marco determinante del espritu. No obstante, en la filosofa hegeliana es posible encontrar que ese proceso, lejos de ser una negacin absoluta, se resuelve en una sntesis en la que el sujeto es reencontrado y resituado en el mundo y en la historia.

Los individuos como hacedores de la historia participan de la liberacin de la idea. Hay una dialctica de la totalidad en la que interactan las partes y el todo; el individuo y la humanidad con la idea; el reconocimiento subjetivo en libertad como parte del proceso histrico que desemboca en la concienciacin de la conciencia. Por ser parte de la razn, son igualmente finalidades particulares, fines autnomos, igualmente importantes: De hecho, deben tener todas las cosas naturales, aun las inanimadas, una caracterstica que responde al fin, es decir, que tengan algo en comn con l No solamente porque satisfacen junto a ella los diversos fines particulares, que son de otra ndole, sino que participan del fin de la razn misma y son por eso fines autnomos, no nicamente en el orden formal, como lo viviente en general, y representa por lo mismo una finalidad propia11.

Hay igualmente una dialctica de la posibilidad: el sujeto slo puede liberarse en tanto que se libera sujeto a la moralidad. El fin final no justifica los medios; el fin final slo puede alcanzarse mediante el reconocimiento y elevacin de los medios. Para que los medios sean rescatados del torbellino del fin final, de la vorgine de la historia que es creada por la infinidad de determinaciones que presentan las pasiones humanas, debe haber un algo ms all, algo que se sita ms all de los individuos, pero sujeto a ellos, y que sirve para catalizar la accin humana en la bsqueda de la libertad; ese algo, como vimos anteriormente, es el Estado. En este sentido, la libertad sigue siendo el fin final, la razn de la existencia, pero ya no a cualquier costo: para evitar ese costo cobrado en libertades individuales, est el Estado como totalidad tica frente a los individuos, el costo de la libertad es el sometimiento consciente de la moral individual a la totalidad tica. Por eso la nica libertad es la vivida en el marco social de manera consciente12.

Las lneas anteriores explican a grandes rasgos el sistema de la filosofa de Hegel; este sistema a pesar de abrir una agenda radical para la investigacin de la realidad como un proceso, encuentra su tope en la vivencia de una poca que prometa ms de lo que objetivamente era capaz de dar. La apertura casi ilimitada que signific la racionalidad moderna para la experimentacin artstica y la especulacin filosfica, los grandes avances econmicos y tecnolgicos que eran visibles en las primeras dcadas del capitalismo como modo de produccin hegemnico a nivel internacional y los beneficios de la democracia burguesa como forma de gobierno, apuntaban a que el fin final era ya un hecho innegable, y que la dialctica del espritu se cumpla precisamente en ese estado de cosas. De ah que segn Hegel ya no se requiriera una filosofa que transforme, sino ms bien una filosofa que explique y que comprenda.

De este modo, el mismo Hegel seala: es funcin de la filosofa constatar que el mundo real es como debe ser y que el verdadero bien, la razn divina, es tambin el poder de realizarse a s misma Dios gobierna al universo y el contenido de su gobierno y la ejecucin de su plan es la historia universal. Es a este plan que quiere abarcar la filosofa La filosofa quiere conocer el contenido real de la idea divina y justificar la realidad efectiva menospreciada13. Esta cita concuerda con el Hegel conservador de la Filosofa del derecho, en donde tambin sostiene que slo en el marco del Estado el ser humano puede encontrar su realizacin.

Para Hegel, la filosofa debe por tanto ser explicacin del mundo, interpretacin de la voluntad de la razn a travs de la historia. No puede ir ms all porque la historia es racional, ella misma sigue un rumbo que no puede ser modificado. En este sentido, la filosofa de Hegel se convierte en una justificacin de la realidad en funcin de un fin final, que no necesariamente existe, que es ms hiptesis que posibilidad. No hace falta decir que, por ello, el pensamiento de Hegel puede ser considerado conservador. Ms tarde, en su crtica, dir Marx: los filsofos no han hecho ms que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo14.

  1. Conclusiones

El pensamiento de Hegel comprende uno de los sistemas metafsicos ms complejos de la historia de la filosofa. Respecto a su forma de abordar el mbito de la historia, el sistema hegeliano ve en ste un momento de la razn universal, del sujeto absoluto que se despliega en distintos momentos de la realidad. Por corresponder a una entidad racional ms all de lo inmediato, la historia es tambin expresin racional que posee un sentido determinado a pesar de sus mltiples contradicciones.

Vista de esa forma, la historia es una sucesin de hechos que, aunque parezcan independientes y excluyentes entre s a primera vista, forman parte de una lnea sucesoria que engloba en un todo racional y coherente los hechos particulares. La historia es, por tanto, una historia dialctica: un todo que est ms all de la pura yuxtaposicin de sus partes. Incluso esa historia se encuentra ms all de la sinergia de esas partes vistas en conjunto, pues la racionalidad a la que dicha historia remite es un factor consustancial a toda la realidad misma y no slo a la realidad histrica. La historia dialctica explica que pese a las notas diferenciales de cada etapa histrica, y pese a las aparentes contradicciones existentes, hay una lnea ascendente que las cruza transversalmente: el progreso o, ms filosficamente dicho, el proceso de desenajenacin del espritu.

Pero esa caracterstica de la historia como proceso dialctico implica una forma de asumirla e interpretarla que, en correspondencia con el mbito de lo real, debe ser tambin dialctica. La forma filosfica, conceptual, de la historia dialctica ser, por tanto, una dialctica histrica. Slo a partir de la internalizacin de las contradicciones como momentos del cambio temporal puede ser comprendida la realidad; y tal internalizacin slo puede realizarse asumiendo como condicionante del mtodo de aproximacin, conocimiento e interpretacin, las notas propias de la realidad que se estudia, en este caso, de la realidad histrica.

No obstante, esta forma de ver la historia puede conducir, como al parece conduce en el mismo Hegel, a una reconciliacin conformista con el devenir de la historia. Pero eso tambin depende de la forma en que Hegel sea ledo e interpretado en nuestro aqu y nuestro ahora, con las histricas exigencias de liberacin de la humanidad an pendientes.

  1. Bibliografa

Notas:

1 Hegel, G. W. F. Filosofa de la historia. Claridad. Buenos Aires, Argentina. 2008. Pgs. 9, 14 17.

2 Ya en la ltima seccin de la Filosofa del derecho, Hegel seala las etapas de trnsito del espritu a travs de la historia haciendo alusin abstracta a cuatro sistemas de mostracin de la dialctica histrica: el mundo oriental, el mundo griego, el mundo romano y el mundo germnico. Cfr.: Hegel, G. W. F. Principios de la filosofa del derecho. EDHASA. Barcelona, Espaa. 1999. Pgs. 489 500.

3 Para ilustrar esta discrepancia entre lo racional y lo consciente, Hegel seala: El movimiento del sistema solar se realiza de acuerdo a leyes inmutables; estas leyes son la razn de ste, pero ni el Sol ni los planetas que giran en torno de l, tienen conciencia del fenmeno. Hegel, G. W. F. Filosofa de la historia. Claridad. Buenos Aires, Argentina. 2008. Pg. 18.

4 La accin individual es entonces una extensin del devenir de la razn, aquella es una forma aparencial de sta ltima: Son estos los grandes hombres (sic) de la historia cuyos fines particulares contienen lo sustancial, es decir lo que es voluntad del espritu universal son individuos que parecen crear desde su interior y cuyas acciones plasman relaciones de alcance mundial y que parecen exclusivamente sus objetivos y sus obras. Ibd. Pg. 33.

5 Es precisamente aqu donde aparecen las grandes colisiones entre las existentes y conocidas obligaciones, derechos, leyes, por una parte, y las posibilidades antagnicas opuestas a este sistema, que destruyen sus bases y su misma existencia. Ibd. Pg. 32.

6 Ibd. Pg. 49.

7 Ibd. Pg. 35.

8 Ibd. Pg. 26.

9 Heidegger, M. Dilucidacin de la Introduccin de la Fenomenologa del Espritu de Hegel. Edicin digital. Pg. 35.

10 Como expresan las palabras de Kosk, cuando lo particular es absorbido por lo general, los individuos no son ms que instrumentos, la historia est predeterminada y los hombres slo la hacen aparentemente. Kosk, K. El individuo y la historia. Mimeo. 1968. Pg. 11.

11 Hegel, F. Op. cit. Pg. 36.

12 El individuo que se desenvuelve en esa comunin tiene una vida moral e involucra un valor que deriva de esa sustancialidad Necesario es lo racional como sustancial, y somos libres porque lo reconocemos como ley, y lo que seguimos como sustancia de nuestro propio ser: la voluntad objetiva y subjetiva se concilian y se integran en una totalidad imperturbada. Ibd. Pg. 40.

13 Ibd. Pg. 38.

14 Marx, K. Tesis sobre Feuerbach. En: Los manuscritos de 1844. UCA Editores. 1987. Pg. 145.

Alberto Quinez es miembro del Colectivo de Estudios de Pensamiento Crtico (CEPC).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter