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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-04-2016

Qu pasa en Yemen?
El sangriento petrleo lo explica todo

Luz Gmez
eldiario.es


En la modalidad en auge de guerras por delegacin en Oriente Medio, la de Yemen, que ya ha cumplido un ao, resulta especialmente sucia. Es la guerra sobre la que a todo el mundo le conviene callar. El nmero de muertos, heridos y desplazados no alcanza cifras tan escandalosas como las de Siria o Irak para que se hagan eco los grandes medios de comunicacin globales, y a remolque acten los organismos internacionales. Los recursos energticos o geoestratgicos de Yemen tampoco despiertan codicias tan abiertas como las norteamericanas o las rusas en Afganistn, o las de todos en Libia. Y su emplazamiento condena al pas a ser el patio trasero del amigo saud, para alivio de una Europa incapaz de gestionar las mltiples crisis que se le agolpan. Yemen, la Arabia felix latina, es hoy uno de los lugares ms lgubres del planeta, cuatro aos despus de que un consenso sin precedentes de grupos polticos y sociedad civil forzara a Ali Abdal Saleh, el dictador ms longevo del mundo rabe tras Gaddafi, a abandonar el poder.

Pero Saleh se march delegando poderes en Abd Rabbuh Mansur Hadi, su vicepresidente, un militar sureo hbil en interpretar el aire de los tiempos. El traspaso fue negociado con el Consejo de Cooperacin del Golfo (CCG), en un calculado intento de sus vecinos de poner coto a una revolucin que poda infiltrarse por sus fronteras. Que ello implicara azuzar los enfrentamientos tribales, regionales y sectarios que histricamente han asolado el pas y que la revolucin yemen haba conseguido aparcar, poco importaba. Ms bien al contrario: la sectarizacin es el arma ms efectiva que, de momento, han encontrado los Estados del Golfo en su particular batalla por el control de Oriente Medio y contra Irn.

El fracaso de la transicin yemen emprendida en 2012 es el fracaso de un proyecto nacional que hubiera dotado al pas de una independencia incompatible con los planes de sus poderosos vecinos. La ofensiva de los huzes, un grupo tribal de observancia zaid, histricamente relegado del poder, contra el Gobierno del presidente Hadi, el protegido del CCG, aceler la descomposicin del Estado en formacin y propici la simplificacin sectaria del enfrentamiento. Era algo que en un principio estaba lejos de la realidad, pero, al ser el zaidismo una hipottica rama del islam chi, la conexin iran era un argumento fcil de esgrimir para aquellos interesados en reproducir la manida narrativa del enfrentamiento sunnes/chies. Una vez que esta lgica ech a rodar, la intervencin saud era cuestin de tiempo.

El amigo saud se lanza a la guerra abierta

Con la subida al trono del rey Salmn en enero de 2015 y la concentracin de poder en su hijo y ministro de Defensa, el prncipe Mohammed, la nueva poltica saud de intervencin militar abierta en los conflictos de la zona se inaugur en Yemen. Hace ahora un ao se formaliz una coalicin internacional liderada por Arabia Saud, que comenz una campaa de ataques areos, bloqueo naval y apoyo a las tropas leales al presidente Hadi que contina a da de hoy y que ha ido recuperando territorio conquistado por los rebeldes huzes, aunque en modo alguno la coalicin pueda cantar victoria. Ms bien al contrario: la prolongacin de la guerra evidencia el fracaso de la estrategia saud, que crea poder manejar los intereses de las partes en conflicto. En este contexto, ya nadie recuerda, como ha lamentado Jamal Benomar, el enviado especial de Naciones Unidas para Yemen, que el primer ataque saud se produjo en vsperas de la firma de un acuerdo multilateral para que varios grupos polticos y tribales compartieran el poder durante un periodo transitorio.

El bombardeo sistemtico de infraestructuras civiles y poblaciones por parte de las fuerzas armadas saudes es tan cotidiano que el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, ha llegado a decir que determinadas operaciones podran constituir un crimen de guerra. Cuando ya se ha cumplido un ao del inicio de la campaa, 14 millones de yemenes viven por debajo del umbral de la pobreza; 3 millones de menores sufren malnutricin; y 20 millones de personas, el 80% de la poblacin, no tienen acceso a agua potable. Los trabajadores de Naciones Unidas y las agencias humanitarias vienen denuncindolo.

No es el islam, es el maldito petrleo

La actual obsesin saud con Yemen poco tiene que ver con el islam, sea sunn o chi. La obsesin saud tiene que ver, evidentemente, con el petrleo. Yemen apenas lo tiene, pero su ubicacin geogrfica le confiere un valor estratgico primordial en la reordenacin del trfico mundial de crudo tras el levantamiento de las sanciones a Irn. Hace aos que Arabia Saud proyecta un nuevo oleoducto que, desde sus grandes yacimientos en el este del pas y atravesando la regin yemen de Hadramaut, desemboque directamente en Adn, esquivando as el actual paso de los cargueros por el estrecho de Ormuz, tutelado por Irn. El expresidente Saleh fue remiso a otorgar a los saudes licencia abierta para ello, y lo utiliz como baza poltica siempre dctil en sus negociaciones con los pases del Golfo. El futuro del proyecto parece ahora expedito. El presidente Hadi le debe a Riad su supervivencia. En cuanto a las tribus del este yemen, cuya colaboracin es imprescindible, los saudes se han garantizado su beneplcito: controlada por al-Qaeda, la regin se ha visto libre de los bombardeos de la aviacin saud.

Pero a corto plazo hay otro logro de la guerra en Yemen que va a determinar el futuro inmediato del comercio del petrleo. No es un secreto, pues la diplomacia saud no es tan sutil. Los lderes europeos lo conocen bien, y por ello intentan acallar a los diplomticos ms crticos, como los alemanes, holandeses o suecos; o colaboran de forma subrepticia, como Cameron, que ha hecho que Reino Unido facilite la logstica de las operaciones areas saudes. Como explic en su da Yves Lacoste, la geografa es un arma para la guerra. Y la del mar Rojo, del estrecho de Bab al-Mandeb al Canal de Suez, es un ejemplo de manual. Si culmina su campaa en Yemen, Arabia Saud controlar el trfico de la principal ruta de acceso del petrleo a Europa: en el sur, habr sido precisa una intervencin militar; en el norte, habr bastado la intervencin financiera, que sostiene al rgimen del general Sisi. De momento no se sabe cunto le costar a Europa este golpe de fuerza saud. Los yemenes ya estn pagando el precio.

Sin embargo al mundo le conviene callar sobre Yemen: a Europa por cortedad de miras (bastante tenemos con lo que tenemos); a EEUU para compensar a Arabia Saud por sus acuerdos con Irn; a Rusia para tener carta blanca en Siria; y a la Liga rabe para que nadie se aperciba de su intrascendencia. El silencio se est tragando a Yemen.


Fuente original: http://www.eldiario.es/contrapoder/Yemen-petroleo_6_499110091.html



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