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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-05-2016

Lmites de la teora populista

Antonio Antn
Rebelin


Se ha abierto un debate poltico-ideolgico entre varios lderes de Podemos y sus aliados (I. Errejn, J. C. Monedero, M. Monereo, B. Fernndez) que reflejan distintas sensibilidades a la hora de encarar sus estrategias presentes y futuras, incluido el debate sobre la construccin de una alternativa ms unitaria con el conjunto de las confluencias e IU. No entramos en su significado dentro de los equilibrios internos o de liderazgo, cuyos detalles no conocemos. Tampoco valoramos las implicaciones polticas que necesitan un tratamiento especfico en el actual contexto electoral, con el objetivo comn de ganar las elecciones generales del 26-J e impulsar el cambio real a travs de un Gobierno de progreso, de coalicin y programa compartido con el PSOE. Aqu solamente apuntamos varias reflexiones de carcter terico que subyacen en ese debate, para darle otra perspectiva y como contribucin al mismo de la forma ms rigurosa y constructiva posible.

Podemos, y todava ms si incorporamos las distintas confluencias, incluyendo IU y las distintas fuerzas de Unidad Popular, tiene una gran diversidad en sus influencias ideolgicas. Una de las ms significativas entre algunos de sus dirigentes es la teora populista de E. Laclau (La razn populista, 2013). Sin detallar una valoracin de la misma exponemos algunos de sus puntos polmicos, as como las ideas marxistas ms dbiles, suscitados en el referido debate. (Un desarrollo ms extenso est en el reciente libro Movimiento popular y cambio poltico. Nuevos discursos -ed. UOC-)

La ambigedad ideolgica del populismo

La primera insuficiencia de la teora populista es su ambigedad ideolgica. En el plano analtico y transformador es central explicar y apoyar (o no) el proceso de identificacin y construccin de un sujeto, llamado pueblo, precisamente por su papel, significado u orientacin poltico-ideolgica, es decir, por su dinmica emancipadora-igualitaria (o nacionalista, xenfoba y autoritaria).

Lo que criticamos de la teora de Laclau es, precisamente, que se queda en la lgica poltica de unos mecanismos, como la polarizacin y la hegemona, pero que son indefinidos en su orientacin igualitaria-emancipadora si no se explicita el carcter sustantivo de cada uno de los dos sujetos en conflicto (amigo/enemigo) y el sentido de su interaccin.

Por otro lado, nos distanciamos de la interpretacin marxista convencional (estructuralista segn Althusser): lucha de clases y hegemona inevitable de la clase obrera, derivada de su posicin en las relaciones de produccin y que asegurara su avance hacia el comunismo. Laclau (postmarxista) pretende superarla, pero cae en otra unilateralidad: la infravaloracin de la experiencia vivida y compartida de las capas populares en sus conflictos sociopolticos con las lites dominantes, teniendo en cuenta su posicin de subordinacin y su cultura, as como la sobrevaloracin del discurso en la configuracin del sujeto social. As, el estructuralismo mecanicista o economicista, infravalora a los actores reales, sus condiciones, su articulacin y sus valores (la agencia). Lo especfico de ese determinismo econmico no es tanto la afirmacin o negacin de la primaca de lo material, aunque su concepcin del ser social sea mecanicista, como realidad pasiva y excluyendo su cultura, en la doble acepcin de ideas o valores y costumbres, hbitos o conductas, que formara parte de la conciencia social. El idealismo althusseriano consiste, sobre todo, en

Un universo conceptual que se engendra a s mismo y que impone su propia idealidad sobre los fenmenos de la existencia material y social, en lugar de entrar con ellos en una ininterrumpida relacin de dilogo La categora ha alcanzado una primaca sobre el referente material; la estructura conceptual pende sobre el ser social y lo domina (Thompson, Miseria de la teora, 1981: 28-29).

En el ser social, en el sujeto, debemos incorporar no solo sus condiciones materiales de existencia, sino cmo son vividas y pensadas. La conciencia social forma parte e influye en el ser social, no es solo un mero reflejo de una estructura material (sin sujeto). Y la reflexin compartida de esa experiencia permite interpretarla, elaborar nuevos proyectos de cambio y promover la transformacin de la sociedad.

No obstante, la reaccin (acertada) a la primaca del ser social pasivo y la reafirmacin (post-estructuralista) del discurso, perviven en la teora populista con otro tipo de idealismo abstracto (desacertado), con similar hilo conductor: la sobrevaloracin del evidente impacto de las ideas o el discurso como causa determinante en la construccin de la identidad y la pugna de los sujetos colectivos, dejando en un segundo plano la experiencia ciudadana de articulacin social, econmica y poltica.

J. C. Monedero (Las debilidades de la hiptesis populista y la construccin de un pueblo en marcha), al remarcar sus diferencias con I. Errejn, apunta alguna deficiencia similar de la teora populista: Laclau quiere convertir el cambio social en un discurso y, con bastante probabilidad, lo desactiva. Aunque, ms bien cabra decir que Laclau pretende un cambio social y poltico a travs del desarrollo del discurso (la hegemona cultural) y no acierta con los adecuados criterios tericos, dinmicas poltico-ideolgicas y estrategias transformadoras para impulsar un proceso igualitario-emancipador.

Hay una diversidad de movimientos sociales con rasgos comunes de tipo populista pero son muy distintos, incluso completamente opuestos, por su carcter sustantivo, su significado respecto de la libertad y la igualdad de las capas populares. Ese carcter indefinido o ambiguo en el papel y la identificacin ideolgico-poltica de un movimiento popular es el punto dbil de esa teora populista. Es incompleta, porque infravalora un aspecto fundamental. Nos vale poco una teora que no sirve para explicar y favorecer un proceso de transformacin liberador y solidario y que es solo una tcnica o lgica poltica (polarizacin, hegemona) que se puede aplicar, indistintamente, a movimientos populares antagnicos por su contenido o significado. La garanta de basarse en las demandas salidas del pueblo, sin valorar su sentido u orientacin, es insuficiente. Ese lmite no se supera en el segundo paso de unificarlas, nombrarlas o resignificarlas (con significantes vacos) con un discurso y un liderazgo cuya caracterizacin social, poltica e ideolgica tampoco se define.

As, la palabra populismo no es una referencia adecuada para significar un proyecto nacional-popular (plurinacional en Espaa). Adems, como reconoce I. Errejn, es una palabra no ganadora para atraerse a las mayoras sociales. El adjetivo adicional de izquierda la mejora pero no resuelve su carcter polismico. Es necesaria otra identidad con otro significante para expresar el significado transformador de fondo democrtico-igualitario-emancipador (con componentes comunes al de otras tradiciones progresivas). Y en el marco europeo es ineludible la diferenciacin frente a las ascendentes tendencias populistas de derechas, xenfobas, regresivas y autoritarias.

El populismo de izquierda, como teora del conflicto social, presenta ventajas respecto del consenso liberal, defensor del poder establecido. La particularidad en Espaa es que esos lderes de Podemos han superado los lmites de esa teora y han demostrado una superioridad poltica, moral e intelectual respecto de la derecha y la socialdemocracia, atados a los poderosos. La han completado por el contenido cultural, la experiencia sociopoltica y el carcter progresista y de izquierdas de unas lites asociativas y polticas, dentro de un movimiento popular democrtico y con los valores de justicia social; es decir, por el tipo de actor (o sujeto) existente. El xito de Podemos (y sus confluencias) no deriva tanto de las bondades de esa teora, cuanto de la capacidad poltica de sus dirigentes para interpretar, representar y dar cauce institucional, con suficiente credibilidad, a la experiencia sociopoltica (el rechazo contra las polticas regresivas y autoritarias del poder establecido), la cultura (democrtica y de justicia social) y las demandas de cambio de una ciudadana activa progresista conectada con una amplia corriente social indignada.

La mezcla de espontanesmo y constructivismo no es suficiente

La segunda insuficiencia de Laclau es que parte del proceso de conformacin de las demandas democrticas de la gente como algo dado; y a partir de ah expone toda su propuesta (equivalencias, discurso, articulacin) para transformarlas en demandas populares frente a la oligarqua. Sin embargo, la explicacin y el desarrollo de ese primer paso es clave, ya que est condicionado por todo lo que expresamos como relevante para nuestro enfoque: condiciones, estructura, cultura, experiencia, conflictos de los actores y su sentido emancipador-igualitario. El segundo paso se convierte en constructivista.

Pero, adems, Laclau admite ese constructivismo, esa independencia de las condiciones materiales y relacionales de la gente y los actores, porque lo considera una virtud (como superador del marxismo o estructuralismo). Como efecto pndulo de su crtica al determinismo, se pasa a otro extremo idealista, como Touraine, que prioriza como causa explicativa el cambio cultural del sujeto individual. En ese eje estructura/agencia- nos ponemos en el medio, en su interaccin, en la importancia de la experiencia de la gente, aun con sus lmites (Thompson, 1981: 18 y ss.).

Por el contrario, (de forma simplificada) Laclau defiende un espontanesmo articulatorio del pueblo (en el primer paso), combinado con el discurso y el liderazgo (en el segundo paso); aunque no define su orientacin y composicin, solo que represente o unifique las demandas populares, que todava no sabemos qu significacin tica tienen. No es equilibrado en su interaccin; adems, seguiramos sin superar la ambigedad de su sentido. Es imprescindible la interrelacin de los distintos segmentos del movimiento popular, incluido sus lites, medios de comunicacin e intelectuales, y contar con su posicin social y poltica.

Adems de la confianza excesiva en la espontaneidad articuladora (anarquizante), hay que superar tambin el otro extremo: la suplantacin del activismo vanguardista o elitista y del discurso. Existe, por un lado, el clsico partido elitista o de vanguardia (leninista, trotskista o socialdemcrata) y, por otro lado, el movimiento con el que se relacionaba (movimiento obrero, nuevos movimientos sociales o el nuevo sujeto pueblo). La funcin y los mecanismos de mediacin o interaccin se han modificado, pero siguen sin estar bien resueltos. El concepto de partido-movimiento pretende abordar ese doble papel aunque falta por articular su relacin con el resto de movimientos y su autonoma, dando por supuesto que en la formacin de los sujetos colectivos tienen un papel decisivo la comunicacin, la nominacin o la conciencia individual.

Podemos y sus aliados (incluyendo IU-UP) han conseguido ser reconocidos como representantes polticos por seis millones de personas. Su discurso y su liderazgo, con un plan rpido y centralizado de campaa electoral prolongada, han sido suficientes para obtener ese amplio reconocimiento como cauce institucional de una masiva ciudadana descontenta. Pero ese electorado se ha construido sobre la base de la existencia de un campo sociopoltico indignado, conformado por todo un ciclo de protestas sociales progresivas, con un activo movimiento popular y miles de activistas sociales. Est terminando este ciclo electoral, de reajuste institucional, poltico y representativo. El nuevo ciclo, consolidar y ampliar las fuerzas del cambio e impulsar transformaciones polticas y socioeconmicas de calado, exige una nueva articulacin de esas dinmicas populares, junto con la nueva representacin institucional, y nuevos discursos y estrategias, particularmente en el mbito europeo frente al decisivo poder liberal-conservador.

Por tanto, hay dos cuestiones entrelazadas: Cmo construir un sujeto social o poltico (llmese pueblo, clase social o nacin) y qu tipo de sujeto (el sentido de su papel y orientacin). El proceso de identificacin colectiva est unido a los dos elementos y es indivisible (salvo analticamente). Se basa en la experiencia, la vida, la cultura y el comportamiento de la gente concreta; se define por su papel respecto de la igualdad y la democracia, los dos grandes valores de la ilustracin, la modernidad progresista y la mejor tradicin de las izquierdas.

Populismo de izquierda y radicalizacin democrtica, complementos sustantivos pero insuficientes

La posicin de no diferenciar claramente el populismo de izquierda del populismo de derecha es un inconveniente. Hay que explicar su inclinacin ideolgica o su significado poltico, a lo que se resiste la versin ms ortodoxa, ms indefinida. Con esa denominacin se completara la lgica populista (similar en abstracto) con el contenido de izquierdas -o derechas- (antagnica en lo sustantivo). Igualmente, se debera aadir como consustancial a ese populismo de izquierda la tarea de radicalizacin democrtica. Con ello corregimos la pureza rgida del ltimo Laclau e incorporamos dos ideas (o valores, doctrinas y proyectos) bsicas y fundamentales, la igualdad y la democracia. No seran significantes vacos a la espera de su utilizacin segn su funcin unificadora. Sino alternativas programticas fundamentales desde las que elaborar la estrategia de cambio y promover la conciencia social y el conflicto poltico. Incluso son elementos clave de un relato o mito identificador del sujeto poltico pueblo (progresivo). Es lo que, en cierta medida y sin valorarlo, hace la direccin de Podemos (y sus aliados) donde se mezcla ese componente discursivo populista con una tradicin de izquierda (marxista) y una experiencia democrtica (su activismo social y poltico previo en movimientos sociales, ms abiertos y participativos).

 Esa incorporacin ideolgica o de contenido sustantivo al simple esquema o lgica populista es lo que, en parte, hace Ch. Mouffe en su conversacin con I. Errejn, en la que corrige a Laclau (Errejn y Mouffe, Construir pueblo, 2015: 111 y ss.). Con ello se superara (parcialmente) el problema de la ambigedad o el vaco de las propuestas identificadoras populistas. Tendramos dos componentes sustantivos igualdad, democracia- para completar su estrategia constructiva y procedimental de pueblo. Algunas de esas reflexiones vienen de lejos y estaban expuestas hace tiempo por Laclau y Mouffe. Pero el Laclau de La razn populista no avanza por ese camino, retrocede; solo duda del carcter insuficiente de su teora ante los horrores del etnopopulismo (yugoeslavo). Y lo sintomtico es que Errejn, ante la insistencia de Mouffe, presionada por la necesidad en Francia de diferenciacin con el populismo ultraderechista de Le Pen, tampoco avanza y sigue los postulados ms ortodoxos del ltimo Laclau. La reafirmacin de ste en separar, prescindir o relativizar el contenido sustantivo de un movimiento popular y su papel sociopoltico y cultural o, si se quiere, relacional e histrico, es un inconveniente no una ventaja en el doble plano, analtico y normativo.

La transversalidad tiene un lmite ideolgico (igualdad-libertad-democracia o derechos humanos) y otro poltico-social (gente subordinada o solidaria). No se puede aplicar o no puede ser neutra en los conflictos con esos intereses y valores, aunque s sirva para superar ideas marxistas de izquierda poltica o clase trabajadora, que seran restrictivas.

La posicin populista rgida es que la eleccin de significantes, discurso clave para la polarizacin hegemonista, no debe estar condicionada por nada previo o relacional (material o ideolgico); solo por su eficacia para convertir las demandas parciales en identificacin del pueblo, mediante esa construccin de identidad hegemnica. La teora de Laclau insiste en la abstraccin o infravaloracin de la realidad y el contenido sustantivo de un movimiento popular, que considera innecesario o contraproducente para tener ms posibilidad de elegir (nominar) una idea populista, construir pueblo y ganar hegemona y poder (sin definir su papel y orientacin).

As, el concepto y la funcin de significante vaco son insuficientes; desde su visin constructivista una palabra o consigna puede cumplir funciones unificadoras de las demandas democrticas o parciales realmente existentes. Pero esa tarea no la valora desde el punto de vista ideolgico-poltico, de avance o retroceso para la igualdad y la libertad (del pueblo). Prioriza su funcin identificadora a partir de las demandas parciales, dando por supuesto que stas estn dadas y son positivas en su articulacin hegemnica frente al poder oligrquico, aunque tampoco asegura su orientacin poltica e incluso admite una pluralidad de efectos antagnicos progresivos/emancipadores y regresivos/autoritarios.

En ese autor hay tambin una infravaloracin del contenido poltico-ideolgico o tico de un movimiento popular y, en consecuencia, del tipo de cambio poltico que promueve. Esa pluralidad de realidades en que se concretara su teora demuestra una desventaja, no un elemento positivo o conveniente. Es incoherente al juntar tendencias con diferencias y antagonismos de sus caractersticas principales. Esa interpretacin o comparacin basada en el mecanismo comn refleja esa ambigedad ideolgica y confunde ms que desvela la realidad tan diferente, incluso opuesta, de unos movimientos u otros (ya sea Le Pen con Podemos, el nazismo con el PCI de Togliatti, el populismo latinoamericano con la Larga Marcha de Mao o los Soviets, o el etnopopulismo y el racismo con los nuevos movimientos sociales y de los derechos civiles).

Para qu sirve meterlos todos en el mismo saco de populistas? Para destacar la validez terica de una teora por su amplia aplicabilidad histrica? Pero, esa clasificacin, qu sentido tiene; solo el de resaltar un mecanismo constructivo, el del antagonismo amigo-enemigo, en oposicin al consenso liberal y en vez de la clsica lucha de clases completada en este caso por la ideologa del comunismo?. Esa diversa y amplia aplicabilidad no demuestra una teora ms cientfica (u objetiva) sino menos rigurosa y ms unilateral.

Esa ambigedad poltico-ideolgica refleja su debilidad, su abstraccin de lo principal desde una perspectiva transformadora: analizar e impulsar los movimientos emancipadores-igualitarios de la gente subalterna. Para ello la teora populista sirve poco y distorsiona. Como teora del conflicto (frente al orden) es positiva en el contexto espaol, con actores definidos en ese eje progresista-reaccionario. El partir de los de abajo le da un carcter popular. Pero, lo fundamental de su papel lo determina segn en qu medida conecta y se complementa con un actor social progresista, con su cultura, experiencia y orientacin sustantiva igualitaria-emancipadora (como en Espaa). Aqu, sus insuficiencias tericas se contrarrestan, precisamente, con el contenido sustantivo progresivo (justicia social, democracia) de la ciudadana activa espaola y sus lderes, incluido los de Podemos, que se han socializado en esa cultura progresista, democrtica y de izquierda (social).

Por otro lado, Laclau pone de relieve o supera algunas deficiencias de la clsica interpretacin estructural-marxista y su lenguaje obsoleto. Pero se va al otro extremo constructivista. Y, sobre todo, no tiene o infravalora elementos internos sustantivos (ticos o ideolgico-polticos) para evitar su aplicacin o su conexin con actores autoritarios-regresivos. Es su inconveniente y nuestra crtica principal. Podramos tambin decir: menos Laclau y ms Kant.

En definitiva, dada la importancia de las necesidades polticas y estratgicas del movimiento popular en Espaa, la diversidad de corrientes de pensamiento entre las fuerzas alternativas y, especficamente, la tarea de cohesin y consolidacin de las nuevas lites representativas en torno a Podemos y el conjunto de sus aliados y confluencias, son imprescindibles un esfuerzo cultural y un debate terico, unitario, riguroso y respetuoso, para avanzar en un pensamiento crtico que favorezca la transformacin social en un sentido democrtico-igualitario-emancipador.

Antonio Antn. Profesor de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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