Portada :: Feminismos
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-06-2016

Mujeres condenadas por las religiones

Marcelo Colussi
Rebelin


La cultura machista-patriarcal est hondamente arraigada en todas las sociedades del planeta. Es cierto que ya ha comenzado un cambio, lento todava, pero sin pausa. De todos modos, es muchsimo lo que resta por avanzar an. No est claro cmo seguirn esos cambios; en todo caso, en nombre de una justicia universal todas y todos debemos apoyarlos.

Lo que s est claro es que las religiones -todas ellas- no juegan un papel precisamente progresista en ese cambio: ms que ayudar a la igualacin de las relaciones entre los gneros, promueven el mantenimiento de las ms odiosas y repudiables diferenciaciones injustas (puede haber alguna diferenciacin injusta que no se odiosa y repudiable?)

Amparados en la pseudo explicacin de "ancestrales motivos culturales", podemos entender -jams justificar- el patriarcado, los arreglos matrimoniales hechos por los varones a espaldas de las mujeres, el papel sumiso jugado por stas en la historia, el harem, la ablacin clitoridiana; podemos entender que una comadrona en las comunidades rurales de Latinoamrica cobre ms por atender el nacimiento de un nio que el de una nia, o podemos entender la lgica que lleva a la lapidacin de una mujer adltera en el frica.

En esta lnea, entonces, podramos decir que las religiones ancestrales son la justificacin ideolgico-cultural de este estado de cosas; las religiones en tanto cosmovisiones (filosofa, cdigo de tica, manual para la vida prctica) han venido bendiciendo las diferencias de gnero, por supuesto siempre a favor de los varones. Por qu los poderes, al menos hasta ahora, han sido siempre masculinos y misginos? Esto demuestra que todas las religiones son machistas, nunca progresistas, nunca promueven la equidad real; y si hay diosas mujeres, como efectivamente las hay, la feligresa est atravesada por el ms absoluto patriarcado. Cundo habr una Papisa? La nica que se cuenta en la historia de la Iglesia Catlica -Juana I, nunca reconocida oficialmente por el Vaticano- fue linchada. Estamos ahora en el Siglo XXI, donde sin dudas se han empezado a producir cambios en la relacin entre gneros, pero la misoginia sigue mandando.

Quiz en un arrebato de modernidad podramos llegar a estar tentados de decir que las religiones ms antiguas, o los albores de las actuales grandes religiones monotestas, son explcitas en su expresin abiertamente patriarcal, consecuencia de sociedades mucho ms "atrasadas", sociedades donde hoy ya se comienza a establecer la agenda de los derechos humanos, incluidos los de las mujeres, sociedades que van dejando atrs la nebulosa del "sub-desarrollo". As, no nos sorprende que dos milenios y medio atrs, Confucio, el gran pensador chino, pudiera decir que "La mujer es lo ms corruptor y lo ms corruptible que hay en el mundo", o que el fundador del budismo, Sidhartha Gautama, aproximadamente para la misma poca expresara que "La mujer es mala. Cada vez que se le presente la ocasin, toda mujer pecar".

Tampoco nos sorprende hoy, en una serena lectura historiogrfica y sociolgica de las Sagradas Escrituras de la tradicin catlica, que en el Eclesiasts 22:3 pueda encontrarse que "El nacimiento de una hija es una prdida", o en el mismo libro, 7:26-28, que "El hombre que agrada a Dios debe escapar de la mujer, pero el pecador en ella habr de enredarse. Mientras yo, tranquilo, buscaba sin encontrar, encontr a un hombre justo entre mil, ms no encontr una sola mujer justa entre todas". O que el Gnesis ensee a la mujer que "parirs tus hijos con dolor. Tu deseo ser el de tu marido y l tendr autoridad sobre ti", o el Timoteo 2:11-14 nos diga que "La mujer debe aprender a estar en calma y en plena sumisin. Yo no permito a una mujer ensear o tener autoridad sobre un hombre; debe estar en silencio".

Siempre en la lnea de intentar concebir la historia como un continuo desarrollarse, y al proceso civilizatorio como una bsqueda perpetua de mayor racionalidad en las relaciones interhumanas, podra entenderse que cosmovisiones religiosas antiguas como la que an mantienen los ortodoxos judos repitan en oraciones que se remontan a lejansimas antigedades: "Bendito seas Dios, Rey del Universo, porque T no me has hecho mujer", o "El hombre puede vender a su hija, pero la mujer no; el hombre puede desposar a su hija, pero la mujer no".

Reconociendo que los prejuicios culturales, racistas para decirlo en otros trminos, siguen estando an presentes en la humanidad pese al gran progreso de los ltimos siglos, desde una nocin occidental (eurocntrica), podra pensarse que son religiones "primitivas" las que consagran el patriarcado y la supremaca masculina. As, ente la poblacin africana, es comn que en nombre de preceptos religiosos (de "religiones paganas" se deca no hace mucho tiempo) ms de 100 millones de mujeres y nias son actualmente vctimas de la mutilacin genital femenina, practicada por parteras tradicionales o ancianas experimentadas al comps de oraciones religiosas a partir del concepto, tremendamente machista, de que la mujer no debe gozar sexualmente, privilegio que slo le est consagrado a los varones, mientras que eso por cierto no sucede en sociedades "evolucionadas".

Igualmente desde un prejuicio descalificante puede decirse que la dominacin masculina queda glorificada en religiones que, al menos en Occidente, son vistas como fanticas, fundamentalistas, primitivas en definitiva. En ese sentido, en esa lgica de discriminacin cultural, puede afirmarse que los musulmanes ya en su libro sagrado tienen establecido el patriarcado, lo cual podra ratificarse leyendo el verso 38 del captulo "Las mujeres" del Corn (en la traduccin espaola de Joaqun Garca-Bravo), que textualmente dice: "Los hombres son superiores a las mujeres, a causa de las cualidades por medio de las cuales Al ha elevado a stos por encima de aqullas, y porque los hombres emplean sus bienes en dotar a las mujeres. Las mujeres virtuosas son obedientes y sumisas: conservan cuidadosamente, durante la ausencia de sus maridos, lo que Al ha ordenado que se conserve intacto. Reprenderis a aquellas cuya desobediencia temis; las relegaris en lechos aparte, las azotaris; pero, tan pronto como ellas os obedezcan, no les busquis camorra. Dios es elevado y grande".

Incluso podra decirse que si la religin catlica consagr el machismo, eso fue en tiempos ya idos, pretritos, muy lejanos, y no es vergonzante hoy que uno de sus ms conspicuos padres teolgicos como San Agustn dijera hace ms de 1.500 aos: "Vosotras, las mujeres, sois la puerta del Diablo: sois las transgresoras del rbol prohibido: sois las primeras transgresoras de la ley divina: vosotras sois las que persuadisteis al hombre de que el diablo no era lo bastante valiente para atacarle. Vosotras destruisteis fcilmente la imagen que de Dios tena el hombre. Incluso, por causa de vuestra desercin, habra de morir el Hijo de Dios". Curioso modo de ver las cosas, a leerse en clave de psicologa, pues el mismo Obispo de Hipona, aos atrs, antes de su conversin, cuando era un joven aristcrata sibarita haba expresado que "es de mal gusto acostarse dos noches seguidas con la misma mujer". Es decir: la mujer siempre como objeto, y ms an: objeto peligroso. Y tampoco llama la atencin que hace ocho siglos Santo Toms de Aquino, quiz el ms notorio de todos los telogos del cristianismo, expresara: "Yo no veo la utilidad que puede tener la mujer para el hombre, con excepcin de la funcin de parir a los hijos". Pero, no debe abrirse una crtica genuina de todo esto?

Las religiones ven en la sexualidad un "pecado", un tema problemtico. Sin dudas, ese es un campo problemtico. Pero no porque lleve a la "perdicin" (qu ser eso?) sino porque es la patencia ms absoluta de los lmites de lo humano: la sexualidad fuerza, desde su misma condicin anatmica, a "optar" por una de dos posibilidades: "macho" o "hembra". La constatacin de esa diferencia real no es cualquier cosa: a partir de ella se construyen nuestros mundos culturales, simblicos, de lo masculino y lo femenino, yendo ms all de la anatmica realidad de macho y hembra. Esa construccin es, definitivamente, la ms problemtica de las construcciones humanas, y siempre lista para el desliz, para el "problema", para el sntoma (o, dicho de otra manera, para el goce, que es inconsciente. Cmo entender desde la lgica "normal" que un impotente o una frgida gocen con su sntoma?). A partir de esa construccin simblica, se "construy" masculinamente la debilidad femenina. As, la mujer es incitacin al pecado, a la decadencia. Su sola presencia es ya sinnimo de malignidad; su sexualidad es una invitacin a la perdicin, a la locura.

En la tristemente clebre obra "Martillo de las brujas" ("Malleus maleficarum") de Heinrich Kramer y Jacobus Sprenger, aparecida en 1486 como manual de operaciones de la Santa Inquisicin, puede leerse que: "Estas brujas conjuran y suscitan el granizo, las tormentas y las tempestades; provocan la esterilidad en las personas y en los animales; ofrecen a Satans el sacrificio de los nios que ellas mismas no devoran y, cuando no, les quitan la vida de cualquier manera. Entre sus artes est la de inspirar odio y amor desatinados, segn su conveniencia; cuando ellas quieren, pueden dirigir contra una persona las descargas elctricas y hacer que las chispas le quiten la vida, as como tambin pueden matar a personas y animales por otros varios procedimientos; saben concitar los poderes infernales para provocar la impotencia en los matrimonios o tornarlos infecundos, causar abortos o quitarle la vida al nio en el vientre de la madre con slo un tocamiento exterior; llegan a herir o matar con una simple mirada, sin contacto siquiera, y extreman su criminal aberracin ofrendndole los propios hijos a Satans". () "La facultad que todas tienen en comn, as las de superior categora como las inferiores y corrientes, es la de llegar en su trato carnal con el diablo a las ms abyectas y disolutas bacanales". No est de ms recordar que gracias a instructivos como ste pudieron ser quemadas en la hoguera miles de mujeres en la Edad Media, por supuesta brujera. Fue la idea religiosa en juego la que provoc esto, ms all del declarado "amor al prjimo": la mujer como incitadora al pecado, como puerta de entrada a la perdicin. Amparados en qu derechos varones misginos pudieron, o pueden, mantener esta monstruosa injusticia?

Toda esta misoginia, este machismo patriarcal tan condenable podra entenderse como el producto de la oscuridad de los tiempos, de la falta de desarrollo, del atraso que imper siglos atrs en Occidente, o que impera an en muchas sociedades contemporneas que tienen todava que madurar (y que, por ejemplo, an lapidan en forma pblica a las mujeres que han cometido adulterio, como los musulmanes, o les obligan a cubrir su rostro ante otros varones que no sean de su crculo ntimo). Pero es realmente para caerse de espaldas saber que hoy, entrado ya el siglo XXI, la Santa Iglesia Catlica Apostlica Romana sigue preparando a las parejas que habrn de contraer matrimonio con manuales donde puede leerse que "La profesin de la mujer seguir siendo sus labores, su casa, y debera estar presente en los mil y un detalles de la vida de cada da. Le queda un campo inmenso para llegar a perfeccionarse para ser esposa. El sufrimiento y ellas son buenos amigos. En el amor desea ser conquistada; para ella amar es darse por completo y entregarse a alguien que la ha elegido. Hasta tal punto experimenta la necesidad de pertenecer a alguien que siente la tentacin de recurrir a la comedia de las lgrimas o a ceder con toda facilidad a los requerimientos del hombre. La mujer es egosta y quiere ser la nica en amar al hombre y ser amada por l. Durante toda su vida tendr que cuidarse y aparecer bella ante su esposo, de lo contrario, no se har desear por su marido", tal como puede consultarse en "20 minutos Madrid" del lunes 15 de noviembre de 2004, ao V., nmero 1.132, pgina 8. La idea de "pecado decadente" ligado a las mujeres, no slo en el catolicismo, sigue estando presente en diversas cosmovisiones religiosas, todas de extraccin patriarcal.

El actual papa Francisco tiene como uno de sus objetivos darles un lugar mucho ms protagnico a las mujeres en la prctica de la religin catlica desde la institucin vaticana. Futuras sacerdotisas? Quiz. Por qu no? Es hora que la Iglesia y las religiones se modernicen en muchos aspectos, que formulen una genuina autocrtica, que evolucionen.

Las religiones, quiz no puede ser de otra manera dado el papel social que cumplen, tienden a ser conservadoras. En eso, las mujeres salen siempre mal paradas: desde el machismo ancestral que nos constituye, todas las religiones hacen de las mujeres el "chivo expiatorio" que refuerza la construccin machista. Aunque ya va siendo hora de romper esos atvicos esquemas, verdad? Por qu la suerte de las mujeres tiene que estar supeditada al parecer de unos cuantos varones misginos? Cambiar esquemas es algo siempre difcil, tortuoso, complicadsimo. "Es ms fcil desintegrar un tomo que un prejuicio", dijo sabiamente Einstein. Pero ms all de esas enormes dificultades, es un imperativo tico de toda la sociedad (varones y mujeres) plantearse estos cambios.

[email protected]

https://www.facebook.com/marcelo.colussi.33

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter