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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-08-2016

Recordar a Len Trotsky

Andrs Lund Medina
Rebelin


A 76 aos del asesinato de Trotsky, deseo recordar su pensamiento y su praxis para dialogar con l y escuchar qu nos dice que nos sea til, desde una perspectiva revolucionaria, para nuestros tiempos.

Entablar este dilogo con Trotsky supone cuestionar otras voces que dicen que con la cada del mal llamado socialismo real tambin se derrumb el marxismo y perdi sentido el pensamiento de Trotsky. Es verdad que por fortuna cierto marxismo se derrumb: el simplificado marxismo ortodoxo, elaborado en la poca de la Segunda Internacional y refuncionalizado como ideologa de la burocracia estalinista que se propalaba en manuales de Materialismo Histrico (que explicaban las leyes de la Historia) y de Materialismo Dialctico (que explicaban las leyes de la Materia). Sin embargo, el marxismo de Trotsky siempre fue un marxismo heterodoxo, crtico, creativo, un marxismo para la praxis tica-poltica.

Tambin hay voces que afirman que el marxismo ha muerto porque con el posmodernismo muri el llamado marxismo occidental o acadmico. Y en parte es verdad que cierto marxismo terico, principalmente filosfico, que evada las cuestiones polticas y el examen crtico de la dinmica del Capital, fue desplazado de las universidades por las sucesivas oleadas de estructuralismo, posestructuralismo y posmodernismo. Adems, reforzando la expulsin del marxismo de las universidades, en los aos iniciales de la ofensiva neoliberal se anunci el Fin de las Ideologas, de las Utopas y de la propia Historia porque -decan- el capitalismo haba triunfado. Sin embargo, el marxismo de Trotsky y de los trotskistas nunca fue un marxismo acadmico (aunque produjo grandes obras tericas) o filosofante, ya que se centr en el estudio del capitalismo, el anlisis crtico de las sociedades burocrticas autoproclamadas socialistas y el estudio de coyuntura para la praxis poltica. No nos extraa que en las universidades no se recuerde el 76 aniversario luctuoso de Trotsky porque nunca lo hicieron. Pero nosotros lo hacemos cuando no es el marxismo el que ha muerto o agoniza sino cuando el capitalismo parece entrar en su fase terminal -en una crisis civilizatoria- que pone en riesgo la supervivencia de la especie humana.

Algunas otras voces sostienen que como ya no existe la URSS y el estalinismo est muerto, el pensamiento de Trotsky y el trotskismo ya no tienen sentido. Pero eso slo lo pueden decir quienes desconocen la riqueza del marxismo de Trotsky, que va mucho ms all de su larga polmica con el estalinismo. Polmica que, por cierto, al final Trotsky gan: los propios sucesores estalinistas de Stalin denigraron su figura una vez que ste muri y los estudiosos han documentado los crmenes de Stalin: solamente en el Gulag, de los 4 millones de prisioneros, las muertes polticas suman 1.4 millones de personas. Ya qued registrado en la Historia el carcter contra-revolucionario del estalinismo, as como las prcticas autoritarias y carentes de tica de una burocracia que no slo impona sin admitir rplica sino que se dedicaba a falsificar, calumniar, secuestrar, deportar a campos de concentracin, ejecutar, torturar, mandar asesinar a todos los disidentes En contraste, la figura de Trotsky crece y se presenta como lo que fue, como un hroe trgico de nuestra poca, en novelas como la exitosa El hombre que amaba los perros de Leonardo Padura.

Es verdad que con el derrumbe de la URSS, el estalinismo qued definitivamente sepultado (aunque en Mxico parecen sobrevivir algunos de sus espectros insepultos). Sin embargo, el pensamiento de Trotsky sobrevive sosteniendo el ideal socialista y vive en la IV Internacional y en muchas otras organizaciones socialistas. De hecho, un posible signo del fin de la larga noche neoliberal es que el trmino socialismo, despus de ser ensuciado por el estalinismo, vuelve a ser prestigioso entre la juventud incluso en Estados Unidos!

Desde una perspectiva estratgica revolucionaria, podemos admitir que la organizacin trotskista resulta insuficiente para reagrupar fuerzas sociales y polticas que combatan al capitalismo, que necesitamos impulsar partidos amplios (no constituidos sobre la identidad trotskista) que, combatiendo consecuentemente al neoliberalismo, pasen a luchar contra el propio capitalismo. Sin embargo, en las organizaciones ligadas a la IV Internacional, e incluso ms all de ellas, la formacin en el pensamiento de Trotsky debe ser defendida y reactivada no slo porque es una herencia y una sea de identidad nuestra sino porque el marxismo de Trotsky es ms actual en nuestros das de lo que podra pensarse.

Es verdad que ya no existe la Unin de Repblicas Soviticas Socialistas (cuatro mentiras en cuatro palabras, decamos), pero desde hace varias generaciones en las escuelas se ensea que la URSS era socialista y que el socialismo fracas. Ante tal falsedad, siempre nos es necesario decir que ninguna de las llamadas y autoproclamadas sociedades socialistas lo eran realmente. Ante la mentira oficial de que el socialismo fracas todava debemos aclarar:

Que existi una corriente socialista, la que viene de Trotsky, que critic y luch contra la dictadura burocrtica y represiva que se instituy con la traicin de la revolucin rusa.

Que para nosotros el socialismo slo puede ser mundial, democrtico y libertario, igualitario, sin enajenacin del Capital y del Estado, sin explotacin ni opresiones de ningn tipo.

Que para nosotros no puede existir el socialismo en un solo pas, aunque s revoluciones polticas nacionales en las que la clase trabajadora toma el poder poltico del Estado abriendo procesos de revolucin permanente.

Que ese ideal socialista no slo es nuestro horizonte estratgico sino nuestra instancia crtica para evaluar cualquier intento de romper con el capitalismo y empezar a construir el socialismo.

Cabe agregar que, si bien es cierto que el estalinismo ya no existe, la burocracia permanece y se fortalece en el capitalismo. En este sistema, una amplia capa parasitaria de sirvientes del Capital (polticos y administradores) tiene la funcin de vigilar y controlar no slo los procesos polticos y econmicos sino prcticamente todos los procesos de la vida social. Tal es el sentido ltimo, por poner slo un ejemplo, de la mal llamada Reforma Educativa: despojar a los trabajadores de la educacin de sus derechos laborales para imponerles un control burocrtico administrativo. Pero la burocracia no slo es segregada por el capitalismo, tambin lo siguen haciendo los sindicatos y, por supuesto, los partidos institucionales -incluso los de la llamada izquierda progresista-.

Desde esta perspectiva, la crtica al despotismo burocrtico refuncionalizado por el capitalismo en su fase de dominacin neoliberal sigue siendo vigente.

Aclaro que no quiero recordar a Trotsky para volverlo un orculo que va a responder a todas nuestras preguntas o que va a resolver todos nuestros problemas como revolucionarios. Sera ir contra Trotsky y contra el propio marxismo que l defendi volver sus escritos y pensamientos dogmas incuestionables y no revisables, volver sus trazos polticos lneas no modificables.

De hecho, como debera saberse, Trotsky desarroll un marxismo no dogmtico ni ortodoxo. Su hertica y renovadora idea fuerza de la Revolucin permanente era una concepcin heterodoxa de la revolucin, que iba en contra de lo establecido por el simplificado marxismo de la Segunda Internacional. Y si seguimos sus debates en torno al curso de la revolucin rusa podemos detectar sin problema alguno que Trotsky revis e incluso modific radicalmente sus polticas. Y si conocemos sus elaboraciones polticas, podremos apreciar cmo stas dependan siempre de las circunstancias y situaciones concretas de cada pas.

Sin embargo, es verdad que los trazos estratgicos ms generales del pensamiento poltico de Trotsky son sus grandes aportaciones para nuestro presente. Me refiero a la concepcin de la Revolucin permanente, la propuesta del Programa de Transicin y a la necesidad de organizar el partido mundial de la IV Internacional.

Estos elementos son esenciales para definir los contornos del marxismo de Trotsky, que es una herencia que debemos saber recibir y conectar con la tareas revolucionarias de nuestro presente.

En ese sentido, quiero recordar para recuperar el marxismo de Trotsky como un marxismo crtico, innovador, creativo, heterodoxo.

Un ejemplo de ello es la poderosa concepcin de la Revolucin permanente. sta no es, por supuesto, una idea que puede brotar pensando en solitario frente al escritorio. Es una concepcin que se le impone a Trotsky con el acontecimiento revolucionario de 1905 en Rusia.

El 9 de enero de 1905, los trabajadores de San Petersburgo marchaban en una enorme y pacfica manifestacin al Palacio de Invierno del zar, encabezados por el pope Gapn, para suplicarle que atendiera sus quejas. El zar no slo se neg a escucharlos sino que orden a las tropas del palacio que abrieran fuego contra la multitud. Esa masacre provoc un estallido revolucionario: huelgas con demandas econmicas que se volvieron manifestaciones polticas, llegando a la formacin de soviets o consejos, que en principio fueron formados por los representantes directos de los obreros en huelga. Trotsky llegaba de Alemania a Kiev y de ah pas de inmediato a San Petersburgo, desarrollando un excepcional papel de agitacin y participando sin reservas en el proceso revolucionario. Con bolcheviques, mencheviques y social-revolucionarios, Trotsky asumi la direccin del soviet de Petrogrado y dirigi la batalla poltica contra el zarismo, generando un doble poder que luchaba arrancando concesiones sociales y por su supervivencia poltica.

Deutscher comenta que con la existencia del Soviet, las diferencias organizativas y polticas entre bolcheviques y mencheviques parecan desvanecerse: en condiciones de libertad poltica, Lenin abogaba por una elecciones de abajo hacia arriba en el partido y Mrtov se cuestionaba sobre el papel revolucionario de los liberales.

Cuando el Soviet fue reprimido, Trotsky fue arrestado, encarcelado y deportado a Siberia. En esa poca escribi 1905 y Balance y Perspectivas, en donde expone por primera vez su teora de la Revolucin Permanente.

Como se sabe o debiera saberse, Rusia era concebida como una sociedad atrasada y smbolo de la reaccin europea. Los socialistas discutan sobre la prxima Revolucin en Rusia, pero asumindola como burguesa.

Los mencheviques luchaban por una Repblica democrtica impulsando reformas constitucionales en alianza con la burguesa liberal. Pljanov, polemizando con los populistas, ya haba planteado la necesidad de pasar por el capitalismo, por lo que era imprescindible aliarse con la burguesa e impulsar contra el zarismo la lucha por una revolucin burguesa. Axelrod y los mencheviques sostenan la necesidad de una alianza con la burguesa liberal para combatir el zarismo e impulsar reformas constitucionales que abrieran espacio a una vida pblica democrtica. Las tareas de la revolucin socialista se postergaban en un futuro indeterminado.

Los bolcheviques luchaban por una Dictadura democrtica que impulsara una reforma agraria; por eso proponan una alianza entre obreros y campesinos, pero ninguna alianza con la burguesa liberal. Lenin aceptaba la necesidad de desarrollar el capitalismo e impulsar una revolucin burguesa. Sin embargo, le negaba a la burguesa liberal rusa la capacidad de hacer una revolucin y, sobre todo, de impulsar una reforma agraria que afectara a los terratenientes. Slo con una alianza entre los campesinos pobres y el proletariado se podra impulsar una revolucin que se volvera una dictadura (contra los terratenientes y fracciones de la burguesa) democrtica. Pero las tareas socialistas tambin se postergaban.

Polemizando con estas ideas, Trotsky formula su concepcin de la Revolucin permanente.

El etapismo de ambas concepciones, sobre todo de la menchevique, se correspondan con un marxismo ortodoxo tpico de la 2 Internacional, que daba primaca al factor econmico en una concepcin fatalista y monocausalista.

Trotsky cuestiona desde su 1905 la concepcin de una especie de dependencia automtica de la dictadura proletaria, respecto de las fuerzas y los medios tcnicos de un pas. A eso lo vea como un prejuicio de materialismo "econmico" simplificado al extremo. Tal criterio nada tiene de comn con el marxismo...

Trotsky no aceptaba ningn papel revolucionario de la burguesa liberal y vea en un gobierno obrero apoyado por los campesinos el impulso de una revolucin democrtica que ira ms all de las medidas burguesas, realizando tareas socialistas como la colectivizacin y el control estatal de la economa. Con todo, el impulso socialista slo poda ser mundial y con la intervencin decisiva del proletariado europeo.

Por cierto, con esa concepcin etapista los comunistas mexicanos se subordinaron por largas dcadas al rgimen posrevolucionario que se institucionaliz como PRM que devino luego en PRI-gobierno. Para ellos la revolucin mexicana era burguesa y deba cumplir sus tareas de desarrollar el capitalismo. En cambio, desde la concepcin de la revolucin permanente, nosotros, los trotskistas, vimos a la revolucin mexicana como interrumpida, por lo que deba construirse un partido obrero independiente del rgimen que aliado a los campesinos recomenzara la revolucin permanente.

Con la experiencia de la revolucin de 1905, a los 26 aos Trotsky escribe uno de sus primeros libros notables: Balance y perspectivas. Ms all de sus dotes de escritor y del anlisis riguroso y original que desarrolla en este libro, el texto est impregnado de un espritu revolucionario. Hace un anlisis de las (I) peculiaridades del desarrollo histrico ruso y del propio desenvolvimiento del capitalismo (II. Las ciudades y la capital). Examina las experiencias revolucionarias en su conjunto: revisa la revolucin francesa (1789), la europea de 1848 e incluye en esa lnea a la revolucin rusa de 1905 (III. 1789-1848-1905).

Estudia la relacin entre (IV) La Revolucin y el proletariado, formulando su idea de la revolucin permanente. En este captulo explica su concepcin de la revolucin como disputa del poder poltico:

La revolucin es una prueba de fuerza abierta entre las fuerzas sociales en lucha por el poder.

Al final de ese captulo ya apunta hacia la revolucin permanente:

Alguien puede consolarse pensando que, dentro del marco de una revolucin burguesa, la dominacin poltica del proletariado ser slo un episodio pasajero; y se puede tambin echar en olvido el hecho de que el proletariado, una vez en posesin del poder, no lo ceder de nuevo sin una resistencia desesperada, no lo soltar hasta que le sea arrebatado por las armas.

Las respuestas a las interrogantes que abre sobre la posibilidad de tomar el poder con el partido del proletariado las soluciona en el siguiente captulo: V. El proletariado en el poder y el campesinado, llegando a la formulacin de la dictadura obrera y campesina como sustento de la revolucin permanente.

En el captulo siguiente, VI. El rgimen proletario, traza las tareas democrticas y socialistas de este tipo de rgimen, el ejercicio mismo de la revolucin ininterrumpida. Ante sus crticos ortodoxos, examina la cuestin de (VII) las condiciones previas al socialismo. Concluye, en el siguiente captulo (VIII. El gobierno obrero en Rusia y el socialismo) que las condiciones objetivas para el socialismo han sido creadas por el desarrollo econmico de los pases capitalistas avanzados, y se pregunta por las condiciones en Rusia. Aunque explica que es inevitable y posible que tomando el poder poltico se avance en la transformacin socialista de la economa, reconoce que es imprescindible el apoyo estatal directo del proletariado europeo. Por eso dedica el siguiente captulo, el IX, a la relacin necesaria entre Europa y la Revolucin, aclarando la cuestin planteada:

Abandonada a sus propias fuerzas, la clase obrera rusa sera destrozada inevitablemente por la contrarrevolucin en el momento en que el campesinado se apartase de ella. No le quedar otra alternativa que entrelazar el destino de su dominacin poltica, y por tanto el destino de toda la revolucin rusa, con el destino de la revolucin socialista en Europa.

El libro termina con un llamado a (X) La lucha por el poder.

Trotsky no lo saba, pero estaba sacando las mismas conclusiones de Marx despus de la experiencia de la Revolucin de 1848, cuando manda una Circular del Comit Central a la Liga Comunista en marzo de 1850. En este documento Marx expresa abiertamente la idea de la revolucin permanente:

Las peticiones democrticas no pueden satisfacer nunca al partido del proletariado. Mientras la democrtica pequea burguesa deseara que la revolucin terminase tan pronto ha visto sus aspiraciones ms o menos satisfechas, nuestro inters y nuestro deber es hacer la revolucin permanente, mantenerla en marcha hasta que todas las clases poseedoras y dominantes sean desprovistas de su poder, hasta que la maquinaria gubernamental sea ocupada por el proletariado y la organizacin de la clase trabajadora de todos los pases est tan adelantada que toda rivalidad y competencia entre ella misma haya cesado y hasta que las ms importantes fuerzas de produccin estn en las manos del proletariado.

Por cierto, en relacin a la revolucin rusa, Marx no apoy a los marxistas rusos como Pljanov o Vera Zassoulitsch en 1881, que planteaban la necesidad de pasar por el capitalismo sino a los revolucionarios populistas. En sus cartas a Vera Zassoulitsch, Marx incluso explora la posibilidad de acceder al socialismo trascendiendo al capitalismo en Rusia. Todas esas ideas fueron abandonadas tanto por la ortodoxia de la 2 Internacional como por los marxistas rusos, volviendo dogma una concepcin etapista de la revolucin.

Sin embargo, Trotsky no cita esos textos de Marx porque no los conoca. l solo haba llegado a esas conclusiones.

Cmo lleg Trotsky a una concepcin que se separaba del simplismo economicista de la Segunda Internacional?

Michael Lowy recuerda que Trotsky no ley a Hegel pero se educ leyendo a Antonio Labriola, el marxista italiano que cuestion las concepciones economicistas y simplistas del marxismo ortodoxo de la poca, restaurando los conceptos de Totalidad y proceso dialctico, rechazando los dogmatismos y el culto a los textos, insistiendo en un desarrollo crtico del marxismo.

Para Trotsky, el marxismo es, ante todo, un mtodo de anlisis, pero no de anlisis de textos sino de las relaciones sociales. Un anlisis social pero desde el punto de vista de la Totalidad, como lo aplica Trotsky en Balance y Perspectivas.

Por eso hay una temprana crtica al materialismo econmico simplificado al extremo y, en contraste, un anlisis complejo y multifactorial: histrico, econmico y poltico, e incluso mundial, del problema de la revolucin rusa.

Contra los fatalismos, Trotsky defiende la idea de descubrir posibilidades en el desarrollo histrico, planteando posibilidades objetivas.
Contra las concepciones mecanicistas y simplificadoras, Trotsky defiende la concepcin del desarrollo desigual y combinado, es decir: la idea de la discordancia de las diversas esferas sociales as como de sus ritmos y tiempos, y la singularidad de la formacin social por su combinacin de formas atrasadas con formas avanzadas en el desarrollo econmico.

La teora de la revolucin permanente es, para algunos, la aportacin ms significativa e innovadora de Trotsky al marxismo.

Con ella se abre la posibilidad en los pases semi-coloniales o dependientes de trascender al capitalismo e iniciar una transicin democrtica y socialista, inaugurando una nueva era: la de una revolucin permanente que no terminar hasta el establecimiento del socialismo como sistema justo, humanizador, igualitario y democrtico a nivel mundial.

Aunque influido por Parvus e inspirado por algn artculo de Mehring, Trotsky desarrolla sus ideas de un modo propio y original, rompiendo tericamente con la concepcin fatalista, monocausalista y economicista del marxismo ortodoxo que elabora la Segunda Internacional (y que re-circul el estalinismo). Con esta concepcin desarrolla un marxismo creativo y crtico, complejo y totalizador, que hace un uso magistral del principio metodolgico complejo del desarrollo desigual y combinado.

Con esa teora, Trotsky predice a la Revolucin Rusa de 1917 y le permite a Lenin ir ms all de la revolucin burguesa, iniciando con los bolcheviques el primer experimento de transicin al socialismo en la historia.

Es una teora que, adems, ha pasado la prueba de la prctica, pues se ha confirmado en todas las tentativas revolucionarias del siglo XX.

Por otro lado, la teora de la revolucin permanente se vuelve una instancia crtica de todo proceso revolucionario (por eso la burocracia estalinista la enfrent con su absurdo ideolgico del socialismo en un solo pas). La revolucin permanente es el deber ser que cuestiona a lo que realmente es; es el Ideal socialista y emancipatorio denunciado a lo real que se separa de l.

Por eso, la Revolucin Permanente de Trotsky, que se concreta en una revolucin contra el orden burgus, tiene su continuidad en su lucha por una revolucin cultural que d un nuevo curso anti-burocrtico a la revolucin rusa, as como en su lucha por una revolucin poltica contra el estalinismo y la revolucin traicionada, y, finalmente, en su batalla por fundar una nueva organizacin mundial, la IV Internacional, cuya tarea es impulsar a la revolucin ininterrumpida a nivel mundial.

Esta concepcin de la Revolucin permanente no slo fue renovadora o heterodoxa en el marxismo de la poca sino que, adems, traza las perspectivas revolucionarias del presente para todo el mundo.

Nunca como ahora, que las polticas neoliberales asfixian las libertades democrticas y aniquilan las conquistas sociales -tanto en los pases perifricos, semicoloniales o dependientes como en los pases imperialistas- se hace necesaria una revolucin permanente que luche por el poder poltico para satisfacer las demandas democrticas -trascendiendo las limitaciones liberales y burguesas- para resolver las demandas econmicas y sociales en una dinmica que necesariamente debe ir ms all del marco capitalista nacional.

Hoy recordamos a Trotsky y su ejemplo y ste nos dice que necesitamos un marxismo crtico, renovador, creativo, heterodoxo, que dialogue con otras tradiciones y discuta con libertad y apertura. Nos dice que nunca ms se debe apelar a los dogmas, a las descalificaciones, al culto a los textos. Nos dice que no repitamos los procedimientos estalinistas de censura y ataque personal. Que el marxismo es por esencia crtico y antidogmtico y que, por eso, pueden existir muchos marxismos que deben dialogar entre s.

Pero tambin quiero recordar para recuperar el marxismo de Trotsky como un marxismo militante, un marxismo comprometido con la praxis revolucionaria.

Es verdad que Trotsky fue un innovador en el marxismo pero nunca fue un terico, un intelectual (dedicado por entero al pensamiento) o un acadmico. l pens y teoriz siempre para la praxis revolucionaria, para la praxis tica-poltica que busca transformar al mundo.

Escribe, y escribe muy bien, para hacer poltica. Escribe cientos de artculos, tambin escribe panfletos y folletos, incluso volantes (no en vano lo apodaron La Pluma), pero escribe para agitar, para trazar polticas, para lanzar consigas, para polemizar. Tambin escribe brillantes libros para reflexionar y analizar situaciones concretas, sacando siempre conclusiones polticas (incluso cuando escribe sobre el arte).

Trotsky siempre estuvo comprometido con la praxis.

Trotsky fue un militante y por eso su marxismo fue un marxismo militante. Por ello es injusto el camarada Enzo Traverso (destacado historiador que fue ayudante de Mandel) cuando critica a Trotsky como intelectual en la revolucin. En Qu fue de los intelectuales?, Traverso dibuja a un Trotsky intelectual que se pasea por Pars y Viena, discutiendo en los cafs y viviendo de su pluma como periodista, pero que cuando accede al poder, como jefe del ejrcito rojo durante la guerra civil, se vuelve una especie de filsofo-rey ya que propone la dictadura del partido, la militarizacin de los sindicatos, la ejecucin de rehenes, etc. Se vuelve, dice, un hombre de poder en el sentido maquiavlico. Slo recupera su papel de intelectual cuando critica al estalinismo.

Sin embargo, Trotsky no se comport como un intelectual durante la revolucin rusa (pese a sus sobresalientes dotes intelectuales) ni cuando luch contra la burocracia estalinista. Trotsky actu como un militante. De hecho, perdi debates importantes y acat lo que el partido resolva. Todos sabemos que no fue un poltico maquiavlico en su lucha contra Stalin. De haberlo sido, podra haber utilizado al ejrcito rojo que comandaba contra Stalin. Entonces, Stalin habra sido yo- contest alguna vez Trotsky cuando le preguntaron por qu no lo hizo. Traverso lo reconoce cuando dice que Trotsky no eligi el camino de la confrontacin por la fuerza con el estalinismo sino la batalla en el plano de las ideas. Pero eso no lo reduce a un intelectual sino a un militante que lucha por sus ideas en una organizacin poltica, agrupado (en la Oposicin de Izquierda) y tratando de democratizar la discusin partidaria.

Ya como profeta desterrado, y pese a las insistencias de muchos de que se dedicara a escribir y a no perder el tiempo con los debates interminables intentando formar la IV Internacional, Trotsky nunca abandon su compromiso militante: su compromiso de organizar, incluso en las peores condiciones, un partido internacional.

Gracias a l, el trotskismo nunca practic el marxismo ortodoxo que se volvi ideologa de la burocracia estalinista ni se volvi un marxismo acadmico, desligado de la praxis poltica. El trotskismo fue, es, debe ser un marxismo militante que piensa y repiensa todo en funcin de la praxis revolucionaria.

Por ltimo, quiero recordar a Trotsky para recuperarlo como modelo de un marxismo intransigentemente tico.

Daniel Bensad presenta a Trotsky como un ejemplo de la apuesta melanclica que todo revolucionario hace. Trotsky apuesta su vida y todas sus facultades por el ideal ms grande que puede haber con la conciencia de que no le tocar verlo ni vivirlo.

Sin embargo, la figura del apostador melanclico no alcanza para valorar a Trotsky. De hecho, si se conoce la vida de Trotsky, sta resulta apasionante y nos impresiona hondamente porque en ella se nos presenta la figura de uno de los pocos verdaderos hroes trgicos de nuestra poca.

Un hroe es aquel que se enfrenta sin doblegarse nunca a una fuerza negativa que sabe que lo sobrepasa. Un hroe combate a veces solo, quedndose solo, a una fuerza inmensa con la conciencia de que sta al final terminar con l. Como muchos otros, puede claudicar pero nunca lo hace, nunca deja de combatir. Por eso, esa fuerza terrible no logra vencerlo porque nunca dej la lucha y nunca se dobleg.

La triste historia de los comunistas del siglo XX es una historia de doblegados ante el peso del estalinismo. Miles de militantes e intelectuales prefirieron creer en Stalin y no pensar y mucho menos criticar. Por eso el simplificado y dogmtico marxismo ortodoxo se difundi con mucho xito.

Muchos otros saban lo que significaba el estalinismo y decidieron callar lo que saban. Algunos de ellos eran intelectuales que prefirieron no abordar temas polticos y la crtica al estalinismo. Mejor se dedicaron a la Esttica y a la reflexin sobre el arte (como el Lukcs maduro o el joven Snchez Vzquez), o a la epistemologa (como la escuela de Della Volpe en Italia o la escuela de Althusser en Francia), o a la crtica de la razn instrumental y la sociedad unidimensional (como la Teora crtica), etc. De esa manera se cultiv lo que Perry Anderson llam el marxismo occidental, en realidad un marxismo filosofante, acadmico, universitario y alejado de la poltica, de la crtica al estalinismo o a la dinmica del Capital.

Otros saban lo que era el estalinismo y lo defendan como socialismo real. Cuando ste se derrumb, pasaron de inmediato al anti-comunismo o a posiciones socialdemcratas, justamente cuando sta viraba de lleno hacia el liberalismo poltico (que lleva en sus entraas al liberalismo econmico: al neoliberalismo).

Hanna Arendt dira que todos esos comunistas sucumbieron, como muchos nazis, a la banalidad del mal porque no ejercieron su conciencia tica crtica. Y era difcil hacerlo porque haba un supuesto bloque socialista con mucho poder econmico y poltico. O porque el dogma, la descalificacin y la delacin eran las formas de un inexistente debate entre comunistas. O porque muchos de ellos vivieron aterrorizados hasta no slo doblegarse sino quebrarse y perder toda dignidad.

Para su desgracia hubo alguien que fue un intransigente tico que por su sola existencia los condena a todos ellos: Len Trotsky.

-Yo no soy Trotsky- exclama Bujarin cuando se autodenigra en los procesos de Mosc.

Qu significa su expresin en ese contexto?

-Yo no tengo el valor, la firmeza, la fuerza, la consistencia e intransigencia tica de Trotsky para enfrentar a Stalin y todo lo que representa.

Esa intransigencia tica de Trotsky es otra herencia que con orgullo debemos defender.

Por todo eso, adems, debemos recordar a Len Trotsky, leerlo, dialogar con l, aceptar los desafos estratgicos y revolucionarios que nos hered.

En realidad, la obra histrica, poltica, literaria y crtica de Trotski sigue siendo dusfrutable y ejemplar: su libro autobiogrfico (Mi Vida) parece novela. Sus dos tomos sobre la Historia de la revolucin rusa tambin parece una novela y son una importante aportacin a la explicacin y comprensin de dicho acontecimiento histrico. Su crtica inicial a la burocratizacin del proceso revolucionario apela a cambios significativos desde la vida cotidiana (El Nuevo Curso) y su explicacin a La revolucin traicionada no se centra en el personaje de Stalin sino en las dificultades del proceso revolucionario ruso. Su anlisis sobre el fascismo alemn (Alemania, la revolucin y el fascismo) es ejemplar, incluso su biografa sobe Stalin es objetiva y muy interesante, etc. En su muy extensa obra, encontramos una escritura clara y entretenida, objetiva y apasionada, crtica y autocrtica, pero siempre centrada en la cuestin de la Revolucin, no como lucha personal sino como cuestin histrica. En ese sentido, en su vida, sus acciones y su obra se preserva el aliento de la utopa revolucionaria.

Por eso, recordar a Trotsky es sorprenderse de que su pensamiento y ejemplo vital sigue vivo.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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