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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-08-2016

La historia no haba terminado, rectifica Fukuyama

Marcelo Colussi
Rebelin


"Lo que demoniz a Carlos Marx e hizo de l un adversario formidable; no fue haber predicado la revolucin, sino haber demostrado su inevitabilidad, aunque tal vez ocurra de manera diferente a como l lo so." Jorge Gmez Barata

 

"Defiendo la construccin del Estado como uno de los asuntos de mayor importancia para la comunidad mundial, dado que los pases dbiles o fallidos causan buena parte de los problemas ms graves a los que se enfrenta el mundo: la pobreza, el sida, las drogas o el terrorismo". Esta idea jams podramos asociarla al pensamiento neoliberal, que se caracteriza por una apologa de la libre empresa y de la reduccin del Estado. Pero curiosamente es lo que dice Francis Fukuyama en su libro Construccin del Estado: gobierno y orden mundial en el siglo XXI, de 2004.

Fukuyama, funcionario del Gobierno estadounidense, se hizo famoso cuando en 1992 (acompaando la desintegracin de la Unin Sovitica y la reversin de todo el campo socialista de Europa del Este) pronunci el grito triunfal en su libro El fin de la historia y el ltimo hombre: "la historia ha terminado". Pero en realidad lo dicho por l ni es pensamiento profundo, ni encierra ninguna verdad. La historia no haba terminado! A quin se le podra ocurrir tamao dislate? Es ms que obvio que eso es una visceral manifestacin ideolgica, un grito de fantico atolondrado ms que una serena reflexin de un acendrado acadmico.

A inicios de los noventa, cado el muro de Berln y derrumbado el campo socialista europeo, el capitalismo se sinti exultante, triunfal. Todo pareca indicar que la economa planificada no llevaba a ningn lado y que el mercado se impona como modelo nico e inevitable. Coadyuvaba con esta visin la idea de democracias parlamentarias como ms "civilizadas" y dando ms respuestas a los problemas sociales que las "dictaduras" del proletariado de partido nico. La misma poblacin rumana, por ejemplo, se encarg de fusilar a Ceauscescu con la misma saa que lo hicieron anteriormente los italianos con Mussolini. La derrota del experimento socialista, al menos la presentada por la prensa capitalista, pareca total.

Fue tan grande el golpe y en buena medida el golpe meditico que el capital supo implementar al respecto que el discurso dominante inund toda la discusin. La izquierda misma se qued perpleja, sin argumentos. Pareca cierto que la historia nos dejaba sin respuesta. Pero la historia no haba terminado. Puede terminar acaso? De dnde saldra esa monumental taradez?

El trmino "globalizacin" se adue de los espacios mediticos y del mbito acadmico, pasando a ser sinnimo de progreso, de proceso irreversible, de triunfo del capital sobre el "anticuado" comunismo que mora. Y nos lo hicieron creer. La siempre mal definida globalizacin pas a ser el nuevo dios; segn se nos dijo Fukuyama fue uno de sus principales difusores la misma traera desarrollo y prosperidad a todo el planeta. La historia haba terminado (mejor dicho: el socialismo haba terminado) y el trmino que lo expresaba con elegancia por no decir con refinado sadismo era globalizacin. No se poda estar contra ella.

Levantar los "viejos, anticuados, antidiluvianos" planteos del socialismo, del "defenestrado" marxismo, condenaba al ostracismo. Eran solo quimeras de nostlgicos trasnochados. O al menos ese fue el discurso dominante que buena parte de la izquierda termin aceptando. A tal grado lo acept, que en muy buena medida esa izquierda fue cooptada por la ideologa del posibilismo, de la resignacin. De ah que, ante tanto golpe recibido, algunos aos despus la aparicin de izquierdas light (encabezadas en muy buena medida por Hugo Chvez en Venezuela con la propuesta de un renovado socialismo del siglo XXI nunca definido hasta el da de hoy) encendieran tantas esperanzas.

En los noventa del pasado siglo el optimismo triunfalista del neoliberalismo en boga campeaba en mundo. Despus de las fracasadas experiencias socialistas (bueno, habra que discutir ms eso del "fracaso"), o mejor dicho, despus de la presentacin meditica que haca el capitalismo victorioso de los acontecimientos que marcan estos aos, no pareca quedar mucho espacio para las alternativas. Con fuerza irrefrenable, las polticas neoliberales barrieron el planeta. Segn nos aseguraban sus mentores, por fuerza traeran la paz y la felicidad. Se quitaban as del medio, de un plumazo, los inconmensurables logros que haban trado todas esas experiencias socialistas, en cualquiera de sus expresiones: en la Rusia bolchevique, en la China de Mao Tse Tung, en la Cuba revolucionaria, en Vietnam, en la Nicaragua sandinista (cuando Daniel Ortega era comandante guerrillero y no empresario como es ahora). En todas esas experiencias, no hay que olvidarlo nunca, se termin con el hambre, con la desnutricin crnica, con el analfabetismo, con la exclusin de los por siempre excluidos. En todas esas experiencias no hay que olvidarlo jams! el poder popular fue un hecho, las mujeres mejoraron sustancialmente su condicin de eternas oprimidas, no hubo nios de la calle, el deporte y la cultura pasaron a ser poltica de Estado y los logros cientficos (premios Nobel a granel) brillaron rutilantes. Ningn pas que fue intervenido con planes neoliberales (lase: capitalismo despiadado sin anestesia) logr algo de eso; por el contrario, en todos (en todos!, tanto del opulento Primer Mundo como entre los pobres del Sur) creci alarmantemente la pobreza, aunque hubiera supermercados abarrotados de productos del Tercer Mundo.

Pero hoy, dos dcadas y media despus de este grito de guerra proferido por Fukuyama y respaldado por el "No hay alternativas" de la Dama de Hierro Margaret Tatcher, la realidad nos muestra algo bastante distinto a paz y felicidad planetarias. El capitalismo creci, sin dudas, pero a condicin de seguir generando ms pobreza y devastando el planeta. La riqueza se reparte cada vez en forma ms desigual, con lo que puede decirse que si algo creci, es la injusticia. Y las guerras no slo no han desaparecido sino que pasaron a ser un elemento vital en la economa global; de hecho, en la dinmica de la principal potencia, Estados Unidos, es su verdadero motor, ocupando alrededor de un cuarto de todo su potencial y definiendo su estrategia poltica tanto interna como internacional. Pero aun peor: las estrategias blicas siguen dominando el panorama poltico mundial, tenindose la posibilidad de un enfrentamiento nuclear como una circunstancia real, lo que traera la peor tragedia para la humanidad. Por tanto la historia no haba terminado. Podemos quedarnos impasibles ante tamaa estupidez intelectual? No debemos reaccionar ante esa fanforrenera acadmica y levantar nuestra voz? La historia sigue, y aunque la escriban los que ganan, ah est devorando seres humanos, cambiando, transformndose continuamente, hacindonos ver que junto a la "oficial" hay otra historia: la verdadera.

Despus de unos primeros aos de impactante conmocin, tanto el campo popular como el anlisis objetivo de los hechos fueron saliendo del estado de shock, hacindose evidente que este momento de euforia de los grandes capitales era un triunfo coyuntural, enorme sin dudas, pero solo eso: un triunfo puntual (una batalla) en una larga historia que sigue su curso. Por qu iba a terminar la historia?

"Sintate al lado del ro a ver pasar el cadver de tu enemigo", ense hace 2.500 aos el sabio chino Sun Tzu en el Arte de la Guerra. Parece que este oriental entendi mejor el sentido de la historia que este moderno oriental americanizado, Fukuyama. La historia no termina.

Despus de observar los desastres que ocasion el retiro del Estado en la dinmica econmica-social de tantos pases siguiendo las recetas (impuestas, por supuesto) de los organismos financieros internacionales de Bretton Woods (FMI y Banco Mundial) en esta ola neoliberal absoluta, tambin hay gente pensante que reacciona. Este desastre con xodos imparables de inmigrantes desde el Sur hacia el Norte, con niveles de violencia creciente, con brotes desesperados de terrorismo torna al mundo cada vez ms problemtico, ms invivible. Y ah aparece nuevamente Francis Fukuyama.

En realidad en el libro citado de 2004 no desdice radicalmente de lo dicho aos atrs, pero lo matiza. Lo cual, en otros trminos, no es sino expresin de una enorme inconsistencia intelectual. Un grito de guerra no es teora. Y lo que aos atrs se nos present como formulacin seria y sesuda que la historia haba terminado no pasa del nivel de pasqun barato de pueblito provinciano, mal redactado y mucho peor pensado. No hay en juego ningn concepto riguroso: slo hay fanfarronera ideolgica. Si luego Fukuyama debi apelar a esta revalorizacin del papel del Estado, ello es lisa y llanamente porque la historia le demostr la inconsistencia del show propagandstico que nos lanz aos atrs. Adems, pone el acento en el Estado y no en las relaciones estructurales que el mismo expresa. El problema no est en el Estado, si debe ser fuerte o dbil: el problema siguen siendo la lucha de clases, la estructura real de la sociedad, de la que el Estado es su expresin. Acaso termin la lucha de clases? Si as fuera, por qu los centros de poder siguen almacenando armas y denostando al marxismo como su peor enemigo?

La historia no ha terminado, porque la matriz misma del ser humano es eso: la historia, el devenir, el fluir. Ser y tiempo (historia), dijo Heiddeger. "No podemos baarnos dos veces en el mismo ro", sentenci Herclito de Efeso hace dos milenios y medio en la Grecia clsica. No se equivocaba: la historia pasa, fluye, no se detiene. El capitalismo exultante, victorioso, lleno de glamour y de gloria en la actualidad, pero que hace agua por todas partes es solo un momento de esa historia. Nada es eterno. S hay alternativas!, habra que responder. En tanto haya injusticias habr quien levante la voz y se oponga a ellas, aunque hoy da se amarre la protesta, se la criminalice y se la intente reemplazar por espejitos de colores. Esa lucha interminable es la historia de nuestra especie!


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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