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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-08-2016

Una libertad nada libre

Marcelo Colussi
Rebelin


I

Durante los aos de la Guerra Fra se hablaba del mundo libre, opuesto al mundo de las tinieblas? que quedaba ms all de la oprobiosa e infame Cortina de Hierro. El Muro de Berln fue, quiz, su cono por excelencia.

La propaganda de Occidente (eufemismo por decir mundo capitalista) pregonaba insistentemente que ms all de esa frontera ideolgica (y militar!) que divida el mundo, reinaba la ms completa falta de libertad y desasosiego, mientras que, por aqu, tenamos el reino de la bonhoma y la prosperidad. Pero ms que nada: de la libertad! Alguien se lo habr credo? Seguramente s. En eso consiste, justamente, la ideologa. El manejo de las mentes no es algo nuevo; el ejercicio del poder va siempre de la mano de ello. Pan y circo decan los romanos hace dos mil aos; la historia no ha cambiado mucho.

Hoy por hoy asistimos a una compleja y muy bien estructurada tecnologa del manejo de las mentalidades colectivas; del circo, dicho en otros trminos. De hecho, se habla de una guerra de cuarta generacin, trmino acuado por el estratega militar estadounidense William Lind en 1989 para referirse a este tipo de lucha donde no hay un enfrentamiento directo entre dos cuerpos combatientes regulares, sino que se trata de dominar al oponente por medio de todo tipo de ardid, entrando all el manejo de lo meditico, de la psicologa colectiva, de la verdad. En otras palabras, se retoma aquella mxima de los nazis de Una mentira repetida mil veces termina hacindose una verdad. En la guerra la primera vctima es la verdad, se ha dicho. No caben dudas que la guerra social sigue, aunque nos haban dicho que las luchas de clases ya haban terminado (aunque nunca nos dijeron exactamente cundo y de qu modo).

En ese marco de mentiras bien urdidas, se nos dijo hasta el cansancio que nosotros ramos el mundo libre. Ahora el mundo ya no est dividido en estos dos grandes bloques. El socialismo muri (o, al menos, eso es lo que se nos dice). Viviremos todos, entonces, en el reino de la libertad? Bueno, quedan islas de oprobio an, segn se nos sigue diciendo. Cuba y Corea del Norte, por ejemplo. Pero nosotros nos podemos dar por contentos porque estamos del lado de la libertad.

II

Un nio de nueve aos me pregunt los otros das qu es la libertad. Pregunta por dems difcil de responder! Cmo explicarlo convincentemente? Se me vino a la imaginacin esto del mundo dividido en los libres y los no libres. Esclavos habra que decir, con mayor precisin? Siguiendo esa lgica, si somos libres, obviamente no somos esclavos.

Pero ah empezaron los problemas: vivimos en pases libres, pero libres de qu? De poder elegir, pens rpidamente. Elegir qu? Si es a las autoridades de gobierno, eso es tan relativo que no me atrev de manifestrselo a mi infantil interlocutor. Uno elige a quienes lo van a gobernar por un cierto tiempo, entendiendo que ellos son nuestros representantes.

Lo son? Me representan? Lo reflexion seriamente, y no me atrev a mentirle a mi inquisidor. Nuestras autoridades gubernamentales no nos representan en lo ms mnimo, por supuesto. Cuntas veces por mes, o por semestre, o por ao -bueno, digmoslo claramente: cuntas veces en la vida?- un funcionario electo por voto popular nos consulta algo para luego, supuestamente representndonos, transformarlo en una accin de gobierno? Creo que nunca. Es por ello que no pude decirle a mi joven demandante que all haba libertad. Podemos elegir libremente a un mentiroso que manejar las palancas de la estructura estatal, y terminado su perodo no habr cambiado en mucho. Eso es libertad: ir a votar? No me pareci correcto decir eso.

Quise enfocar la respuesta, entonces, por el lado econmico. Soy libre, claro, de hacer dinero si lo deseo. Onassis lo hizo en su momento, o Bill Gates, segn nos cuenta la historia. Pero es cierto eso? La gran mayora, inmensamente grande mayora, no sale de pobre, aunque trabaje y se esfuerce toda la vida. Por lo que se ve, no somos tan libres. Dnde est la libertad entonces?

En lo que consumimos! Ah pude encontrar ese nivel de libertad con el que tanto se nos bombardea. Estamos condenados a ser libres, haba dicho Jean-Paul Sartre. Por tanto, parece ser que con esto de comprar lo que me plazca podemos encontrar la verdadera libertad. Aunque pensndolo bien es cierto eso? Por qu consumimos lo que consumimos?

Si lo profundizamos, no parece muy libre todo esto. Consumimos enfermizamente? una cantidad creciente de productos solo porque nos lo imponen. Para qu tomamos bebidas gaseosas? O por qu cambiamos los modelos de aparatos de la industria moderna cada cierto tiempo? (refrigeradoras, telfonos mviles, hornos a microondas, automviles, computadoras, y una larga, casi interminable lista de productos). Me pregunto seriamente: alguien decide con libertad el modelo de telfono que hay que usar, por ejemplo? Pareciera que no. Las modas, la presin de la publicidad, la corriente que nos arrastra, nos fuerza en casi todas (en todas?) las decisiones de compra de algn bien o servicio.

Pero algo ms profundo an: de dnde sali eso que compramos lo que queremos, con total libertad? En todo caso, en los opulentos pases del Norte (que albergan apenas el 10% de la poblacin planetaria), existe un alto poder de compra. En los del Sur (el grueso de la Humanidad!), a duras penas se sobrevive. Como alguien expres alguna vez: en el Norte se discute sobre la calidad de vida; en el Sur, sobre su posibilidad. Por ms que los escaparates estn llenos de mercaderas y tenga toda la libertad del mundo para comprar lo que quiera, el bolsillo me dice que eso no es as. La libertad, una vez ms, queda en entredicho.

Entonces: qu es la libertad? Se me haca difcil encontrar la respuesta adecuada para mi joven interrogador. Pero la encontr!

III

 

La libertad de locomocin! Podemos irnos libremente de un lugar a otro. Esa es la libertad que tenemos. Y reflexion que en los pases aquellos de la ignominia, de la noche eterna donde no haba libertad, los que estaban detrs de la bochornosa Cortina de Hierro, su poblacin tena que escapar si quera la libertad. Aqu, en nuestros pases libres, podemos irnos de un lado para otro cuando queramos. Eso es la libertad!

Aunque, bien pensado: eso no es exactamente as. En los pases pobres de lo que antes se llamaba Tercer Mundo (pero que ahora, aunque no se les llame as, siguen siendo pobres), la gente no puede viajar con tanta facilidad precisamente. Comprar un boleto areo es cosa seria, muy seria. Averig un poco, y en nuestros pobres pases del Sur (que son la amplsima mayora del mundo) muy buena parte de sus habitantes nunca subi a un avin. En todo caso, si viajan, en general lo hacen como migrantes irregulares a los pases ms prsperos. Y as vemos corrientes monumentales de pobres que se van arriesgando su vida, cruzando mares o desiertos en condiciones de alto peligro, para buscar el sueo de algn pas tentador. Eso es la libertad?

La verdad, no me atrev a decirle a mi interlocutor que eso es la libertad, porque me pareci muy frgil la respuesta. Se deca que de Cuba escapaba la gente por la dictadura comunista que los encerraba. Me inform, y encontr que en la actualidad 30 personas por da abandonan la isla, con una poblacin de 11 millones y medio de habitantes. Lo compar con Guatemala, que no est muy lejos; all, con una poblacin de 15 millones de personas, no menos de 200 salen diariamente con rumbo a Estados Unidos. En el pas centroamericano hay libertad, pero se va ms gente (en realidad: huye de la pobreza crnica) que de Cuba.

Me empec a encontrar sumamente contrariado por no poder darle una respuesta convincente y bien fundamentada a quien me haba interrogado. Pero es que no somos libres de nada entonces? Y finalmente cre haberlo encontrado!: el suicidio!

Yo, y solamente yo, puedo decidir lo que hago con mi vida. Suicidarse es el ms alto indicador de libertad. Haba encontrado la respuesta, y estaba ya casi listo para drsela a quien me haba preguntado..., pero siempre hay un aguafiestas.

Por un lado, me dijo un sacerdote amigo que no es de buen catlico suicidarse, que dios no desea eso, y que quien lo hace -contrariando la voluntad divina, que es la nica instancia que puede disponer de nuestras vidas- no va al cielo sino que arder eternamente en el infierno.

Y no solo eso! Otra amiga, psicoanalista ella, me dijo que no es cierto que esa es una decisin voluntaria. La sombra del objeto ha cado sobre el Yo, me explic para fundamentar el suicidio. Frmula, por cierto, que no entend bien, pero que se me aclar cuando me dijo que, segn Freud, el iniciador del psicoanlisis, nadie es dueo en su propia casa. Es decir: que nuestras aparentes decisiones voluntarias no son tales. Y me puso como ejemplo para graficarlo el nombre propio: algo que nos hace ser lo que somos, que nos acompaa toda la vida, lo ms propio que tenemos, no lo elegimos nosotros. Pattico! no? Nuestros actos, nuestras conductas, nuestras decisiones ms personales, aparentemente libres, no son tales; continuamente hay una vida psicolgica que, aunque digamos racional, no depende de nuestra voluntad: es inconsciente! Y me explic que eso lo vemos en los sueos, en los actos fallidos, en el chiste, pero fundamentalmente en los sntomas, las inhibiciones y las angustias que nos acompaan. No soy libre de decidir mi vida, ni mi muerte.

Llegado a ese punto, ya no supe qu decirle a mi amiguito. Pero como no poda dejarlo en ascuas, le contest con algo que, quiz, le result incomprensible, pero l es libre de tomarlo o no: la libertad es una estatua francesa obsequiada al gobierno estadounidense que se encuentra a la entrada de Nueva York.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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