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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-09-2016

Texto ledo en el reciente homenaje de la Federacion de Escritores de Chile
Volodia Teitelboim

Jaime Concha
Rebelin


En la imposibilidad de estar presente en el justo homenaje que se rinde a Volodia Teitelboim, quisiera hacer llegar unas palabras para acercarme a la reunin a que ustedes tienen la suerte de concurrir. Es simplemente un saludo, un haz de recuerdos , sobre todo un testimonio de admiracin y agradecimiento al compaero y al escritor que aos atrs se fue de entre nosotros.

Y es que, de hecho, resulta impropio intentar siquiera una valoracin de las mltiples contribuciones que Volodia nos dej. Ello por dos razones. Primero, porque su valer est ya firmemente asentado en la conciencia de quienes an leen y piensan en Chile; luego, porque sera imposible, en una ocasin como esta, abarcar una obra y una accin multidimensionales, tantos fueron los frentes polticos en que combati , tantos fueron los dominios y tareas culturales en que trabaj. Senador de la Repblica y alto dirigente de su Partido, todos escuchamos o lemos alguno de sus discursos parlamentarios o conservamos una que otra imagen de su impresionante oratoria de masas. Lejos de toda demagogia, su decir era esencialmente conceptual, dirigido a resolver las cuestiones ms candentes que exiga la situacin. Lo vi en ms de una ocasin tomar notas para responder a objeciones o posibles preguntas. Con una gran caligrafa letra gorda y redondeada que llenaba fcilmente la pgina esbozaba un par de puntos para asestar en seguida una respuesta casi siempre contundente, nunca agresiva. Sus colaboraciones diarias para Escucha Chile, el programa radial del exilio desde el da siguiente al golpe militar, y sus labores de distinta ndole en Araucaria de Chile muestran a las claras el nexo estrecho que siempre hubo en l entre accin cvica y palabra escrita. En uno de sus libros habla de aunar esas dos divinidades tirnicas.

Conoc poco a Volodia. Como suele ocurrir en nuestro espigado pas, pese a ser ambos del sur, vinimos a encontrarnos en el lugar geomtrico de la capital, en aos previos al 73. Mi primera larga conversacin con l fue en el local de Quimant, en una oficina contigua a la que ocupaba Carmelo Soria. Se trataba de ponernos de acuerdo sobre la segunda edicin de La semilla en la arena, que con el nombre de Pisagua saldra pronto por las prensas de la Editorial del Estado. Yo preparaba el prlogo, lo que dio lugar a una pltica sobre el famoso realismo socialista, ya no muy vigente, pero que haba estado en boga cuando escriba su novela. En realidad, ms que un predominio excesivo de esa esttica, reinaba en la novela un aire distinto, con varios personajes inspirados en lecturas de Thomas Mann. Ms tarde, en uno de sus tomos autobiogrficos, mencionara su contacto con el autor alemn, especialmente con el Mann bblico, el de las Historias de Jacob y Jos y sus hermanos. Adems, como l mismo revela, mientras escriba su obra ley o reley La casa de los muertos, texto s i cabe emblemtico del mundo de la prisin.

Semanas despus caminamos por la Avenida Matta, en la cual o en cuyas cercanas habitaba por esos das. El pas se deshaca, haba huelgas por todos lados, de gas o de bencineras, ya no s. Luego de comentar lo que ocurra, el foco deriv de repente nada menos que hacia Jane Austen. Yo le confes con algo de vergenza que la inglesa no era ni haba sido nunca santa de mi devocin. Me recomend con cierta insistencia que leyera Orgullo y prejuicio. Su opinin no era nicamente literaria, sino que tena en cuenta la funcin que la autora haba cumplido en la formacin del ethos de la clase media rural y, ms que nada, por su actitud ante la condicin de la mujer. La novelista, digamos, como factor de civilizacin. Al llegar a Estados Unidos me di un bao de Austen, curs toda su obra y le di plenamente la razn. Hasta el da de hoy agradezco el consejo.

Durante los aos de la dictadura coincid varias veces con l en foros polticos, en congresos literarios y en eventos de otro tipo. Probablemente el recuerdo ms fuerte y pugnaz que conservo ocurri en El Escorial para un coloquio nerudiano organizado por colegas espaoles. Era temprano, esperbamos a Rafael Alberti en el hall del Hotel Felipe II cuando de pronto, demudado y descompuesto, lleg el chofer que se le haba asignado para conducirlo en sus desplazamientos. El hombre haba luchado contra Franco y haba estado en prisin. Traa ahora la noticia del colapso institucional de la Unin Sovitica y del desmantelamiento de la principal fuerza poltica del pas desde la Revolucin de Octubre. Admir en ese momento la serenidad de Teitelboim, teniendo en cuenta que el terrible acontecimiento era el segundo golpe bajo que, en menos de treinta aos, le propinaba la historia, primero en su patria, ahora este otro, de alcance mundial. Calm al compaero como pudo, inquiri dos o tres detalles y guard silencio. Durante todo el congreso no le o referirse a los hechos.

A ms de un lector le he escuchado expresar reservas crticas acerca de la prosa y el estilo de Volodia. Es bueno ser crtico, pero no para tanto!, habra dicho Neruda. Bromas aparte, el adjetivo usual con que se suele descalificarlo es el de retrico; segn esto, la escritura de Volodia sera demasiado retrica. Bueno, uno podra responder que la retrica no es mala en s. Gran parte de la brillante ensaystica de Mart sera inconcebible sin la excelente formacin retrica que recibi en La Habana antes de su destierro espaol. Aunque tal actitud ofrece todos los ribetes del prejuicio ideolgico, uno podra otorgar el beneficio de la duda y suponer que pudiera tratarse de una opinin honesta. En ese caso, mis argumentos seran los siguientes. La obra de Teitelboim, sumamente amplia, discurre por distintos canales discursivos. No es lo mismo el lenguaje de El amanecer del capitalismo en Chile, ensayo derivado de su disertacin universitaria que constituye ciertamente un hito en la historiografa crtica del continente por su aplicacin pionera del marxismo al fenmeno de la Conquista, que, por ejemplo, las tres novelas que plasman de modo peculiar aspectos y momentos decisivos en la historia del pas. Estas no son relatos anecdticos, no es la trama lo que en ellas importa, sino que representan verdaderas exploraciones, indagaciones sobre cmo se forja desde el seno del pueblo un luchador excepcional, sobre una poca de represin y, en el caso de su texto ms relacionado con el Golpe, el hecho mismo de la traicin. No tengo una lectura fresca de La guerra interna, pero cuando la le me sobrecogi la reflexin que all se desenvolva sobre el tema de la traicin. Esta, escndalo central, era el pecado mayor de lesa humanidad. Lo que lea se me asoci con un temprano dilogo platnico, el Hipias menor, donde Scrates se asombra de que la inteligencia o la razn, supremo privilegio humano, pudiera usarse para engaar o para causar dao moral. El mal por excelencia. Igualmente Teitelboim, para quien la traicin resulta ser la cosa ms incomprensible del mundo, escudria en Pinochet los repliegues turbios y retorcidos de un ejemplo de traicin, es decir, de un traidor ejemplar. Todo esto nos advierte que, en el interior del corpus del autor, hay una articulacin discursiva compleja, en que cada obra no se cie necesariamente a la etiqueta del gnero con que se presenta. Su misma serie autobiogrfica, imponente en su magnitud con cuatro volmenes de cerca de 2000 pginas, incluye recuerdos personales, murales de poca, memorias polticas, reflexin autocrtica, collage de notas, entrevistas y artculos dispersos, etc. La variedad de los escritos de Volodia es muy grande y no cabe encerrarla en un solo molde. A quien quiera entrar en su obra poniendo nfasis en la dimensin esttica, yo me permitira recomendarle la plaquette editada por LAR en plena dictadura en que, a un hermoso y furibundo poema de Cortzar, siguen unas pginas soberbias de Volodia, en las cuales traza un retrato magistral de la persona y la obra del argentino que fue su compaero en la lucha anti-dictatorial de Sudamrica. Son pginas vibrantes, chispeantes, veloces, casi de esgrima verbal, que segregan adems una intensa emocionalidad para con el gran escritor que haba desaparecido recientemente. A la vez, para mi gusto, los notables ensayos que public alrededor de 1970 son mucho ms que originales captulos de sociologa cultural. All, antes de las elaboraciones tericas sobre la transculturacin y antes de que Garca Mrquez sealara la extendida influencia faulkneriana sobre Rulfo , Onetti y sobre l mismo como efecto de la similitud entre un Sur trgico y vencido y una Amrica Latina regida por la impotencia histrica, Teitelboim observaba la repercusin que la lectura de Dostoievsky tuvo en los estudiantes pobres del continente, radicalizados polticamente por obra y gracia de un autor en el fondo de alma religiosa. A ojos de Gide y en su estupenda frmula, cada generacin aporta un hambre diferente. A los jvenes famlicos de los aos veinte y treinta, en Chile y Amrica Latina ( tambin en China y el Japn), la miseria de los personajes dostoievskianos los nutri y fortaleci con manjar suculento.

Malgr su prehistoria huidobriana, cuyo fruto fatal fue la Antologa que cometi a los 18 aos ( en un mea culpa retrospectivo habla de cuerpo del delito; y el delito principal no fue otro que la extraa exclusin de Mistral, deuda que pag con creces en su gran biografa posterior); a pesar de ella - digo - Teitelboim es esencialmente un hombre del 38. En esto no yerra el rtulo generacional que se le asigna. Testigo de la cada de Ibez, del levantamiento de la Escuadra y de la Repblica Socialista del 32, conmovido por la Guerra Civil Espaola, entrega todas sus fuerzas al nacimiento del Chile moderno con el Frente Popular. El muchacho del siglo veinte que alcanz a respirar los albores del Veintiuno, vive los dramas de su pas y las tragedias del mundo contemporneo. No claudica en sus ideales, tampoco en sus convicciones, a pesar de los golpes que recibe. Hacerlo, sera un acto de traicin. A mi entender ( pero puedo equivocarme) Teitelboim es un espcimen de una raza que est hoy en vas de extincin. Ojal me equivoque! Con races en el pensador ilustrado del 18 y del humanista republicano del 19, y por supuesto! - con todas las discontinuidades que la poca implica, Volodia representa un intelectual crtico de mirada latinoamericana, de sensibilidad mundial, que luch por valores de progreso y de justicia y que quiso lo mejor para su pueblo. Para l, escribir fue siempre un acto de utilidad social, un servicio de combate y de esperanza. Insisto: ojal me equivoque y haya otros ejemplares de su clase esperando pori

Ya restablecida la democracia, lo visit en su casa de Nuoa. Viva ( ustedes lo saben) con modestia y austeridad , como debera vivir toda persona decente en nuestro pobre pas. Solo los miserables habitan la opulencia. Me recibi en el primer piso, y era evidente que necesitaba ayuda para subir al segundo. Le habl de su triloga y le dije cosa que era cierto que cada una de sus biografas sobre los grandes poetas chilenos era objeto de estudio por parte de especialistas en los centros acadmicos norteamericanos. Se sonri con malicia. Ya no es una triloga, me dijo, sino va a ser una tetraloga. Efectivamente, trabajaba intensamente y estaba por terminar su Borges que saldra poco despus hacia fines de siglo. Retirado de sus funciones de direccin poltica, aunque nunca desvinculado del Partido, se volcaba ahora a una produccin torrencial, que lo mantuvo activo marcando por entero la ltima etapa de su vida. Al despedirme, lo vi sereno y tranquilo en su silln. Tena derecho a estar tranquilo: haba cumplido lo que, con cierta grandilocuencia pero con total certidumbre en su caso, podra llamarse un destino, su misin en la tierra.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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