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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-09-2016

Unidos Podemos y la conjura de los necios (contra la realidad)

Matas Escalera Cordero
Mundiario


Ajeno a este cansino bucle, o fastidioso da de la marmota de la investidura, que estamos viviendo en estos das, pensando en el torrente de opiniones que se vertieron y se siguen vertiendo sobre lo sucedido el 26J tratando de explicar el fracaso de Unidos Podemos en las ltimas elecciones generales, lo primero que me sorprende es precisamente eso del tremendo fracaso de la coalicin. Fracaso respecto de qu?, supongo que respecto de las expectativas creadas por los medios y las encuestas dirigidas precisamente a crear esa ilusin; porque no respecto de la realidad real, ni respecto de las previsiones que razonable y lgicamente se podan y se pueden hacer desde esa misma realidad real. Pues si desbaratar el chiringuito bipartidista y nacionalista de derechas (con PNV y la antigua Convergencia), que se haba montado y funcionaba desde la Transicin y que pareca eterno e inmutable, una organizacin popular que surge y se articula en un ao y pico, sin apelar a crdito bancario ni financiacin externa ninguna, sin sedes estables ni propiedades, ni medios afines o instrumentales, salvo los propios de la Red y del boca oreja; si concitar varios millones de votos alrededor de la idea del cambio de sistema poltico y de la honestidad, y sacudir el tablero poltico de este pas hasta hacerlo irreconocible, contra todos y contra todo, contra todo tipo de marrulleras y de ese descarado juego sucio de sus oponentes de clase, tanto desde los medios, como desde los aparatos polticos; si esto, que es objetivo, observable y cuantificable, es un tremendo fracaso, lo de Convergencia o lo del PSOE, o lo del PNV o lo de el propio PP, entonces qu es?

Es curioso y muy ilustrativo de cmo funcionan los estados de opinin comprobar cmo, en medio de todo el barullo meditico y opinador que se arm, y que an colea, muchos de los que clamaban, y an claman, contra el potencial alucinador de los medios, luego, son vctimas predilectas de la ilusin creada por esos mismos medios; y cmo amigos y colegas que me juraban y perjuraban, poco antes, que no lean El Pas, ni hacan caso de las encuestas, ni siquiera del Gran Wyoming, a la postre haban creado su visin del mundo real y de las cosas reales a partir justamente de las pginas de El Pas, de las encuestas y de El Intermedio.

Otra cosa que me sorprendi sobremanera, al analizar los resultados y el efecto demoledor de la abstencin de izquierdas, es que muchos de los que vienen de un fracaso histrico continuo y repetido en el espacio de la representacin, eleccin tras eleccin, desde el inicio mismo de los procesos electorales de este rgimen, repentinamente, consideraban, como para justificar su error, que alcanzar los millones de votos necesarios para gobernar en este pas es cuestin de coser y cantar, que concitar la voluntad de al menos ocho o nueve millones de voluntades es algo tan fcil que su voto no deba haber sido en absoluto necesario, ni su abstencin tan decisiva.

Igual de sorprendente que la actitud de esas otras inteligencias de izquierdas que consideraron, desde el principio, y an lo consideran, pese a la evidencia, que esos millones de voluntades necesarias para gobernar constituyen un bloque homogneo y sin fisuras ideolgicas, que responden a una nica visin del mundo, de la accin poltica y de gobierno y que, en consecuencia, admitirn sin rechistar un solo, nico y monoltico discurso cuanto ms radical mejor, por supuesto. Demasiado simple, no? Ojal fuese tan sencillo.

En general, un poderoso espejismo nos desconcert a muchos y ha confundido hasta el final a una buena parte de los grandes defraudados por estos resultados: esa especie de Fata Morgana que fue aquella aparente politizacin de la sociedad que, tras el 15M, nos ilusion, en efecto, a tantos, pero que finalmente no ha sido tal, o no ha sido tal y como nosotros esperbamos, como sealaba Pablo Muoz en su artculo del 8 de mayo de este mismo ao, previo al aniversario de aquellos asombrosos das de Sol, y previo, por tanto, a las ltimas elecciones, titulado Estamos all todava? Sobre la politizacin de la sociedad (o no).

Descontemos, pues espejismos incluidos, a todos ellos y, con ellos, a esos profetas del pasado, que siempre los hay en todas partes (los gremios de los economistas, periodistas y analistas polticos estn llenos de ellos; el amigo Monedero tambin result ser uno de los de yo ya lo saba), pues, en realidad, todos fueron vctimas de la misma ilusin meditica que los dems. Descontemos tambin a esa estupenda secta de sabios universitarios de izquierda metidos y perdidos en sus laberintos y jergas filosfico-sociolgicas, habitantes de sus reinos de Lapuda o miembros honorficos de la Gran Academia de Lagado, en sus extraos mundos de Gulliver; obsesionados con sus significantes llenos o vacos; sin sospechar, acaso, que tales significantes vacos, como socialdemocracia o mquina electoral estaban siendo re-significados delante de sus narices, en una batalla cuya municin, al fin y al cabo, no es ms nos guste o no que puro significante.

El propio Pablo Iglesias reconoca que lo ms importante que haba aprendido en ese ltimo ao previo a las segundas elecciones era que en la brega poltica las formas es lo nico que cuenta, que en este circo democrtico a la inmensa mayora no le importa que lleves la razn, ni que seas honesto o sincero, sino que guardes las formas; esto es, como dice una vecina de la madre de un gran amigo mo de A Corua, que el alcalde se vista de alcalde, que no vaya con esas pintas de gente normal y corriente, que haga lo que haga, eso no importa, lleve el traje de alcalde, que no importa tanto si es corrupto o no, ni si es siquiera sensato o no, el amigo Xulio Ferreiro; lo importante es que se vista de una vez de alcalde, esto es, de amo.

No importaba, pues, que lo lgico fuese que Pablo Iglesias le ofreciese pblicamente, delante de todos los ciudadanos, a Pedro Snchez formar un gobierno de progreso (que tenan a huevo), en donde este sera presidente y el propio Pablo Iglesias vicepresidente como era lo lgico y normal segn la correlacin de fuerzas en ese momento, cuyo objetivo prioritario sera desalojar a la derecha del poder y cambiar este pas, si no completamente, s en muchos aspectos esenciales para la mayora de nosotros; lo importante realmente no era eso, sino que se lo tena que haber dicho en privado, a espaldas de todos nosotros, tal como lo hizo y lo pact, a rengln seguido, este amigo de todos, que nos ha salido, el seor Rivera, pues l, cachorro del rgimen, s sabe guardar las formas y vestirse de alcalde tal como los votantes de toda la vida piden y quieren.

Descontados los que creen que votando van a hacer poco menos que la revolucin, descontemos tambin a los que, despus de sestear o de resignarse a lo mismo, y sustentar, acaso, con su voto el bipartidismo y a los corruptos durante dcadas, se cabrean una vez y votan a quienes deben votar, pero como no existe la magia, salvo en Harry Potter, y no se les soluciona su problema particular al da siguiente, de un modo inmediato y milagroso (entindase bien, su problema, no los problemas comunes que afectan a todos), se decepcionan (se desencantan, se deca cuando ramos jvenes) y dejan de hacerlo, a las primeras de cambio, porque todos son iguales.

Es curioso cmo unos y otros se resisten tenazmente a la simple evidencia de que mediante la representacin, y el voto ocasional, no se va a hacer ninguna revolucin ni se va a subvertir el orden establecido, ni tampoco se van a solucionar sus problemas particulares de un plumazo; algo que cualquiera que est en el mundo real sabe, como lo saben muy bien los votantes de derechas, que tienen muy clarito qu hacer con sus votos y para qu sirven; algo que a muchos votantes de izquierda, ocasionales o no, por lo que se ha visto, les cuesta entender. Por eso, la portada de El Jueves estaba completamente equivocada, los gilipollas no son precisamente los votantes del Partido Popular, los necios y gilipollas habra que buscarlos en otro sitio. Por ejemplo entre los que se quedaron en sus casas cuando tenamos a tiro el rgimen del 78.

Si descontamos a todas las vctimas de esa ilusin meditica de la que hablbamos al principio, que llev a la tremenda decepcin de los resultados, y, con ellas, a todos los votantes de izquierdas que se quedaron en casa, por unas u otras razones; lo que nos queda para entender lo que pas ese 26J es, por una parte, nuestra proverbial pereza democrtica: s, la de las gentes del comn, ms all de adscripciones ideolgicas o polticas, como muy bien nos lo explica el excelente documental cataln LEsma del Temps (El sentido del tiempo), de Marta Gonzlez, Alexandra Garca-Vila y Marta Saleta, que recomiendo encarecidamente que se vea, para entender lo que digo, para ver cmo se agota por la mera pereza del comn una experiencia extraordinaria de gestin participativa y democrtica de un municipio, Figar-Montmany, a 40 Km de Barcelona, promovida y llevada a cabo por la candidatura popular de una asamblea de vecinos, frente a la ya sobradamente conocida gestin los partidos tradicionales, y cmo es solo la invencible e incomprensible pereza de las gentes del pueblo, a las que simplemente se les pide tomar decisiones regularmente acerca de su propia vida, la que devuelve a los de siempre el poder de siempre, porque esos, ya se sabe, no nos obligan a tomar decisiones, sino que ellos las toman por nosotros (encantados, claro).

Nuestra proverbial pereza y tambin el miedo; un miedo social variopinto, pero muy extendido, al cambio real de las cosas. Es decir, el temor cierto e incontestable de una mayora de votantes que no quiere realmente cambiar el mundo, ni mucho menos asaltar los cielos, no solo desde la derecha, por supuesto, algo lgico; sino tambin desde una parte de la izquierda, que se diga lo que se diga en las reuniones familiares o entre amigos y colegas, o se grite lo que se grite en las plazas, como mucho quieren mejorar lo que ya tienen, o simplemente conservar lo que nos queda. Esos sectores, incluso una parte de los votantes del PP que bien podran votar a otras opciones, la mayor parte de los votantes del PSOE, y una parte de votantes potenciales, ocasionales e incluso fieles de IU o de Podemos, hacen sus cuentas, y en sus cuentas no entra la aventura de un cambio social y poltico radical.

Porqu los pobres votan a la derecha?, se pregunta Thomas Frank desde el ttulo mismo de su libro. Por qu enormes sectores de votantes pobres apoyan a sus enemigos de clase, a aquellos que reducen los impuestos de los ricos y acaban con las polticas y los servicios sociales que les ayudaran, a los pobres, a sobrellevar sus situaciones de pobreza y precariedad?

Frank explica, en parte, esta paradoja que no es solo americana por la inseguridad econmica desencadenada por el nuevo capitalismo, que ha conducido a una parte del proletariado y de las clases medias a buscar la seguridad en otra parte, en un universo moral ms claro y seguro por cuanto hunde sus races en tradiciones heredadas y fuertemente consolidadas en el imaginario popular que el que ofrecen sus representantes objetivamente ms cercanos. Es decir, que es en el terreno de los valores en donde han ganado la batalla; y al analizar lo que ha pasado en Gran Bretaa con el Brexit, o lo que sucede en Francia con el Frente Nacional, o la campaa de los republicanos o de Donald Trump en USA, parece que no va tan desencaminado.

Sin embargo, en Espaa hoy no es esa la razn fundamental, sino que la explicacin del fenmeno, tal como le escuch decir recientemente a Antn Losada en una mesa sobre la situacin poltica actual y las posibilidades de cambio en Galicia este septiembre, las causas de la hegemona de la derecha en su comunidad y en el resto del estado son dos: en primer lugar, la unidad del bloque conservador, en el que la aparente disidencia de Ciudadanos, como se ha comprobado, ha sido apenas un espejismo; y en el que, cuando realmente se les necesita, tanto la antigua Convergencia, como el PNV, acuden puntualmente al rescate (vanse sus trayectorias en el Congreso). Luego est la claridad del mensaje poltico, econmico y social transmitido por el PP y sus adlteres, un mensaje claro tanto en su formulacin como en los fundamentos ideolgicos sobre el que se construye.

Todo esto frente a un bloque de izquierdas dividido y fragmentado, que, adems, no tiene ningn discurso claro, ni tampoco un mensaje creble, factible y homogneo (no uniforme, pero s, al menos, homogneo) que transmitir a esa mayora social que determina los vaivenes electorales y marca el xito o el fracaso de las polticas econmicas y sociales. Pues lo que hay, por lo comn, son propuestas aqu y all, segn los territorios, diversas y dispares, matices sin cuento, contradicciones flagrantes, miedos naturales o infundados, junto a alegras populistas, que se entremezclan e impugnan entre s, hasta confundir y disuadir a los potenciales receptores de sus mensajes; y no digamos nada sobre los cimientos ideolgicos sobre los que este potpurr se levanta: ninguno o variadsimos, segn se vea; pues a los cimientos neoliberales sobre los que se construye el mensaje del bloque de derechas y, tal como sostiene David Harvey, el neoliberalismo es un autntico proyecto poltico, en realidad, el nico proyecto poltico que hay hoy sobre el tablero social y poltico internacional qu cimientos, qu proyecto opone la izquierda?, un neoliberalismo de rostro humano o un keynesianismo descafeinado, en el mejor de los casos, como quiere el PSOE?, un keynesianismo ms radical o una democracia econmica, al estilo del profesor David Schweickart, o un proyecto inclinado a las estrategias polticas y sociales previstas por Ernesto Laclau, como quieren otros sectores cercanos a IU o del entramado Podemos?; o quizs algo semejante al de la vieja socialdemocracia nrdica y alemana?; o, por el contrario, recetas socialistas clsicas?, o comunistas?, o libertarias?, o radicales, o menos radicales, o adaptadas a las coordenadas de la poltica europea e internacional, o audazmente rupturistas? Y respecto de Europa, por cierto, cul es el mensaje? En fin, mejor dejarlo (o no?)

Hace unos das, un buen amigo valenciano y excelente a analista de la realidad, resuma la cuestin, a la pata la llana, en estos trminos: en Espaa hay aproximadamente veinte millones de potenciales trabajadores, quince o diecisis trabajan, de los que trabajan, cinco o seis millones viven en la pobreza precaria, y el resto, unos diez u once millones, ganan salarios que les permiten vivir, a unos ms y a otros menos, razonablemente bien; esos diez u once millones bloquean cualquier posibilidad de cambio radical; teniendo en cuenta que de los otros, de los pobres precarios, una buena parte o no votan o ni siquiera son activos social y polticamente, qu se puede esperar?

Se pueden matizar y afinar las cifras y consideraciones, pero, me temo que por ah van las cosas. Esa masa de trabajadores que an mantienen un cierto nivel de vida, que suplen todava el deterioro y desmantelamiento de los servicios pblicos y del estado del bienestar mediante la apelacin a servicios privados compensatorios, hacen sus cuentas y virgencita ma que me quede como estoy; y no es que sean gilipollas o no tengan conciencia de lo que pasa, pues la tienen y muy clarita. No es eso, y no entenderlo desde determinados sectores izquierdistas poco atentos a la realidad real, o infantilizados, es fatal.

Los mismos sectores en los que se da, a menudo, esa especie de simulacin de confrontacin, en la que el melanclico papel del eterno perdedor no sera otra cosa que una autntica zona de confort existencial desde la que defenderse de la frustracin que nos embarga. De ah mi aversin a la necia mitificacin y mistificacin del perdedor entre nuestras filas. En el arte y en la realidad, odio la figura del perdedor por vocacin, pues as nos quieren y as nos han convencido de que tenemos que ser. Y algunos lo han interiorizado tanto que ya no saben ni ganar, cuando lo pueden hacer, ni reconocer la victoria, cuando la han alcanzado.

Hay, adems, como una incapacidad en parte de la vieja izquierda, tanto comunista como libertaria, para comprender el alcance mismo del sistema de representacin en las sociedades actuales, de modo que, como decamos ms arriba, algunos creen o parecen creer que con los votos se hace la revolucin y con esa conviccin votan o se quedan en casa.

Pero an ms ilustrativa de ese despiste general es la siguiente paradoja, que una parte significativa de aquellos que han proclamado durante los ltimos aos, all donde les dejaban, eso del fin del rgimen del 78; cada vez que han tenido la oportunidad de deshacerse de ese mismo rgimen, con sus votos o con su conducta parlamentaria, lo han apuntalado; ha sucedido el 26J, sin ir ms lejos, con su dejadez y abstencin, pero ya sucedi tambin antes, durante la Transicin, y, mucho ms recientemente, durante las jornadas en las que cientos de miles de personas rodeamos el Congreso de los Diputados; si la primera de aquellas tardes los representantes de IU hubiesen abandonado la institucin asediada por la indignacin popular, si hubiesen renunciado al rgimen y a sus prebendas esa misma tarde, algo nada difcil de imaginar, entonces s hubiesen mostrado su intencin de cambiar realmente las cosas; pero no se atrevieron a cambiarlas realmente: el aparato y una buena parte de sus militantes no supieron leer la realidad en esos das, como no han sabido leerla el pasado 26J. Recordemos, en este sentido, el desdn y el rechazo inicial del fenmeno del 15M por una buena parte de la organizacin y de la vieja izquierda; rechazo que en, ltima instancia, explica tambin ese visceral rechazo al Coletas y a Podemos, que les ha hecho quedarse en casa, antes de ir a votarles.

Est claro que Unidos Podemos no contemplaba ni se planteaba acabar con el sistema vigente. En este punto no hay ms que decir; era una plataforma electoral. Estaba claro tambin que una alianza estratgica con el PSOE, en los casos en los que se pueda producir, no busca una sociedad distinta de la que tenemos; los electores del PSOE y una buena parte de la base electoral de Unidos Podemos no la buscan ni la desean tampoco. En el actual sistema de representacin, el voto no est concebido para transformar el mundo, pero bien usado por nosotros, los de abajo, el voto puede convertirse en una herramienta de cambio; bien usado por los de abajo, el voto puede sacudir la realidad poltica de tal manera que se abran fisuras y contradicciones, acaso definitivas, en el sistema entero; de ah la pattica paradoja de esa vieja izquierda, los votantes de IU, por un lado, y de algunos sectores del electorado de Podemos, por otro (que se dejaron llevar por el que vienen los comunistas), que habiendo tenido la oportunidad de contribuir a una gran sacudida del sistema no lo han hecho, y han propiciado la actual situacin de nueva hegemona del bipartidismo y del nacionalismo de derechas; de nuevo en lo mismo, cuando tuvimos a nuestro alcance desplazar significativamente el eje de la poltica general y de gobierno de este pas.

Y, no obstante todo esto, Unidos Podemos, o lo que suceda a esta frmula, es el futuro de nuestra representacin. Unidos Podemos, o lo que d en los distintos territorios, o a escala estatal, es un espacio poltico con enorme potencial de transformacin, tal como afirm Alberto Garzn en su carta a los militantes de IU, tras comprobar su desafeccin a la frmula pactada con Pablo Iglesias. Y es verdad, y es justo esa otra parte de la organizacin de IU, representada por l, esa parte que ha sabido leer la nueva realidad espoleada por Julio Anguita, poltico lcido y honesto donde los haya, desprendida ya del fardo de la vieja poltica y de su estrecha vinculacin con las castas del sistema, la que es necesaria para la construccin de este nuevo espacio electoral junto con toda esas mareas y avalancha regeneracionista que se concitaron alrededor del fenmeno Podemos.

Esa era la conviccin que haba tambin detrs de los primeros comunicados y de las reacciones ms cualificadas, tanto de Anticapitalistas, como de todos los sectores que componen el conglomerado Podemos y que deben fundamentarlo. Por eso, habra que olvidarse de lo viejo, de esa rancia y vieja izquierda anclada en el pasado, tan acostumbrada a perder, que no sabe siquiera cundo puede ganar; olvidarse de los grandes medios (tratando de usarlos nada ms), y de todos los que sienten un vrtigo y un miedo invencible al cambio, y dirigirse a los crculos y asambleas ms activas, a las agrupaciones ms receptivas de la nueva IU de Garzn, a los foros independientes, a los millones que han apoyado con su voto el proyecto y a cientos de miles que no lo han hecho, pero que pertenecen a este mundo nuevo de expectativas; todos ellos son los interlocutores potenciales de Unidos Podemos, o de la frmula que venga y nos depare esta situacin tan fluida y cambiante; y reemprender el camino, reinventndonos cuantas veces sea necesario. Las noticias que llegan de Galicia, por ejemplo, son alentadoras, a pesar del sector ms fundamentalista, recalcitrante y ciego de Podemos, que no comprenden que Podemos no es un nombre, ni una marca, es una va y una actitud poltica, no un partido a la vieja usanza.

Y luego est el marco europeo, hay que traspasar los lmites de los viejos y nuevos estados nacionales (son el pasado), y hay que dirigirse a los jvenes y a las clases populares de toda Europa, ms all de las lenguas y de las fronteras, y demostrarles que hay un Plan B factible y posible, ms all del populismo neofascista. Ahora es ms necesario que nunca que alguien se dirija a ellos. Santiago Alba Rico tiene razn cuando dice que, si no lo hace Unidos Podemos, su derrota s habr sido una catstrofe, pero no solo para nosotros.

Como destaca Ricardo Martn Santos en uno de los ms certeros anlisis que he ledo, en Viento Sur, Cambio de ciclo, nuevas hiptesis, nuevas oportunidades, esta aparente derrota de Unidos Podemos puede convertirse si sabemos digerirla, y manejar sus efectos con calma y convenientemente en una verdadera oportunidad de cambio hacia escenarios muy diferentes a los actuales e insospechados a lo largo de los prximos aos. Si lo logramos, o si al menos vamos en esa direccin, el 26J no habr sido ms que un punto de inflexin hacia algo realmente nuevo. Algo que no abrir el camino a una revolucin, pero s a una sacudida del sistema que abrir grietas y fisuras irrestaables en sus pilares. Por lo dems, y aunque no se comparta lo dicho hasta aqu, s es sencillo de entender que es propio de necios castigarse a uno mismo, creyendo que as castigas a tu verdugo. Eso por si el da de Navidad tenemos que ir a votar con las panderetas y las zambombas en la mano.

Matas Escalera Cordero. Profesor y escritor.

Fuente: http://www.mundiario.com/articulo/politica/unidos-podemos-y-conjura-necios-realidad-i/20160902213901066849.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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