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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-10-2016

De Marx a Marcs
Neoliberalismo: triunfo del capital sobre el trabajador

Marcelo Colussi
Rebelin


I

Desde la dcada de los 80 del pasado siglo viene imponindose en el mundo lo que se ha llamado neoliberalismo. Para ser ms exactos, debera llamrsele capitalismo brutal, salvaje, hiperexplotador. Un sistema econmico-poltico-social que llev el poder del capital a un grado sumo, avasallando sin miramientos los avances que la clase trabajadora pudo ir conquistando a travs de dcadas de luchas.

La arrogancia de ese triunfo puede haber quedado registrada en las palabras de uno de sus ms connotados conos, la primera ministra britnica Margaret Tatcher: No hay alternativa. Ese es su grito de guerra: el neoliberalismo, el capitalismo ultra-explotador, se manifiesta triunfal cuando le dobla el brazo a los trabajadores. Ello se complementa con el otro grito de victoria, cuando se declara (Francis Fukuyama), que la historia ha terminado y llegamos al fin de las ideologas.

Ms ideolgica no puede ser la expresin. En realidad, no se trata de una constatacin de la realidad sino que es la ms visceral manifestacin de jbilo ante el triunfo en esta despiadada lucha de clase: Ganamos! (nosotros, la clase dominante), y ahora ustedes, los trabajadores, no tienen ms alternativa: o capitalismo o capitalismo!

La alegra del triunfo ensoberbeci a los ganadores, los llen de gozo, los emborrach de poder. El odio de clase (visceral, absoluto) les sali por los poros. La cada del campo socialista (derrumbe de la Unin Sovitica y reformas capitalistas en la China comunista), ms el triunfo de las polticas privatistas que marcan del mundo desde hace algunos aos, hizo sentir a la clase dominante global como blindada ante su oponente histrico: la clase trabajadora (en cualquier de sus expresiones: proletariado industrial urbano, obreros agrcolas, campesinos pobres, sub-ocupados, pobrero en general).

Tanto los anim en su triunfo, que la derecha pudo permitirse decretar la muerte del marxismo, por (supuestamente) obsoleto, desfasado, pasado de moda. Pero, como dice el pensador argentino Nstor Kohan: Curioso cadver el del marxismo, que necesita ser enterrado peridicamente. Si tan muerto estuviera, no habra necesidad de andar matndolo continuamente. Sin dudas, parafraseando a Hegel, el Amo tiembla aterrorizado delante del Esclavo porque sabe que, inexorablemente, tiene sus das contados.

Dicho de otro modo: en estos momentos las fuerzas del capital detentan un triunfo inapelable. Pero ese triunfo no es eterno: la historia contina (quin dijo la tamaa estupidez de que haba terminado?) Y la clase dominante (hoy habra que decirlo a nivel global: los capitales globales que manejan el planeta, allende las fronteras nacionales, yendo mucho ms all de los gobiernos puntuales, incluida la Casa Blanca), sabe que no puede dar ni un milmetro de ventaja a la clase explotada, por eso sigue minuto a minuto, segundo a segundo, manteniendo los mecanismos de sujecin. Para qu, si no, las fuerzas armadas y los cuerpos de seguridad que viven modernizndose? Para qu, si no, toda la parafernalia meditico-cultural que nos mantiene maniatados? (lase industria del entretenimiento, televisin, Hollywood, toneladas y toneladas de deporte profesional, nuevas iglesias fundamentalistas, distractores varios como concursos de belleza o cuanta banalidad superficial nos inunda).

El marxismo, obviamente, no ha muerto porque las luchas de clase no han muerto! Y esta avanzada fenomenal del capital sobre las fuerzas del trabajo nos lo deja ver de modo evidente. A los cadveres se les sepulta una sola vez Los muertos que vos matis, gozan de buena salud (frase apcrifa atribuida a Jos Zorrila), pareciera que aplica aqu. Por supuesto! Si el marxismo es la expresin de lucha de las clases explotadas, eso de ningn modo pas de moda.

II

Las polticas neoliberales, impulsadas por los organismos crediticios internacionales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional (Consenso de Washington, como se les llama), podra decirse que tienen como objetivo una super acumulacin de riquezas, fundamentalmente a travs de los sistemas financieros, para aumentar ms an el patrimonio de los ya enriquecidos capitales del Norte. Pero junto a ello, estas polticas podran entenderse como una nueva expresin, corregida y aumentada, de la nunca jams terminada lucha de clases, un elemento que intenta domesticar a la clase enfrentada, doblegarla, ponerla de rodillas.

Si el discurso triunfal de la derecha intent hacernos creer estos aos que la lucha de clases haba sido superada (?), el neoliberalismo mismo es una forma de negar eso. De Marx (con x) se nos dijo que pasbamos a marcs: mtodos alternativos de resolucin de conflictos. Qu mtodo alternativo existe para superar la explotacin? La negociacin? Nos lo podremos creer? Se negocia algo, superficial, tolerable por el sistema (un aguinaldo, o dos, o cuatro), pero si el reclamo sube de tono (expropiacin, reforma agraria), ah estn los campos de concentracin, las picanas elctricas, las fosas clandestinas. No olvidarlo nunca!

Esta nueva cara del capitalismo, que dej atrs de una vez el keynesianismo con su Estado benefactor, ahora polariza de un modo pattico las diferencias sociales. Pero no solo acumula de un modo grotesco: la fortuna de los 500 millonarios ms ricos equivale casi a la mitad de la riqueza mundial; lo facturado por cualquiera de las grandes corporaciones multinacionales equivale al producto bruto de 5 pases pobres del Sur juntos. Sirve, adems, para mantener el sistema de un modo ms eficaz que con las peores armas, con la tortura o con la desaparicin forzada de personas. El neoliberalismo golpea en el corazn mismo de la relacin capital-trabajo, haciendo del trabajador un ser absolutamente indemne, precario, mucho ms que en los albores del capitalismo, cuando la lucha sindical an era verdadera y honesta. Se precarizaron las condiciones de trabajo a tal nivel de humillacin que eso sirve mucho ms que cualquier arma para maniatar a la clase trabajadora.

En ese sentido pueden entenderse las actuales polticas privatistas e hiper liberales (transformando al mercado en un nuevo dios) como el ms eficiente antdoto contra la organizacin de los trabajadores. Ahora no se les reprime con cachiporras o con balas: se les niega la posibilidad de trabajar, se fragilizan y empobrecen sus condiciones de contratacin. Eso desarma, desarticula e inmoviliza mucho ms que un ejrcito de ocupacin con armas de alta tecnologa.

Si a mediados del siglo XIX el fantasma que recorra Europa (atemorizando a la clase propietaria) era el comunismo, hoy, con las polticas ultraconservadoras inspiradas en Milton Friedman y Friedrich von Hayeck, el fantasma aterroriza a la clase trabajadora, y es la desocupacin.

III

De acuerdo a datos proporcionados hace muy poco por la Organizacin Internacional del Trabajo -OIT-, nada sospechosa de marxista precisamente, 2,000 millones de personas en el mundo (es decir: dos tercios del total de trabajadores de todo el planeta) carecen de contrato laboral, no tienen ninguna ley de proteccin social, no se les permite estar sindicalizados y trabajan en las ms terribles condiciones laborales, sujetos a todo tipo de vejmenes. Eso, valga aclararlo, rige para una cantidad enorme de trabajadores y trabajadoras, desde un obrero agrcola estacional hasta un profesor universitario (aunque se le llame Licenciado o Doctor), desde el personal domstico a un consultor de la Organizacin de Naciones Unidas. La precariedad laboral barre el planeta.

Junto a ello, 200 millones de personas a lo largo del mundo no tienen trabajo, siendo los jvenes los ms golpeados en esto. Para muy buena cantidad de desocupados, jvenes en particular, marchar hacia el sueo dorado de algn presunto paraso (Estados Unidos para los latinoamericanos, Europa para los africanos, Japn o Australia para muchos asiticos o provenientes de Oceana) es la nica salida, que muchas veces termina transformndose en una trampa mortal.

La precarizacin que permitieron las polticas neoliberales fue haciendo de la seguridad social un vago recuerdo del pasado. De ah que 75% de los trabajadores de todo el planeta tiene una escasa o mala cobertura en leyes laborales (seguros de salud, fondo de pensin, servicios de maternidad, seguro por incapacidad o desempleo.), y un 50% carece absolutamente de ella. Muchos (quiz la mayora) de quienes estn leyendo este opsculo seguramente sufrirn todo esto en carne propia.

Si se tiene un trabajo, la lgica dominante impone cuidarlo como el bien ms preciado: no discutir, soportar cualquier condicin por ms ultrajante que sea, aguantar Si uno pasa a la lista de desocupados, sobreviene el drama.

Complementando estas infames lacras que han posibilitado los planes neoliberales, desarmando sindicatos y desmovilizando la protesta, informa tambin la OIT que 168 millones de nios (ninguno de ellos cubano!) trabaja, mientras que alrededor de 30 millones de personas en el mundo (nios y adultos) labora en condiciones de franca y abierta esclavitud (la que se aboli con la democracia moderna!, segn nos ensearon)

La situacin de las mujeres trabadoras (cualquiera de ellas: rurales, urbanas, manufactureras, campesinas, profesionales, sexuales, etc.) es peor an que la de los varones, porque adems de sufrir todas estas injusticias se ven condenadas, cultura mediante, a desarrollar el trabajo domstico, no remunerado y sin ninguna prestacin social, faena que, en general, no realizan los varones. Trabajo no pagado que es fundamental para el mantenimiento del sistema en su conjunto, por lo que la explotacin de las mujeres que trabajan fuera de su casa devengando salario, es doble: en el espacio pblico y en el domstico.

Este retrato desolador de la situacin laboral mundial muestra cuan inmenso es el dficit de trabajo decente, manifiesta la OIT, exigiendo entonces una apuesta decidida e innovadora a los diferentes gobiernos para hacer poder llegar a cumplir los llamados Objetivos de Desarrollo Sostenible impulsados por el Sistema de Naciones Unidas para el perodo 2015-2030.

Lamentablemente, ms all de las buenas intenciones de una agencia de la ONU, los cambios no vendrn por decididos e innovadores gobiernos que se apeguen a bienintencionadas recomendaciones. Eso muestra que la lucha de clases, que sigue siendo el imperecedero motor de la historia, contina tan al rojo vivo como siempre. Que el neoliberalismo es un intento de enfriar esa situacin, es una cosa. Que lo consiga, una muy otra.

Como dijera este pensador alemn a quien se le declar muerta varias veces su obra, pero que parece renacer siempre: No se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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