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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-12-2016

Aunque se incendie el planeta
Inundar el mundo de petrleo

Michael T. Klare
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


La nostalgia de Donald Trump por las energas y el camino que lleva al infierno

Introduccin de Tom Engelhardt

La administracin Trump, hoy en formacin, es una mezcolanza de generales y multimillonarios; en el caso del probable nuevo secretario de Defensa, el general de la infantera de marina retirado James Mad Dog Mattis, incluso los hombres de armas parecen haber hecho algo ms que algunos dlares en estos ltimos aos. Por ejemplo, una vez retirado, Mattis, accedi al directorio de General Dynamics, el gigante de la industria armamentista, como uno de los 13 directores independientes, que segn se sabe acumulan por lo menos 900.000 dlares en acciones de la empresa y otros 600.000 en metlico de disposicin inmediata.

As es, y todava hay un requisito ms para ser admitido en la administracin Trump: el civil designado debe estar preparado para demoler el sistema con que l o ella se encuentre. Betsy DeVos, la favorecida por el presidente electo para la secretara de Educacin, quiere hacer pedazos la educacin pblica; Tom Price, el futuro secretario de Salud y Servicios Humanos, est impaciente por desmantelar el Obamacare y el Medicare; Scott Pruitt, que ha sido propuesto para dirigir la Agencia de Proteccin Ambiental (EPA, por sus siglas en ingls), parece desear el despedazamiento total de esa Agencia; y el candidato a la nueva secretara de Trabajo (es verdad que esto hay que ponerlo entre comillas), el CEO de la comida rpida Andy Puzder, est contra el aumento del salario mnimo y piensa que la automatizacin del puesto de trabajo es una ventaja total, ya que las mquinas no se toman vacaciones y nunca llegan tarde.

Seamos realistas; el gobierno ms extremista de los ltimos tiempos va a ser un clsico de la demolicin. Imaginemos una administracin Reagan de los ochenta del siglo pasado que ha tomado esteroides para coger msculo, y no olvidemos que Donald Trump ser el presidente de un pas mucho ms frgil que el que gobernaron Ronald Reagan y sus compinches. Las cosas podran empezar a desmoronarse para el estadounidense de a pie. Por ejemplo, se espera que el nuevo Congreso republicano apruebe rpidamente la prometida versin revocar y demorar de la obliteracin del Obamacare, borrando oficialmente ese programa de los libros e incluso aplazando su implementacin y facilitando la entrada de lo que sea para reemplazarlo hasta que lleguen las elecciones de 2018. Sin embargo, en el nterin, el resultado podra ser una especie de mercado de atencin sanitaria tipo zombi desde el cual se espera que salten las compaas de seguros, con la posibilidad de que un nmero importante de los 20 millones de estadounidenses que accedieron por primera vez a una cobertura mdica va Obamacare se quedaran con las manos vacas. 

Despus, cuando Pruitt, el jefe de la EPA, ayude con todos los medios a su alcance a que Donald Trump consume su revolucin energtica con la explotacin desenfrenada de los combustibles fsiles, tal como nos lo cuenta claramente hoy Michael Klare, colaborador regular de TomDispatch, y los cielos de Estados Unidos vuelvan a llenarse de niebla txica, habr mucha ms necesidad de cuidados sanitarios en lo que haya quedado en el horizonte.

Donald Trump, como seala Politico, ya est en guerra contra los trabajadores, y contra los futuros fracasados de las escuelas pblicas, y contra la red de seguridad estadounidense, y contra el medioambiente, por no hablar del planeta todo... y esto incluso antes de que pongamos nuestros ojos en la guerra de verdad, que ser supervisada por un equipo de islamfobos e iranfobos. Si, como puntualiza hoy Klare, el mismo Trump es un serio caso de nostalgia del Estados Unidos de su juventud (tambin el de la ma), con su admiracin por los combustibles fsiles, no olvidemos que esa nostalgia tambin manda en los asuntos militares. En ese caso, sin embargo, no solo seran los paisajes petroleros de la mitad del siglo XX sino tal vez los de los tiempos de las Cruzadas.

* * *

La obsesionada poltica energtica de Trump y la pesadilla planetaria por venir

Repasemos las promesas de campaa de Trump o volvamos a escuchar sus discursos; podramos concluir con toda facilidad que su poltica energtica es poco ms que una lista de deseos formulada por las mayores empresas de explotacin de combustibles fsiles: quitar las limitaciones medioambientales a la extraccin de petrleo y gas natural, construir los oleoductos de Keystne XL y Dakota Access, permitir que ms tierras federales sean abiertas a la perforacin, retirar a Estados Unidos de los acuerdos climticos de Pars, acabar con el plan de Energas Limpias de Obama, reactivar la industria de la extraccin de carbn, y ms, y ms, hasta el infinito. De hecho, muchas de sus propuestas, simplemente han sido extradas directamente de las conversaciones con los ms altos directivos de la industria de la energa y sus prdigamente financiados aliados en el Congreso.

Sin embargo, si el lector mira detenidamente este cmulo de propuestas pro-dixido de carbono, las todava inadvertidas contradicciones muy pronto se hacen aparentes. Si todas las polticas de Trump fuesen aprobadas y el nombramiento del negacionista del cambio climtico y fiscal general de Oklahoma, cuya amistosa actitud en relacin con la industria de la energa es bien conocida, Scott Pruitt, al frente de la EPA sugiere que eso se har no todos los sectores de la industria de la energa prosperarn. En lugar de eso, muchas empresas de los combustibles fsiles sern borradas del mapa gracias a la cada de precios provocada por el enorme exceso de oferta de crudo, hulla y gas natural.

Por cierto, dejemos de pensar que el objetivo de la poltica energtica de Trump es sobre todo ayudar a las empresas que explotan los combustibles fsiles (aunque, seguramente, algunas se beneficiarn). Antes bien pensmosla como una nostlgica compulsin que aspira a restaurar el Estados Unidos de otros tiempos, donde las centrales elctricas a carbn, las siderrgicas y los coches siempre sedientos de gasolina eran los indicadores del progreso, mientras la preocupacin por la contaminacin del aire dejemos de lado el cambio climtico todava era una cuestin por venir.

Si queremos una confirmacin de que esa devastadora versin de nostalgia da forma al corazn y el alma de la agenda energtica de Trump ms vale no centrarse en sus propuestas especficas o en alguna combinacin de ellas. Miremos en cambio su eleccin del CEO de ExxonMobil Rex Tillerson para que sea su secretario de Estado y la del ex gobernador del empetrolado estado de Texas, Rick Perry, para la secretara de Energa, por no hablar de su fervor por los combustibles fsiles que ti todas sus declaraciones y opiniones durante su campaa electoral. Segn su sitio web de campaa, su mxima prioridad ser permitir que Estados Unidos destine 50 billones de dlares a la explotacin de las reservas de crudo y gas natural no convencionales, adems de las de hulla. Para ello, dice el sitio web, Trump arrendar zonas federales, tanto en tierra como en el mar, anular la moratoria que pesa sobre el carbn y abrir los yacimientos de energas no convencionales. Mientras tanto, cualquier norma o regulacin que se cruce en el camino de la explotacin de esas reservas ser anulada.

Si todas las propuestas de Trump resultan aprobadas, se disparar la emisin de gases de efecto invernadero (GEI) de Estados Unidos, dando fin as a la disminucin lograda en los ltimos aos e incrementando la velocidad del cambio climtico global. Dado que otros importantes emisores de GEI, sobre todo India y China, se sentirn menos obligados a cumplir los compromisos sumidos en Pars si Estados Unidos no los respeta, lo ms probable es que el calentamiento global aumente ms all de los 2 C por encima de los niveles de la era preindustrial que los cientficos consideran que es lo mximo que el planeta es capaz de absorber sin que haya catastrficas consecuencias. Y si, tal como prometi, Trump revoca tambin todo un conjunto de regulaciones medioambientales y desmantela la EPA, gran parte del progreso logrado en los ltimos aos en la mejora del la calidad del aire que respiramos y el agua que bebemos sencillamente ser eliminado y el cielo sobre nuestras ciudades y zonas suburbanas volver a ser gris por la niebla txica y los contaminantes de todo tipo.

Eliminar todas las restricciones en la extraccin de carbn

Para apreciar en toda su dimensin la oscura y delirante naturaleza de la nostalgia energtica de Trump, empecemos haciendo un repaso de sus propuestas. Dejando de lado su coleccin de Tweets y simplismos, hay dos discursos suyos dichos ante grupos de la industria de la energa que son la expresin ms elaborada de sus puntos de vista: el primero, lo pronunci el 26 de mayo en el Congreso de la Cuenca Petrolera Williston, en Bismarck, North Dakota, para un grupo dedicado bsicamente a la extraccin de petrleo no convencional mediante la tecnologa de fractura hidrulica (fracking) en la formacin Bakken; el segundo, fue el 22 de septiembre en Pittsburgh y estaba dirigido a la Coalicin Marcellus Shale, un grupo de extraccin mediante fracking en el estado de Pennsylvania.

En ambas ocasiones, los argumentos de Trump estaban pensados para conseguir el favor de este segmento de la industria mediante la promesa de derogar cualquier regulacin que se opusiera a la intensificacin de las perforaciones. Pero esto no era ms que el comienzo para el por entonces candidato. Despus, continu con el planteo del Plan energtico Estados Unidos primero, diseado para la eliminacin virtual de todo impedimento a la explotacin de petrleo, gas natural y carbn tanto en tierra firme como en aguas costeras para asegurar el liderazgo mundial duradero en la produccin de combustibles fsiles.

Buena parte de esto, adelant Trump en Bismarck, sera puesto en marcha en los primeros 100 das de su gobierno. Entre otras cosas, prometi:

* Rescindir el compromiso de Estados Unidos con los acuerdos climticos de Pars e interrumpir los pagos a los programas de Naciones Unidas contra el calentamiento global con dinero del contribuyente estadounidense.

* Levantar cualquier moratoria existente relacionada con la produccin de energa en tierras federales.

* Solicitar a Canad la renovacin de los permisos para la construccin de oleoducto Keystone.

* Anular las polticas que imponen restricciones injustificadas respecto de las nuevas tecnologas de perforacin.

* Salvar la industria del carbn.

Los detalles de cmo sucedera todo esto no fueron proporcionados ni por el candidato ni ms tarde su equipo de transicin. De todos modos, el eje central de su enfoque no podra ser ms claro: abolir todas las regulaciones y directivas presidenciales que se opongan a la extraccin irrestricta de los combustibles fsiles, entre ellas los compromisos asumidos por el presidente Obama en diciembre de 2015 en el marco de los acuerdos climticos de Pars. Particularmente, esto incluira el Plan Energas Limpias de la EPA y su promesa de reduccin sustancial de la emisin de gases de efecto invernadero en las centrales elctricas que queman hulla, junto con la orden de mejorar la eficiencia para alcanzar los 100 km con 4,34 litros de gasolina en todos los coches fabricados en 2025. Como todas estas medidas constituyen el meollo de las decididas contribuciones de Estados Unidos al acuerdo de 2015, sin duda sern los primeros objetivos de una presidencia Trump y representarn una retirada funcional de los acuerdos de Pars, incluso aunque una retirada real de esos acuerdos es algo que no puede concretarse al instante.

Es imposible predecir con qu prisa se mover Trump respecto de sus promesas ni en qu medida tendr xito. Sin embargo, dado que muchas de las medidas tomadas por la administracin Obama para encarar el cambio climtico fueron aprobadas como directivas presidenciales o normas promulgadas por la EPA un estrategia adoptada para sortear la oposicin de los escpticos climticos en un Congreso controlado por los republicanos, se ver obligado a imponer un buen nmero de sus prioridades mediante la emisin de nuevas rdenes ejecutivas que anulen las de Obama. Sin embargo, algunos de los objetivos estarn lejos de conseguirse. Particularmente, ser bastante difcil salvar la industria del carbn si las elctricas de Estados Unidos continan prefiriendo el gas natural, que les resulta ms barato.

Ignorar las realidades del mercado

Este ltimo punto es el que muestra la mayor contradiccin del plan energtico de Trump. Si se trata de estimular la extraccin de todos los combustibles fsiles, es inevitable que se condene a aquellos sectores de la industria que no pueden competir en el contexto dominado por los bajos precios del mercado trumpiano de la energa.

Tomemos la competencia entre la hulla y el gas natural en la industria de la generacin de electricidad en Estados Unidos. Como resultado del uso cada vez ms extendido de la tecnologa de la fracturacin hidrulica en los prolficos yacimientos de no convencionales de este pas, la disponibilidad de gas natural se ha disparado en los ltimos aos, multiplicndose por 1,5 entre 2005 y 2015. Con tanto gas extra en el mercado, era natural que los precios se redujeran; lo que ha significado una gran ayuda para el aumento de los beneficios de las empresas generadoras de electricidad, que han convertido sus centrales para poder quemar gas en lugar de carbn. Por encima de cualquier otra circunstancia, he aqu el porqu de la cada del uso del carbn cuyo consumo total baj un 10 por ciento solo en 2015.

En su discurso ante la Coalicin Marcellus, Trump prometi que facilitara el aumento de la produccin de ambos combustibles. Dijo que en particular eliminara las regulaciones federales que, sostuvo, continan siendo el mayor obstculo para la extraccin de los combustibles no convencionales (presumiblemente, esto se refera a las medidas de la administracin Obama que apuntaban a las excesivas fugas de metano un importante gas de efecto invernadero desde las instalaciones de fracking en tierras federales). Al mismo tiempo, jur que acabara con la guerra declarada contra el carbn y los mineros del carbn.

En la imaginacin de Trump, esta guerra contra el carbn es una accin orquestada por la Casa Blanca para disminuir su produccin y consumo mediante un exceso de regulaciones, sobre todo el Plan de Energas Limpias. Pero en tanto el plan si alguna vez se pusiera en pleno funcionamiento redundara en una cada vez ms rpida disminucin de la produccin de carbn, la verdadera guerra contra el carbn la llevaran a cabo los mismsimos operadores de fracking que Trump trata de quitar todo freno. Mediante el aliento a una produccin irrestricta de gas natural, l asegurar la perdurabilidad de los bajos precios del gas y, consecuentemente, la depresin del marcado del carbn.

Una contradiccin similar est en el centro mismo del enfoque de Trump respecto del petrleo: en lugar de tratar de reforzar los sectores centrales de la industria, l prefiere el punto de vista de un mercado supersaturado que acabar haciendo dao a muchos productores nacionales. De hecho, ahora mismo, el mayor impedimento para el crecimiento y la rentabilidad de las empresas petroleras es el entorno de bajos precios provocado por el exceso de oferta, debido en buena parte al boom de produccin de petrleo no convencional en Estados Unidos. Con ms crudo volcado sin cesar en el mercado y una demanda mundial insuficiente, los precios se han mantenido deprimidos durante ms de dos aos, afectando gravemente incluso a la produccin mediante fracking. Muchos de los productores estadounidenses con esta modalidad, entre ellos algunos que trabajan en la formacin Bakken, se ven obligados a suspender operaciones o declararse en quiebra ya que cada nuevo barril de crudo no convencional les cuesta ms producirlo que lo que pueden obtener por l con su venta.

En esta apurada situacin, el punto de vista de Trump extraer la mayor cantidad posible de petrleo en Estados Unidos y Canad es potencialmente desastroso, incluso en trminos de la propia industria de la energa. Por ejemplo, amenaz que habilitara todava ms tierras federales en tierra firme y en el litoral martimo, incluyendo presumiblemente zonas que hasta ahora estaban medioambientalmente protegidas como el Refugio de la Vida Silvestre del rtico y el fondo del mar en las costas del Atlntico y el Pacfico, para perforar an ms. Adems, est claro que se aprobar y facilitar la construccin de oleoductos como el resistido en North Dakota y otras infraestructuras necesarias para poner en el mercado los recursos adicionales.

En teora, este enfoque destinado a inundarnos de petrleo ayudara a conseguir la muy mentada por Trump independencia energtica de Estados Unidos pero, dadas las circunstancias, seguramente acabar siendo una calamidad de primer orden. Y la tan fantasiosa visin de un futuro mercado de la energa ser algo cada da ms confuso gracias a la aspiracin de Trump de asegurar la supervivencia de esa particularmente sucia forma de producir petrleo que es el tratamiento de las arenas bituminosas de Canad.

No es sorprendente que tambin esa industria est enormemente presionada por la cada del precio del crudo, ya que la produccin de petrleo a partir de la arena bituminosa es mucho ms cara que con el convencional. En este momento est faltando un oleoducto con la capacidad adecuada para hacer llegar ese material tan espeso y sucio a las refineras del golfo de Mxico donde podra ser convertido en gasolina y otros productos de valor comercial. Entonces, he aqu una irona ms en la cuenta de Trump: al apoyar la construccin del oleoducto Keystone XL Trump est arrimando una nueva dificultad a sus propios planes. El lanzamiento de semejante salvavidas a la industria canadiense permitiendo as que compita en mejores condiciones con el crudo estadounidense sera otro golpe contra su propio plan energtico Estados Unidos primero.

Buscando las razones subyacentes

Para decirlo con otras palabras, no hay dudas de que el plan de Trump demuestra ser un enigma o un acertijo dentro de un nebuloso conjunto de contradicciones. Aunque parecera ofrecer grandes oportunidades a todos los sectores industriales ligados a los combustibles fsiles, solo beneficiara al del carbn, mientras otras empresas y sectores se resentiran. Cul podra ser la motivacin de una perspectiva tan extravagante y peligrosa para el planeta?

No caben dudas, en cierta medida est relacionada, al menos en parte, con la profunda y perdurable nostalgia del presidente electo por el Estados Unidos de rpido crecimiento (y mayormente libre de regulaciones) de los aos cincuenta del siglo XX. Cuando Trump estaba creciendo, Estados Unidos estaba viviendo una expansin extraordinaria y la produccin de bienes bsicos entre ellos, el petrleo, el carbn y el acero creca de da en da. Las industrias ms importantes del pas estaban muy sindicalizadas; los suburbios estaban en su mejor momento; en el barrio neoyorquino de Queens, donde Trump empezaba a vivir, los edificios de apartamentos eran cada vez ms altos; los coches salan sin cesar de la lnea de montaje en lo que por entonces estaba muy lejos de ser un Cinturn de xido; y las refineras y las centrales elctricas a base de carbn producan una enorme cantidad de energa para hacer que todo eso ocurriera.

Habindome criado en el Bronx, justo enfrente del otro lado del estrecho de Long Island de donde se cri Trump, puedo recordar la ciudad de Nueva York de aquellos aos: enormes chimeneas escupiendo espesas columnas de humo en todo el horizonte y autopistas repletas de coches que aportaban su cuota de suciedad pero tambin aquella sensacin de explosivo crecimiento. Por entonces, ni constructores de edificios ni fabricantes de coches deban preocuparse demasiado por las regulaciones en su actividad, mucho menos las ambientales; esto hacia que la vida para ellos fuese ms sencilla.

Es a esa poca saturada de dixido de carbono a la que Trump suea regresar aunque ya est bastante claro que el nico tipo posible de sueo que alguna vez puede salir de su conjunto de polticas ser una pesadilla total, con temperaturas batiendo todos los rcords, ciudades costeras inundadas, bosques en llamas y tierras cultivables convertidas en pramos.

Y no olvidemos otra cuestin: el afn de venganza de Trump; en lo que ahora nos atae, no contra su oponente demcrata en las ltimas elecciones sino contra quienes no le votaron. Donald es muy conciente de que la mayor parte de los estadounidenses que se preocupan por el cambio climtico y estn en favor de una decidida evolucin de Estados Unidos hacia las energas verdes no le votaron, entre ellos prominentes figuras de Hollywood y Silicon Valley que contribuyeron esplndidamente a la campaa de Hillary Clinton respondiendo a su promesa de que el pas se trasformara en una superpotencia de las energas limpias.

Dada su conocida inclinacin por el ataque a quienquiera que frustre sus ambiciones o hable negativamente de l y su anhelo de castigar a los ambientalistas mediante, entre otras cosas, la revocacin de todas las medidas del presidente Obama tomadas para agilizar el empleo de las energas renovables, se espera que haga pedazos la EPA y todo lo que pueda para eliminar todo lo que se oponga a la explotacin de los combustibles fsiles. Si eso implica apresurar el incendio del planeta, pues que se incendie. A l tampoco le importa (con sus 70 aos, no vivir para verlo): no cree en la ciencia o no piensa que esto pueda perjudicar los negocios de su empresa en los prximos aos.

A este brebaje todava le falta un ingrediente: el pensamiento mgico. Como muchos lderes de estos tiempos, Trump parece equiparar el dominio del petrleo en particular, y de los combustibles fsiles en general, con el dominio del mundo. En esto, coincide con el presidente de Rusia, Vladimir Putin, quien en su disertacin de doctorado escribi sobre la necesidad de aprovechar las reservas rusas de crudo y gas natural para restaurar el poder global del pas, y con el CEO de ExxonMobil, Rexon Tillerson, de quien se dice es el favorito de Trump para la secretara de Estado y durante mucho tiempo socio del rgimen de Putin. Para estos y otros polticos y magnates por supuesto, aqu hablamos casi exclusivamente de hombres la posesin de enormes reservas de petrleo confiere una especie de vigor viril. Tal vez el equivalente nacional al Viagra.

En 2002, Robert Ebel, del Centro de Estudios Estratgicos e Internacionales plante muy sucintamente el tema: El petrleo es mucho ms que el alimento de coches y aviones: el petrleo alimenta el poder militar, el tesoro nacional y la poltica internacional... [Es] un determinante del bienestar, la seguridad nacional y el poder internacional para quienes lo posean y lo opuesto para quienes no lo tengan.

Da la impresin de que Trump ha asimilado perfectamente esta lnea de pensamiento. El dominio en el plano de la energa ser el objetivo declarado de la economa estratgica y la poltica exterior de Estados Unidos, dijo el pasado mayo en el foro Eilliston. Seremos absolutamente independientes de cualquier necesidad de importar energa del crtel de la OPEP o de cualesquiera pases hostiles a nuestros intereses. Parece firmemente convencido de la rpida extraccin de petrleo y otros combustibles fsiles har que vuelva la grandeza de Estados Unidos.

Esto es un delirio, pero como presidente sin duda estar en condiciones de hacer lo que haga falta para que su programa consiga el caos energtico, tanto en el corto plazo como en el largo. En realidad, Trump no podr revertir la transicin mundial hacia las energas renovables que est hoy en curso ni influir en el aumento de la produccin estadounidense de combustibles fsiles para alcanzar ventajas importantes en la poltica exterior. Sin embargo, s es probable que sus esfuerzos aseguren la entrega del liderazgo de Estados Unidos en energas limpias a pases como China o Alemania, que ya estn compitiendo en el desarrollo de sistemas basados en energas renovables. Y al hacerlo, garantizar tambin que todos nosotros viviremos an ms fenmenos climticos extremos. Jams recrear l el soado Estados Unidos de sus recuerdos ni nos regresar al hirviente caldero de la economa del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, pero quizs tenga xito en la recuperacin de los cielos con niebla txica y los ros envenenados tan caractersticos de aquella poca y, como premio, acceder al consabido desastre climtico planetario. El eslogan de Trump debera ser: Volvamos al Estados Unidos con nieblas txicas.

Michael T. Klare , calaborador regular de   TomDispatch , es profesor de estudios sobre paz y seguridad mundial en el Instituto Hampshire y autor del reciente libro   The Race for Whats Left . Una versin documental en vdeo de este libro,   Blood and Oil , est disponible en la Fundacin Media Education .

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176222/tomgram%3A_michael_klare%2C_donald_trump%27s_energy_nostalgia_and_the_path_to_hell/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la traduccin




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