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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-12-2016

La huella de la milana

Manuel Caada
Rebelin


A Paco Rabal le gustaba ir a las tabernas pequeas, a las tasquinas. Los otros actores slo iban al Tegamar, al bar de la plaza. Pero a l le gustaba ir a los bares donde iban los huroneros, los jornaleros ms pobres, El Lunes, El Cuadro o el bar de Comisiones Obreras. La bebida ms comn all eran los cuartos de vino, los cogutos, una botella con un corcho y una caa, para la que no necesitabas vaso. Con un par de cuartos te ibas tan contento para casa. Quien lo cuenta es Eulogio Vicho, una de las personas que ms trat con Paco Rabal durante los meses que dur el rodaje de Los Santos Inocentes en Alburquerque, hace ahora treintaitrs aos. Mira Eulogio, me deca siempre, aqu es donde se aprende, esto es la universidad de verdad, la universidad de la vida.

Alburquerque es un pueblo de la provincia de Badajoz rayano con Portugal. Ahora tiene escasamente 5.500 habitantes pero a finales de los aos cincuenta, antes de la inmensa sangra migratoria, la poblacin rondaba los 11.000 vecinos. Su nombre ya lo dice, albus quercus, encina blanca, estas son tierras de dehesa y cortijo, de encinas corpulentas y jarales bravos, de jornaleros y seoritos. En ellas, entre octubre y diciembre de 1983, se rueda la pelcula ms taquillera hasta la fecha del cine espaol, un relato mtico que ha terminado convirtindose no slo en la representacin de la Espaa rural de los aos 60, sino en el smbolo ms certero de la historia de Extremadura. Fue justamente por estas dehesas alfombradas de tomillo y cantueso por dnde pas el ngel y se hizo leyenda. Todava resuenan las escopetas del seorito Ivn en la Sierra de San Pedro y Paco el Bajo ejerce all de secretario, olisqueando las perdices como un perro leal en las batidas de caza: Ni el perro ms fino te hara el servicio de este hombre, Ivn. Y an, en el cortijo de Zajarrn, Rgula suea para sus hijos, Nieves y Quirce, un futuro distinto a la humillacin, la Nia Chica nos sobrecoge con su escalofriante alarido, la Seora Marquesa reparte una moneda a cada campesino para celebrar la comunin del nieto y Azaras se orina las manos para que no se le agrieten.

Con Paco Rabal qued encantado todo el pueblo. Muchas veces se quedaba en el hostal de Cipriano Snchez, la Pensin Internacional, recuerda Eulogio. Y ngel Vadillo, un joven militante por aquellas fechas y hoy alcalde de Alburquerque, remata: el grupo de actores se iba a dormir a Badajoz pero l se quedaba aqu la mitad de las noches. Cuando se enredaba en los bares haba que buscarle refugio. Paco Rabal haba venido por primera vez a la localidad junto a su mujer, Asuncin Balaguer, dos meses antes de comenzar el rodaje. Una de las cosas que ms me gusta de mi profesin es buscar el personaje de alguien real, conocerlo, entrar dentro de su piel y luego actuar ya sin preocuparme ni de cmo me expreso, ni de cmo camino. En su bsqueda de personas que le ayuden a construir el personaje de Azaras, conocer a Paco el Vinagre, de Torre de Miguel Sesmero, y a Juan el Barrunta, de Alburquerque. De ellos mimetizar gestos, entonaciones y andares, tomar sus ropas e incluso utilizar una prtesis que imita las encas deshuesadas del primero.

Aqu, a pocos kilmetros, tiene usted el hombre que busca, el Barruntas, cuenta Paco Rabal que le dijo Felipa, una vecina del pueblo. Sali corriendo y llam al alcalde, un hombre joven y amabilsimo, del Partido Comunista; al poco tiempo, creo, lo destituyeron. l nos procur un voluntarioso taxista, que nos llev a conocer al famoso Barruntas, all por un camino de cabras. Aquel alcalde del PCE que destituy el gobernador civil era Juan Viera, que encabezaba por entonces una dura lucha contra los caciques locales, destinada a recuperar los Baldos, las dehesas comunales, y a garantizar empleo durante todo el mes a los jornaleros en paro. Alburquerque era un municipio enraizado en las luchas obreras que viva todava en la efervescencia de la transicin, en la inocencia de que el pas poda cambiar de base.

La conexin de Paco Rabal con Barrunta fue completa. Trabaron una amistad que durara hasta la muerte del actor. Me dio su chaqueta, el pantaln, su gorra, su camisa, sus calcetines, sus albarcas, y no me dio los calzoncillos porque no se los ped, escribira Rabal, relatando el primer encuentro con el campesino. Pero adems le traspasara tambin la docilidad, la candidez natural que el actor murciano insuflar al personaje de Azaras: Pareca mentira que de aquel enorme corpachn pudiera emanar tanta ternura y tanta bondad. Juan Flores Domnguez, el Barrunta, llevaba trabajando en el campo desde los cinco aos y all permaneci hasta su jubilacin en el ao 2003. Segn confes, la nica pelcula que vio en toda su vida fue precisamente Los Santos Inocentes, y por televisin. En el pregn de ferias de Alburquerque, en 1996, el actor dara cuenta de su afinidad: Barruntas ser Barruntas y yo Azaras para siempre. Gracias por haberme dado razones que me sostienen.

Los Santos Inocentes fue un milagro, afirm aos ms tarde su hijo, el director de cine Benito Rabal, que tambin particip en la filmacin. Un milagro en el que se condensan la vida secreta de un cortijo y la historia de una tierra oprimida. Una de esas raras ocasiones en las que a una novela extraordinaria le sucede otra no menos extraordinaria pelcula. Las uvas de la ira, El nombre de la rosa, sencillez y verdad, disparos de nieve en medio de la rutina y de la selva publicitaria.

Pero en la memoria del pueblo no ha quedado slo Paco Rabal; otros muchos de quienes participaron en el prodigio han dejado su huella. Terele Pvez era maravillosa. Si daban caf o galletas, ella se encargaba de que fuera para todo el mundo, recuerda ngel Ortega, un trabajador de la localidad que intervino como auxiliar en las tareas de produccin, encargndose de buscar el ganado, los utensilios precisos e incluso los figurantes. A Juan Diego parece que se le pegaba el papel de chuleta que haca, dice nuestro improvisado crtico de las artes escnicas, recordando la asombrosa interpretacin del seorito Ivn. Me ha tocado representar en pantalla a algunos reptiles pero sobre todo pude trabajarlo con una frialdad repugnante en Los Santos Inocentes, evocaba Juan Diego en una entrevista. Alfredo Landa (Paco el Bajo), Agustn Gonzlez (Don Pedro), Mary Carrillo (la Seora Marquesa), Maribel Martn (la seorita Myriam), Beln Ballesteros (Nieves), Juan Snchez (Quirce) o gata Lys (Doa Pura), son algunos de los intrpretes que surgen en las conversaciones. gata Lys era por entonces uno de los mitos erticos patrios. Un recuerdo muy recurrente en el pueblo es el partido de ftbol que se celebr al final del rodaje entre un equipo de Los Santos Inocentes y el conjunto local. gata Lys hizo el saque de honor y de rbitro se puso a Leandro Visera, el Chepina, rememora entre divertido y rijoso ngel Ortega. Lo voluptuoso y lo grotesco amalgamndose, andando de la mano en Alburquerque.

Y Mario Camus, claro est, el discreto director de la maravilla, disponiendo las piezas del hechizo en las brumosas dehesas otoales, gobernadas por la encina, el rbol sagrado de estas tierras. "Es grotesco que uno presuma de hacer una pelcula. Eres t y otros ochenta. Qu hubiera sido de nosotros si no hubiera habido un to que amaestrara los pjaros y otro que pusiera la luz". Captar la luz del otoo en Extremadura y adiestrar las milanas Mario Camus nos rescata del escapismo y del divismo que suelen envolver el mundo del arte, y nos devuelve a la evidencia del origen material de la belleza. Precisamente, lo de la milana fue todo un drama, una preocupacin gorda, en palabras de Paco Rabal. El testimonio de ngel Ortega nos lo confirma: La milana era un grajo de esos negros. No bajaba del campanario ni a la de tres. Se consigui que bajara a base de hambre y de golpes. Aurelio, que haba colaborado con Flix Rodrguez de la Fuente, entrenaba desde pequeitas a tres grajas, para cuando llegara el momento. Pero, ya en Alburquerque, rodando, se murieron dos de ellas. Slo quedaba una; si sta mora o se negaba a hacer la escena, el problema era grande, se rompa uno de los nudos trascendentales de la pelcula, evoca Rabal.

Eulogio y Ortega enumeran algunos de los otros granitos de arena invisibles que hicieron posible la obra. La admirable Felipa, Javi el Manguto que hizo de monaguillo, Juan el Cuatrero, que se encargaba de llevar las yeguas y las cabras, el Canija que llevaba el camin, Esteban Santos que pint las casas del cortijo, Martn Bargn y Gabina, los dueos del bar Tegamar, donde coman caliente los actores. Y otros muchos, que intervinieron como extras: el Forroa, Po, la seora Olaya, el Pescador

El milagro de Los Santos Inocentes se asienta en su capacidad para contar, de forma sobria y potica, la verdad de la explotacin y el sufrimiento del pueblo campesino; en el talento para fundir la historia cercana del pas y las esperanzas de emancipacin; en la exaltacin de la ternura. Pero, tambin, de forma decisiva, en la fusin de intelectuales y pueblo. Cuando el arte baja del pedestal y se abraza con la gente comn se produce el acontecimiento. El milagro se llama pueblo.

 

Unos debajo y otros arriba, es ley de vida (el Seorito Ivn)

Los Santos Inocentes es el gran relato sobre la historia reciente de Extremadura. En 1980, un ao antes de que Miguel Delibes publicara la novela, el escritor Jos Saramago escribi Levantados del suelo, una gran epopeya, hermana en el afn de desvelar los entresijos sobre el latifundio. En el inicio de la narracin, el autor portugus proclamaba: Un escritor es un hombre como otros: suea. Y mi sueo fue poder decir de este libro cuando lo terminase: Esto es el Alentejo. Al terminar de ver Los Santos Inocentes puede afirmarse sin temor a errar: Esto es Extremadura. En la obra de Delibes no se dice expresamente que los hechos ocurran en la regin; la nica mencin a un pueblo extremeo aparece en boca de Azaras: autoriza el seorito que d razn al Mago del Almendral?, dice el inocente campesino, preocupado por la enfermedad de la milana. Sin embargo, al terminar de ver la cinta nadie tiene la ms mnima duda sobre en qu lugar se desenvuelve el drama. A la identificacin contribuyen la seleccin de los espacios de rodaje (Alburquerque, Zafra y Mrida) y los giros verbales que emplean los protagonistas. Y la accin de la pelcula disuelve los titubeos: las dehesas-orculo, la centralidad del cortijo, el caciquismo tan endmico aqu como las calenturas, el candor de los campesinos y sobre todo la opresin brutal de los seoritos No hay duda: estamos en Extremadura.

Esta es una pelcula que trata de opresores y de oprimidos. Aqu no se habla de proletariado ni de revolucin pero la obra es uno de los alegatos ms contundentes que se han hecho para denunciar la tirana de clase. Los en apariencia tibios Delibes y Camus componen un relato desgarrador y transparente. Dos mundos pueblan el latifundio, el de los amos y el de los vasallos. Los primeros son los dueos de la tierra y de todo lo que en ellas habita, incluidos los jornaleros. T eres el amo de la burra, le dice el mdico al seorito Ivn, despus del accidente de Paco el Bajo, de la mancadura en la pierna que le impide acompaarle a las batidas.

El latifundio es un mar interior, murmura Saramago en Levantados del suelo. Un mar de encinas y un mar de injusticias. Y al abuso de los seores le hace compaa el servilismo de los dominados. En los asuntos de los seoritos, t, or, ver y callar, le dice Paco el Bajo a Nieves; A mandar, seora marquesa, para eso estamos, repite una y otra vez Rgula. Slo a quienes no han vivido en Extremadura les pueden sonar desmesuradas estas frases. Hasta mediados los aos ochenta, en muchos pueblos hablar del amo y del seorito refirindose a los terratenientes segua siendo algo habitual. Y tener buen o mal amo, era una locucin convencional en una conversacin entre jornaleros. Y en las casas continuaba el eterno soniquete: Por no hablar no meten a nadie en la crcel, hijo, no te signifiques, sentencias repetidas mil veces por las madres, minucioso aprendizaje de la resignacin, recordatorio del miedo.

Pero se equivoca y mucho quin piense que el servilismo ante los poderosos es poco menos que un atributo natural de los extremeos. Al contrario, Extremadura, aunque se olvide frecuentemente, fue el epicentro de la revolucin campesina que se vivi en Espaa durante la II Repblica. La mansedumbre de los campesinos reflejada en la obra es posterior a la gigantesca represin de la posguerra. La sombra de la represalia franquista aparece en la novela, aunque no en la pelcula: Qu fue de Ireneo, Azaras? le preguntan los gaanes, hacindose los encontradizos. Se muri, Franco lo mand al cielo. Hace mucho tiempo, cuando los moros. Slo en Alburquerque, tras la guerra, Franco enviara al cielo a 160 Ireneos.

En la pelcula Tambin la lluvia, Iciar Bollan cuenta la historia de un equipo de produccin que llega a Bolivia en el ao 2000 a filmar una pelcula crtica sobre el descubrimiento de Amrica. Pero el pas se encuentra en plena guerra del agua, movilizado contra la privatizacin y venta de ese recurso bsico a una multinacional. Pasado y presente se funden; los cineastas que iban a rodar un filme sobre el colonialismo, se dan de bruces con las contradicciones del imperialismo de nuestro tiempo, con la globalizacin capitalista. La sensibilidad frente a las injusticias pasadas no es garanta de sensibilidad frente a las injusticias actuales. El pasado no se recuerda, se actualiza. Y se actualiza con las luchas de hoy (Antonio Gonzlez). El rodaje de Los Santos Inocentes en Alburquerque evoca una encrucijada histrica similar. Pocos pueblos en Extremadura y en Espaa son tan emblemticos como ste en la lucha de los campesinos por la tierra. Martin Baumeister, uno de los historiadores que ha estudiado con ms profundidad las revueltas de los jornaleros extremeos, dio cuenta de ella en un captulo de su libro Campesinos sin tierra, titulado de modo elocuente como La no ejemplar historia de Alburquerque. La lucha por los derechos comunales, por la anulacin de la desamortizacin de las 43.000 hectreas de los baldos, ha durado alrededor de 150 aos, desde mediados del siglo XIX hasta su vuelta a manos pblicas en 1991. Pero, por el camino corri mucha sangre obrera, la agricultura perdi la hegemona productiva y la mitad del pueblo tuvo que emigrar.

El nombre de Bugarin, el apstol de la anarqua, un maestro de escuela que ayudaba a los campesinos de Alburquerque en su lucha por los aprovechamientos comunales a principios del siglo XX; los incontables motines, como el de noviembre de 1916, con un jornalero muerto a causa de la represin de la guardia civil; la ocupacin masiva de fincas del 25 de marzo de 1936, la lucha ms alta que vieron los tiempos; el crimen de Serafina Roca, esposa del alcalde republicano Martn Casanova, violada y asesinada en avanzado estado de gestacin el 21 de noviembre de 1936; o el asesinato del jornalero Fernando Resmella Vizcano, acribillado por un guarda de campo nada menos que en 1955, cuando iba a rebuscar aceitunas para darle de comer a sus hijos. Son slo algunos nombres y episodios del combate incansable por la dignidad y la tierra.

No, Los Santos Inocentes, en Alburquerque, en Extremadura, no es una pelcula ms, no es un relato ajeno a la vida del pueblo, que habla de historias ya olvidadas. Lo que vi en la pelcula es lo que vea all en Alburquerque. Un pueblo con poco ms de 5.000 habitantes, la gran mayora sin tierra y 70.000 hectreas en manos de la gente ms rica. Por un lado, condes, miembros de las cien familias del franquismo, y por otro lado, una clase obrera muy pobre, muy humilde explica Juan Viera.

Seorito, no se ra as, por sus muertos se lo pido (Azaras)

Los Santos Inocentes es una de las pelculas ms representativas y dignas de la transicin. La cinta se estrena en 1984, en un momento de cambio social y poltico. En las ciudades, durante las dos ltimas dcadas, se ha levantado un considerable movimiento obrero y popular que, aunque no ha sido capaz de forzar la ruptura, ha impedido el continuismo puro y duro del franquismo. La memoria de las generaciones que emigraron del campo a la ciudad -y que han jugado un papel crucial en la construccin del movimiento democrtico- an est fresca. La pelcula mira hacia atrs desde lo que parece una nueva coyuntura de apertura social y poltica.

La obra transcurre en la primera mitad de la dcada de los sesenta. En ese momento ya se intuye que una generacin se escapa al frreo dogal que ha fabricado el franquismo. Los jvenes, Ministro, no saben ni lo que quieren, que en esta bendita paz que disfrutamos les ha resultado todo demasiado fcil, una guerra les daba yo, sostiene el seorito Ivn, que ve en el silencio calculado de Quirce el sntoma de que ser imposible mantener amarrada a las nuevas hornadas de inocentes. Y, por si esto fuera poco, los aires que corren en la Iglesia, an complican ms la sujecin de las nuevas generaciones de trabajadores: la culpa no la tienen ellos, la culpa de todo la tiene ese dichoso Concilio que les malmete, asevera refirindose al Concilio Vaticano II, que ha supuesto una renovacin y modernizacin de algunas de las tradicionales posturas de la Iglesia Catlica.

Las sordas resistencias buscan cmo organizarse, cmo escapar del cortijo. El mundo de los jornaleros encarna otros valores, de fraternidad, de solidaridad, de respeto a la naturaleza. Pero para las nuevas generaciones no alcanza con la promesa de la Arcadia campesina. Para ellas, la principal lnea de fuga del cortijo ser la emigracin. Miguel Delibes y Mario Camus han aadido un final que no estaba en la novela: Quirce est ya haciendo el servicio militar y Nieves trabajando en una fbrica. Son dos de los 800.000 extremeos que emigrarn en apenas veinte aos, en busca de trabajo y huyendo de la asfixia moral del latifundio. De ese modo, la emigracin se constituye al mismo tiempo en tragedia y alternativa, en genocidio social y salida.

Esa es una de las razones por las que Los Santos Inocentes se constituye en una obra incmoda, que se sale del consenso de la transicin, que no participa del discurso auto-complaciente que ir convirtindose en hegemnico en los prximos aos. Son centenares de miles de emigrantes, procedentes del mundo rural, quienes portan una memoria de humillacin, de sufrimiento y de lucha. No es extrao que una parte de la emigracin obrera a Madrid, Catalua, Pas Vasco, Francia o Alemania, forme parte de los ncleos de lucha ms avanzados.

Extremadura, en lo fundamental, no fue capaz de cambiar las leyes no escritas del latifundio y del caciquismo. El latifundio, como la zorra, cambia de pelo pero no de maas. El seorito se refin, se reconvirti en receptor de subvenciones comunitarias y en inversor de las burbujas financieras. Y sus nuevos capataces estudiaron a Goleman y se especializaron en las nuevas tcnicas de gestin de recursos humanos. Mientras tanto, para los de abajo, paro, precariedad, subsidios miserables y clientelismo poltico.

El seorito de hoy no est en el cortijo, sino en el banco, deca Mario Camus. El seorito de hoy est en las elctricas, en las puertas giratorias, en los consejos de administracin del IBEX35. Y los santos inocentes de hoy tampoco estn en el cortijo. Son los desahuciados de viviendas, las camareras de piso a las que pagan 2 euros por habitacin, las familias a las que cortan la luz, los inmigrantes internados en los CIEs, los jornaleros que recogen a destajo la aceituna por 30 euros al da, las mujeres que sufren la violencia machista, las teleoperadoras que ganan 700 euros al mes, los refugiados de todas las guerras, los parados sin subsidio o con rentas mnimas de miseria

pero qu demonios pretendes Azarias? es que no has visto la nube de zuritas sobre los encinares del Pollo, cacho maricn?

Lenta, pero viene, la rebelin de los inocentes. 

Manuel Caada, militante de los Campamentos Dignidad de Extremadura



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